Hola. Espero que les guste el capítulo. Disculpen la demora pero ahora mismo estoy en medio de una situación complicada. También preparo cap para el fanfic "lo indispensable" además que ya pretendo darle fin.
Dedico este fic a todos los corazones rotos, a todos aquellos que han creído en el poder del amor y que con ello cambiarán a una persona. Aquellos que creen que pueden conquistar a alguien que ha decidido no ser conquistado y que en el camino han dejado el corazón en el suelo. Sé lo que se siente tener esa clase de ilusión, pero queridos amigos y lectores..la realidad es que quién a decidido tener corazón de condominio jamás cambia. NUNCA. Así que pues, por favor evítense sufrimiento en el futuro. Si lo sabré yo...
Saludos y besos.
7. Engaño del alma.
Los sentimientos son inocentes como las armas blancas. Mario Benedetti.
Es difícil comprender por qué somos tan egoístas. Sí. Esa es la palabra: Egoísmo. ¿Estará bien aplicado? Es lo más racional que se me ocurre para describir esa autentica necesidad que tenemos por ser algo especial para la pareja, el que nos considere únicos, inigualables e idolatre cada parte de nuestro ser sin siquiera cuestionarse si eso es una locura.
Es ridículo pensar que sobre todas las cosas podemos ser prioridad para el otro. Es como los cuentos rosas o las novelas románticas que leí con tanto fervor en la universidad Muggle.
¿Cómo es posible que podamos creer que seremos el mundo del otro y que él/ella nos amará para toda la eternidad?
Ahora lo entiendo, llegó a mí como un haz de luz conducente, querido diario. Eso es una vil mentira.
El arrebato de creer que un hombre no delimita su cariño, podría ver en mí las cualidades para concebir una relación que el mundo cualifica de normal. El jodido arrebato me llevó a cometer semejante estupidez. Cuando bien sabía que obedecer los impulsos no era un arte del buen juicio. Realmente no es que estuviera arrepentida querido diario, la conexión entre él y yo era poderosa, casi podría asegurar que similar a la que siente un mago al escoger su varita −o viceversa−. Tampoco creo en esas locuras de las almas gemelas ni mucho menos en las personas destinadas a pertenecer a tu mundo, esos son disparates que solo saldrían de alguien como la profesora Trelawney.
Sin embargo ahí estaba, enredada entre los fuertes brazos de Harry Potter, escuchando su atenuada respiración. Deambulé por el color azabache de sus pestañas preguntándome qué clase de hechizo podría tener ese hombre ¡por merlín! Su sabor es indescriptible, su olor, la suave piel entre mis dedos. Realmente quisiera poder tener todos los adjetivos para calificarlo. Quizá perfección pura, o era mi enamoramiento el que me hacía mirarlo de ese modo.
Sí, quizá. Seguía idealizándolo desde los tiempos del colegio y creía que aquel dulce e inocente muchacho del que me enamoré seguía viviendo bajo aquella piel encantadora. ¡OH ERROR!
Gracias a Morgana, Harry seguía en un profundo sueño, porque si fuera consciente que lo observaba como una quinceañera embelesada mientras dormía, podría morir ahí mismo de vergüenza.
Bajé de la cama como una gata escaldada, intentando no despertar al bello durmiente. La ducha me pareció una mejor idea. El solo abrir la llave y que el agua corriera por mi cuerpo generó los flachazos de la noche anterior.. ¡Qué descaro! Acepté cada caricia suya con la mera necesidad de sentirme mujer: amada, querida, urgida de sentir el calor de sus besos sobre la piel que escocía. Su dedos se desplazaron por mi cuerpo con destreza y tocó cada centímetro con una habilidad admirable; él sabía que parte era más sensible, cual saborear a lentitud, cual comer con voraz necesidad, cual solo rosar apenas y cual tomar con determinación entre sus labios.
Recuerdé cómo el corazón me dio un terrible vuelco cuando él me rodeó y la presión de su firme boca se hizo más insistente. Harry utilizó su lengua en un ondulante avance por mi tierno interior y una oleada de placer me hizo soltar un gemido atormentado. Mis manos se enterraron en el espesor moreno de su cabello atrayéndolo mas hacía mi mientras el pulso del deseo atenazó todos mis músculos.
«¿Qué estás haciendo?», me dijo la voz de la conciencia. Pero me sentía impotente mientras la barrera de resistencia se resquebrajaba y se desbordaba todo el deseo que había reprimido tanto tiempo. Un gemido incoherente se me escapó de la garganta mientras él elevaba el ardor del beso con erótica maestría para emular una posesión mucho más íntima. La temperatura se le disparó por las nubes y un ardiente placer me sofocó.
—Harry... —murmuré cuando él se separó de mi boca inflamada.
Con una radiante sonrisa, él me apartó las manos de su cabello y besó cada una de las palmas. Mis ojos nublados se clavaron en los de él cuando empezó a deslizar los finos tirantes de seda por mis hombros y sentí un escalofrío de pánico que casi rompió el hechizo.
Pero Harry apretó de nuevo sus labios contra los míos y la cegadora oleada de pasión nos asaltó de nuevo. Me sentí como una nadadora novata que se hubiera sumergido a demasiada profundidad cuando consiguió desnudarme. Mis senos estaban frente a sus extasiados ojos verdes, hinchados y con los pezones vergonzosamente erizados. Harry cerró una mano sobre las mías cuando intenté cubrirme.
—No te avergüences... disfruta de tu belleza como hago yo — apremió con voz ronca—. Tu cabello tiene la gloria del amanecer y tu piel el brillo de las camelias blancas—
Allí echada y completamente vulnerable, sentí todo mi cuerpo arqueándose hacia él involuntariamente y quedé sin aliento. Harry curvó los dedos irreverentes sobre un montículo tembloroso y se me contrajo el estómago, cerré los ojos ante la intolerable sensación que su dedo estaba produciendo en el sensible pezón.
Harry abarcó mis senos, los contoneó y exploró con manos expertas y después bajó la cabeza morena, para devorar un botón rosa en el ardor de su boca dejándola sentir sus dientes y el frote sensual de su lengua. El corazón se me desbocó perdí todo el control mientras arqueaba la espalda. Se me escapó un gemido febril. De repente estaba ardiendo viva en una oleada de atormentado placer.
No podía permanecer quieta. Mis uñas se clavaron en la suave sábana y después volaron instintivamente hacia él, arañándole los hombros, enterrándose en su cabello hasta que con un gemido ahogado, tomó mi boca de nuevo con una apasionada urgencia que nos consumió. Entonces deslizó uno de sus fuertes muslos entre los mios mientras sus dedos jugueteaban sobre mi tembloroso vientre. Se agachó para besarme los senos de nuevo cubriendo la carne ya febril con ardientes y ansiosos besos. Se movió hacia la barrera de seda que cubría mis finas caderas deslizando una mano acariciante a lo largo del sedoso de mi muslo. Dibujó todo el contorno de la extremidad temblorosa hasta el remolino de fieros rizos que ocultaba mi intimidad. Un sonido estrangulado escapó de mis labios cuando él encontró la fuente del más insoportable placer.
Harry se inclinó y me asió por el cabello mientras su cabeza se agitaba sobre la almohada con frenesí. Yo tenía los ojos muy abiertos y nublados de pasión. Harry me miró como un ansioso conquistador, sus brillantes ojos esmeralda entrecerrándose, acercó sus dedos al punto más sensible de mi cuerpo palpitante y murmuró roncamente:
—Ahora dime que no te imaginaste esto la primera vez que posaste los ojos en mí. Dime que no te viste yaciendo bajo mi cuerpo, con el tuyo ardiendo por mi posesión... —
—Yo... yo... —jadeé—.
—Sólo con verme me deseaste. —
—¡No! —
—Al instante, de forma desesperada e inolvidable. Sentiste lo que no habías sentido nunca antes. Un reconocimiento sexual tan poderoso y consumidor que los dos los vimos a la vez—dijo con zorna, como si supiese en verdad lo que provocaba en mí—
—No—rezongué—
Harry movió su experta mano como un torturador y no pude evitar soltar un grito, incapaz de reprimir los emidos de intolerable placer. Arqueé el cuerpo.
—Admítelo —entonó él con una sonrisa y la tenacidad que tanto me asustaba—
—¡Eres un presuntuoso! —gemí en una explosión de frustración emocional—. De acuerdo... de acuerdo... sí ... sí... sí—
Él esbozó una sonrisa de triunfo y como premio a su rendición bajó su largo cuerpo contra el mio. Apretó su boca ardorosamente necesitada contra el hueco palpitante de mi cuello.
—Tú eres mía ahora—murmuró—
—No —jadeé con desesperación—
—Y si te hubiera besado hasta dejarte sin respiración en vez de haber intentado ser políticamente correcto por el "trabajo"—
—¡No! —gemí con angustia y furiosa con él—
Estaba tan furiosa, a punto de explotar pero no podía controlar la atormentada reacción de mi cuerpo ni la necesidad que él mantenía en el punto de ebullición.
—Sí—terminé por confesar. Toda las fuerzas por mentir se fueron al demonio—
Con una ronca carcajada, Harry deslizó la punta de la lengua entre mis senos y cambió de dirección para lamer los pezones inflamados que ya había acariciado hasta poner erectos. Me hizo jadear y retorcer mientras sus dedos se deslizaban por la suave parte interior de uno de mis muslos hasta descubrir el centro de placer.
Arqueé instintivamente las caderas, en un arrebato salvaje bajo el asalto de su mano exploradora. Sentía como si cada átomo de mi ser estuviera centrado allí y cada caricia me volvía más loca hasta apretarme a él con frenesí, buscando yo misma su boca provocativa, desesperada por todo el contacto que pudiera conseguir, por aliviar la agonía que me estaba consumiendo.
—Intentaré no hacerte daño —murmuró con voz ronca—. Pero estás muy tensa y yo llevo tanto tiempo sin hacerlo... —
Me había conducido hasta tal cima de excitación que, estaba totalmente fuera de control. Nada importaba salvo aquella intolerable vaciedad que necesitaba ser llenada. Harry se deslizó entre mis muslos abiertos, me alzó con sus fuertes manos para que fuere consiente de la ardiente y dura prominencia de su masculinidad. Se frotó contra su suavidad provocando un jadeó y me puse rígida mientras abría los ojos.
—No te pongas tensa —susurró él mientras buscaba la entrada de mi húmeda bienvenida, aquella que él había preparado con tanta devoción—
—Por favor.. —
Iba a decir no, pero mis labios no pudieron pronunciar la palabra. Estaba tan excitada que la primera sacudida de su lenta invasión me despojó de toda capacidad de pensar o hablar. Harry se arqueó ligeramente sobre mí. El vello de su torso rozó mis pezones y atrapó mis labios antes de zambullirse en mí. Cuando grité, él apartó sus labios y me miró con sus facciones tensas por el control que estaba imponiendo a su fiero deseo. Sus ojos eran como dos llamas vibrantes cuando me abarcó con posesivo orgullo.
—Ahora eres verdaderamente mía, Granger —susurró con salvaje satisfacción—
Al borde del dolor, fui otra vez devorada por la ardiente excitación sexual. La sensación de él dentro de mí, llenándome era tan intolerable e íntima que gemí desde lo más profundo de la garganta. En reacción contundente, voraz, fiera. Él se paralizó de nuevo antes de penetrarme hasta lo más profundo con un gemido de pasión.
Sacudí la cabeza y saqué aquellos recuerdos de la noche anterior. No quería seguir torturándome con la culpa de mi poca elocuencia. Dejé que agua corriera por mi cuerpo y se llevara las huellas de mi impúdico comportamiento. Terminé con la ducha y casi me voy al suelo cuando abrí la puerta corrediza de la regadera y lo encuentro ahí, desnudo. Recargado en el marco de la puerta con una sonrisa extendida en su rostro y su aire de confianza como capa.
−Así que aquí es dónde te has escondido−Dijo con una sonrisa gatuna y los ojos brillando de emoción contenida−
−Yo no me..yo−balbuceé apenas, pues en un segundo me atrapó entre sus brazos y sus labios reclamaron los míos−
Me besó dulcemente y estrechó mi cuerpo contra él. Sus labios tibios jugaron con una lentitud deliciosa, hasta volverse más feroces y posesivos robándome el aliento. Era más de lo que podía soportar después de una noche tan ardiente y casi en vela. Me retiré con la poca cordura que me quedaba antes de que incentivar la insensatez.
−Anoche estabas más participativa−bromeó mientras colocaba besos en mi cuello−
−Eso..eso no estuvo muy bien…no es profesional−murmuré lo más elocuente que pude. Pero no evité cerrar los ojos cuando sus labios rosaron el lóbulo de mi oreja izquierda−
−Granger, deberías ser menos remilgada−susurró—
−Y tú deberías pensar con la cabeza−Le tomé el rostro entre mis manos−que con "otra" cosa−puntualicé con la mirada cierta parte de su anatomía masculina que estaba más que listo y apuntándome en el vientre−
Harry soltó una carcajada sonora.
−Eres una mojigata−dijo y me apretó contra sí con fuerza−pero a decir verdad eso me encanta, te da un aire de inocencia que me vuelve loco…−
Volvió a besarme. Me perdí dando vueltas ante sus propias incongruencias. De alguna manera, tenía que convencer a Harry de que me dejara ir, pero estaba segura él creía que debía sentirme halagada por haber hecho tantos esfuerzos de demostrar tal interés en mí, sobre todo cuando sus maniobras iban acompañadas de intenciones poco honorables. Así son los casanovas ¿cierto? Primero ellos, luego ellos y enseguida ¿adivinen qué? ¡Ellos!
—¡Esto debe parar Potter! —dije y me separé dándole un empujón—
Me miró extrañado, luego su rostro dejó de estar relajado para volverse un gesto duro.
—Tú me miras igual que yo te miro a ti. Luz verde y enseguida la luz roja de prohibición. Me enfurece... y en este mismo momento me dan ganas de tirarte en esa cama hasta hacerte gemir de nuevo de exquisita tortura y que me supliques que te satisfaga. Después de la experiencia, dudo seriamente que ofendas mis oídos de nuevo con la mentira de tu fingido desinterés—
Allí de pie, cautiva por la intensa y oscura pasión de él, también lo dudaba. Me aparté con un violento sonrojo ante la sexualidad desnuda que flotaba entre nosotros a pesar que comenzaríamos una pelea.
—No niego que... que haya cierta atracción entre nosotros —me escuché a mí misma confesar para mantenerle a raya. Pero después de lo sucedido eso no era mas que un vago intento por excusar la evidente necesidad que tenía de él—
—Esto es muy repentino—dijo con seriedad—
—¿Perdona? —
—Que por fin admitas la verdad ya no es suficiente. Y creo que es bastante tarde para arrepentimientos ¿no crees? ¡hemos hecho el amor toda la noche! ¡no me vengas ahora con que no te intereso en lo más mínimo! ¡lo que hicimos y cómo lo hicimos no se puede fingir!—Su pecho se ensanchó y apretó las mandíbulas furioso. Me sentí cargada de frustración—. Pero ya no quiero las migajas. Quiero todo lo que tengas para darme y aún más. Tomaré lo que quieres negarme. Te poseeré como nunca te han poseído y después dependerá de ti si no me perdonas nunca. ¡Eso te lo prometo! —
Había pensado que con confesarle vagamente un sentimiento, creyendo que él se conformaría, olvidaría todo y podríamos continuar la misión. Lo que había conseguido era enfurecerle.
—Pero, ¿qué podemos tener tú y yo en común? ¡por merlín! ¡esto ha sido un total error! —
—Eres bastante inocente si no sabes que hay cosas más excitantes entre un hombre y una mujer que la similitud ¿no te jactas de mucha inteligencia? Parece que en lo emocional eres bastante torpe, no me extraña que por eso tu marido..—
Abrí los ojos de par en par. No daba crédito lo que estaba escuchando. De pronto una cascada de sentimientos me golpearon por todas partes, agolpándose en mi garganta con un nudo mordaz ¡acaso estaba acusándome de insípida? ¿Y por tal razón Ron fue a meterse a la cama de alguien más? Su rostro denotó el arrepentimiento casi al mismo instante que pronunció aquellas palabras y como todo hombre cobarde no terminó la frase. Ni yo me quedaría a escuchar si de daba fin o no.
—¡Oh eres tan ególatra! —le solté una bofetada y lo aparte de la puerta. Salí del baño bufando tantos improperios que yo misma más tarde me sorprendí de conocer tan amplio vocabulario soez—
Me vestí lo más rápido que pude y salí de aquella casona a grandes zancadas. Completamente consiente de lo jodida que estaba ahora. Embriagada por aquel hombre y más allá de solo el aspecto sexual. Había sembrado algo dentro de mí, una semilla en el alma. Una esperanza de que el amor pudiera llamar a mi puerta ¿pero cómo se enamoraría de mí un hombre que no creía en la monogamia? ¿Cómo podía ser tan torpe por creerlo?
