Uhm, bueno esto está subidito de tono. No apto para menores. Espero que les guste.
Saludos.
La única manera de librarse de la tentación es caer en ella. De resistirse, el alma enfermará anhelando aquellas cosas que se han prohibido, deseando lo que sus monstruosas leyes han convertido en terrible e ilícito.
−El retrato de Dorian Gray. Oscar Wilde-
6. No caer en tentación.
Londres, 23 de Junio del 2009
No podría explicarte la sensación querido diario. Pero lo intentaré.
No supe en qué momento permití que mi buen juicio se mudara de mi cerebro. Los labios finos de Harry Potter, cuyo calor y frenesí se apoderaron de los míos, produjeron oleadas de temblor por todo mi cuerpo. Parecía estar hecho a mi medida, como si llevara siglos esperando su llegada y mi cuerpo reconociera esa parte que le hacía falta. Recobré entonces cada fibra de sentimiento que en las épocas de Hogwarts albergué con esperanzas de siquiera él reconociera alguna atracción. Era increíble que sus manos inquietas recorrieran con cautela cada parte de mí a su alcance, si no fuera por la lucha interior carcomiéndome, habría jurado que estaba igual o peor de nervioso que yo.
La invasión del espacio personal lejos de disgustarme, me agrado demasiado. Algunos ecos en mi mente lanzaban frases para que despertara de mi sueño adolescente, con sus respectivos avisos de advertencia.
¡Eres una mujer casada! Y refutada por una segunda vocecilla maliciosa:
¡Una mujer cornuda! ¡Qué más da Hermione?
¡Él tiene novia! ¡una novia que seguramente ama!
¿Y eso qué? No es como que deseemos casarnos con él, ¡solo un buen polvo!
Todo iba y venía como un torbellino. Su cuerpo emanaba un calor reconfortante, que percibí con un aura de protección atada a la nobleza de sus movimientos. El acto no estaba regido puramente por la lujuria, era para mí como si un conjunto de cosas se acumularan: atracción, admiración, ternura, pasión, deseo.
Claro que Harry Potter dejó de ser el niño enclenque de la escuela y su edad traspasó la madurez más allá de lo mental –aun que vamos ¿Cuándo los hombres terminan de madurar en sí?− sus hombros anchos le conferían un atributo parecido a los hombres que han luchado grandes batallas medievales. El grosor de su talle, los músculos ceñidos a su estructura y la masculinidad vibraba desde sus movimientos hasta la forma en que hablaba. Me colocó tan fácilmente entre sus brazos, con un grácil movimiento dado igual que un danzón, invariable verdad de todo hombre experto en las artes del amor. Eso me provocó un aturdimiento irreverente. Ese hombre inmaculado, estaba hecho para ser recorrido con las manos, como la arcilla divagante entre los dedos, o admirado mejor aún igual que las estructuras de marfil talladas a pulso y gana.
Recostó el peso de su cuerpo encerrándome entre la pared y él. Sus perfectos labios siguieron sobre los míos con extrema maestría, deleitándose conmigo tal si fuere írsele la vida entera en ello. Su lengua jugueteó con la mía y remarcó mis labios lentamente para luego acunar mi rostro entre sus manos y profundizar lo que antes hacía. Degustó todo lo que pudo de mi boca ¡oh merlín! Por dentro me sentía como la colegiala que recibía su primer beso. Y no es que fuera carente de experiencia, Viktor me besó primero que nadie, Ron también lo hizo incontables veces. Pero jamás percibí de ellos esa pasión desbordada ni mi intimidad se liberó tan fácil y rápidamente como un río desbocado. Las bragas me resultaban tan incómodas y peor fue cuando noté un bulto creciente al borde de mi pelvis.
−No tienes idea lo mucho que desee esto−murmuró en mi oído luego que con dificultad casi pavorosa se separó de mis labios. Después, con una lentitud casi torturante su lengua cálida se paseó por el lóbulo de mi oreja y si no caí al suelo ahí mismo fue debido a la presión de su cuerpo−
−Potter..esto no..esto no debería ..¡oh! –traté de disuadir pero me convertí en una masa dominada por sus besos y caricias en el momento que sus labios llegaron hasta mi cuello. Él soltó un vaho dejándolo en mi piel como una huella ligera y húmeda, erizándola, mordisqueándola y provocando la zona más erógena que pudo hallar en mí. Era como si me conociera en verdad, como si supiera cuales puntos exactos tocar y besar−
−Eres hermosa Hermione Granger−dijo con la voz ronca, estrangulada de pasión−
En un momento de lucidez, le tomé por las mejillas y lo obligué a mirarme. Mi pecho subía y bajaba en un ritmo descomunal, mi corazón retumbaba en mi garganta frenéticamente y negaba a abrir los ojos ante el miedo de encontrarme con mi reflejo en los suyos. Nada me hubiera dolido más que ver mi vergüenza reflejada en esos ojos maravillosos. Ese sentimiento se atrevió a atajarme dada las circunstancias y lo permisible que me comporté a la situación ¿Dónde estaban mis cuerdos análisis? ¿el comportamiento correcto? No quería me percibiera como una fresca.
Haciendo tripas corazón abrí mis parpados pesados y adormecidos. La luz de las velas permitieron sólo divisar un poco de ese brillo esplendoroso en sus ojos esmeralda que decían más que las palabras. El deseo velado en su mirada, sus mejillas sonrojadas al igual que lo estaban−muy seguramente− las mías y la respiración entre cortada me dejaron en claro que pese a su notable experiencia, el guardaba algo más dentro de sí.
−Debemos parar, esto no es correcto ¡Estamos en una misión! ¡soy una mujer casada! –
Él sonrió sensualmente e introdujo una de sus piernas entre las mías. Su rodilla acarició deliberadamente mi intimidad por sobre la ropa. Tragué en seco, aquel ardor justo en esa zona se logró más intenso, mas hambriento −Lo primero que objetas, pudiera ser de importancia, lo segundo ni tu misma lo crees como pretexto valido para evadirme. Si no quisieras nada de esto me hubieras detenido minutos atrás… Hermione ¿por primera vez en tu vida podrías dejar de pensar en las reglas y lo que es correcto? –sus ojos suplicaban algo más que condescendencia. Mis pechos rozaron contra el suyo e irremediablemente mis pezones de alzaron gustosos al contacto. Volvió a besarme pero sus labios apenas rosaron los míos, con una caricia lánguida, casi efímera−dime mirándome a los ojos que no lo deseas tanto como yo y me alejaré−
−Potter−supliqué. Mi voz me pareció lejana. Mis dedos se atrevieron a enredarse en la cabellera obscura detras de su nuca y aprisionarla para no permitir que se alejaran. Reaccioné a cada beso, a cada caricia con satisfacción−
Muy bien querido diario, he de confesar aquí, que de cierto modo supe que él sería mi perdición. No solo me gustaba Harry Potter, lo deseaba de una forma que jamás concebí con otro hombre, lo admiraba por todos sus logros, las misiones y las hazañas que con destreza e inteligencia realizó para el ministerio y las criaturas mágicas. Estuve enamorada perdidamente de él durante todo el colegio, idealizando mil formas de acercarme o siquiera mantener una conversación.
Era irreal. Inverosímil.
Justo en ese momento en que me permití subir una a una las escaleras de aquella pequeña casita, con besos entre cortados y caricias desesperadas. Lo concreté. Terminaría profundamente enamorada de ese hombre, y no me importó en absoluto. Pese a que sabía que nunca sería mío, que jamás querría las mismas cosas que yo y sobre todo siendo consciente de su relación sentimental con otra mujer.
Un cosquilleo burbujeó mi parte central en el momento que dejó caer un poco de peso sobre mí, su cabello negro ligeramente cayó sobre su cara como un dosel enmarcando la blancura en la piel de su rostro. Sus labios dejaron un recorrido de besos desde mis labios, mi barbilla, se entretuvieron un tiempo en mi cuello para luego dirigirse hasta mis hombros. La manera en que se deslizó por mi piel era delirante, acotando cada centímetro que tuviese a la vista. Alzó la mirada para encontrarse con mis ojos igualmente nublados de pasión como los suyos.
La respiración inconstante me hacía difícil el trabajo pero, traté de tranquilizarme. Las manos me temblaban sin contemplaciones y no solo por lo maravilloso que era la situación si no los sentimientos recién descubiertos que revoloteaban en mi estómago. Él viajó a las trincheras de mis pechos paladeando a su paso con la lengua cálida y húmeda. Lentamente se dirigió a mis pezones y los degustó a sus anchas. No pude evitar lanzar un sonoro gemido y volver a enredar mis dedos en esos cabellos obscuros como la noche.
La sensualidad de sus movimientos y los roces de su cuerpo contra el mío, me excitaron tanto que en cuestión de tiempo me descubrí moviendo las caderas al compás de las suyas y un río creciente entre mis piernas. Ahí recostada sobre la cama, la ropa fue saliendo con premeditada lentitud y por sus ágiles manos, traté de cubrir mi desnudez inútilmente avergonzada de que mirara mi cuerpo imperfecto, intenté cubrirme los pechos.
−Déjame admirar tu belleza−dijo. Harry se irguió, me miró con fascinación y después de unos segundos se sacó el abrigo y la camisa, lo hizo con una tranquilidad casi envidiable. Su torso marcado por lo arduos entrenamientos y su piel blanca tenían la invitación tacita a delinearse por mis manos. Mis dedos temblorosos aún, trazaron líneas imaginarias con las yemas y observé cómo entornó los ojos extasiado por la caricia. Me atreví a extender la palma y viajar más allá de su vientre, encontrándome con el inicio de sus pantalones. Le percibí aguantar la respiración ante mi aventurada intromisión.
−Debes ser consciente de que una vez que esto inicie, no podré parar−sentenció con una voz que ya no parecía la suya−
−Esto comenzó minutos atrás Potter−aseveré. Alzó las cejas con sorpresa, sonrió malicioso y mas que satisfecho por aquella revelación. Extrañamente mis manos recobraron la confianza que antes carecían y sin meditarlo siquiera, descoloqué el cinturón y abrí la cremallera de aquel pantalón de mezclilla. Él me había hecho sentir la gloria con sus besos y caricias, deseé hacer lo mismo aunque mi destreza no se pareciera a la suya ni por asomo−
−Llámame por mi nombre –Exigió para luego apretar los labios en una línea fina. Mi mano se cerró contra su grande e hinchado miembro y le moví de arriba hacia abajo en una caricia segura, fuerte, deleitándome con la suavidad de esa piel recién descubierta. Gimió aún más cuando aceleré el ritmo−
Sus labios volvieron a mis pezones, lamiendo, succionando y mancillando premura al deleite. No pude evitar gemir cuando una de sus manos apretó la carne mullida de mis nalgas incitando a mis caderas pegarse más a las suyas. Volvió a erguirse para sacar las últimas prendas que lo retenían por completo.
−Voy a hacerte el amor Hermione, deseo con todas mis fuerzas llenarte por completo−murmuró en mi oído mientras me abría las piernas lentamente−pero antes, voy a prepararte un poco para mí−
La sentencia deliberó la intrusión de sus dedos. Delimitó la fina piel de mi intimidad con parsimonia y aumentó el ritmo de sus movimientos conforme aceleraba el vigor de los besos. Sus labios devoraban los míos frenéticamente cuando sus dedos se introducían con arrebato, para después aminorar y convertirse en apenas caricias. Mi cuerpo se sentirá arder, consumiéndome la pasión febril, los impulsos indecentes de mordisquear, besar o succionar la piel de sus hombros, su mentón masculino, sus labios ya enrojecidos.
La inflamación de mi sexo era insoportable, la delirante sensación de necesitarlo dentro de mí se convirtieron en el único pensamiento que travesó mi mente.
−Harry..por favor.. –supliqué sin siquiera saber que deseaba exactamente. Él se detuvo en seco, sacó sus dedos de mí y se los llevó a los labios. No pude más que enrojecer ante la visión de esa imagen indecente y cadenciosa de lujuria.
−Sabes endemoniadamente bien, deberías probar−susurró y luego me besó con frenesí. Sentí el sabor salado del elixir que sacó de mi−
De repente estaba ardiendo viva en una oleada de atormentado placer. No podía permanecer quieta. Mis uñas se clavaron en la suave sábana y después volaron instintivamente hacia él, arañándole los hombros, enterrándome de nuevo en su cabello hasta que con un gemido ahogado, Harry se introdujo dentro de mí. Ante la inesperada intromisión, cerré los ojos, acostumbrándome a su enorme virilidad y sin previo aviso salió y volvió dando una estocada con apasionada urgencia.
−Eres tan deliciosa−jadeó antes de iniciar un vaivén de caderas. Sus labios buscaron los míos, pero a comparación de antes, la dulzura con que los acarició me pareció enternecedor−
Sentía como si cada átomo de mi ser estuviera centrado allí, en sus envestidas y cada caricia me volvía más loca hasta apretarme a él con arrebato, buscando yo misma su boca provocativa, su piel suave y deliciosa. Desesperada por todo el contacto que pudiera conseguir, por aliviar la agonía que me estaba consumiendo ¿Dónde quedó mi entereza? ¿Dónde se fue mi decisión de no caer en tentación? Al mismo demonio cuando él me besó.
Y la vergüenza fue lavada por el deseo ferviente de ser suya esa noche.
Cuantas veces él quisiera.
