#16: "El límite de tiempo del sueño"
Aunque en el fondo sabía que algo como aquello pasaría se había obligado a ignorarlo, a seguir soñando. Era la única forma de evitar el dolor.
Se quedó sentado bajo el árbol hasta que anocheció.
Rin no apareció.
Él guardó su violín.
Suspiró, quizás se había quedado en su casa con su prometido, seguramente tenían algo más que hacer. No podía pretender que estar allí fuese el sueño más preciado de los dos.
Llegó a su casa desilusionado sintiéndose ridículo de darse ánimos a sí mismo sobre verla al día siguiente.
En la puerta de su casa estaba Miku hablando con el noble de largo cabello púrpura, el prometido de Rin. Se había detenido un momento pero se acercó entre extrañado y preocupado.
-No sé qué haces aquí, pero debes irte -oyó a su esposa claramente nerviosa.
-No tenía idea de que vivieses aquí, no vengo por lo que tu crees…
-¡Vete! No puede saberlo, vete… -retorcía el borde de su vestido consternada-. Len no debe saberlo…
-Tranquilízate por favor. Yo no… -veía su panza con el embarazo avanzado y comenzó a temer por su salud.
-¿Qué sucede? -se acercó alarmado.
-¡Len! -comenzó arañarse el brazo con nerviosismo.
El alto hombre hizo una elegante reverencia.
-Buenas noches, Len-san, le pido que no se alarme. -el otro le respondió el saludo- He venido a hacerle una proposición.
Él asintió con la cabeza aún con el ceño fruncido y pasó una mano por la cintura de su esposa para llevarla adentro y que los dejara pasar. Todavía intranquila le dedicó una mirada asustada antes de alejarse a la pequeña cocina para preparar té.
Se sentaron a la mesa y luego de saludarse formalmente y disculparse por la apariencia del pequeño lugar Gakupo se centró en el tema de su visita.
-Len-san, sé que esto va sonar muy rápido y precipitado pero debo pedirle un favor- él volvió a asentir en silencio expectante-. Ayer por la tarde lo vi bajo el gran árbol de sakura de los bosque de la propiedad de la mansión de mi prometida -él se alarmó-. No se preocupe -leyó la incomodidad en su mirada-. Entiendo que Rin admira en gran medida su forma de tocar el violín. Espero que no encuentre incoveniente y pueda hacernos el favor de tocar en nuestra ceremonia. Me encataría complacerla con esto ya que son pocas las cosas que descubrí que le apasionan de corazón y su música es una de ellas. Le pagaré por supuesto y estará allí como nuestro invitado también.
Lo observó unos instantes en silencio sorprendido.
-Supongo que no tengo forma de negarme -estaba confundido-. Aunque debo decir que no soy bueno tocando, no creo que merezca semejante consideración.
-Len-san, se lo estoy pidiendo como un favor personal. Ella está muy melancólica últimamente, me gustaría hacerle todo lo más feliz posible, me temo que extrañará este lugar… Como la ceremonia será también su despedida querría que saliera todo perfecto y ella se sintiese a gusto y usted esté allí… Vi cómo lo escuchaba tocar, Len-san. Además no creo que usted sea malo para nada.
-Debería pensarlo..
-Lo lamento, Len-san, no hay tiempo y debo tomarme el atrevimiento de rogarle que acepte ahora, la ceremonia tiene lugar mañana, por eso he venido personalmente.
-¿Mañana? -se quedó sin aire. No podía derrumbarse todo tan rápido- ¿Cuándo… Cuándo se irán?
-Mañana pasaremos la noche aquí pero al día siguiente a primera hora tenemos preparado el viaje… ¿Ve cuán importante es que esté allí?
-Creo… Creo que no tengo opción -desvió la vista al suelo donde tenía apoyado el violín tratando de recomponerse.
-Es un alivio oírlo decir eso, Len-san -suspiró relajado-. Le pagaré muy bien y le haré llegar la invitación por la mañana para que pueda quedarse al convite -se puso de pie-. Me encataría quedarme más tiempo hablando con usted ya que siempre aprecio conversar sobre música pero según las tradiciones debo ir a cenar con los padres de Rin esta noche… Mañana vendrá uno de mis criados y le dará todos los detalles -lo acompañó hasta la puerta aun distraído casi sin escucharlo. Una vez en la puerta se giró y buscó su mirada-. Una cosa más, Len-san… No quiero parecer alguien que se entromete en los asuntos de los demás pero… ¿Miku es su esposa? -levantó la vista extrañado pero no alarmado.
-Sí, desde hace tres años…
-Ya veo.. -trató de descifrar la mirada del hombre elegante pero le fue imposible- Me despido entonces -sonrió con amabilidad pero se notaba una sonrisa ensayada-. Debo volver a la mansión Kagamine antes de que se me haga más tarde -hizo una reverencia y se alejó.
El joven entró en la casa aturdido por todo ¿había hecho lo correcto?
-Len… -Miku se acercó todavía alarmada por la visita- ¿Qué es lo que te dijo?
Él se dejó caer sobre el único sillón sin escucharla.
Un día. Se casarían y ella se iría para siempre.
No había forma de que sus destinos se unieran aunque sea en ese punto ínfimo del universo que eran las tardes bajo el árbol de sakura.
-Len, por favor… ¿Qué pasó? -se dejó caer de rodillas a su lado- Yo debo confesarte algo…
Se puso de pie en un impulso. Tomó el violín que estaba a los pies de la mesa.
-¿Len? Tienes que escucharme, por favor… -suplicó llorando.
Llegó a la puerta y se detuvo al escucharla llorar.
-Lo siento, Miku, tengo que hacer esto… - se giró a ella poniéndole una mano en el hombro ante su mirada alarmada- No tienes que disculparte por nada, no has hecho nada mal. Volveré, no te preocupes...
Fue un mes complicado pero acá está la continuación.
Se acerca el descenlace...
