NADA DE ESTO ME PERTENECE, LOS PERSONAJES SON DE DREAMWORKS, SOLO ME DIVIERTO ESCRIBIENDO HISTORIAS
¡Hola a todos! ¿cómo están? pues creo que no me tardé mucho ésta ocasión jeje. Con los nuevos avances que sacan de HTTYD 3 me lleno de ideas y sentimientos ¿vieron ese hermoso avance donde sale un Hiccup súper tierno y chiquitito, cargado por Stoick? ¡se me derritió el corazón de ternura! bueno, no divago más. Disfruten mucho este capítulo.
Reviews:
jailys-sama: me encanta que te siga gustando, y más que notes los pequeños detalles, porque me esmero mucho en que sean interesantes c:
Nieve Taisho: ¡Nieve hermosa! cómo me encanta cuando leo tus mensajes y más cuando veo que te gusta esta historia, ya sabes el cariño que te tengo. Me da gusto que se note ese aire de poder que está adoptando Hiccup (y que Astrid es parte de eso) de verdad espero ver algo parecido en la nueva película. Me mató esa frase tuya de mis fandoms, porque Dios, esas palabras así de bonitas siempre me sacan hasta lagrimitas jeje PD.-Siempre veo tus videos, pero llevaba mucho sin comentar.
Melanie Villamar: Absolutamente, fue más ligero. En lo que respecta a los prisioneros, fue una situación muy curiosa, pero creo que sí merecen otra oportunidad. Veamos cómo se desarrolla.
Higushi: ¡Muchísimas gracias! =D
RoxFiedler: Mil gracias por tu follower, espero te entretenga un poco el Twitter jaja. En lo que respecta al fic, lo que más me gusta es cómo se pueden ver los cambios que intento plasmar, y que dentro de todo parezca algo natural en el desarrollo del personaje de Hiccup, siempre pienso bastante cómo desarrollarlo todo para que se vea lo más canon posible. Espero te guste este capítulo.
XIII
"Como líder, di mi última palabra [momentos después] recuérdame no dar mi última palabra" –Hiccup.
.
.
Hans estaba recargado en la pared, rocosa e irregular, a la que su espalda llevaba días acostumbrándose. Hubiera sido fácil quejarse de las condiciones en que estaba, pero por más que lo intentaba, la queja no sonaba honesta y se limitaba a guardar silencio. Lo mismo les pasaba a sus compañeros, todos tenían el ánimo bajo, pero una sensación de gratitud nacía en sus vientres y amenazaba con crecer.
Casi mil hombres habían partido con Morgana al mando en dirección a los mares del norte para conquistar sus pueblos y saquear sus riquezas; sólo quedaban treinta, y los desmotivados sobrevivientes permanecían encerrados en celdas amplias y limpias, a la espera de saber qué sería de ellos.
25 de esos hombres fueron atrapados durante la pelea, Hans estaba entre ese grupo; recordaba haber peleado lo mejor posible, pero su cansado cuerpo no le siguió el ritmo a los vikingos y un golpe fuerte en la cabeza lo tumbó al océano, consiguió mantenerse a flote por puro milagro, pues siempre fue un mal nadador, algún marinero vikingo se apiadó de él y lo subió a la proa, amarrando sus manos, pero alejándolo del peligro inmediato.
Esperaba que lo torturaran mental y físicamente, que viera sus días pasar deseando que terminaran, esperaba que se burlaban de él así como Morgana se divertía con los prisioneros que ellos tomaban. En vez de eso, cuando regresaron, lo escoltaron con sus compañeros a unas celdas amplias y limpias, al fondo de un pasillo angosto y oscuro –cerca de donde estaban los espacios de los dragones– les dieron pescado cocido para comer y atendieron las heridas de los que estaban muy mal.
Hans recordaría toda su vida la primera vez que vio Berk, como buen continental, pensaba que los vikingos vivían en aldeas pequeñas y sucias, de chozas con paja amontonadas una encima de la otra, luciendo sucios harapos de piel para cubrirse del frío. En vez de eso halló muelles enormes y bien planificados, con hondas escaleras y rampas que le conectaban a un pueblo próspero. Las casas de madera estaban talladas y pintadas con símbolos que no conocía, pero hacían un efecto muy lindo, la plaza principal era enorme y lo que parecía ser el palacio estaba encima de todo, conectado por unas escaleras monumentales.
Era el pueblo de una comunidad grande y próspera, las calles anchas por las cuales caminó estaban limpias y conducían a una especie de establo gigante, esculpido en la piedra, donde todos los dragones pasaban para comer, volar, convivir y descansar por igual. Hans se asustó muchísimo cuando un desfile de Nadder voló sobre él, pensando que le atacarían, pero esos dragones pasaron de largo sin prestarles atención a los recién llegados.
Al fondo de ese establo se encontraba un pasillo oscuro con seis celdas, ellos fueron colocados en tres. Las rejas eran de madera ancha y pesada, algo hinchada por la humedad, cerrándose con cerrojos de un metal extraño y oscuro. Hans se quedó ahí, con siete de sus compañeros; un grupo de ocho fueron colocados en la celda de enfrente, y el último grupo de 9 fue acomodado en la celda continúa, ligeramente más grande.
Se colaba muy poca luz solar a donde estaban, pero los carceleros siempre encendían antorchas grandes en el pasillo durante la noche, evitándoles el miedo a la oscuridad. Los alimentaban con pescado y pan dos veces al día: una en la mañana y otra en la noche. A los que estaban heridos, les llevaban sus medicamentos en hora y los curanderos revisaban sus avances cada segundo día.
A veces, en el día, algunos dragones se asomaban por el pasillo, paseándose frente a sus celdas con absoluto libertad y olfateándolos llenos de curiosidad. Hans era de los pocos que se acercaba a ellos deseando tocarlos.
El día anterior se sorprendieron bastante cuando cinco de sus compañeros fueron llevados a una celda cercana, eran de los que se quedaron con Morgana. Se veían cansados y ojerosos, y se les dio una celda más amplia y con mantas especiales. Jens, el que tenía más energía de esos cinco, les contó cómo se enfermaron terriblemente después de comer algo improvisado en la playa a donde llegaron, y la forma tan atenta y casi maternal en que una sanadora vikinga los atendió hasta que pudieron caminar.
Era por ese tipo de detalles tan amables que todos se sentían cofundidos, los prisioneros nunca eran bien tratados en el Continente, eran simultáneamente maltratados y humillados para que nunca olvidaran su lugar. Una persona que fue prisionero aunque fuera dos días jamás era la misma si recuperaba la libertad. Pero esos vikingos los alimentaban, atendieron sus heridas y los guardias no eran despectivos con ellos, lo cual aumentaba su ansiedad, porque no tenían idea de qué esperar.
—No lo soporto más—dijo Chris, uno de sus compañero de celda—¿Qué planean hacer estos vikingos con nosotros?
—¡Seguro están jugando!—agregó Lars—Hacen que bajemos la guardia para torturarnos después.
—Morgana actuaría así, y éstas personas no se parecen nada a ella—repuso Hans.
—Tú estás muy seguro de eso ¿no? ¡reacciona! Nadie puede ser tan bueno.
—Tampoco nadie puede ser tan malo.
—¡Cállense ustedes dos!—gritó Olson desde la celda de enfrente—No dejan dormir.
—Tú eres un perezoso, ya casi amanece Olson.
—¿Y? ¿qué, tenemos que salir a atender nuestros deberes? No me hagas reír Lars. Estaremos aquí encerrados hasta que muramos, lo menos que merezco es dormir un poco cuando tengo sueño.
—¿Creen que nos dejarán morir aquí?
—No lo dudo ni tantito—continuó Olson—Estamos en un oscuro pasillo que ni los dragones frecuentan, uno de estos días se olvidarán de nosotros y moriremos de hambre.
—¡No juegues con eso!
—Pues hazte a la idea, Chris. Es mejor estar preparado para lo peor que tener esperanza.
Hans no pensaba así, pero no replicó, sabía que sería perder el tiempo.
—Estos vikingos son mucho más fuertes de lo que pensaba—dijo Chris en voz baja, pero todos le oyeron—¿Vieron sus cuerpos? Tienen las espaldas muy anchas y brazos fuertes, y barbas trenzadas de cabellos rubios.
—Les has observado mucho ¿verdad?
—Es que son muy distintos a nosotros, y la verdad son muy bellos. Tienen esa piel blanca y esos ojos de colores que tanto valoran los reyes de Stor.
—Yo no sé de esas cosas, nunca vi a los reyes.
—Yo sólo lo hice a distancia, cuando era niño, porque mi madre era cocinera en el palacio. Me dijo que una vez la reina estaba reprimiendo a la princesa porque no se daba los baños de leche que blanqueaban su piel.
—¡Qué despilfarro!
—Los reyes nunca ocupan dinero, Lars.
—En eso te equivocas—continuo Chris—Querían que la princesa se viera hermosa porque debían casarla con un príncipe rico.
—No hay príncipes ricos acá en el norte.
—Era de algún lugar al sur, allá donde se habla esa extraña lengua Oc.
—Esos blanqueándose para hacerse de dinero y nosotros matando para sobrevivir un día más—vociferó Olson—La vida es cruel ¿a qué no?
—Es por eso que yo no quisiera volver a Stor. Aquí las personas se veían más felices.
—Acababan de ganar una pelea, Chris, claro que iban a estar contentos.
—Nosotros nunca nos vimos así y hemos ganado muchas peleas Lars.
—¡Bien sabes que esa loca de Morgana apenas nos dejaba celebrar!—se quejó hondo y con pesadez—Celebro mucho que esa desgraciada perdiera, hay un infierno para ella, estoy seguro.
—Sí, mil infiernos aguardan por hacerla sufrir eternamente. Esa bruja se merecía todas las humillaciones que nos harán a nosotros.
—Pero Cedric dice que el Jefe de estas personas es muy distinto a Morgana.
Todos voltearon a ver Hans, eran pocas las veces que él hablaba y cuando lo hacía, usualmente era porque el tema era importante. Lars apretó los labios y Chris bajó los ojos, sólo Olson respondió:
—Claro que debe decir eso, Cedric ahora vive con ellos—había odio contenido en su voz—No me importa que lo usen como esclavo, se lo merece.
—Eres muy duro, yo también hubiera escapado de haberlo podido.
—Pero no lo hiciste, ni yo tampoco; pero Cedric no lo dudó antes de abandonarnos ante esa loca de Morgana para conseguir una vida mejor, eso jamás se lo perdonaré.
Hans no pensaba así, pero sólo desvió la mirada. Muchos en esas celdas pensaban como Olson.
—¿Realmente nos matarán de hambre, Olson?—preguntó Chris, aún apabullado.
—Eso creo.
El silencio los invadió, y aunque lo intentó, Olson ya no pudo dormir.
.
.
.
Astrid estaba sentada en el comedor de su casa, con las piernas cruzadas y mirada pensativa. Frente a ella, Hiccup le servía té y unos panecillos dulces que Helga les llevó la tarde anterior especiales para el embarazo. Hiccup insistía en que Astrid los comiera antes de que empezara sus rutinas del día.
—No estás del todo de acuerdo con mi decisión ¿verdad?—dijo él.
Astrid suspiró, recargándose en la silla.
—Es atrevido, pero muy acorde a tu forma de ser. Sólo analizo los potenciales peligros.
—No les daremos armas ni cosa alguna que puedan usar contra nosotros.
—Y eso está bien, pero deben tener normas más estrictas.
—¿Cómo qué?
—Es lo que estoy pensando—dijo Astrid, bebiendo un sorbo de té—Primeramente, creo que debemos diferenciarlos; no deben tener la misma cantidad de privilegios que los demás vikingos, o nuestras gentes se enfadarán.
—Eso ya lo tenía pensado, pero no sé bien qué privilegios remover.
—Un límite en su cantidad de ganado y de cultivos, también en su cantidad de dragones, si después consiguen.
—Es buena idea.
—También hay que regular su comercio ¿a quién quieres poner a cargo de esa nueva aldea?
—Le dije a Aly, ella los defendió mucho ayer.
—Aly es sólo sanadora, Hiccup.
—Pero es capaz.
—No—frunció el ceño—Ella puede ser parte del plan, pero ocupamos a alguien más.
—Yo creo que con ella es suficiente, además llevará a un grupo de hombres que le ayuden.
—¿Quiénes?
—Voluntarios.
—Hiccup, sé realista, nadie será voluntario para esto. La gente de Berk no lo verá muy bien.
—Yo creo que estás subestimándolos.
—No, estoy siendo realista.
—Pero ni siquiera hemos terminado de decidir todo.
—Exactamente por eso es que debemos planearlo mejor.
Hiccup frunció el ceño y Astrid terminó de comer. Todos en Berk sabían que Hiccup y Astrid eran un equipo, y que tomaban las grandes decisiones juntos. Ésta no era la excepción.
—Sé que quieres apurar esto, Hiccup, pero tenemos que ser cuidadosos.
—Tienes razón.
—Hablémoslo con los demás, seguro nos ayudan con los detalles.
—Hazlo si quieres, yo… iré a volar.
—Muy bien.
Astrid besó tiernamente a Hiccup en los labios y salió de la casa, ya a solas, Hiccup se recargó en la silla despreocupadamente, pensando en los prisioneros y en todas las molestias que eso estaba ocasionando.
.
.
.
Era muy temprano, las personas en Berk estaban terminando de preparar sus desayunos en casa, mientras caminaba por la calle, Fishleg olía el pan recién horneado y los trozos de carne al fuego, los murmullos y risas se dejaban oír de vez en cuando. Fishleg se sintió confortado por esos olores y sonidos tan familiares, que le recordaban siempre a la infancia y le hacían sentirse en un hogar.
Aunque Berk era su hogar, últimamente sentía que debía hacer algo más. Los días que se estuvo recuperando en Dragon Edge pudo ver que todos se esforzaban mucho mejorando la construcción de una aldea completamente nueva. En Berk los trabajos no eran así de determinantes, porque un pueblo viejo tiene otras necesidades. Los proyectos de exploración y protección que ellos realizaban eran sumamente importantes, más ahora que se había probado que podían venir enemigos desde los mares del sur.
¿Cómo podría el aportar algo en eso? Hasta ahora se había contentado con ser instructor en la Academia de Dragones, pero no estaba seguro si eso sería tan importante de ahora en adelante. Fishleg sentía que algo tenía que aportarle a Berk, ya no estaba satisfecho con lo que llevaba haciendo tantos años.
Tenía relación con que sus compañeros jinetes también continuaban con sus vidas. Snotlout llevaba tiempo dedicándose a la administración de las bodegas en Berk, un puesto que Hiccup le dio para satisfacer en alguna forma su ego en una labor para la cual era competente. Y los gemelos estaban encantados dirigiendo y cuidando todos los rebaños de Berk (atormentando a las ovejas en el proceso).
Al mismo tiempo que continuaban con sus nuevas labores, también se posicionaban en un nuevo rango dentro de su sociedad. Ya no eran jóvenes despreocupadas, comenzaban a ser adultos. Acudían a las juntas con el Jefe y realizaban labores específicas, acorde a las necesidades inmediatas de la gente. El caso más claro, desde luego, eran Hiccup y Astrid, como Jefes y ahora futuros padres de familia.
Probablemente Fishleg no tendría esos pensamientos de no ser por Aly, él aún no se daba cuenta, pero ella despertó muchos sentimientos que llevaban tiempo apagados. La forma en que ella luchaba por lo que creía y se apasionaba de su trabajo era inspirador, y Fishleg deseaba ayudara.
Todavía pensaba en eso cuando llegó a la Academia de Dragones, había algunos Gronckles descansando ahí y quería revisar que no les faltase nada. Como era muy temprano, se sorprendió mucho de ver a Heather ahí, cepillando a Windshear. La dragona le detectó más rápido que su jinete, pues Heather estaba muy pensativa también, de hecho, el cepillo en sus manos daba vueltas sobre la misma escama sin que ella lo notara. Windshear se alzó recibiéndolo, y entonces Heather volteó a verlo, dedicándole una sonrisa.
—Hola Fishleg, buenos días—le saludó—No te escuché llegar.
—Buenos días. No esperaba verte tan temprano.
—No dormí mucho.
Al decir eso, su mente pareció volar otra vez hacia los pensamientos que le producían insomnio.
—¿Qué pasa?
—No estoy del todo segura—inmediatamente bajó los ojos al suelo—Es raro.
—Sabes que puedes decirme lo que quieras, Heather.
Al voltear, sus ojos se encontraron, y mantuvieron la mirada un buen tiempo. No hace mucho que los dos empezaron a ser confidentes, y que sus sentimientos crecieron. Heather recordaba esos días escribiendo cada uno de sus sentimientos en cartas que Fishleg le respondía con ternura y comprensión. Surgió un vínculo y una confianza que muy pocas veces experimentó hacia alguien, y la inteligencia de Fishleg le resultó sumamente atrayente.
Heather había contado con la amistad y comprensión de otras personas, como sus padres, Hiccup y Astrid, pero el nivel que Fishleg consiguió entenderla la marcaron para siempre. En cierta manera, Heather sabía que él ocuparía un lugar especial en su corazón el resto de su vida. Pasaba lo mismo con Fishleg, él siempre vería en Heather a esa persona con la cual pudo establecer un vínculo de comprensión más allá de la amistad cotidiana.
Las cosas no avanzaron por varias razones, pero la principal fue el tiempo. Algunas ocasiones los dos escribieron en sus cartas que deseaban dar un paso más allá en su relación, pero al verse, todo se complicaba. Se daban esa mirada que significaba que ocupaban esperar un poco más, pero la intención seguía ahí; los meses se hicieron años y al arrastrarse el sentimiento se fue diluyendo.
Nunca se fue del todo el cariño, pero estaban conscientes que su tiempo terminó. Heather se había concentrado bastante en crear una familia y una aldea con Dagur, y Fishleg se concentró en mejorar sus conocimientos y técnicas sobre dragones. Eventualmente se distanciaron y, aunque nunca terminaron de olvidarse, continuaron con actividades muy variadas desarrollando sus propias vidas, sin considerar una futura relación en el proceso.
Cuando Drago Bludvist llegó al archipiélago y casi destruye Berk, los Berserker no se enteraron hasta casi dos días después, Heather llegó asustada por sus amigos y en especial por Fishleg y ahí fue cuando los dos entendieron que, si alguna vez tuvieron oportunidad de relacionarse, sus vidas ya estaban demasiado distanciadas como para intentar cambiarlo. No se molestaron y prometieron ser siempre amigos, aunque a veces la añoranza de lo que pudo haber sido les golpeaba.
—Lo sé—respondió Heather—Es que estoy sorprendida conmigo misma.
—¿Por qué?
—Es todo el asunto de Cedric, hace días lo rescaté del mar y ahora me cuesta creer que en tan poco tiempo sea parte de mi rutina. No deseo que Hiccup sea duro con los prisioneros solamente para que Cedric no sufra.
—Él te importa mucho ¿verdad?
—Sí, aunque no sé por qué—dejó el cepillo de lado y se volteó hacia él—Hay algo en él que me provoca no dejarlo y ayudarle. Hace poco me pidió ser mi escudero.
—¿Un qué?
Heather repitió la palabra y también le explicó lo que significaba, a todo Fishleg asentía, prestándole la mayor atención posible.
—Es un compromiso de honor muy solemne ¿tú lo aceptarás?
—No lo sé, eso me confunde—Heather cerró los ojos y suspiró—No sé si quiero alejarlo de mí, o mantenerme en su vida. Sé que sus opciones aquí son pocas.
—Debes hacer lo que te dicte el sentimiento, Heather. Es lo mejor.
—Nunca pensé que pudiera encariñarme tanto con alguien en tan poco tiempo.
Una medio sonrisa triste apareció en los labios de Fishleg, por un momento, Heather se sintió cruel, pero antes de que pudiera decir algo más él tomó la palabra.
—Te entiendo a la perfección ¿recuerdas a Aly, la sanadora líder de Dragon Edge? Hiccup le está pidiendo un proyecto ambicioso, y pensaba ayudarla. No hemos convivido más que los días que me cuidó en Dragon Edge, pero por alguna razón, quiero seguir cerca de ella.
Heather no supo qué sentir, por un lado, le agradaba que siguiera entendiéndola, pero también un pinchazo de celos apareció en lo más recóndito de su pecho, en esa zona que a veces uno recuerda que tiene hasta que nos molesta su existencia. Pero la emoción más fuerte fue aquella de que Fishleg estaba contento.
—Deberías seguir tu propio consejo—le dijo.
—¿Debería unirme a su proyecto, verdad?
—Sólo si es lo que te hace feliz—se encogió de hombros y sonrió—¿Quién sabe? Quizá encuentres tu destino de esa forma.
—Me destino—repitió la palabra como si la meditara—Sí, puede ser.
Se vieron a los ojos otra vez, con un brillo de complicidad y ternura. Todas las ensoñaciones de lo que pudo ser el pasado fueron superadas en esa plática, estaban dándose la libertad absoluta para continuar con sus vidas sabiendo que la amistad permanecería aún más fuerte que la ilusión.
.
.
.
A media mañana Hiccup entró al Gran Salón, que tenía pocas personas, entre ellas Aly se veía con expresión nerviosa y meditativa. Apenas lo vio, la sanadora se le acercó y murmuró un saludo escueto antes de decir:
—Señor ¿procederá lo que ayer me dijo?
—Sí, pero lo planearemos mejor, no debes preocuparte—colocó una mano sobre su hombro a modo de consuelo—Puedes con esto y más.
Aly tragó duro. Hiccup le dijo que hablarían del asunto cuando Astrid llegase, así que la sanadora se fue a una mesa cerca de la puerta y ahí permaneció sentada. Pocos minutos después llegaría Fishleg y se sentaría a su lado, los dos hablaban en voz baja, pero Hiccup no les prestó atención, se sirvió un tarro con agua fresca y esperó desde su trono de piedra hasta que Astrid llegó.
Ella estaba sonriente y relajada, había tenido una sesión de vuelo con Stormfly y esa actividad física fue más que suficiente para que su mente y cuerpo se fortalecieran aquél día. Como si fuera una memoria muy lejana, Hiccup recordó que una semana atrás hubiera estado preocupadísimo de que su esposa volara completamente sola sobre los mares del norte –más fríos y sin tanta vigilancia– pero esa mañana ni siquiera sintió un poco de inseguridad al respecto. Astrid era fuerte y ahora estaba cargando a su futuro hijo ¿de qué tenía que preocuparse? Era la guerrera más fuerte y feroz del archipiélago.
Viéndola así, segura y tranquila, con el corto cabello un poco despeinado por el viento, sintió una oleada de orgullo. Aquella valquiria era su esposa, esa preciosa mujer, segura, fuerte y capaz, sería la madre de sus hijos. No sabía qué hizo bien para que los dioses lo recompensaran de esa forma, pero no iría a arruinarlo haciéndose preguntas tontas y preocupándose por sinsentidos.
Parecía mentira que, días atrás, Hiccup hubiera sido aquél Jefe tenso y estresado que debía tomar tés revitalizantes para mantenerse despierto y que se preocupaba por todo. Había una nueva seguridad en su mirada, una determinación extraña pero poderosa en sus ojos.
—Hola, Jefe—le saludó juguetona, sentándose a su lado—¿Qué tal su mañana?
—Muy tranquila. Te estaba esperando para hablar con Aly.
—Se me ocurrieron algunas ideas cuando venía de regreso ¿y a ti?
—Nada muy original.
Aly, que había estado sentada a la espera de Astrid, llegó ante ellos con pasos lentos pero mirada determinada. Hiccup y Astrid se pusieron de pie para caminar y sentarse en la mesa más cercana, Aly sentándose frente a ellos, había pocas personas en el Gran Comedor, pero las que estaban ahí volteaban a verles de reojo con el presentimiento de que algo importante estaba pasando.
—Como te había dicho, Aly, consideraba viable crear alguna villa en donde estos prisioneros pudieran vivir. He discutido el tema con mi esposa y ella también cree que es una idea con potencial.
—Desde luego que deberíamos afinar algunos detalles—continuó Astrid—Como sabes, mi deber es velar la seguridad de Berk, y en vista a eso estoy ideando nuestra manera de proceder. Pero antes, ocupo saber qué tan comprometida estás con esto.
—Completamente—Aly les miraba a los ojos, nerviosa—Es decir, me asusta, no son cosas en las que tenga experiencia. Pero… pero quiero lo mejor para ellos. No los considero malos. Deben tener otra oportunidad, creo yo.
—No podrás con esto sola. Aly ¿tienes alguien en mente para que te ayude?
—Yo… no lo sé—bajó su mirada muy rápido—Hay mucho recelo hacia ellos.
—Tememos que, si las cosas se complican, tú puedas correr algún riesgo.
—No me dan miedo los retos, señor.
—Desde luego que no, eres una vikinga—sonrió Hiccup—Pero no arriesgaremos nunca tu seguridad.
—¿Qué haremos entonces?
—Hay que asegurarnos de que cuentes con voluntarios competentes.
Tan inmersos estaban en su plática, que no vieron a Fishleg acercase –después de su charla con Heather salió rápido a buscar a Aly– el robusto vikingo colocó una mano sobre el hombro de la sanadora y habló viendo a Hiccup a los ojos.
—Yo la ayudaré—dijo.
—¿Qué?—Aly volteó a verlo, Fishleg le sonrió como si no tuviera importancia el asunto.
Hiccup y Astrid se sorprendieron, pero fue ella la primera en hablar.
—¿Sabes bien cuál es el proyecto, verdad?
—Sí, y estoy dispuesto a ayudarla. Aly ha sido una persona muy bondadosa y lo menos que merece es que alguien la acompañe y ayude en todo esto.
—Pero, Fishleg…
—Entiendes lo que esto implica ¿verdad?—preguntó Hiccup.
Las miradas de ambos hombres eran intensas, comunicaban muchas ideas de forma simultánea. Si la villa prosperaba, Fishleg no regresaría a Berk. Estaba implícito en toda esa situación, después de todo, los prisioneros no podrían estar siempre solos, deberían contar con alguna supervisión. Y aunque pasara el tiempo y alguien tomara el lugar de Fishleg, pasaría muchos años lejos. Nada de eso parecía importarle.
—Sí.
—Siendo así, toma asiento. Hay que discutir muchísimas cosas.
Fishleg se sentó, Aly le miró de reojo agradecida –con un dejo de sorpresa– y atendieron a las indicaciones que Hiccup y Astrid les iban dando. Demoraron varias horas, pero antes de la hora de comida, tenían trazada la mayor parte del plan.
.
.
.
En la tarde, Hiccup mandó llamar a la mayoría de los líderes familiares y otros hombres importantes, dando a conocer lo que se haría con los prisioneros. En dicha reunión, todos llegaron impacientes y expectantes, porque tenían mucha curiosidad de cómo solucionaría el joven Jefe el problema.
Fishleg y Aly serían los Líderes encomendados para dirigir una nueva villa –el nombre aún no era elegido– en donde los 30 prisioneros podrían empezar sus vidas de nuevo. No se les permitiría regresar al Continente por los riesgos que eso podía implicar, pero tampoco se les mantendría encerrados o se les mataría para demostrar que ellos eran mejores que sus pueblos de origen. A pesar de esa explicación, mucha gente no estuvo de acuerdo.
Se elegiría una isla cercana para que se asentaran ahí, y podrían usar los recursos de la isla de manera libre, pero tendrían otras restricciones. Sólo podrían comerciar con Berk, la cantidad de dragones nunca podía aumentar a 30, ni las cabezas de ganado podían ser mayores a 5 por persona. Para desposarse, ocuparían el permiso de los Jefes de Berk, y el consentimiento de los padres de la mujer si ésta procedía de un clan importante. No podrían salir de la isla sin permiso especial, ni poseer armas, por lo que su protección quedaría a cargo de Berk.
El fin de todas esas medidas era mantener un control fuerte sobre ellos, pero brindándoles la libertad suficiente para que formaran una comunidad nueva, subordinada a Berk en alguna medida. Ellos eran, después de todo, prisioneros de tierras lejanas, pero merecían tener alguna dignidad.
—No me gusta esto—dijo Snotlout—Me parece demasiado arriesgado.
—Astrid ya ha tomado todas las medidas necesarias para que esto funcione—respondió Hiccup.
—¿Y si se rebelan contra nosotros? ¿entonces qué haremos?
—Entonces ellos perderán todos esos privilegios, serán encerrados, y nunca más verán la luz del sol—dijo Astrid en tono muy firme, para que todos lo oyeran.
—¡No tiene sentido! mantengámoslos encerrados desde ahora y asunto terminado. Les estamos dando demasiado poder.
Algunas cabezas asintieron, dándole la razón a Snotlout, pero nadie dijo palabra alguna, porque el semblante de Hiccup era muy firme. Más firme incluso de las miradas que Stoick tuviera en vida.
—Nosotros no somos personas crueles como los del Continente, somos vikingos—respondió el Jefe—Se les dará a estos prisioneros una oportunidad de sernos útil y conservar dignidad humana. Si ellos la desperdician, será problema suyo, pero me niego a condenarlos por seguir las órdenes de su desquiciada líder.
Snotlout aún tenía una mueca en sus labios, pero no dijo nada más. Había sido un ultimátum y todos lo entendieron. Aunque la mitad de los presentes no estaba de acuerdo con Hiccup, se limitaron a acatar órdenes.
Semanas antes el debate se habría alargado horas enteras e Hiccup hubiera repetido los mismos argumentos hasta el cansancio, sin conseguir nunca que ellos cambiaran de parecer. Pero esa tarde, aunque había dudas y recelos, todos bajaron los ojos y asintieron ante las órdenes de su Jefe. Hiccup y Astrid casi no lo notaron, pero eso fue todo lo que Valka necesitaba para reafirmar el poder que su hijo estaba consolidando.
Valka había observado cuidadosamente la situación, de manera algo similar a Gobber, pero con un poquito más de objetividad porque llevaba mucho tiempo lejos de Berk y no conocía de otras cosas más profundas, así que sus percepciones podían considerarse algo más superficiales. Aún así, caían casi a las mismas conclusiones que Gobber: Hiccup estaba consiguiendo un nivel de poder y respeto que no recordaba en la historia de Berk desde… desde Grimbear el Horrible.
Con esa nueva revelación en mente, Valka miró a su hijo sentarse en el trono de piedra con Astrid a su lado. El cambio estaba ahí, disfrazado en la misma tradición, pero surgiendo desde el interior exteriorizándose tan paulatino que se implantaba en todos los vikingos de forma casi natural y sencilla. Valka estaba segura que, dentro de 5 o 10 años, nadie reconocería Berk, pero tampoco estarían del todo seguros de en qué momento empezó todo a ser diferente.
Valka sí lo sabría, el momento en que todo cambió, fue cuando Hiccup Haddock III impuso su voluntad sobre todo el pueblo sin que nadie osara desafiarlo.
.
.
.
Heather estaba sentada sobre una roca viendo la inmensidad del mar frente a ella, Cedric la miraba a poca distancia. El ángel había estado muy serio últimamente, sentía un poco de arrepentimiento porque consideraba que eso era en parte por su propuesta de ser escudero. Intuía que, como era un choque cultural fuerte, ella no sabía qué decidir. Pero Cedric estaba convencido de que su vida, de ahora en adelante, estaba al lado del ángel.
Se encontraban a orillas del sendero de Frigg, que conectaba Berk con una zona de cultivo en la parte norte de la isla, algo alejada y cubierta con redes especiales. No estaba transitada a esas horas –menos desde que los vikingos se movían más en dragones que a pie– así que daba la impresión de encontrarse completamente solos. A esa distancia, Cedric contemplaba mucho mejor Berk, nunca dejaba de maravillarse de lo bonito que era.
—Cedric—inmediatamente volteó hacia el ángel y se le acercó.
—Dígame, señora.
—Hiccup ha tomado una decisión sobre todos ustedes, los continentales—dijo—Les dará la oportunidad de reconstruir sus vidas en una villa.
—¿E-Enserio?
Eso sonaba demasiado considerado.
—Sí, lo cual significa que, si lo deseo, puedes quedarte conmigo.
Los ojos violetas de Heather miraron en Cedric de manera penetrante, él se sentía humilde, como siempre, pero le sostuvo la mirada en señal de sumisión. Aceptaría lo que ella dijera, para Cedric, la palabra del ángel era la ley.
Heather respiró hondo, calmándose, luego habló.
—Cedric, te aceptaré como mi escudero—su voz era solemne—A partir de ahora, estarás a mi cargo. Mi honor y el tuyo estarán relacionados. Serás mi larlingur.
—¿Su qué, señora?
—Larlingur. Significa que aprenderás de mí, me serás fiel y obediente, al tiempo que yo cuidaré tu integridad. Si te lastiman, me lastimarán a mí. Si me lastiman, tú también serás lastimado.
—El escudero es algo parecido.
—No lo sé, no conozco a fondo las tradiciones del Continente. Pero aquí los vikingos más fuertes pueden tener larlingurs, y responden por todos ellos. Es una relación de por vida.
—Así será, señora mía.
Cedric se inclinó frente a ella, pero Heather le obligó a ponerse de pie.
—No solemos hacer eso muy seguido por aquí.
—Señora, no sabe el enorme honor que siento por hacerme su escudero. Pasaré el resto de mis días haciendo que se enorgullezca de esa decisión.
Pensaba como hablaba, y Heather lo sabía. Tanta devoción a su persona la aturdían y agradaba por igual. Aún así, estaba convencida que las próximas semanas afinarían mejor la forma en que su relación se mantendría.
—Ya veremos de eso más adelante—le dedicó una sonrisa y señaló hacia Berk—Vamos, tenemos muchas cosas que hacer.
.
.
.
No habían llegado a darles aún de comer. Hans miraba a sus compañeros de forma analítica, todos estaban nerviosos, aunque nadie quería demostrarlo. En su tiempo de prisioneros, los vikingos les habían llevado la comida matutina desde los primeros rayos del sol, pero ya era media mañana y no había rastros ni de los guardias.
No es que tuvieran mucha hambre –aún no– lo que les estresaba era lo que eso podía significar. Todos recordaban aquellas crudas palabras de Olson: "¡ya verán cómo nos matarán de hambre!" ¿realmente ese sería su fin? Chris estaba sentado con la espalda recargada y brazos cruzados, un tic nervioso comenzaba a atrofiarle su mandíbula. A su lado, Olson tenía mirada perdida, impactado y muy molesto de haber tenido la razón en algo tan espantoso.
Sus cinco compañeros que aún tenían algo de convalecencia permanecían recostados en la otra celda, mirando hacia la escasa luz solar, preguntándose cuándo les darían la medicina porque la cabeza les dolía. No se contagiaban de la paranoia colectiva porque pasaron más tiempo con los vikingos y no creían que fueran a torturarlos de esa forma, más bien, se preguntaban qué habría pasado para que se retrasaran esa mañana.
Una histeria nacía y crecía con cada segundo, ningún dios se acordaría de esas almas encerradas en aquellas oscuras celdas perdidas en las lejanas y heladas islas del norte. Nadie recordaría sus nombres y sus vidas habrían sido insignificantes, al morir, sus cuerpos se pudrirían en aquellas paredes sin tener cristiana sepultura. Ese era su destino, después de una vida de rapiña y sufrimientos.
El lejano sonido de unos pasos hicieron que sus corazones se detuvieran por un segundo ¡tanta incertidumbre los volvería locos! Chris se puso de pie y se asomó por los barrotes intentando detectar las siluetas acercándose ¿serían los guardias con la comida? ¿o sería alguien más? ¿quizá el traidor de Cedric intentaría redimir su culpa, llevándoles algún pan? ¡tantas preguntas y ninguna respuesta! Los pasos se oían más cerca, Chris comenzaba a ver las sombras, los demás tenían ojos cerrados o respiraciones contenidas, en el fondo, se esperaban lo peor.
Los pasos se oían más numerosos de lo usual, y eso tampoco les gustó. Chris murmuró un rezo a María y Lars a Jesús, mientras Olson farfullaba que moriría sin rogarle piedad a ningún dios. Sólo Hans estaba tranquilo, con una certeza extraña pero fuerte de que nada malo ocurriría.
Se vieron al fin las personas, con horror, notaron que no eran guardias, se trataba del propio Jefe. Hiccup se veía más firme y peligroso en esa ocasión, ya que habían perdido la batalla contra él, tenían alguna secuela de miedo hacia los líderes vikingos. No ayudó tampoco que Astrid estuviera a su lado, luciendo tan fuerte y fiera como cuando retó a Morgana. En cierta forma, Astrid era la causante de todo.
Estaban más vikingos a sus lados, también notaron a Aly, aquella que había atendido a sus enfermos, y a Cedric, que estaba al lado de la misma morena de siempre. Era la sanadora quien se veía más emocionada; Hiccup sacó de su cinturón una llave grande y pesada, recorriendo con su mirada a todos ellos.
—Meginlands—los llamó de forma general—Hemos tomado una decisión sobre ustedes. Serán liberados de éstas celdas y llevados a una isla para que reestructuren sus vidas.
Nadie habló, no sabían qué decir. A sus pareceres, no tenía sentido ¿realmente los estaba liberando?
Hiccup miró a Cedric y le cedió la palabra.
—El Jefe Hiccup desea darles tierras para que trabajen y tengan una vida más digna, sabe que Morgana fue cruel con nosotros. Pero, como somos extranjeros, estaremos bajo la tutela de ellos.
—Sus tutelares serán Fishleg, de la casa Ingerman, y Aly, de la casa Heilson.
Hans miró a sus compañeros, como nadie parecía tener algo que decir –seguían en su estupor– él se acercó a los barrotes y habló.
—¿Cuándo será eso?
—Desde ahora.
Hiccup abrió las cerraduras, pero no empujó las puertas. Este era un modo de proceder completamente ajeno a lo que sucedería en el continente, no tenían forma alguna de reaccionar.
—Antes de que salgan, debo decirles—habló Astrid, su voz sonaba firme pero extrañamente amable—Deberán jurar lealtad a Berk. Les brindaremos protección y recursos, lo que ocupen, y les respaldaremos sobre las demás tribus. A cambio sólo pediremos su lealtad.
Hans se asomó a la puerta, dijo "Les juro lealtad" y salió. Hiccup asintió y les dijo a señas que podía caminar por el pasillo hacia los demás vikingos; de forma lenta pero segura, los demás prisioneros fueron murmurando sus juramentos y salieron también. Se les escoltó pasando por los establos de los dragones, cuando llegaron a la luz del sol, todos se maravillaron viendo la hermosura del mar y el verde de las montañas cubiertas de árboles y césped.
—Síganme—dijo Aly—Iremos al puerto.
Desde las calles de Berk se vio la fila de meginlands marchar por la vereda hasta los acantilados, bajando lentamente hasta los muelles. Ya estaba un barco amplio preparado con materiales, provisiones y otras cosas que pudieran necesitar, Gobber estaba en la proa del barco acomodando las velas para dejarle todo listo a la navegación.
Hiccup les dijo todo un discurso sobre cuáles serían sus obligaciones y sus derechos, a lo cual los meginlands no dijeron mucho. Parecían niños guiados por sus padres a algún paseo, carentes de ninguna motivación mayor a la de obedecer. Astrid hablaba con Aly y Fishleg, dándoles otra vez las mismas indicaciones de cómo proceder.
Aly dirigió el barco cuando se extendieron las velas y la nave se movió sobre el mar con la misma gracia e imponencia que todos los navíos vikingos. Desde los muelles, Fishleg se alzó montando a Meatlog con un grupo de otros cinco voluntarios, montando sus respectivos dragones, siguiendo a la nave. Se fueron perdiendo a la distancia, en Berk, les vieron partir con dudas y emoción. Todos habían asimilado que ya nada sería lo mismo.
.
.
.
El extremo oeste del archipiélago contenía islas amplias que se iban estrechando hasta desparecer, después, un mar frío y de corrientes intensas se extendía por días enteros. Se rumoraba que había tierras de hielo y volcanes más allá, pero nadie se aventuraba por esos lugares, ya que eran difíciles. Desde luego que Morgana, ignorante de toda esa información, aventuró su barco hacia esa región, pensando que Berk se encontraba ahí.
El mapa que ella usaba era viejo y no muy exacto, además, Morgana nunca fue una buena navegante, Cedric siempre fue mejor en eso y también otros de sus subordinados. Como la comida ya le escaseaba, se detenía en las islas pequeñas que no tenían población, capturaba pececillos del mar y a veces algunas aves en las ramas bajas de los árboles, el agua la obtenía de frágiles riachuelos y ojos de agua. Así iba tirando, día con día, sobreviviendo del odio acumulado por su débil ego destrozado.
Berk se encontraba al noroeste del archipiélago, pero Morgana, al escapar de la batalla, terminó en unas islas al suroeste. No calibró de manera correcta su desviación y, desde el mapa, empezó a navegar como si se encontrara en el sur. ella trazó una navegación de sur a norte rumbo a Berk, en vez de eso, se fue suroeste al occidente, de forma recta y milagrosamente sin ser detectada.
Ella seguía marchando hacia el occidente, pensando que era el norte, deseosa de usar su espada para matar a Hiccup y Astrid, y a todos los vikingos posibles. La trenza dorada colgaba de su cuello, amarrada por un cordón de cuero que le permitía recordar cada minuto su necesidad de venganza. Casi no dormía y, cuando lo hacía, soñaba con sus hermosos barcos siendo quemados hasta las cenizas sobre el mar congelado de los norteños. Su locura crecía día con día, murmuraba sola juramentos a Dios y reía como desquiciada al imaginarse su venganza consumada. Su barco iba internándose hacia el occidente, perdiéndose entre las islas, alejándose del archipiélago.
ACLARACIONES:
Larlingur: significa aprendiz, la relación entre Guerrero y Laringur no existió en la vida real, lo inventé XD
Meginlands: continentales en islandés.
¿Les ha gustado? AL FIN pude ponerles una especie de desenlace a los prisioneros, la verdad, nunca me esperé que formaran su colonia. Hablaré un poco de eso en el siguiente capítulo. Lo de Heather y Fishleg fue algo que flotaba en el aire, si vieron RTTE ahí se menciona que algo se cocía entre esos dos, pero en la película de HTTYD 2 Fishleg está cortejando a Ruffnut, así que supuse esa relación quedó en el aire y nunca se concretó. Esa fue mi versión express de porqué no se concretó. Por lo demás ¿qué les pareció? ¿criticas o comentarios? todos son bienvenidos.
Un enorme beso y saludo ¡nos leemos!
