Capítulo 2. Hambre
Cuando despertó se sintió aliviado al darse cuenta que no estaba en una cañería y mucho menos atado en una cama con un trío de locos, se levantó del sillón para estirar su cuerpo y desperezarse. Luego de haber huido de los bastardos psicópatas se encontró con el macho patatas, jamás en su vida se había sentido tan feliz de verlo. Ludwing lo llevó a casa de Feliciano quién lo recibió muy efusivamente después de todo Lovino llevaba una semana perdido, después de contarles su espantosa aventura pensaron en reportar lo sucedido a la policía, pero Ludwing dijo que eso sería una pérdida de tiempo ya que no sabían quién era el sujeto que lo secuestró a parte de que él italiano a penas y recordaba su rostro, no les contó lo sucedido con los ghouls debido a que quedaría expuesto que no lo mataron por aparentemente ser uno de ellos. Molesto y frustrado Lovino se quedó dormido en la sala hasta el día siguiente.
-Fratello el desayuno está listo ve~- dijo desde la cocina al ver a su hermano mayor despierto.
Lovino fue al comedor con mucha hambre, se sentó en la mesa y de inmediato frunció el ceño pues él alemán estaba sentado frente a él.
-¿Qué tenemos para desayunar Feliciano?- ignoró al rubio.
-¡Pasta!- exclamo alargando la "a", sirvió el platillo a sus dos personas favoritas.
El mayor de los italianos comenzaba a sentirse incómodo por la recelosa mirada del alemán desde la noche anterior éste lo miraba de esa forma lo cual le era extraño pues ambos siempre trataban de ignorarse lo más que podían para no generar conflicto.
-Coman que se va a enfriar- Feliciano se llevó un bocado a la boca disfrutando de su desayuno.
La pasta lucía deliciosa pero un horrible olor impedía que el mayor se la comiera -¿qué le pusiste a la pasta?
-¿Eh? ¿Lo de siempre? ¿Por qué preguntas?- lo miró inocente.
-Porque vuele raro.
-A mí me parece deliciosa- comentó Ludwing.
-Tu cállate ni siquiera has probado un poco bastardo, tú tenedor limpio lo prueba- Ludwing dio un pequeño salto al ser sorprendido en su propia mentira pero a los segundos sujetó el cubierto, enredó la pasta en el y lo llevó a su boca incluso salían unos sonidos como prueba de que masticaba.
-Está deliciosa- volvió a afirmar.
-¿Ves Fratello?- tenía una sonrisa de orgullo en su rostro -ahora come.
Miró con duda el platillo pero aun así lo probó, gran error, la pasta le sabía a plastilina mientras que el aderezo parecía pegamento lo que le causó nauseas sin poder evitarlo Lovino vomitó en la misma mesa.
-¿Estás bien Fratello?- preguntó preocupado Feliciano mientras corría a su lado, Ludwing fue por algo para limpiar.
¿Por qué le pasaba esto?
La pasta de su hermano le encantaba aunque no lo dijera en voz alta, algo muy extraño pasaba con él.
Después de ese incidente en la mañana, Lovino prefirió encerrarse en el cuarto de huéspedes a pesar de las insistencias de Feliciano de llevarlo con un doctor, si estuviera enfermo le dolería el estómago y no era así. Rodó un poco sobre la cama creyendo que de esa manera sus ideas se acomodarían, desde que se encontró con ese bastardo de Kanou estaba extraño, tenía ganas de volver a probar la carne humana mientras que la comida común le provocaba nauseas, eso sin mencionar el hecho de que también pasó por experiencias traumantes como por ejemplo despertar en un lugar completamente oscuro, ser atacado por un ser extraño además de haber convivido con ghouls, sin duda todas sus desgracias eran por culpa de ese maldito Kanou. Dejó de dar vueltas y en su lugar llevó sus rodillas a su pecho, su estómago le gruñía por la falta de alimento.
Ludwing caminaba por las tranquilas calles japonesas, hubiera preferido estar con Feliciano en su día libre pero al estar el mayor de los italianos en su casa lo hacían preferir estar en otro lugar, aparte de que tenía que hablar de algo importante con su asombroso hermano mayor. Llegó a una pequeña cafetería pero en lugar de entrar rodeó el local hasta llegar a la parte trasera dónde estaba una puerta de color negro, sacó una llave de su bolsillo para luego abrir la puerta.
-¡Bienvenido monseur Ludwing- saludó efusivamente Francis mientras colocaba la fruta a un pastel.
-Guten tag Francis, busco a mi hermano.
-Gilbert está en la otra cocina- el alemán asintió en agradecimiento.
-Creí que estarías con Feli.
-Yo también- dejó escapar un pequeño suspiró de cansancio a lo que el francés arqueó una ceja pensando en que quizás esos dos tuvieron una pelea.
Ludwing salió de la cocina de la cafetería, encontrándose con una habitación enorme, con paredes de ladrillo rojo, suelo laminado, con varias sillas y mesas de madera, uno que otro cuadro servía de decoración al igual que ciertas flores que reposaban en floreros de cerámica, el local no estaba tan lleno como en otras ocasiones pero si había clientela. La cafetería: El Jefe, era de por sí un lugar pequeño pero acogedor, actualmente el trabajaba ahí junto a su hermano y otros ghouls, el local era parte de la casa donde vivía el bad touch trio, hasta el momento el negocio había prosperado.
Luego de recorrer un pequeño tramo llegó a una puerta de madera dónde Ludwing pudo entrar a la verdadera casa del Bad Touch Trio, el nombre por el cuál se hacían llamar los mismísimos hombres, aunque para el rubio alemán era un nombre cursi.
Fue a la cocina de la casa en busca de su hermano y en efecto ahí se encontraba con un gran vidrio entre manos, una caja de herramientas estaba sobre la mesa y Gilbird se encontraba encima de ésta picoteando una de sus alitas.
-Bruder- dijo para hacerse notar, pero Gilbert estaba tan sumido en sus pensamientos que al escucharlo se espantó, soltó un grito poco masculino y estuvo a punto de tirar el vidrio que sostenía.
-Oh eres tú west- respondió superando el pre infarto que acababa de experimentar.
-¿Qué estás haciendo?
-Tú asombroso hermano está arreglando la ventana.
-¿Tuvieron otra pelea?- no era de sorprenderse llegar a la casa del bad touch trio y encontrase con ventanas y puertas rotas ya que estos discutían por cosas sin importancia y destruían todo a su paso, eso incluía la vajilla de Francis importada desde París.
-Aunque no lo creas está vez no fue por una de nuestras fervientes peleas.
-¿Entonces qué...?
-Fue un chico- interrumpió a su hermano.
-¿Qué?
-El otro día íbamos los tres en el auto y atropellamos a un chico, pensamos que lo habíamos matado así que lo trajimos a la casa para comérnoslo kesesesese- acomodó el vidrio nuevo en el marco de la ventana -pero después nos dimos cuenta que seguía vivo y que era uno de nosotros así que le dimos de comer...- empezó a atornillar el marco -al principio aceptó gustoso pero luego de manosear la comida tuvo un ataque de esquizofrenia y se lanzó por la ventana- una vez terminó de atornillar lanzó el desarmador a la caja de herramienta.
-Qué extraño- fue lo único que pudo decir el menor.
-Ahora que lo pienso el chico se parecía a Feliciano, era castaño, con un extraño rulo y hablaba en italiano- al oír eso Ludwing abrió los ojos sorprendido.
-Ya decía yo que se me hacía conocido- dijo Antonio quién iba entrando a la cocina saludando al alemán con un gesto de mano que fue correspondido -el chaval era muy lindo aunque había algo extraño con él, desprendía un olor a ghoul de doce años cuando parece tener... como unos veinte.
-No puede ser...
-¿El qué?- se cruzó de brazos Gilbert.
-Nos vemos después, tengo algo urgente que hacer- sin más se fue dejando al español y al prusiano con la palabra en la boca.
Salió de la cafetería prácticamente corriendo y al primer taxi que vio le hizo la parada, sabía que su olfato no podía engañarle él también olió a ese ghoul de doce años en Lovino. Comenzaba a tener un mal presentimiento.
Feliciano sostenía una bandeja con su mano izquierda, mientras que con la derecha tocaba la puerta del cuarto de huéspedes.
-Fratello te traje sopa de verduras y pastillas para el dolor de estómago, está bien si no quieres ir al doctor pero al menos come...- tenía un tono de voz preocupado y suspiró al no tener respuesta, se dio la media vuelta sin embargo la puerta se abrió. Antes de que Feliciano pudiera reaccionar cayó al suelo junto con la sopa que quedó desparramada, el plato se hizo añicos y encima de él estaba Lovino a quién no se le podía ver el rostro por los mechones castaños que lo cubrían.
-¿Fratello?
Feliciano dio un pequeño salto al sentir algo húmedo y viscoso caer sobre su cuello, se trataba de saliva, el menor vio a su hermano alzar el rostro fue entonces cuando le tuvo miedo por primera vez.
