#5:"El violinista y la dama"

Con la última nota abrió los ojos suponiendo que ya era la hora de volver. Su cuerpo se tensó al ver a su silenciosa espectadora, él nunca había tenido más público que Miku o sus padres y no guardaba buenos recuerdos de ello.

-¿Ya te irás? –lo miraba fijamente, con cierta tristeza. Nunca antes había visto a alguien como ella, claramente perteneciente a la nobleza, alguien que, se podía ver, jamás había sentido lo que era el dolor. Traía el cabello oro corto hasta los hombros y cristalinos ojos celestes. Vestía un yukata con motivos de sakuras, su piel era pálida y toda su persona lucía frágil, como de un material muy especial. Sorprendido como estaba no pudo responderle- ¿No volverás a tocar?

-¿Me estabas escuchando? ¿Desde cuándo?

-Desde… Desde hace bastante… Lo siento –se ruborizó apenada- ¡Lo siento! Si te molestaba… Realmente lo lamento pero no pude evitarlo…

-¿No te entristeció? ¿No sentiste ganas de llorar?

-¿Lo dices en serio? Sé que era algo melancólico pero… era hermoso de alguna manera… -miraba sus pies mientras hablaba.

-¿Crees eso? –no entendía muy bien a qué se refería. Ella se acercó a él y le tendí la mano.

-Llámame Rin, por favor –él estrechó su mano por unos segundos- ¿Cómo… cómo te llamas?

Con aquella pregunta se sintió extraño, de alguna forma ¿importaba quién era? Sentía que podía mentirle, pero ¿para qué? ¿Y si se hacía pasar por alguien más? ¿Para qué? Por alguna razón no quería que ella supiese quién era… Por otro lado, ella se había presentado tan informalmente…

-Dime Len –no podía sonreír pero sintió por un segundo que sería capaz de hacerlo.