#14: "La realidad del violinista"
Tomó aire con fuerza para darse valor y entró en la casa. La chimenea estaba apagada. Dejó el violín sobre la mesa y la encendió.
Siempre había sido un cobarde pero no podía seguir huyendo, tenía que hacer algo por ella, le debía todo: le debía su violín, le debía sus recuerdos, le debía estar allí, le debía seguir con vida.
Esa era su realidad, incolora como era, era esa.
Entró al dormitorio que estaba a oscuras. Reconoció la silueta de la joven acostada de espaldas a la puerta.
-¿Miku? -no respondió pero se encogió más en la cama- ¿Podrías escucharme un momento? ¿Podemos hablar?
-No hay nada que decir, Len -notó la voz ronca, seguro había estado llorando-. No necesito que vengas a contarme mentiras, somos adultos…
Él se sentó en la cama a su lado y puso una mano en su hombro. Por más que ella dijera eso no quedaba otra salida, debía apoyarla. No podía vivir de un sueño.
-No voy a hacerlo -se sorprendió de oírse tan convincente-. La chica de ayer no es nadie especial. La conocí hace unos días a penas, me pidió que le enseñara a tocar…
La joven se giró para evaluar su mirada. Quería creerle, hubiese dado todo por hacerlo pero lo conocía y no podía.
-Tu… Tu le estabas sonriendo… -se le empañaron los ojos. Él acarició su mejilla con delicadeza. De algún lugar en su interior, probablemente del calor que quedaba en su corazón del recuerdo de la chica del árbol de cerezo, consiguió fuerza para sonreírle con ternura.
-Pero a ti te amo, Miku, eres mi compañera de vida -besó su frente acariciando su cabello y salió de la habitación cerrando la puerta.
Si ella lo veía llorar no le creería.
Hola...
Tenía esto abandonado pero últimamente se me dio el toc de no dejar las cosas incompletas.
En este caso es bastante imperdonable porque la historia ya está escrita aunque en papel (¡Ese tiempo en el que escribía en papel!) y sólo me quedaba transcribirla y editarla...
Así que acá esta historia de capítulos cortos volviendo a la publicación.
