NADA DE ESTO ME PERTENECE, LOS PERSONAJES SON DE DREAMWORKS, SOLO ME DIVIERTO ESCRIBIENDO HISTORIAS.
¡Hola a todos!
Perdoneeeeen sé que me tardé (dos semanas ¿no?) pero enserio escribí lo más rápido y mejor que pude, ahora que trabajo y estudio tengo menos tiempo que nunca y como soy quisquillosa pues más me demoro ¡pero no me olvido de ustedes, se los juro!
Dioses, no esperaba que esta historia les gustara tanto jeje. Sus hermosos comentarios y mensajes que me han mandado hacen mis días tan hermosos, por eso escribí este capítulo lo más rápido que pude, eso y que ansiaba en verdad hacer la escena del reencuentro entre Hiccup y Astrid. Ya nos acercamos al desenlace de la trama ¿qué nos esperará?
Reviews:
Vikingo 64: Claro que las he leído, son muy buenas escritoras, si me dices que voy por su camino créeme que es un intenso halago, yo que espero algún día dedicarme a la escritura ¡mil gracias! =D
joya blanca: Muchísimas gracias c:
lilu ghoel: No entendí la parte donde pones "no puede ser gente del continente" ¿lo dices con incredulidad, o es una crítica? (sorry enserio no entendí) Gracias por disfrutar tanto la historia, espero que te siga gustando.
Amai do: ¡Gracias! Había pensado en que Astrid e Hiccup se reencontraran en dos capítulos más, pero diseñando la trama, vi que era alargarla mucho sinsentido, además de angustiar aún más a los personajes. La conversación entre Astid e Hiccup, que es parte importante de este capítulo, responde todas tus dudas c;
SAM ARCHER: Nunca me enojo por las correcciones, al contrario, gracias por hacerlas porque ayudan a que esta historia sean mejor ¡gracias por recordarme a Alvin y Ataly! Recordaba que Hiccup tenía más aliados, pero no sus nombres, y no he tenido tiempo de volver a ver los capítulos últimamente :c Pero gracias a tu valiosa observación el desenlace será aún mejor (se me ocurrió ya una escena con las Doncellas Aladas) ¡te lo agradezco! =D
Forever MK NH: ¡Gracias! ¡disfruta!
Cathrina Frankenstein: Hiccup siempre ha sido y siempre será más cerebro que músculo (por eso lo amo 3)
Melanie Villamar: De hecho mi idea principal con este fic es explorar más los personajes en esas facetas que raras veces muestran, como Hiccup siendo más impulsivo (aunque al final consigue controlarse) o Astrid siendo más emocional (en gran medida por las hormonas pero a final de cuentas más sensible) me he esforzado porque esas personalidades muevan la historia, por lo que me dices estoy consiguiendo el efecto, y espero mantenerlo. Disfruta este cap.
RoxFiedler: ¡Una enorme disculpa porqué sé que me tardé mucho! pero en compensación, creo que el capítulo se desarrolla bien. Espero que te siga gustando tanto la historia como mi redacción c:
VI
"Lo que estás buscando no está allá afuera, Hiccup, está aquí" –Astrid.
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En Dragon Edge se respiraba una atmósfera de ansiedad, cada minuto que pasaba generaba mayor preocupación por las tropas que se habían ido. Se sabía que la amenaza en el mar era nueva, y como nadie sabía a qué se estaban enfrentando, la sola idea de lo desconocido les carcomía sus entrañas. La ausencia de Hiccup –que sabrán los dioses si estaba peleando o negociando– los hacía sentirse ligeramente abandonados, empeorando la situación.
La choza de los sanadores, donde debería haber mínimo tres personas para atender a heridos, tenía sólo a Aly y Fishleg. Aly había mandado a sus ayudantes a los campos para que recolectaban más hierbas medicinales, en caso de que las ocuparan (eso y porque la desesperación de las muchachas la sacaba de quicio) pero ahora se daba cuenta de que Fishleg no era tan poco un alivio para sus nervios.
—No—dijo Aly con tono desesperadp—No puedes aún levantarte de la cama, debes reposar.
—Pero ya me siento bien—replicó Fishleg.
—Pero no estás bien.
Aly era una sanadora firme, que no le permitía a ninguno de sus pacientes cometer negligencia alguna que pudiera perjudicarles la salud. Resultaba un poco cómico la manera en que la regordeta y bajita Aly mantenía quieto con tanta firmeza al enorme de Fishleg.
—¡No mejoraré estando aquí, preocupado por Hiccup!
—Escucha, mi deber es curarte, y créeme cuando te digo que soy capaz de amarrarte a esta cama si con eso evito que empeores ¿has entendido, o prefieres que te lo demuestre?
Repentinamente intimidado, Fishleg balbuceó un "lo siento" que no terminó de satisfacer a Aly, pero la sanadora no pudo decir algo más, porque los gritos que provenían de la Sala Común llamaron poderosamente su atención.
—¡No te muevas!—le dijo a Fishleg, mientras salía de la choza.
Afuera, Aly pudo ver cómo todos corrían hacia los establos, donde los jinetes estaban aterrizando. Considerando que Hiccup y Gustav habían salido un par de horas antes, eso podían ser o muy buenas o muy malas noticias. Un sobresalto se generalizó entre todos cuando se percataron de que Hiccup no estaba entre las tropas, la burbuja de incertidumbre estalló:
—¿Qué ha pasado?
—¿Y quién nos ayudará?
—¿Dónde está Hiccup?
—¿Y Astrid?
—¿Nos han abandonado?
—¡Debemos buscarlos!
—¿Y ahora en quién podemos contar?
—¡Calma!
La voz de Gustav, que antes se dirigía a todos con un poco de presunción, se volvió autoritaria y no le dio tiempo a nadie de reaccionar.
—¡Reúnan a todos!—dijo Gustav—¡Tenemos mucho que decirles!
En cinco minutos la población entera de Dragon Edge estaba en la explanada, contemplando a los jinetes que cuidaban de sus dragones dándoles comida o agua. Todos se veían bien, no había indicio alguno de pelea, pero la ausencia del Night Fury causaba verdadero pánico entre la población.
Rápidamente Gustav les contó del encuentro con Morgana, procurando minimizar el poder de aquella mujer y diciendo que sus barcos se veían débiles, fortaleciendo la imagen de Hiccup como líder fuerte que se enfrentó a ella. Les dijo que Astrid escapó y que Hiccup la estaba buscando en ese momento por las islas aledañas, que regresaría al anochecer.
—No hay nada de qué preocuparse—les dijo con tono severo—Todo está bajo control. Esta amenaza no es nada comparada a las que ya hemos enfrentado.
Pero Aly, que conocía bien a Gustav, no se tragó el discurso. Algo no le gustaba de esa situación, aunque no sabía identificar el qué.
Fishleg estaba asomado en la puerta de la choza de los sanadores, cuidando de que Aly no lo viera, pero escuchando todas las palabras de Gustav. No, definitivamente las cosas no estaban tan bien como el joven quería hacerles creer.
La poca tranquilidad que sintieron en Dragon Edge desapareció cuando, en toda la noche, nadie vio llegar al Night Fury.
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El sonido de las explosiones entorpeció a Cedric un instante, que después escuchó los pasos apurados en la cubierta, de marines que seguro intentaban contener llamas o a algún prisionero. No perdió mucho tiempo adivinando qué habría pasado, estaba decidido a alejarse de Morgana y necesitaba aprovechar su oportunidad. Sin pensarlo dos veces, sacó de su cinturón un pequeño y delgado trozo de hierro –que llevaba siempre consigo por precaución– que introdujo en la cerradura de la reja, y empezó a forcejarla.
Sus años mendigando antes de encontrarse con Morgana le dejaron un montón de trucos aprendidos por las malas, y en menos de un minuto, la cerradura cedió y pudo abrir la reja. Salió con cuidado, irguiendo la espalda para verse seguro mientras subía los escalones hacia la cubierta.
Era un caos, había fuego en varias partes y los hombres corrían de un lado al otro intentando estabilizar la flota, Morgana no se veía por ningún lado, así que no perdió tiempo, corrió tan rápido como pudo hasta el borde y saltó al mar, aprovechando que todos estaban demasiado ocupados como para prestarle atención. Ya en el agua, nadó bajo un barco para esconderse y se alejó lo más rápido que pudo.
Si alguien vio la figura alejándose entre las olas, no dijo nada, porque había mucho que hacer como para prestarle atención a un hombre caído. Cedric nadó, agradeciendo que sus fuertes brazos no se cansaban rápido, rezando por una isla.
Llevaba ya dos horas en el mar, y comenzaba a pensar que moriría entre las olas, si lo pensaba bien la muerte en altamar no era tan deshonrosa. Pero divisó en el cielo una silueta brillante, y en un parpadeo, tuvo frente a sí a un dragón impresionante, de color plata, que resplandecía bajo el sol como un tesoro. Ese hermoso dragón, montado por una bella morena, serían su salvación.
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—Estás bien…
El susurro de Hiccup sonaba como un mantra, el hombre había estado tan preocupado que no podía creer que tenía a su esposa en sus brazos. Astrid se recargó en el pecho de él, sintiéndose segura y aliviada, todos aquellos sentimientos de culpa se empezaron a diluir.
El momento, obviamente, tuvo que llegar a su fin, tras varios minutos de silencio Hiccup se separó y la miró con ojos fijos, severos, ojos que Astrid nunca había visto en él.
—¿Qué ha pasado?—preguntó, pasando su mano por los cabellos cortos de Astrid.
Supo que se estaba conteniendo, pero en vez de indignarse, Astrid bajó el rostro, consciente de que había sido muy testaruda e irresponsable (bueno, no sabía que estaba embarazada, pero alguna sospecha debió haber tenido ¿no?).
—Cuando los barcos nos divisaron comenzaron su ataque. No tienen armas muy poderosas, pero nos tomaron por sorpresa y eran muchos. Lastimaron a Stormfly, por eso me tomaron prisionera.
—Sí, sí, todo eso lo sé—dijo un poco desesperado, agarrándola por los hombros—Fishleg me lo dijo, Astrid ¿qué te hicieron?
Era evidente que estaba muy angustiado y enfurecido.
—Nada—le respondió como si fuera lo más obvio del mundo—¿No me ves?
—Te estoy viendo.—para enfatizarlo, sujetó con cuidado uno de sus cortos mechones—¿Quién te hizo esto?
—Sólo me cortó la trenza, fue esa tal Morgana. Quiso intimidarme, pero ya sabes que no me dejo fácilmente.
—¿Te intimidó?
Sus verdes ojos se oscurecieron, Astrid podía contar con los dedos de la mano las veces que lo había visto tan furioso.
—Cosas muy simples, amenazarme, decirme que mi familia lo pagaría, cortarme la trenza… un corte aquí y un golpe.
—¿Qué?
Astrid se sintió como cuando era una niña y su papá la reñía por una travesura. Hiccup miró el corte, ya limpio y curado, de su brazo, y sus ojos recorrieron cada centímetro de su piel en busca de más heridas.
—Fue un golpe en el abdomen, pero no te preocupes, no me lo dio muy fuerte—mintió para no preocuparlo más—Te digo que sólo me querían intimidar.
—Astrid, esto… ellos… tú….
El joven Jefe cerró los ojos y se volteó, ambas manos se le hicieron puños, quería golpear algo, lo que fuera, con tal de que esa impotencia abandonara su cuerpo. A la distancia, Toothless estaba inclinado sobre Stormfly, mimando a su compañera Nadder, pero ambos dragones vieron el enfado del muchacho y bajaron las orejas, consternados y sin saber qué hacer.
Astrid se sentía terriblemente culpable, otra vez, pero dejó que él se calmara, sabiendo que cualquier cosa que dijera en ese momento empeoraría todo. Tras varios minutos incómodos, Hiccup volteó a verla y caminó hacia ella.
Se esperaba que le reclamara, incluso que le gritara, porque Hiccup le había advertido. Hiccup le había dicho que no fuera, que no la quería en esa misión, que estaba preocupado por ella y que no la deseaba exponer. Él había intentado cuidarla y ella lo menospreció, ofendiéndose porque él se preocupaba por su seguridad, como cualquier esposo hace con su esposa. Pero en vez de recriminarle, Hiccup bajó su rostro y se inclinó ante ella, sus hombros caídos le hacían verse derrotado, y dijo:
—Perdóname.
Eso no se lo esperó nunca.
—¿Qué?
—Perdóname, se supone que debo cuidarte, pero… mírate, Astrid ¿qué clase de marido permite que traten así a su mujer? Yo…
—¡Hiccup, basta!
Antes de que él pudiera reaccionar, Astrid estaba inclinada mirándole a los ojos y con una expresión severa.
—¡Tú no tienes la culpa de esto!—le dijo enfurecida—Yo si…
Y sus ojos, esos ojos tan azules como el cielo, comenzaron a llenarse de lágrimas, desbordando las emociones que había contenido en toda esa tarde.
—Tú me has cuidado y me has procurado en todo momento—le dijo, sujetándole las manos—No es culpa tuya. Has estado tan angustiado, cuidándome y dirigiendo todo Berk… ¿y yo en qué te he ayudado? Esto es culpa mía, Hiccup. Tú…
—No. Astrid, es mi deber…
—¡Al carajo el deber!—gritó ella, incapaz de seguir viéndolo así de desdichado—Mira lo que el deber te ha hecho. Estás flaco, cansado, enfurecido, dolido… Hiccup, amor mío, por favor ¿no te das cuenta? este no eres tú y yo… yo no supe cómo ayudarte. Perdóname tú a mí.
Al verla llorar, Hiccup la abrazó de nuevo, pasó una mano por su cabeza, sintiendo los cabellos cortos y libres que rozaban su nuca, y se llenó nuevamente de indignación. Nadie trataba a su esposa de esa manera sin consecuencias. Sabía que las cosas pudieron ser peores, Morgana bien pudo torturar a Astrid, había tenido suerte en esa ocasión, y no se arriesgaría a que algo así volviera a suceder.
—Somos un desastre—murmuró Hiccup, con ese tono entre cínico y sarcástico que sólo él podía usar.
Astrid rio si ganas entre sus brazos.
—Lo sé—se separó para verlo a los ojos—He sido más egoísta de lo usual, y tú has sido un constante estrés para ti y para todos. No sé en qué momento nos convertimos en eso.
—Nos agobiamos con todas las situaciones, Astrid—la voz de Hiccup sonaba más calmada—En especial yo. Tenías razón, no hemos sido los mismos en mucho tiempo.
Al ver la tristeza en su semblante cuando dijo las últimas palabras, Astrid se mordió el labio, consciente al fin de cómo le habían dolido aquellas palabras.
—Eso no importa ahora. Tenemos cosas que hacer, Morgana está loca y debemos advertirles en Berk
—Lo sé, tenemos que llegar primera a Dragon Edge, le mandaré una carta a mi madre y así…
Mientras hablaba se puso de pie y le ofreció la mano a Astrid para ayudarla a pararse, pero ella sabía que aún tenía una cosa que decirle. No sabía cómo hablar de eso ¿debía decírselo después, cuando todo ese problema estuviera resuelto? ¿se lo decía de manera suave o directa? ¿tenía que prepararlo?
Lo vio caminar hacia los dragones, y en ese momento Astrid sintió que perdía su oportunidad. Apenas se fueran de esa isla, la hermosa intimidad que habían tenido momentos antes desaparecía, y estaba segura de una sola cosa: Hiccup merecía saberlo antes que nadie, y en privado. Sin siquiera pensarlo del todo, sus labios se abrieron como si tomaran vida propia y dijo:
—¡Vamos a tener un hijo!
Habló muy rápido, así que las palabras sonaron atropelladas, pero Hiccup debió entender algo porque detuvo su andar y se quedó completamente quieto, como estatua. Astrid estaba nerviosa, pero recobró fuerzas de su interior y se mantuvo erguida, esperando por su reacción.
—¿Qué?
Volteó a verla, Hiccup tenía un rostro lleno de incredulidad. Temiendo que si se movía perdería toda la seguridad que había adoptado, Astrid se quedó a orillas del mar, con la luz de la luna alumbrándola.
—Estoy embarazada—su voz sonó fluida y suave, como si flotara por encima de las olas.
Iba a decir algo más pero, sinceramente ¿qué podía agregar? ¿darle una explicación? Por favor, los dos sabían exactamente cómo pasaba eso –y vaya que lo disfrutaban– Astrid sintió un revoloteo en su estómago, causado por los ojos inexpresivos de Hiccup, que en ese momento le pareció la viva imagen de Stoick.
Pero Hiccup, que tenía muchas cosas en su mente, sintió que un balde de agua fría cayó sobre su cabeza, lavándola las ideas y dejándolo en blanco, con una sola palabra haciendo eco entre sus oídos… hijo… Astrid tendría un hijo. Él tendría un hijo. Astrid estaba embarazada. Astrid sería madre. Él sería padre….
Por los dioses, sería padre.
¡Padre!
Su primera reacción fue incredulidad ¿cómo había pasado eso? Bueno, desde luego lo sabía, pero no se imaginó que tendrían familia tan pronto. Después pensó ¿Astrid estaría contenta? Nunca hablaron abiertamente de eso, quizá ella estaba preocupada, seguro necesitaba tener una charla con su madre lo más pronto posible. Luego pensó ¿cómo debían cuidarse desde ese momento? ¿qué podía comer ella, qué no debía hacer, cómo debía cuidarse al bebé? Y ese pensamiento hizo que la cortada en el brazo de Astrid, sus cabellos cortos y breve periodo de cautiverio tuvieran una connotación aún más agresiva… su Astrid, que estaba embarazada con su hijo, había sido encerrada por esa bruja de…
No pudo terminar la oración en su mente.
Parada a pocos metros de distancia, Astrid vio todas esas emociones desfilar por el rostro de Hiccup: incredulidad, luego sorpresa, después alegría, luego angustia y al final… ira. Una ira tan grande, que Astrid no tenía idea de dónde provenía ¿no debería ser ese un momento alegre para ambos?
—¿Me estás diciendo que esa loca te maltrató estando tú…?
Oh… ya entendió de dónde venía su enojo.
—Te dije que no fue nada, además…
—¡Montaste a Stormfly para hacer un reconocimiento, en una misión peligrosa, estando embarazada! Astrid ¿cómo pudiste ser tan irresponsable? ¿cómo…?
—¡No lo sabía!
—¡Tú debías…!
—¡Apenas supe hoy que estoy encinta! ¿crees que hubiera aceptado esa misión de saber que ponía en riesgo al bebé? ¡claro que no!
—¿Y qué no tenías sospechas antes? ¡¿enserio?!
—¡Nunca pensé en eso! ¡No estaba planeando embarazarme! ¿sabes?
—¡Estamos casados! ¡Iba a pasar en algún momento!
—¡No tenía forma de saberlo!
Stormfly y Toothless, recostados y disfrutando la brisa nocturna, miraban estupefactos a sus jinetes. Habían pasado de un agradable momento de reconciliación a una batalla campal, además ¿enserio ninguno de los dos sabían que Astrid estaba encinta? ¡por favor, ellos lo sabían hace semanas! Los humanos eran tan despistados.
Los gritos cesaron, y la tensión se fue con ellos, tanto Astrid como Hiccup tenían lágrimas contenidas en sus ojos.
—Me preocupé enormemente cuando me di cuenta que estaba embarazada—dijo Astrid—Nunca creí que lo estaría ¡y sé que fue irresponsable! Pero no me pasó por la mente que….
—Espera, espera. Si te acabas de dar cuenta hoy… ¿cómo estás tan segura?
—Porque siempre he sido muy regular, y ha habido otros síntomas, como las náuseas y el cansancio….
—Pensé que estabas exhausta…
Si lo pensaba más a fondo, todo tenía sentido. Hiccup quiso darse un golpe ¡era tan obvio!
—¡Pues no!—y Astrid, con las hormonas alcanzando su cúspide, explotó en llanto—¡Todo el día he pensado en cómo me expuse a mí y al bebé, y en lo mucho que te molestarías! Por qué sé que no hemos hablado de esto y que no querías hijos y…
—¡Espera un momento! ¿y quién te dijo que no quiero hijos?—de repente, Hiccup estaba a su lado sujetándole tiernamente las muñecas.
—¡Sólo me has reclamado!—sollozó—¡No te da nada de gusto!
—Estoy enfadado porque estoy preocupado—le dijo con tono más suave—¿Tienes idea de la culpa y del dolor que sentiría si algo te pasara a ti y al bebé?
—¡Nunca hablamos de tener hijos!
—Astrid, desde que me casé contigo supe que quería tener hijos—limpió sus lágrimas con mimo—Estoy… muy feliz.
—¿De verdad?
—Seremos padres—y la sonrisa en sus labios fue la más auténtica que le había visto en meses—¡Tendremos un bebé! Enserio ¿por qué creíste que me molestaría?
—¡No lo sé!—sollozó de nuevo—Estoy tan sensible…
—Ven aquí.
Hiccup la abrazó, y en un arranque de alegría, la cargó de la cintura dándole vueltas en el aire, Astrid reía contenta y después gritó de sorpresa cuando él se dejó caer sobre la arena, posicionándose encima de ella y besándola con pasión.
El estrés, angustia y culpa desaparecieron. Hiccup estaba embriagado de alegría, su hermosa esposa, esa mujer a la cual llevaba años amando, estaba embarazada ¡tendría un hijo! Un pequeño bebé al cual cuidar y mimar. Los aspectos negativos de la paternidad estaban lejos de su mente, ahora sólo había felicidad y regocijo. Tendrían su propia familia.
Astrid le regresó el beso con fuerza y pasión, dejándose llevar. La exagerada sensibilidad no estaba sólo en su mente, también estaba en su cuerpo, y las caricias de Hiccup la excitaron el doble de rápido. Después de tanto hastío arrastrado por tantas semanas, la pareja se dejó llevar.
Ahí, en una isla lejos de todo y de todos, pudieron olvidarse por un momento del mundo y concentrarse sólo en ellos. Recordar el amor que los unía, el compañerismo que los había acercado, y festejar la bendición de una nueva vida en camino. Allá lejos, cruzando el mar, había dos aldeas esperando por sus Jefes y que necesitaban de ellos, pero por esa noche, nada ni nadie pudo colarse en sus mentes, mientras se reconciliaban de todas las maneras posibles bajo la luz de la luna y con el sonido del océano de fondo.
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Muy respetable señora Valka Haddock
Me place comunicarle que su misiva ha puesto en alerta a todos mis soldados, y que he dado claras instrucciones para defender nuestra isla en lo que mis mejores tropas marchan a Berk. Sería una deshonra a todas las buenas tradiciones de nuestros ancestros negarle ayuda a Hiccup Haddock, que tanto nos ha ayudado sin pedir nunca nada a cambio, y por quien siento una gratitud más allá de lo que las palabras puedan expresar. Sepa bien, señora Valka Haddock, que estamos ya en camino hacia su isla, y que debemos llegar pocas horas después que ésta carta en sus manos. Cualquier ayuda que podamos ofrecerle a Hiccup Haddock será prestada con desinterés y auténtico regocijo.
Reina Mala.
—Suena muy formal—dijo Gobber, que raras veces le hablaba a sus amigos por el nombre.
—Y muy agradable—concluyó Valka, doblando la hoja.
Valka no sabía cómo expresar la satisfacción que sentía, todas y cada una de sus misivas fueron respondidas, y todos los amigos y aliados de Hiccup marchaban ya hacia Berk con la intención de ayudarlos. Por sus años de experiencia, Valka sabía que esa era la mejor de las pruebas que consolidaba a su hijo como un buen líder, después de todo, nadie ayuda a alguien que no valga la pena.
No obstante, el ambiente en Berk era algo tenso. Hiccup y el escuadrón más grande de jinetes había partido a Dragon Edge el día anterior, y seguían sin reportarse. Ni Valka ni Gobber podían permitirse el mostrarse preocupados –aunque lo estaban– porque eso desestabilizaría aún más a la población. Además de calmarlos, también tenían que seguir a Snotlout, Ruffnut y Tuffnut, que no paraban de intentar liderar la situación cada quien a su manera.
Lo cierto era que Hiccup llevaba poco tiempo como un Jefe completo, y si bien todos lo respetaban por las grandes cosas que él había logrado, seguía muy presente el recuerdo de Stoick, mismo que Hiccup se esmeraba en mantener. Todos confiaban en Hiccup, pero se sentían desorganizados, sin un líder gritándoles las órdenes de qué debían hacer, y con un grupo de muchachos enérgicos e inteligentes que aunque intentaban ayudar terminaban empeorando las cosas.
La actitud resuelta de Gobber y las maternales amonestaciones de Valka, les daba a los berkianos una sensación de seguridad efímera, si bien los calmaba, no era suficiente. Ellos necesitaban de un Jefe fuerte, y sabiendo que Hiccup estaba lejos ¿quién podía culparlos de mostrarse angustiados?
Nadie parecía criticar abiertamente a Hiccup, sabían que él se marchó para rescatar a Astrid y ayudar a los colonos de Dragon Edge, que eran después de todo sus hermanos o primos. Hiccup estaba cumpliendo con sus obligaciones. Pero también sabían de la amenaza de una flota extraña, amén de en qué parte del archipiélago estaba, y sin Hiccup cerca ¿cómo responderían a un ataque, en caso de presentarse? Estaban acostumbrados a que el Jefe estaba siempre con ellos, y si bien cada vikingo podía tomar un arma y pelear por los suyos, la ausencia de liderazgo era palpable.
—¡No haremos una antorcha gigante!—gritó Spitelout—¡Perderemos tiempo haciendo esa tontería!
—¡Pero si hacemos una antorcha gigante, y la encendemos, todos en Berk podrán saber que estamos bajo ataque!
—Para eso tenemos las antorchas pequeñas, hijo.
—¡No son suficientes!
Los demás admiraban la pelea entre padre e hijo, unos con tablas de madera en las manos, otros con miradas de rechazo y unos últimos con toda la angustia tatuada en sus facciones.
—¿Quién quiere una antorcha gigante cuando podemos hacer una explosión enorme de gas de Zippleback en el cielo como señal?—dijo Tuffnut, señalando con sus manos a una nube en el cielo.
—¡Y que tenga la forma de la amenaza!—respondió Ruffnut—Como un barco, si es una invasión, o una enorme esfera de dragón si es una migración de Terrible Terrors, o…
—Hermana, una esfera de dragón se ve igual que una explosión de gas.
—¡No, tarado! La esfera se ve más circular, tonto.
—¿Y cómo haríamos eso?
—Tendríamos que practicar mucho para…
Había un grupo de adolescentes escuchando esa conversación sinsentido de los gemelos, jóvenes que parecían tener la mayor decepción de sus héroes en sus cortas vidas.
Gobber, cansado de tantas personas sin hacer nada y de un grupo pequeño de fanfarrones, gritó exasperado haciéndose camino por la explanada central.
—¡Es suficiente! Hemos tenido estas discusiones desde ayer ¿es que no tienen trabajo alguno que hacer, par de tontos?
—¿A quién llamas tonto?—replicaron Snotlout y Spiteout al mismo tiempo.
—¡A todos! Tú, deberías estar haciendo pan ¡y tú deberías estar cuidando mi herrería! Tú ¿no tenías que reparar un bote? ¡Vamos, todos vayan a hacer sus cosas!
—¡Yo no recibo órdenes tuyas!
—¿Quieres que te obligue a hacerlo?
—¡Snotlout!—la voz de Valka, aguda en sus amonestaciones, hizo que el joven frunciera el ceño y le diera la espalda a Gobber, alejándose.
El grupo de vikingos también se fue dispersando, murmurando sus angustias, pero acomidiéndose a sus trabajos. Gobber y Valka se miraron entre sí con la misma expresión de desaprobación en los labios.
—¿Cómo es posible que recibas respuestas de todos los lados del archipiélago, pero no una carta de tu hijo?—reclamó Gobber.
—No lo sé, no podemos hacer nada más que esperar.
—¿Hasta cuándo?
—¡Por favor, Gobber! Sólo ha pasado un día, no pueden estar las cosas tan mal.
Como una especie de profecía, el rebaño completo de Sven atravesó corriendo despavorido el centro de Berk, causando el caos entre los vecinos que esquivaba las ovejas y quienes intentaban sin éxito evitar que los tumbaran al suelo. A la distancia, Sven corría lo más rápido que podía, gritando a todo pulmón como si con eso el rebaño entero pudiera obedecerle.
—Bueno, dime ¿cómo podrían empeorar?
Valka miró a Gobber con ojos suplicantes, pero el viejo vikingo se encogió de hombros, realmente no le interesaba responder esa pregunta. Dio indicaciones al grupo de muchachos más cercanos para que ayudara a Sven con su rebaño, mientras Valka miraba las cartas en sus manos. Los aliados de Hiccup llegarían esa misma tarde, pero ¿qué les diría? Hiccup no estaba ahí, y no había respondido la carta que le mandó en la mañana a Dragon Edge. Valka podía hacerse cargo de muchas cosas por su cuenta, pero la verdad era que necesitaban a Hiccup ahí.
Mientras Gobber daba indicaciones para que nadie tuviera el tiempo de preocuparse, Valka agarró a un grupo de mujeres y las llevó al Gran Salón, tenían que limpiar los pisos y las paredes, recoger los restos de la anterior hoguera para hacer un fuego nuevo y preparar comida para los visitantes que llegarían. A mediodía, Valka se paró encima de las altas escaleras, para anunciarle a todos en Berk que llegarían aliados y amigos de Hiccup.
—Mi hijo me ha dicho que debemos hospedarlos en lo que él llega, pero que no tardará mucho en regresar—mintió descaradamente, aunque nadie se dio cuenta—Pienso que el mejor espacio es la arena de la Academia y el Gran Salón. Solamente nos faltaría adecuar la Academia.
Un grupo más numeroso de voluntarios siguió a Valka a la Academia, en donde limpiaron todas las celdas recogiendo los restos de armas y de escamas de dragón. La mentira piadosa de Valka pareció calmar lo suficiente a las personas, que se veían un poco más relajados mientras la ayudaban a limpiar y en general a que Berk se viera lo más presentable posible.
—¿Y qué les dirás si el muchacho no llega mañana, eh?—le dijo Gobber en voz baja, cuidando que nadie escuchara.
—Ya me las ingeniaré mañana—respondió con tono hosco.
Para la media tarde, la Academia, el Gran Salón y los enormes establos ya estaban limpios y recogidos, y el centro de Berk estaba terminándose de ordenar. A la distancia pudieron verse las familiares velas con los símbolos de la reina Mala y de los Berserker. En su mente, Valka repetía todas las cosas que les diría a sus líderes, ansiando que sus mentiras piadosas no causaran problemas después.
"Ay, hijo mío ¿pues qué rayos estás haciendo?" pensaba con angustia.
No pudo seguir angustiándose, porque los barcos anclaron en los muelles de Berk horas antes del atardecer.
¡Eso es todo por ahora! ¿Qué les pareció? El reencuentro entre Astrid e Hiccup fue lo que más me tardé en escribir, originalmente quería que fuera una discusión solamente, pero cuando lo desarrollaba no me gustaba cómo salía, sentía que estaba forzando a los personajes, pues como llevan varios capítulos muy emocionales necesitaban un "colapso" más real y emocional. Al final me gustó éste resultado ¿a ustedes? en el próximo capítulo los veremos más y también cómo Hiccup llega a Dragon Edge y a Berk, en donde las cosas están a muy poco de salirse de control.
¿Alguna idea o sugerencia? Ah, por cierto, Morgana también aparecerá más en el próximo capítulo, aquí no quise ponerla porque francamente no lo vi necesario ¿y ustedes qué opinaron?
¡Gracias por leer!
