Ok, sé que a muchas se les fue la onda con la ultima sorpresa, espero este capitulo aclare algo. Lo subo temprano porque al parecer saldre de la ciudad (otra vez) y el internet no me puede acompañar. *triste*

Espero volver pronto, gracias de nuevo por leer.


CAPITULO VII

No recordaba una situación en su vida que la haya dejado en total choque inexpresivo. La sola idea de posibles momentos en que pudo haberse comparado estaba fuera de proporción. ¿Qué si tenía idea de cómo pasó? Claro que la tenía. No había pasado 18 años de su vida siendo inculcada por todos los valores de su familia, de la razón, de la lógica y del juicio personal para hacerse la víctima y la ingenua, y aun así después de cambiar su vida de comodidad y avance futurista del siglo XX para vivir de forma rustica, en el Japón Feudal se sentía preparada para ingeniárselas con lo que pudiera para sobrevivir a la vida hogareña junto a quien más ama en el mundo. Según su plan, no había forma que algo saliera mal, aunque claro que con la vida matrimonial, no agregó a su lista de futuros planes conyugales algo que con su pareja era difícil de dialogar. Algo como, traer una vida de los dos.

"¿Kagome? ¿Estás bien?" – Kaede seguía intentando sacarla del trance, siendo que ni siquiera reaccionó al sonido de la taza al caer.

"¡Oh! Perdóneme, Anciana Kaede, ¡yo recojo!" – dijo reaccionando y tratando de limpiar los restos de la taza de té rota y su líquido. Pretendiendo que no le afectó en nada la noticia.

"Niña, está bien." – le dijo de la forma más tranquila mientras tomaba sus manos alejándolas del desorden para que le prestara atención. Era sumamente importante que reaccionara. Kagome solo la miró tratando de respirar no muy agitadamente con la cara pálida y el semblante tenso.

"¿Segura que te sientes bien?" – le preguntó tratando de calmarla dedicándole una sonrisa materna.

"Le mentiría si le dijera que no." – le dijo encogiéndose de hombros.

"Es normal, es como todo empieza." – le dijo terminando de recoger los trozos de cerámica, agradeciendo que Inuyasha no haya escuchado el sonido quebradizo y entrado de manera súbita. – "¿Acaso es tanta tu sorpresa? – le preguntó.

"Es solo que…no creí que fuera posible." – ante esto, Kaede amplio otra sonrisa sin dar crédito a lo que escuchaba.

"Has vivido experiencias sobrenaturales y otras de naturaleza inexplicable, vienes de un pozo que transportaba 500 en el futuro e incluso eres capaz de soportar un muchacho con el genio más atrofiante entre los seres, ¿y me dices que después de estar casada lo consideras imposible? – le dice Kaede en un tono de animosidad.

"Usted lo dijo Anciana Kaede, el muchacho con el genio más atrofiante e imposible de descifrar, incluso ahora y después de tanto tiempo y por lo que hemos pasado." – le dijo tomando postura firme y un tanto alarmada que preocupó a Kaede, y antes de que ella pudiera animarla más, continuo. – "Sé que ambos somos diferentes, de épocas diferentes, de valores diferentes, de experiencias infantiles distintas; sé que él hace su mayor esfuerzo por demostrarme lo mucho que le importo así como yo lo hago por él. Sé por lo que pasó en su niñez junto a su madre y por lo horrible que tuvo que vivir en la orfandad, lo lastimoso que fue el mundo con alguien como él y lo cruel que fue el destino con la tragedia que cayó sobre Kikyo y él. Y lo único que quiero más es estar a su lado, sanando esas heridas aun si eso significaba dejar mi hogar, después de lo que pasamos juntos, con todos nuestros amigos, no me sentí feliz sabiendo que regresaba a mi vida ordinaria cuando debía estar viviéndola junto a él. – hizo una pausa tratando de sucumbir al derrame de lágrimas cabizbaja, mientras Kaede seguía escuchándolo cuidadosamente. Nuevamente continuo, alzando esta vez la cabeza más feliz. – "Por eso lo acepto como es, y lo amo de esa manera. Porque incluso si no actúa como otros opinan que debe ser conmigo, sé que me quiere como mejor sabe."

"Y no hay duda de ello. Todos a tu alrededor saben lo que siente el por ti." – dijo enternecida por los sentimientos de su pupila. – "Y eso, por supuesto, ya se lo había dicho a Sango también."

"¿Cómo dice?" – se confundió en esa última parte.

"Una vez casados, la máxima muestra de afecto viene con la consumación y las crías." – se escuchó un golpe en el suelo como si algo se hubiera caído. – "Hija, ¿estás bien?- Kagome había colapsado de extrañeza de la respuesta de Kaede.

"Tampoco me vayas a decir que la cigüeña fue quien propicio esto." – le dijo con una sonrisa traviesa en el rostro.

"No, claro que no, anciana Kaede." – admitió incorporándose y con el rostro marcado por la pena.

"Veo que Inuyasha solo muestra su lado débil contigo, por eso." – dijo después, haciendo que Kagome ardiera más de la vergüenza y suspirando derrotada. No es como si después de estar casados no ocurriera algo más.

"De igual forma…" – le dijo haciendo que prestara atención. - "Se trata de una prueba que los dos deben afrontar y vivir juntos. Y estoy segura que toda la aldea estará regocijando de alegría el saber que un milagro de la vida va a llegar aquí. Sobretodo tus amigos e Inuyasha, más que nadie."

"No estoy muy segura de eso."

"¿A qué te refieres?" – le preguntó nuevamente confundida.

"Cuando le pregunté a Inuyasha sobre qué opinaba acerca de tener una familia, él me dijo que no quería que algo como lo de su infancia se repitiera. Que yo saliera lastimada o que nuestro hijo – hizo una pausa por el extraño presentimiento de pronunciar eso último.- "…fuera a sufrir como él sufrió de niño." – dijo amargamente.

"Bueno, de eso ya no se debe preocupar, porque lo hecho, hecho está." – dijo finalmente doblando unas hierbas en un pedazo de tela y dándoselas. – "Hierve estas y tómalas por la noche y en la mañana, calmará tus urgencias para devolver los alimentos."

"Gracias, Anciana Kaede." – haciendo una reverencia mutua se levantó del suelo para dirigirse a la cortina de bambú, pero antes de salir, volteo hacia Kaede para una última pregunta.- "¿Qué debo hacer ahora?"

"Debes decirle, antes que nada." – dijo simplemente.

Ante esto, Kagome sonrió y salió. No lo encontró por ningún lado, por lo que dedujo que se fue a su cabaña o al bosque para esperarla. En cuanto iba a tomar el paso para ese rumbo, escuchó otra voz que la detuvo animadamente detrás de ella.

"¡Señorita Kagome!" – la llamó la no tan pequeña Rin. – "¿Ya se siente mejor?"

"Si, gracias, Rin, la anciana Kaede me dio unos buenos remedios." – le dijo con una sonrisa.

"Que alivio, tiene que cuidarse ahora que por fin tendrá un cachorro." – dijo alegremente.

"¿¡QUE?!" – dijo volteando a todos lados para saber si alguien más escuchó eso. – "¿Cómo lo sabes? No me digas que la anciana Kaede te lo dijo… – le preguntó entre susurros nerviosa.

"No" – respondió sin quitar la sonrisa de su rostro. – "Lo adiviné luego de que siempre vino usted con ella por sus inusuales síntomas porque a la Señorita Sango le pasaba lo mismo. Y como quería estar segura de que si es cierto le pregunté a la Anciana Kaede pero ella no me quiso decir así que me escondí aquí afuera para escuchar su conversación, sé que es de mala educación espiar las conversaciones de los adultos, pero en verdad quería saber si es cierto. ¿Es cierto, verdad? ¿Y dígame tendrán esas ore-" – Kagome cortó su interrogatorio entusiasta con su mano en la boca de la niña, rezando porque nadie estuviera escuchando. Por suerte el aldeano más cercano estaba en los prados labrando a 15 metros de ellas.

"Si, Rin, es cierto, pero quiero pedirte que no le digas a nadie, ¿sí?" – le pidió quitando la mano revelando una cara inocente y extrañada.

"¿Por qué?"

"Porque…" – intentaba dar un buen argumento para calmar la alegría disparada de la niña enfrente de ella. –"Aun necesito decirles a unas cuantas personas antes de que puedas gritarlo."

"¿Cómo a quienes?" – preguntó curiosa.

Al padre por ejemplo, pensó. Cuando de pronto Rin volvió a tomar la palabra.

"No se preocupe, estoy segura que el señor Inuyasha se pondrá muy feliz." – le dijo como si supiera lo que estaba pensando.

"Eso espero, Rin." – le dijo con una sonrisa más amena. – "Bueno, ya casi se pone el sol, ¿Por qué no vamos a la casa de Miroku y Sango?"

"¡Si! ¡Vamos!" – emprendieron camino juntas y en cuanto llegaron a la puerta de la choza, Kagome se detuvo.

"Recuerda, Rin, no puedes decirle a nadie, ¿de acuerdo? No hasta que te diga que ya es hora." – le dijo firmemente, viendo como la niña suprimía las ansias por gritarlo emocionada, para luego asentir.

Al entrar fueron recibidas por la imagen adorable de su amiga exterminadora sirviendo los platos de las gemelas de un dos años y medio de edad, y su amigo el monje dando de comer al bebé Komori de cuatro meses. Mientras Shippo comía de su plato a la de la exterminadora.

"¡Hola Kagome! Que gusto que vienen a visitarnos." – le dice Sango. "¡Tía Kagome y Rin llegaron!" – exclamaron las gemelas en su lugar.

"¿Gustan acompañarnos?" – les preguntó Miroku separando la cuchara de la boca de su hijo quien desesperadamente quiere alcanzarla.

"No quisiéramos ser una molestia, solo pasamos a saludar." – les dijo algo tímida.

"Para nada, están en su casa." – le dijo Sango poniendo a las gemelas quietas para que comieran. – "¿Y cómo te sientes Kagome? Inuyasha nos dijo que te sentías mal y por eso te llevó con Kaede."

"Si, la anciana me dio unas hierbas para el malestar." – dijo mirando de reojo a Rin para medir sus gestos para que no la delaten. – "Por cierto, ¿Dónde está Inuyasha?"

"Estaba aquí hace un rato señorita." – dijo Miroku.

"Si, andaba como loco. Cuando nos dijo que estabas con Kaede y él no podía entrar a su choza, se la pasó merodeando aquí. Parecía perro esperando a su dueño." – dijo Shippo sorbiendo de su plato, recibiendo pequeñas risas de todos, excepto Kagome, quien en su mente rezaba por encontrar una forma para revelarle a su esposo sobre lo esa tarde.

"Kagome, ¿estás bien?" – preguntó Sango sacándola de sus pensamientos.

"¡Si! ¿Por qué preguntas?" – dijo fingiendo una sonrisa nerviosa.

"Te noto distraída. ¿Hay algo que quieres decirnos?" – le volvió a preguntar, haciendo que Kagome maldijera en su mente por lo inoportuno del interrogatorio.

No puedo decirles aun, no hasta saber que piensa Inuyasha. Pero, lo que dijo la Anciana Kaede: "Lo hecho, hecho está." ¿Y si es cierto? Entonces ya no importara, tienen derecho a saberlo también. Son mis amigos, mi familia aquí.

"¿Señorita Kagome?" – la llamó Rin. Kagome volteo a verla y luego a los demás, quienes seguían extrañados por la actitud de la sacerdotisa.

Después de una profunda reflexión, tomó una taza de sopa enfrente de ella para luego depositarla de nuevo en la mesa.

"Chicos, tengo algo que decirles…" – hizo una pausa viendo hacia Rin, quien con un gesto que empezaba a formar una sonrisa, ya sabía que seguía. – "…la verdadera razón por la que he estado enferma." – bajó la cabeza escondiendo su mirada detrás de su flequillo.

Se encontraba sobre su árbol favorito, esperando percibir su aroma dirigiéndose hacia su cabaña. Entre reacomodos de posición, miraba de reojo el atardecer a punto de dar paso a la noche preguntándose porque aún no venía con él, siendo que el camino hacia su casa pasaba al lado del Árbol Sagrado y por ende podía verla llegar. Esa mujer ya se tardó, pensó. Parándose en la rama en la que cómodamente estaba sentado, escaló masen el árbol hasta salir del arbusto de la copa para tener una vista mejor de la aldea.

"Tal vez aun siga con la anciana, ¿pero porque tiene que tardar tanto? ¿Acaso es tan grave lo que tiene? – comenzó a entrar en pánico al tratar de descifrar la razón por la que tiene que estar con la anciana todo el tiempo. No podía imaginarse a Kagome enferma de algo grave, sin que pueda ayudarla. ¡No! Ella está bien, tiene que estarlo. Pensó tratando de calmarse. Cuando a sus oídos raspó una sensación macabra, ¡Demonio! Y antes de que pudiera exclamarlo a viva voz, en los arboles de su izquierda emergió la figura de un ogro casi tan alto como el Árbol Sagrado. Su piel era de aspecto mohoso, verde y cubierto de algas y algunas corazas grises en su cuerpo y fácilmente se podía ver que de sus brazos salían lianas que se movían como serpientes. El demonio no tardó en notar la presencia del hibrido.

"Vine a esta parte del bosque para buscar a una bestia que dicen que es fuerte. Pero solo veo a un débil pedazo de basura." – dijo entre risas mofándose.

"¡En ese caso te debes estar viendo a ti mismo!" – le respondió airoso y devolviéndole la mofada. El ogro inmediatamente movió una de sus lianas extendidas para usarla como látigo y atacarlo directamente, acto que Inuyasha esquivó con facilidad para aterrizar en el suelo frente a él, no queriendo que dañe al árbol.

"Si sabes lo que te conviene…" –le gruño sacando a Colmillo de Acero. – "… ¡te marcharas de este lugar o sufrirás el poder de mi espada! ¡Tú eliges!"

El ogro simplemente no respondió y dirigió su mirada espeluznante hacia la aldea. Inmediatamente comenzó a correr en esa dirección pasando de lado al hibrido. ¡Maldición! Dijo para sus adentros al ver que su objetivo era la aldea. De un salto, lo azotó con su espada directamente pero sin dejar marca por la coraza gris que impedía que le atravesara. El ogro solo se rio por su fallido intento de ataque deteniéndose.

"Ninguna arma puede perforar el gran escudo de mi piel." – dijo una vez más entre risas, y volviendo su mirada a la ya cerca villa. – "¡No estaría mal comer unos aperitivos antes de matarte!" – y con eso volvió a correr.

"¡Ni creas que te dejaré!" – le gritó alcanzándolo por detrás. No puedo atacar con el viento cortante, podría herir a la aldea. ¿Qué hago?

"¿Sintieron eso?" – dijo Miroku parándose tenso de su puesto, en posición tomando su báculo, interrumpiendo lo que iba a decir Kagome con respecto a lo de sus síntomas. Todo el mundo se mantuvo quieto cuando un grito reafirmó el instinto del monje.

"¡Un monstruo!" – exclamaron aldeanos desde afuera. E inmediatamente Kagome y Sango se pararon a la par.

"¡Kagome, quédate aquí junto con los niños!" – le pidió Sango mientras toma su Hiraikotsu dirigiéndose a la puerta junto con su esposo.

"Me sentiría más tranquilo si te quedas tú también…" – le dijo Miroku preocupado a los ojos.

"De ninguna manera te dejaré pelear solo, ¿recuerdas?" – le dijo con una sonrisa. Luego miró donde estaban sus hijos mientras Kagome los consolaba. – "Enseguida volvemos." – prometió para luego salir a defender su hogar.

"¡Tengan cuidado!" – alcanzo a gritar Kagome.

"¿A dónde fue papi y mami, tía?" - preguntó Miyako a punto de llorar mientras Miyuko se apegaba a ella con miedo y Komori buscaba con la mirada triste a sus padres.

"Salieron un momento, no tardaran en venir." – les dijo con una sonrisa que logro calmarlas un poco. Shippo por su parte estaba debatiendo en su interior sobre si ir a pelear o quedarse. Tengo que ser valiente, le prometí a Sango y a Miroku que cuidaría a mis hermanitos así como le prometí a Inuyasha que protegería a Kagome cuando él no esté. ¡¿Dónde está ese perro tonto cuando lo necesitamos?!

Desde afuera empezaron a escuchar los inicios de un enfrentamiento. Escucharon a Miroku dar órdenes a los aldeanos de alejarse lo más que pudieran y a Sango lanzar su arma con su llamado.

Para entonces el ogro ya había llegado a la entrada del puente, frenando el ataque del boomerang lanzándolo de vuelta.

"Nunca había visto un ogro con ese aspecto…" – admitió Miroku.

"Es un ogro de pantano." – le respondió Sango atrapando su arma nuevamente. – "Se supone que solo merodean junto a lagos y los centros del bosque, pero suelen salir de su ambiente buscando comida en las aldeas humanas y en madrigueras de monstruos más pequeños."

"Pues será mejor no darle el gusto a este." – dijo sacando pergaminos y junto con Sango preparándose para atacarlo mientras se acercaba al inicio del puente que conecta la aldea con el bosque. Cuando de pronto el monstruo es empujado por una fuerza por detrás hacia el rio. Aquella fuerza da un giro de color rojo con plateado para aterrizar al final del puente entrando a la aldea, en su típica pose desafiante.

"¡Eso le enseñará a no subestimarme!" – gritó un Inuyasha en tono victorioso. – "¿Y ustedes que hacen ahí mirando?" – les preguntó a sus amigos quienes portaban caras neutras entre sorpresa y expectativa.

"Nos preguntábamos cuando ibas a hacer tu gran aparición." – le dijo Miroku al acercarse a él junto con Sango.

"¿Aparición? ¡Si yo desde un inicio lo tenía todo controlado desde el bosque!" – le dijo algo molesto. – "¿Saben dónde está Kagome?"

"En nuestra cabaña, cuidando a los niños junto con Shippo y Rin." – le respondió rápidamente Sango, sin que ninguno de los tres se diera cuenta que el ogro volvía a incorporarse rompiendo el puente, y obteniendo la atención de ellos de nuevo.

"¡Este sujeto ya me está cansando!" – dijo volviendo a sacar su espada. –"¡Miroku, Sango! Tengan cuidado, está cubierto por una coraza que actúa como escudo."

El ogro poniendo su mirada penetrante y tenebrosa en ellos, comenzó a movilizar sus lianas extendidas como látigos.

"¿Algo más que se te olvidó mencionar, amigo?" – preguntó sarcásticamente Miroku.

"¡Solo no se dejen atrapar!" – les gritó para lanzarse al ataque, siendo noqueado por una liana y caer en un establo.

"Por impaciente, no pudo ni seguir su propio consejo." – dijo Sango esquivando y protegiéndose de las lianas.

"¡Humanos y seres híbridos no son rivales para mí!" - exclamó tomando una de sus lianas y usándola para romper el techo de una de las chozas. Para su sorpresa la de ellos.

"¡No!" – gritó Sango desesperada.

"¡No puede ser!" – dijo Miroku tratando de ayudar a su esposa.

Mientras tanto, Kagome pensaba con prisa sobre cómo protegerlos a todos.

"¡Shippo! ¡Ve rápido a buscarme un arco y flechas!" – le imploró cubriendo más a los niños.

"¡No te dejaré sola! ¡Yo voy a ayudar!" – le gritó no queriendo desobedecerla pero tampoco dejándola desprotegida.

"¡Así me puedes ayudar! ¡Por favor! ¡Rápido!" – le dijo desesperada llevando a Komori en sus brazos y a las gemelas junto con Rin. Shippo no perdió más tiempo y se lanzó rápido con la Anciana Kaede.

"¡Rin! ¡Toma a las niñas!" – le pidió mientras las gemelas lloraban por el monstruo que destruyó su casa, y Komori sollozaba por el ruido sin el consuelo de sus padres.

Antes de que el monstruo moviera un musculo, Miroku ya había lanzado pergaminos electrocutándolo.

"¡No te atrevas a acércate a ellos!" – gritó con furia Miroku al mismo tiempo que su esposa lanzaba Hiraikotsu con igual furia.

"¡Kagome! ¿Están todos bien?" – le preguntó Sango.

"¡Lo estamos!" – le aseguró. – "¿Dónde está Inuyasha? ¿No estaba con ustedes?"

"Fue derribado y chocó contra uno de los establos" – le dijo Miroku tomando más pergaminos.

¡No! Inuyasha, ¡tengo que ir con el!

"¡Rin!" – la llamó rápidamente para entregarle también al bebé que se aferraba a su pecho del miedo. – "Cuídalo y quédense aquí. Tengo que ayudarlos."

"¡Pero, señorita, no puede! ¡Recuerde su estado!" – quiso advertirle y a la vez no delatarla.

"Debo hacerlo, Rin." – se dirigió a las gemelas tratando de consolarlas. – "Necesitan mi ayuda."

Y al ver como Miroku y Sango desviaban la atención del ogro de la cabaña, preparó carrera entre los escombros del techo para rodear al monstruo y buscar a Inuyasha. Por favor Shippo, ¡date prisa!

Por fin divisando los establos semi destruidos, empezó a correr cuando sin darse cuenta una liana se dirigía hacia ella por detrás. Pero antes de que la tocara, esta fue destruida por el movimiento de una espada.

"¡Kagome!" – la llamó corriendo rápido hacia ella esperando encontrarla ilesa.

"¡Inuyasha! ¡Qué alivio que estés bien!"

"Tonta, sabes que esa es mi línea." – interrumpiendo su momento el ogro rugió haciendo que otra liana tomara el pie izquierdo de Inuyasha por sorpresa lanzándolo en el aire y azotándolo en el suelo, fuertemente.

"¡Inuyasha!" – gritó Kagome arrepintiéndose de no tener sus flechas en este momento. Cuando otra liana la enrolló aprisionándola. – "¡No otra vez!"

Ante esta escena, Inuyasha encontró de nuevo su fuerza resultando de la ira contra ese monstruo para salvarla pero antes de lanzar un ataque para cortarlas, junto con sus amigos, el ogro pronuncio algo que heló la sangre de todos.

"¡Tu, Humana!" – le dijo en tono demandante. – "¡Serás la primera en ser devorada! Tú y el engendro que llevas en tu interior."

"¡Oh no!" – gritó Rin.

Inmediatamente fue liberada del agarre del ogro con la cortada rápida de colmillo de acero, haciendo lo posible por normalizar su respiración siendo sostenida por Inuyasha y los demás cerca de ella.

"¿Qué fue lo que dijo?" – preguntó Miroku tratando de descifrar la mención del ogro.

El monstruo continuo riendo, pero esta vez entre repugnancia y burla.

"Pude olerlo desde que la vi en esa cabaña." – les dijo disfrutando de la confusión y el semblante confundido y pálido de la todos, menos el de Kagome, el cual reflejaba terror por que se haya revelado de esa manera.

"¡¿De qué demonios estás hablando?! – le exigió furioso mientras sostenía a Kagome junto a él, temeroso a que se desmayara.

"Tan repugnante es la unión de un ser hibrido con el de una humana, que el hecho que sigan procreándose hace que el mundo esté lleno de seres impuros."

"Kagome…" – dijo con su voz en un hilo mientras la veía con el semblante deprimido y aterrado. No puede ser, ella está…

"¡Kagome! ¡Aquí están tus flechas! – dijo Shippo acercándose a toda velocidad lanzando su arco y su carcaj de flechas. Y antes de que alguien más dijera algo, preparó la primera flecha y la disparó con su mirada bajo el flequillo, acertando el pecho del monstruo, destrozándolo desde el interior en una luz purificadora. Para luego su cabeza ser destrozada por el viento cortante de colmillo de acero.

Una vez que vieron los restos caer sin vida en el rio, el ambiente se tornó silencioso y tenso. Y todas las miradas se dirigían a Kagome, quien aun escondía la cara bajo su flequillo. Y lo primero en romper ese silencio fue el grito de las gemelas y Rin por saber si todos estaban bien.

"¡Papi! ¡Mami!" – exclamaron las pequeñas entre sollozos. Fueron recogidas por los cálidos abrazos de sus padres mientras Rin le entrega a Komori a su madre consolándolo.

"Kagome…" – el tierno momento de la familia fue interrumpido por la llegada de otro que seguramente necesita aclaración. Inuyasha se acercó a ella, aun cabizbaja, lo más tranquilo que pudo, mientras ella rezaba en su interior que no se enfadara con ella.

"Kagome, mírame, por favor." – le dolió escuchar su voz en ese tono. Cortado, casi ahogándose de la tristeza, así que decidió terminar el momento incómodo y decirle de una vez. Ella levantó su mirada para cruzarla con la suya.

"Perdóname…" – le dijo manteniendo encerrado el sollozo en la garganta. – "Perdóname, Inuyasha. No quería que lo supieras, ¡no de esta manera!" – dijo finalmente soltando lágrimas.

Los demás no sabían cómo reaccionar ante eso. Solamente se dedicaron a dar miradas neutras de apoyo para que ninguno de los dos se sintiera en pena.

La tomó en sus brazos para consolarla. Le partía el alma verla llorar, pero tenía que estar seguro.

"Tan solo dime, Kagome…" – le dijo manteniendo la voz firme aun con el tono implorante y separándose de ella para verla a los ojos. – "¿Es cierto? ¿En verdad estas…"

"Si, Inuyasha," – le dijo ayudándolo a completar la frase en un suspiro. – "Estoy esperando un hijo…nuestro hijo."

Las miradas de todos cambiaron por unas de emoción y estupefacción, más que todo emoción. Miroku y Sango se miraron a sí mismos sintiendo la nostalgia de cuando les ocurrió a ellos, y ahora felices que a sus amigos les haya llegado algo así. Shippo por su parte no dejó de sonreír ampliamente luego que su sospecha secreta también resultara correcta. Excepto Rin, quien solo se dedicó a sonreír consigo misma. Pero todos se concentraban en como Inuyasha estaba reaccionando ante la verdad absoluta, seguía mirándola a los ojos, pero con la sorpresa escrita en ellos, permaneciendo inmóvil. ¿Ella y yo? Ella…yo…los dos….un hijo…. ¿seré…padre?

De su trance lo sacó la llegada de Kaede a la situación, sonriéndole a la pareja, dispuesta a aclarar sus dudas.

"Sera mejor que me sigan. Creo que hay mucho que explicar, ¿no creen?" – asintiendo, se dirigieron a la cabaña de la anciana, viendo de reojo a la pareja tímida que enlazaba sus manos ansiosamente.


Siendo sincera, se me dificultó encontrar una forma para Inuyasha de reaccionar y ajustarlo a su personalidad, espero no haya quedado muy tosco el asunto.