Mil disculpas por la tardanza, esto de no tener computadora propia no es conveniente, con suerte y la tendré antes de entrar a clases. Sin mas preambulos, continuamos.
CAPITULO III
Para su fortuna, las horas de la madrugada fueron tan placenteras como el sueño posterior de ambos. En cuanto el sol se levantó en el horizonte, se alistaron para comenzar el día cada quien cambiándose en su atuendo de siempre, para dirigirse a la cabaña de la Anciana Kaede para desayunar; la diferencia era que esta vez Inuyasha estaba tenso e impaciente por partir, algo que Kagome notó y también sabía por qué: el parecer el quería una respuesta antes que nada.
"¿Estas lista? – le preguntó al momento en que abrió la puerta corrediza de la entrada y esperaba.
"Sí." – le respondió con una sonrisa al llegar a su lado, que luego fue seguida con una expresión de duda. – "Pero Inuyasha, ¿no crees que tal vez fue solo una mala noche? Recuerda que apenas y podía dormir los primeros días desde volví y me sentía algo mal por dejar a mi familia…"- hizo una pausa mirando la expresión de Inuyasha, la cual miraba hacia las afueras del portón de la casa. – "Además, cualquiera tiene pesadillas. Tú también debes tenerlas alguna vez…" – Inuyasha se volteo hacia ella inmediatamente.
"No recuerdo que una pesadilla me provocara gritar de esa forma, Kagome."
"Me asusté un poco, es todo. No es la primera vez que tengo un sueño así de tenebroso. ¿Por qué te preocupa tanto? - respondió con su característico mohín de niña queriendo parecer fuerte.
"Kagome, tonta…" – relajó un poco su mirada para que ella también lo hiciera. – "¿Por qué no me habría de preocupar? Lo que me despertó en la madrugada fueron unos gritos, y no cualquier clase de gritos, Kagome; gritos de terror. Y cuando quise despertarte, empezaste a sudar y a respirar extraño sin dejar de gritar.
"Si te desperté, perdóname, entonces…" – respondió bajando la cabeza, pero la mano de Inuyasha la levantó con un movimiento de su mano debajo de su mentón. La miró con la preocupación escrita por todo su rostro.
"Me preocupé por ti, Kagome, maldita sea…" – puso después ambas manos sobre las de ella. – "No me importa que me hayas despertado. Tuve miedo al no saber que te pasaba."
Ella simplemente lo miró ahora más relajada. Siempre con ella, protegiéndola y preocupándose.
"Está bien, tranquilo, fue solo una pesadilla, de todas formas, ¿Por qué tienes prisa por ir con la Anciana Kaede? Usualmente eres el que se quiere quedar dormido mejor." – le dijo agradeciendo su gesto y llevando la plática al punto.
"Necesito saber qué fue lo que te asustó tanto." – le respondió al mismo tiempo que comenzaba a caminar fuera de la entrada y cerraba la puerta después de que Kagome también salió a la par. –"Y la anciana siempre adivina que te pasa."
"¿Y piensas que me puede tener una respuesta a lo que vi?" - Inuyasha de inmediato se detuvo y la miró fijamente extrañado. Ella se volteo a verlo después. –"¿Inuyasha?"
"Oye, por cierto, dime que viste en tu sueño." – Y ahora le preguntaba sobre ello. Pensaba que no iría directo a la pregunta hasta llegar a la aldea. Inuyasha comenzó a caminar nuevamente a su lado y ambos prosiguieron. – "De una vez, quisiera saber."
"Fíjate que no sabría explicarte en pocas palabras. Todo era confuso. Había cosas que no veía desde mi infancia y cosas que jamás había visto. Solo espero que la Anciana Kaede y los demás sepan algo."
Con esto ella devolvió la mirada al notar que llegaron al frente de la cabaña, saludando a todos se sentaron los dos viendo que todos estaban ya reunidos. Cuando de pronto un proyectil con cola de zorro llegó frente a ellos.
"¡Qué bien, llegaron!" – dijo Shippo feliz de ver a la pareja. "Mira, Kagome, ¡subí de rango otra vez!".
"Me alegro por ti, Shippo. Se ve que estas volviéndote más fuerte." – respondió Kagome dándole un abrazo.
"Miren quienes decidieron aparecer temprano." – dijo Miroku mientras pasaba la cuchara de comida a la boca de las gemelas. – "Espero que la lluvia no los haya perturbado en su sueño."
"Más bien fue otra cosa."- respondió Inuyasha.
Todos dejaron sus asuntos culinarios por un momento esperando una explicación a su respuesta, incluyendo Kaede, quien notó que Kagome acompañaba el mismo asunto.
"¿Ocurrió algo, chicos?" – preguntó Sango bajando el tazón de puré de Komori.
"En realidad…" – dijo Kagome mientras intercambiaba mirada con su esposo y luego con el resto. – "Tuve una pesadilla algo rara anoche."
"¿Qué quieres decir con rara? – Sango de nuevo.
"De la nada comenzó a gritar y respirar de forma inusual mientras dormía, y sudaba demasiado." – Fue Inuyasha quien de una vez dio el siguiente relato.
"¿Gritar dices? – preguntó Kaede al ver las expresiones serias de ambos.
"Seguramente fue solo una horrible pesadilla, señorita Kagome." – dijo Miroku. –"¿Nunca había malos sueños?"
"No seas tonto Miroku, Kagome no se asustaría tan fácilmente."– respondió Inuyasha algo molesto pero preocupado. "No al grado de espantarse de esa manera."
"¿En serio te dio mucho miedo, Kagome?" – preguntó Shippo sobre su regazo, a lo que Kagome asintió.
"¿Y por qué no nos dices, Kagome, que fue lo que te espantó en tus sueños?" – preguntó finalmente Kaede, mientras que todas las miradas estaban dirigidas a ella y luego a Kagome.
"Pues, no sé si pueda explicarlo…"- tomando un respiro, comenzó a relatarles lo que recordaba del sueño. Extrañamente, pudo rescatar lo más significativo de el: la bruma, el hecho que era una niña en el sueño, lo pilares y perlas, la pared con el dibujo y lo más escalofriante, las voces de los niños y la estatua.
Todos escuchaban atentamente. En verdad era algo extraño y hasta cierto punto perturbador. Sango y Miroku se intercambiaban miradas entre sus hijos esperando que no comprendieran y para su suerte solo escuchaban a su tía sin tener idea. Shippo y Rin estaban algo adelantados a ellos, les parecía aterrador su relato y solo miraban fijamente. Mientras que Inuyasha, era el que estaba más sorprendido de todos, había visto, escuchado y olido cosas de lo más horripilantes pero nada, como lo que Kagome soñó, ahora comprendía su estado por la noche. Kaede mantenía su expresión analizadora buscando el significado de todo eso, cuando por fin, aclaró la garganta y se dispuso a dar su opinión.
"Lo que me acabas de contar, Kagome, es en verdad, interesante." – Y antes que Inuyasha diera su respuesta, prosiguió. – "En tu experiencia, ¿no crees que signifique algo para ti? Los sueños no siempre tienen un mensaje concreto, son el resultado del subconsciente y la mezcla de lo que alberga a lo largo de nuestra vida."
"Tendría que averiguar que significa cada elemento, Anciana Kaede, porque también había cosas que en mi vida había visto y no sé de donde salieron o porque lo soñé…"
"¿Cómo la estatua por ejemplo?" – ante la suposición de Kaede, Kagome asintió. – "Sin duda es algo que también no estoy muy familiarizada a escuchar, aunque…" – Hizo una pausa y todos prestaron oídos.
"Los niños que mencionas que te llamaban, querían que jugaras con ellos..." – Kagome sabía a donde se dirigía la pregunta. –"Pero, ¿a qué clase de juego?"
Notaron que Kagome se puso tensa de inmediato. Inuyasha lo sintió la miró tratando de percibir alguna respuesta.
"Pues, querían que jugara a ese juego, pero no sabía si en verdad era eso, ya que, porque su nombre se confunde con el mío." – Respondió entrelazando nerviosamente sus dedos.
"¿Tu nombre se confunde con el del juego, Kagome?" – Y con pronunciar esto último Kaede se dio cuenta mientras que los demás seguían confundidos.
"No entiendo, Anciana Kaede." -Fue Rin la que dio el paso curioso. – "¿Qué juego?"
"No llevas mucho tiempo entre niños, Rin, por eso no sabes, pero créeme que es algo común que los niños lo jueguen pero no tenía idea que tenía algo que ver con Kagome." – Se volteo al resto para explicar más a fondo – "Si ustedes saben lo del juego de niños llamado Kagome sabrán a que me refiero."
Sango, Miroku y Shippo lo comprendieron de inmediato. Era un juego común para los niños el de girar tomados de la mano con alguien en medio tratando de adivinar quién está detrás, mientras se canta una canción peculiar.
"¿Entonces los niños querían jugar con ella nada más? ¿Cuál es la parte tenebrosa? – pregunto ahora Sango algo curiosa por la coincidencia del nombre de su amiga y del juego. Era un juego inofensivo de todas formas, algo que entretenía a los niños por la tarde.
"Kagome, ¿estás bien?"- La pregunta fuera de la conversación hizo que todos voltearan a verla. Estaba pálida, al parecer las imágenes del bosque y los niños seguían vivas en su mente. Por fin salió de ese trance al escucharlo, y puso su mano en su frente suspirando.
"Lo odiaba cuando era pequeña."- dijo de una sentada.
"¿Lo jugabas en tu época también?" - preguntó Inuyasha.
"Se burlaban de mi porque me llamaba igual que el juego y me obligaban a estar en el centro y extrañamente podía adivinar siempre quien estaba detrás de mí." – Se volteo hacia la Anciana Kaede. – "Lo que paso hace tiempo con la sacerdotisa Hitomiko me revelo en parte a que se debía a mi poder oculto, ¿no?"
"Así es, pero, eso no explica el terror, Señorita." – dijo Miroku.
"Bueno, lo que pasa es que eso no fue lo que me asusto en mi sueño." - Empezaba lo interesante.
"Ahora hablas de la araña y la estatua. La araña es un elemento fácil, se podría decir que es Naraku lo que representa." – Todos pudieron captar eso último, era comprensible el temor.
"¿Y qué me dice de la estatua, Anciana Kaede?" – era el turno de Sango para preguntar.
"Eso es algo más difícil de interpretar…" – se tomó un minuto para analizar cada detalle – "Una mujer embarazada que aparentemente tenía una lanza perforando su vientre y la criatura retorciéndose aún viva en la herida. Kagome, ¿tu madre tuvo complicaciones cuando te trajo al mundo?"
Nadie se esperaba esa teoría.
"Pues no, que yo sepa no." – respondió algo sorprendida.
"Pregunto porque es lo más cercano que tengo a una respuesta. La lanza puede significar un dolor al momento en que nacieras y el hecho que él bebe en la estatua seguía moviéndose a pesar de la herida, quiere decir que a lo mejor naciste con algo de dificultad." - Notó que todos seguían absortos en la respuesta y miraban de reojo a Kagome, quien seguía analizando todo. – "En caso que eso no sea lo correcto, tengo otra teoría…"
"¿Cuál, anciana?"- pregunto Inuyasha impaciente.
"Pues que quizá, el sueño de Kagome no sea una mezcla causal de tus miedos de la infancia y lo que viviste durante la batalla contra Naraku, pero una premonición." – Con eso comenzó a beber su té. Mientras que los demás no llegaban a comprender del todo. ¿Premonición? ¿Un mal augurio?
"¿En verdad lo cree, Anciana Kaede?" – preguntó Miroku.
"Kagome es una sacerdotisa con una carga espiritual que lleva heredando desde su nacimiento por mi hermana. No olviden que ha crecido desde que llegó aquí hace años y ahora tiene mayor control y experiencia en lo espiritual. No me sorprendería que sus sueños se tornaran un oráculo."
"Entonces, ¿significa que algo malo pasaría? - Shippo quería saber también.
"No lo sé, Shippo. Sería cuestión que Kagome descifrara su visión. Aunque me perturba pensar que lo que sintió al verlo quizá signifique algo no grato."
Después de permanecer en silencio, Kagome comenzaba a imaginarse el mar de posibilidades a lo que le quería decir la pesadilla. Si en verdad resultaba ser una visión de lo que ocurriría en un futuro cercano, ¿Qué tenía que ver su desdén por el juego de su nombre? ¿La araña simbolizaría en el peor de los casos el regreso de Naraku? ¿La mujer era una señal de peligro hacia ella o Sango y sus hijos? Comenzó a entrar en pánico. No otra pelea, no más conflictos, no por favor, pensaba.
"No te preocupes, Kagome." – Inuyasha posó su mano sobre la de ella mientras temblaba y lo miró. – "No permitiré que algo malo ocurra."
"De todas formas hay que tomar precaución." – dijo Miroku. – "Tal vez hayamos acabado con el más despiadado ser que hemos conocido, pero eso no quita la posibilidad que algo más nazca."
"Solo espero que estemos equivocados." – respondió Sango mientras acurrucaba a Komori y a sus hijas con ella. – "Ahora que por fin estamos en paz…"
"Tómenlo con calma." – dijo Kaede tratando de amenizar el ambiente de angustia. "Quizá yo misma este errada."
"Que pase lo que tenga que pasar, estaré preparado." – respondió Inuyasha levantándose airoso de su lugar.
"En ese caso, ya no importa angustiarnos por eso, por ahora."- Miroku se levantó de igual manera dándole un beso a sus hijos y a su esposa por ultimo para salir de la cabaña. – "Ahora el día comienza y la labor del día. ¿Vendrás Inuyasha?
"Kagome, ¿segura que estarás bien? No me importaría dejar que Miroku ahora cargue todo de regreso." – preguntó mientras ella se paraba también.
"Gracioso…" – Miroku por fin salió seguido por Shippo quien también salía por sus exámenes.
"Descuida, estaré aquí con Sango como siempre, solo no te tardes, ¿sí? y ten cuidado. – Le respondió dándole su espada.
"Vendré antes de que me extrañes, pero todo depende de que tanto Miroku abuse de sus trucos." – contestó mirando a Miroku de reojo. – "Pero tú también espérame ¿de acuerdo?
"Por siempre, Inuyasha." - dicho esto se acercó a él colocando s cabeza en su pecho, a lo que le correspondió estrechándola en sus brazos, queriendo permanecer ahí por más tiempo.
"Ya déjala Inuyasha, ella también tiene cosas que hacer." – les dijo Sango viéndolos desde la cabaña alistando a los niños para llevarlos a pasear.
"Te veré en la tarde, lo prometo."- Dicho esto le dio un beso fugaz en los labios y empezó a correr tras Miroku, quien llevaba ya buen camino recorrido. Suspiró un más tranquila y decidió mejor no dejar que un sueño perturbara su vida. No importaba lo que pasaría, si estaban juntos, podían superarlo.
En la lejanía de la región, a una distancia opuesta de la aldea, se habría la compuerta de un palacio majestuoso que pareciera pertenecer a una familia heredera de terratenientes y generales de guerra. El concepto no estaba ni tan cerca ni tan lejos, pues era el hogar de una secta que a penas y había resucitado ante la sociedad.
"Mira nada más este mundo, infestado de impuros. Me da nauseas." – decía despectivamente y con muecas una mujer adulta altiva y con pose de superioridad de clase, aparentemente humana.
"Sera cuestión de tiempo antes de que todo se pulverice y nos corresponda hacer renacer esta tierra." – respondió otro sujeto de la habitación, mientras tomaba licor. – "No desesperes, Sarina.
"¡Llevas décadas con lo mismo!" – se volteo hacia el cerrando la cortina de bambú de un golpe. – "¡¿Por cuánto más nos esconderemos mientras esas bestias se apoderan de todo y nosotros nos quedamos en las sombras?!
"Paciencia, recuerda que debemos seguir el plan del gran señor, veras que pronto recuperaremos lo que por derecho nos pertenece y así hacer pagar a todas las criaturas que osaron dudar de nuestra filosofía." – Miró con detenimiento su vaso de licor y luego hacia un papiro en la mesa frente a él para luego tomarlo y quemarlo en la vela de la misma mesa. –"Ya verás que pagaran, porque todo en esta vida se paga tarde o temprano. En cualquier modo."
"Solo espero que no cometa la misma estupidez que cuando enfrentó a ese gran perro del oeste. Es bastante humillación que un perro faldero nos destierre de nuestro propio reino." – le espetó con una mueca sin creerle.
"No te preocupes por eso ya, querida hermana. Las cosas cambian y esta vez, estarán a nuestro favor.
"¿Y qué te hace creer que será diferente? – preguntó observando detenidamente su expresión segura.
"Porque, esa vez atacamos subestimando al enemigo sabiendo su fortaleza, pero no su debilidad." – Jugando con el papel quemado a la mitad prosiguió. – "Derrotar al enemigo requiere estrategia. La estrategia máxima de división y debilidad. Atacando lo que más anhela dentro de su ser es la clave."
"Ahora sé porque eres mi hermano, Kain. Estás loco."
Él sonrió de tal forma que las muecas daban escalofríos hasta a una rata, mientras observaba el papiro consumirse en el fuego poco a poco y su escrito se disolvía en la ceniza, dejándose consumir al final la palabra hibrido.
