De acuerdo entiendo si a alguien le parece confuso todo hasta ahora, pero recuerden que apenas empieza y prometí hacer mi mejor esfuerzo en darles una historia que vale la pena esperar.
Una vez mas, cualquier comentario es bienvenido.
CAPITULO IV
Solamente se divisaba la calidez de los primeros cuartos de hora después del amanecer. Desde cada punto cardinal se veía la llegada de aves hacia su destino, en la tierra cada ser tomaba su rol como la vida le indica, ateniéndose a la ley de los ciclos y a su esperanza de no tener que lidiar o volver a sufrir la tempestad de una guerra como la de hace tantas años. Ciertamente, desde que la Perla de Shikon dejó esta tierra mortal para jamás volver a aparecer, los tumultos de seres sobrenaturales en su afán hambriento por apoderarse de ella habían cesado gradualmente con el paso del tiempo, inclusive, era raro el escuchar ataques feroces de grandes monstruos, mas no significa que ya no había, simplemente indicaba que la mayor parte del caos se trataba de la maldición que traía esa joya. Así lo sentían las manadas de animales en cada región, así como las familias de las personas que por fin respiraban más a menudo un aire de paz significativo desde hace décadas. Sin embargo, eso no le quitaba la obligación de estar alerta, ahora porque su propósito por estar a la defensa no era por sobrevivir en un mundo que lo discriminaba, sino porque su mundo constaba de una compañera que lo esperaba siempre en un hogar, y es por eso, que no pudo evitar pensar en los sucesos de la noche anterior. Y como era de esperarse no prestaba atención a la situación que se atenía en ese momento del día.
" De acuerdo con las palabras del terrateniente que solicitó nuestro servicio ayer, el demonio que hizo aparición tenia compañía esparcida en otras aldeas, lo mejor será detenerlos antes de que sigan cubriendo más territorio, aunque creo que eso sería arduo y cansado. Lo mejor será intentar diluirlos a otras partes que no causen destrozos a aldeas vecinas o…" – Haciendo pausa y notando que su amigo tenía la mirada perdida en el horizonte sin prestar atención, puso su báculo apuntando al piso para verificar que siguiera ahí. Por supuesto, termino por hacerlo tropezar.
"¿¡Por qué hiciste eso, Miroku!? – le contestó gruñendo con puño alzado luego de que este fingiera demencia sobre su acto. – ¡Te estaba escuchando! ¡No me interesa lo que hagamos para encontrar a esas pestes, solo terminemos con ellas!
"¿En serio, Inuyasha? No pareces interesado en ayudarme a lograrlo, por como lucias pensativo hace unos instantes, ¿hay algo que te preocupa? – Inuyasha ahora comenzó a caminar por delante sin importarle el comentario del monje. – Incluso a estas alturas no es común que tengas ese semblante de sabio consternado, ¿tiene que ver con la Señorita Kagome?
Y con eso logró que se detuviera en seco, suponiendo que adivinó lo que giraba en la mente del hibrido.
"Amigo mío, te entiendo, créeme." – le volvió a decir acercándose a él.
Inuyasha lo miro con la expresión de extrañeza típica y con un poco de ironía.
"Yo también, deseaba nunca apartarme del lado de mi esposa después de por fin terminar con mi maldición, pero ya vez como es el trabajo: alguien debe poner el pan en la mesa. Por esa razón entiendo que sientas urgencia de nunca separarte de ella…"- fue cortado por la intrépida contestación del hibrido a su suposición.
"¡No es eso, Monje libidinoso!"
"Ya no soy libidinoso, estoy casado" – le contestó alzando una sonrisa correctiva, para volver a retomar la pregunta. – Si no es por ella, entonces que te mantiene fuera del tema, sabes que no puedo hacer todo yo, además tú también tienes que cubrir gastos hogareños por eso hacemos esto…" – una vez más, fue interrumpido.
"¡Eso ya lo sé! ¡Pensaba en algo más! – le respondió en un gruñido para luego encogerse de hombros y volver a tomar el paso.
Pensativo, el monje hace recuento de su actitud y los pasados momentos de esa mañana, cuando por fin adivina. "Ah, entiendo, ¿te refieres a lo que dijo la Anciana Kaede con los sueños de Kagome? Tranquilo, la anciana misma lo dijo, quizá solo fueron pesadillas. ¿O acaso sientes que no lo fueron?"
"No lo sé, monje."
"Comprendo tu preocupación por ella, amigo, pero no ganas con agachar la cabeza y dejar de lado lo que está enfrente. ¿Por qué no solo le preguntas?
"¿De qué hablas ahora?" – volteo a verlo interrogante.
"Hablo de preguntarle a la señorita Kagome que opina sobre su visión."
"¿Piensas que se trata de una visión? ¿No crees que ella me lo habría dicho en ese momento cuando le preguntamos a la Anciana?" – Inuyasha parecía más absorto en lo que trataba de decirle el monje.
"Pero recuerda que ella parecía también confundida acerca de lo que vio, usualmente ocurre con las personas que experimentan esa clase de pesadillas." – Tratando de mirarlo objetivamente, Miroku marchaba a su paso. "La pregunta aquí es, ¿Qué te preocupa a ti?"
Dándose por vencido en un suspiro, para querer terminar la conversación, se voltea, sin perder de vista el camino.
"Que algo se avecine…" – dijo simplemente.
"Es normal, pero para eso estamos siempre preparados, ¿no crees? Además, ¿temes que algo con la misma escala que tuvimos que enfrentar hace años se repita?
"¡Si claro, Miroku! Tú y yo sabemos que un suceso como lo de Naraku ya acabó. ¿No me digas que piensas que me asusta tener que lidiar con otro ser que se me cruce en el camino? ¡Claro que no!"
Suspirando resignado, el monje siguió su camino, pasando a su lado.
"¡Oye! ¿¡A dónde vas!? – exclama sintiéndose ignorado.
"Veo que aun te falta madurar, jovencito. Sigue siendo imposible charlar contigo."
"¡Mira quién habla! ¡Yo diría que son tú y tu mente pervertida!" – le grita mientras se acopla a su paso y llegan al sendero principal de su primera parada.
Al llegar a una de las casas de la aldea para preguntar por el terrateniente, Inuyasha no pudo evitar recargarse en una baranda mientras pensaba en su compañera, por supuesto, haciendo caso omiso a todos los aldeanos que lo miraban de reojo preguntándose por que un ser como él estaba ahí. Cuando de pronto, sintió interés en la conversación de su amigo el monje con unos aldeanos…
"…Y lo más extraño es que los monstruos que llegan a la aldea no parecen quedarse por mucho, pues solamente se detienen un momento y toman vuelo y se dirigen a una dirección opuesta de que vinieron. Por fortuna no se detienen a comernos." – dijo un anciano con angustia en su voz.
"¿Eran varios? ¿Habla de que solo van de paso? Que extraño, lo mismo ocurrió con el de ayer…- poniendo su mano bajo su mentón mientras analizaba, y luego volteándose a su amigo. - ¿Tu qué opinas, Inuyasha? ¿Crees que trataban de huir de algo?
"No tengo idea, si dicen que solo vienen de paso, no hay problema ¿Qué tiene que así sea?"
"Inuyasha, recuerda que los monstruos que se encontraban en esa aldea no estaban interesados en saquearla o devorar a las personas, cuando estuvimos a punto de acabar con el ultimo este no ni siquiera se molestó en pelear contigo y solamente huyó, ¿no es extraño que esté ocurriendo aquí también?"
"Habla sin rodeos, monje."
"Quiero decir que algo debe estar ahuyentando a las masas de demonios de sus territorios, algo grande, ya que ninguno de ellos de lo que sabemos de esta aldea y de la de ayer parecía interesado en parar a atemorizarla. Tenían como prioridad escapar."
Inuyasha se paró erguido de su posición cómoda para adentrarse a su conversación, con una mirada de alegoría.
"Y dices que yo soy el que se preocupa, monje. Un monstruo más grande debió espantarlos. Ahora sé que estamos perdiendo el tiempo…"- contestó rezongando con aburrimiento.
"Aun así, siento que algo raro está pasando…" – le respondió Miroku un poco más serio.
"Excelencia, ¿cree que se trate de una invasión o epidemia? – Le pregunta uno de los aldeanos dedicado a la siembra – "No veo como pueda ayudarnos en ello si viene acompañado por uno de ellos…" - le pregunta otro hombre refiriéndose al hibrido, cosa que este ignoró y solamente se dedicó a rezongar.
"Descuiden, caballeros, es más inofensivo de lo que aparenta. Mi amigo y yo nos dedicamos a ayudar a las personas y criaturas de buena fe en ataques de demonios." – responde Miroku.
"Lo cual no estamos haciendo, ¿así que porque no mejor nos largamos?"
"De acuerdo, veo que tampoco pareces tener interés y en cierta forma no hay presencia malignas anormales así que no veo porque no dejarlo por hoy." – le respondió luego de despedirse de los aldeanos para tomar el sendero hacia las afueras de la aldea, dejando a un grupo de hombres vociferando entre ellos…
"No es común ver a un monje ser acompañado por un demonio, y ¡encima diciendo que viene a ayudarnos! – exclamó entre susurros uno de ellos.
"El terrateniente de la aldea vecina dijo que eran de fiar y buena gente, que se especializan en exterminar monstruos, según escuché. Además el monje es un hombre de familia y tiene esposa." – le respondió uno más relajado.
"No es el único…" – dijo un viejo y retirado samurái al unirse a la reunión. – "El hibrido no está precisamente solitario tampoco, y según dicen los rumores, tomó como esposa a una sacerdotisa."
"¡Sacrilegio!" – exclamó uno de ellos. "Eso es un atentado a la naturaleza…" – dijo otro. "¡¿Qué hace una mujer así con una bestia?!"
"No debería importarnos aun así, es su perdición." – dijo uno con un semblante rígido digno de un anciano severo en castigos. – "Los demonios y los seres humanos pertenecen a mundos diferentes, los cuales no deben mezclarse. ¡Aténganse a mis palabras! Esa clase unión es una condena al equilibrio de este mundo."
Asintiendo a las palabras del anciano, regresaron a su interrogante anterior, donde esperaban que los demonios que se movían intrépidamente no simbolizara un mal presagio, una catástrofe.
A lo lejos de esa situación, cierta sacerdotisa cumplía su labor como cada día, aprendiendo bajo la tutela de la Anciana Kaede para algún día cubrir su puesto. Sin embargo, no con el entusiasmo de siempre.
"Kagome, ¿Qué tal si lo dejas por hoy?" – le pregunta su maestra espiritual al acercarse a ella y ver que recoge raíces de forma nerviosa.
"Descuide, Anciana Kaede, estoy perfectamente bien, lo que pasa es que me gusta trabajar de forma rápida." – responde queriendo parecer la labor un disfrute, con un toque de incomodidad.
"Tan rápida que pones la tierra en el canasto antes de que sea una planta medicinal" – le dice señalando el canasto lleno de tierra más que hierba. Kagome al notar su error, suspiró resignada. No consigue engañar a nadie.
"Perdóneme, Anciana, es que no puedo evitar querer analizar mi sueño, ¿Y qué tal si es una premonición? ¿Significa algo malo?... – su boca parecía estar controlada por su subconsciente entrando en pánico. Y la Anciana Kaede solo se dedicó a relajarla.
"Calma, mi niña, si te pones así por una pesadilla no resistirás otras situaciones que te depare el futuro. Yo creí que a este punto estarías acostumbrada, siendo que es lo que esperarías al vivir aquí, en esta época."
"Tiene razón." – contestó de una forma más animada. "No importa lo que pase, sé que junto a mis amigos podemos enfrentar cualquier cosa. Si pudimos contra Naraku, seguro podemos…" – no pudo continuar porque al instante sintió un malestar golpeando en su sistema digestivo, retorciéndose de mareos.
"¡Kagome! ¡¿Estas bien?!"
"S-si…" – contestó luego de lograr apaciguar su estómago. "Debió ser el olor de la planta que agarré. Debe ser nueva para mi gusto… - entre risa despreocupada y un semblante pálido, la anciana no lo tomaba a la ligera.
"Tal vez, pero aun así creo que deberías dejarlo por hoy."
"No, Anciana Kaede, le juro que me siento bien."- dijo tratando de fingir que no estaba a punto de desmayarse."
"¿¡Anciana Kaede, que ocurre!? – gritó una Sango preocupada al ver a una corta distancia el cambio de comportamiento en su amiga. - "¿Qué le pasa?"
"Sango, llévala a su cabaña y asegúrate que se recueste. Iré luego a darl3 un té para el malestar estomacal."
"Está bien…ven Kagome, enviaré a Shippo a decirle a los muchachos…" – le dijo mientras la recargaba contra ella y comenzaba a caminar. En eso, como acto de invocación, el pequeño zorro aparece.
"¡Sango! ¿Qué tiene Kagome?"
"Shippo, busca a Inuyasha y a Miroku y ve si pueden venir más rápido, ¡te lo encargo! – le dijo la exterminadora haciendo énfasis en su petición.
"¡Cuenta conmigo!" – y con eso desprendió en un cohete de magia de zorro en dirección a la siguiente aldea con la esperanza de encontrarlos ahí.
"Descuida, Sango, me siento mal del estómago. No es para tanto…"
"He estado enferma del estómago antes y sé que se siente, lo tuyo es grave…" – terminó diciendo al ver que llegaron al portón de la cabaña de Kagome hasta adentrarse a la habitación principal. Recostándola en la cama, arrimó a un costado un balde de madera para futura necesidad en caso de que, vomite.
"Dudo que haya sido la hierba, Kagome." – dijo Sango mientras masajeaba su espalda.
"Sango…" – tratando de recuperar el aliento. – "Estoy bien, tan solo necesito descansar." – respondió tratando de ver si su malestar desaparecía al recostarse.
"Espero y Shippo vuelva pronto con ellos." – Dijo colocando una toalla tibia en la frente de su amiga. En ese instante la anciana Kaede entro a la cabaña acompañada de Rin, quien tenía una vasija mediana con un preparado medicinal hecho de manzanilla.
"Muy bien, Kagome ¿Qué sientes?" – preguntó rápidamente la anciana mientras vertía el agua caliente en una taza y Rin tomaba un poco de la preparación haciendo que su olor se impregnara en toda la habitación.
"Solo un dolor en el estómago y mareos."
"Y también ganas de vomitar, al parecer" – terminó de contestar Sango.
La Anciana Kaede y Rin solo intercambiaron miradas hasta que le acercaron la taza a la joven.
"La señorita Kagome debe reposar mucho para eso, ¿no, Anciana Kaede?" – Preguntó Rin.
"Hasta que averigüemos que mal ha caído sobre ella…" – contestó Kaede levantándose junto con Rin para traer más remedios. – "Quédate con ella, Sango, hasta que tu esposo e Inuyasha vuelvan. No te preocupes, Rin y yo estaremos al pendiente de tus niños."
"No anciana Kaede, no puedo dejarle tanto trabajo."
"Ahora necesito que cuides de ella por ahora." – le dijo señalando a la joven que trata de beber el té sin poner na expresión de asco. – "Hasta que sepamos de su condición…"
Shippo intentaba por todos sus medios cubrir más vista para poder identificarlos más rápido, incluso parando en cada sitio para preguntar del paradero de un monje y un perro. Cuando por fin, los divisa caminando como si fueran de regreso.
"¿No es ese Shippo? – preguntó Miroku señalando el pequeño zorro sobre una serpiente de juguete planeándose en el cielo. Y dirigiéndose a toda hacia el suelo.
"¡Oigan! ¡Vuelvan ya!" – comenzó a exclamar en pleno descendiente.
"¿Qué? – preguntaron los dos al mismo tiempo. A la vez que Shippo intentaba no impactarse con el suelo al descender. Por fin en tierra firme, no perdió tiempo en ir al punto.
"¡Sango me envió a buscarlos!"- les dijo entre sus intentos por recuperar el aliento.
"¡Mi hermosa mujer no puede esperar mi llegada otro día más, lo sabía!" – exclama el monje con una brillante sonrisa, para luego ser reemplazada con una de confusión. – "Espera, ¿a los dos?"
"¡Inuyasha, que te pasa, perro! ¡Kagome está enferma y tú aquí con esa cara de tonto! – Antes de que Miroku reaccionara, Inuyasha ya estaba actuando como debería ante esa situación, solo tenía que correr.
"¿¡QUE!? ¿¡Que paso!? – demando el hibrido tomando al zorro por la cola y comenzando a correr. - ¡KAGOME!
Su grito de angustia rebotó en todo el bosque mientras llegada a toda velocidad a la aldea, la cual, por fortuna, ya se encontraba cerca. Solo le tomó minutos llegar al frente de su casa y correr a la habitación de los dos para ver a Sango cambiando una toalla de su frente y a su esposa en cama.
"¡Aquí están Sango!" – dijo Shippo antes de salir volando por efecto del brazo lanzador del hibrido mortificado, mientras se acercaba al otro lado de la cama.
"¿Kagome, que tienes? ¿Sango, que sucedió?"
"De repente se sintió mal hace unas horas y la anciana Kaede pidió que reposara por el día, no sabemos aún, pero quizá se trate de un malestar digestivo." – le respondió la exterminadora.
"Inuyasha, llegaste antes…" – dijo Kagome sintiéndose feliz al verlo. - ¿Cómo te fue?
"¿Cómo te encuentras tú, Kagome? El enano me dijo que estas enferma. – le dijo mientras limpiaba el sudor de sus mejillas.
"Cálmense todos, no hay problema." – Dijo la anciana entrando nuevamente con unas vasijas, seguida de Rin y Miroku entrando por fin.- "Ya descubrí que le pasó a mi pupila."
"¡¿Y que es Anciana?! – preguntó Inuyasha para después ser golpeado por el báculo de cierto monje a la par.
"La amabilidad y la sutileza sigue sin ser virtudes tuyas."
"Tranquilo, Inuyasha, Kagome está bien, descubrí que en el pescado que comió en la tarde de ayer no estaba bien cocido, y eso fue lo que pude verificar al ver tus mareos ya que son de intoxicación más que nada."
"Pero, Anciana Kaede, todos comimos del mismo pescado… - pregunto Sango.
"El de ella tuvo el infortunio de tener una anomalía que los otros no tenían. Lo sé porque Kagome no pudo enfermarse por el contacto con las hierbas, está acostumbrada a ellas, por lo que una mala comida es la respuesta."- Viendo las expresiones de todos un poco más relajados pero no menos angustiados, se levantó tomando todas las vasijas pero dejando una a lado de la cama. – "Toma otro té antes de dormir y cuando despiertes en la mañana, eso te aliviará." – Para por fin, dejar la cabaña y esperar en la entrada a que el monje y la exterminadora salieran
"Bueno, creo que ya puedes respirar tranquilo, amigo, se pondrá bien la Señorita Kagome." – dijo Miroku poniendo una mano en su hombro en señal de apoyo.
"Si, Monje Miroku, gracias." – contestó Kagome sentándose en su lugar.
"Bueno, entonces los dejamos solos ahora, Shippo de seguro cuida a los niños y no que le causen problemas." – Dijo Sango haciendo señas a su marido de abandonar la casa.
"Cuídense los dos." – les dijo mientras salía siguiendo a su esposa.
Al cerrar el portón principal, en el cual la Anciana Kaede y Rin aun esperaban, Sango se detuvo mientras Miroku seguía de paso.
"Que alivio que no haya sido nada grave, ¿no, Kaede? – dijo Sango.
"Ciertamente, aunque me preocupaba diferenciar los síntomas de una infección con otra cosa." – dijo Kaede alejándose de la cabaña junto con Sango.
"¿A qué se refiere?"
"Puedes decir que estoy algo vieja pero no tiendo a alucinar mucho, pero por un momento creí que Kagome estaba embarazada"
Sango se detuvo en seco. Y estuvo a punto de gritar emotivamente si no fuera por el recordatorio de que no era cierto.
"¡¿Habla en serio?! – exclamó tratando de evitar entre susurros que su esposo la escuche.
"Lo creí al inicio, hasta que comprobé que tenía dolor estomacal y rastros infecciosos en su tazón del pescado que comió ayer. Una mujer embarazada solamente sufre de vomito involuntario y dolores de cabeza." – dijo tranquilamente.
"Pero, si cree que pueda pasar ¿o no? – pregunto una vez más Sango con emoción en el rostro.
"Son una pareja. No demoraran mucho" – dijo sonriendo junto con Sango.
*silencio total* Solo diré que... no diré nada.
