NADA DE ESTO ME PERTENECE, LOS PERSONAJES SON DE DREAMWORKS, SOLO ME DIVIERTO ESCRIBIENDO ESTAS HISTORIAS.
¡Hola!
AL FIN salió este capítulo. Ya sé que se está haciendo costumbre tardarme con las actualizaciones, en esta ocasión tengo una buena excusa: exámenes. Mis adorados maestros decidieron que unas cuantas evaluaciones no serían mala idea, y mis jefes en las prácticas profesionales pidieron presentaciones de todos los avances que hemos hecho en lo que va del año... yo digo que sólo querían molestar.
En lo que al fic respecta, estoy impresionada por los comentarios que me han dejado y el impacto que ha tenido en ustedes, no pensé lograrlo si les soy sincera y eso me tiene feliz y satisfecha (literalmente brincaba de la emoción ante sus hermosas palabras) Mil gracias por eso =D
Reviews:
Guest: Me alegra que te guste el fic c: sobre el lemmon, nunca he sentido que es mi fuerte, así que no suelo escribir ese tipo de escenas y no creo que vaya a hacer algo así en este fic.
Amai do: Primeramente, sí, ya sé qué será el bebito c: y ustedes también lo sabrán muy pronto. Con respecto a la pelea entre Hiccup y Astrid, me alegra haberte causado ese conflicto, porque significa que escribí buenos diálogos, y no te miento, reescribí esa escena varias veces buscando que fuera lo más natural posible ¡gracias por disfrutar esta historia tanto! y ojalá esta entrega también te guste.
Guest1: Mil gracias por opinar así de mi historia, no es molestia en absoluto tu pregunta, pero lamento decirte que no tengo fechas establecidas para las actualizaciones :c algún día, cuando tenga un ritmo de vida más tranquilo, puede que ponga fechas, pero por ahora no me es posible.
Shinki S: Si te dejo sin palabras estoy haciendo un buen trabajo ¡no sabes lo feliz que me dejó tu comentario! espero poder regresarte un poco de esa alegría con este nuevo capítulo c;
Forever MK NH: ¡Luces, cámaras, acción!
Giuly De Giuseppe: Me alegra mucho que te guste ¡disfruta este capítulo!
SAM ARCHER: A mi también se me hace difícil imaginar a Astrid con el cabello corto, quizá se vea algo como Akane, pero como tiene el rostro más redondo creo que solo le daría un muy ligero aire. Lo que mencionas de la actitud de Hiccup, es que el pobre está muy estresado, además de sus problemas con su actitud, tiene los de Astrid, luego los nuevos enemigos, vaya todo se le juntó y digamos que explotó en Cedric. Además, parte de la idea de este fic es explorar esas zonas como más "oscuras" de los personajes, con el propósito de que maduren más, pero no te preocupes, dentro de esa maduración no pretendo cambiarlos tanto y ya verás cómo todo se irá desarrollando más "natural". Siempre tomo en cuenta las aportaciones que me mandan, y las tuyas no serían una excepción; pero lamento decirte que ya tengo el nombre del bebé :c (igual dime tus ideas, podria tener dos nombres ¿no?)y finalmente, no creo hacer lemmon (es que de plano no me sale T_T).
Melanie Villamar: Me encanta cómo te emociona la historia, espero que este nuevo capítulo también te provoque leerlo varias veces XD
Hinaru16241: Jajaja sí, que Toothless lamiera a Cedric fue como "la cereza del pastel" ¿me crees que aún no he decidido nada de la noticia del bebé? tengo dos ideas pero no sé cuál elegir, en fin, por lo pronto disfruta este capítulo.
RoxFiedler: No me enoja el sermón, sé que tienes toda la razón, es que tengo poca paciencia :c todo indica que deberé buscar los libros en Amazon y comprarlos hasta el otro año, que tendré al fin trabajo jeje. En fin, al menos la página de Wikia es completa, sino, realmente tendría una crisis por ahora. Por cierto, lo del hacha de Astrid lo había puesto en un párrafo y hasta que lo mencionaste me di cuenta que lo borré en una edición ¡perdona! es que el hacha de Astrid se quedó en el barco de Morgana y como ella siempre va bien preparada tenía una espada corta en el ajuar de Stormfly junto con otras a tu buena observación, le daré una revisión total a este fic apenas tenga tiempo. Lo bueno fue que las conversaciones salieron fluidas, como dices, y eso no tienes idea del orgullo que me causa =D Enserio, tus comentarios siempre me animan muchísimo, y espero que este capítulo también te guste.
VIII
"…temí que no sobrevivirías, pero tu padre jamás lo dudó. Él siempre dijo que te convertirías en el más fuerte de todos. Y él tenía razón. Tienes el corazón de un Jefe, y el alma de un Dragón. Sólo tú puedes unir nuestros mundos. Eso es lo que tú eres, hijo." –Valka.
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Se hablaron durante generaciones de la épica Batalla del Archipiélago. Los trovadores compusieron bastantes canciones, que entonaban viajando de pueblo en pueblo haciendo leyendas de aquél día; los sabios y ancianos escribieron las hazañas de los guerreros en libros que serían leídos durante siglos, inspirando a artistas, guerreros y reyes de lograr esas mismas hazañas. Los hombres más poderosos durante siglos llenarían sus jardines de estatuas y galerías de pinturas inspiradas en aquél suceso, evocándolo como un recordatorio de la auténtica grandeza. La historia de cómo Hiccup, ayudado de su inseparable equipo, defendió al archipiélago, se mezcló con sus aventuras de juventud, y miles de personas lo llamarían "el último gran héroe" entre los vikingos. Como suele suceder con el pasar de los años, la historia se mezcló con la ficción y siglos después, aunque se le consideró un mito –al mismo nivel que Beowulf– su sólo nombre era sinónimo de valor y gloria. Como ya todos conocemos el mito, he aquí la historia:
o0o
El plan original era llegar a las islas del archipiélago a demandar comercio, y si no accedían a comprar y vender sus mercancías, atacarlos para conquistarlos y así hacerse de más recursos –hombres y riquezas– para hacerle frente al rey de Stor.
Pero esa estrategia cuidadosamente diseñada en la mente de Morgana había desaparecido, desvaneciéndose con el humo de la madera quemada en las proas de varios barcos. Esos malditos dragones habían atentado contra ella, y los jinetes de esas bestias no gozarían de su perdón. No había que ser un genio para comprender que esos jinetes vivían en las islas del archipiélago, y si la gente de ese lugar era tan poco civilizada como para atacar de esa manera a los foráneos, entonces era menester conquistarlos… en el nombre del Señor, claro.
¡No podía tolerar la existencia de esos bárbaros tan cerca de su amado Continente! Odiaba al rey de Stor, pero los preciosos mercados llenos de riquezas de su Continente no podían perderse por la existencia de esos humanos inferiores. Como suele hacer la gente engreída, Morgana no pensaba que la primera en atacar fue ella, cuando secuestró a Astrid y puso en alerta a todos en las islas que no eran personas amistosas.
Luego estaba la forma en que la habían desafiado, esa rubia cuya trenza aún tenía en su mano, mirándola de manera altiva ¿qué se creía esa mujerzuela para pensarse mejor que ella? Y el hombre que llegó buscándola, otro bárbaro sin lugar a dudas. Pero ese maldito había dañado varias de sus naves, y no se saldrían con la suya. Morgana se encargaría de demostrarles, de una vez por todas, que nadie es más fuerte que los del Continente, con o sin bestias.
Habían herido el más profundo orgullo dentro de ella, y la desafiaron frente a sus hombres. Su autoridad pendía de un hilo y no sería en esas aguas foráneas donde perdiera todo lo que había conseguido ¡por supuesto que no!
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Reparar los barcos fue muy tardado, y con el tiempo pasando, Morgana iba perdiendo cada vez más cordura. No debería ser sorpresivo, después de todo, una mujer que está acostumbrada a tener todo en la vida no puede, en su ego, aceptar que algo o alguien puedo desestabilizarla con tanta facilidad, pero hasta sus hombres se daban cuenta de su deterioro y quizá eso era lo que más le molestaba.
Morgana miraba con detalle las olas del mar, cuya blanca espuma se desintegraba con la misma rapidez con la que se formaba. Era un juego hipnótico del que siempre disfrutó, limpiaba su mente de pensamientos innecesarios y la colocaba en el lugar correcto. Ahora más que nunca necesitaba concentrarse, porque nada estaba saliendo como lo había planeado.
Cedric había escapado y estaba segura de que no volvería a verlo, al menos, no al leal secuaz que la obedeció ciegamente durante años; recordó al muchacho hambriento y sucio que encontró robándole comida, pudo haberlo matado en ese momento, en vez de eso, le perdonó la vida y lo convirtió en su segundo al mando –claro, después de muchos entrenamientos y dolorosos castigos ¿cómo iba sino a aprender? – y ahora la abandonaba ¡maldito traidor! Debió enterrar su espada en sus entrañas desde el primer momento en que lo vio, y dejar de lado la patética debilidad que le causaban los pordioseros. Creía que aquél imbécil había entendido lo magnánima que fue perdonándole la vida, pero ahora veía que no existía gratitud ni buena memoria en él, y francamente ¿cómo pudo esperar que un niño de la calle, estúpido y mediocre, tendría la más mínima pizca de buena educación? Eso es algo con lo que se nace, como ella.
A veces miraba entre las olas su reflejo y suspiraba, porque ella merecía mucho más de lo que tenía y debía consolarse diciéndose "No te preocupes, hermosa, ya verás cómo el Señor nos recompensará pronto. Es por lo que tanto nos hemos esforzado" y debía ser paciente, pero ¡qué difícil era serlo cuando se estaba rodeada de incompetentes! Alrededor, su tripulación terminaba de limpiar los barcos y repararlos, una mueca de absoluto asco se posó en sus labios ¡qué pena no tener mejores soldados! Pero ya los tendría.
Con el dinero de esta nueva incursión, podría comprar los mejores hombres del rey y hasta ser reina, porque los dragones le servirían perfectamente para hacerse del control absoluto. Su hermoso cuerpo debía usar sólo seda, su piel ensalzarse con oro y joyas. Morgana sabía que no merecía menos, pero detestaba los contratiempos. Esos marineros torpes debían sentirse extasiados de que ella les dedicara una sola mirada, pero como suele suceder con las clases bajas e inferiores, ellos no comprendían con sus diminutos cerebros la grandeza de aquellos que son invariablemente superiores.
Nunca antes había sido tan cruel en sus pensamientos hacia la tripulación, porque sus hombres llevaban años siendo fieles a su causa. Y la verdad, Morgana nunca pensó en ser reina, ella sólo quería ser rica. Pero estaba tan trastornada por los últimos eventos ¿cuál era la mejor forma de evitar que alguna situación saliera de sus manos? Ser la que controla todo. Sólo una reina podía controlar todo y todos a su entera disposición. Pues bien, ahora sería reina, tendría mejores hombres porque así era su capricho y se desharía de los que se habían atrevido a hacerle eso.
La trenza dorada en su mano era el constante recordatorio de lo que quería ahora: venganza. La sangre de esa mujer en su espada y el cabello de aquél hombre al lado de la trenza, como trofeos de que nadie podía hacerle frente. Oh, ¡cuánto placer, satisfacción y felicidad tendría!
Había una clase aún más baja que sus marineros: los vikingos. Esas criaturas de forma humana no eran más civilizadas que los perros, no le sorprendía que pudieran convivir con los dragones, después de todo, las formas de vida inferiores suelen llevarse bien entre sí. Los dragones se veían imponentes, pero eran a final de cuentas bestias y ella, Morgana, como criatura superior, terminaría imponiéndose sobre ellos. Era la ley natural de la vida, aquellos que son indignos sirven a los dignos, tarde o temprano.
—Mi señora—el torpe de Godor la sacó de sus pensamientos, mucho más importantes que cualquier cosa que ese tuviera en mente—Hemos terminado todo lo que nos pidió y…
—No me interesa nada más que puedas decirme, Godor.—aquél torpe debería estar agradecido de que recordara su nombre—Fija la dirección al punto del mapa.
—Sí, mi señora.
Vio de reojo al bajito de Godor dar indicaciones al timonel y después hacerles señas a las tripulaciones de los otros barcos. Las olas se rompieron cuando el barco se desplazó hacia otra dirección, Morgana contempló el espectáculo con estoicismo, porque no podía permitir que esos burdos supieran cuánto la maravillaba el sonido y forma del agua.
Unos minutos después caminó hasta la mesa donde estaba puesto el mapa, y lo leyó de nuevo. El archipiélago era una zona muy poco conocida y escuchaba los murmullos de sus hombres, que estaban aterrados después de su primer encuentro con los dragones. Morgana nunca admitiría, ni para ella misma, que también tenía miedo, porque esa era una emoción impropia de su nobleza.
Tanto ego eran puras mentiras que ella se repetía para envalentonarse. Desde que era una niña, y vio la forma en que sus padres la despreciaban, le susurraba al reflejo que ella saldría de ese espantoso lugar y tendría todo lo que necesitaba. La verdad no fue que sus padres no la quisieran, pero eran campesinos pobres que no le ocultaron a su hija lo dura que era la vida. El vivir día a día trabajando en el campo, yéndose muchas veces a la cama con hambre y compartiendo el lecho con sus hermanos, hicieron que Morgana soñara con una vida mejor. Pero en su resentimiento, esa buena vida estaba lejos, más allá de Fram y de su familia.
En Stor, para hacerse de todo lo que tenía, tuvo que fingir desde muy pequeña una grandeza que no tenía, y ahora tantos años después aún vivía de esas apariencias. La verdad era que, bajo esos caparazones, Morgana era todavía la misma niña que ansiaba amor y prosperidad, pero no lo tenía, y la única manera que conocía de enfrentarse a las cosas que no le gustaban era modificándolas en su mente.
La traición de Cedric, por ejemplo, la había perturbado enormemente. Si su mano derecha la había podido abandonar de esa forma ¿cómo estaba segura de que esos marineros en los barcos no harían lo mismo? Necesitaba mostrarse fuerte y despectiva para intimidarlos, aún cuando sus hombres habían demostrado tantas veces en los años anteriores ser eficientes y confiables. Ella no podía permitir que el hueco en su plan creciera.
A pesar de lo maltratado del mapa, podía leerse la palabra "Hooligan" sobre una isla. Morgana sabía que había dos opciones: si el pueblo seguía existiendo se enfrentaría a ellos y, si había sido abandonado, saquearía sus ruinas. Tenía la idea de que ningún pueblo norteño podía ser mejor que sus hombres, además, si el Señor estaba de su lado ¿cómo podría fallar en su misión de conseguir riquezas?
En la cubierta, viendo a Morgana a varios metros de distancia, Godor sentía las impetuosas ganas de tomar la espada y lanzarse contra ella, pero no iba a hacerlo. Sabía que Morgana era muy buena peleando y que todavía la tripulación le tenía mucho miedo como para traicionarla con ese descaro, pero si Cedric pudo marcharse ¿por qué él no?
Godor siempre fue un mercenario, como la mayoría de la tripulación, eran muy buenos en lo que hacían y Mogana pagaba bastante bien. Cuando empezó a trabajar con ella, años atrás, a pesar de sus modos toscos era una buena capitana. Ahora, desde que se encontraron con esos aterradores dragones, Morgana se mostraba más despectiva que nunca y no quería tolerar esas humillaciones. Pero siendo Morgana una persona tan desalmada, todos los marineros, a pesar de su descontento, temían porque no sabían cómo reaccionaría ella y habían pasado años inmersos en su dominio como para ahora recordar la manera de salir.
¿Qué sería de ellos ahora? Morgana se veía desalmada como nunca antes y no sabían a qué se enfrentarían. Esos dragones de verdad los dejaron espantados, creyeron que serían criaturas más pequeñas y fáciles de controlar, pero no, eran enormes, poderosos y contaban con humanos que los montaban cual caballos. Esos jinetes les despertaban más curiosidad, porque si alguien tenía el valor de echarse sobre la espalda de una bestia ¿no debería ser digno de admiración?
Intuyendo el pésimo ánimo de sus marineros, y sabiendo bajo todas sus auto-mentiras que los necesitaba, Morgana se puso de pie y habló en voz alta:
—Mis hombres—dijo—Sé que nos dirigimos a algo desconocido, y sé que están preocupados. No deben estarlo.
Aunque la escucharon, no estaban seguros de creerle, pero ella continuó:
—Ustedes, que han sido fieles, demostrarán al traidor que nadie puede salirse siempre con la suya. Encontraremos a Cedric y le haremos pagar por haberles dado la espalda ¡tienen mi palabra!
Unos cuantos gritos de aprobación se dejaron oír, pero Morgana no se detuvo:
—¿A qué le tienen miedo? Son solo bestias que podremos domar. Y esos hombres que los montaban ¿no ocupan los animales más animales de carga? ¡podremos con ellos! Somos del Continente, somos los más fuertes, inteligentes y fuertes hombres del Señor nuestro Dios ¿cómo podrán esos herejes lastimarnos? ¿o alguien duda de la grandeza que nos rige?
¡No!
—¡Conseguiremos esas riquezas, y seremos los mejores! ¡Y el rey de Stor se arrepentirá de echarnos de su puerto, nos pedirá piedad cuando volvamos más fuertes y ricos que nunca!
¡Yeah!
"Así será".
Fue la primera vez que Godor no le creyó.
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Cedric estaba sentado en una ropa, afuera de las puertas del Gran Comedor. Tenía las manos esposadas aún, pero había comido bien y dentro de su desconfianza habían sido amables con él. Miraba la impresionante sincronización con la que todos se movían, sabiendo lo que debían hacer y qué evitar. Era increíble.
Muchísimos años atrás, los del Continente y los del Archipiélago tuvieron sus primeros encuentros, en una época donde los vikingos, recién llegados de tierras del norte, no conocían armas y costumbres de esos extraños y salieron malparados. Por generaciones se habló en el Continente de las costumbres bárbaras de los vikingos, que debían alejarse de ellos por sus modos de vida crueles e inhumanos. Pero Cedric no podía ver nada de eso en lo que tenía enfrente.
Era una sociedad organizada y próspera, al menos lo poco que conocía. Admitía que le faltaba muchísimo aún por saber de ellos, pero sus primeras impresiones fueron avasallantes. Desde el ángel hermoso que lo salvó del mar, hasta la extraña piedad que le tuvo la rubia… no había manera en que los del Continente hubieran actuado de esa forma. Lo sabía, porque él vivió en carne propia las injusticias de Stor, siendo un niño de la calle sólo porque sus padres no tuvieron dinero para darle al sacerdote cuando morían enfermos.
Heather salió del Gran Salón y vio al hombre que miraba estupefacto todo a su alrededor, sintiéndose responsable de él, ya que lo rescató, la morena se puso a su lado.
—¿Qué ves?
—Es increíble—respondió.
Miró de reojo al ángel, con su largo cabello negro perfectamente trenzado y sus ojos verdes llenos de compasión.
—Nunca habías venido al norte ¿cierto?
—No.
—Hay lugares aún más hermosos.
"No tanto como tú" pensó.
Cedric, acostumbrado a la dureza y a los tratos malos, se había enamorado con toda el alma y corazón de la primera mujer que lo había tratado con algo de ternura.
—Quizá cuando todo esto termine, puedas mostrármelos—le dijo en un arranque de valor.
Heather lo miró a los ojos, pero por más que trató, no pudo ver maldad en él.
Ella no respondió, pero Cedric no se ofendió en lo más mínimo. Dentro de su enamoramiento ingenuo, comprendía bien que él no la merecía. Un ángel tan perfecto debía tener a un hombre digno, y él no lo era.
Stormfly aterrizó al lado de Heather, la morena no se inmutó, pero Cedric se encogió asustado. Astrid bajó de un salto y le sonrió a su amiga, ignorando tajantemente al hombre esposado.
—Debemos irnos a la Academia—dijo—No nos queda mucho tiempo.
—¿Los encontraron?
—Sí, fueron los gemelos. Pero no los vieron ¡milagro de Odín!
—Son ingeniosos a pesar de todo.
Por un breve momento, Astrid miró a Cedric, sus azules ojos eran más fríos que el hielo.
—¿Y qué haremos con él?
Morgana solía decir "eso" cuando la persona le molestaba, por eso que se refirieran a él como una persona, no un objeto, le dejó una cálida sensación de gratitud.
—¿Lo encierro?
—¿Dónde?—bufó Astrid—No tenemos oportunidad de ir a la Isla de los Marginados.
—Así que…
Rodó los ojos algo molesta.
—Llévalo contigo si no te molesta, sólo no le quites las esposas.
Astrid subió a Stormfly y se fue, Heather le hizo una señal a Cedric para que se parara y así hizo el hombre, los dos bajaron los escalones con algo de prisa.
—No debes moverte en absoluto, y hablarás muy poco—le iba dando instrucciones, Windshear estaba comiendo en la explanada.
Cedric la escuchaba, pero tenía una combinación de miedo y fascinación luchando en su interior. No estaba acostumbrado a los dragones y estos volaban y pasaban caminando cerca de él, nadie se preocupaba por ellos, ni parecían tener miedo. Heather notó que los ojos de Cedric miraban a todos los dragones impresionado, y su lenguaje corporal tan tenso demostraba su miedo.
—Ven—le ordenó.
Heather le pidió a Windhsear que olfateara a Cedric, con la intención de que su dragona lo reconociera más fácilmente. A pesar de su miedo, él se mantuvo quieto mientras aquella magnífica y plateada criatura se le acercaba cada vez más.
—No te hará nada—le susurró—Mírala a los ojos.
Hizo caso, y miró a los ojos a Windshear. Al principio la dragona se resistía a verlo, pero después, sus profundos ojos penetraron cada defensa emocional que Cedric había construido en su vida, sintió el alma del dragón conectarse directamente con la suya, y en ese instante, un vínculo se formó.
Confiaría siempre en ese dragón, hasta el último de sus días.
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Astrid podía ver a la distancia cómo Cedric y Windshear comenzaban a llevarse mejor, bajo la tutela de Heather, y eso la enfadó; todos sabían que cuando uno se gana la confianza de un dragón es porque se la merece, y si Windhsear –uno de los dragones más desconfiados que conocía– bajaba sus defensas con Cedric, significaría que el hombre no era tan malo. Eso era algo que no deseaba reconocer.
La sombra de un dragón negro como la noche aterrizó a su lado, ella no se inmutó, mientras su esposo desmontaba a Toothless, el Night Fury se acercó mimoso a Astrid y la rubia distraídamente acarició sus escamas.
—Listo—dijo Hiccup—Todo está en orden.
—Bien.
Hiccup miró a Astrid, luego hacia donde estaba Heather, su cuerpo entero se tensó pero respiró hondo y volteó con su esposa.
—Si te molesta tanto, podría hacer algo ¿sabes? Por algo soy el Jefe.
Astrid reaccionó como si apenas se diera cuenta que estaba a su lado, se inclinó para acariciar con más ganas al Night Fury, su voz sonando completamente monocorde al responder.
—No tenemos tiempo de llevarlo a la isla de los Marginados.—se volteó a verlo de frente— Le di órdenes a Heather de vigilarlo.
—¿Le diste órdenes, eh?
Su esposa no escuchó el tinte jocoso en la oración, eso, o Hiccup estaba tan tenso que no pudo hacer a la frase sonar graciosa, pues lo siguiente que vio fue a los ojos azules de ella endurecerse al hablar.
—¿Eso está mal?—espetó.
—No, no, claro que no—alzó las manos como si quisiera librarse de una mala situación— es que… no es usual que hables así.
No era una mentira, y como Astrid lo sabía, su expresión se suavizó. A decir verdad, ella misma no terminaba de entenderse, y estaba segura que eso era en gran medida por las hormonas. Pero no había tiempo que perder con esas cuestiones, no cuando el futuro de todo su pueblo pendía de un hilo, su hilo.
—Perdona, sé que no es mi mejor momento.—confesó, y tomándolo por sorpresa lo abrazó acurrucándose en su pecho—Pero realmente esta situación me tiene tensa.
Hiccup la abrazó con fuerza y acarició suavemente su corto cabello, sin ser del todo consciente, la meció suave y tiernamente, consolándola de una manera que no sabía que podía.
—No debe ayudarte tu condición.—ésta vez su voz sonó más ligera, causándole una sonrisa a Astrid.
—Shh—se puso de puntas y susurró en su oído—sabes que nadie debe saberlo, no ahora.
Besó su coronilla y siguiéndole el juego, susurró en su oído.
—Sí, pero no por eso estoy menos angustiado.
—¿Otra vez?—intentó alejarse, pero él la sostuvo fuerte de la cintura—Francamente…
—Siempre, escúchame bien en esto, Astrid—la miró a los ojos—Te amo, y siempre me preocuparé por ti. Acéptalo y asúmelo. Ahora bien ¿segura que puedes con esto?
—Sí, segura.
Asintió con una media sonrisa.
—Confío en ti, y seguiremos con el plan.
Nunca dejaría de sorprenderle cómo Hiccup podía ser tan extrañamente tierno aún en medio de una situación tan complicada; era por cosas así que Astrid estaba tan enamorada de él.
—Gracias por confiar en mí, Hiccup.—sonrió con auténtica gratitud y alegría.
—Toda la vida, amor.
Besó sus labios con intensidad y después besó tiernamente su frente, sellando el pacto de amor y confianza entre ambos.
Había una guerra a pocos kilómetros de distancia en el mar, pero eso no significaba que Hiccup o Astrid dejarían de ser ellos. A pesar del estrés, ansiedad y adrenalina que se respiraba en el ambiente, la pareja se permitió cinco minutos para recordarse el amor mutuo y reconfortarse en el típico "todo saldrá bien" que se promete en situaciones como esas.
Valka lo miraba a distancia y, embelesada por la profundidad del vínculo entre su hijo y su nuera, se quedó pasmada un par de minutos. Con dos personas tan fuertes, íntegras y entregadas como lo eran ellos, al mando de ese ejército, nada podría salir mal. Los dioses definitivamente debían estar de su lado.
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Hiccup miraba desde el cielo, sobrevolando ligeramente a Toothless, cómo la sincronía de su gente había terminado de alistar los preparativos en tan pocas horas. Con menos cosas que hacer, y viéndose la batalla inminente, los guerreros comenzaron las amargas despedidas.
Había visto despedidas antes, cuando era niño y seguía la guerra contra los dragones, Hiccup sintió angustia total cuando Stoick lo llevaba a la casa de Gobber a que su amigo lo cuidara mientras partían en una expedición buscando el nido de dragones. Siempre se sentía el temor de que no volvieran, y aunque rarísimas excepciones hubo muertes, Hiccup nunca pudo dejar de lado su temor. Se acostumbró a vivir con él, como todos sus amigos y vecinos, pero la idea de que su padre le faltara causó pánico en su infantil mente durante años.
Ahora como adulto, y Jefe de Berk, la ausencia de su padre era una realidad dolorosa, pero no permitiría que se dejara sentir esa emoción en alguien más. Miraba a los padres despedirse de sus hijos, y su corazón se le achicaba como si él fuera el niño o niña que se quedaba solo.
Como en Berk tanto hombres como mujeres se dedicaban a la pelea, la mayor parte de la población se alistó a la contienda; se tuvieron que hacer minuciosas listas para que las familias organizaran quiénes cuidarían de los más pequeños, siendo los ancianos, algunas solteras y unos cuantos voluntarios jóvenes –así como los artesanos y dedicados a otras pequeñas profesiones, la minoría de la población– se resguardarían en el Gran Salón, procurando que la vida cotidiana continuara de la manera más natural posible para los pequeños.
Pero Hiccup veía desde esa altura cómo padres y madres pellizcaban las mejillas de sus hijos, besaban las frentes de sus bebés y abrazaban a los adolescentes, murmurando palabras de consuelo que no sonaban reconfortantes y dejando tras de sí corazones angustiados.
Pensó en él mismo cuando era pequeño, y luego en Astrid. Ella acudiría a la batalla, pero no se atormentaría más con eso, se concentró en su bebé pues era lo único que importaba. Si los dioses eran bondadosos, tendría un hijo dentro de unos meses, y no quería por nada del mundo que su hijo tuviera esa expresión de preocupación y tristeza que tenían los niños de Berk ahora. No, sus hijos no conocerían esa emoción, él se encargaría de que el Archipiélago fuera el lugar más seguro del mundo y que todas las familias fueran libres de prosperar como mejor les pareciera, y sus hijos no temerían perder a su padre hasta que la vejez hiciera los estragos naturales del tiempo.
Encontró desde esa altura a su esposa, Astrid estaba en el suelo dando las últimas instrucciones al grupo 5, con Stormfly al lado esperando el segundo exacto en que su jinete la montaría. Viéndola ahí, tan hermosa y brava, con el vientre aún liso que esperaba por hincharse, Hiccup contempló la mayor de las esperanzas. Era su familia. Eran la razón por la cual pelearía hasta la última gota de sangre, si fuera necesario.
Él, Hiccup Horrendous Haddock III, empedernido pacifista y locuaz mediador, estaba dispuesto sólo por ellos a dar lo máximo en un campo de batalla, y a conseguir la mejor de las victorias. Todo por ver a su hijo y esposa libres de todo mal. Era una faceta relativamente nueva, Hiccup ya sabía que podía ser algo violento cuando lo que amaba se veía amenazado, pero era hasta ese momento en que se percató qué tanto podía comprometer de su ser por el bien de los suyos. No estaba ni avergonzado, ni aterrado ni tampoco arrepentido, al contrario, nunca antes se había sentido tan vikingo.
Un Jefe protegía a los suyos, y él lo haría, con ese propósito en mente, indicó a Toothless que volara en dirección al puerto. Había llegado el momento.
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Veinte barcos de guerra procedentes del Continente, con más de trescientos hombres armados, navegaban hacia Berk. El viejo mapa que tenía Morgana no era tan preciso como los nuevos, pero señalaba la isla de los Hooligan y todos sabían que no había forma en que no llegaran, pues era la mayor isla de la zona. Con la información que Cedric les había dado, se empezaron a desarrollar estrategias ambiciosas. Era necesario deshacerse de ese mal de una vez por todas, de lo contrario, el Continente podría pensar que los del archipiélago eran débiles e Hiccup deseaba todo menos guerras.
La sangre vikinga, innegable guerrera, tenía a todos extasiados con la idea de defender sus gentes y costumbres, pero Hiccup no deseaba alargar conflictos innecesarios. Con sus aliados, había desarrollado la que consideraba la estrategia más sencilla, por ser la más directa: un ataque frontal.
Alvin poseía la flota más grande de todos, e Hiccup le prestó cinco barcos más de Berk para que pudiera crearse un bloqueo. Las quince naves vikingas eran más pequeñas que las continentales, pero navegaban mucho más fácil y podían generar maniobras más complicadas. Alvin dirigiría toda la flota para crear una línea defensiva que impediría a los continentales avanzar más por mar.
Los jinetes serían los encargados de apoyar a la flota, Hiccup y Astrid habían dividido para ese objetivo a cinco grupos distintos: el grupo 1 y el grupo 2 se mantendrían cerca del bloqueo como soporte y defensa, para evitar que los barcos vikingos salieran tan dañados durante el cruce de fuego y para brindar ayuda en caso de ser necesario. Los grupo atacarían frontalmente, con la intención de hundir las naves enemigas sin escrúpulo alguno, y el grupo 5 brindaría la mayor protección posible a los grupos de ataque.
Finalmente, pero no menos importante, las ocho naves que contenían a los guerreros Berserker y Defensores del Ala atacarían también a los barcos, colándose en sus proas para intentar concentrar la batalla a una de cuerpo a cuerpo, dándole tiempo al bloqueo de cerrarse y a los jinetes de atacar los puntos débiles del barco. Las Doncellas Aladas, el grupo más vulnerable por sus dragones bebés, se encargarían de brindar ayuda a los heridos y de notificar entre los diversos grupos el estado de la batalla. Como se esperaba que fuera un enfrentamiento largo e intenso, no había manera de estar en todas partes y ellas servirían como puente de comunicación.
Todos estaban conformes con sus participaciones dentro del combate, Hiccup sería quien dirigiría todas las ofensivas, mientras que Astrid dirigiría la defensa. Considerando el carácter de la pareja Haddock, todos dieron por sentado que Astrid en persona pelearía cuerpo a cuerpo, en vez de quedarse en el bloqueo defendiendo y ayudando a los jinetes de soporte; claro que nadie cuestionó en absoluto la decisión y no sería Astrid la que dijera que se mantenía lo más alejada posible del enfrentamiento por su embarazo.
Además, como nadie sabía qué esperar de la batalla, el bloqueo era la parte más importante de la contienda. Después de todo, el objetivo primordial era que los continentales no llegaran a Berk ni a ninguna otra isla del archipiélago, y desde esa perspectiva, la aguda percepción de Astrid para el campo de batalla era más necesaria en el frente principal.
¿Tenían miedo? Sí ¿lo demostraban? Claro que no. Eran vikingos, era un gaje del oficio, defenderían lo que era suyo y morirían en la batalla de ser necesario antes que mantenerse impasibles viendo a los enemigos cruzar sus fronteras ¡que el Valhalla les cerrara eternamente sus puertas a los cobardes que no harían nada!
La anciana Gothi, antes de que todos partieran, comenzó a garabatear en el suelo una serie de bendiciones que Gobber recitó en voz alta para todos:
—Odín, danos la gloria; Thor, danos la fuerza; Tyr, danos la victoria.
Murmuraron en voz baja rezos diferentes mientras se terminaban de alistar, no había vuelta atrás.
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Godor estaba en cubierta, usando un pequeño telescopio para ver al horizonte y prever la aparición de una isla –esa condenada isla que tenía a Morgana de espantoso humor por llevar más de tres horas sin encontrarla– sintió una inmediata emoción al percibir la silueta de un objeto grande, pero antes de poder cantar victoria, notó que el objeto era largo y parecía volverse más grande de una manera inusualmente rápida. Pequeñas sombras en el cielo iban aclarándose revelando colores inusuales: azul intenso, verde, rojo y negro ¿cómo era eso posible? Entonces, la realidad lo golpeó como un rayo: ataque.
—¡Mi señora!—gritó, con el pánico colándose en la última sílaba—¡Mire, mi señora, mire!
Morgana, que estaba revisando el mapa por octava ocasión en el día, miró con desdén a su subordinado, pero le hizo caso y caminó hasta pararse a su lado, sujetando el telescopio. Miró sólo unos segundos, sin que su rostro detonara la más mínima emoción.
Al ver su estoica expresión, Godor sintió miedo descender por la columna vertebral y estremeciendo sus extremidades.
Tas varios minutos de silencio tenso –toda la tripulación percibía el miedo de Godor– Morgana se dio la vuelta, miró a sus hombres y dijo:
—Estos torpes pretenden atacarnos ¿qué acaso no es gracioso?—rio falsamente, y la tripulación imitó esa risa forzada—Quiero que todos preparen sus armas y las catapultas ¡les mostraremos quiénes somos!—gritó.
Las órdenes inmediatamente se corrieron al resto de los barcos, y el sonido de las suelas golpeando la madera con rapidez destrozó la rítmica música de las olas. Morgana contempló todo, con la trenza dorada en una mano, y la espada en otra, sonriendo de lado y adivinando que ese día los torpes vikingos entenderían de una vez por todas que no podían meterse con los continentales.
—Oigan bien ¡oigan!—dijo—¡Les demostraremos a esos bárbaros que sólo los del Continente somos fuertes, y tenemos la ayuda del verdadero Dios!
¡Ahhh!
El unánime grito de guerra inyectó de esperanza y bravura a todos los soldados. Estaban listos para demostrar que nada ni nadie podía ser superior a ellos, y con Morgana liderándolos ¿qué podría salir mal?
El Continente tenía barcos más grandes, acero de mejor calidad, armas más efectivas y el entrenamiento militar más efectivo del mundo conocido –herencia de las legiones romanas– quien osara atacarlos, la pagaría muy caro, el honor y virtud debían ser defendidas hasta con el último soplo de vida. Y esa tarde, trescientos hombres continentales lucharían para probar cuán superiores eran.
Como se habrán dado cuenta profundicé mucho a Morgana en el principio, no me gustaba la idea de mandarlos a una batalla sin analizar bien el otro bando, creí que rompería el ritmo que había mantenido en los capítulos anteriores. Morgana está verdaderamente desquiciada, en parte por el golpe a su ego que sufrió a manos de Astrid e Hiccup. Desde luego que esto será determinante en la batalla.
Por otro lado, Cedric continúa con su redención, que llegará a su cúspide durante la batalla, debido a Heather ha podido experimentar una nueva gama de emociones positivas, no creo que haya poder humano que lo pueda cambiar ya.
¿Ustedes qué opinan? ¿Les ha gustado? Me debatí mucho la formación que usarán en el campo de batalla, y todavía estoy planeando la manera en que se desarrollara la contienda, no sé hasta qué punto profundizarla ¿a ustedes qué les gustaría más? estoy abierta a toda sugerencia que me puedan dar.
Mil gracias por leer ¡les mando mil besos y abrazos!
