Bueno, parece que este mes del amor y la amistad me ha inspirado o quizá solo he sacado todo esos sentimientos vaporosos que cargo en el pecho.

Espero que les guste. Aquellos que se han pasado por aquí y no han dejado review les invito a que lo hagan, los demás que si, les agradezco sus comentarios. Espero que siga siendo de su agrado la lectura.

Saludos y besos.


Las pasiones son como los vientos, que son necesarios para dar movimiento a todo, aunque a menudo sean causa de huracanes.

Bernard Le Bouvier de Fontenelle


5. Limando asperezas.

Londres, 23 de Junio del 2009

¡No me lo podía creer! ¿Era una jodida broma? El maldito lugar que nos asignaron como "vivienda temporal" estaba cayéndose a pedazos y lo que era menos conveniente, la localización. Se encontraba en medio de un pueblecito muggle y digo que era de lo peor, porque al tratar de hacerle algún cambio con magia hubiera evidenciado para todos en el lugar la anormalidad de las cosas y nos reprenderían por usar la varita.

−Maldita sea−le escuché decir a Harry Potter cuando hizo aparición a mi lado. Aparentemente también fue consciente de las carencias de aquel lugar. Sus cejas se ciñeron en un gesto de perplejidad y se rascó los cabellos alborotándolos aún más−

Él me miró de soslayo por un momento y su rostro bonachón adoptó dureza. Quizá seguía molesto conmigo por no hacer aparición en el lugar tomada de su brazo. Hizo el ofrecimiento antes de salir del ministerio, noté que era incitado por los estatutos políticamente correctos mas que el deseo de hacerlo. Quiero decir, fue dado que estaban con nosotros los aurores asignados por Kingsley Shacklebolt cómo intermediarios entre él y nuestra investigación.

Sin esperar ninguna palabra de él, me adentré en la casita estilo barroco para delimitar el espacio, ver todos los imperfectos y escudriñar la manera de solucionarlos. Quizá si llevábamos a cabo los cambios, de manera gradual, no levantaría sospechas ni del ministerio. ¡Y vaya que al lugar le hacía falta una mano! Sobre todo calefacción. Me abracé tratando de darme un poco de calor, la estancia estrecha además de estar sumida en la penumbra contenía un aire helado.

−Tendremos que aplicar un hechizo para modificar la temperatura−soltó Harry cuando me alcanzó− y otros tantos arreglos−terminó de murmurar, pasó un dedo por sobre los muebles llenos de telarañas y polvo. Levantó la vista al techo, analizándolo con sospecha. Después siguió hasta las escaleras que daban al segundo piso−iré a inspeccionar la planta alta−

No le respondí. Levanté la varita y fui aminorando los desperfectos de las paredes. Quité el polvo y estaba por encender las luces cuando los pasos de mi ahora "marido" me hicieron mirar hacia las escaleras.

−Tiene una sola habitación, no hay agua caliente, el baño es un desastre y el techo necesita reparación, tiene infiltraciones de nieve−

Asentí.

−Me ocuparé del segundo piso y la decoración−dije en un tono autoritario. Realmente no deseaba decirlo de ese modo pero estaba indignada con él. Con el mundo entero−

El frunció el ceño.

−¿Siempre eres tan mandona? –

−No soy mandona Potter..y ¿tú eres siempre un idiota? –

Sus labios adquirieron tensión. Avanzó un par de pasos hasta quedar demasiado cerca para mi paz mental. Esos ojos asiduos a brillar tan esplendorosamente igual a las esmeraldas, me lanzaron una mirada furibunda.

−Realmente logras ser irritante cuando te lo propones ¿lo sabias? Y el hecho de que seas bonita e inteligente no te da derecho a tratar así a los demás−

Fruncí el ceño, pero no evité sentir las mejillas arder. Di gracias a merlín porque la penumbra ocultara mi sonrojo e intente inútilmente refutar sus palabras. Mi cerebro solo concretaba: bonita e inteligente.

−Trato a las personas como ellas a mí. No hago ninguna diferencia−susurré. Intenté que la frase fluyera con elocuencia. Su cercanía provocó un nerviosismo totalmente reconocible, ese que se regocija al estar con la persona que te atrae irremediablemente−

Si diario, para entonces era consciente de que él me gustaba más de lo que pudiera confesar y que además me removía el cuerpo de forma tal que podría rayar lo impúdico ¿en qué momento esa parte de mí se externó sin siquiera pedirme permiso? O es que yacía dormida junto otras características que suelo enterrar en lo profundo de mí ser para encajar con el buen comportamiento y las normas morales. Sinceramente fui incapaz de dilucidar en qué parte de mi vida permití caer en un abismo obscuro y sin fondo de la monotonía.

Harry Potter me miraba fijamente, oh por merlín, agradecía que no pudiera introducirse en mis pensamientos. Sentí por un par de minutos la tensión de su cuerpo relajarse, traspasando la línea de antipatía que se esforzaba en sostener. El trabajo le era importante, sino, su actitud seguiría al estilo casanova. Al menos eso le confería un grado de respeto por mi parte, no mezclaba las cosas.

−Nunca he sido grosero−aseveró con la voz ronca, podría decirse que estrangulada por algo que se esforzaba a no revelar−

−Por supuesto que no, pero tus reportes dejan mucho que desear−

−¿Cómo te atreves? ¡soy excepcional en cada misión! He terminado con el 90 % de los casos que se me han asignado−

−Y el otro 10% se ha ido a la mierda por hacer un mal papeleo−

−¡Eso no es cierto! El que te fascine rellenar 23 formularios con la misma estúpida paja es cosa tuya, no mía. El trabajo de campo sí que lo es−

−¡Se deben complementar ambas cosas! –

−¡Para eso son los equipos de trabajo! –

−¡Pues tu equipo es sumamente malo! –

−¡No te atrevas a hablar de lo que no conoces ¡Ellos son fantásticos, dan todo por resolver los casos, inclusive sus vidas! ¿Qué sabes tú de eso? Si estas detrás de un escritorio rellenando papelitos en lugar de hacer algo real! –

−Por supuesto que mi trabajo es algo real, ¡arreglo tus metidas de pata! ¡por ejemplo! −

−Oh como me encantaría tapar esa pequeña boca tuya con un duelo−

−Sabes que te ganaría. Por supuesto que sí, te has atrevido a leer mi expediente por lo tanto sabrás de mis puntajes en las pruebas de duelo. Y como tuviste el descaro de hacerlo, también yo. Según lo que noté, te sobrepaso por bastante−

Me mordí el labio, mi actitud era por demás deplorable al igual que mis actos. Estaba molesta con él, con el mundo entero ¿Qué si tenía derecho? Tal vez no pero así me sentía.

Sabía de antemano que eran buen equipo el de Potter, leí sus grandes hazañas cuando tuve la desfachatez de indagar en su expediente. También supe que no hacía mucho hubo dos bajas de sus miembros, precisamente tratando de atrapar a los contrabandistas de animales mágicos en extinción desde Londres hasta New York. Aquellos por los que ahora estábamos trabados en esa misión. La fundación Scamander proporcionó pensión a los familiares de los caídos, su arduo trabajo y colaboración lo ameritaba.

−Claro. Sabía que en algún momento sacarías a relucir tus dotes de "doña perfecta" pero hay algo de lo que careces Granger y es intuición, corazonadas y sensibilidad. La razón te nubla a tal grado que tus demás sentidos están dormidos−

−¡Oh señor Potter! Discúlpeme usted por apegarme a las reglas!−

Le vi apretar las mandíbulas tan duramente que temí sus dientes resonaran como nueces siendo aplastadas. El brillo de sus ojos traslució amenazador y disminuyó la distancia.

−¿Cómo te atreves?−dijo en un murmullo−

Levanté el mentón altanera, no me amedrentaría ni su cercanía. Buscaba parecer ofendida con su actitud cuando realmente era lo contrario, el fulgor de la pelea y la manera en que me abordaba me hacía sentir demasiado excitada. Y no, querido diario, no es que fuese sadomasoquista o..bueno..no lo sé pero deseaba con todas mis fuerzas que en ese momento me arrinconara en la pared y me besara de manera posesa. Su respiración chocaba en mi nariz, dándome un regalo de su aroma a mentol. Era fascinante. Sus facciones se relajaron y parecía estudiarme con escrutinio, la rabia deslumbrante en sus ojos tenía minutos que se había marchado dando cabida a ese brillo seductor que vi en la cita del café. Mi respiración se aceleró ¡maldita sea! Cuando él levantó una mano y con el dedo pulgar acarició el borde de mi barbilla. Esa caricia efímera me provocó temblor y para mi desgracia pareció notarlo, porque la sonrisa que me regaló a continuación estaba impregnada de total satisfacción.

¿Sería tan fácil de leer? ¡por supuesto! Se acercó lo suficiente para rosar mi nariz con la suya. Un torbellino de sensaciones me embebió en el momento que su piel tocó la mía ¡por Morgana! ¡que era eso? Ni siquiera con Ron concebí esa oleada de electricidad ir y regresar en descargas descontroladas por mi cuerpo.

La fantasía de infancia haciéndose realidad. Involuntariamente cerré los ojos y esperé a que concretara ¡con un demonio! ¡todo podía irse a la mierda! ¡total! Mi matrimonio estaba tan jodido a un nivel que ni yo misma sabía si era clasificable o reconocible. Esperé y esperé.

Pero más nada.

Cuando abrí los ojos me encontré con los suyos que me analizaban nuevamente con esa reticencia del inicio. Algo en mi interior pareció romperse, el sentimiento hermoso que antes se adueñó de mí se convirtió en un dolor agudo en el pecho.

−Si no te molesta, me voy a descansar. Es tarde. Mañana seguiremos con los arreglos−

−E-espera..solo hay una habitación y…−

−Oh! Pensé que no te importaría usar la sala como recamara. Después de todo te las arreglas sola para cualquier cosa? ¿no? –sus palabras altaneras salieron tan ásperas. Realmente ese Potter estaba molesto conmigo ¡vale! Debo reconocer que me extralimite un par de veces pero no que mereciera congelarme en aquel sitio inhóspito. Tampoco deseaba tenerlo cerca, eso me producía sensaciones nuevas para mi gusto. Se marchó al segundo piso dejándome estupefacta por su falta de caballerosidad ¿dónde había quedado el tipo galante y educado de aquella cita? −

.

.

.

Maldije mentalmente a Potter ¿Quién se creía? ¿El jefe de la misión? En todo caso esa debiera ser yo, mis méritos lo acreditaban. Suspiré con pesadez y me encaminé a la sala, hice la limpieza y preparación debida para dormir. A pesar de todos los intentos de modificar la temperatura de la habitación, y fuere más agradable−no bajo cero−. Fueron tan inútiles.

Me eché en el ancho sillón con pesadez y miré la leña crepitar. Realmente aquel desastre era la cereza que adornaba el gran pastel del desastre en mi vida. Ron seguía sin aparecer y los niños preguntaban por él. No me atreví a tener la debida conversación con ellos estando en puerta la misión, lo haría a mi regreso. El nudo en mi garganta se conformó cuando tomé un ejemplar de El profeta en mis manos, encontrándome con esa cabellera pelirroja tan bien conocida para mí. En la fotografía había un enunciado por tanto inapropiado y del estilo de Rita Sketer−que si no fuera porque aun la tengo bajo llave diría que la nota era suya−

Ronald Weasley de paseo por las Bahamas con una hermosa rubia ¿será que nuestra querida protectora de las criaturas mágicas estará entrada?

¿Pero qué carajos?

Enfurecí y no pude evitar las lágrimas. Estaba a punto de levantarme y tirar eso a las llamas cuando di un salto al notar una sombra en el umbral. El profeta se me cayó de las manos.

−¡Por merlín! ¡Potter? –

El salió de las penumbras y se colocó frente a mí.

−Lamento lo de hace rato. He estado pensando.. –

−Vaya que noticia−ironicé−

−Granger, permíteme terminar. La verdad es que hay mucho en juego en esta misión y no quisiera que se arruinara por una estúpida rivalidad sin sentido−

−En algo estamos de acuerdo al fin−

El pareció ignorar el comentario y prosiguió:

−Además si mueres congelada el ministro no me perdonará jamás. Parece que la casa ha sido protegida contra algunos hechizos. Mañana enviaré una lechuza para pedir que desbloqueen las líneas de magia−

−Si−

−No creo que haya algo malo en que compartamos habitación. No me mal intérpretes, esta no es proposición de ninguna clase. Tal vez a tu esposo no le vaya en gracia−recalcó como si hablase de algo tan descabellado−

−No creo que eso le interese en este momento−solté. No me importó enjuagarme las lágrimas con las mangas de mi sweater hizo un gesto extrañado de notar apenas las motas saladas haciendo surcos por mis mejillas−

El frunció el ceño. Luego bajó la vista al periódico y se acuclilló para tomarlo ¡quería que me tragara la tierra! ¡lo había olvidado ahí entre mis pies y los suyos!

−Oh, vaya…ahora veo por qué lo dices−su voz sonó apagada. Arrepentido de soltar toda aquella palabrería sin advertir mi estado anímico. Le arrebaté el periódico de entre las manos y lo fulminé con la mirada. Lo que menos necesitaba eran sus comentaros sarcásticos o burlas−

−Bueno Granger, no debiera extrañarte. La monogamia no es una cualidad de los seres humanos. Es antinatural−

−Lo dice quien ni siquiera tiene noción de lo que significa−

−Claro que la tengo, y tan clara que he decidido no practicarla más. Por eso mantengo una relación abierta. Es menos complicado. Menos infidelidad−

Bufé un improperio.

−Eso es una excusa barata. Solo es miedo al compromiso−recalqué la ultima frase con arrebato−

−¿Cómo puedes hablar de lo que no conoces? ¿o juzgarlo siquiera sin haberlo intentado? –

−No es mi estilo−

−¿Y si lo fuera? Solo que no te has permitido experimentarlo−

Sus ojos volvían a refulgir con un brillo seductor y sus labios se curvaron en una sonrisa misteriosa. Tratando de convencerme de sus palabras o concretar algo de su mente. Si bien es cierto, querido diario que moría de ganas por besarle. Porque me estrechara entre sus brazos. De nuevo comenzó a acercarse lentamente.

Su cuerpo estaba junto al mío, hilvanando dentro de mi la telaraña del misterio con sus ojos resplandeciendo en sensualidad, estaba tan cerca que quizás podríamos confundirnos en uno solo. Sus manos se levantaron, una se concentró en cerrarse tras de mi espalda y la otra acunó mi mejilla y limpió el resto de las lágrimas que aun brillaban por ahí.

−Eres muy hermosa ¿lo sabias? Tanto que no puedo enfadarme contigo−

−Ese comentario es sexista−

−¿Sueles refutarlo todo? –

−Sí−

−Puedo acostumbrarme−

Y sin más sus labios se postraron sobre los míos..