#20: "La boda"

Abrió el último cajón de su tocador y sacó un pequeño frasco de cristal con un líquido rojizo. Lo observó con la luz del sol que entraba por su ventana. No dudaría.

Un mundo que no fuese más allá de los tonos grises no le interesaba después de haber conocido lo que era la felicidad. No viviría sin él. Después de esa boda no había retorno, la realidad la consumiría y la apagaría.
Se negaba a aceptarlo.

Tomó aire y con ello juntó valor para beberse el contenido. La puerta de su habitación se abrió abruptamente obligándola a detenerse y a ocultar el frasco en el escote cerrado de su vestido para no ser detenida.

Su madre entró y se puso a su lado. Sonreía emocionada al verla ataviada con todas las prendas blancas de su vestuario de novia.

-Estás preciosa, Rin, no puedo creer que haya llegado este momento -acomodó algunos dobleces del vestido y la tomó por los hombros haciéndola girar al espejo-. Mira lo hermosa que estás.

Ella sólo podía ver el rostro de una persona apresada dentro de los dorados barrotes de la jaula.

-Ya es hora, Kagamine-sama -una de las doncellas se asomó por la puerta señalando la hora. Su voz estaba teñida por la misma emoción con la que le hablaba su madre, la misma excitación ansiosa de aquel que va a presenciar un acto que ha esperado y del que se siente parte aunque sólo sea un espectador.

-Vamos -le acercó el ramo de flores y frunció un poco el ceño- ¡Sonríe, Rin! -espetó imperiosa.

Ella hizo su mejor esfuerzo por complacerla pero sus fuerzas, incluso para fingir, eran nulas.

Fue arrastrada por las manos de su madre escaleras abajo y otra vez como un títere obediente pero gastado dejó que acomodaran su ropa, su velo, su postura y la dejaran en el brazo de su orgulloso padre que la llevaría al altar en el adornado patio de la mansión donde un grupo de personas que apenas conocía la esperaban intrigados y ansiosos.

Salió junto a él y el sol encegueció su mirada unos momentos. La orquesta comenzó a sonar. Caminó automáticamente al lado de su progenitor de manera ensayada cumpliendo el papel que todos querían ver. Un sonido familiar hizo que levantara la vista sorprendida. Eran las cuerdas de un violín.

Había un sólo violín que tocaba de forma acompasada distinta a todo el resto de los instrumentos, como en su propia sinfonía apartada.

A uno de los lados del altar estaba la orquesta en una pequeña tarima adornada con flores blancas. Reconoció rápidamente al violinista de cabellos dorados vestido como el resto del grupo en su traje gris perlado, tocando con pasión su instrumento. No era como siempre ya que no estaba interpretando sus melodías melancólicas y tristes sino un alegre tono solemne aunque le añadía su propio estilo.

Si él estaba allí pidiéndole que siguiera con la farsa le haría caso. Era un mensaje de que su sueño podía seguir adelante. Cerró los ojos aceptando aquello y volvió a abrirlos sonriendo de forma convincente a su futuro esposo parado en el altar. Continúo con la actuación previamente ensayada.

"Sí, acepto". Dejó que la besaran los labios que no le interesaban concentrándose en el violín que no había dejado de sonar, mientras lo escuchara seguiría fingiendo con una sonrisa.

Luego la gente. Los conocidos, familiares, clientes, convidados la saludaron, la halagaron y felicitaron. Soportó todo escuchando las notas del violín, respondió a todos con una expresión alegre como le habían enseñado sin que nadie notara que estaba fingiendo. Era una novia ideal emocionada por el futuro que la esperaba.

En su mente se repetía a sí misma: "Len vino hasta aquí para que escapemos juntos, puedo soportar todo esto". Estaba convencida que podían hacerlo, no le importaba la pobreza, ni morir intentándolo junto a él.


Holaaaa ¿Cómo están?
Yo no paro de tener salidas para festejar a las corridas que se termina el año pero en realidad para mí es exáctamente lo mismo. Mañana no es distinto que ayer... (por qué la filosofía?)
En todo caso espero que hayan disfrutado este capítulo.
¡Arranquen bien el 2019!
(aunque sea mentira-?-)
Nos leemos n.n