N/A: Mil gracias por las reviews en el primer capitulo. ¡Me alegra que les haya gustado!

Esta historia la publiqué en otro sitio bajo el mismo nombre y esperé para publicarla aqui también. Ya saben que cualquier comentario o critica es bienvenido asi que adelante n.n

Disfruten.


CAPITULO II

El ANTIGUO JUEGO

Se encontraba corriendo por el sendero que veía por delante. Nada más la rodeaba una espesa bruma extrañamente cálida y con sabor a especias. Siguió caminando hasta que se dio cuenta de su estado somnoliento en el que actuaba, no había nada a su alrededor ni siquiera una sola alma; mirando sus pies nota que son más pequeños de lo que recuerda. ¿Recordar? ¿Era esa la palabra adecuada? ¿Qué es lo último que recuerdo? se preguntaba. Se detuvo como si descubriera en seco su posición, no solo veía el suelo y sus pies a una inusual pequeña altura, sino que llevaba puesto una vestimenta que remonta un ligero sentimiento entre la nostalgia y la extrañeza, mirando hacia todos sus lados notando como la niebla comenzaba a disiparse. Retomando el paso una vez más, divisa a lo lejos pilares con aspecto rocoso pero liso, pilares de marfil quizá. Se aventuró a tocar la firmeza del material descubriendo que esta parecía estar hecha de algo más suave que el marfil y con cada caricia de su palma un poco del material se desprendida de la estructura y al caer al suelo, este se volvía una esfera del tamaño de una perla. Por instinto dio un paso atemorizado hacia atrás al ver la repentina transformación del metal. Girando la cabeza hacia sus lados por inercia ve como ahora se encontraba en medio de un bosque y los pilares, ya no eran pilares de marfil, sino arboles majestuosos cuya copa desaparecía en el cielo brillante, tan brillante que solo podía entrecerrar los ojos por la nebulosa del ambiente. Sin embargo, las perlas seguían ahí, cinco en total. Desafiando su sentido de precaución, se inclinó para tomar una cuando algo la detiene, en todo el evento jamás se detuvo a identificarse a sí misma; ahora sí. Rodeo su lugar en busca de un reflejo y corriendo hacia un riachuelo e inclinándose lo suficiente para ver, ahí estaba: en definitiva era de pequeña altura, con pequeñas manos y pequeños pies, su cara era la misma pero diferente a la vez de la que recuerda, era redonda y demasiado infantil, mejillas rosadas cual muñeca de porcelana, pero eso sí, reafirmó que seguía conservando sus ojos color chocolate. Llevaba puesto un vestido blanco que llegaba a sus rodillas y con manga corta pero que era cubierto por un delantal color rosa y un moño que lo amarraba por la parte de atrás de su espalda; su cabello era más corto de lo que acostumbraba, a la altura de sus hombros y amarrado en una media cola con un lazo rojo. Entonces debía abrir los ojos, tanto física como psicológicamente: era una niña. Ella era una criatura de no más de 6 años de edad y antes de que comenzara el cuestionamiento, algo rompió el silencio.

"Kagome…"

Lo que la asustó no fue el hecho que la voz llamara su nombre o que ella misma reafirmara su identidad sino en el tono en que fue pronunciado: como si la invitaran a jugar.

"Kagome…Kagome"

La llamó por segunda vez, y la voz se escuchaba más infantil que antes. ¿Otro niño? El tono en que la llamaba era cada vez más notorio también. La incitaban a que se uniera a algo. A que cediera.

"¿Quién eres? – sorprendida por el la voz de niña que tenía pero decidida a averiguar que era todo eso.

"Vamos a jugar…"

"¡No quiero jugar! ¡Quiero saber quién eres! – Mirara a donde mirara, era la única personita en ese brillante y a la vez misterioso bosque. Insistió la mirada en cada punto como si tuviera la habilidad de ver a través de los troncos. La voz no habló después de su respuesta, y pensó que se debía a la fuerza en que demandaba su identidad. No se sintió sola por mucho.

"Vamos a jugar Kagome…"

Pudo volver a insistir en su demanda, pero un repentino descubrimiento y a la vez confuso la dejó inmóvil del miedo. La forma en que formulo la voz la oración, sin una pausa entre la petición de jugar y su nombre. No se refería a su nombre propio. Era un nombre, pero el nombre de un juego, ese juego.

"¡No!" – Perdió toda firmeza y ahora tenía miedo de perder la compostura. Detestaba ese juego, el recuerdo de su infancia que jamás quería volver a recordar, la pesadilla. Quiso correr, pero la voz se lo impidió.

"Estas en el medio…Juguemos"

Ahora era la voz de otra niña la que contestó. Sin saber en dónde o porque estaba ahí quería escapar.

"¡No quiero jugar! ¡Déjenme en paz!" – Inmediatamente arrancó tan fuerte como la suela de sus pies pudieron. Los niños parecían rodearla porque las voces no se distanciaban de ella. En cambio, estaban cada vez más cerca.

"Kagome…Kagome…Ave que en la jaula está… ¿cuándo la abandonará?"

"¡Basta!" – Quería detenerlos pero correr parecía ser su única opción. – "¿Quiénes son ustedes? ¡Ya les dije que no quiero jugar!".

"En la noche o el amanecer, la grulla y la tortuga se deslizan…"

Se enfocó tanto en saber si la seguían por detrás que no se fijó en el obstáculo de enfrente. Logró frenar un poco antes de impactarse por completo contra una especie de pared, y cuando la tocó, supo que era del mismo material que los pilares que vio al inicio. No era lisa, tenía algo grabado. Separándose de la pared para mirar a escala mayor, supo que no era una pared cualquiera, tenía un dibujo, uno solo.

"¿Una araña? ¿Qué es este lugar?" – Y como si la respuesta estuviera a lado suyo y alguien volteara su cabeza por inercia, vio la estatua de marfil de una mujer con el vientre abultado siendo atravesado por una lanza, mientras un líquido espeso emergía de la abertura. No era sangre. La herida atravesada por el arma se abría cada vez más ante sus ojos de infante mientras veía como del agujero de la estatua la sustancia espesa salía; el interior de la estatua era la imagen putrefacta de un cuerpo humano.

Su boca no articulaba sonido alguno, al momento en que de la herida abierta, por dentro del vientre de la estatua, observaba como se retorcía una criatura que parecía luchar por respirar. Era un bebé que desprendía gritos de sus pulmones poco desarrollados a causa del dolor que la lanza había provocado al encajarlo.

No dio crédito a esa imagen, cerro lo ojos con la inmensa plegaria de llevarla a un lugar seguro y lejos de ese lugar, cuando de pronto una gélida brisa raspó el interior de sus oídos y provoco que volviera a clavar la mirada hacia afuera. Ya no estaba la imagen esta vez, pero el alivio nunca llegó. Los niños querían terminar el juego.

¿Quién se encuentra detrás de ti?

El giro de la suela de sus pies para ver la respuesta por ella misma la guio a gritar por la fuerza acumulada del pánico.

"¡¿Kagome, que sucede?!"

No quiso abrir los ojos, no quería caer en lo mismo.

"¡Kagome! ¿¡Que tienes!?"

Reconoció la voz y eso le basto para volver tomar una respiración profunda pero agitada, abriendo lentamente los ojos.

"¿Qué pasó? ¡¿Te duele algo?!" – Inuyasha estaba frente a ella confundido y preocupado. Miró a su alrededor. Estaba en su cabaña, en la habitación de los dos a la mitad de la noche. Pero quería comprobar algo más. Aparentemente ya no era una niña como hace rato, tenía puesta una prenda japonesa para dormir de algodón y su esposo uno similar para varones de color gris. Las sabanas estaban en acumuladas frente a ella, más bien en sus manos, sus tembladoras manos.

"Kagome, reacciona por favor ¿Qué te sucedió?" – Despertó del pequeño instante perdida en el análisis de su espacio. Soltó las sabanas arrugadas que sostenía y trató de respirar de forma pausada.

"¿En verdad eres tú, Inuyasha?"- Quería asegurarse de que su mente tampoco le jugara otra broma. Si es que era una broma lo que vivió.

"¿Por qué preguntas? De la nada comenzaste a gritar y a respirar extraño, también sudabas de forma pesada. ¿Tuviste una pesadilla?" - Intentó apaciguarla colocando su mano en su frente, y limpiando el sudor frio.

"No lo sé…" – En realidad no sabía cuál era la respuesta correcta para comenzar a decirle que fue todo eso, porque ni ella sabía que acababa de pasar. – "Nunca había visto una pesadilla así…"

"¿Qué soñaste?" – Tenia la curiosidad pero más la necesidad de saber qué fue lo que atemorizó tanto a su esposa. Sus gritos lo asustaron a él, al provenir de ella. –"¿Estas segura que te sientes bien? ¿Quieres ir a hablar con Kaede? o…"- Intentando levantarse fue detenido por el desesperado brazo de la muchacha.

"No, está bien, no me dejes sola, por favor." – Fue suficiente para que se volviera a sentar en el colchón rodeando sus brazos alrededor de ella. No tenía idea de lo que fue todo eso, pero ciertamente no iba a permitir que siguiera en ese estado, mucho menos dejarla sola.

"¿Estas segura que te encuentras bien?

"Si, solo no me dejes sola."

"Jamás me alejare de ti." – Y con eso besó su frente para acostarse junto con ella sin apartar sus brazos. Ella se apegó a su camisa mientras su respiración se normalizaba y ponía su mano en la de él. Como si de un conjuro se tratara, quería dejarlo claro para que no se repitiera la pesadilla.

"Odio ese juego."

"¿Qué, Kagome?" – Sabía que era el quien lo pronunciaba y era porque así se llamaba ella, pero aun así, quería dejarlo claro.

"No quiero volver a oírlo." – Al parecer se había dormido más rápido de lo esperado.

El por su parte no se quedó tranquilo. Planeaba obtener respuestas de los demás en la aldea al amanecer, pero por ahora, se dedicaría a permanecer con ella. Si su infancia fue una soledad mortuoria, no iba a dejar que a ella le pasara lo mismo en esos momentos.


N/A: Luego vuelvo por el otro capitulo, no tengo computadora propia por lo que actualizar es dificil. De nuevo Gracias y no olviden comentar, sus reviews apresuran los capitulos :P