NADA DE ESTO ME PERTENECE, LOS PERSONAJES SON DE DREAMWORKS, SOLO ME DIVIERTO ESCRIBIENDO.
¡Hola a todos! ¡FELIZ AÑO 2019! Estoy tan emocionada por este año entrante ¡siento que estará lleno de muchas maravillas para todos! (incluida, claro, la película de HTTYD 3, que llegará en febrero en mi país AL FIN) total, palabras más palabras menos, me tardé porque quise alargar este capítulo pero después de mucho pensarlo lo dejé así. No tenía mucho que poner y el cierre final lo quiero dejar en un epílogo, que será aún más corto, y que subiré pronto.
Comentarios:
Guest: ¡Listo, fic actualizado! muchísimas gracias, amo que te encante.
RoxFiedler: Owwww, que digas que es tu fic favorito me llena de tanta emoción y felicidad, disfruta muchísimo este capítulo =D (PD.-Sí, lo de Fishleg y Heather siento que fue un lindo "quizá" pero que nunca podría concretarse, me alegra que te gustara el desarrollo que les di).
Amai do: ¡Mil gracias por tus palabras! es que adoro el hiccstrid, simplemente los amo (por cierto, me voy enterando que subiste fic nuevo, ahorita mismo me paso a darle una revisada) disfruta =D
Vyreco: Casi nadie quiere a Cedric jajaja, supongo que tienen sus razones, el personaje tuvo una redención que hasta a mí me costo mucho escribirle. Pero no es una relación romántica, espero quede claro en este capítulo y también en el siguiente XD soy de Monterrey, México ¿y tú de dónde eres? ¡te mando un saludo!
SAM ARCHER: Al contrario, gracias a tu por tus comentarios tan bonitos que siempre me sacan sonrisas. Espero que te guste este capítulo.
KamiVerdieen: Que bien que te gustara, por otro lado ¡Perdón! no sé porqué puse que los ojos de Heather eran violetas, si sé que son verdes, supongo que fue un error de dedo ¡gracias por decirme! =D
¡Disfruten!
XIV
"Todo lo que sabemos sobre ellos, está mal" –Hiccup.
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Los meginlands navegaron hacia el suroeste sólo dos horas, hasta que se divisó una isla grande y a simple vista sin población alguna. Tenía unos barrancos bajos rodeando una bahía semi-circular, donde la playa era amplia y lisa, ahí fue donde dejaron el barco para descender. Al interior de la isla, había praderas extensas rodeadas de mesetas y una sola montaña grande, la vegetación era muy verde y dos ríos pequeños cruzaban la isla llenando una laguna de agua dulce. A simple vista sería un buen lugar para vivir.
—Éste será nuestro nuevo hogar—dijo Fishleg, acariciando las escamas de Meatlog—¿Tienen alguna forma especial con la cual construyen sus aldeas en el continente?
—Supongo que la básica—dijo Chris—Un castillo al centro y muchas casas alrededor.
Los meginlands asintieron conforme Chris describía la típica aldea en que todos ellos habían crecido, pero los vikingos (que nunca tuvieron la mejor imaginación) no visualizaban nada de eso.
—¿Qué es un castillo?
—Una fortaleza grande, amurallada, donde vive el rey.
—Ah, bueno, nosotros no tenemos algo así—dijo Aly, que comenzaba a entender—Tenemos Jefes.
—Como el Jefe Hiccup ¿no?
—Sí, así.
—¿Y ustedes como hacen sus villas?
Fishleg les explicó la estructura usual de las villas vikingas. Combinaron ambos modelos para comenzar a planear la nueva aldea donde vivirían. Consideraron construir una Sala Común al centro, que fuera grande, a la cual rodearían las casas principales. Los vikingos tendrían casas propias, divididas en dos zonas: una alrededor de la Sala Común, y otra cerca del muelle. Los meginlands vivirían entre ambas zonas, cada quien construiría su casa como mejor le pareciera.
Los establos para los dragones se colocarían en la meseta que estaba cerca de los muelles, a una altura relativa que los dragones solían disfrutar. También se harían canales para que las aguas de los riachuelos llegasen al pueblo, se delimitaron las zonas de agricultura, ganadería y de futura pesca. También se hizo un reconocimiento de las plantas autóctonas que podrían servir a los sanadores.
Oscurecía cuando terminaron de diseñar la nueva aldea, como prácticamente nada estaba construido acamparon cerca de la playa, con los dragones cuidándolos. Los meginlands estaban pasmados pero también algo emocionados, comenzaban a acostumbrarse, mientras que los vikingos tenían mucha curiosidad sobre cómo se desarrollarían ese experimento.
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Presento mis respetos al Jefe de la Tribu de Berk, Hiccup Haddock III
A doce días de la instalación de los meginlands en la Isla Thornar, le escribo el siguiente reporte sobre los avances y percances del proyecto.
Primeramente, le informo que en diálogos se ha acordado que esta villa tendrá el nombre de Meginberk, que significará "los hombres de Berk", en alusión a la nueva lealtad que estos hombres han mostrado a usted.
Yo, Fishleg Ingerman, con ayuda de Aly Heilson, hemos mantenido el liderazgo de este proyecto. A nuestro cargo están cinco vikingos, que se han mostrado obedientes, fuertes y confiables, hago mención de sus nombres: Johan Esverson, Sven Kenhock, Lirs Nohenson, Jorger Hongermen y Gel Honson. Esperan que se les notifique a sus familias que su comportamiento ha sido ejemplar.
El primer día en la isla fue de reconocimiento de la zona y la distribución del espacio para su poblamiento. Consideramos aportes de los meginlands y de sus tradiciones continentales en la construcción para fusionarlos con los vikingos y así crear una villa más armoniosa. En la primera tarde se logró concretar la construcción de un muelle pequeño, gracias al trabajo conjunto de todos los meginlands con los vikingos.
Al segundo día comenzaron los preparativos para construir las bodegas y el establo para los dragones. Se dispuso que el establo se encontrase cerca de los muelles, en una zona que será preferencial para los vikingos. A fin de terminar lo más pronto posible dichos trabajos, dividimos a los hombres en dos grupos. Yo lideré el grupo que construía el establo, mientras que Johan lideró al grupo que construía las bodegas.
Al mismo tiempo que esto ocurría, Aly se encargó de reconocer todas las hierbas medicinales de la zona y empezar un cultivo para ese tipo de plantas. Ha instalado una choza modesta al lado del cultivo, donde posteriormente construiremos la cabaña de los sanadores. Se encuentra cerca de la playa y creemos que será de fácil acceso para toda la villa en el futuro. Los cinco meginlandes que estaban enfermos han conseguido mejorar lo suficiente para ayudar en todos los trabajos.
Al tercer día en la tarde concluimos dichas construcciones y comenzamos a colocar los cimientos de lo que será una Sala Común. Los meginlands no están familiarizados con esa construcción, pero están muy animados con la idea de tener una zona de acceso libre para todos. Aparentemente, en el Continente las construcciones suelen ser propiedad de un grupo de personas nada más.
Nuevamente dividí a los hombres en grupos para poder agilizar el proceso de construcción. Dejé a Johan a cargo de un grupo que siguió con los cimientos y levantando los muros de la Sala Común, mientras que yo llevé a otro grupo hacia las praderas a fin de hacer las acequias y las tierras de cultivo. Los meginlands no están familiarizados en absoluto con la agricultura, ya que ellos fueron marineros toda su vida, así que debí instruirlos desde las cosas más básicas.
Hubo un poco de resistencia por parte de dos meginlands que no deseaban trabajar los campos, según ellos, en el Continente la gente que trabaja los campos tienen el peor prestigio y son considerados poco menos que inútiles. Les expliqué que eso no sucede aquí, y que todos deben saber lo básico en los deberes de campo. A reticencia acataron mis órdenes y concluyeron sus deberes.
En el cuarto día expandimos las tierras de cultivo y las acequias, mi intención es tener una parcela por cabeza, como en Berk, a fin de que se consiga excedente suficiente para almacenarlo. Para ese punto, Aly me pidió ayuda para trabajar los cultivos de sanación, así que le mandé a los dos meginlandes. Aly me dijo que desea enseñarles algo de sanación, para que no dependa toda la villa de ella, y yo estuve de acuerdo.
Durante todo el quinto día nos dedicamos a terminar los proyectos que ya teníamos asignados, y el equipo de Johan concluyó la construcción de la Sala Común para el sexto día. Es un recinto circular y más pequeño que el de Berk, pero que perfectamente permite a más de treinta personas reunirse de manera cómoda. Tiene un pozo para la hoguera al centro y paredes recubiertas con piedra. Es un salón muy sencillo, pero esperamos poder ampliarlo y volverlo más cómodo en los próximos meses, cuando tengamos una cosecha terminada.
Johan y su equipo se pusieron a construir unos corrales para ganado cerca del río y de las praderas, lo más alejado posible de los campos de cultivo. Por su entusiasmo, ya que los meginlands les encanta trabajar la madera, lo concluyeron en un día. Esperamos estrenarlo recibiendo las 50 cabezas de ganado que acordamos en los próximos días, los vikingos extrañamos mucho el sabor de la cabra y el yak.
Como los deberes principales fueron concluidos, para el décimo día les permití a cada meginland construir su propia casa. Les indiqué que debía estar cerca de la Sala Común, y otros requerimientos menores. Todos empezaron muy emocionados a construir sus recintos, y fue la ocasión que los vi más contentos. El trabajo parece haberles calmado y ahora se les ve más agradecidos y confiados. Nosotros hacemos lo mismo construyendo nuestras propias casas, esperamos que todas estas construcciones terminen en siete días.
Anexiono en esta misiva unas cartas personales de los vikingos a sus familiares, así como la lista completa de todos los meginlands que están bajo nuestro cuidado.
Esperaré cualquier indicación.
Firma, Fishleg Ingerman.
—Han avanzado mucho más rápido de lo que pensaba—dijo Astrid, devolviéndole la carta a Hiccup—Pensé que los meginlands darían más problemas.
—Tal parece que los hemos subestimado.
Hiccup guardó la carta y comenzó a pensar en qué le respondería a Fishleg, mientras Astrid se cruzaba de brazos.
—Puede ser, pero no me fío del todo.
—¿Vas a ir a supervisarlos, verdad?
—Desde luego. Les llevaré las cincuenta cabezas de ganado y de paso revisaré que todo esté en orden.
Hiccup asintió, en otros tiempos eso le hubiera vuelto loco de preocupación, pero no ahora. Una novedosa seguridad había invadido al joven Jefe y se expandía en todos sus allegados, Astrid incluida.
—¿Cuándo lo harás?
—Mañana mismo, iré más tarde a preparar todo. Pero primero tenemos que despedirnos de Heather.
—¿Se va hoy?
—Sí.
—No te dijo a dónde ¿verdad?
—Ya conoces a Heather. A donde haya aventuras.
Había un poco de frustración en la voz de Astrid cuando mencionó eso último, pero Hiccup no le dio tanta importancia. Sabía en el fondo que Astrid iba a extrañar a su amiga, y que por eso estaba inconforme con ese viaje. Además, había otro inconveniente:
—Debo serte sincero, me preocupa un poco ahora que llevará a Cedric.
—A mí no. Ese hombre la adora, y la cuidará con su vida.
—¿Cómo estás tan segura?
—Es una corazonada
Y lo dijo con tanta seguridad, que Hiccup no le quedó más remedio que darle la razón.
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Poco después del mediodía, los amigos más cercanos de Heather se reunieron con ella cerca de los establos, donde estaba terminando de acomodar sus bolsas sobre Windshear. Cuando Hiccup la miró casi lista para irse, no pudo evitar pensar que estaba acostumbrado a esa imagen, de cierta forma, el que Heather estuviera mucho tiempo en un solo lugar era extraño.
Astrid, también pensaba algo parecido, siempre que pensaba en Heather le venía a la mente la misma imagen: a su morena amiga montando a su dragona con bolsos de viaje. Era impresionante cómo las cosas cambiaban, pero al mismo tiempo se mantenían iguales. Heather siempre fue una nómada, amaba a sus amigos y familia, pero las aventuras la llamaban y nunca estaba del todo a gusto en un lugar por mucho tiempo. Ahora, fiel a su naturaleza, Heather emprendía una nueva aventura, pero con Cedric acompañándola.
Quizá fuera por el exceso de hormonas en su sistema, pero Astrid estaba sentimental. Todo a su alrededor era distinto; Fishleg se había marchado, Snotlout lo sustituyó enseñando en la Academia –una labor temporal, cabe destacar, porque no era el mejor de los maestros– los gemelos se despidieron en la mañana para ir a Dragon Edge. Heather también se marchaba. Sólo quedaban ella e Hiccup, aunque de alguna forma, tampoco eran los mismos.
—Andas muy distraída—dijo Heather, haciendo que Astrid saliera de sus pensamientos—¿Ocurre algo?
—No, son tonterías. Dime ¿tienes alguna idea de a dónde ir?
—Iremos primero al sur, a ver si encontramos a Morgana.
—¿Tu sola?
—Es una mujer sola, además cuento con Cedric. Si la encuentro, no creo tener problemas.
—Espero que no la encuentres, esa mujer está loca.
—Lo sé, pero si no la encuentro, seguiremos hacia el sur. Intentaré llegar al Continente.
Astrid alzó una ceja, y cruzó los brazos.
—¿Desde cuándo quieres ver el Continente?
—Cedric me habla todo el día sobre los muelles y castillos allá, quisiera verlos, si es posible. Veremos si el viaje cae bien a los dragones. Igual, no me quiero alejar tanto tiempo, quiero regresar antes de que nazca tu bebé.
Se sonrojó, como siempre que hablaban de su embarazo, pero Astrid había aprendido a hablar con mayor franqueza del asunto.
—Gothi espera que nazca en seis ciclos lunares.
—Perfecto, lo tendré en cuenta para regresar a tiempo ¡no puedo perderme el nacimiento del futuro heredero!
Sonaba jovial y confiada, pero al ver a su amiga, Heather notó que Astrid tenía sentimientos más complejos sobre la situación, y era natural. Claro que Astrid estaba feliz con la idea de ser madre, pero también estaba preocupada y algo asustada, todas las mujeres en Berk habían visto u oído algún parto, y siempre era una experiencia traumática en alguna medida.
—Eres la mujer más fuerte que conozco—Heather colocó ambas manos sobre los hombros de su amiga y le sonrió—Esto será pan comido para ti.
Astrid la abrazó. Estaba más sensible de lo usual, y no supo qué palabras responder. La morena respondió al abrazo con fuerza y afecto.
A unos pocos metros de distancia, Hiccup veía todo con mucho detalle. Todos sabían que Heather volvería, sin embargo, esa despedida fue la más complicada ¡y eso que la habían despedido ya antes varias veces! Los aires de cambio que azotaban Berk generaban una atmósfera más melancólica y tensa, todos intuían –pero nadie sabía por qué– que estaba comenzando una nueva época.
Heather repartió abrazos y aceptó consejos de todos sus amigos un rato más, pero cuando las últimas miradas fueron intercambiadas y las palabras se acabaron, la morena montó a Windshear y aseguró por última vez las correas de los bolsos. Prometió volver pronto, mandar cartas lo más seguido posible, y cuidarse; luego tiró de las riendas y emprendió vuelo.
Al mismo tiempo que Windshear despegaba, un robusto y joven Gronkle hacía lo mismo. Para ese viaje, Heather había encontrado a un dragón manso y tranquilo, con la intención de que Cedric pudiera montarlo. El emocionado continental se aferraba con fuerza a las riendas y ocultaba su miedo lo mejor posible, ya tendría tiempo de acostumbrarse al vuelo. Hiccup pensó que, luciendo tenso y emocionado, Cedric se veía como cualquier joven vikingo que vuela por primera vez.
La pareja se alejó por el sur de forma rápida y constante, cuando sus siluetas se difuminaron, todos regresaron a sus actividades. Hiccup besó a su esposa en la mejilla y le dijo que estaría terminando unas gestiones en la Sala Común, permitiéndole estar a solas un rato. Astrid miró a su marido caminar por los escalones acompañado de otros hombres, y sus pensamientos volvieron al cambio.
Sí, ella e Hiccup eran quizá los que seguían siendo más constantes, pero eso no era del todo cierto. Si bien su relación fue creciendo con ellos desde la adolescencia, ahora estaban dando un paso sin retorno. Cuidadosamente colocó ambas manos sobre su vientre, todavía plano, y cerró los ojos. Ahí estaba creciendo su futuro, el de ella, el de su esposo, el de Berk.
Todo era tan surrealista que costaba procesarlo, pero esos mismos vientos de cambio que estaban afectando a los vikingos soplaron en ese instante, acomodando sus cortos cabellos, y sacudiendo su mente. De un segundo al otro, todo se volvió razonable y perfectamente normal, y lo único en lo que Astrid podía pensar era en que debía esforzarse en disfrutar esos últimos y valiosos momentos.
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Para: la Jefa de Berk, Astrid Haddock.
Astrid, te escribo desde Orkney. Son las últimas islas antes de llegar al Continente ¿puedes creerlo? ¡jamás había estado tan al sur y tan lejos del archipiélago! Los dragones han soportado bien el clima y la distancia, pero para evitar escenas, siempre los dejamos en las montañas o en costas lejanas, donde nadie pueda verlos, y caminamos hasta llegar al pueblo. Lo consideramos más seguro, y nos ha funcionado bien.
Aquí las personas son más sensibles y se ofenden más fácilmente, además, se ven algo amargados. Tienen un acento muy raro, pronuncian las vocales de forma menos nítida y usan muchas palabras que no conozco, aún así, nos entendemos en lo básico. Aquí pude ver mi primer castillo, según Cedric, es muy pequeño, pero tiene una estructura muy curiosa.
Te lo describiré todo, esta isla es muy grande, tanto, que para cruzarla caminando se ocupan varios días ¿puedes creerlo? Bueno, en esta gran isla hay un muelle en la parte norte, que es donde estoy (un muelle grande pero muy sucio que siempre huele a aguas estancadas y tripas de pescado) rodeado por una villa habitada por marineros groseros y sucios. En esa villa hay un camino a otra aldea, al interior de la isla, a unas dos horas caminando.
La aldea es más grande, limpia y bonita. Al centro está un edificio construido en piedra que es enorme, con murallas altas y torres (las torres son construcciones circulares muy altas, con ventanas estrechas en donde se asoman los guardias para tener una mejor vista de todo lo que rodea al castillo) los muros rodean un total de tres edificios altos, construidos en piedra y con pocas ventanas. Según Cedric, en ese castillo vive el Señor de estas tierras, que es la máxima autoridad ahí.
No me imagino un castillo más grande, pero seguro que los hay más al sur. Como sea, no los veré por ahora, ya que desde este momento parto de regreso a Berk. No se me olvida que te prometí volver para ver a tu recién nacido y por eso me regreso con anticipación. Mándame tu respuesta de ésta carta a Dragon Edge, debo estar llegando ahí en unas dos semanas.
Compré unas cosas para ustedes, que espero les gusten. Me parecieron bonitas y diferentes a lo que solemos ver allá. Debo admitir que, aunque hay lugares lindos por acá, las personas son muy extrañas. Te digo que se ofenden con facilidad, pero también son muy groseras. Los hombres por aquí no respetan mucho a las mujeres, las consideran inferiores y algunos se burlaron en mis narices de que Cedric sea mi escudero ¡yo les di sus buenos bofetones! Son debiluchos y aguantan poco, pero ya van dos pueblos de los que me corren por eso. Yo sólo quiero ver un castillo grande después y listo, no volveré por acá.
Cedric y yo oímos que hacia el oeste hay otro archipiélago, oculto entre grandes placas del Continente, y donde tribus vikingas se han asentado. Cuando pregunté por esos vikingos, los viajeros me dijeron que se hacían llamar "Rus" y que, según sus palabras, llegaron a esas tierras ya muchas generaciones atrás. Alguna vez oí de mi padre la palabra "rus", así que tengo mucha curiosidad. Pero de esto te hablaré más en persona.
Dale mis saludos a Hiccup y a todos los que estén contigo. Cuídate mucho, come bien y no te expongas de más. Te veré en unas semanas ¡te mando besos y saludos!
Firma, Heather de Berseker.
—Entonces todo marcha muy bien—dijo Hiccup.
Astrid enrolló la carta, era la primera que recibía desde hace un mes y tener al fin noticias de Heather la calmaba. Debido al embarazo, estaba algo ansiosa y susceptible, Hiccup pasaba muchas horas calmándola y asegurándose de que estuviera tranquila.
—Sí, aparentemente. ¿sabes? A mí también me suena el nombre de "Rus".
—Creo que alguna vez lo oí de papá… revisaré en los libros después.
—Bien, pásame papel y tinta por favor, quiero escribirle la respuesta.
—¿Ahora? Puedes hacerlo mañana. Ya está oscureciendo y no vas a ver bien.
—¡Se me olvidará lo que quiero decirle!
—Está bien, está bien.
Hiccup bajó a la sala por las cosas que su esposa le pidió sin rechistas, aprendió muy pronto que, si antes Astrid era una contrincante terca y digna, Astrid con hormonas era una adversaria aún más temible.
Subió con todo lo que Astrid le pidió, además de una vela y un tazón con frutos picados. Gothi había insistido en que Astrid comiera de cuatro a cinco veces al día, sobre todo en los últimos meses del embarazo. Al principio la rubia se ofendió, pero conforme su apetito fue mejorando no perdonó comida ni antojo alguno.
Hiccup observó a Astrid mientras preparaba la tinta y se inclinaba para escribir. Ella estaba sentada en la cama, con un grueso abrigo de piel cubriéndole los hombros y una manta sobre sus piernas. Aún así, su redondo vientre era perfectamente visible, y siempre que lo contemplaba, Hiccup se hinchaba de orgullo. Aunque el embarazo no había sido fácil, de alguna forma fue muy satisfactorio.
El cansancio de Astrid cedió a mareos y nauseas recurrentes en las primeras semanas, y después en vómitos matutinos. Gothi le dio unos remedios que no surtieron mucho efecto, según la anciana, era un síntoma perfectamente normal. Terminada esa etapa, Astrid experimentó aún más cansancio y unos cambios de humor criminales, podía llorar y reír en un instante y quedarse dormida al siguiente. Era confuso y desgastante.
Después del sexto mes, los cambios de humor fueron más soportables, pero el apetito se volvió insaciable. Astrid, que había subido apenas tres kilos en los seis primeros meses de embarazo, subió casi siete kilos en sólo dos semanas. Su vientre pasó de tener una ligera curva a hincharse casi de la noche a la mañana. En ese proceso también se hincharon sus pies y comenzó a experimentar fuertes dolores en la espalda, según Gothi y Valka, era lo más normal del mundo.
Hiccup cuidaba de su esposa con paciencia y gusto, pero de no ser por la ayuda de Valka y Bertha, hace mucho tiempo hubiera perdido la cabeza. Nunca se imaginó que un embarazo pudiera ser tan complejo, pero tenía sus ventajas. En las primeras semanas el libido de Astrid se disparó por las nubes, y después del cuarto mes, sus sonrisas eran hasta tres veces más brillantes –no sabía cómo o porqué, pero todo en ella parecía resplandecer– volviéndola un espectáculo precioso.
Según Gothi, Astrid estaba a mediados del séptimo mes, por lo cual quedaba sólo un ciclo lunar y medio antes de que el bebé naciera. En sus días felices, Astrid estaba emocionada y contenta; en sus días malos, Astrid lloraba porque ya estaba demasiado gorda y le daba pánico engordar otro mes más. En cualquiera de los dos escenarios, Hiccup la abrazaba, besaba sus mejillas y acariciaba su vientre, feliz de sentir las patadas de su hijo aún no nacido.
Quizá ese fue el momento más mágico e íntimo entre ellos, la primera vez que Hiccup colocó una mano sobre el vientre de Astrid y pudo sentir el movimiento del bebé. Desde ese instante, cada vez que él estaba cerca, el bebé pateaba a Astrid, como si dijera "¡papá, aquí estoy, acércate!" y él respondía gustoso.
Vio que Astrid terminaba de escribir la carta, agarró el papel y lo colocó sobre el buró, evitando así que ella debiera pararse. En las últimas semanas, por su aumento de peso, le era más difícil moverse. Se acostó a su lado, se aseguró de que estuviera muy bien tapada –el invierno había traído la primera helada y no permitiría por nada del mundo que su esposa se resfriara estando embarazada– y la abrazó sobre los hombros.
—¿Lista para dormir?
—Aún no me siento tan cansada—respondió, acurrucándose en su pecho—Cuéntame ¿Qué hiciste hoy?
—Nada muy interesante, estuve revisando las provisiones casi todo el día.
—¿Estamos bien?
—Más que bien.
—¡Excelente! ¿y cómo están los demás?
—Pues todo pinta bien en Dragon Edge, según los reportes de Gustav, la pesca ha sido muy buena a pesar de las heladas. Y Fishleg me escribió esta mañana, se me olvidaba, dice que todo marcha bien.
—Me preocupa un poco Fishleg. En Meginberk apenas consiguieron levantar una cosecha cuando llegó el invierno ¿se salvó la segunda cosecha?
—Fishleg no me dijo eso, pero en su carta dijo que aún tienen buenas reservas. Aún así, sabe que si ocupan algo podemos ayudarles. Tenemos reservas más que suficientes.
—Hay que procurar crear más excedente el próximo año, para tener una reserva especial con la cual ayudar a Meginberk o a Dragon Edge cuando sea necesario.
—No es mala idea, pero pensemos en eso después—colocó su mano libre sobre el vientre de Astrid—Un proyecto a la vez, m'lady.
—Estamos bien, aún faltan varias semanas.
Hiccup la miró a los ojos, todo en ese momento era perfecta. Ellos dos, acurrucados bajo cálidas mantas, con un bebé en camino y una tribu en buenas condiciones allá afuera. Realmente, no había nada que Hiccup pudiera pedirle a los dioses.
Lejano estaba ya aquél recuerdo cuando un Hiccup adolescente paseaba solo en los bosques murmurando "los dioses me odian", convencido de que tenía mala suerte y nada jamás le saldría bien. Ahora, el Jefe de Berk dormía al lado del amor de su vida pensando en que no le alcanzarían los años para disfrutar las bendiciones que los dioses le habían otorgado. Había gratitud y felicidad en su corazón, y eso lo proyectaba en seguridad y liderazgo.
Astrid, de mente más práctica, raras veces se ponía a pensar con mucho detalle en las vueltas de la vida, simplemente se levantaba todos los días contenta con su suerte y agradeciendo su futuro inminente. Desde que comenzó a sentir al bebé moverse en su interior todo cambió para siempre, dejó de ser una muchacha guerrera y se volvió en una madre valiente. Haría todo por su hijo no nacido y su familia estaría primero, sin importar lo que le deparara el destino; así es como se forma el corazón de una madre.
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Muy lejos de Berk y del archipiélago, a miles de kilómetros hacia el oeste, se encontraba todo un continente inexplorado y desconocido. En su extremo norte había grandes placas de hielo, escasamente habitadas, donde vivían tribus pequeñas dependientes del mar, los ríos y los bosques. Hablaban un idioma extraño y tenían costumbres muy diferentes, entre ellas, la más curiosa era la de tener estatuas con forma de animales como guías y protectores.
Una mañana, cuando una niña salió al mar para recoger la red de pesca de su padre, vio a la distancia un bote de forma muy rara y con velas de colores distintos. Asustada, la niña llamó a su padre a gritos, él y otros hombres de la aldea fueron hacia el barco, temerosos de que pudiera ser un enemigo nuevo. La forma del barco y de las velas, así como el color de la madera, no era el usado ni por ellos ni por ninguna tribu cercana.
A primera vista el barco estaba deshabitado, así que un hombre saltó a la proa y amarró cuerdas al mástil para arrastrarlo a la costa y así examinarlo bien. Nunca habían visto un barco tan grande, en esa aldea nadie se internaba al mar abierto y sólo construían botes sencillos para pescar cerca de la costa y recorrer los rápidos en los ríos.
Hombres y mujeres, de la forma más ordenada posible, comenzaron a inspeccionar el barco. La madera era buena, y también la tela de las velas, tendrían que usarla después para reforzar sus chozas. Había una mesa al lado del timón con unas cajitas de metal, descuidadas y dañadas por el sol, que contenían papeles con dibujos de islas raras. Esos papeles también tenían símbolos extraños, de un idioma completamente ajeno y que no se molestaron en entender, pues esa noche usarían el papel en las fogatas.
Lo más raro del barco era que tenía una puerta y una escalera hacia el interior, dos hombres armados con lanzas bajaron los escalones, temerosos de encontrar algo extraño, pero apenas bajaron unos escalones cuando regresaron a la proa corriendo ¡el lugar apestaba de forma horrible! Un chamán les dio unos cubre bocas con hierbas, a fin de que pudieran aguantar mejor el olor, y bajaron otra vez.
Era un cuarto desorganizado, con mantas de piel maltratadas y unos artefactos extraños hechos con cristal. Hallaron también cuchillos muy bien hechos y un escudo de madera pintada en rojo. Pero lo que más les asustó fue el cuerpo putrefacto de una mujer, la causa del mal olor; por el deterioro del cuerpo debía tener unos dos meses muerta, como mínimo, y portaba las ropas más extrañas que jamás hubieran visto.
El cuerpo estaba lleno de gusanos y tan descompuesto que no podían ver sus facciones, pero supieron que era una mujer porque el cabello de su cráneo estaba trenzado, y además llevaba en el cuello una trenza de cabellos rubios. Los sabios pensaron que esa trenza rubia debió pertenecerle a un ser querido, ya muerto, y que la mujer lo usaba a modo de amuleto. La tradición gustó y en las próximas generaciones, muchas mujeres usarían trenzas o collares hechos del cabello de sus familiares difuntos.
No sabían de dónde venía esa mujer, ni porqué había muerto, pero sus cosas eran buenas. Enrollaron el putrefacto cadáver en las pieles maltratadas y murmuraron unas cuantas frases a sus dioses, luego echaron el cadáver al mar y lo contemplaron desaparecer al interior del mar. Los chamanes bendijeron el barco esa tarde, y en la noche repartieron todas sus cosas, para el día siguiente no quedó nada, pues desmantelaron toda la madera y la usaron en sus propias chozas.
Jamás supieron que ese barco perteneció a Morgana, una pirata temida al otro lado del mundo y que murió perdida en el océano. En sus últimos días, Morgana estaba muerta de miedo porque llevaba semanas sin encontrar tierra y la sorprendieron dos tormentas en el mas. La antaño despiadada mujer enfermó por la inanición y pasó sus últimas horas delirando, con fiebres, alucinaciones y espantosos calambres en todo el cuerpo, antes de morir llorando por piedad ante dios. Ella, quien se creía muy cristiana, fue lanzada al mar sin la bendición de ningún sacerdote, y su putrefacto cuerpo vagó en las mareas muchas semanas, hinchándose y deteriorándose más, sin que ningún tiburón deseara comerlo, hasta que una tormenta desmembró su cuerpo y sus pedazos corruptos se perdieron al fondo del océano, donde nada ni nadie podrá nunca evocar su recuerdo.
NOTAS:
1.-Orkney es una isla al norte de Escocia. Me pareció un buen lugar a donde Heather podía llegar, la verdad no sé si hay castillos ahí, eso lo inventé yo. Quería desquitar el espíritu aventurero de Heather.
2.-Los "Rus" fueron un pueblo, presuntamente de origen vikingo, que se instalaron en la actual Rusia.
3.-El barco de Morgana llegó al norte de Canadá, cerca de Groelandia. La verdad, no pensé mucho sobre Morgana, desde que empecé el fic quería que ella muriera en altamar y me pareció la mejor forma de demostrar que no quedó nada de ella, ni el recuerdo, porque todos en Berk continuaron con sus vidas.
¿Les ha gustado? Ya solo queda el epílogo, donde Hiccup y Astrid tendrán a su hijo, y será el cierre definitivo del fic. Siento que, cualquier cosa que agregue, estará de más, y si bien no estorbaría tampoco aportaría gran cosa. El núcleo de todo este fic fue el crecimiento de Hiccup y Astrid, como personas, como esposos y como Jefes, y eso ha quedado perfectamente demostrado desde el capítulo anterior. El epílogo será solamente para reafirmar y concluir el crecimiento que ya hemos visto. Ojalá hayan disfrutado mucho de este capítulo, y les haya sacado una o dos sonrisas.
Mil gracias por leer ¡nos vemos pronto! saludos, besos y abrazos.
