¡Acchan, reportandose! Una vez mas gracias por los comentarios, bien que saben que entre mas me dejan, mas me apuro; pues esta vez no será la excepción.
Respondiendo a algunos comentarios del capitulo anterior, a mi tambien me frustra que nuestros heroes ya no disfruten la paz. Ahora resulta que despues del loco de la araña, llegan otros... *sacude la cabeza*, pero no teman, tendran sus peridos lindos, los enemigos son necesarios para agregarle una trama a la historia, ademas de que me sirve para el otro detalle que sigue en la historia... *se retira lentamente*
En cuanto sintió una presencia anormal en las cercanías de la aldea, partió desde su punto en el bosque a toda velocidad y lo que encontró, lo obligó por instinto a gruñir y a poner mano sobre su espada para desenfundarla. Entrando a la aldea, vio al fondo la cabaña de Kaede semi-destruida, los niños del monje y la exterminadora llorando por sus padres mientras son consolados por la anciana y Rin; y no muy lejos de ellos se encontraban en un esfuerzo por levantarse por la fuerza que los empujo, Miroku y Sango. Por inercia aumentó la velocidad para acabar con el ser que torturaba a sus amigos pero no fue hasta que por fin desenfundó a colmillo de acero con la ira a flor de piel al ver al ser responsable tener prisionera a quien juró por su vida proteger. No gastó tiempo en llamar al ataque y por fin liberarla.
"¡KAGOME!" – gritó con fuerzas orando que ella también llamara su nombre consciente. Y afortunadamente así lo fue.
"Inuyasha…" – dijo esforzándose por estar de nuevo de pie, mientras Inuyasha corría a su lado. Mientras su enemiga veía con obvio desdén y repulsión el giro de eventos.
"¡¿Tienes idea de lo descarado que es interrumpir los asuntos de otros?! Pero, ¿Qué esperas de un hombre mitad-bestia que no sabe de modales?"
"En ese caso, espera a que te corte en dos con mis espada, así como te atreviste a lastimar a mis amigos ¡y por acercarte a Kagome!" - gruño apuntando con su espada en su dirección.
"Lastima, tenías que llegar en el momento preciso en el que veía como su cuerpo se desintegraba con las descargas." – admitió sínicamente.
Ante eso no pudo suprimir más gruñidos al mismo tiempo que tenía a la sacerdotisa a sus espaldas.
"¡Ten cuidado, Inuyasha!" – dijo Miroku incorporándose junto con Sango del lado opuesto, con Sarina en el centro. – "¡No te dejes engañar! ¡No es una humana común y corriente!"
"Ya me di cuenta por la forma tan cobarde en que ataca, y mira que no me interesa quien seas… - dijo dirigiéndose a ella. – pero no te perdonare el que hayas venido a causar problemas. Así que a menos que quieras perecer ante mi espada, ¡será mejor que te largues!"
"Vaya, un hibrido que le tiene piedad a su enemigo, eso sí es nuevo." – dijo Sarina sin mostrar expresión más que de sadismo y burla.
"¡No te la tendré por mucho tiempo! – le dijo casi gritando.
"Inuyasha, ten cuidado, solo te quiere provocar…" – le dijo casi en susurros Kagome.
"La sutileza sigue sin ser una de sus virtudes…" – dijo Sango poniendo a Hiraikotsu de nuevo en posición.
"Parece que he aprovechado demasiado mi estadía aquí." – dijo Sarina dando vuelta como si fuera camino al bosque. – "Después de todo, ya me dijeron lo que necesitaba saber. Espero no tener la fortuna de volver a verlos." – y con esto saca su látigo para envolverse en él y desaparecer en un resplandor rápido.
Todos, aun mirando el lugar donde hace un momento estaba, se voltearon unos a otros extrañados y a la vez aliviados que no se alargara el conflicto.
"Sí que era una mujer extraña…" – dijo Miroku.
"¡Mami, Papi!" – gritaron las gemelas al correr hacia ellos. Sango no dudó en soltar su boomerang para abrazarlas y consolarlas. – "Mis niñas, ¿están bien? – las gemelas asintieron felices de ver a sus padres sanos y salvos. – "Esa señora mala daba miedo…" – dijo Miyuko mientras era consolada por los brazos de su padre.
"Lo sé, preciosa, pero saben que mamá y papá jamás dejaran que algo les pase a ustedes ni a su hermanito, ¿cierto, cariño?" – Sango respaldó a su esposo con una sonrisa asintiendo.
Me alegro que todos estén bien. Diciéndose para sí misma mientras veía entre suspiros a la familia de sus amigos. Pero, ¿Quién era esa mujer? ¿Y porque nos buscaba? Ensimismada con sus cuestionamientos no se dio cuenta de la otra persona que también velaba por su seguridad.
"¿Te encuentras bien, Kagome?" – le preguntó Inuyasha.
"Si, gracias." – dijo feliz de verlo después de todo.
"Pero, estas herida ¿no?"
"¿Cómo dices?" – examinándose a sí misma, vio los rastros de quemazón que dejo el látigo sobre su ropa y afortunadamente el poco rastro en su cuerpo, aunque el dolor punzante se mantenía. – "Debió ser por ese látigo, quemaba un poco-" – inmediatamente la tomó en sus brazos cortando lo que iba a decir.
"Perdóname…" – le dijo susurrando cerca de su oído.
"Inuyasha…"
"Debí estar contigo, no debí dejarte sola…"
"Está bien, aun así yo debí ser más cuidadosa y…" – levantó su rostro para verlo – "…Si tan solo no-"
"Suficiente, Kagome, recuerda que mi deber es protegerte ¿recuerdas?"
"¿Solo es por eso?" – le preguntó confundida.
"¿Por eso que? – ahora era su turno de estar confundido.
"¿Lo consideras un deber el hecho de protegerme y no por algo más?" Incluso a estas alturas solo dice que lo hace por eso…
"Pues eso y… ¡ustedes que hacen mirándonos!" – les gritó a Sango y a Miroku mientras prestaban atentos al momento.
"¿Qué ocurre, coqueto? ¿Aún no dejas la timidez de lado? No es como si no supiéramos de lo que hablan ahora." – dijo Miroku sonriendo.
"Ya basta, Miroku, luego no vengas corriendo hacia mi mientras el busca golpearte." - le dijo Sango reprendiéndolo.
"Pero, Sanguito, yo solo busco que sepa cómo comunicarse con ella ahora."
"Para nada, de todas las personas, eres la menos indicada para ese tipo de consejos. Además no es como si ellos no supieran como dar los siguientes pasos."
"¡Esperen! ¿Pasos? ¿Pasos de que-"
"Déjalos, Inuyasha, está bien, sabes cómo es el Monje Miroku, además…"- hizo pausa para verlo tranquilamente.
"¿Además?"
"Ya no importa, ven." – le dijo caminando hacia la cabaña de la anciana Kaede.
"¡Oye no! ¿Qué más me querías decir?"
"Deprisa Inuyasha, hay que ayudar a reconstruir la cabaña de la Anciana Kaede." – le responde ya estando a varios metros alejado de él.
"¡Kagome! ¡Ya dime lo que me querías decir!" – le exigió levantando la voz.
"Abajo." – una mala idea de su parte.
Mientras tanto, en la lejanía de un palacio ya conocido previamente, una mujer sacando humos de furia a su alrededor hace a un lado a la servidumbre inútil, y por fin abre la puerta del aposento principal, de un golpe.
"Sarina, ¿Cuántas veces tengo que decirte que no azotes la puerta? Es roble…" – dijo Kain, admirando de manera resignada su taza de té.
"Incontables, hermano, y no dejas de recordármelo…"- dijo tratando de mantener su voz de emitir un grito no muy grato. – "Quisiera verte a ti mantener la calma, ¡después de lo que acabo de presenciar! – haciendo énfasis en lo último, caminó dando vueltas alrededor de su hermano tratando de cambiar su atención que le tenía al té.
"¿Y ahora que uña se te rompió? ¿No se supone que debías investigar entre las villas sobre aquellos individuos que destruyeron a Naraku?" – preguntó con desinterés sin quitar la vista de su taza.
"¡Y esos mismos fueron los que vi!" – gritó exasperada.
"¿Los viste?" – preguntó ya con algo de interés.
"Eso dije, y son peor de lo que creímos. No son más que un monje, una exterminadora, un hombre mitad-bestia y una sacerdotisa insolente que solo se dedicaba a –" – fue interrumpida por el golpe de la taza con la mesa al ponerla. Kain miró con perspicacia a Sarina al escuchar de quien se trataba.
"¿Un…hombre mitad-bestia….dices?"
"Si, ¿y?"
"Hermana, ¿no te das cuenta que acabamos de encontrar la última pieza de nuestro plan?"
"¿Es otra de tus preguntas retorcidas?"
"No solo hemos encontrado a los responsables de eliminar a un ser tan infame como Naraku, sino que confirmamos que un hibrido fue parte de ello, ¿lo creerías posible?"
"Ahora que lo dices, lo creería una locura, sin embargo la espada que posee refleja que es un sujeto peligroso. Fue capaz de romper con mi ataque de un golpe." – dijo Sarina.
"Lo sé, me han contado que la espada que blande es capaz de matar más de 100 espíritus de un golpe. Interesante…" – dijo Kain pensativo mano en la barbilla. – "Sarina, dijiste que era acompañado por un monje, una exterminadora y ¿Quién más?"
"Una sacerdotisa, y con un muy mal carácter." – dijo con repulsión Sarina.
"¿Así que una sacerdotisa? Y dime, ¿no notaste como era su relación con el hibrido?"
"Yo que voy a saber, solamente se dedicó a amenazarme con su espada, aunque actúa de forma extraña cuando se trata de ella. Parecía más preocupado por ella que por los otros dos."
"¿En serio? Eso lo hace aún mejor…"
"¿De qué hablas, Kain?" – preguntó confundida por la naturaleza de los cuestionamientos.
"Muy buen trabajo, Sarina, ya tenemos lo que necesitamos." – dijo sin prestar atención a la última pregunta de Sarina.
"¿Y qué es exactamente lo que planeas? ¿Ahora sí, saldremos de este agujero?" – dijo sonriendo.
"No solo eso, querida hermana." – abrió las cortinas de la ventana del cuarto que daba al patio interior del castillo, revelando un campo de concentración de monstruos trabajando con maquinaria pesada y armamento extranjero y desconocido para el Japón de esa época. –"Sino que por fin, después de siglos de espera, recuperaremos las tierras que nos pertenecen y que esos sarnosos perros demonios nos quitaron."
"¿Perros?"
"¿Cómo no me di cuenta antes? La espada que dices que tiene ese hibrido suena igual a la misma que poseía ese gran perro del oeste que nos desterró. Te apuesto a que se trata del hijo que tanto nos han comentado."
"Que fastidio, no creí que tuviera otro, además de Sesshomaru." – dijo Sarina observando la fábrica de armas.
"Este es el resultado de su unión con una humana tiempo después. Me contaron que la misma noche que dio a luz, pereció. Precio caro al juntarse con un ser humano y con lo que me cuentas del hijo con su relación con la sacerdotisa, parece que sigue los pasos del padre."
"¿Podemos dejar de hablar de eso? Es bastante repugnante que se estén reproduciendo de forma tan desordenada. El mundo entero se ha vuelto un caos." – respondió Sarina con una mueca.
"El mundo siempre ha sido un caos, Sarina, la diferencia recae en que cambia su naturaleza, nuevas especies nacen y con eso nuevas leyes de sobrevivencia."
Hubo un silencio entre los dos mientras veían el progreso de las maquinas debajo de ellos.
"En aquel entonces, perdimos ante el Gran Perro por no saber su debilidad. No sucederá lo mismo esta vez." – dijo firmemente dando vuelta para sentarse en su sillón frente a la mesa con su taza.
"Ya lo habías dicho. Lo atacaríamos usando su debilidad. Pero entonces, ¿Por qué no atacar ahora que Sesshomaru es el señor del oeste? Tenemos el armamento listo y las tropas de nuestro líder solo necesitan estar en posición. Estamos mejor preparados que la vez anterior, ¿Qué tienen que ver esos individuos que encontré hace un rato con nuestra venganza?"
"Tienen mucho en común. Pronto lo veras." – le dijo volviendo a calentar su té. – "Mantén en forma la fabricación de las armas y ve alertando al jefe de nuestro nuevo predicamento."
"¿Nos seguiremos escondiendo entonces?" – preguntó Sarina con desilusión y decepción.
"Por el momento, por el momento. Deja que las cosas fluyan sin prisa, te sorprenderá ver el resultado."
"¿¡Quien rayos era esa mujer?!" – gritó un Inuyasha furioso dentro de la ya reconstruida cabaña de Kaede. Era ya medio día y después de todo el tumulto de la mañana, se dedicaron a analizar la situación con la extraña visita. Otros solo a exigir respuestas a gritos.
"Dijo llamarse Sarina…" – dijo Sango con su hijo en brazos.
"Y no solo eso, sino que a pesar de ser humana, tenía cierto poder que no parecía emanar energía maligna, por lo que a simple vista no la hacía ver peligrosa." – añadió Miroku.
"Lo que me pregunto es por qué nos buscaba a nosotros." – dijo Kagome.
"¿Buscaba?" – preguntó Inuyasha.
"Cuando vino a la aldea, dijo que andaba en busca de quien había destruido a Naraku." – le respondió Miroku. – "No entendíamos cuál era su objetivo al saber quiénes éramos, pero…
"¿Qué intenta decir, excelencia?" – le preguntó Kaede.
"Quizá no buscaba venganza, sino probar si era cierto que pudimos acabar con un monstruo como Naraku." – terminó diciendo Miroku.
"¡Heh! La hubiera pensado dos veces antes de atacar." – respondió Inuyasha. – "Tuvo suerte de huir."
"La teoría de su excelencia parece la más acertada, sin embargo, tengo la ligera sospecha que hay algo más detrás de su objetivo." – dijo Kaede.
"¿Por qué lo dice, Anciana Kaede?" – preguntó Sango dejando a sus hijas recargarse en cada lado suyo.
Kaede no dijo nada por un momento, pensando.
"¡Ya dilo, anciana!" – espetó Inuyasha.
"Abajo." – ordenó Kagome, mandándolo al suelo de la cabaña. – "No seas maleducado, Inuyasha."
"Si esa mujer solo venía a ponerlos a prueba, los hubiera atacado por igual a los tres, siendo que Inuyasha aún no llegaba. Sin embargo, pude notar que en verdad parecía empeñada en acabar con mi pupila."
"Afortunadamente, Inuyasha pudo llegar a tiempo, antes de que fuera demasiado tarde." – recalcó Miroku.
"Como siempre lo hace." – añadió Sango aprobando el comentario de su esposo.
"¡Claro que llegué a tiempo! ¡Ningún monstruo le pondrá las manos encima a Kagome!" – Dijo apartando la mirada de ellos con un ligero sonrojo. Kagome ante esto, solo asintió y quedó pensativa. Primero mi sueño y ahora esta extraña persona, ¿Por qué siento que están relacionados? ¿Lo estarán?...
"¿Kagome?"- la llamó Kaede.
"¿Si?"
"¿Ya descubriste el significado del sueño de tuviste hace dos noches?" – le preguntó Kaede haciendo que todos prestaran atención a ella y a su amiga.
"Pues, no me he puesto a pensar en el hasta ahora."
"¿Crees que puede haber una conexión con los sucesos de hace rato?"
"No sé por qué tengo ese ligero presentimiento de ser así…" – admitió confundida.
"Entonces te sugiero que te mantengas alerta." – luego se dirigió a los demás. – "Todos ustedes." – dijo seriamente.
"Anciana Kaede…" – Sango ya tenía el presentimiento que algo de verdad se avecinaba.
"¡Keh! ¡No empiecen con eso! ¡No importa lo que pase, ya les dije! ¡Estaré preparado!" – aseguró poniendo garra firme en su espada, mientras los demás se dedicaban a sonreír un poco más relajados por la asertividad de su amigo, todos excepto una sacerdotisa. Pero quizá no estemos preparados para lo que venga.
Habían transcurrido 2 meses desde su encuentro con Sarina y con ello cesó la mudanza anormal de criaturas de la región. Todo había vuelto a la calma habitual en la aldea y a su alrededor; y como los ataques de demonios tuvieron un alto, Miroku e Inuyasha dedicaron ese tiempo a tener a la aldea bajo cuidado y por supuesto, estando con sus respectivas parejas. Kagome no había tenido otro sueño raro como el de aquella noche, pero seguía en su mente el posible significado que podría tener y la advertencia de la anciana Kaede con respecto a ataques imprevistos. Sin embargo, no contaba que también implicaba nuevos eventos que en su vida se había preparado para ello, hasta ahora.
En su labor por separar las hierbas que recogió esa tarde, de repente sintió la urgencia de escarbar por un aperitivo a la cocina. De manera inconsciente a su forma de pensar, dejó su canasto y se dirigió a los envases donde guarda pequeños bocadillos de dulce y fruta para merendar. Y a partir del segundo bocado sintiendo irse sus ganas de seguir comiendo, tuvo la urgencia de devolverlo sin saber por qué. ¿Por qué estoy tan mareada de pronto?
Inuyasha por su parte, se encontraba patrullando como siempre en la frontera del bosque para luego dirigirse a su cabaña. Al entrar no se esperaba ver as mujer en una posición extraña, con la cara a fuera de las puertas laterales del hogar que daban al bosque, regurgitando el interior de su estómago. Al sentir la presencia de su esposo, se volteo avergonzada hacia el tratando de limpiar cualquier resto que haya caído en su ropa y en su rostro.
"Inuyasha, perdón, no veas es solo que…" – se acercó a ella preocupado poniendo la mano en su frente.
"¿Estas bien?"
"Debió ser algo que comí." – dijo un poco sonriente.
"¿Otra vez? Te pasó lo mismo hace un par de días y la semana anterior. ¿La anciana no te dio medicina?" – le preguntó extrañado.
"Será mejor que la vea." – dijo con un tono más alarmante.
"Deja te llevo." – la cargó en su espalda y corrió hacia la cabaña de la sacerdotisa mayor.
"Hola, Señorita Kagome." – los saludó Rin al llegar a la entrada y notó el semblante pálido de Kagome. – "¿Sucede algo?"
"Necesito ver a Kaede, Rin, ¿está ahí?"
"¿En qué puedo ayudarlos?" – pregunta la anciana saliendo de la choza. "Kagome, ¿no me digas que tus dolores persisten?"
"Así es, Anciana Kaede." – dijo bajándose de la espalda de Inuyasha.
"Pasa para que pueda revisarte. Inuyasha, será mejor que esperes aquí afuera." – le dijo antes de entrar con ella.
"¿Y por qué, Anciana? – le cuestionó en un tono más gruñón.
"A menos que quieras estar junto al aroma de mis hierbas…" – le dijo Kaede sonriendo. Y con eso Inuyasha desistió sabiendo lo que le convenía.
"¡Bien! Pero más te vale decirme que tiene."
Al entrar, las dos se sentaron frente a un canasto de hierbas que la anciana Kaede guardó para ponerlo a un lado. Acto que le extrañó a Kagome ya que le había dicho a Inuyasha que las emplearían para tratar sus síntomas.
"Anciana Kaede, ¿Por qué guarda el canasto si le dijo a Inuyasha que me daría plantas medicinales y…"- notó que la anciana le sonreía de forma inusual. - "¿Por qué esta sonriéndome de esa forma?"
"Como tus síntomas persisten, tal parece que los remedios de siempre no nos serán útil de ahora en adelante."
"¿De ahora en adelante? Entonces ¿es tan malo lo que tengo?" – le pregunto al borde del pánico.
"Calma, ni niña." – le dijo entregándole un te ya preparado. - "No tienes nada malo, al contrario, desde un inicio tuve el presentimiento pero no podía declararlo un hecho hasta estar seguro. Es diferente la reacción para cada mujer una vez que llega a esa etapa."
"Anciana Kaede…" – tenía el miedo y la curiosidad mezclándose en su estómago, pero no dejo de estar tranquila por la sonrisa de Kaede.
"¿Estas lista, Kagome?"
No puede ser…
"Estas embarazada."
*OMG* ¿Alguien se lo espero? ¡Yo si! *pone cara inocente*
¡Hasta la otra!
