NADA DE ESTO ME PERTENECE, LOS PERSONAJES SON DE DREAMWORKS, SOLO ME DIVIERTO ESCRIBIENDO HISTORIAS.

¡Hola a todos!

¿cómo han estado? SÉ que me tardé un poqutín en traerles este capítulo PERO déjenme decirles, que es el MÁS largo hasta ahora... peeero, aunque está largo, y por mi inseguridad, no sé si les guste jeje. Así que por favor disfrútenlo c:

GRACIAS por todos sus hermosos comentarios, que han sido bastantes.

Viking54: Pues ya actualicé jeje. Me alegra que te haya gustado mucho c:

Amai do: qué bueno que te gusto el reencuentro porque esa escena en verdad la reescribí muchísimas veces =D

KatnissSakura: Espero hayas podido terminar de leer (PD.-Me gusta mucho cómo escribes, principalmente tu fic "El herrero y la bestia", tenía que decirlo) =D

Kmy16: De hecho a veces me pasa que leo una historia que me encanta pero por andar picada no dejo review y después cuando quiero dejarlo ha pasado tiempo y me da penita... así que entiendo XD (debería dejarlo de todas formas, uno siempre aprecia los comentarios) queria hacer un desarrollo de Astrid e Hiccup interesante, me alegra haberlo conseguido.

SAM ARCHER: Para nada, de hecho disfruto mucho tos reviews largos c: una enorme disculpa, pero no había visto aún la nueva temporada de Race to the Edge, ahora ya la vi XD (Cada vez siento más la necesidad de ver la tercera película) en fin, supongo que van separados porque, aunque estén casados, lideran por separado a sus tropas (?) dejemos esa explicación por ahora. Las diferentes emociones en la confrontación de esos dos fueron también una de las cosas que más quise desarrollar, me alegra haber dado en el clavo, como mencionas. Sobre Heather y Cedric... no lo había pensado, les preguntaré qué opinan XD

Melanie Villamar: me encantó que usaras la palabra "fluidez" porque creo que es de lo más importante en una historia, me alegra estarlo consiguiendo, no sé supongo que me da mucho miedo estancar un fic :c

lilu ghoul: ¡qué bueno que te gustara! =D (ojalá este también te guste)

Nieve Taisho: Pues no es de a gratis, enserio le pienso mucho cómo poner las escenas y diálogos, pero todo vale la pena cuando consigo esa "naturalidad" como tu la llamas, Valka es de hecho un personaje que quisiera explorar más, no creo que en un fic entero pero quizá en un one-shor (¿por qué no?) cuando termine este fic, desde luego.

Hinaru16241: es que esos dos son adorables, pero como tienen mucho carácter, claro que debe haber discusiones jeje.

MichelleAloy: A mi también me cuesta imaginarme a Astrid con cabello corto, y eso que yo lo escribí.

RoxFiedler: Mil gracias por tus buenos deseos, y también por tu comentario tan bonito y optimista del capítulo anterior, espero que este capítulo te guste también c:


VII

"Un Jefe protege a los suyos" –Stoick.

.

.

—¿Dónde está Hiccup Haddock?—preguntó la reina Mala., bajando del barco.

Ella y sus tropas estaban anclando en el muelle de Berk, que se había expandido considerablemente los últimos años. Desde que se divisaron los barcos a distancia, Valka y Gobber bajaron por los escalones y rampas para darles la bienvenida, discutiendo entre ellos qué explicación les darían. Sinceramente, no tenían la más remota idea de cuál era la respuesta más políticamente correcta, así que…

—En Dragon Edge—dijo Valka—Esperábamos que llegaran para mandarle su misiva, majestad.

Era una verdad a medias, técnicamente Hiccup debía estar en Dragon Edge, pero como no había respondido sus cartas, ni avisado tampoco de su paradero, no estaban del todo seguros.

—Bien, mientras más pronto mandemos esa misiva, mejor—respondió la reina, con ese tono suave pero autoritario que la caracterizaba.

—En realidad, estamos esperando a más personas—dijo Gobber, Valka le miró acusativa—….Majestad—agregó al fin.

—Las tropas Berserker no deben tardar en llegar—dijo Mala—Mi esposo partió poco después que yo, no creo que demoren más de una hora.

—Sólo faltan ellos y las Doncellas Aladas, ya que Alvin llegó hace una media hora.

—Muy bien, lo más prudente es esperar a que todos lleguen antes de que me notifiquen con claridad los problemas que perturban Berk.

—Desde luego, pero mientras acompáñeme majestad, la llevaré al Gran Comedor.

Valka caminó al lado de Mala, escoltándola. En sus años recorriendo el Archipiélago por su cuenta, Valka tuvo oportunidad de conocer a la mayoría de los aliados que tenía Hiccup; nunca dialogó con ellos en persona, pero los veía de lejos, desde su dragón, agradándole mucho las costumbres pacifistas que tenían Mala y las Doncellas.

—Hiccup Haddock es una persona orgullosa, pero muy valiente—dijo Mala mientras caminaban—Ha sido de gran ayuda, para mí y para mi gente. No puedo imaginar qué tan desconcertante es el nuevo peligro para que él solicite ayuda.

—No estoy del todo enterada, mi hijo ha sido escueto en sus misivas.

—¿Tú eres la madre de Hiccup Haddock?

—Sí.

—Perdona, no conozco mucho sobre las personas aquí en Berk, pero tenía entendido que el Jefe Stoick no tenía esposa.

—Es una historia un poco larga—Valka hizo una pequeña mueca—Pero puedo contarle la mayor parte, en lo que esperamos a los demás.

Mala le dedicó una sonrisa amistosa, dándole a entender que no tenía por qué hablar si ella no lo deseaba, pero Valka estaba armándose de valor. No podía quejarse en absoluto, desde que regresó a Berk, Valka había sido tratada con respeto y hasta cariño por sus antiguas amistades; eso fue quizá lo que más la incomodó, porque se esperaba miradas recelosas o comentarios de cómo fue posible que ella abandonara a su familia. Pero Hiccup había cambiado tanto ya las cosas en Berk, que la gente aceptó la explicación que dio y no la juzgó, sino que la aceptó de nuevo. Sabía que su conflicto interno venía de su mente, donde una pequeña voz le recriminaba que no se merecía esa felicidad, no después de haber abandonado a su esposo y a su hijo. Pero era momento de hacer las paces con su pasado, aceptándolo, y la mejor manera de hacerlo era hablar.

—Hace años, Berk era diferente, nosotros…

Valka se fue hablando con tono bajo, luego con una voz decidida, y al final con ahínco, desahogándose. Mala simplemente escuchaba.

.

.

.

Heather no era una rescatista, pero tenía un excelente oído y vista, por lo que descubrió muy pronto a la figura de un hombre flotando en el mar y que luchaba sobrevivir sobre las olas. Sin pensarlo dos veces, descendió y lo rescató, el hombre estaba medio inconsciente, escupía agua salada y se aferraba a su dragona cual bote salvavidas.

.—Vamos a esa isla de allá, pequeña—le dijo a Windhsear, señalando una isla no muy lejana, la dragona aterrizó en la playa, ayudando a Heather a cargar al hombre para recostarlo bajo la sombra de un árbol.

Cedric estaba aturdido y cansado, le dolía el cuerpo por el constante esfuerzo de mantenerse a flote, y las horas bajo el sol lo deshidrataron. Pensó genuinamente que moriría, por eso los verdes ojos de Heather le parecieron los valles más hermosos del mundo, y su rostro el más encantador que pudiera existir.

Se trataba de un sentimiento que no había tenido antes; Morgana lo había reclutado como una opción alternativa a la muerte, enseñándole con modos bruscos, gritos y dolorosos castigos cómo servirles. Había creído durante años que Morgana lo salvó de la muerte en las calles, pero ahora entendía que sólo lo había esclavizado para su beneficio. Ahora estaba ahí, recostado sobre un césped que deprendía aromas agradables, bajo una fresca sombra, con un ángel inclinada sobre él para darle de beber. Ella realmente lo había salvado de la muerte.

Heather le dio un poco de agua de su cantimplora, mojó uno de sus trapos y lo colocó en su frente, para atenuar la insolación. Esas pequeñas atenciones ayudaron a que Cedric se sintiera mejor, cerrando los ojos para termina de relajarse. Lo peor ya había pasado, y con los cuidados de aquél ángel, nada malo podría suceder.

—¿Estás bien?—preguntó Heather, después de unos quince minutos—¿Puedes entenderme?

—Sí… podrías… ¿podrías darme un poco más de agua?

Ella le dio su cantimplora entera, Cedric la bebió de un solo trago.

—¿Por qué estabas a la deriva en el mar?

El tono de Heather se volvió desconfiado, pero Cedric estaba aún algo delirante como para detectarlo.

—Escapé—contestó. Tenía los labios secos y le escocía la garganta, pero respondería cada pregunta de aquella noble mujer a la que le debía su vida

—¿Cómo? ¿de quién?

—De una mujer malvada, se llama Morgana. Ella…

Antes de que siguiera hablando, tosió un poco, y se llevó una mano a la cabeza pues las cienes le palpitaban dolorosamente. Heather sacó de su bolso dos frutas, que le ofreció con una sonrisa.

—No tengo mucho tiempo—le dijo—Tengo que llegar rápido con un amigo…

Miró alrededor, esa isla era pequeña y despoblada ¡y ese hombre casi muere en el mar! No podía abandonarlo… en verdad era un desconocido, si había escapado quizá el malvado era él y no la mujer que mencionaba ¿cómo saber si no era un ladrón, un pirata, un embustero? Pero Heather no podía dejarlo morir de esa forma, lo peor que podía pasar era que terminara encerrándolo con los Marginados.

—Come eso para que recuperes fuerzas, me contarás a detalle sobre tu escape de camino a Berk.

—¿Qué es Berk?

Por esa pregunta, Heather supo inmediatamente que el hombre no era de por ahí. Todos en el Archipiélago conocían Berk, pues se había vuelto una de las tribus más fuertes y poderosas… y centro de muchas, muchas leyendas.

—Yo hago aquí las preguntas—su tono era más severo, aún así lo ayudó a ponerse de pie y a subirse a Windshear.

—Este dragón es… hermoso.

Cedric admiró las escamas plateadas, tocándolas con reverencia, sintiendo una combinación de asombro y miedo cuando la dragona lo miró de frente.

"Una persona que no ataca a un dragón no puede ser tan malo" pensó Heather, subiéndose a su dragona para sujetar las riendas.

—Agárrate bien.

Y comenzaron a volar.

.

.

.

"Por Thor…"

Valka rezaba en su mente, con un rostro compungido, mirando el caos que tenía enfrente.

Gobber se quedó en el pueblo, arreglando los problemas cotidianos de todos los ciudadanos, dejándola a ella como encargada de la diplomacia. En la enorme mesa ovalada que servía para juntas su Cloudjumper había encendido un poco de fuego, permitiendo que las visitas se reunieran de manera cómoda. Pero apenas las puertas se cerraron, empezó el desastre…

Alvin estaba sentado tomando cerveza, refunfuñando que llevaba horas esperando sin saber de Hiccup ni tampoco para qué había sido llamado. Atali y un grupo de sus doncellas reclamaba por lechos donde poner a descansar a sus dragones bebés, que estaban cansados por el viaje. Mala hablaba con sus hombres para calmarlos, pidiéndoles algo de paciencia, y Dagur maldecía al lado de Alvin, también algo irritado tanto por la ausencia de Hiccup como por el retraso de Heather, que lo tenía preocupado.

Ahí estaban los líderes de las más importantes y fuertes tribus de todo el Archipiélago, amigos de su hijo, a los que ella había convocado para ayudar. Pero sus años aislada con los dragones entorpecieron sus ya de por sí pocas habilidades sociales, aunque podía defenderse en Berk donde todos eran conocidos o amigos de conocidos ¿cómo dirigirse a esos extraños, poderosos y potenciales aliados, sin arruinar las cosas?

Respiró hondo, ella era Valka Haddock, vida de Stoick Haddock, difunto Jefe de Berk, y madre de Hiccup Haddock, actual Jefe. Miró al esculpido y gran trono de piedra al fondo del Gran Comedor, a pocos pasos de la mesa, que estaba frío y vacío. En ausencia del Jefe, ella debía ser más fuerte y mostrar liderazgo; lo había hecho antes ¡y podía hacerlo de nuevo!

Sólo respira hondo y…

—¡Silencio!

Un montón de ojos, unos curiosos, otros impacientes, unos molestos y algunos preocupados, posaron su mirada en ella. Valka mantuvo la espalda erguida, y obligó a su voz a sonar autoritaria.

—Sé que están desesperados, tanto como yo—definitivamente ella era la más desesperada, pero no podía hablar con tecnicismos en ese momento—Pero les pido un poco de paciencia.

—En la carta hablabas de un peligro grande ¡si es así, también debemos proteger a nuestras gentes! Y no podemos estar aquí perdiendo el tiempo—dijo Alvin.

—Yo…

—¿Dónde está Hiccup?

—Sí ¿en dónde está?

Con esa pregunta las voces se alzaron de nuevo, pero Valka gritó para llamar su atención.

—¡Llegara pronto!—mintió, porque no sabía qué más decirles—Pero mientras les diré sobre el peligro que enfrentamos.

Desplegó sobre la mesa un mapa grande de todo el Archipiélago, de manera que lo pudieran ver, y comenzó a explicar sobre los avistamientos.

—Aquí está Dragon Edge—colocó una piedra en la isla correspondiente—Y aquí es donde se vieron los barcos. Es una tropa grande, según el informe, pero no se contaron todos los barcos.

—Pero si sólo han visto barcos ¿para qué nos llamaron?

—Pensaba que…

—Hiccup decidió investigar—continuó Valka sin responder a sus interrupciones—así que Astrid y Fishleg fueron a Dragon Edge para dirigir una patrulla, pero no llegaron.

Con esa única oración la incredulidad de todos desapareció, así como las interrupciones, y la dejaron continuar con el relato.

—Fishleg fue encontrado herido, y Astrid… fue capturada. Hiccup fue a rescatarla y a dirigir un contrataque. No podemos dejarlo solo.

—Entonces ¿Por qué no espero a que llegáramos?—preguntó Dagur.

—Porque…

—¡Su esposa fue secuestrada!—interrumpió Alvin—Es deber de todo hombre proteger a su mujer, eso lo entiendo. Pero al menos ¿dejó algunas instrucciones, o sólo nos mandó hablar por improvisar?

—Estás hablando de Hiccup Haddock, él nunca improvisa nada.

—Pero si no está aquí, ni tampoco indicaciones, entonces…

—¡Señores, hay que mantener la calma!—dijo Valka, que había perdido la cuenta de cuántas veces había dicho eso los últimos días.

Estaba a punto de confesar que ella los mandó hablar (y que Hiccup no sabía nada) cuando la puerta se abrió de golpe, Heather entró con un hombre desconocido al lado y que se veía muy desorientado.

—¡Heather!—Dagur fue con su hermana, dándole un abrazo—Me tenías preocupado.

—Lo siento, tuve un retraso.

Cedric miraba cada rincón del lugar impresionado, Morgana siempre habló de las personas del norte como bárbaros que vivían en cuevas, pero el pueblo al que llegaron era grande, con hermosas y amplias casas, y ese Salón no le pedía nada al castillo del Rey de Stor.

—¿Y ese quién es?

—¡Forastero!

—¿Y si es uno de ellos?

—¡Cálmense todos!—dijo Heather, guiando a Cedric hacia una banca—Por favor, alguien trágale agua y comida, lo rescate del mar y aún está algo mareado.

Valka le dio indicaciones a una moza para que trajera algo de la cocina, se acercó a Heather como todos los demás, pero ella no escuchaba la mayoría de sus preguntas, susurró unas cuantas cosas a Cedric antes de tomar la palabra.

—Este hombre era un prisionero en uno de los barcos de esas tropas desconocidas que mencionó Gustav—explicó—Lo salvé del mar, y me ha explicado cosas de este enemigo nuevo.

—¿Cómo qué cosas?—preguntó Alvin receloso.

—Me dijo que la líder de esas tropas se llama Morgana, que es una especie de pirata.

La moza le llevó a Cedric agua, pan y algunas frutas, él dio dos enormes tragos al tarro y habló.

—No es una pirata—dijo—Es mucho peor.

—¿Quién le dio permiso de hablar?

—¡Déjenlo explicar! Es información valiosa.

—¡Pero es un forastero!

Asustado por la interrupción, Cedric tomó más agua y miró a Heather buscando en ella consuelo, pero la muchacha estaba también discutiendo. Esas personas eran altas, muy fornidos, de voces fuertes y maneras toscas. No eran en absoluto personas que quisiera de enemigos, y por su bravura, dedujo que lo mejor era simplemente obedecer.

—Cedric—Heather le habló cuando calló a todos—Por favor, continua.

Definitivamente, ese ángel era la única en quien podía confiar.

—Morgana es un monstruo—dijo al fin—Saquea, roba, mata… no tiene escrúpulos. Peleó con el rey de Stor y planea hacerse del control de todo este archipiélago.

—¿Hablas de conquistarlo?

—Conquistar, saquear… ¡lo que le dé más dinero!

—Pues suena a pirata para mí.

—No sé cómo sean las cosas aquí—reconoció Cedric—Pero he visto a Morgana hacer cosas horrendas… mató a su propia gente, simplemente porque no quisieron comprarle mercancías. Si ustedes no la aceptan como proveedora, se deshará también de vuestros pueblos.

—¡Quiero verla intentarlo!

—¿Quién se cree esa mujer?

—¡No podrá contra un solo vikingo!

—¡Alto, aún hay más!

Heather le indicó que siguiera hablando.

—Ella… no sólo quiero su oro, también quiere dragones.

—¡Llevarse dragones!—rio Alvin—¡Esa loca!

—¿Con cuántas armas dispone?—interrumpió Valka, antes de que todos empezaran a hablar.

—Tiene veinte barcos, cada uno con cincuenta tripulantes…. Todos saben pelear, tienen armas, escudos, y catapultas. Inspira terror en su gente, ellos harán lo que sea con tal de complacerla…

—Mil soldados—resumió Valka—Entrenados, armados y aterrados… ¿sabes exactamente a dónde se dirigen?

—No del todo… el mapa es viejo, no parece estar actualizado. Pero aparentemente se dirigía a algo señalado en una isla… ¿Hulan? No ¿Hulian?

—Hooligan(1).

—¡Si, eso!

Valka mostró todo su miedo en los ojos, su endurecida mandíbula la hacía ver de repente avejentada.

—¡Hooligan! ¿es enserio?

—Hicimos bien en venir.

—Hay que planear una ofensiva.

—¡Debemos alistar los dragones!

—No, debemos alistar los barcos.

—¡Pero el muelle está lleno, no podemos….!

Todos siguieron hablando, pero Valka realmente no les escuchaba. Hooligan… sí, el mapa era muy viejo ¡nadie llamaba así a Berk desde que sus abuelos tenían abuelos! Como un lejano recuerdo vio a su propia madre contándole antes de dormir sobre cómo Grimbeard el Horrible(2), Jefe de la Tribu Hooligan, llegó a Berk fundando el pueblo donde todos vivían. Grimbeard era considerado el mejor Jefe y vikingo de la historia, liderando a los suyos en tiempos de paz y de guerra, protegiéndolos de todo enemigo y convirtiéndose en el más capaz y fuerte de todos los Jefes, al colmo que fue llamado "Rey del Archipiélago" pues las otras tribus de otras islas lo respetaban y obedecían.

A la muerte de Grimbeard le siguió su hijo como Jefe, pero aunque supo liderar a los Hooligan en Berk, los demás pueblos no pudieron nunca respetarlo como su padre, eventualmente las tribus se fueron dispersando más, llegando nuevos pobladores a nuevas islas, creando el Archipiélago que Valka y los demás conocían.

Si el mapa que esa mujer Morgan estaba siguiendo marcaba una isla como "Hooligan" debía ser un mapa de los tiempos de Grimbeard, y estaban dirigiéndose a Berk ¡era necesario estar preparados! Pero Alvin, Dagur, Mala, Atali… todos estaban discutiendo sobre qué hacer por los suyos, sin llegar a ningún acuerdo. Eran líderes, estaban acostumbrados a que su palabra fuera ley, pero en esa situación donde tantas personas de tantos lugares diferentes intentaba trabajar en equipo, se ocupaba un Jefe de Jefes… un Grimbeard.

—Debemos pensar—dijo, interrumpiendo la discusión—Si vienen a Berk, ocupamos idear un plan para detenerlos.

—¡Hay que atacarlos!

—No, hay que defender.

—¡Podríamos hacer ambas cosas!

—¿Cómo, si no contamos con los hombres?

—¡Usa el cerebro, podemos…!

La discusión se interrumpió cuando Gobber abrió la puerta, con una expresión indescifrable, Valka temió lo peor, pero el viejo vikingo esbozó una sonrisa, diciendo:

—Hiccup llegó.

.

.

.

Estaba amaneciendo, Astrid estaba sentada en la playa, dejando que las olas mojaran sus pies, veía el hermoso espectáculo del sol ascender de entre las olas haciendo que lo negro del cielo se tornara azul y después celeste. Había visto muchos amaneceres, pero este fue el más simbólico de su vida, no sólo era un nuevo día, se trataba de una nueva vida.

Podía sentir el cambio que nacía de su interior, materializándose en el exterior. No estaba segura de cómo nombrarlo, y no tenía tiempo de reflexionarlo. Simplemente se puso de pie, calzando las botas, y se encontró con Hiccup a unos metros de distancia, él terminaba de alimentar a los dragones para asegurar un buen viaje a Dragon Edge (insistió que ellos comieran allá, donde podían prepararle a Astrid algo mejor por su embarazo).

Se paró a su lado, respirando profundamente. La felicidad que habían tenido el día anterior debía ceder a lo importante del momento que estaban viviendo: la llegada de esos desconocidos enemigos.

—¿Lista, m'lady?—preguntó, cerrando los bolsos que cargaban Toothless y Stormfly.

—Sí.

Montaron sus dragones y alzaron vuelo a Dragon Edge, Hiccup se le pegaba mucho vigilando que no se cansara mucho.

Su fase protectora, que ya antes había sido molesta, se elevó ahora que estaba embarazada. Astrid no estaba dispuesta a permitirlo.

—Tenemos que ir a Berk e idear una defensa desde ahí—dijo—Con Morgana navegando en quién sabe qué parte del océano, no podemos confiarnos.

—Sí, reuniré a los Jinetes y planearemos una ofensiva con mi madre y con Gobber.

"Es ahora o nunca"

—Estaba pensando que podía quedarme en Dragon Edge para reagrupar a sus tropas y así hacer un ataque especial.

—No es mala idea, quizá pueda adelantarme a Berk y Fishleg liderarlos mientras…

—No—interrumpió—Los lideraría yo.

Toothless y Stormfly intercambiaron miradas con las orejas encogidas, olfateando la discusión.

"Oh, dioses"

—Astrid…

—¿Qué?

Buscando las palabras adecuadas, Hiccup hizo una pausa antes de hablar.

—Es peligroso—su voz sonaba firme.—No es buena idea.

—Obviamente no me voy a exponer del todo, Hiccup. Lideraría, a distancia si así quieres llamarlo, pero lo haré yo.

—No, Astrid, no quiero…

—¡No voy a quedarme en una choza encerrada hasta que el bebé nazca, Hiccup!—gritó—Y estamos en guerra, soy la general, yo me encargaré de las tropas y de ayudarte en todo lo que sea necesario… exponiéndose poco, claro.

—¡Astrid, no seas terca! Piensa en el bebé por favor, no puedes…

—¿Qué? ¿sólo porque estoy embarazada dejo de ser yo?—le miró a los ojos—Honestamente, Hiccup ¿pretendes que no haga absolutamente nada en nueve meses?

—No digo que nada, pero podrías hacer cosas menos peligrosas.

—Menciona una.

—Si quieres ayudar, podrías quedarte con mi madre en Berk y ayudar a los aldeanos a….

—¡Soy general!

—¡Y yo el Jefe, Astrid! ¡Y dije que no!

—¡Yo soy la Jefa!—debatió—Y no necesito tu permiso.

Tiró de las riendas y voló más rápido.

—Esto está mal, amigo—dijo Hiccup a Toothless, acelerando el vuelo para alcanzarla.

Como Dragon Edge estaba cerca, tardaron unos veinte minutos más en llegar, pero fueron veinte minutos de un incómodo silencio. Al divisarlos a distancia, Gustav sintió que el alma le regresaba al cuerpo, y todos salieron a recibirlo pues habían estado muy preocupados. Con todas las cartas de Valka y Gobber en mano, Gustav se acercó a la pareja, hasta que los escuchó…

—¡No es negociable!

—No te estoy pidiendo permiso.

—¡Estás arriesgándote, y a todos nosotros!

—No, eso lo haces tú ¡por necio!

—¿Yo soy el necio? Dime entonces porqué tú…

Desmotaron y siguieron discutiendo mientras caminaban a la sala común, la alegría dio paso a la incredulidad. Gustav no sabía si era prudente interrumpirlos, por eso agradeció con todo su ser cuando Fishleg colocó su pesada y grande mano en su hombro, diciéndole:

—Yo me hago cargo.

Los siguió a la sala común, pidiendo a los pocos presentes que se marcharan, cerró las puertas y en dos segundos estaba él solo con una pareja de Jefes obstinados que estaban tan inmersos en la discusión que ni siquiera notaron su presencia.

Carraspeó.

—¡Fishleg!—Astrid le dio un pequeño golpe en el brazo bueno—¡Estás bien! Me quedé preocupada por ti, yo…

—Me alegra que estés bien, Astrid—frunció el ceño—¿Qué le pasó a tu cabello?

—No importa, verás…

—La loca esa llamada Morgana se lo cortó—dijo Hiccup—Y vaya que me las pagará.

Había tanto enfado contenido en su voz, que Fishleg se intimidó un poco.

—Sigues exagerando.

—¿Yo? ¡tonterías!

—Fishleg, ¿puedes decirle al sobreprotector de mi esposo que he sido general de los Jinetes por años y que puedo dirigirlos en la defensa de esa loca?

—Yo…

—Fishleg ¿puedes decirle a mi imprudente esposa que el quedarse en Berk no significa que no confíe en ella?

—¡¿Imprudente?!

—¡Sí, imprudente!

—Tú…

—¡Basta!

Los dos miraron a Fishleg, que tenía los brazos cruzados.

—¿Qué les pasa a ustedes dos?—los miró acusativo—¡Estamos en medio de una posible guerra y siguen peleando por tonterías! Hiccup, Astrid, ustedes siempre han confiado entre ustedes ¿qué carajos pasa ahora que no pueden dejar sus diferencias de lado?

Avergonzados de que uno de sus mejores amigos les hablara de esa manera –porque era verdad– los dos bajaron los ojos, como niños regañados, dejando que Fishleg siguiera hablando.

—Estamos ante una amenaza desconocida, y ustedes son los Jefes ahora ¡deben dejar de lado sus diferencias! Todos contamos con ustedes.

—Lo sabemos—dijo Astrid—Pero esta situación realmente ha sido difícil.

—Además, si no arreglamos esto, realmente no podremos hacer nada.

—Bueno ¿qué tan grande es esta discusión como para que no puedan abandonarla por ahora?

Astrid se sonrojó, pero habló rápido:

—Estoy embarazada—dijo—E Hiccup quiere que me quede en una choza rodeada de sanadores durante nueve meses ajena a todo lo demás.

—¡Oye!

—¿Qué, no quieres eso?

—No exactamente.

—¿Ves?

Le frunció el ceño, poniendo los brazos en jarras, pero Fishleg se paralizó desde la palabra "embarazo".

—¿Estás embarazada?

—Sí—respondió, extrañada de que Fishleg la señalara con tanto descaro.

—¡Wow!

Sin decir nada, dio un paso adelante y la abrazo, alzándola con fuerza.

—¡Fishleg, suéltame!

—Lo siento, sé que no te gustan estas demostraciones—le dijo, dejándola en el suelo—¡Pero tenía que hacerlo! Por Thor ¡serán padres!

¡Sus amigos serían padres! Berk tendría al fin un heredero... en medio de ¿una guerra?

—Sí, lo seremos—la voz de Hiccup se suavizó.

Astrid le miró de reojo, él estaba muy feliz por su embarazo, y sólo deseaba protegerla. Definitivamente ella debía dejar de tomar tan personal todo el asunto, pero al mismo tiempo no podía ceder.

—Hiccup—lo miró a los ojos—Sé que quieres protegerme, y también al bebé, pero no puedes colocarme en una burbuja de cristal. Soy tu esposa, la Jefa y General. Debes confiar en que me puedo cuidar, y en que puedo seguir a tu lado ayudándote.

Hiccup sujetó sus dos manos, sin dejar de verla a los ojos. Vio a su padre, alto, fuerte y sabio, dirigiendo a todos de manera rápida y eficiente; luego escuchó sus muchos consejos:

"Nunca tomes leche de yak en la noche, ni dejes que la sirvan en el Gran Comedor"

"Siempre revisa las previsiones de invierno desde el segundo mes de verano"

"Debes escuchar los consejos y quejas de todos, aunque se repitan, aunque te distraigas, hazles saber que te preocupas por ellos"

Pero dos frases fueron las que llegaron a su mente, asimilándolas al fin, y las pronunció.

—Tienes razón, confío en ti, y un Jefe debe delegar responsabilidades—besó sus manos—Pero también un Jefe protege a los suyos, y eso haremos.

Besó su frente, Astrid le besó la mejilla.

Fishleg, algo incómodo con ese momento tan íntimo, no dijo nada y procuró que su presencia pasara desapercibida. La pareja se dio un corto beso en los labios, antes de verlo.

—Fishleg, trae a Gustav. Tenemos que idear un plan.

—Todos—dijo Astrid, sujetándole la mano.

—Claro.

—Y… Fishleg… ¿podrías por favor no decir nada del embarazo? Al menos no por ahora—Astrid tenía ojos suplicantes—Por favor.

Hizo un ademán de cerrar los labios con candado, causando una sonrisa en sus amigos, luego salió cumpliendo la orden, satisfecho de haber ayudado, abochornado por la escena que contempló en primera fila y preocupado de que la situación con esos forasteros se saliera de control.

.

.

.

Una hora después, partieron a Berk con todos los escuadrones de jinetes, dejando a un grupo pequeño para que patrullara Dragon Edge en caso de ocupar protección –aunque, por la dirección que tenían los barcos, dudaban mucho que la amenaza llegara a ellos– volaron lo más rápido que pudieron. Hiccup se preocupó cuando vio todas las misivas que mandó su madre, preguntándose porqué tanta urgencia en su retorno ¿acaso habían sido ya atacados? Si lo fueron… no, no podía permitirse pensar en eso.

En su camino no se encontraron con las tropas de Morgana, lo cual les preocupó, pero cuando vieron a Berk en el horizonte, completamente a salvo, se relajaron. Luego vieron que el muelle estaba lleno de barcos con distintas banderas ¿qué hacía Alvin, Dagur, Mala y otros ahí? ¿Era por eso que Valka mandó esas misivas?

Cuando aterrizaron, todos salieron de sus casas y se arremolinaron alrededor de Hiccup y Astrid, agradeciendo a los dioses su llegada y pidiéndole que les confirmara que todo estaba bien. Se había ausentado solamente dos días, pero la paranoia causó tal estrago en Berk ese tiempo que estaban al borde de un colapso.

—¡Calma!—gritó—Estamos bien, tengo que hablar con mi madre y los otros Jefes ¡pero les aseguro, estamos bien por ahora!

Astrid lo jaló con fuerza empujándolo por los escalones hasta el Gran Comedor, no podían perder más tiempo. Mientras caminaban, le dijeron a Fishleg que se reuniera con los demás Jinetes, dándole instrucciones muy específicas de qué hacer.

La enorme puerta de madera estaba abierta de par en par, con los Jefes esperándoles expectantes.

—¡Hiccup Haddock, estamos aquí para ayudar!

Sin dejarles que lo confundieran, Valka se puso al lado de su hijo y le susurró al oído:

—Los mandé llamar, supe que serían de ayuda.

—Gracias—susurró en respuesta.

Pasaron caminando hacia la enorme mesa con la hoguera, pero la situación se volvió tensa en el momento en que Astrid vio a Heather sentada al lado de Cedric, dándole un cuenco con sopa.

—Tú—siseó lleno de odio.

Heather miró a su amiga compungida, la verdad era que todos estaban indignados de ver a Astrid con su cabello corto –las trenzas eran motivo de gran orgullo entre las vikingas– pero callaron sus comentarios, para que ella hablara después. Pero verla ahí, con el rostro lleno de odio, hizo que se pusieran atentos, Hiccup más que nadie.

Sin mediar palabra, Astrid sacó su espada y apuntó a Cedric con ella.

—¡Aléjate de él, Heather!

Ella dejó el cuenco de sopa, mirando aleatoriamente entre una de sus mejores amigas y el extraño que llevaba unas horas de haber rescatado del mar.

—¿Qué pasa?

Hiccup se puso al lado de su esposa, preguntándole qué sucedía.

—Ese es uno de los hombres de Morgana—dijo—Estuviste ahí mientras ella me interrogaba.

—Ella me obligaba a…

—¡Tú me pusiste las cadenas, me arrastraste al calabozo, y me dejaste ahí para morir!—gritó, sin dejar de señalarle con su arma.

Ante esa frase, Hiccup miró al hombre con auténtico odio ¡ese había sido el desalmado ser humano que encadenó a su esposa, encerrándola y alejándola de él! Era el cómplice de esa loca que le cortó el cabello y la intimidó, quizá la hubiera matado de tener oportunidad. Era un enemigo…

—Espera, Astrid—intervino Heather—Yo lo rescaté del mar y…

—¡Lo hubieras dejado morir!—la interrumpió—No merece clemencia ¡es un asesino!

—¡Pero tiene muchas cosas que decirnos! Nos ha dado información muy valiosa para derrotar a esa tal Morgana.

—¡No le creo! ¡debe ser una trampa!

—Astrid, por favor escúchame a mí…

La rubia miró a su amiga ¿en qué momento Heather se volvió tan blanda?

—Yo tampoco confío del todo en él—admitió—Pero no podemos desperdiciar ninguna oportunidad. Tú estuviste entre ellos, puedes confirmar que esté diciendo la verdad. Por favor, déjalo hablar, y luego decidiremos qué haremos con él.

Astrid miró a Hiccup, preguntándole con la mirada qué hacer, él se inclinó y le dijo al oído:

—Es tú decisión. Y si quieres matarlo, yo personalmente lo haré.

Un escalofrío le recorrió la espina dorsal cuando escuchó a Hiccup decir aquello, no estaba segura si él lo haría, pero una cosa era cierta, estaba tan enfadado que no tendría piedad.

Sus azules ojos se posaron sobre Cedric, fríos y calculadores, cuando dijo:

—Habla.

Cedric tenía lágrimas en los ojos, porque sentía que cada partícula de su ser no merecía la clemencia que se le estaba mostrando. Sabía que si la situación fuera a la inversa, Morgana ya habría matado a Astrid sin siquiera molestarse en verla una vez más. seguían abriéndose frente a él puertas inexploradas de un mundo mucho más ameno del que alguna vez conoció en vida.

—Me llamo Cedric, no tengo apellido—dijo—Mis padres murieron cuando tenía seis años, pero ellos eran sirvientes en la casa de una familia adinerada, casi nunca los veía y cuando lo hacía me golpeaban por ser una carga para ellos. Al morir, terminé en la calle, y…

—¡No me interesa saber la historia de tu vida!

—Señorita, por favor, déjeme decirle, iré al punto lo prometo.

—Pues hazlo ya.

—Bien—respiró hondo—Morgana me atrapó intentando robar comida de un baúl suyo cuando tenía trece años, me castigó severamente, pero después me reclutó como parte de sus hombres. Me dijo que debía pagarle. Me enseñó a robar, a mentir, a matar… yo no sabía cómo salir de ahí sin perder la vida y tenía miedo a volver a pasar hambre, así que… cobardemente, acepté.

Las hormonas estaban suavizando a Astrid, quien sintió algo de pena por él, pero no bajó su espada.

—Continúa.

—Cuando la vi a usted enfrentarse a ella, me llené de valor—le dijo, mirándola a los ojos—Y el vínculo que la une a ese dragón… estoy maravillado. Nunca pensé que una persona podía ser tan libre, tan fuerte y tan íntegro. Escapé después de que usted se fue, pero quedé varado en altamar, pensé que moriría cuando el ángel me salvó.

Ante la mención de sí misma como "ángel" Heather se sonrojó un poco.

—No soy ángel—susurró, pero nadie la oyó.

—Ya les he dicho cuántos hombres tiene Morgana, qué tipo de armas y qué tipo de estrategias usa—dijo—Pero también sé que he cometido demasiados pecados en mi corta vida, y que la misericordia que me han mostrado no la merezco.

Se dejó caer sobre las rodillas, acercándose a Astrid y colocando su cabeza frente a sus botas, en total sumisión. Ella tenía aún en alto la espada, pero tenía un rostro lleno de sorpresa; Hiccup por otro lado no se alejaba para nada de su esposa y tenía una expresión de total desconfianza.

—Si desea hacerme prisionero, hágalo; si quiere torturarme, no lo dude; si quiere… matarme, también lo aceptaré. Estuve de pie viendo cómo Morgana la amenazaba y ultrajaba sin hacer nada… es usted la que debe decidir qué será de mí.

Astrid miró a Heather, la morena tenía ojos suplicantes, estaba realmente acongojada por la miseria de ese hombre y aunque debía pagar por sus crímenes, pensaba que quien se arrepiente de su pasado merece una segunda oportunidad. Astrid, ablandada por el embarazo, pensaba de la misma manera; a su lado Hiccup pensaba en todos los castigos posibles que podía aplicarle, cuando de repente, Toothless se puso al lado de su jinete, miró a Cedric, y lo olfateó.

Aterrado, Cedric miraba a los ojos claros del dragón ¿cómo podían unas escamas tener ese color tan negro? Era un animal magnífico, imponente, hermoso, lo llenaba al mismo tiempo de terror y admiración. A pesar de su latir desenfrenado, Cedric miró a Toothless a los ojos en todo momento, le resultaba hipnótico.

Todos esperaban que el Night Fury gruñera amenazante, pero en vez de eso, Toothless resopló y le dio un ligero lengüetazo en la mejilla.

—¡Oh por favor!—gritó Hiccup—¡Era secuaz de esa lunática que lastimó a Astrid!

Pero Toothless sólo resopló agitando la cabeza y alejándose hacia el fuego, buscando algo de calor.

—Maldita sea—siseó.

Cedric no terminaba de entender, pero sintió nuevamente una calidez extraña cuando Hiccup –de mal humor– ordenó que lo esposaran, le dieran algo de comer y lo mantuvieran vigilado. No se lo merecía, y eso le daba una sensación de culpa, pero también había algo grande, cálido y ameno en su vientre… ¿era eso a lo que llaman gratitud?

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Con el plan trazado, todos estaban recorriendo Berk para administrar las tropas y recursos que usarían en su estrategia. Astrid misma estuvo de un lado al otro ordenando y dirigiendo, pero ahora que sus deberes estaban concluidos, fue al Gran Comedor buscando algo qué comer, dándole tiempo a los demás de terminar sus preparativos. Comió rápido, y ya que no podía beber, se dedicó a recorrer el Comedor, lleno de antorchas, cuadros y reliquias, dejando que su mente se despejara, cuando la vio ahí: su pintura.

Momentos después de su boda, Astrid se inclinó y recibió de Hiccup la misma insignia de liderazgo que Gothi había puesto en su frente. Era tradición que la esposa del Jefe compartiera responsabilidades con él, pero durante mucho tiempo Astrid no le dio mayor importancia. Hasta ahora, que tenía frente a sí el retrato oficial de la ceremonia.

Gregor, el artista de Berk, era buen amigo de Hiccup y por eso se había esmerado en hacer varias representaciones de ese día. En uno de los cuadros estaba pintada toda la ceremonia, vista desde debajo de los escalones que conducían al Gran Salón. Todo el pueblo estaba reunido alrededor del altar floreado que hicieron para la ocasión, donde ella e Hiccup pronunciaban sus votos, los colores eran alegres, los dragones parecían juguetear y todos tenían expresiones felices. Otro de los cuadros mostraba la fiesta y el banquete, los músicos tocaban y la mayoría de las personas bailaban. En otro cuadro, con preciosos colores brillantes, estaba Astrid inclinaba frente a Hiccup mientras él dibujaba la insignia de Jefe en su frente.

Pero no fue esa la imagen que más le impresionó, sino la que seguía de esa. Ella e Hiccup estaban parados, con el altar floreado detrás de ellos, uno al lado del otro en una postura seria y firme, mientras todos los pobladores de Berk se inclinaban respetuosamente hacia la pareja. Hiccup lucía una larga y gruesa capa, que ensanchaba sus hombros, y llevaba otros accesorios únicos de los Jefes. Ella usaba ese vestido blanco con bordados y trenzados típicos de las novias, además de una corona de flores y el símbolo dibujado en su frente.

Astrid siempre se había sentido feliz y orgullosa de ser la esposa de Hiccup, pero por alguna razón no se visualizaba a sí misma como la "esposa del Jefe", aunque lo era. En ese retrato estaba por demás claro la imagen y el poder que ellos ostentaban. Había pasado un año desde su boda, pero era la primera vez que veía todo lo que ella e Hiccup representaban en Berk.

Sentada frente a ese retrato, Astrid pensaba en cómo el poder representó siempre tan poco para ella, hasta el colmo de que era la primera vez que se daba cuenta de que lo poseía. Su objetivo siempre fue ser la mejor guerrera y vikinga que se hubiera visto en el archipiélago, y todavía entrenaba y peleaba para serlo. Poco se había puesto a pensar en que ella era la esposa del Jefe, y por extensión jefa de Berk, y que ya estaba representando ese papel.

Las discusiones con Hiccup, su afán de ayudarlo, la manera en que ella se mantendría dirigiendo los ataques a pesar de todo lo que él pudiera opinar… ella era también la Jefa. Lo había dicho como argumento en sus discusiones, pero la verdad era que no se trataba de un simple argumento o de un título simbólico: ella tenía ese poder en sus manos, y era responsabilidad suya de usarlo sabiamente, como ahora.

Con la armadura bien puesta, un esposo preocupado pero respetuoso de su decisión, fieles amigos rodeándola y aliados poderosos respaldándola, Astrid Haddock alzó su vuelo con Stormfly, a punto de protagonizar un día que cambiaría para siempre la historia del Archipiélago…y de su vida.


NOTAS:

1.-Hooligan: Es el nombre de los miembros de la Tribu de Berk, al menos en los libros, no he visto que la usen en las películas o series.

2.-Grimbear the Ghastly: (Lo traduje como Grimbear el Horrible) fue un Jefe de los Hooligan y Rey del Archipiélago, Tátara-Tátara abuelo de Hiccup, en los libros. Es considerado uno de los mejores jefes de la historia, y a Hiccup se le llamó "heredero de Grimbear" en un punto de su vida.

No he leído todos los libros, porque no los he encontrado online, así que he confiado en algunas descripciones de la página Wikia en inglés, que está más completa. Si alguno ha leído los libros, dígame dónde conseguirlos por favor (que no sea comprarlos en línea, soy pobre :c)

Nuevamente, iba a iniciar con una escena de Morgana, pero no sentí que compaginara con ninguno de los eventos de éste capítulo, además éste es el más largo ¡son 17 hojas de word! (los anteriores han sido de 10 a 12 hojas cuando mucho) y temí que se les hiciera muy largo y pesado si ponía más situaciones. Además este fic es de Hiccup y los berkianos, no de una enemiga forastera XD. Así que el siguiente capítulo tendrá muuucho de Morgana, más acción y pués, más cosas jeje.

¿Les gustó este capítulo? ¿qué le faltó, qué le sobró? soy toda oídos. ¡gracias por leer!