#23: "Sueños de pétalos de cerezo"

Percibió su figura de espaldas a ella en la glorieta y los sentimientos la recorrieron con velocidad. Sintió la felicidad y alivio de encontrarlo al fin, sonrió acercándose unos pasos pero su corazón se detuvo al instante, reconociendo el brillo del filo de la daga en su mano. Fue medio segundo de duda que tuvo el violinista antes de trazar un corte preciso sobre su cuello y su cuerpo cayó sin fuerzas instantes después.

-No -la voz se detenía en su garganta paralizada por el pánico- ¡No, Len! -corrió hasta donde se encontraba con lágrimas en los ojos- ¡Por favor, por favor, no!

Cayó de rodillas a su lado pasando las manos por detrás de su cuello para abrazarlo.

-¡Len! ¡Len! -sonrió al verla allí, todavía tenía algo de conciencia, no podía hablar pero deseaba decirle que la amaba- Len.. No me dejes sola, por favor… -se estremecía en sollozos- Por favor…

Le ardía el pecho y sentía un vacío en su estómago. Si él no estaba con ella, si no iban a escapar juntos, si sus almas no iban a estar enlazadas nada tenía sentido. Acarició su rostro que la observaba sereno con una sonrisa mientras las lágrimas caían pesadas por sus mejillas y su vestido blanco se teñía con la sangre que no dejaba de brotar.

Él agradecía estar viendo esa alucinación antes de dejar para siempre ese mundo, era lo mejor que había tenido su vida, apretó su mano con la poca fuerza que tenía ya.

-No me abandondes, Len… -su voz suplicante se entrecortaba.

Quería verla feliz, si era una alucinación ¿por qué lloraba? Ella era… ¿Era realmente Rin? No se suponía que lo viese así, que estuviera con él. Tenía que estar con su esposo, tenía que estar sonriendo olvidándolo lentamente. Su cuerpo se rendía, le pesaban los párpados pero debía hacer algo. Levantó su mano con dificultad para acariciar su rostro y ella tomó su mano con fuerza.

-Por favor -suplicó en un susurro-. Eres al único que amo, Len, nadie más me conoce, no me dejes sola…

"Yo también te amo" hubiese querido decir. Sin embargo no encontraba sus labios y un sopor nubló su mirada haciendo que cierre los ojos sin poder evitarlo.

Rin sintió cómo la dejó y se abrazó a su cuerpo. Aquello había sido egoísta, la había abandonado, la había dejado sola, le había robado lo más importante en su vida: el color.

-¡¿Rin?! -levantó la vista alarmada. Un grupo de personas se acercaba a la glorieta, todavía no la habían reconocido y parecían estarla buscando. Se abrazó con fuerza al cuerpo del violinista que estaba perdiendo su calor.

No iban a encontrarla, no regresaría.

Apoyó con delicadeza el cuerpo en el suelo para tomar el frasco que había escondido. Lo abrió sin dudarlo y vació el contenido en su boca. Aún sin tragarlo, aguantando el ardor que provocaba, lo besó una última vez con suavidad y tomó su mano entrelazando sus dedos. Las lágrimas corrían aún por su rostro cuando ingirió el veneno y se recostó a su lado. El efecto era veloz y pronto sintió cómo se detenía su corazón con un dolor agudo.

En los últimos segundos de conciencia observó su rostro tranquilo y deseó con todas sus fuerzas encontrarlo a él en otra vida, una llena de color en la que pudieran estar juntos y vivir su sueño sin remordimientos y menos lágrimas.

Una vieja leyenda cuenta que dos amantes al cometer suicidio por amor renacerán luego en la piel de hermanos gemelos.


Bueno, acá está el último capítulo.
Lo iba a subir ayer pero no estuve con mi computadora así que disculpen la demora.
Culpen a Shakespeare por el drama. Supongo que se habrán dado cuenta que además de la referencia a Yume Sakura este fic está claramente inspirado en la historia de Romeo y Julieta. Es una reversión del clásico inglés.
Así llegamos al final de esta historia de capítulos cortos que me empecé a publicar allá por junio del 2012 (!).
¡Gracias por haberla leído completa!
Espero que lo hayas disfrutado, si te gustó házmelo saber en un review (Siempre me gusta leerlos y me motivan a seguir escribiendo)