Hola, muchas gracias por todos sus comentarios. Me ha dado gusto ver que tengo 12 reviews. Sinceramente pensé que esta historia no tendría mucho auge pero me alegra comprobar lo contrario.
Debo decir que esta historia es totalmente de mi creación, inclusive me atrevería a decirles que es una historia basada en la vida real de alguien a quien aprecio mucho. Le he pedido que me deje escribirla y ha cedido. Realmente ha sido duro para ella enfrentarlo todo, más porque hacer una nueva vida desde cero al principio es difícil, como todo. Pero todos sabemos que será capaz de salir adelante.
Les agradezco de corazón el que se pasen a leer y dejen un review.
Saludos!.
4. Casualidad o destino.
La casualidad nos da casi siempre lo que nunca se nos hubiere ocurrido pedir.
Alphonse de Lamartine
Londres, 16 de Junio del 2009
El engaño, no es lo que duele en realidad. Es el orgullo quizá. Sí. Hay que ser capaces de admitirlo. Al ser engañados, sea cual sea el contexto de ello, nos inserta un cumulo de dudas sobre nosotros mismos, nos hace sentir miserablemente comunes o poco importantes. Nos lleva a cuestionar la propia capacidad, aptitud o desempeño de nuestros actos diarios desde lo más sencillo como lavar un plato, hasta lo más complejo cómo tener detalles amorosos en las fechas importantes. Esta autocrítica y prejuicio mental nos consume, nos agobia, nos destruye:
"¿Por qué a mí?"
"Yo lo hice bien"
"Lo intente"
El ser humano se vanagloria de ser pensante, analítico y ecuánime. Pero te has puesto a pensar, querido diario, ¿qué tan ególatra es eso? ¿Qué tan estúpido es asumir que podemos mantener las relaciones interpersonales sin que exista la "traición"? y sobre todo esperar el mismo nivel de compromiso por la otra parte. Está en nuestra naturaleza, como animales que somos, el hecho de asumir comportamientos primitivos. La evolución solo nos ha dado un roce, y nos aludimos conspicuos, deducimos que al tener desarrollados ciertos niveles cerebrales, capacidades que otras especies no− Homo sapien sapiens ¡ja! – cayéndonos superiores.
Solo basta ver el comportamiento humano para percibir que no somos más que una montaña de errores, no hay perfección ni por asomo. Pero, en el afán de conseguirlo perdemos de vista el hecho. Simplemente, uno de ellos ese el sentido de propiedad que solemos adoptar para con las cosas e inclusive las personas.
Querido diario, no se necesita un nirvana para tener la revelación. Ni ser de mente abierta o pertenecer a una generación emocionalmente inestable−millenials− para notar nuestra decadencia, falta de compromiso, o simplemente el interés difuminado a la parafernalia de pertenecer a un círculo elitista llamado "sociedad". Te lo puedo decir abiertamente.
Yo quise un matrimonio para "sentirme completa", porque desde pequeño te hacen creer que sólo con ello conseguirás la plenitud. Quise mi primer hijo para cumplir con el siguiente paso a dar dentro de la sociedad−y porque quería ser madre, debo añadir, lo deseé fervientemente–y porque era lo "socialmente correcto".
Todo se basa en deseos:
"Deseo estudiar"
"Deseo graduarme"
"Deseo un empleo"
"Deseo casarme"
"Deseo un hijo…dos"
Y se convierte en una lista interminable de cosas, sucesos y metas por cumplir. Como una receta de cocina. Hay que seguir estándares sociales, protocolos, y reglas. Para lo cual te lleva a esclarecer acuerdos de todo tipo con los amigos, familia e inclusive al matrimonio ¿Qué es ni no, un arreglo a final de cuentas?
¿O me dirás que miento diario?
El comportamiento humano está regido por todo ello. Y llega un momento, que ya satisfechos, queremos más. Mas..mas. Y las reglas son insuficientes, o aburridas. El ser humano por naturaleza es cruel, despiadado y volátil.
Si lo sabré yo.
Entonces, por tanto. Vulnerables a las tentaciones. Con lo que vuelvo al principio. El egoísmo nos lleva a pensar en nosotros mismos, nuestro placer, plenitud y olvidamos el/o los objetos de nuestro deseo y caemos en la tentación. Válgame la redundancia si eso no parece una cita de la sagrada biblia−no, no soy católica ni creo en ello pero mis padres sí−
¿Qué más te puedo decir querido diario? Estoy devastada.
Confronté a Ronald y no pudo más que aceptar lo sucedido. Sus explicaciones no fueron más allá de aseveración a su estupidez. Y quedamos en hacernos espacio en la semana para concretar detalles de la separación. Ni siquiera le permití subir a la habitación por sus cosas. Le dije que yo misma las enviaría a donde quiera que se marchase, solo debía darme una dirección. Nada más se fue, llame a Ginny, era mi mejor amiga y aun que cuñada, seguramente sería bastante objetiva con todo aquello.
−¡Voy a matarlo!−vociferó Ginny y dio un fuerte golpe sobre la mesa. Insistió que habláramos personalmente. Su rostro estaba colorado, demasiado, y me recordó tanto a Ron. −¡NO! ¡Mamá va a matarlo primero!−
Me eché a llorar solo de recordar los pequeños detalles que se suponía nos mantenían unidos. Ginny hizo un mohín enternecido y rebuscó entre su bolso, me tendió un lindo pañuelo rosa pastel con sus iniciales bordadas en la esquina.
−Hermione en verdad lo siento tanto. No sé por dónde empezar, si por disculpar a mi bruto hermano al causarte tanto dolor o yo misma ir y lanzarle un hechizo ¿los niños lo saben ya?−
Negué con la cabeza. Rose apenas llegó se encerró en su habitación y Hugo se marchó a la madriguera. No tuve el valor ¿Cómo tendría las agallas?
Ginny pareció de pronto empequeñecer a en la silla, sus ojos se aguaron por las lágrimas. Yo no podía articular palabra, estaban atoradas en mi boca, no soy muy adepta a las escenitas teatrales pero por alguna razón mi cuerpo olvido el comportamiento permisible y correcto, adoptando uno histérico y llorón. Así de pronto mi cuerpo decidió abandonar todas las lágrimas y sufrimiento reprimido, pues ante Ron no pude soltar todo ese conjunto de sentimientos que me acribillaba a oleadas; eran demasiados a la vez:
−¡No lo sé Hermione! ¡no sé exactamente en qué momento pasó ni porque!−dijo Ron envalentonándose a alzar la voz por sobre la mía−¡de verdad lo siento! –
−¿y crees que con sentirlo basta? –apuñé mi varita pensando seriamente en levantarla hacia él y hacerle escupir babosas como el mismo se lo hizo en el segundo curso del colegio−
−Por supuesto que no−murmuró y se echó pesadamente sobre el sillón largo de la sala. Apretó sus mejillas con desesperación y se llevó las manos al cabello para dar tirones sobre él−no se porque lo hice, no pensé en las consecuencias. No quería lastimarte. Te amo−dijo cada palabra como si recitara una lista de mercado.
Me eché a reír con cinismo, la carcajada inundó la sala del que alguna vez fue nuestro hogar. Mi corazón palpitaba desbocado, me temblaban las manos de impotencia, quería decirle tantas cosas, gritarle, abofetearle, mas nada salía de mi cuerpo. Me quedé parada en medio de la habitación, con el cuerpo tullido y los brazos enlazados sobre mi pecho. Abrí los labios:
−¿Amarme? Para mi tu falta de atención y tus actos me confirman todo lo contrario, Debes saber Ronald Weasley que tienes muy mal tu lista de prioridades y aun mas errado el concepto del amor. Por lo que a mí se refiere no me debes nada más. Esto me lo deja todo claro, lo nuestro ha muerto allí mismo cuando decidiste "amar" a otra persona−
−Eso no es lo mismo. No fue lo mismo. Hermione eso, solo era coqueteo, algo estúpido sin trasfondo.. –y le interrumpí−
−¡Claro! ¡Restriégamelo en la cara! ¡Era SEXO! ¡SOLO SEXO? No soy ninguna tonta, tus poemas no hablan solo de algo sexual ¿por quién me tomas Weasley?−
Por primera vez se atrevió a mirarme a los ojos. Y las lágrimas se desbordaron de los suyos en motas brillosas. La tristeza y el arrepentimiento estaban revelados en su rostro, casi palpable. Aun así mi llanto había mermado minutos atrás, tan abruptamente, igual que un hechizo ensordecedor.
−Hermione, sé que lo arruiné de modo monstruoso. Es probable que pedirte una segunda oportunidad sea lo menos elocuente que te haya dicho, sé en verdad, que no te merezco pero ¿crees que cabría la posibilidad de que pudiéramos arreglar esto? ¡no quiero perderte! –sollozaba, su cuerpo se convulsionó y se echó de rodillas al suelo−
Mi boca se desencajó, un nudo en la garganta se apodero de mí. No pude más que negar con la cabeza repetidamente.
−R-on..R-on..no hagas esto, por favor levántate−
Él obedeció y me abrazó con fuerza. No pude llorar. Mis sentimientos estaban revoloteando por todo mi cuerpo pero jamás pudieron manifestarse.
No sé cuánto tiempo permanecimos así, él llorando sobre mi hombro, con la cabeza escondida en mi cabello mientras que yo permanecí quieta con los brazos laxos a los lados de mi cuerpo.
−Debes irte. Necesito estar sola−murmuré y le empujé lentamente. Me miró unos minutos más y desapareció por la chimenea−
Sequé mis lágrimas con el pañuelo de Ginny luego de terminar de narrarle lo anterior. Y las palabras de Ron resonándome en la cabeza, aquellas que me pedían intentar arreglar la situación. No te negaré querido diario que estoy muy furiosa con él, que no he meditado todas las razones por las cuales hizo sus elecciones. Si te soy sincera querido diario, yo acepté un café con un "viejo amor". Y aunque no es equiparable, a ningún nivel, no evité sentir una punzada de culpabilidad. Me hallé sopesando las peticiones de Ron y analizando un arreglo para ese desastre. Jamás hubiera hecho algo que lastimase a mi casi ex -esposo de ese modo, y si lo hubiera hecho ¿el siquiera consideraría la misma posibilidad?
−¿Y lo has visto o hablado con él desde entonces? –cuestionó con preocupación Ginny−
−No, no se ha comunicado. Tampoco sé dónde fue−
−Ayer he estado en casa de mis padres, no ha ido ahí. Mamá lo hubiera comentado−Ginny pareció pensar un rato. Mi llanto paró al fin−
−Si sabes algo de él, házmelo saber. Necesito enviarle sus cosas antes de que me dé un arranque y les prenda fuego−dije con seriedad. En realidad no soportaba mirar los baúles en mi habitación. Miré mi reloj –Oh Ginn debo marcharme, tengo una reunión en el trabajo
−¿Estarás bien Herms? ¿Segura de ir? ¿Por qué no pides unos días de descanso? –sonaba preocupada en verdad. Tomó una de mis manos entre las suyas−
−¡No! El trabajo me distraerá, pedirme vacaciones adelantadas seria marchitarme más a prisa. Así que debo marcharme. Gracias por todo, de verdad−me levanté abruptamente. Intenté sonreír pero por la forma en que ella me miró deduje que fallé en el intento−
Estoy segura que cada palabra de aliento que Ginny me regaló, venía con sinceridad desde su corazón. Nos queremos muchísimo, pero, aun que seamos las mejores amigas ella sigue siendo la hermana de Ron. Su sangre. Su familia. Y pese a cualquier cosa que haya hecho y se esté en desacuerdo, al final deberán apoyarlo más a él. La familia es la familia.
Me despedí de ella con un enorme abrazo y me eché a andar hacia el ministerio. Kingsley Shacklebolt me había citado para darme noticias sobre un caso que estaba trabajando junto con mi departamento. Embotada con mis problemas personales casi olvido la carpeta. Oh si, querido diario, no te he hablado de ello. Bueno, mi trabajo en el ministerio consiste en proteger a las criaturas mágicas y evitar su contrabando ilegal. Después de haber hecho leyes para el favor de los elfos y casi dar vida real al P.E.D.D.O. seguí con el departamento de protección a las criaturas mágicas y exóticas.
Querido diario, este trabajo hace mucho que dejó de ser peligroso, debido a mi afán por atender a mis hijos y marido opté por permanecer en trabajo de oficina y nada en campo. El ministro estuvo renuente pero al final lo convencí de ello. Eso me permite llevar a mis hijos a sus asuntos escolares y de recreación−bendito el día en que decidimos educarlos en los dos mundos a la vez, y más benditos los giratiempos que me permiten sobrevivir a ese caos−. De cierto modo estaba convencida que era lo mejor, pero otra parte de mi extraña la vida anterior, no lo negaré. La adrenalina que surge durante las misiones de campo, atrapar con las manos en la masa a los malhechores, y todo lo que conlleva. Lo extraño bastante.
Salí de la red flu e iba tan ofuscada rebuscando mi bolso por la condenada carpeta que choqué con alguien. Al levantar la cabeza cual fue mi sorpresa al encontrarme con esos ojos. La mirada brillante y color esmeralda frente a mí. Su agarre evitó que cayera hacia atrás y pegó mi cuerpo contra suyo.
Harry Potter me sonrió ampliamente, con ese gesto amable y soñador ¿es que no se esforzaba nada por ser tan atractivo? O es que le salía natural, y además era consciente de lo que provocaba en la gente. Él lo sabía de antemano aprovechándose de ello. Los pensamientos no venían a mí, era como si cayera en un letargo, si no es porque él dijo:
−Hermione, discúlpame iba tan a prisa que.. –
−No, no, tu discúlpame a mí. No miraba por donde caminaba. Lo siento−me recompuse y aleje lentamente de él. Debo decir que no quería, de verdad su aroma era embriagante, además de su cercanía.
¡Lo sé! ¡lo sé! No debería tener ese tipo de pensamientos mientras mi matrimonio se está desmoronando pero es difícil evitarlo. Él es un sueño. Demasiado atractivo.
−Yo..que gusto verte−dijo y me pareció algo nervioso. No lo sé, quizá lo estoy imaginando−
Asentí enérgicamente.
−Tengo que irme, Shacklebolt.. –
Harry hizo una "O" con los labios y apuntó en dirección de la oficina.
−¿Te diriges hacia allá? Yo igual, tengo una reunión con él−
Arrugué la nariz y alcé una ceja.
−También yo−murmuré−
−¿Acaso eres la jefa del escuadrón escarlata? –dijo con un deje de incredulidad. Sus cejas se alzaron con sorpresa y cruzo los brazos por sobre el pecho−
−Eso es asunto confidencial..¿y tú cómo? –me detuve allí mismo. Podría cometer una indiscreción−
El escuadrón escarlata era aquel que se encargaba de esclarecer los casos en campo para mi oficina. En realidad si era yo la jefa en los años anteriores, pero dada las circunstancias el nombramiento lo pasé a uno de los chicos de mi entera confianza. Ellos solo me pasaban los reportes de misión ahora. Lo que me sorprendió totalmente es que Harry Potter supiera de su existencia, sólo las personas allegadas a los escuadrones en cuestión (cualesquiera que fuera el departamento) conocía detalles tan finos como el simple nombre. Mi expresión debió volverse dura por que el gesto divertido de su cara se borró inmediatamente.
−Será mejor que vayamos donde Shacklebolt. Seguro él nos explicará−dijo y se echó a andar con rapidez−
¿A dónde se había ido su amabilidad?
La secretaria del ministro nos hizo pasar. Él hombre nos esperaba de pie tras su escritorio, nos dio un saludo cordial y nos invitó asiento con un gesto de su mano.
−Han demorado−apuntó mientras se acomodaba la túnica y se sentaba también−
−Discúlpenos, tuvimos un accidente en la entrada. Culpa mía, pero todo está bien−Se apresuró Harry a decir tras ver la cara de consternación del ministro−
−¿Se conocen entonces? –dijo con perspicacia. Analizándonos a ambos−
−Del colegio…fuimos juntos a Hogwarts−las palabras salieron atropelladas. No quería malos entendidos y que eso comprometiera mi trabajo−
El hombre solo hizo una mueca y cruzó los dedos bajo su me mentón. Asintió enérgicamente.
−He debido llamarlos y presentarlos oficialmente. Como saben, hemos estado trabajando en conjunto. Solo que para evitar filtraciones de información, guardamos su identidad bajo otro pseudónimo. Confidencialidad ante todo. Sra. Granger , Potter es el jefe del escuadrón Patronus. Y señor Potter, ella es la anterior jefa del escuadrón escarlata−
Harry asintió y me miró inquisitivamente ¿a qué venia ahora su actitud? Aunque bueno, debo decir que no fui muy amable en el pasado con el jefe del dichoso escuadrón Patronus; se habían saltado algunas reglas en los casos, otras ocasiones se guiaron por corazonadas más que evidencias y otras tantas hicieron tan mal el papeleo que me metió en aprietos. O es que quizá yo era una amante de la pulcritud, las reglas y el orden. Cuando evidentemente, ellos no. Le regresé la misma mirada reprobatoria.
−La razón por la que les he llamado, se debe a que hemos hallado un pez gordo. Pero necesitamos a ambos escuadrones trabajando. Más bien, a ambas cabezas al mando. No puedo delegarle a nadie el trabajo−
−¿Tengo que regresar al campo? –interrumpí preocupada−
−Me temo que si, Granger. Por mucho que lo odies−
Iba a refutar aquello que parecía una aseveración pero Shacklebolt levantó una mano en señal de que no interrumpiera más. Yo no odiaba el trabajo de campo, todo lo contrario, pero había personas que dependen de mí y no podía dejarlo pasar.
−Ustedes irán a Moscú, en cubierto. Este es un caso muy delicado. Tememos que altos mandos estén involucrados en el contrabando de sangre de unicornio. Debemos atraparlos cuanto antes. Y averiguar para que la estén utilizando−
Harry y yo no evitamos mirarnos. Llevábamos un par de años en ese caso, sin conseguir una pista certera y al parecer ya habían logrado dar con una. O eso esperaría.
−Todo está ahí−dijo y nos extendió una carpeta negra con el sello de altamente secreto en el−Deben salir en una semana−
−¿Llevaremos a los miembros del escuadrón?−interrogó Harry−
−No, dije que será en cubierto. Se harán pasar por un matrimonio que quiere hacerse del producto. Unos ricos excéntricos−
Apreté las mandíbulas ¿Qué el destino me estaba jugando una maldita broma? ¡por favor! ¿estás de acuerdo querido diario? De verdad esto era para no creérmelo.
−¿Tienen alguna otra duda? Ya saben cómo funciona, el dinero para todo lo necesario será depositado en cuentas falsas a su nombre. Debemos hacerlo lo más creíble ¿han entendido?−
Ambos asentimos. Miré por el rabillo a Harry y parecía tranquilo, sus facciones se relajaron. Tomé la carpeta. Y al parecer el ministro de magia ya había dado por zanjado el asunto, pues se levantó de su asiento y nos alentó a salir. Ni siquiera me dejó explicarme o hacer apelación a sus deseos. Simplemente estaba furiosa.
−¿Así que tú eres la "leona escarlata"? –dijo con un tono altanero, casi sonó a reproche. Su cuestionamiento me dio un mazazo de rabia, detuve mis pasos en el pasillo−
−Y tu ¿"Cornamenta"? ¡vaya que gusto!–dije sarcásticamente y alcé las cejas−¿sabes que me has hecho trabajar doble más de dos veces? –
−¿Sabes que eres una gruñona insoportable con el papeleo de las misiones?−dijo entre divertido e irritado. Volvió a cruzarse de brazos− Siempre soñé con el momento de conocerte para decirte un par de cosas, nada amables debo decir, ya que has hecho repatear a mi equipo muchas veces por señalamientos absurdos y sin sentido−
−¡Vaya, pues si tu equipo trabajase como debiera! –insinué con un tono despectivo−
Él se echó a reír con el sarcasmo supurándole hasta por los poros. Me limité a fulminarlo con la mirada. En verdad no sabía cómo iba a soportar una misión de encubierto con él y sobre todo, tener que fingir una relación ¡por merlín! ¡Que se abriera la tierra y me tragara con ella! El pareció leerme el pensamiento o tal vez estaba probándome.
−Las casualidades de la vida−
−En la vida no hay casualidades Potter−mi tono no fue como quise, salió altivo−
−¿Ahora no nos tuteamos mas? –
−Dadas las circunstancias debemos tener un comportamiento correcto−
Rió de medio lado. Asintió.
−¿Qué te parece tan divertido?-le dije molesta−
−Esta misión va a ser interesante−me sonrió ampliamente− nos veremos en una semana Granger, al alba. Sé puntual−
Se echó a andar hacía la red flu. Estaba molesta, impactada y con un revoloteo en mi cabeza. Harry Potter era el susodicho auror que tantos dolores de cabeza me había causado en los años pasados, y más bien su equipo. Él también parecía sorprendido, y algún brillo de decepción me pareció ver en su rostro antes de irse. No sé porque eso me conflictuó. Y aún mas dos puntos:
Él que adquiriera un comportamiento hosco y molesto por trabajar conmigo, y el que tuviera que dormir en una misma habitación con él.
