He llorado tanto como Hermione en este cap.

Espero lo disfruten. Gracias por pasarse a leer y dejar un review. En verdad se aprecia.

Saludos.


3. Mil disculpas

Un corazón roto, cuando de verdad ha sido roto, queda hostigado, igual que el paladar harto del dulce, cansado del mismo sabor. Y no es que sea incapaz de amar nuevamente, de sentir. Es sólo que el dolor le evita recordar que puede hacerlo.

Perséfone


Londres, 14 de Junio del 2009

No sabes cuánto puedes extrañar cosas, días, meses, años y personas, hasta que llega el momento; hasta que la distancia ha enervado los recuerdos, convirtiendo en un enorme hueco negro, hondo, vacío e insustancial a cada imagen, cada recuerdo. Ese artificio, ese barranco mental al cual quisieras lanzarte, para recuperar una vena, una raíz, un atisbo de ellos sin importar que se te disloque todo. Hasta el corazón.

Y pues, más que claro cuando tienes el corazón partido pareciera no quedarte nada, ni razón para respirar. Tratas de enfocar las pocas energías que tienes a la "terapia ocupacional" pero ¡vamos! No logras ni concentrarte. Ahora estoy así, en mi realidad. Enfrentándome al duro suceso que tanto temí durante estos seis meses que me embebí en algo irracional. Porque enamorarse es eso ¡irracional!

No puedo mentirte diario ¿Cómo podía ofendida con la situación? Era el chico que admiraba en el colegio ¡confesando atracción por mí! De una forma poco sutil y con una proposición poco más allá de lo injurioso ¿no era como esas historias cursis y de película? ¿o esas de atracción fatalista? La que Hollywood se empeña en hacernos creer a toda costa ¡ridículo! ¡Harry Potter me estaría tomando el pelo! Y además ¿Cómo decía eso? Yo estaba casada y él con su "situación sentimental muy al estilo millenial-atascado"

¿Y si no bromeaba?

Debía al menos fingir indignación. No importando cuanto extrañara el hecho de que escribirnos diariamente a deshoras de la madrugada solo para relatar tonterías y contar de nuestro día era algo que esperaba con ansia; llevaba quince días dando vueltas al asuntito, hasta que hiciere un vacío y nostálgico contar de los minutos.

Tenía bastantes mensajes de Harry Potter en la dichosa ventana de Chat y otros tantos en mi e-mail personal.

Suspiré por fin, después de leer toda clase de disculpas decidí que era necesario apelar a la madurez. Cortar de raíz lo indeseable, simplemente terminar cualquier tipo de relación con él, ya fuere virtual o personal, cualesquiera era demasiado peligroso pues, me hallé pensando en las posibilidades del asunto si yo fuese soltera ¡imagínate mi sorpresa! querido diario. Yo, considerando ser la segundona en una relación sin futuro. Creo que a aquello era más mi curiosidad palpitándome en el cuerpo que la insensatez.

Pues ¡sí! ¡le escribí! Sólo para cerciorarme que no creyera soy una mojigata inmadura. Así que decidí escribirle un E-mail.

Hola Harry.

Espero que estés bien. Disculpa que no haya escrito antes, el trabajo ya sabes. Bueno, respondiendo a tu primer pregunta de la mayoría de tus correos, pues sí, ha sido algo inesperado e incómodo.

Y respondiendo a la segunda, no, ya no tienes por qué pedir disculpas. Esto es asunto olvidado ¿de acuerdo? Así que sí, respondiendo a la tercera pregunta, sí podemos seguir hablando por chat y con la amistad.

Todo bien.

Saludos.

¿Qué tan estúpida podía ser? ¿Qué tan inocente? Cuantas veces le escuché decir a Ginny que sigo siendo una en un millón, de las que confía ciegamente en la gente: "demasiado buena para ser real" me ha dicho un par de veces. Pues ahí estaba yo, creyendo en cada palabra: "Me alejaría de Harry Potter para siempre"...con sutiliza, claro. Que crédula. Siempre lo he hecho.

Justo cuando dí enviar al mensaje, fue curioso que me apareciera otra ventana. La abrí y cuál fue mi sorpresa al encontrarme con la bandeja de entrada del correo electrónico de Ronald. Querido diario, aquí hice mal, lo sé. Pero el solo hecho me dio curiosidad ¿Qué podría Ron Weasley querer en esos tipos de chunches?

Y cuál fue mi gran sorpresa. No debí. En serio no debí porque si no ¿en que debe basarse cualquier relación ¡la confianza por supuesto! Pero como dicen, la curiosidad mató al gato. En mi caso. Toda paz mental.

Había cerca de cien correos diferentes, ¿porque los hombres no hacen ningún esfuerzo en ocultar sus fechorías? O es que quizá creen que las hacen, pero, realmente mal. Los correos no eran más que poemas de escritores muggles ¿de dónde carajos los había cogido ron? ¡Que más! De mis libros en la biblioteca. Y por supuesto, ninguno iba dirigido a mí.

¡Ron me era infiel!

¡Y quien sabe dios desde cuando!

Los dichosos e-mails tenían fechas distintas por supuesto, años también. Escritos en prosa, en verso en cualesquiera que fuera la ocasión ¡merlín! ¿Desde cuándo Ron tenía esos arranques? Que yo recuerde jamás se le dio por ese tipo de lectura y yo jamás recibí un aliciente de ese tipo. No quiero decir que fuese un seco, todo lo contrario, era mucho más atento y cariñoso desde hace unos cuantos años. Lo adjudique a que fueron los mismos en que comenzó con los viajes de misión como auror.

¡NO ME LO PODIA CREER!

Largo rato estuve estupefacta y no pude evitar llorar. Creo que dejé de hacerlo cuando estuve consiente de que no hace muy poco le había escrito a Harry Potter, pero a diferencia de Ron, yo tuve toda intención de cortar por lo sano la línea que podía llevarme justo a donde él estaba ahora.

En un jodido hoyo.

¿Cómo si no? Nuestro matrimonio debía estar en uno, sino como Ron se atrevería a hacer semejante cosa ¡él no era así! ¡no era así! O fue lo que mi mente se quería convencer.

No me conoces del todo aun querido diario, pero si supieras en que demonio me transforme a consecuencia pues desconocerías a la mujer del pasado a la presente.

Hermione Jane Granger siempre se caracterizó por ser una mujer cariñosa, que cada mañana se levantaba con el firme pensamiento de hacer feliz a su familia muy a pesar de todo; aunque su ser estuviera marchitándose entre tardes de clases al futbol o el hockey. Y fines de semana al quiddich. Que ya no asomase la nariz más que para ir al trabajo y volver a casa, con la certeza de que la casa, la cena y los hijos debían ser la prioridad misma de cada día. Así como el marido.

Mis atenciones iban más allá de permisible, porque hasta mi madre –una mujer perfeccionista, ideática e irreversiblemente pulcra– me habría sermoneado de lo dura que era conmigo misma para ejercer todas esas labores. Inclusive me reclamó incontables veces que había olvidado de padre y madre complaciendo a la familia de mi marido en todos los aspectos. No me lo tomes a mal, querido diario, yo pensé que una mujer ama de casa que se respetase debía cubrir todas las necesidades de su nicho antes que cualesquiera, inclusive la propia. ¡Oh! Pues cuan equivocada estaba.

Me convertí en una mujer que a gritos pedía atención aunque deambulara en silencio por las calles de Londres; me convertí en una mujer que no cuidaba de sí misma y pedía con ansias devoradoras que alguien más lo hiciere por ella y finalmente me convertí en una mujer con el corazón magullado por los años, la vida y un marido infiel.

Yo no llegué jamás a considerar siquiera la necesidad de estar con otro, pese a que sabía que Ron y yo teníamos problemas. Aun apareciendo Harry Potter en mi vida, estaba adjudicando ese hecho solo a la suerte que se reía en mi cara.

Nunca saboree el sabor a sal tan amargo y doloroso como ese día, seguro vivía en mi mundo de perfección sin percatarme yo misma de lo banal que era aquello; inclusive hasta entonces fue cabida en cuenta que mi vida sexual se fue casi de picada ante el nacimiento de Hugo, pero vamos, esos altibajos los llevaba cualquier matrimonio, de verdad lo pensé. Pero creo que estaba bastante equivocada.

Esa noche lloré. Y me han sabido a mar las lágrimas. A la brisa moribunda de una tarde del caribe, con la nostalgia adherida del día que acaba, de algo que acaba y la conciencia de lo que no será más.

Por mí, por los años transcurridos, por la falsedad de cada hecho y sobre todo por sentirme tan devaluada inclusive por mí misma ¿Cómo carajos me lo permití? ¿En qué punto me olvide de mí? No logro rememorar, pero supongo que tiene que ver con eso que dejamos traspasar, como la humedad que se va apoderando de una casa nueva hasta convertirá en el vejestorio mal oliente y lleno de podredumbre que nadie quiere más. El cual necesita reparaciones por todos lados, por todas las goteras y las maderas corroídas.

Así era yo. Supongo.

Llegada la mañana no supe que hacer conmigo misma. Me levanté como siempre he hice lo debido para con mis hijos. Ron, para su suerte estaba de misión, si es que eso era real. Porque para serte franca, querido diario, dudo que más de la mitad de esas salidas hayan sido verdad. Y también quisiera confesarte, que no quise indagar más. No quise dar la razón a las especulaciones de mi cabeza porque seguramente acabaría hecha polvo, añicos y deberían levantarme del suelo con una pala.

Mis hijos se marcharon, y doy gracias a Merlín que ningún cuestiono mi mal carácter ni las ojeras. Quizá Rose estuvo por hacerlo pero detuvo cualquier replica cuando le sonreí melancólicamente.

Rose es demasiado perspicaz, quiero suponer que al menos ella sabe algo. O intuye. Es mucho más inteligente que yo, mejor.

El día siguiente estuve como un zombie en el trabajo, tuve mil mensajes más de Harry en la bandeja los cuales no leí, no sé si por la culpa, vergüenza ¡o que se yo!

Esa noche regresaba Ron, y hasta quedó justo para mandar a los niños con mi madre y no escuchasen tal conversación.

−Buenas noches−dijo muy alegre cuando entró por la red flu−

No conteste. Fingí seguir leyendo el libro. Mientras que mis nervios me carcomían y las palabras que quería gritarle se atrancaban en mi garganta una a una, y extrañamente las lágrimas se quedaron atoradas. Como si inconscientemente decidiera ser fuerte por esa vez. Esa única vez. Quiso darme el regular beso en los labios después de aparecerse pero me negué. Mis ojos se encontraron con el fuego de la chimenea.

−¿Quién es Cachorrita_69? –dije con elocuencia. Aunque el maldito seudónimo fuese de lo más estúpido−

Ron pareció meditarlo, casi creí que en verdad ni siquiera sabía de qué carajos le estaba hablando.

−¡No finjas demencia Ron porque no te lo tolero más! –me exalté. Si fue fracción de segundo que evité no hacerlo ¿pero quién en su sano juicio no querría arrancarle las pelotas? –

−Mione..no sé−

−¡No te atrevas! ¡no te atrevas a utilizar el apelativo cariñoso que usa la gente que me ama! ¡eres! ¡eres…! ¡Simplemente despreciable! ¿Cómo pudiste? –

El rostro de Ron adquirió el color del papel. Intentó acercarse, inútilmente pues de una bofetada lo regresé dos pasos atrás.

−¡Exijo una explicación! –

Silencio y sus ojos azules clavados en el suelo.

−¡Ron! ¡mírame! –

Y lo hizo.

−¿Por qué? –y me rompí en llanto. No podía contenerme, quisiera decir que fue la última noche que me permití llorar, que me permitiría sufrir. Pero eso apenas estaba comenzando−

−No..no lo sé Hermione. Fue algo bobo que sólo comenzó, que sólo fue..eso..flirtear. Jamás llegó a nada más ¡lo juro! –

Cuando descubres el engaño, no es eso lo que te hace daño en sí. Al menos para mí no fue así. Es como el juego de jenga, dónde vas colocando pedacitos de madera una a una creando algo sólido, pero de repente a tu compañero se le ocurre mover uno de otro lugar, tan rápido, tan a prisa que no te permite parpadear ¿y cómo respondes a una caída de ese tamaño? De tantos peldaños Si estas bajo el supuesto de que tu compañero estará vigilando tus espaldas para no hacerte daño en algo tan frágil? Sonará tonta la comparación, absurda. Pero así sentí.

Todos los cuadritos de mi vida cayendo uno a uno, mis esfuerzos, el tiempo invertido, las demostraciones de afecto hacia él, hacia su familia. Las horas de sacrificio, el dejar de hacer cosas mías –que amaba− solo para responderle a él como debía. Como SU mujer. Como SU media naranja.

Pienso que apelativo debería de borrarse de cualesquier vocabulario en las relaciones y más de los casados. No existe el suyo, el mío. Debería ser el "nuestro".

Pero desde ese día lo "nuestro" se fue al carajo.