Capítulo 3. Empezar de nuevo

Nunca antes le había temido en serio a su hermano mayor, quizás hubo una que otra ocasión en la que su hermano enojado le dio mala espina sin embargo eso no se comparaba con el presente. Ver a Lovino jadeante, babeando sobre él, con su ojo derecho de un color extraño mirándolo de forma hambrienta era aterrador, a tal grado que el menor empezó a temblar.

-¿Qué... qué... te pasa fratello?, ve~

Feliciano empezó a retorcerse debajo de su hermano haciendo uso de toda su fuerza pero le era inútil parecía que de un momento a otro el mayor se volvió ridículamente fuerte. Dejó de luchar para estremecerse al sentir la lengua húmeda de su hermano subir de su cuello a su mejilla.

-¡Detente!- gritó, pero solo consiguió que su atacante apretara más su agarre -lo siento fratello- dijo antes de patearle sus partes nobles a Lovino sacándole el aire.

Feliciano logró zafarse al sentir más ligero el agarre y se echó a correr por el pasillo sin percatarse de que el otro lo estaba siguiendo, Lovino se le aventó haciendo que ambos cayeran del segundo piso rodando por las escaleras Feliciano estaba atontado por los golpes que recibió por lo que no vio que estaba nuevamente siendo sujetado por su hermano, de pronto sintió un enorme dolor en su brazo derecho, algo duro atravesaba su piel sin delicadeza al punto de hacerle brotar sangre, gritó con fuerza por el dolor al sentir su piel siendo desgarrada.

Lovino estaba sumido en un éxtasis, finalmente pudo volver a sentir ese dulce sabor a sangre y está vez sabía mejor al estar caliente llenando de calidez a su exigente paladar, la carne era suave y parecía tener un sabor único algo como un ingrediente secreto en ella, ansioso por probar más lambió la herida de su presa preparando la piel para otra mordida que nunca llegó. Antes de que pudiera dar otro bocado a su alimento, Lovino fue lanzado por los aires con fuerza haciendo que se estrellara con la pared creando un par de grietas en la misma. Pero eso no fue suficiente para detenerlo, el italiano se incorporó de inmediato poniéndose en cuatro mirando a su oponente, un rubio alemán, de ojos azules, increíblemente fornido... Ludwing.

-Lud...- dijo en un quejido Feliciano -mi fratello...

El alemán asintió sabiendo lo que intentaba decirle -yo me haré cargo- dijo, él menor sólo sonrió antes de desmayarse del dolor. Ludwing alzó su rostro y miró fijamente a Lovino quién gruñía molesto por que lo alejaron de su comida -parece que terminaste igual que él- habló al momento que sus ojos cambiaron de color -me sorprende que seas tan débil que incluso llegues a atacar a tú hermano, me equivoque respecto a ti- Lovino tomó impulso y se lanzó hacia Ludwing quién lo tomó del cuello y lo estampó contra la pequeña mesa de vidrio que estaba en el centro de la sala rompiéndola, a pesar de eso Lovino se movía para liberarse del agarre del rubio -creí que tenías más fuerza de voluntad Lovino- apretó su agarre en el cuello del italiano dejándolo inconsciente por la falta de aire.

Ludwing suspiró pesadamente, era una suerte que el italiano no usará su kagune o habría tenido más problemas para enfrentarlo. De su bolsillo trasero saco su celular para llamarle a su hermano.


¿Cuántas veces tendría que pasar por eso?

Lovino despertó, encontrándose con una molesta luz que lastimaba sus ojos verdes, intentó cubrirlos con su antebrazo por inercia pero no pudo ya que estaba sujetado. No tardó mucho en darse cuenta que ya había estado en esa habitación antes fue entonces que se dio cuenta en donde estaba... en el laboratorio del trío de psicópatas.

Al principio trató de liberarse de las correas pero tras una larga lucha sin tener resultados se cansó y decidió quedarse quieto hasta recuperar fuerzas, su respiración era agitada sus manos y tobillos le ardían por la fuerza que utilizó al intentar librarse de aquellos cinturones de seguridad. Mientras trataba de normalizar su respiración a su mente llegó los recuerdos de lo que pasó hace unos momentos, el increíble sabor de la carne humana junto con la sangre, pero sobre todo el rostro horrorizado de su hermano menor junto a sus gritos de desesperación y dolor. Al recordar lo que hizo sintió como si le hubieran lanzado un bote de agua fría.

-Feliciano...- apretó sus puños con fuerza sin poder evitar odiarse a sí mismo.

¿Por qué había hecho eso? No lo entendía él era humano, ¿por qué atacó a su hermano? ¿Qué demonios le estaba pasando?

-Veo que has despertado- dijo una voz seria.

Lovino miró al sujeto que estaba frente a él y frunció el ceño, se trataba del macho patatas.

-¿No vas a decir nada Lovino?- el mencionado sólo desvío la vista poco le importaba las circunstancias en las que estaba, en esos momentos estaba muy ocupado sintiéndose como el peor hermano de la historia.

-Parece que estás consciente de lo qué hiciste. Feliciano está bien, en estos momentos está en el hospital con mi hermano por suerte no perdió mucha sangre...

-Tú, ¿me detuviste?- el rubio asintió con la cabeza -¿cómo?

-Creí que ya sabías como.

-Entonces eres un ghoul... ¿Feliciano lo sabe?

-Si- Lovino se sintió dolido, ¿por qué no le había dicho nada su hermano? -si eres uno de esos monstruos entonces ¿por qué te juntas con mi fratello? ¿piensas cometerlo un día de estos?

-No.

-¿Entonces qué? ¿piensas raptarlo, matarlo y vender su carne en el mercado negro?

-¡Escúchame!- el italiano se quedó callado -yo en verdad quiero a Feliciano.

-Dile eso a alguien que te crea.

-Al menos yo no llegué a lastimarlo- Lovino sintió como si le dieran una bofetada con guante blanco.

-...Yo no quise hacerlo...-dijo en voz baja pero al estar únicamente los dos en ese pequeño cuarto hizo que Ludwing lograra escuchar sus palabras -no entiendo nada- en su rostro se formó una sonrisa torcida -se supone que yo soy un humano, una semana antes de venir a Japón yo todavía comía pasta y pizza...-su voz comenzaba a cortarse -por eso no entiendo por qué de repente me dieron ganas de comer a Feliciano- cerró sus ojos con fuerza intentando evitar que las lágrimas se derramaran.

Ludwing lo miraba atento, podía percibir que el castaño se estaba desmoronando, la culpa lo carcomía sin compasión.

-Cuando llegaste a Japón un hombre te secuestró y golpeó dejándote inconsciente ¿cierto?- dijo recordando lo que le había dicho Lovino a él y a Feliciano ese día que lo encontró en la calle.

-...Si- respondió tratando de controlar su llanto silencioso -recuerdo que desperté en un alcantarillado, vestía una bata de hospital y una cicatriz apareció de forma extraña cerca de mi costilla derecha.

A pesar de que los ojos del alemán estaban sobre el italiano su mirada estaba pérdida, su mente procesaba la información hasta que unió todos los puntos fundamentales.

-Entiendo, conozco a alguien que pasó por lo mismo que tú, él es... bueno era un humano sin embargo un día empezó a tener hambre que no se saciaba con comida humana, lo que le pasó a él fue provocado, alguien lo convirtió en mitad ghoul- Lovino abrió los ojos con sorpresa.

-Eso significa...

-Si, es probable que te haya pasado lo mismo y puede que también fuera la misma persona.

-En ese caso puede que si lo encuentre vuelva a ser humano, ¿no?

-No lo sé, la persona de la que te hablo está buscando al que le hizo eso por la misma razón.

-Haré lo mismo, ese bastardo infeliz va a escucharme en cuánto le ponga las manos encima- trató de incorporarse.

-Nada de eso.

-¿Por qué?- lo miró molesto.

-¿Piensas salir a la calle hambriento y atacar a más personas?- él castaño se detuvo.

-¿Y qué sugieres?

-Podrías dejar que alguien te enseñe a vivir como un ghoul- Lovino resopló a modo de disgusto -o puedes salir y ser atrapado por las palomas o peor aún ser asesinado por otros ghouls.

El italiano se quedó callado un momento pensando que le convenía más.

-¿Y quién me enseñará a ser un ghoul?


-Fusosososo, no es ningún problema tener a alguien bajo mi cuidado- decía alegre el español.

-Entonces te lo encargo- respondió con una ligera sonrisa el alemán.

Lovino estaba detrás del macho patatas un poco cohibido, mentiría si dijera que ese español no le daba miedo quien sabe que escondería detrás de aquella sonrisa.

Al principio Ludwing iba a ser su maestro de: como ser un ghoul y no morir en el intento, pero ambos sabían que desde el primer día discutirían sin llegar a ningún acuerdo. Es por eso que Ludwing optó por dejarlo bajo el cuidado de Antonio ya que de seguro Lovino también sería huraño con su hermano Gilbert, además Ludwing los estaría observando desde lejos, el que Antonio le enseñara a Lovino desenvolverse en el mundo de los ghouls no significaba que Ludwing dejaría por su cuenta al italiano sabiendo lo nervioso y desconfiado que era.

-Entonces me voy, debo ver cómo está Feliciano- se dirigía a la salida cuando Lovino lo llamó.

-Macho patatas... dile a mi fratello... que lo siento- bajaba la voz con cada palabra y desvío la mirada.

-Entendido- salió del lugar.

-Bien, ¿por dónde deberíamos empezar?- la emoción en la cara de Antonio se notaba a kilómetros a lo que Lovino le miró con el ceño fruncido empezaba a arrepentirse de haber aceptado quedarse a vivir con el bad touch trio en lo que controlaba sus impulsos salvajes -eres muy callado chaval- puso una mano en la castaña cabeza del italiano, mientras que con la otra sobaba su barbilla mientras pensaba -podrías empezar haciendo un café, o aprender a utilizar tu kagune, o quizás a cazar.

-¡¿Qué?!- preguntó alterado al momento que se separó de las caricias de Antonio -¿estás demente bastardo?

Antonio lo miró desconcertado para después volver a sonreír -¡ya sé! lo primero que haremos será cambiar esa actitud tuya para evitar que los clientes se vayan, vamos- se dirigía a la cafetería pero se detuvo al ver que el otro no lo seguía, el italiano miraba el suelo pensativo su desconfianza y miedo no pasó
desapercibida para Antonio.

-Vamos- repitió, esta vez más amable, posó una de sus manos en el hombro del menor para darle ánimos.

Al mirarlo Lovino se destensó el rostro de Antonio irradiaba tranquilidad y confianza justo lo que él necesitaba en esos momentos, asintió y empezó a caminar, quizás y esa nueva vida que le esperaba no era tan mala y si lo fuera él haría lo posible para sobrevivir en ella, era un Vargas después de todo.


El sol comenzaba a ocultarse, los pocos rayos de luz dejaban de iluminar un solitario túnel de Tokio, dónde se visualizaban tres figuras humanas paradas sobre el suelo húmedo y mohoso.

-¡Cuánto tiempo sin vernos!- decía un joven ghoul con máscara de cráneo adornado con figurillas de telarañas -iba a traerte un regalito de felicitaciones pero Eto no me dejó.

-Cállate Alejandro, alguien podría oírnos aru- dijo otro ghoul con máscara de dragón color rojo, con las fauces abiertas mostrando sus colmillos -ignóralo ¿nos tienes información nueva?- preguntó a la tercer persona, quién llevaba una maleta e iba vestido formalmente mostrando ser parte del CCG.

-Por ahora las palomas, están centrándose en el distrito siete parece que quieren crear una nueva base ahí.

-Cabrones- interrumpió Alejandro y Yao le dio una patada exigiéndole que cerrara la boca.

-Y eso no es todo, en vista de que empiezan a haber casos de canibalismo en el distrito trece piensan traer a investigadores de otros países como apoyo aunque no se sabe con exactitud cuándo llegarán.

Yao sonrió divertido pero no se le podía ver por la máscara, al mismo tiempo se cruzó de brazos -era de esperarse, perdieron a muchos con la batalla del distrito dos aunque al final nos vencieron. En fin está vez será diferente el Aogiri se apoderará del distrito veinticuatro.

-Tienes razón- apoyó Alejandro -gracias por la información compadre nos veremos en otra ocasión -decía mientras se disponía a irse junto con Yao.

-Esperen, ¿no han sabido nada de Kanou?

-Pues... la última vez que alguien de nosotros lo vio estaba saliendo de una mansión abandonada y a los dos días salió un chico con bata de hospital, es todo lo que sabemos.

-Ya veo...

-Alégrate aru, puede que haya vuelto a alguien igual que tú, no estarás solo- dijo en un intento fallido de consuelo.

Luego de eso ambos ghouls se marcharon dejando al joven investigador solo en el túnel.

-No sé porque eso debería alegrarme.