NADA DE ESTO ME PERTENECE, LOS PERSONAJES SON DE DREAMWORKS, SOLO ME DIVIERTO ESCRIBIENDO

¡Hola a todos! ¿cómo han estado? PERDONEEEEEEN una enorme disculpa, no quise dejar el fic tanto tiempo. Hubo problemas familiares sumados a deberes escolares muy pesados, pero siempre tuve presente esta historia en mi mente. Al menos el dejar de escribir un tiempo (aunque fue doloroso) me dio algunas cuantas ideas. Por el lado bueno, tengo trabajado ya el final de esta historia y estoy terminando una más jeje. Espero que se acuerden aún de ésta autora y de éste fic y le den una oportunidad a este nuevo capítulo.

Reviews:

Amai do: ¡Muchísimas gracias! me gustan tus fics y me halaga que disfrutes tanto de esta historia, espero que te guste este capítulo nuevo c:

RoxFiedler: ¡Lee cuando quieras! sé perfectamente que hay momentos y ánimo para diversas situaciones (y ojalá que este fic te deje lindas sensaciones) menos mal que te gusta la interacción de Heather/Cedric, fue algo que no planee pero que me gusta cómo se desarrolló, lo he sentido natural y espero mantenerlo.

Vyreco: Jajaja sí, a mí también me gustaría mucho ir a Escandinavia, es una región muy diferente y que realmente quisiera conocer. En lo que respecta a la historia, la situación de Morgana me costó definirla, pero ya la verás más adelante, lo mismo que lo de Cedric. El Hiccstrid siempre me encanta escribirlo (aunque edito mucho esas escenas) y me encanta aún más cuando a ustedes les gustan.

SAM ARCHER: Pueeees lo de Fishleg y Heather aún no sé qué hacer con ellos, aunque hay coqueteo en la serie, en la película 2 ponen a Fishleg como pretendiente de Ruffnut, lo cual me confundió un poco. Sigo trabajando en ese detalle jeje. Y me alegra que odies a Morgana, porque entonces hice un buen trabajo con su personaje, mi intención es que quedara muy evidenciado que estaba enloquecida, de verdad, su mente ya no funciona bien. Aún veremos un poco de ella más adelante y tengo mucha curiosidad de ver cómo reaccionas a eso... por lo demás, disfruta c;

Forever MK NH: ¡Qué lindo Puebla! siempre he querido ir :c algún día se me hará. Yo soy de Monterrey ¡te mando un enorme saludo!

Melanie Villamar: De hecho en un inicio no pensé matar a los hombres de Morgana, pero conforme fui escribiendo, supe que ellos no tenían mucho más que hacer en la historia, la idea de "matarlos" por medio de esa "maldición" (que fue envenenamiento por descuido) me pareció muy buena para que Morgana colapsara, me gustó que disfrutaras el efecto c:

¡Muchísimas gracias por sus bellas palabras! ahora sí, a leer...


XII

"Te he enseñado todo lo que sabes, pero no te enseñé todo lo que yo sé" –Gobber

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Hiccup y Astrid salieron del Gran Salón dejando una enorme fiesta detrás, pero no estaban muy interesados en participar en ella, se sentían halagados de que recibieran la noticia del embarazo con tanto ímpetu, pero deseaban tener su propia celebración privada en casa. Bajaron los escalones rápido, entraron a su casa y como si fueran otra vez muchachos despreocupados, cerraron la puerta y se besaron apasionadamente al mismo tiempo.

Conforme el beso se fue intensificando se movieron a pasos cortos e inseguros al interior, buscando el sillón, pero se tropezaron con la mesa. Hiccup se golpeó la espalda cayendo medio cuerpo sobre la mesa y Astrid se tumbó encima de él riendo, de esas risas que nacen del vientre bajo y se transforman en alegría pura.

M'lady, esta posición es muy incómoda—dijo Hiccup también riendo.

—Perdona—ella se irguió y le tendió la mano para levantarlo—¿Quieres hielo, señor Haddock?

—¡Yo no soy el señor Haddock!—replicó riendo—¡No soy aún tan viejo!

—Si no es el señor Haddock ¿entonces dónde está mi esposo?

Entendiendo el juego, le besó la punta de la nariz y Astrid le besó la mejilla derecha.

—¿Te parece si subimos pan, miel y un poco de leche a la habitación?—dijo en tono seductor.

—Pero señora Haddock, su esposo puede llegar en cualquier momento.

—Entonces hay que apurarnos.

Astrid fue a la cocina y empezó a sacar las cosas para colocarlas en una bandeja, mientras Hiccup encendía una vela y así poder subir los escalones sin tropezarse de nuevo. Cuando estaba terminando, Astrid miró la luna por la ventana, y sin querer, contempló dos figuras tenuemente iluminadas.

—¿Esa es Heather?

Hiccup se asomó a ver lo que su esposa –un poco malcarado porque no quería perder el momento– pero también se mostró sorprendido, ahí estaba la silueta de su amiga con Cedric. Ese hombre no le daba buena espina, menos aún después de que Astrid le contara cómo fue un secuaz tan obediente con Morgana, pero Heather insistía mucho en protegerlo y eran raras las ocasiones en que Heather protegía a alguien, por lo que debía tener alguna motivación.

—No me agrada ese tipo—dijo.—Pero si…

Su oración se cortó cuando vieron que Cedric se inclinaba frente a Heather, la berseker se notaba desconcertada a distancia, y volteaba frenéticamente, como si no quisiera que nadie la viera, apremiando al hombre para que se pusiera de pie. Aunque Cedric se paró, después volvió a inclinarse, duró así hasta que Heather puro hacerle caminar por el acantilado rumbo a los puertos.

—Espero que eso no fuera una declaración—comentó Hiccup.

—No lo sé—ella se encogió de hombros—Su cultura es diferente a la nuestra ¿no?

—Debo preguntarle sus intenciones.

—Dudo mucho que le haga daño a Heather.

—¿Cómo lo sabes?

Astrid le miró de reojo, buscando las palabras.

—Es una corazonada—admitió—No puedo explicarte porqué, pero… creo que él la quiere más de lo que tú y yo comprendemos ahora.

Antes de que Hiccup continuara con la conversación, Astrid se abalanzó a sus brazos y le besó con pasión, moviendo sus manos con ansiedad en toda su espalda y gimiendo suavemente cuando él le acarició los senos.

—Tu aquí perdiendo el tiempo ¡mi esposo no debe tardar, te lo dije!—dijo sonriendo.

Hiccup rio al abrazarla y cargarla, Astrid se sujetó bien de su cuello mientras él la subía a trote suave por las escaleras; Heather y Cedric estaban en su mente, pero los pusieron en pausa, ya pensarían en aquello mañana. Por lo pronto, tenían una noche entera para celebrar una de las ocasiones más felices de su matrimonio.

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Astrid estaba recostada en la cama, excepto por una sábana torpemente acomodada sobre sus piernas, su desnudez podía verse bajo la enigmática luz de la luna. Se encontraba muy cómoda entre los cojines, escuchando la acompasada respiración de Hiccup, que estaba a su lado. Ella veía hacia el techo, parpadeando con pesadez, pero con varias emociones en su mente impidiéndole dormitar. Hiccup la miraba fijamente, sin perder detalle de sus curveadas pestañas, su cabello despeinado y mejillas sonrojadas.

Viéndola tan relajada y algo acurrucada hacia él hinchaba su ego varonil, Astrid nunca se veía tan hermosa como cuando estaba descansando desnuda a su lado.

Acarició con ternura su mejilla, y la notó algo caliente, se estiró para agarrar la sábana y la colocó sobre su cuerpo.

—Te vas a enfriar—explicó.

Ella se volteó y le besó la nariz, estaba acostumbrada a sus atenciones dulces.

—Preocupón—dijo juguetona—No puedo dormir.

—Yo tampoco.

—Sigo pensando…

—¿En qué?

Astrid se removió para posicionarse sobre su pecho, Hiccup la recibió gustoso y la apretó con cariño, besándole en un ángulo de la clavícula que le hacía cosquillas para hacerla reír. El ambiente era tan íntimo y dulce, sólo la luna podía ver a la joven pareja acurrucada y abrazada, besándose con profundo amor, envueltos entre sábanas y cojines.

—En todo y nada—respondió entre besos y risas—Pero sobre todo en el bebé.

Casi por instinto, ante la mención del bebé, Hiccup colocó sus manos sobre el vientre de Astrid. Momentos antes, cuando estaban inmersos en su pasión, se detuvo algún rato contemplando la tersa piel de su esposa y besándole un abdomen aún plano, deseando que su hijo no nacido supiera que era deseado. Aún ahora, con sus manos sobre ella y besándole la coronilla, pensaba en eso.

—Al menos ya todos lo saben.

—Fue lindo verlos tan contentos, sobre todo a mis padres.

—Sí, Helga se veía bastante feliz.

—Papá tuvo que esconderse detrás de ella para que no le vieran llorar.

—Supongo que mi papá hubiera reaccionado parecido.

Ante la mención de Stoick, Astrid se irguió un poco para besarle la frente a su esposo, sabía que Hiccup lo extrañaba muchísimo y más en esas situaciones.

—Él estaría extasiado.

—Desde luego que sí—los ojos de Hiccup se oscurecieron un poco, pero antes de ponerse triste, retomó la conversación—Pero también estaba pensando que debemos preparar varias cosas.

—¿Cómo qué cosas?—inquirió Astrid curiosa.

—Hay que preparar el cuarto del bebé—había un tinte de emoción contenida en la voz de Hiccup—También hay que reacomodar la casa para que sea apta para los niños.

—¿Los niños?

—Pues… yo quisiera más hijos.

—Yo también.

—Quizá podamos conseguir otros muebles más nuevos, los que están abajo son bastante viejos.

—No sería mala idea, y poner las armas en algún cobertizo.

—Si quieres podría llevarlas a la fragua.

—No, siempre hay que tener alguna arma en casa, pero que esté fuera del alcance del bebé.

—Me parece bien.

—También estaba pensando en que debemos conseguirle ropas de lana, porque nacerá antes de que termine el invierno.

—Cierto, y…

La pareja siguió hablando de sus preparativos, sin percatarse, la noche siguió pasando y el cansancio hizo que sus voces disminuyeran hasta desaparecer. Durmieron envueltos en la felicidad y optimismo propio de las personas que vislumbran un futuro alegre y dulce.

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Heather regresó al Gran Salón tras despedirse de Cedric –el hombre se fue a dormir– necesitaba un trago después del momento tan curioso que recién habían pasado. Cedric le explicó con mucho detalle las complejas relaciones entre Caballero y Escudero, y aunque estaba halagada de que él la respetara de esa forma, no estaba segura de aceptar dicha propuesta. En el salón, aún había varias personas bebiendo y platicando, en una mesa, sus amigos no parecían tener intención de irse. Se sirvió un vaso con hidromiel y se acercó a ellos para relajarse un poco.

—Hey, la berserker está aquí—dijo Tuffnut, ya algo borracho—¿No te habías ido con tu galán reformado?

—¿Mi qué?

—Tu galán, ese tipo del continente al que Hiccup odia tanto.

—Cedric no es mi galán.

—¡Pero si tus ojos brillan cuando lo ves!

Heather rodó los ojos, pero supuso que los gemelos estaban comportándose como siempre. De hecho, el que se veía más bebido era Snotlout, que tenía la mirada algo perdida y una sonrisa torpe de alegría etílica.

—Sí, brillan tus ojos—murmuró Snotlout con ese acento atropellado de los ebrios—Como los de Hiccup… hip—todos rieron por el conveniente hipo de Snotlout, hasta Heather.

—Hiccup estaba que reventaba de orgullo—continuó Tuffnut.

—Y Astrid también, estaba tan radiante—la voz de Ruffnut se volvió extrañamente dulce—¡Qué dicha!

—Estoy muy feliz por ellos—dijo Heather—Se merecen una linda y gran familia.

—¿Grande?

—¿Por qué no?

—Yo apuesto a que tendrán tres hijos.

—No—replicó Ruffnut—Tendrán cinco.

—¿Por qué cinco?

—Porque a Astrid le encanta el…

Heather no quiso escuchar, pero las risas de sus amigos le hicieron entender más o menos qué comentario hizo la mujer. Bebió de su hidromiel, y sintió el aturdimiento propio del alcohol, haciendo que sus sentidos se volvieran agudos y llevaderos.

—Será niño, uno flaco y delgaducho como Hiccup de niño.

—No, será una niña aguerrida como Astrid.

—¿Y si es niño aguerrido?

—¡Ya sé, una niña debilucha!

—Hasta crees que Astrid dejará que sus hijos sean inútiles con las armas…

—Yo más bien creo que le enseñarán a montar un dragón antes que caminar.

—Eso está fuera de discusión.

—Y sea niño o niña, será guapo.

—Que la bendición de Freiya los acompañe siempre—Heather alzó el tarro y todos los demás la imitaron.

—¡Salud!

Terminadas sus bebidas de golpe, pidieron una ronda más. El fuego de la hoguera seguía alto y calentaba de tal forma el recinto que causaba una sensación de bienestar generalizado, el murmullo de voces era tan rítmico y el olor a madera tan embriagante que, de poco en poco, Heather sintió su cabeza ascender hasta las nubes, lejos de angustias, liberándose con cada risa provocada por sus amigos.

Apenas se percató de que su hermano Dagur estaba detrás de ella, diciéndole que lo acompañara, y no fue del todo consciente de cómo sus piernas se movieron hasta la puerta. Cuando sintió el aire frío de la noche golpear su rostro, entonces todo el alcohol pareció subir de golpe y el mareo la hizo aferrarse a Dagur, quien la sujetó con fuerza y le hizo apoyarse en su hombro.

—Has bebido mucho hermanita—le dijo en tono juguetón.

—Sólo… cinco… o seis tarros.

—Creo que deberías dormir.

—Tonterías ¿de qué querías hablar?

—La verdad de nada, sólo quería asegurarme de que llegaras a casa. Ocupas descansar.

—Bah, ¿qué le puede hacer el hidromiel a una berseker?

Pero sus pies la traicionaron cuando tropezó con un escalón y, gracias a Dagur, evitó una espantosa caída en picada por la monumental escalera.

—Tú te vienes conmigo a casa.

—Aguafiestas.

Dagur la cargó como si fuera una bebé, y con se arrullo, la muchacha fue desvaneciéndose cada vez más. Oía las voces de valkirias que susurraban a su alrededor, quizá comentando que era una excelente guerrera, una de esas hermosas valkirias colocó una manta sobre su cuerpo en actitud mimosa, y quizá fue Odín el que le deseó las buenas noches, dejándola sobre un lecho cómodo y en una habitación oscura.

Una vez que se aseguraron de que Heather estaba bien, Dagur y Mala la dejaron sola en su recámara y ellos se fueron a la sala. Estaban en una casa grande y cómoda, especial para invitados distinguidos, aunque Heather tenía su propia casa más pequeña y personal, Dagur consideró prudente que su hermana se quedara con ellos esa noche, porque adivinaba que tendría una espantosa resaca en la mañana.

Ya en la sala, Mala sirvió leche tibia, un truco que usaban para dormir mejor, la pareja estaba sentada bebiendo en silencio, esperando que la tranquilidad propia de la noche los fuera seduciendo al lecho.

—Estás preocupado por Heather ¿no?.—preguntó Mala.

Dagur –cuya mirada estaba perdida en algun punto lejano– reaccionó ante la voz de su esposa y no pudo disimular una mueca.

—No me agrada ese sujeto continental.

—A Hiccup Haddock tampoco parece agradarle.

—Desde luego que no, ese fulano le pegó a Astrid ¡si te hubiera tocado un cabello, ya estaría muerto!

—¿Te da miedo que sea violento con Heather?

—No, eso no. Me molesta que la siga tanto… parece que se está enamorando de ella.

—Por favor, apenas la conoce. Yo más bien diría que es admiración.

—Hay una línea delgada entre esos dos sentimientos.

—En eso tienes razón.

Mala bebió un poco más de leche, que se sentía bien en su estómago.

—La verdad no había pensado mucho en la situación—dijo—Pero ahora que la comentas, sí es bastante curioso, y no del todo agradable.

—Nada agradable.

—Pero Heather es fuerte e inteligente. Y ella lo protege mucho.

—Ese es mi punto ¿para qué lo protege? A ella también debe gustarle.

—¿Tú crees?

—Mira, sé que me estoy precipitando, pero es parte de mi punto ¿no ves que hay algo entre esos dos? Es como una complicidad extraña, de esas que pueden derivar en algo más ¿me entiendes?

—Sí, ya te entendí.

—Conozco a Heather, si le insinúo que me desagrada su relación se encaprichará más con él. Y Cedric no me agrada nada.

—Pero Dagur, si ella lo protege ¿no crees que puede tener algún motivo?

—Sólo se me ocurre que le tiene lástima, el tipo está solo y tiene cara de niño perdido.

—Según su relato, esa tal Morgana fue en extremo cruel con él.

—Yo no le tengo pena a las personas que sufren Mala, y lo sabes. Todos siempre sufrimos, algunos más, algunos menos, pero todos lo hacemos.

—Eres algo duro, amor.

—No, soy realista. Admiro a las personas que son fuertes, como tú; y entiendo que las personas sean sencillas, pero no soporto a los conformistas. Aquellos que se la pasan echándole la culpa a la vida por quiénes son ¡nadie los obligó a nada!

—Y Cedric es de esos últimos para ti, según entiendo.

—No tolero que tenga esa cara de niño perdido, es un hombre, debería aceptar las cosas que hizo y buscar enmendarlo. Eso hacen los vikingos.

—Sí, pero él no es vikingo.

—Otra razón más para que no me agrade.

Mala sonrió, le gustaba ver esa fase protectora de su esposo. Las personas solían ver en Dagur a una persona alocada, fuerte y decidida, pero pocos sabían que tenía un lado sensible y filosófico. Ella simplemente amaba todas las complejas facetas de su esposo, que lo hacían una persona completa.

—Creo que, antes de tomar alguna postura más específica, deberíamos conocer un poco más a Cedric.

—¿tú crees?

—La verdad es que sabemos poco de él. Heather le conoce más y deberíamos darle el beneficio de la duda ¿no? Al menos por ella.

Dagur suspiró, pero sabía que su esposa tenía razón. Ya más calmado, notó que la expresión de su esposa era pensativa, algo que no había reparado antes.

—¿Tienes algo en mente también, verdad?

—Es sólo que estoy procesando las cosas que han pasado—le dijo—Como que muchas cosas han cambiado en muy poco tiempo.

—A mí también me da esa sensación, cierro los ojos y ¡pum! Es como si el tiempo me golpeara la cara.

—Cuando recuerdo la batalla contra Morgana, pienso en la bravura de nuestros hombres y en cómo nos deshicimos de esa forastera, pero también pienso en Hiccup Haddock, y en cómo nos lideró a todos.

—Hiccup es admirable en muchas cosas—continuó Dagur—Pero su principal cualidad es su liderazgo nato. He conocido a muy pocas personas capaces de imponerse en situaciones difíciles.

—Supongo que es una habilidad heredada, lo poco que conocí de su padre, el difunto Stoick Haddock, pude apreciar que era un líder bueno.

—Sí, Stoick era un buen Jefe, pero ¿sabes? Creo que Hiccup será mejor. Su liderazgo es más natural, a mi parecer.

—Me alegra que haya un líder en el cual todos confiemos. Estaba pensando que si llegan más forasteros al archipiélago, ocuparemos ayuda, todos somos pueblos fuertes pero unidos seremos una gran diferencia.

—Como nos unimos contra Morgana ¿no?

—Sí, exactamente. Y creo que Hiccup es el único que puede mantenernos unidos en esta circunstancia, es parte de su don.

—Coincido contigo, yo soy Jefe de los Berseker, pero dudo que la gente de Berk o los de Alvin me sigan si es necesario. En cambio, no lo pensarían dos veces si el que les habla es Hiccup.

—Supongo que es porque se ha ganado el respeto de nosotros.

—El respeto y al aprecio—agregó Dagur—Realmente espero que su pueblo y su familia sean bendecidas por Odín, es de los pocos hombres que se lo merecen.

—Cambiando el tema—dijo Mala, las últimas palabras de su esposo le recordaron otro pensamiento—Me sorprendió saber que Astrid está encinta. No me lo esperaba, menos después de verla pelear.

—Yo menos, aunque sí me pareció extraño que peleara en la parte de atrás y no en pleno campo de batalla.

—No reparé en eso el día de ayer.

—Supongo que ya lo sabía desde ese momento.

—Quizá, aunque sigue siendo una linda noticia.

—No, ¡es una noticia maravillosa!

La pareja se miró a los ojos, la verdad ellos no habían hablado mucho sobre tener hijos. Desde luego que estaba implícito que serían padres algún día, pero esa era la primera vez que los dos parecían estar conscientes de ese deseo.

—Creo que iré a la cama—dijo Mala, poniéndose de pie con una sonrisa seductora.

—Voy contigo.

Afortunadamente, Heather estaba demasiado dormida –gracias al alcohol– como para notar las risas juguetonas y los gemidos que le siguieron a esa conversación.

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Gobber permaneció sentado en su mesa cuando Hiccup y Astrid se despidieron de la cena alegando que estaban cansados (sí, claro, nadie se tragaba esa) y en su felicidad pidió una segunda ronda para todos. No todos los días uno se enteraba de que venía un heredero en camino, además, Gobber estaba emocionado y extasiado, para nadie era un secreto que él quería a Hiccup casi como a un hijo y le hacía mucha ilusión saber que sería padre.

Aunque bebió mucho, el alcohol no se le subía a la cabeza muy rápido, gracias a muchos años de perfeccionar la técnica. Así pues, sentado desde la mesa, veía a su alrededor cómo caían uno en uno los hombres a los etílicos brazos del sueño. Seguían escuchándose los cantos propios de quienes festejan, pero eso era el principio, faltaba una semana entera de menciones, oraciones, cantos y banquetes en honor a los dioses para que el futuro heredero naciera sin complicaciones. Esas tradiciones eran muy amenas y, como había pasado muchísimo tiempo desde la última (que fue cuando Hiccup nació) todos en Berk ansiaban hacer enormes festejos.

Pero esa noche la gente bebió hasta embriagarse, algunas señoras o señores escoltaban a sus parejas a casa para que no hicieran mayores espectáculos. Los Hofferson se quedaron un buen tiempo, y fue Patrick quien debió llevarse a una Helga completamente ebria –de alcohol y felicidad– mientras la señora cantaba por tercera vez "Bendita Freiya". No muy lejos, sentados en otra mesa, estaban los amigos de Hiccup, aún bebiendo copiosamente.

Valka no se quedaba muy atrás, ella estaba rodeada de otro grupo de mujeres –varias de las que antes fueron sus amigas– no había tomado mucho, pero daba esa impresión, pues sus modos usualmente tranquilos ahora eran frenéticos y mostraban toda la ilusión que le generaba ser abuela.

En algún momento de esa velada, pensó en su amigo Stoick, y que él también deseaba ser abuelo antes de morir. Los dioses no le cumplieron ese deseo, pero como estaba convencido de que su difunto amigo los veía desde el Valhalla, sonrió al techo y alzó el tarro, simbólicamente dedicándosela, cuando murmuró:

—Va por ti, amigo mío. Sé que estarías orgulloso.

Terminó su trago, nadie pareció darse cuenta de ese gesto. Pensó que Stoick ya habría hecho al menos dos fiestas y presumiría entre todos los hombres que su hijo se convertiría en padre –de paso, avergonzaría a Hiccup dándole consejos paternales un poco directos– habría sido una escena graciosa.

Sin embargo, aunque estaba contento, sus agudos ojos llenos de experiencia analizaban el entorno con una pericia que pocos poseían. Nunca fue Jefe, pero como mano derecha de uno, Gobber desarrolló un agudo instinto de gentes, que no se molestaba en usar a no ser que fuera necesario. Su lealtad estaba y estaría siempre con los Haddock, pero no era traición lo que veía a su alrededor, sino cambio.

Lo notaba en la forma que los hombres, aún ebrios, se referían a Hiccup con un respeto muy particular, o cómo las señoras susurraban bendiciones especiales hacia Astrid, de esas que se rezaban muy pocas veces. Gobber siempre supo que Hiccup y Astrid eran apreciados como Jefes, pero ganada la pelea contra Morgana, empezaron a despertar un respeto muy diferente al que vio con Stoick.

Sí, todos respetaban y en cierta forma admiraban a Stoick, era un vikingo en todo el sentido de la definición: fuerte, firme, decidido y directo. También fue un buen líder, una persona afable dentro de sus defectos –la necedad el principal– y que buscó el bienestar común. El respeto que se le tenía a Hiccup fue diferente, admiraban al chiquillo por su inteligencia y, después de todo, sabían que sería el Jefe algún día, confiaban en que sería ingenioso y hábil cuando le tocara usar la capa de líder.

La derrota de Morgana, gracias a las buenas decisiones y liderazgo de Hiccup –y sus aliados y amigos– estaba generando una nueva expectación en Berk. Todos parecían contentos, seguros y casi… casi ceremoniales. Fue apenas un destello lo que Gobber vio entre todos los que seguían en el Gran Salón, y debía ponerle más atención al asunto en días posteriores, pero su experiencia hacía que estuviera muy seguro de una cosa: ya nada sería como antes.

"Todo cambia ¿no?" pensó.

Gobber se puso de pie y caminó hacia la salida, arrastraba un poco la pierna porque últimamente le dolía más. Por esa lentitud, vio perfectamente a Heather salir con Cedric al lado. Había algo también entre esos dos, pero no romántico propiamente, Gobber creía que parte del cambio vendría de ellos.

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Los primeros rayos de sol empezaban a alumbrar el cielo, y Ruffnut veía a su alrededor. Su hermano, como medio pueblo, estaban dormidos por la resaca, ella se salvó porque la noche anterior vomitó, perdiendo la mayor parte de su borrachera con esa acción. Se despertó temprano para ir por agua y evitarse los molestos dolores de cabeza, no había nadie en el Gran Salón, pero como siempre las puertas estaban abiertas y no tardó mucho en encontrar los baldes de agua fresca.

Cuando salió, el sol iluminaba la mitad del pueblo, y gracias a la altura, pudo vislumbrarlo mejor. Esa mañana todo se sentía distinto, no sabía si era porque aún tenía algún efecto secundario de su borrachera, o porque el contraste de las luces aún era muy marcado otorgándole al pueblo esa visión peculiar. De hecho, Ruffnut no estaba del todo segura de cuál era el cambio que veía. Frente a ella estaban las mismas casas de siempre, aún silenciosas, los mismos caminos, bardas, piedras y dragones dormitando. Pero nada se veía igual.

Consternada, la joven Thorston se quedó sentada observando el panorama. Su mente, más abierta e imaginativa, encontró mucho más sencillo identificar la sensación de expectación que rodeaba su entorno: era eso lo que notaba distinto. Como si el tiempo se hubiera tomado una pausa, en espera de que las personas de Berk tomaran la decisión de cómo emprenderían esa nueva etapa en sus vidas.

Aunque nadie lo había dicho en voz alta, todos pensaban que la pelea contra Morgana era un parteaguas. Incluso los más despistados podían percatarse de que las cosas seguían cambiando ¿cómo y en qué? Ni siquiera Ruffnut estaba del todo segura. Ella sólo contemplaba desde su asiento, ansiosa de tener una respuesta más concisa.

El único que sabía exactamente qué estaba cambiando y cómo, era Gobber. El viejo vikingo sentía más dolor en sus articulaciones esa mañana, pero no le impidió ponerse de pie y asomarse por la ventana, en espera a que el resto de los berkianos salieran también. Considerando el ambiente fiestero de los últimos días, nadie estaba seguro de qué hacer, pero a su debido tiempo los hombres se pusieron a limpiar y las mujeres a cocinar, intentado hacer de aquél un día común.

Gobber no había presenciado ese tipo de cambio en toda su vida, pero leyó y escuchó muchas historias similares, de cómo grandes hombres se reunían en tiempos difíciles y uno sobresalía de todos, el Jefe de Jefes, el líder innato del archipiélago. Estaba impresionado y orgulloso de que ese Jefe innato fuera Hiccup, pero lo más curioso era que nadie parecía haberse percatado aún de eso, excepto él.

A media mañana salió de su casa rumbo al Gran Comedor, en la mesa principal estaban sentados Dagur, Mala y Alvin. Las Doncellas Aladas aún atendían a sus dragones, pero no deberían demorarse mucho en aparecer. Gobber se permitió observarlos a distancia un buen rato, eran los Jefes de diferentes tribus, todas fuertes y orgullosas, y hablaban entre ellos cómodamente, pero él notaba algo que ni siquiera ellos habían detectado: esperaban a Hiccup. No solamente su compañía para comer, sino sus indicaciones. Subconscientemente, ya habían declarado a Hiccup su Jefe.

En las canciones de los abuelos y viejos, se hablaba de esa lejana época en que el archipiélago era un solo reino –curiosamente, gobernado por un Haddock– hasta que los pueblos se dispersaron y las aldeas se dividieron, formando el mapa que él conocía. Ahora que observaba a detalle el comportamiento de los Jefes, vio la esencia misma del cambio: faltaba poco para una nueva unificación.

Quizá él no la vería en vida, sus huesos ya eran viejos, pero le agradaba mucho poder ver los inicios de esos cambios, porque todo se veía bien. Era como contemplar las nubes azules de un verano esplendoroso, estaba seguro de que una época de prosperidad se mantendría en todo el archipiélago.

La puerta se abrió, Hiccup y Astrid entraron con sonrisas discretas y un excelente humor. Tomaron sus asientos –los principales– en la mesa de los Jefes, saludando a todos con bromas pequeñas y aceptando los platos de comida. Una cocinera se acercó a Astrid llevándole un té especial y también una charola con alimentos más apropiados, que ella consumió gustosa. Ahí estaban, platicando de las nuevas acciones a tomar y del futuro que emprenderían desde ese día… con Hiccup en la cabecera.

Sí, no había lugar a dudas, sus viejos ojos y experimentados sentidos habían acertado. Sólo quedaba esperar y rezar a los dioses para que le dejaran ver la mayor parte posible de ese futuro esplendoroso que les esperaba a los vikingos.

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En dos horas de charla, resolvieron la mayoría de los pendientes. Dagur y Mala acordaron mandar algunas provisiones a Berk, en cooperación por las fiestas dadas. Alvin dejaría a un escuadrón de sus mejores hombres para que les ayudara con los prisioneros; como éstos eran numerosos y además provenían del Continente, no estaban seguros de encerrarlos en la Isla de los Marginados. Decidieron que, cualquiera que fuera la resolución de Hiccup, todos la aceptarían. Por lo pronto cada uno de los Jefes debía regresar a sus pueblos para atender a sus gentes y contarles las buenas noticias de la victoria, no podían quedarse más tiempo en Berk, pero se reunirían en la próxima luna llena para saber cuál decisión había tomado Hiccup con respecto a los prisioneros y también para hablar con mayor tiempo y claridad sobre un acuerdo escrito de cooperación militar.

Con todo eso acordado, Mala, Dagur y Alvin se fueron a los muelles guiando a sus personas hasta los barcos, que estaban preparándose, y zarparon media hora después. Atali y las Doncellas se fueron volando una hora después, reiterando que ellas serían siempre aliadas de Hiccup. Conforme Berk se fue vaciando, la calma llegó a sus calles, Astrid lideró una pequeña patrulla para limpiar el pueblo, mientras Hiccup revisaba los establos y las provisiones.

La calma se estaba instalando en el pueblo, y con ella, se empezaban a asimilar los cambios. Berk siempre fue un pueblo orgulloso y que presumía de victorias en su historia, pero ésta batalla tan reciente sabía a una gloria mayor. Además, Hiccup y Astrid tendrían un hijo, lo cual garantizaría el linaje de los Jefes Haddock. Todo parecían ser buenas noticias.

Al día siguiente, terminados los deberes inmediatos, Hiccup y Astrid visitaron a los prisioneros de guerra. Habían 25 en Berk, encerrados en dos celdas improvisadas anexadas al establo. La presencia de los dragones parecía intimidarlos mucho, pero no se quejaban en exceso y parecían confundidos. Cedric se contaba a parte, porque estaba siempre con Heather –ella le había quitado el amarre en sus manos, pero aún era fácil identificarlo porque usaba el corte tan extraño de las ropas del Continente y tela distinta– pero los visitaba a diario y eso parecía calmarlos.

Hiccup habló con ellos en general, y notó que los hombres le respondían con recelo, pero también respeto. No detectó ninguna insolencia, y eso le pareció muy extraño. Les preguntó por sus vidas, si tenían algún indicio de dónde estaría Morgana y si tenían a dónde regresar en el Continente. Sus respuestas generales fueron que sus vidas fueron comunes, que nadie nunca sabía qué esperar con Morgana y que nadie tenía familia o amigos esperándoles.

—Estas personas parecen haber sido muy miserables—dijo Astrid—¿Qué haremos con ellos?

—No lo sé. Había pensado en darles un barco y decirles que se fueran al Continente.

—Eso es peligroso ¿y si después quieren vengarse y atacarnos?

—Dicen que no tienen a nadie, pero no me fío de eso. Creo que esa idea era muy idealista.

—Sé que no quieres más peleas ni más sangre—Astrid le miró a los ojos con firmeza—Pero debemos pensar primero en Berk.

Hiccup asintió, ella tenía razón, pero debí haber alguna solución más práctica. La pareja pensó en eso casi todo el día, mientras continuaban con sus deberes, ya en la tarde se encontraron en el Gran Comedor, donde comieron mientras retomaban el tema, ésta vez, Gobber se les unió.

—Matarlos podría ser trágico—coincidió Gobber—Llevan varios días aquí, la bravura original está diluyéndose.

—Lo sé, pero liberarlos tampoco es muy buena idea—continuó Hiccup—Pueden ser una amenaza después.

—¿Has hablado con Alvin para encerrarlos?

—Sí, pero no tienen tanto espacio allá. Habría que hacer una prisión formal aquí, y no quiero perder tiempo y recursos.

Inmersos en su plática, no vieron a Heather acercarse a ellos, la morena simplemente se sentó al lado de Astrid y esperó a que la saludaran, Gobber hizo un gesto simple, pero Hiccup y Astrid inmediatamente voltearon hacia ella, felices de poder distraerse un poco.

—No te he visto en todo el día—dijo Astrid—Pensé que te irías con Dagur.

—Aún no, ocupaba pensar… y hablar con ustedes.

—¿En qué te podemos ayudar?

—Es sobre Cedric… me preguntó si podía ser mi escudero.

—¿Tu qué?

—Escudero—repitió la palabra de forma lenta—No sabía qué era, pero me explicó que en el Continente los escuderos son los ayudantes de los guerreros más fuertes y nobles.

—Así que te pidió ser tu ayudante ¿no?

—Básicamente, se supone que me prometería lealtad absoluta.

—Cedric no se te ha separado desde que lo rescataste—dijo Astrid—¿Hay algo entre ustedes dos?

La pregunta sonó algo pícara, pero lo más curioso fue que Heather, en vez de molestarse o replicar, simplemente sonrió. Eso le pasó desapercibido a Hiccup, pero no a Astrid, quien entendió en ese momento un poco más aquella relación.

—Es extraño—respondió Heather—Cedric parece tenerme mucha gratitud, nunca había visto nada así.

—¿Entonces lo harás tu escudero?

—Depende lo que ustedes digan—Heather intentaba sonar seria—Es un prisionero de guerra, después de todo, y ustedes no han decidido qué hacer con ellos.

—¿Te molestaría mucho que lo encerráramos de por vida, verdad?

Heather hizo una mueca, bajando los ojos, era evidente que sí, pero sus labios dijeron:

—Es decisión de ustedes.

Astrid miró a Hiccup, insinuándole con la mirada que consintiera los planes de Heather. Sentado y bebiendo hidromiel, Gobber no decía nada, se había limitado a escuchar, sus presentimientos de cambio estaba materializándose ahí, frente a él, intentaba por todos los medios ocultar su media sonrisa burlona por haber tenido razón.

—Si permito que Cedric sea tu escudero, entonces estaría haciendo una excepción con el sobre todos los demás prisioneros—dijo Hiccup, aunque no hablaba en tono sereno, más bien estaba explicando la situación.

—Todo depende de ti, Hiccup—repuso Heather—Eres el Jefe, nadie cuestionará lo que digas.

—Los prisioneros son eso, no son berkianos ni tampoco personas del archipiélago—agregó Astrid—Técnicamente no tienen derecho alguno, no forman parte de clan, tribu o familia alguna.

Gobber asintió levemente, Astrid tenía razón, entre los vikingos sólo se le otorgaba derechos a las personas que provenían de familias, clanes o tribus reconocidas. Únicamente cuando una persona cometía un crimen atroz, perdía sus derechos de nombre y quedaba recluido o exiliado. Los forasteros, desde luego, no pertenecían a nadie, y en ese sentido no podía tomárseles en cuenta.

Hiccup lo sabía, conocía de memoria todas las normas –escritas y no escritas– del archipiélago, las tradiciones y cultura local. Fueron cosas que aprendió desde niño, cuando su padre le instruía cómo ser un buen Jefe. Pero…

—Quiero ser justo con ellos.—repuso Hiccup—Seguían las órdenes de esa bruja, ¿realmente puedo condenarlos por eso?

No hubo respuesta, porque nadie sabía qué decir.

—Piénsalo—Heather se puso de pie—Y dime qué piensas. Respetaré tu decisión, Hiccup.

La morena se fue con pasos algo apurados, Astrid le dijo a Hiccup que hablaría con ella, porque la veía sensible, el Jefe de Berk miró a su esposa salir del recinto siguiendo a su amiga, mientras meditaba sus pensamientos. Sólo Gobber permaneció sentado a su lado, bebiendo hidromiel, esperó el tiempo prudente antes de hablar.

—Es curioso ¿no?—Hiccup volteó a verlo—Cómo todo cambia y tú eres el centro.

—¿A qué te refieres?

—¿No te has dado cuenta? bueno, así suele pasar. Hay muchas cosas cambiando aquí en Berk muchacho, y todos es por ti.

—Eso no es nuevo Gobber—repuso el joven Jefe—Las cosas han cambiado desde que monté a Toothless ¿no crees?

—Sí, ese fue un enorme cambio para todos. Pero esto es distinto, puedo verlo en todos.

—¿Qué cosas?

—Mira a tu alrededor, la forma en que todos te dan tu espacio ¿no lo ves?—así lo hizo Hiccup, pero no vio diferencia alguna, es decir, no había nadie sentado en una mesa inmediata a la de él, pero había pocas personas en el Gran Comedor, así que no se sorprendió.

—No.

—Muchacho, eres inteligente y muy capaz, pero te falta la experiencia—algo que a Gobber le sobraba—No se trata sólo de nuestras gentes aquí en Berk, es también sobre los demás Jefes. Dagur, Mala, Alvin… todos están dispuestos a hacer lo que les pidas. Lo curioso es que ellos no se habían dado cuenta, hasta que los convocaste a pelear, y lejos de indignarse, ellos se ven muy conformes con el hecho de obedecerte.

—¿Obedecerme? Por favor Gobber, eso es ridículo. Ellos son amigos y me han ayudado, es todo. Además yo no les hablé, eso lo hizo mi madre.

—Sí, Valka los convoco, pero lo hizo en tu nombre. Ninguno de ellos lo pensaron dos veces para venir, simplemente porque era tu nombre el que estaba de por medio.

—Tenemos una buena amistad, Gobber.

—No Hiccup, eso no tiene que ver con la amistad. Ellos vinieron, pelearon, ganaron y te otorgaron la victoria. Incluso te otorgaron la libertad de decidir qué pasará ahora, lo que harán con los prisioneros y demás. Eso significa que te conceden todo el honor de la pelea.

—Eso… no lo había pensado así—Hiccup adoptó aquella expresión pensativa tan característica de él—Si ellos me hubieran hablado, habría ido sin problema, como antes.

—Antes eran un joven aventurero que volaba por todo el archipiélago haciendo amistades, aprendiendo y creciendo como persona. Ahora eres un Jefe fuerte y un futuro padre de familia. Las perspectivas cambian.

—Yo creo que estás pensando de más, Gobber.

—Y yo creo que no quieres entender lo que te estoy diciendo, y no puedo culparte—Gobber terminó su bebida de un trago—Debe ser abrumador, pero debes saberlo desde ahora Hiccup para que no te tome por sorpresa después. Incluso lo de Heather demuestra mi punto.

—¿Qué tiene que ver Heather con esto?

—No es sólo ella, es su actitud. En otros tiempos, ella simplemente hubiera tomado a Cedric por escudero sin importarle lo que tú dijeras, o lo que otros opinaran. Ahora vino a pedirte permiso, y más aún, acordó respetar tu decisión ¿qué vikingo hace eso, a no ser que respete demasiado al otro? Ella no duda que tú seas su superior.

—Pero Heather es amiga mía desde hace años.

—Nuevamente con eso ¡te digo que nada de esto tiene que ver con la amistad! No importa ya que sean o no tus amigos, ellos te miran de otra forma. Tienes que empezar a aceptarlo.

—Gobber, es simple admiración, ellos siempre me han visto así.

—Mira, si no quieres verlo está bien. Ya entenderás después lo que intento decirte.

Pero Hiccup entendía más de lo que admitía, sólo que no deseaba aceptarlo.

.

.

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Valka estaba en Punta Cuervo, sentada sobre una roca cercana al acantilado, maravillada por la vista del mar desde esa altura. Cloudjumper estaba cerca, volaba con Stormfly y Toothless, los tres dragones jugueteaban en el aire y pasaban un excelente tiempo entre sus competencias amistosas y escondites en los bosques.

Astrid e Hiccup no habían tenido tanto tiempo para pasarlo con sus dragones los dos últimos días, así que Valka se ofreció a jugar con ellos en la tarde para que no se sintieran abandonados. En realidad, ningún dragón se sentía así, la adrenalina de la batalla era divertida para Toothless y Stormfly, además, después de la pelea, Hiccup y Astrid les dieron toneladas de pescado y hasta ovejas como recompensa, cepillándoles las escamas y jugueteando con ellos al anochecer, cuando más les gustaba. Pero igual pasarían tiempo con Valka si eso significaba más tiempo de vuelo y relajo.

Valka seguía contemplando el mar, cuando Toothless aterrizó a su lado acercándosele, ella volteó hacia él y acarició con ternura sus escamas, detrás de las orejas donde más le gustaba, riendo cuando el Night Fury se dejó caer sobre el césped feliz y relajado.

—Eso no es muy digno del alfa—le dijo entre risas—¿Oh sí?

Toothless se removió en el césped juguetón, pronto llegaron Stormfly y Cloudjumper, inclinándose hacia él para seguir jugando.

—Vaya que andan inquietos hoy—Valka se puso de pie, inmediatamente el Cloudjumper se puso a su lado y ella lo montó de un salto—Vamos ¡carrera!

Y de la nada su dragón se fue volando en picada dándole tiempo a los demás dragones de reaccionar, Toothless y Stormfly se fueron siguiéndolos y entonces empezaron una trayectoria sobre el mar, alzándose a las nubes de repente y en dirección al sur. Alcanzaron al Cloudjumper muy pronto, y realizaron formaciones que les ayudaban a mitigar los efectos del viento. Conforme se alejaban, Toothless tomó el mando adelantándose, hasta que sus alas lo deslizaron a esa velocidad característica de los Night Fury, esa que los hacía desaparecer en las noches y crear sonidos muy particulares.

Toothless se sintió bien con el viento sobre su rostro, hasta que recordó que no venía solo y se detuvo suavemente, haciendo unas piruetas para cambiar de dirección y regresar a donde estaban los demás. Volar era muy divertido, parte de su naturaleza, pero disfrutaba mucho más de esos momentos con Hiccup. Sabía que su mejor amigo humano solía estar ocupado, y debería estarlo más ahora que su pareja tendría crías, pero conocía a Hiccup, sabía que no demoraría más de dos días en montarlo a los confines del archipiélago de nuevo.

Se encontró con Valka y los demás en poco tiempo, no los dejó tan atrás.

—¿Mejor, Toothless?—el dragón asintió—Vámonos a Berk, se hace tarde y pueden preocuparse por nosotros.

Stormfly reclamó, viendo a Toothless de reojo.

—¿Una revancha?—todos rugieron en conformidad—Bien… ¡vamos!

Y los dragones se fueron volando de regreso sumamente rápido a la isla, Valka los dejó adelantarse, disfrutando la sensación del aire y la vista de unos dragones fuertes y veloces pasándola bien. Pronto, Berk se vislumbró ante ellos, y rodearon las montañas hacia las costas y los acantilados acondicionados para los muelles. Valka vio unos barcos con banderas de Berk acercarse por el mar, anclarían antes del anochecer.

Se acercó un poco a los barcos, reconocieron la silueta de Fishleg en la cubierta, el vikingo la vio y la saludó a distancia, Valka hizo lo mismo antes de regresar a la aldea. Entró por el establo, donde Toothless y Stormfly ya estaban comiendo.

Les acarició sus escamas otra vez, en tono mimoso, antes de desmontar y caminar hasta el Gran Salón.

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.

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Fishleg ancló en el muelle cuando el sol hacía resplandecer sus últimos rayos en el día, su flota era de sólo dos barcos pequeños, hubiera regresado volando pero llevaba con él a los cinco prisioneros de guerra, era imposible que Meatlog los llevara a todos. Lo acompañaban algunos guerreros y Aly, quien insistía en hablar personalmente con Hiccup. El viaje fue rápido y sin contratiempos, de hecho, los prisioneros nunca se quejaron, se recuperaron de su enfermedad con rapidez y no parecían ansiosos de escapar.

Un grupo de hombres los recibió en el muelle, al verlos, inmediatamente preguntaron cómo ayudarles, y Fishleg les pidió que escoltaran a los prisioneros. Aly adoptó una posición a la defensiva y guio a los hombres, para vigilarlos.

—Aún están convalecientes—les dijo—Llévenlos con cuidado.

—Claro, señorita.

Aly se fue con ellos, Fishleg la vio alejarse preguntándose hasta qué punto eso era bueno. Una vez que los dos barcos quedaron bien acomodados y se desempacaron las pocas cosas que llevaban, subieron los peldaños por el acantilado hasta Berk, el pueblo se veía tranquilo, pero para Fishleg se sentía distinto.

Hiccup estaba en el Gran Comedor, aún meditando algunas palabras de Gobber. Se alegró mucho de ver a Fishleg, y lo invitó a sentarse con él para ponerse al corriente.

—¿Te llegaron todos los reportes, verdad?

—Sí, los leí todos—respondió—Pero cuéntame tus impresiones, te notaste mesurado en las misivas.

—Es que fue algo duro, ver todos esos hombres abandonados y moribundos—se formó una mueca en los labios de Fishleg por sólo recordarlo—No sé qué clase de líder haría eso, es inhumano.

—Al principio no quería creer en Cedric cuando decía que seguían a Morgana por miedo, pero al ver esas actitudes, me convenzo que sí.

—Aly insistió muchísimo en cuidarlos, pero sólo sobrevivieron cinco. Están con los demás prisioneros.

—¿Ya están mejor?

—Sí, sólo algo débiles.

—Mandaré que les den alguna sopa especial. No quiero ser inhumano también.

—Tú nunca podrías serlo.

Hiccup sonrió, Fishleg escudriñó el gesto, había una mirada distinta en su amigo, no estaba seguro de cómo describirla, pero lo más parecido que se le ocurría era llamarlo más maduro. Sí, era eso, Hiccup daba la impresión de haber madurado en esos días. No estaba seguro de que eso sonara lógico, pero ¿algo lo tenía?

Los amigos hablaron un poco más, en ese tiempo, Aly pensaba en cómo dirigirse a Hiccup para hacerle ver sus intenciones con los prisioneros, en todo el viaje por mar repasó cada argumento que se le ocurría para explicarle por qué debían ser más piadosos. Estaba muy segura de ella misma y de sus ideas, pero toda esa seguridad se esfumó cuando abrió la puerta del Gran Comedor.

Desde la puerta buscó con la mirada a Hiccup, y lo encontró en una mesa hablando con Fishleg. Estaba sentado en una mesa frente al trono, bebiendo hidromiel en posición relajada, pero algo le dio la impresión de que lo rodeaba la solemnidad. Aunque había más personas en el Gran Comedor, todos le daban espacio a Hiccup, como si temieran invadir su espacio personal –todos excepto Fisheg– su espalda erguida y sus ojos profundos detonaban una enorme voluntad, se le veía como un hombre fuerte y casi invencible. Aly quedó sorprendida y buena parte de su valor se esfumó, de hecho, no fue consciente del momento en que sus piernas la llevaron hasta ellos.

—Hola Aly—la saludó Hiccup al verla—¿Cómo has estado? Hace años no te veo.

—H-hola—no supo por qué su voz tembló—Me encuentro bien, Jefe Hiccup, gracias.

—Sólo dime Hiccup.

—Bien.. quería hablarle de los prisioneros.

Se le veía y sonaba nerviosa, lo cual sorprendió a Fishleg e Hiccup. No era una actitud usual en ella.

—Justo lo que ocupo, siéntate Aly—ella lo hizo—Cuéntame ¿qué tienes en mente?

—Ellos… no se ven peligrosos—ella debió desviar la mirada para que las palabras salieran fluidas—Se les ve asustados y resignados, es como si apenas fueran hombres. no tienen voluntad ni iniciativa, supongo que esa especie de Jefa suya se las quitó. Han sido desgraciados mucho tiempo, creo que merecen una segunda oportunidad.

—Imagino que sabes eso porque los curaste.

—Sí, escuché sus sollozos cuando deliraban, era tan triste. No llamaban a nadie porque no tienen familia ni amistades, en cambio, suplicaban piedad, como si les estuviesen castigando.

—Una horrible forma de morir—agregó Fishleg en tono bajo.

—Entonces ¿qué me sugieres que haga, Aly?

—Darles una segunda oportunidad.

No lo miró a los ojos, pero su voz sonaba firme, Hiccup se dio cuenta en el cambio de actitud de Aly, pero ocupaba pensar en una cosa a la vez, y lo que ocupaba de lleno su mente era la situación de los prisioneros. Asintió, reflexionando, ya antes tenía una noción de qué hacer, y las palabras de Aly se lo confirmaron.

—Entonces eso haremos—declaró en tono firme—No quiero liberarlos al Continente pero tampoco quiero tenerlos encerrados para siempre. Aly, ya que tú abogas por ellos, quiero que te encargues personalmente de dirigir una aldea especial para ellos.

—¿Qué yo qué?

—Sí, elige a los voluntarios que desees para que te ayuden y si requieres vigilancia especial, te la otorgaré. Pensaré los últimos detalles de esa nueva aldea esta noche y mañana lo discutiremos ¿de acuerdo?

—Pero señor, yo soy sanadora…

—Y ahora serás más.

Hiccup no sonaba tajante, pero sí firme, y eso bastó para que Aly asintiera. Fishleg no comentó nada, limitándose a ver la escena frente a él y analizarla en silencio.

—Mañana seguiremos hablando de estos detalles—al decirlo, Hiccup se puso de pie—Buenas noches.

Cuando salió del Gran Comedor, todos parecieron relajarse y hablaron con mayor estruendo.


Y eso es todo por ahora ¿les ha gustado?

NOTA 1.-Me hice una cuenta de Twitter, no sé si ustedes tengan, pero por si les interesa esta es la dirección ( LNefertari) Ah, y también subí un video nuevo en mi YouTube XD

NOTA 2.-Morgana, Cedric y la situación de los prisioneros se desarrollarán más en el siguiente capítulo. En este quise darle más protagonismo a los demás personajes, llevaba tiempo queriendo explorar la relación entre Mala y Dagur (que me parece especial) y aproveché la experiencia de Gobber para mostrar los cambios, si no ha quedado claro lo de los cambios, serán mucho más obvios en el próximo capítulo.

NOTA 3.-Si leen otros de mis fics, tengo muy adelantados próximos capítulos, y también tengo desarrollada más de la mitad de una nueva idea para otro fic de HTTYD. Acepto cualquier sugerencia.

¡Muchísimas gracias por leer! ojalá les haya gustado. Les mando muchísimos saludos.