NADA DE ESTO ME PERTENECE, LOS PERSONAJES SON DE DREAMWORKS, SOLO ME DIVIERTO ESCRIBIENDO

¡Hola a todos! Pues, aunque no puedo creerlo, aquí está el final de fic. Llega en el momento justo, porque esta semana se estrena Cómo entrenar a tu dragón 3 aquí en México, lo cual me causa emociones encontradas. Por un lado quiero y ansío ver esa película, pero por otro lado, me resisto a pensar que es el final. Al menos no es el final para mí, porque tengo otro fic de HTTYD planeado y que pienso subir en las próximas horas. Ahora bien, concentrándonos en éste, debo decir que la idea original de este fic era más corta, pero conforme lo fue desarrollando, y también gracias a sus bellas palabras, conseguí darle una forma más concreta y de la cual me siento más satisfecha. Este capítulo final es algo corto, a comparación de otros capítulos de este mismo fic, pero confío en que les gustará (para ser sincera, no creo que pueda decir más cosas de las que ya dejé establecidas).

Reviews:

Nieve Taisho: Hermosa, tus palabras siempre me alegran el corazón, yo tampoco entiendo cómo llegó este final. Para serte franca, sí tengo pensaba una especie de secuela, pero no estoy aún segura de cómo hacerla y por eso no la anuncio, necesito tomarme algo de tiempo con este fic. Lo más importante es que te gustara tanto ¡besos!

Monroe21: Yo tampoco puedo creer que el fic ya termine, es como un bebé que crece y se va de casa T_T

Guest: ¡Muchísimas gracias! besos 3

Vyreco: ¡Guadalajara, Guadalajaraaa! (léase con el tono de la canción jeje) ay que hermosas las tierras tapatías, tengo una relación amor/odio con Jalisco pero a ti te mando todo mi amor 3 En lo que respecta al fic me alegra que Cedric se haya podido redimir al menos en parte, fue un personaje que me sorprendió porque no pensé darle tanto protagonismo al inicio, pero simplemente se dio. En cuanto al hijo, no te daré spoiler, disfrútalo al leer c:

jaylis-sama: ¡Mil gracias! quería que la muerte de Morgana se sintiera así, poderosa pero al mismo tiempo insignificante, que se notara que los dioses se encargaron de borrar hasta su memoria... que bueno que lo disfrutaras c;

Melanie Villamar: Siempre he imaginado a Hiccup como un hombre paternal, y eso lo quise desquitar jeje. Sobre Morgana quizá fuera cruel, pero no olvides que esa loca le cortó el cabello a Astrid... bueno, además de otras cosas, era una mujer mala como Teresa (ok, mal chiste, perdona) ¡saludos y besos!

RoxFiedler: ¡Graciaaas! tus comentarios siempre me alegran muchísimo, es que me emociona que te emociones tanto con el fic. Disculpa por la doble notificación, a mí también me pasó y no supe porqué, habrá sido un problema de FF. Espero, de verdad, que este capítulo final te guste, no sabes cuánto apoyo sentí en tus mensajes, siempre me inspiraron mucho ¡saludos! 3

Ahora sí, a leer c:


XV

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"Esto, es Berk" –Hiccup.

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Berk era un pueblo que se jactaba de haber tenido grandes líderes durante generaciones, guerreros fuertes que cuidaron de su gente y le dieron prosperidad al archipiélago entero, cuyas hazañas heroicas los volvían dignos de himnos y canciones.

Estaba el gran Haddock Ancest, quien guio a los Hooligan desde el norte por los espantosos mares de hielo hasta llegar a Berk, fundando una aldea grande y próspera, ayudando a todos sus súbditos dándoles los más sabios consejos, susurrados por los mismísimos dioses (según el mito).

Luego estaba Hiccup Haddock I, su hijo, que se convirtió en el guerrero más fuerte y poderoso en más de cincuenta islas. Peleó contra ejércitos enteros y se cuenta que tenía un salón lleno de todas las espadas de sus enemigos caídos en el combate (también de las colas de los dragones que mató, pero ese detalle se había ido olvidando desde que se diera la paz con los dragones).

El poderoso Almennt Haddock y su flota, la más grande en siglos, conquistó todos los mares del norte y llenó a Berk de oro por muchísimos años. Se dice que ni los piratas más importantes tuvieron el valor de enfrentársele, y los pocos que lo hicieron, vieron sus barcos en el fondo del mar.

Gullen Haddock era el arquero con la vista más fina y ágil en todas las islas, podía darle al ala de una mosca al otro lado de la habitación, y usó esa habilidad para matar a los generales de sus enemigos a muchos metros de distancia. Al ganar tantas guerras, mandó la construcción del Gran Salón, con la monumental escalera tallada en piedra y la pequeña plaza que servía a todos en Berk para reunirse.

Grimbear el Horrible, rey absoluto de todo el archipiélago, conquistó cada una de las islas que pisó, y llenó a Berk de tanta gloria y oro que aún hoy en día se ven estatuas de Grimbear en pueblos lejanos que los hooligan no han visitado en décadas. Se dice que podía pelear con dos espadas al mismo tiempo y que, cuando gritaba, los rayos de Thor caían al campo de batalla.

En su juventud, Stoick the Vast fue conocido por ser el mejor guerrero contra dragones en siglos, además de un excelente emisario que le dio acuerdos comerciales bastante productivos a Berk. Podía arrancar con sus propias manos las extremidades de los dragones y de humanos, o al menos eso se decía. Cuando la paz con los dragones se concretó, siguió siendo un líder sabio y un guerrero excepcional.

Por último, y no menos importante, estaba el gran Hiccup Haddock III, si traer la paz entre vikingos y dragones no fuera suficiente para colocarlo en los libros de historia, también fue un incuestionable soberano, valiente guerrero y hombre audaz. Sus batallas contra Red Death y Drago fueron escuchadas en todas partes del archipiélago, haciendo que se formara un sano respeto hacia el líder de Berk. Pero después de la Batalla del Archipiélago, donde Hiccup dirigió a tantas tribus diferentes para derrotar a unos continentales, su nivel de fama creció y nada pudo detenerla.

En donde se escuchaba su nombre era respetado, y todos los jefes lo consideraban el hombre más digno. Tanto era el nivel de poder e influencia que Hiccup había logrado –sin proponérselo– entre todos, que en el nacimiento de su primogénito, casi todos los jefes y personas importantes acudieron a Berk para felicitarlo y darle presentes al bebé.

El nacimiento de los hijos de un Jefe siempre había sido celebrado, pero no había precedente para la cantidad de festejos y obsequios que llevaron en esa ocasión. Valka daba fe de eso, cuando Hiccup nació llegaron pequeños obsequios en honor al bebé, anexando rezos a los dioses por su salud y cartas con sus felicitaciones, esperando que el niño creciera fuerte y sano. Todos esos obsequios fueron colocados en un cofre en la Sala Común, para que todo el pueblo pudiera verlos.

Pero cuando nació su nieto fue distinto, llegaron cartas desde luego, dedicándoles bellas palabras con sus mejores deseos, y unos días después, se asomaron los barcos a distancia. Mala, Dagur, Heather, Alvin, Atali, Fishleg, Gustav y otros jefes menores llegaron en persona, presentando sus obsequios al bebé y reiterando sus respetos a Hiccup y Astrid. Era en definitiva un modo de proceder completamente nuevo, y lo más sorprendente, es que eso había nacido de ellos.

Valka conocía bien a los vikingos, eran tercos y orgullosos, cualquier tipo de comportamiento que pudiera considerarse sometimiento era rechazado en automático y respondían con furia. Pero ahí estaba, una fila de líderes vikingos reiterando su respeto hacia el recién nacido de otro Jefe… casi como si rindieran pleitesía.

Estaba impresionada, y contrariada, ese comportamiento era tan extraño que no podía comprenderlo y tampoco estaba segura de qué pensar. Por lo pronto, se limitaría a actuar como una abuela: no perdía oportunidad de cargar al pequeño bebé y de ver sus primeras reacciones ¡era tan hermoso! Hiccup y Astrid estaban muy contentos, y todo el pueblo también celebraba con ellos.

Apenas nació el bebé, todos gritaron emocionados y se empezó a servir grandes cantidades de hidromiel y algo de vino en el Gran Salón. Se bebía y se comía con gusto, cantando a los dioses para que le dieran salud al niño. Todo eso era el preámbulo de las ceremonias que se harían cuando presentaran al bebé, pero el nivel de felicidad era muy contagioso y casi todos continuaron con los cantos en sus casas, Berk prácticamente no durmió esa noche.

¡Y es que todos estaban contentos! Ella, Patrick y Helga habían acaparado al bebé como buenos abuelos consentidores, encantados de cada uno de sus movimientos y disfrutando el simple hecho de verlo dormir. En el Gran Salón, Gobber había hecho un brindis conteniendo las lágrimas en honor del niño, al cual todos se unieron. Tuffnut y Ruffnut se habían autoproclamado padrinos del bebé, y hablaban sobre todas las cosas que querían enseñarle, mientras Snotlout no podía en duda que él sería el tío favorito que enseñaría al niño "las cosas que importaban en la vida".

Pero nadie podía superar la felicidad de Hiccup y de Astrid, obviamente, los orgullosos padres permanecían en casa con su hijo, esperando que pasaran los primeros días antes de presentarlo formalmente, como dictaba la tradición. En esa noche de fiesta, donde todo Berk parecía brindar por sus propias expectativas, la feliz pareja permanecía ajena, disfrutando su primera noche con un nuevo integrante en la familia.

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Todo había pasado de forma tan lenta, y al mismo tiempo, tan rápida, que Hiccup no tenía claro ningún recuerdo de las últimas horas. La combinación del estrés y expectativa le jugaron una muy mala pasada, aun así, todos comentaron que reaccionó a la altura de la situación, y aunque él no lo creía, llegado ese momento no importaba nada.

El día había sido completamente normal, se despertó temprano para prepararle un desayuno a su esposa y convivir un poco con ella, estaban a un mes de la primavera, y aunque las despensas estaban muy bien en Berk, Hiccup acostumbraba revisar todo el día la producción y distribución de comida por precaución ("Asegurar el alimento de tu pueblo es la principal tarea que jamás debes olvidar, sin comida, no existe nada más" le repitió Stoick en reiteradas ocasiones).

Las últimas dos semanas Astrid había estado muy cansada, su vientre comenzaba a pesarle más, causándole dolor en la espalda y tobillos, haciendo que durmiera poco o de forma irregular. A pesar de eso, estaba contenta, porque Gothi aseguraba que el embarazo iba perfectamente y que estaría dando a luz en una semana. El bebé se movía de forma mucho más inquieta en su interior, lo cual, según Valka y Helga, era señal de que estaba sano y listo para llegar al mundo.

En el transcurso del día nada fue distinto, Hiccup cumplió con sus deberes mientras Astrid pasaba el día en la casa de su madre. No era recomendable que se esforzara mucho, pero ya que se aburría de estar en un solo lugar, Astrid pasaba algunas tardes con sus padres y otras tardes con Valka o con los amigos (En todo momento Stormfly se mantenía a su lado, escoltándola de esa forma mimosa que tienen los dragones, y en algunas ocasiones también la acompañaba Toothless) Hiccup pasó por ella a la casa Hofferson en la noche y la escoltó a su hogar, donde cenaron, charlaron y se fueron a descansar. Esa noche Astrid pudo conciliar el sueño más rápido.

Pero en la madrugada la despertó un dolor en el vientre, ya antes había tenido algunos dolores –Gothi dijo que era normal en el primer embarazo, y que no debía alarmarse mientras no hubiera sangrado– se acomodó mejor en la cama e intentó dormir, ya estaba casi dormida cuando sintió otro dolor. Al pasar los minutos, se dio cuenta que los dolores, aunque pequeños y soportables, eran constantes, y eso comenzó a preocuparla.

—Hiccup—lo llamó y meneó su hombro—Despierta, Hiccup.

¿Hmm?

El Jefe de Berk estaba acostumbrado a despertarse en la madrugada, ya fuera por algún antojo o porque su esposa se removía demasiado al no conciliar el sueño.

—Me siento extraña—colocó una mano sobre su vientre—Tengo unos dolores muy extraños.

—¿Qué?—ante la palabra "dolor" Hiccup se irguió rápidamente, más espabilado—¿Cómo te sientes? ¿Llamo a Gothi o…?

—No, mejor llama a mi mamá, ella…

¡Auch! Astrid se inclinó sobre su vientre, ese dolor fue más intenso. Hiccup se puso de pie de un salto, se colocó la capa y botas y corrió por los escalones, después regresó subiendo.

—¡No tardo!—le dijo, y volvió a bajar.

Regresó diez minutos después con Helga Hofferson y con Gothi, pero para ese punto Astrid ya sabía que estaba pasando. Unos minutos después de que Hiccup se fue rompió en fuentes, oficialmente estaba de parto.

—Respira, hija—dijo Helga, sentándose al lado de Astrid y sosteniéndola la mano—Respira profundo y cálmate.

Pero por su expresión, Astrid estaba lejos de permanecer calmada ¡estaba en trabajo de parto! El bebé ya estaba naciendo y aunque llevaba nueve meses preparándose para eso, tenía miedo y dolor, mucho dolor.

—Hiccup…—susurró Astrid—¿Dónde está?

—Aquí estoy, aquí estoy—respondió él, besándole el dorso de la mano en repetidas ocasiones.

Gothi negó enérgicamente, Helga se inclinó al lado de su hija y le dijo en tono mimoso.

—Cariño, Gothi debe colocar unos amuletos especiales para que el bebé nazca bien, y es necesario que Hiccup no se quede aquí.

En realidad, ambos sabían muy bien de esa tradición, pero en el momento del estrés aquello les molestó. Hiccup besó la frente de Astrid dulcemente.

—Estaré abajo—le dijo, luego agregó en voz baja—Y subiré cuando sea el momento

Antes de que bajara, Gothi le dio indicaciones de que preparara un té especial para mitigar el dolor. Cuando hubo puras mujeres en la recámara, Gothi sacó de su bolso unas runas especiales y unos ramitos de hierbas mágicas, que colocó en zonas estratégicas del cuarto. Como se trataba del hijo del Jefe, por tradición se debían llevar a cabo más rituales y protecciones. Mientras Gothi terminaba, Helga se quedó al lado de Astrid sujetando la mano de su hija y contándole anécdotas para distraerla, aprovechando que los dolores eran aún escasos y pausados.

Hiccup, más atolondrado y nervioso hasta el tuétano, tardó casi media hora en hacer el té, murmuraba incoherencias y no dejaba de dar vueltas entre el pasillo y la recámara ¿qué debía hacer? ¿Cómo podía ayudar? ¡el bebé estaba naciendo! Y todas actuaban como si él estorbara en la casa.

Al amanecer, todos en Berk se enteraron de que Astrid entró en labor a media madrugada. Gobber y Snotlout llegaron con Hiccup para darle ánimos en la sala de la casa –y de paso, mantenerlo un poco lejos del cuarto principal, pues desesperaba a Gothi– convenciéndole de que no podía hacer absolutamente nada más que sentarse y esperar.

Eso hicieron, Valka llegó también con comida e hidromiel para los hombres, y un té especial para Astrid. Era casi mediodía cuando Valka se asomó por las escaleras y dijo:

—No hay novedades—y subió otra vez.

¡Esto era demasiado! Hiccup se puso de pie y corrió detrás de su madre, asomándose por la puerta ¡era su casa, era su esposa, y era su bebé, por los dioses!

Astrid permanecía recostada en la cama, con una mueca de dolor y cubierta en sudor. Helga pasaba trapos fríos sobre su frente, consolándola. Valka parecía estar haciendo lo mismo, pero cuando vio a su hijo se puso de pie y le dijo:

—Espera abajo, Hiccup, te hablaré cuando nazca el bebé.

—Necesito saber en qué puedo ayudar.

—No hay mucho que puedas hacer, más que esperar. Te prometo que te hablaré para que veas a tu hijo nacer, pero por mientras no perturbes más a Astrid.

La rubia, que parecía no escuchar absolutamente nada de dicho encuentro, respiraba con dificultad y se removía en la cama. Hiccup suspiró resignado y bajó, sentándose en el sillón y cubriéndose el rostro con ambas manos. Afuera de la casa, el resto del pueblo intentaba continuar con su día sin molestar en absoluto al Jefe, pero estaban atentos a cualquier novedad.

Las horas se fueron extendiendo, Gobber fue al Gran Salón por comida para todos, pero Hiccup apenas mordió dos bocados. Snotlout, Tuffnut y Ruffnut hablaban y bromeaban con Hiccup, sin importarles mucho que él no los escuchara tanto. Incluso empezaron a jugar entre ellos, incluyendo a su distraído Jefe.

En todo momento, Toothless se la pasó recostado cerca de Hiccup, sabía que la compañera de su amigo estaba de parto y también sabía que ese proceso era más complicado entre los humanos. Él y Stormfly estaban muy tranquilos, poniendo atención a sus humanos, que se veían tensos y nerviosos, aunque los dragones también estaban preocupados mostraron el mejor de los comportamientos, en parte, porque eran sensibles a la tensión del momento.

A media tarde, Astrid no pudo soportarlo más y gritó, su agudo grito se escuchó en toda la casa; llevaba once horas en trabajo de parto y aunque soportó los dolores de forma heroica, estaba ya muy cansada y el dolor solo aumentaba. Las contracciones eran más intensas y seguidas, y el té estaba dejando de hacer efecto.

Cuando escuchó a Astrid gritar, Hiccup suspiró y se mordió el labio, sabía que no podía hacer absolutamente nada, pero le dolía saber lo mucho que su esposa estaba sufriendo. Se puso de pie e hizo más té en la cocina, el cual llevó a Valka, aunque Astrid lo bebió rápidamente ya no pudo disminuir sus dolores, pues el proceso estaba muy avanzado. Helga y Valka le dieron dos trapos amarrados para que pudiera estrujarlos y morderlos cuanto quisiera.

Ambas señoras intercambiaban miradas de preocupación, el parto llevaba muchas horas, Astrid estrujaba los trapos de forma violenta y soportaba el dolor heroicamente, pero estaban desesperadas de verla sufrir. Limpiaban su sudor con agua fresca, le acariciaban los brazos, las manos, el cabello, y tarareaban canciones dulces para calmarla. Ambas recordaban muy bien sus propios partos, y sabían en carne propia el dolor, la confusión y la desesperación que se sentía.

Para el crepúsculo los dolores eran tan intensos que Astrid sollozaba en todas las contracciones, gritando a veces y con lágrimas cubriendo sus mejillas. Helga Hofferson tuvo que acercarse a la ventana un momento para respirar y calmarse a ella misma, Astrid llevaba catorce horas en trabajo de parto, y aunque todas las mujeres primerizas tardan más en dar a luz, le parecía que eso ya era demasiado.

En la planta baja, Hiccup farfullaba y daba vueltas en la habitación, aunque su postura ponía a todos nerviosos, nadie se atrevía a decirle nada, porque estaba muerto de la angustia y estrés. Afuera, una nada discreta multitud se reunió alrededor de la casa, Astrid llevaba todo el día en trabajo de parto y comenzaba a preocupar a los mayores y a las mujeres.

Solamente Gothi parecía estar tranquila, la anciana había visto todo tipo de partos y cuerpos en su vida y sabía que Astrid, aunque cansadísima, estaba bien. En un momento, Astrid sintió una contracción muy dolorosa, la cual hizo que se irguiera en la cama y gritara, entonces Gothi removió las sábanas para revisarla y sonrió, al fin estaba lista.

Valka corrió escaleras abajo:

—¡Hiccup, sube, rápido!

Ni bien terminó de mencionar una palabra cuando Hiccup ya estaba corriendo escaleras arriba. Astrid, cansada y adolorida, gritaba constantemente y estaba cubierta de sudor. Inmediatamente Hiccup se puso de cuclillas a su lado, sujetándole la mano y acariciándole el cabello.

—Astrid, ya casi, ya casi…. —fue lo único que pudo decir.

Sólo diez minutos después, Astrid dejó caer los hombros y suspiró pesadamente, mientras el llanto de un bebé se escuchaba por todo el cuarto. Gothi acunó al bebé en unas mantas y lo limpió con agua tibia, en movimientos rápidos y diestros, llevándolo ante sus padres.

Todo el cansancio pareció esfumarse en Astrid, quien sostuvo al bebé rápidamente, con rostro lleno de amor y añoranza. Era como un muñeco, pequeño y totalmente rosado, apretaba sus diminutos puños al llorar, pero pareció calmarse cuando lo sostuvo su madre. Astrid lo acunó y susurró una melodía, tenía la voz ronca, pero se las ingenió para sonar relativamente clara.

—Hola, amor mío…

Finalmente, el bebé dejó de llorar, y Astrid lo abrazó con más fuerza, besándole la cabeza tiernamente. Hiccup contempló toda la escena con lágrimas en sus ojos, estiró la mano para acariciar el rostro de su bebé, en eso, el recién nacido extendió su pequeño puño, el cual Hiccup sostuvo son asombro. Al sentir ese contacto, el bebé abrió su manita intentando sujetar la gran mano de su padre, cuando Hiccup sintió los deditos de su hijo cerrarse alrededor de su dedo, lo abrumó la realidad de aquel encuentro, y lloró de emoción.

—Es perfecto…

Hiccup y Astrid se vieron a los ojos, y se besaron dulcemente. Hiccup abrazó a su familia, orgulloso y lleno de amor, mientras Astrid se recostaba al sentir otra vez el cansancio.

—Es un niño perfectamente sano—dijo Helga en tono suave, para no romper el tierno momento—¿Ya tienen pensando un nombre?

—Erik Stoick—susurró Astrid, a quien sólo la emoción de tener a su bebé en brazos la mantenía aún despierta.

—Así será.

Helga, Valka y Gothi salieron discretamente de la recámara, dejando a la pareja a solas. Abajo, todos estaban impacientes, era tanta la tensión que una espada tendría que haberla cortado, pero ninguna dijo nada, eso no les correspondía.

Apenas dos minutos después, Hiccup se asomó por la escalera, con una sonrisa de orgullo y algunos rastros de lágrimas en sus mejillas.

—¡Tengo un hijo!.—gritó extasiado—¡Tengo un hijo!

Entonces todo fueron aplausos, felicitaciones y gritos. Tras recibir los abrazos de sus amigos, Hiccup volvió a subir. Astrid y el bebé estaban completamente dormidos, Hiccup se aseguró de que estuvieran bien cubiertos y se sentó en una silla a contemplarlos, cada segundo que pasaba su pecho se hinchaba más de orgullo y felicidad.

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Según la tradición, a los siete días de nacido el bebé debía ser presentado en el pueblo, para ese punto Astrid estaba completamente recuperada y el bebé había ganado un poco de peso. Vistieron al niño con una pequeña capa de piel, abrochada por el símbolo familiar, una túnica de color blanco con dorado y una manta también de piel, ya que el clima seguía siendo fresco.

Mientras terminaba de vestir a su hijo, Astrid lo contempló fijo. Su bebé tenía el cabello color castaño, como el de Hiccup, y ojos azules como los de ella. Sus facciones hasta ahora seguían siendo infantiles, pero adorables, con el cutis claro y lleno de pecas. Cuando sonreía, dos lindos hoyuelos se formaban en sus mejillas, algo que había heredado de su abuelo materno. Los ojos de su hijo la miraban a ella y a todo a su alrededor con mucha curiosidad, y sonreía todo el tiempo.

Llegada la hora ella e Hiccup caminaron hasta el Gran Salón, llevando al bebé. Todos estaban reunidos esperando por conocer al infante. Se prendió la hoguera y se formaron las filas, Astrid se paró al lado de su esposo y le pasó al bebé, Hiccup acunó a su hijo y después lo elevó un poco, con cuidado, haciendo que todos pudieran ver al bulto envuelto en pieles.

—Les presentamos a Erik Stoick Haddock.

Hubo aplausos y felicitaciones, el bebé se agitó por el ruido, pero su padre inmediatamente lo calmó. Mala y Dagur presentaron sus obsequios: un juego de hacha y escudo personalizados con el símbolo de los Haddock. Atali llevó un broche con el símbolo de las doncellas aladas. Heather llevó un libro de hojas blancas encuadernado con escamas de dragón. Alvin mostró una daga muy bonita. Los clanes familiares también dieron sus regalos, como era la costumbre. El clan Hofferson, que estaba sumamente orgulloso, llevó túnicas azules y pieles para las futuras ropas del niño. Los Jorgenson llevaron un yak cocido para el banquete. Los Thorston un juego de brazaletes guerreros que el bebé podría usar en la infancia. Finalmente, Gothi hizo su tradicional predicción sobre el futuro del bebé, del cual auguro una vida larga y una época de prosperidad para Berk.

Y así fue como Berk, después de una batalla decisiva en donde pusieron a prueba las alianzas de sus amigos, y su propia fuerza, se llenó de fiestas consecutivas durante dos semanas. Hiccup y Astrid, los Jefes de Berk, estuvieron presentes en casi todas, al mismo tiempo que disfrutaban de su bebé recién nacido y aceptaban los consejos y las bendiciones que les daban sus amigos y familiares.

Esculpido en piedra, a las afueras del Gran Salón, estaba la estatua de Stoick Haddock, difunto Jefe, pero ahora no causaba el mismo impacto que antes. Meses atrás las gentes de Berk volteaban a la estatua para pedirle bendiciones y protección, ahora nadie se detenía a hacer eso. Los niños volteaban al cielo para ver la silueta de un Night Fury, y los adultos acudían a su Jefe cuando lo necesitaban sin dudarlo. De la noche a la mañana, Hiccup Haddock fue sinónimo de fortaleza y de seguridad, sin percatarse de cómo, el joven entrenador de dragones había consolidado su posición.

Pero Hiccup no pensaba realmente en eso, él trabajaba de día como acostumbraba –sin notar que ya no estaba cansado ni necesitaba del té todo el tiempo– y se apuraba para llegar temprano a casa, donde su esposa y su bebé lo esperarían. En esos días volaba a Stormfly, porque Gothi opinaba que no sería bueno para Astrid volar en dos meses más, pero los dragones estaban emocionados por el bebé y tampoco demandaban tanta atención. De hecho, en esos días, todo era alegría y tranquilidad.

Con puertas cerradas, al interior de la casa Haddock, podía respirarse una felicidad y calma que contrastaba mucho con el estrés, la desconfianza y el hastío que habían vivido meses antes. La inseguridad de Hiccup había cedido a la fortaleza, y la terquedad de Astrid a la comprensión. No fueron conscientes de cómo sus mentes y caracteres cambiaron tanto, de hecho, casi nadie se detuvo a analizarlo, pues no parecía importar ya. Finalmente, después de un proceso difícil y complicado, en sus mentes y almas había paz.

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Escena extra

En Meginberk las construcciones se habían acelerado para que no tomaran por sorpresa a los hombres en las heladas, y después de cuatro meses de muy arduo trabajo, casi la totalidad de la villa estaba terminada. La sala común era pequeña pero acogedora, y estaba muy céntrica en relación a las demás casas de los meginlands. Como tuvieron libertad de construirlas a su gusto, se esmeraron en crear chozas amplias y bien diseñadas, con algunas aportaciones de las construcciones vikingas para que soportaran mejor el clima frío del norte. Las acequias permitieron levantar una cosecha antes de la helada, y el depósito funcionó muy bien –aunque Fishleg quería ampliarlo en el verano– lo mismo que las parcelas para los animales.

Gracias al liderazgo de Fishleg, no pasaron ni hambre ni frío en el invierno, los meginlands estaban adaptándose también a las costumbres vikingas. Por ejemplo, llegado el invierno, celebraron el Snoggletog con los vikingos, intercambiando incluso algunos regalos. Estaban a gusto en esa aldea, donde podían trabajar de forma honrada y ser ellos mismos. Periódicamente llegaban cartas de Berk, en donde les ponían al tanto de las situaciones generales del archipiélago y les instaban a mejorar su aldea. De hecho, Fishleg y Chris habían acordado extender los campos de cultivo llegada la primavera, aprovechando el cause de otro río para extender la acequia.

En esos meses, Fishleg y Aly formalizaron su relación, pidieron permiso a sus respectivos clanes y fijaron una fecha para la boda, que sería en el verano. Los meginlands observaron esas tradiciones con mucha curiosidad, estaban felices de que su jefe bonachón y su dulce sanadora unieran sus vidas; con el pasar del tiempo, habían bajado sus defensas y desarrollaron un sentimiento de fuerte camaradería hacia los vikingos que vivían con ellos.

Cuando faltaba poco para la primavera llegó la noticia del nacimiento del hijo de Hiccup, y se decretó un día de fiesta. Fishleg estaba contentísimo por sus amigos, así que dejó a Aly a cargo y viajó personalmente a Berk un par de días. Regresó más feliz, con un yak entero y dos barriles de hidromiel para hacer un banquete especial.

El banquete se hizo a nombre del recién nacido Erik Stoick, todos los meginlands comieron y bebieron hasta saciarse, repitiendo a gritos el nombre del heredero de Berk. La asimilación fue tan paulatina y amena que, en los días posteriores, y sin que nadie se los pidiera, organizaron una canasta de frutos y legumbres para mandar como regalo al heredero. Fishleg estuvo conmovido por el gesto y lo mandó inmediatamente a través de dragones.

Así fueron pasando los días y las semanas, con Meginberk creciendo y haciéndose más próspera, si bien al inicio surgida como una combinación de tradiciones continentales y vikingas, paulatinamente, era más vikinga que muchas otras aldeas en el archipiélago.

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Epílogo

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Valka se levantó temprano esa mañana para poder llegar a la casa de su hijo, tal y como adivinó, todos seguían dormidos. Los únicos despiertos eran los dragones, pues Stormfly y Toothless estaban echados sobre el techo haciendo acopio de paciencia, cuando la vieron, volaron hacia ella, Valka los saludó efusivamente, como era su costumbre, y acarició sus escamas con ternura prometiéndoles pescado.

Entró a la casa despacio, rebuscó en la cocina hasta encontrar seis pescados, que lanzó por la ventana hacia los dragones. Después subió los escalones suavemente, a fin de no hacer ruido, asomándose a un cuarto de la segunda planta. Ahí estaba una cuna, a la cual se asomó con una enorme sonrisa. Miró al bebé regordete que yacía profundamente dormido, tenía muy buen peso para sólo tener ocho meses de edad. Valka le contempló dormir, el pequeño pecho del bebé subía y bajaba acorde a su respiración, en un movimiento hipnótico.

Como no dejaba de verle, detectó el segundo exacto en que la bebé despertó, pero parecía haber despertado de un sueño placentero, pues la bebé se removió tranquila sin hacer gestos de llanto. Aun así, Valka la cargó y cantó al mismo tiempo, arrullándole suavemente y dejando que la bebé se acoplara a su pecho; como disfrutó muy poco de la infancia de su hijo, Valka no se perdonaba perderse un solo momento en la vida de sus nietos.

Bajó con la bebé en sus brazos y se asomó por la ventana de la cocina, en donde Toothless y Stormfly estaban terminando de comer. Al verla los dragones se acercaron, y más aún hacia la bebé, olfateándola. Desde que nació la olfateaban todo el tiempo para no olvidar el aroma del miembro más reciente de la familia.

—¿A poco no es hermosa?—dijo—Tiene el mismo cabello rubio de su madre.

La bebé, ya tranquila, observaba a los dragones con mucha curiosidad, acercando sus manitas aún torpes hacia ellos para tocarlos. Valka contempló todo eso, hasta que unos pasos rápidos bajando las escaleras hicieron que volteara.

—¡Abuela, abuela!—dijeron los niños.

Erik tenía ya 7 años, mientras que Ethan recién había cumplido los 4 años de edad. Ambos niños la rodearon demandando atención, y por el ruido que hicieron, la bebé empezó a llorar.

—Ariadna siempre llora—se quejó Erik—¿Por qué, abuela?

—Porque es muy pequeña, y ésta es la forma en que se comunica con nosotros.

—¡Es una forma muy molesta!

—Puede ser—la acunó y meció, sintiendo cómo se calmaba la bebé—Pero no te preocupes, cuando crezca empezará a hablar y llorará menos.

Arrullando a la bebé y escuchando a sus nietos, pero no pudo evitar distraerse cuando los vecinos comenzaron a gritar. Eran Spitelout y Snotlout Jorgenson, que correteaban a sus amigos y familiares para poder terminar los preparativos de la boda a tiempo (Snotlout se casaría con una linda muchacha de clan menor, nadie entendía cómo la había conquistado) para la cual llegaría Fishleg con su hijo pequeño. Parte de la boda la organizaban los gemelos, que de alguna forma ya se habían casado (con otra pareja de hermanos, de hecho, mellizos no idénticos) y toda la aldea hacía apuestas para ver si las parejas se embarazaban al mismo tiempo, como habían prometido. A todos esos acontecimientos Valka sonreía, sorprendiéndose del paso del tiempo.

Como los niños ya estaban despiertos, Valka fue a la cocina y recostó a la bebé en una cuna especial sobre la mesa, mientras servía pan fresco y agua a los niños. Como Hiccup y Astrid sabían que ella llegaría en la mañana, seguro dormirían unos minutos más, confiados en que sus hijos estaban bien cuidados.

Ya que los deberes de Jefes los consumían a veces, Valka se turnaba con Patrick y Helga para cuidar de sus nietos desde tempranas horas de la mañana. Fue una rutina que empezó desde que Erik nació, y que se fue perfeccionando cuando llegaron Ethan y Ariadna. En los últimos meses Hiccup y Astrid habían tenido más trabajo, pues las heladas se extendieron y estropearon la mitad de las cosechas, metiendo en algunos problemas a las bodegas de Berk.

En las últimas semanas Astrid revisaba personalmente todos los campos de cultivo en Berk, mientras que Hiccup con otros hombres buscaban terrenos nuevos que fueran fértiles en el lado oeste de la isla. Confiaban en que la próxima cosecha sería abundante, de lo contrario, podrían vérselas difícil en invierno.

Tanto Gustav como Fishleg mandaron reportes muy alentadores, comentando que en sus islas las heladas no se sintieron tanto y que sus bodegas estaban al tope, así que podrían mandar provisiones a Berk si eso era necesario. Aunque Hiccup no estaba muy a gusto con esa idea, Astrid ya había sacado el cálculo exacto de cuánto deberían pedir y cómo lo distribuirían.

Por esas preocupaciones la pareja había pasado poco tiempo con sus hijos, pero los niños no lo resentían tanto, en buena parte porque sus abuelos los consentían mucho y tenían pocos ratos para entristecerse. Quizá la más afectada era Ariadna, pues era muy pequeña y a veces sólo Astrid conseguía calmarla, pero eso no pasaba muy a menudo.

—Mira abuela—Erik abrió el baúl de la sala y sacó un cuaderno de viajes forrado en un cuero de color rojo muy bonito—¡Mira! Me lo regaló la tía Heather.

—Es hermoso, Erick ¿ya pensaste qué vas a dibujar en él?—como buen hijo de su padre, Erik era un excelente dibujante y podía pasar horas con su libreta y carboncillo haciendo bocetos en el bosque.

—Sí, quiero hacer un dibujo de mamá y papá.

—Eso sería muy lindo.

—¡Mira, mira! La tía Heather también me regaló algo—dijo Ethan, sacando del baúl un pequeño escudo de juguete y una espada de madera—En su carta, decía que los consiguió en el reino de los Rus ¡y nos señaló en un mapa dónde estaba! es muy, muy lejos.

Valka cargó a la bebé mientras miraba en el mapa cómo sus nietos le señalaban el lugar donde estaba Heather, era realmente lejos, en las tierras del este que cruzaban el mar estrecho. Se preguntó si habría dragones en aquellas regiones, era algo que debía preguntarle cuando volviera a finales del otoño.

En la ventana, los dragones veían curiosos aquella escena, en donde una feliz y orgullosa abuela convivía con sus nietos en la mañana, conforme pasaban los minutos los niños se ponían más y más inquietos, deseosos de salir de la casa y emprender sus aventuras del día.

Mientras tanto, en la recámara de arriba, una pareja permanecía recostada y abrazada en la cama, escuchando los ruidos de sus hijos y la calmada voz de Valka que los cuidaba. Sentían un poco de culpa por fingir que seguían dormidos, pero era extrañamente satisfactorio poder estar recostados, tranquilos, sin responsabilidades al menos un par de minutos.

—¿Sabes, m'lady? Tenemos que bajar.

—Cinco minutos más—dijo, acurrucándose en su pecho.

—Pero m'lady, el Jefe nos quiere en media hora en el Gran Comedor.—le dijo en tono juguetón, besándole la coronilla.

—Y la Jefa nos quiere cinco minutos más en la cama.

Se irguió un poco para besarle los labios, murmurado un "buenos días", permanecieron ahí, recostados y tranquilos diez minutos más, y cuando bajaron –como solía suceder– se enternecieron de ver a su familia jugar en la sala.


FIN


Metanoia, por Nefertari Queen. Finalizado el 21 de enero del 2019

LISTO, oficialmente, este fic ha terminado...

¿Les ha gustado? Ojalá sí. No esperé nunca que este fic tuviera tan hermosa respuesta, ni que se alargara más de lo pensado. MIL GRACIAS por sus hermosas palabras, por su apoyo, y por haber disfrutado conmigo de esta experiencia. Les mando un enorme saludo, un beso, un abrazo, y mis más sinceras bendiciones ¡los amo!

Atentamente, Nefertari Queen.