Capítulo 7: Un huésped indeseable.
Disclaimer: Love Live! Pertenece a su creadora Sakurako Kimino y a ASCII media works junto con Sunrise.
NdelA: Nuevo capi de Oh my shiny! ¡yei! Hoy ha sido un día estresante, he estado escribiendo bastante (bueno bastante considerando que antes no escribía nada) y ahora mismo voy en una escena a la quería llegar, pero justo cuando estoy en esa parte que tanto quería escribir, me quedé bloqueada y ahora no sé cómo seguirle. Esperare los consejos de mi sabia beta y coautora (Mag Max Kuv Bigotes), que aunque ahorita anda enfermita, ahí la tengo trabajando revisando los capis que tenía rezagados. Muchos kudos para ella y buena vibra para que se mejore pronto, espero que su doctora haga bien su chamba y la cure pronto (?)
En fin, llegamos a este punto en la historia en el que he tenido dudas desde que lo escribí, no sabía si introducir un OC o hacer un genderbend, al final me decanté por lo primero porque me sentí más cómoda con eso, espero sea de su agrado y si no pues ya irán viendo cómo se desarrolla la historia con eso.
Muchas gracias a todos por sus amables comentarios, sus opiniones son muy importantes, me ayudan a saber si voy por el camino correcto con la historia. Gracias por todo, en serio todos son muy lindos.
~•~
Mari llegó impaciente a casa para poder enviar un correo a su padre explicándole que se había unido al equipo de natación y que requería su autorización para el nuevo horario de entrenamiento.
Se sorprendió al llegar y ver el helicóptero del presidente de la corporación O'hara en el helipuerto del hotel, eso sólo significaba que su padre estaba en casa y venía a atender asuntos oficiales. Se apresuró a subir a su suite, pues no había mejor forma de contarle todo lo que había pasado que en persona.
Se encontró a Aoi-san en el camino quien le informó que él se encontraba en la sala de negocios del hotel y estaba algo ocupado, pero eso no era impedimento para ella.
Tocó la puerta, como de costumbre no esperó respuesta, sólo abrió y entró. Toda su emoción se esfumó al ver una conocida figura sentada frente a su padre.
Un hombre joven, muy apuesto, de cabello castaño y una figura atlética le dio la bienvenida.
—Buenas tardes Mari-chan —dijo el joven con un marcado acento británico—, ya te extrañaba.
Mari quien no estaba preparada para este encuentro sintió su enojo subir de manera efervescente sin poder detenerla.
—No tienen nada de buenas y soy O'hara-san para ti —dijo Mari con todo el desprecio reflejado en su voz.
—¡Mari! —su padre quien estaba atendiendo el teléfono hace un segundo, ya estaba prestándole toda su atención—, no seas grosera con Aris-san, él es prácticamente de la familia.
—Venía muy emocionada a verte padre, pero si me recibes con estas sorpresas, no esperes que tenga una buena reacción —explicó Mari aún con el malestar reflejado en su voz.
—Aris-san —se dirigió al muchacho—, me permites un momento con mi hija.
—Claro que si O'hara-dono, iré a atender algunos asuntos —hizo una reverencia—, si me permiten —al pasar a un lado de Mari guiñó un ojo disimuladamente, aumentando la molestia de la chica.
—¿Por qué no me avisaste que venías? —cuestionó Mari en cuanto estuvieron a solas.
—Porque te quería sorprender hija mía —respondió su padre poniéndose de pie para darle un abrazo.
—Debiste avisarme que vendrías acompañado —la molestia aún era muy evidente a pesar de haberse relajado un poco—, sabes que lo odio.
—Mari-chan, no lo puedes odiar —le dijo su padre dándole palmaditas en la cabeza—, él es tu prometido y tiene el derecho de verte cuando quiera.
—Un prometido al que odio padre y lo sabes —la voz de Mari empezaba a quebrarse y pequeñas gotas se acumulaban en sus ojos luchando por salir.
—Mari-chan, tu lo prometiste —le dijo su padre en advertencia.
—¡Tú me obligaste a prometerlo! —replicó con enojo dejando escapar algunas lágrimas que no pudo contener más—. ¡Me largo de aquí!
Salió de la habitación dando un fuerte portazo dejando a su padre gritando su nombre pero ella no se detuvo.
Todos los encuentros con su padre eran de esa manera, al principio se emocionaba por verlo pero todo cambiaba cuando recordaba su matrimonio arreglado, entonces parecía que un demonio se apoderaba de ella y arremetía contra él sin pensarlo. Esta era una de las razones por la cual su relación estaba tan dañada.
Cuando la expulsaron del colegio en el extranjero, su padre amenazó con quitarle toda la herencia de su madre, ya que esto era lo único que a Mari le importaba y no tenía nada que ver con el dinero que había recibido por ello, era más bien por el legado de su madre.
La madre de Mari era una renombrada artista, se dedicaba a la pintura y tenía numerosas obras que había guardado solo para ella, pero por su edad fue su padre el encargado de salvaguardarlas. Ella sólo quería recibirlas para tener algo que le recordara lo mucho que su madre la amó.
Después de todo el escándalo que armó en la última escuela cuando fue expulsada, su padre impuso una condición para devolver la herencia de su madre, al cumplir la mayoría de edad, ella se tendría que casar con quien él eligiera.
Mari luchó tanto como pudo contra esa imposición y solo pudo posponer el matrimonio hasta que hubiera terminado la escuela preparatoria. Lo que le dejaba un año libre antes de tener que cumplir con esa obligación.
Su padre no perdió el tiempo y semanas antes de regresar a Japón le presentó al que sería su prometido. Griffin Aris es el heredero de la familia Griffin y básicamente fue elegido porque ambas corporaciones se encuentran en negociaciones para introducir nuevas cadenas hoteleras en ciudades Europeas, es por eso que llegaron a ese arreglo, para asegurar el bienestar de ambas familias.
El joven a pesar de ser muy apuesto y poseer toda la elegancia de un caballero inglés, fue rechazado por Mari desde un principio, sin darle oportunidad a ningún acercamiento. Su padre habría intervenido en numerosas ocasiones haciendo arreglos para que convivieran pero Mari se las arregló en cada una para mantener la distancia.
Este compromiso largo lo veía solo como una forma de comprar tiempo para encontrar algún medio legal para hacerse de su herencia y no tener que cumplir con lo que ahora era una obligación, pero el tiempo pasaba y no había logrado resolver nada.
Después de un rato sin poder tranquilizarse, luego de dejar a su padre y su pequeña pelea cada vez que se veían, la idea de nadar se le había hecho muy tentadora, pues al parecer tendría que convivir más tiempo con su indeseable visita y tenía que buscar una forma de canalizar su creciente ira. Necesitaba relajarse.
Se cambió su uniforme escolar para vestir un traje de baño de dos piezas que era poco apto para hacer ejercicio pero que le gustaba porque de ese modo podía sentirse más libre en el agua. Se dirigió al área de la piscina del hotel, dejando una toalla en un extremo y estirándose a toda su extensión se acercó al borde de la piscina en donde se introdujo en ella con elegancia.
Estuvo por bastante tiempo allí, después de nadar algunas vueltas y bajo el amparo de la oscuridad de la noche sus pensamientos comenzaron a calmarse y su estrés prácticamente se había ido por lo que se pasó al jacuzzi para terminar de relajarse, se coloco sus audífonos a prueba de agua e inalámbricos y seleccionó su lista de reproducción predilecta en su celular el cual dejó sobre su toalla al borde del jacuzzi y se perdió en el fondo de su mente. Fue entonces cuando la figura de Kanan se hizo presente en sus pensamientos.
Hasta el momento no se había tomado el tiempo de analizar lo que había ocurrido por la tarde. La plática que había tenido con su entrenadora había movido algo dentro de ella. En la mayoría de los casos, cuando alguien se intentaba acercar de esa manera, sólo subía sus barreras más alto para no dejarlo pasar, pero las palabras de Kanan parecían hacer un efecto en ella que la había hecho ceder un poco.
Matsuura Kanan tenía algo que le atraía como las abejas a la miel. Era una mujer especial, espectacular de apariencia, sí, pero además de sus evidentes atributos físicos, tenía un brillo especial en su mirada que reflejaba tantos sentimientos que no podía describirlos, algunas veces era implacable, otras era terca pero lo que la tomó con la guardia abajo fue ver ese lado generoso y honesto que no había podido ver antes y del que You había hecho alarde anteriormente, fue eso lo que hizo que tomara la decisión de quedarse en el equipo, al menos por el momento. La mirada de Kanan reflejaba todo lo que estaba sintiendo y ver esa transparencia en ella le daba cierta seguridad de saber qué esperar de la otra persona. No era como las demás que solo se acercaban a ella por su apellido, su dinero o sus influencias.
Fue sacada abruptamente de sus pensamientos cuando sintió un par de brazos rodearla sujetandola fuertemente, forcejeó contra quién se atrevía a tocarla de esa manera pero nada pudo hacer. Sus audífonos cayeron en el fondo del jacuzzi, aunque eso era lo que menos le importaba.
—Eres muy bonita Mari-chan —le dijo esa voz masculina que le producía náuseas cada vez que la escuchaba.
—¡Suéltame malnacido! —gritó Mari con desesperación tratando de quitarlo—. Le diré a mi padre que te has propasado conmigo —seguía luchando con todas sus fuerzas para librarse de él, fue hasta que le dio un golpe en la entrepierna que pudo finalmente liberarse.
—Eres fuerte Mari-chan —dijo el intruso entre risas, parecía que la situación lo estaba divirtiendo a pesar de estar adolorido por el golpe que había recibido.
—¡No me vuelvas a poner un dedo encima en toda tu maldita vida! —se alejó lo más rápido que pudo pero su prometido se repuso rápidamente y la acorraló antes de que pudiera salir de la trampa de agua.
—Tú vas a ser mía —le dijo mientras la tomaba por su muñeca y la acercaba contra su cuerpo—, te guste o no serás mi esposa y haré contigo lo que me plazca —se acercó aún más tratando de robar un beso por la fuerza, pero Mari escupió en su cara haciéndolo retroceder y aprovechó para salir corriendo impulsada por la adrenalina del momento.
En lugar de correr hacia donde la lógica le diría, dentro del hotel, tomó el camino hacia la playa. No podía soportar estar un día más en la presencia de ese individuo y se lamentaba porque tendría que enfrentarlo a la hora de la cena nuevamente.
No era la primera vez que la había acorralado de esa manera, en situaciones anteriores le había hecho insinuaciones e incluso había intentado propasarse con ella pero cuando le contaba a su padre al respecto, él simplemente lo defendía y terminaba dándole la razón. Mari se sentía sola luchando contra ese hombre que prácticamente la estaba comprando.
Las lágrimas no se detenían, por más que se alejara de todo sentía el peso del hombre sobre ella, de recordar su aliento tan cerca sentía gran repulsión sin mencionar la manera en que, incluso, él pegaba esa maldita cosa entre sus piernas a su cuerpo.
Estuvo corriendo por tanto tiempo como sus piernas le permitieron hasta que el cansancio la hizo detenerse, fue entonces cuando se desmoronó, cayó de rodillas en la arena de la playa y empezó a llorar con desesperación dejando aflorar todos esos sentimientos que estuvo reprimiendo.
Debido a su llanto, no escucho cuando alguien se acercó a ella de nuevo. En cuanto sintió que una mano se posó en su hombro su primer instinto fue dar un golpe y querer salir corriendo pero al darse cuenta que la persona a la que acababa de golpear en la nariz no era el idiota de su prometido se detuvo de salir huyendo.
—¡¿Matsuura-sensei?! —exclamó sorprendida de ver a su entrenadora en la isla en donde vivía, era muy raro que alguien conocido anduviera por ahí—. ¡Disculpeme! Pensé que era alguien más.
Kanan estaba cegada por el dolor, era tan intenso que las lágrimas escapaban de sus ojos sin que tuviera control sobre ellas, se cubría con sus manos tratando de mitigarlo pero había sido un fuerte golpe y gotitas de sangre empezaron a escurrir por su nariz.
—Oh my God! —gritó Mari asustada al ver la sangre—. Discúlpeme sensei, tenemos que llevarla a un hospital —recordó que por la prisa con la que salió ni siquiera llevaba con ella su celular o algo de ropa encima, simplemente traía su provocativo traje de baño.
—Tranquila O'hara-san —dijo finalmente Kanan con voz nasal sobreponiendose al dolor—, no pasa nada, sólo es una pequeña hemorragia —llevó su cabeza hacia atrás sin liberar la presión de su nariz tratando de detenerla—. Mejor acompáñame hacia ese lugar —señaló una pequeña cabaña que estaba a unos pasos.
Mari estaba aún temblando, entre su encuentro con Aris y el susto de golpear a su sensei, su cuerpo no estaba reaccionando bien. Se sentía bajo los estragos que deja la adrenalina después de hacer su efecto.
Ayudó a Kanan a caminar para que no fuera a tropezar y al prender las luces de la pequeña cabaña se dió cuenta que era una especie de oficina.
Kanan le indicó en donde estaba el botiquín de primeros auxilios para que lo buscara en lo que ella se lavaba la sangre que ya había parado de escurrir.
—Matsuura-sensei, disculpeme —Mari seguía excusándose por su error aún mientras ayudaba a Kanan a limpiarse.
—Tranquila O'hara-san, fue mi culpa por acercarme de esa manera —se levantó de la silla en donde se había sentado inicialmente y fue hacia el baño, trayendo de regreso una toalla con ella que la ofreció a Mari para cubrirse —, debes tener algo de frío, toma —dijo con ternura y Mari aceptó su ofrecimiento—. No quiero ser entrometida ni incomodarte pero, ¿por qué llorabas de esa manera? ¿Qué fue lo que sucedió?
La pregunta de Kanan sólo sirvió para que recordara lo que había pasado y sin importarle que no estuviera sola, empezó a llorar nuevamente. Aún estaba descolocada y la impotencia que había sentido al pelear con el idiota aquel la tenían de esa manera. No sé sentía con fuerzas para nada y simplemente se derrumbó sin importarle que otra persona estuviera viéndola.
Kanan no supo bien qué hacer, solo atinó a acercarse para tratar de consolarla y Mari se fue sobre ella abrazándola desplomándose completamente en sus brazos. Estuvo llorando sin control por varios minutos mientras Kanan le daba palabras de aliento.
Después de lo que pareció una eternidad para Mari, su llanto cesó y se dio cuenta que aún estaba en los brazos de Kanan. Se separó sintiéndose apenada por la escena que acababa de protagonizar, pero su sensei la miraba aún con gran preocupación.
—¿Qué sucedió? —repitió la pregunta pero esta vez de manera más seria.
Mari no quería responder, no iba a responder. Su situación era algo que no quería contarle a nadie pues sentía que si lo hacía sería más real y nunca se podría zafar de ella. Entre menos pensara en ello era mejor.
—Nada sensei, no pasa nada —mintió sin convencer a Kanan.
—Es evidente que pasó algo grave que te tiene tan afectada —dijo Kanan—, pero no te forzaré a que me digas nada si no quieres.
—Gracias —respondió la rubia limpiándose la cara, tratando de limpiar los estragos de las lágrimas.
Kanan le ofreció un pañuelo para que terminara de limpiarse y Mari lo tomó pues debería estar hecha un desastre.
—No sabía que vivía en la isla, sensei —habló Mari después de limpiarse.
—No vivo aquí —aclaró Kanan.
—¿Entonces qué hace por aquí a estas horas? —preguntó Mari preocupada—. Es muy peligroso navegar de noche en estas aguas.
—Tranquila —rió discretamente—, no es la primera vez que lo hago, sucede que la radio de este lugar se averió y tuve que traer un repuesto pues es muy necesaria una vez que inician las actividades comerciales por la mañana —trato de explicar ante la sorpresa de Mari.
—¿Trabaja en el muelle? —cuestionó nuevamente la chica más joven.
—Umm… —dudó un momento antes de contestar—, no trabajo en el muelle pero soy responsable de su funcionamiento o al menos mi familia lo es.
—¡Oh! Ya entiendo —no dijo nada más, sin embargo la pequeña plática sirvió para que Mari se pudiera calmar un poco, al menos su cuerpo había dejado de temblar.
Se sentía bien en la presencia de Kanan, su sensei emanaba seguridad y calidez que de algún modo la hacían sentir más tranquila y eso la asustó un poco.
—Es hora de regresarte a casa —fue Kanan quien rompió el silencio que se formuló entre ellas.
—Yo puedo regresar sola —dijo Mari sin ánimo alguno en su voz pues no tenía ganas de volver a ver a aquel tipo o a su padre, aunque tendría que hablar con él.
—Es muy tarde para que andes sola en esta parte de la isla —Kanan se puso de pie y se aseguró de dejar todo en orden en la pequeña oficina—, iré a dejarte y después seguiré mi camino a casa —se cruzó de brazos dándole a entender que no habría negociación alguna.
El camino de regreso fue tranquilo, prácticamente no hablaron, pero el silencio entre ellas no fue incómodo, Mari encontró ese paseo muy reconfortante y Kanan se sintió muy bien de al fin lograr extender un puente de comunicación con su alumna y esperaba que ella quisiera cruzarlo en algún momento.
—¿Vives aquí? —preguntó Kanan en cuanto llegaron al hotel—. Si claro, debes vivir aquí, hotel O'hara, O'hara Mari —se respondió a sí misma en un tono condescendiente por no haberse dado cuenta de algo tan obvio.
Mari dejó escapar una tímida sonrisa al ver lo tonta que por un instante se sintió su sensei.
—Al menos ya logré que sonrieras —dijo Kanan con autosuficiencia inflando el pecho casi como un orgullo—, mi trabajo está hecho aquí.
Mari se sonrojó ante la bonita sonrisa de su profesora y su actitud de dorkie, nunca se había permitido admirarla de esa manera, pero ahora en un ambiente tan relajado, percibía las cosas diferentes y pensó que su sensei era muy distinta de la mujer que daba clases en la escuela a esta que tenía enfrente, su pensamiento la tomó desprevenida y un sonrojo se asomó en su cara al sentir la calidez de su sonrisa, dicho sonrojo para su fortuna fue cubierto por la oscuridad de la noche.
—Gracias de nuevo sensei —Mari no sabía cómo transmitir su agradecimiento y solo atinó a abrazarla fuertemente. El gesto tomó a Kanan completamente por sorpresa tensandose al principio pero al ver la honestidad del abrazo que estaba recibiendo se relajó y lo correspondió de la mejor manera que pudo.
—Te veo mañana O'hara-san —su voz sonaba algo nerviosa pero se controló bien—, no olvides nuestro entrenamiento.
—Ahí estaré… Eh, ¿Sensei? —preguntó insegura—. ¿Podría llamarme por mi nombre?
Una sonrisa aún más grande se dibujó en el rostro de Kanan
—Nos vemos mañana Mari-san —se despidió de ella.
~•~
Kanan regresó por el mismo camino por el que había llevado a Mari y caminaba perdida entre un mar de pensamientos.
Lo primero que saltaba a su mente era el estado en que encontró a la chica. Estaba completamente rota y vulnerable. Verla de esa manera despertó en ella la necesidad de protegerla, el problema era que O'hara Mari era como un gato asustado que no le permitiría acercarse tan fácil y aunque por un momento bajo sus barreras, no esperaba que ya con eso se arreglaran todos los problemas, con ella aún tenía un largo camino por recorrer.
Pero contaba con que al menos permaneciendo cerca de ella, por el entrenamiento, Mari se iría abriendo poco a poco y ella podría estar más cerca de ayudarla en lo que fuera que le estaba pasando.
El regreso a casa fue tranquilo, a pesar de no haber navegado en muchos años, desde que regresó a Uchiura y tomó todas las responsabilidades de la familia, sus viejos talentos salieron a flote y disfrutó de una agradable noche en el mar.
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Mari entró al hotel con fuerzas renovadas. Sentía un poco de vergüenza por lo que acaba de pasar pero estaba agradecida que fue su sensei quien la encontró y no el bastardo de su prometido.
Estaba decidida a que su padre la escuchara en esta ocasión, no esperaba que con esto se rompiera el compromiso pero por lo menos quería sentir el apoyo de alguien de su familia.
Lo encontró en su habitación, se veía algo cansado pero la invitó a pasar en cuanto la vio. Al parecer no estaba haciendo nada importante pues la recibió en su sala de TV improvisada.
—Padre tengo que decirte algo —dijo la chica mientras se sentaba a su lado en el cómodo sofá.
—¿Que te hizo Aris-san esta vez hija? —respondió su padre despreocupadamente mientras cambiaba los canales de la televisión.
—¿Ves papá? Nunca me tomas en serio —la irritación era evidente en la voz de la chica y aunque no quería explorar tan pronto, la actitud de su padre era suficiente para jalar el gatillo.
—No es que no te tome en serio Mari-chan, pero desde que lo conociste te has quejado de cada encuentro que tienen —trataba de explicarse pero el enojo de Mari iba en aumento—, no le has dado una oportunidad siquiera de que se gane tu confianza, así no podrán ser un matrimonio feliz.
—¡Es que ese es el problema papá, no puedo ser feliz con un cabrón como él! —Mari estaba al borde del llanto—. ¡No se si lo que esperas es que abuse de mí para que entonces me creas!
—No seas exagerada hija, él es un caballero ante todo —Mari estaba atónita ante las palabras de su padre—, y jamás se atrevería a hacer una bajeza de ese tamaño.
La rabia que sentía en ese momento provocó que nuevamente las lágrimas la inundaron.
—¿Por qué lo defiendes? —cuestionó Mari entre sollozos—. ¡Tu hija soy yo, no él!
—Mari-chan por favor tranquilízate —O'hara-dono trató de abrazarla pero Mari no se lo permitió haciéndose a un lado.
—No papá, algún día te arrepentirás de esto que me estás haciendo, cuando tus errores sean irreparables —Mari le hablaba con todo el dolor reflejado en su voz—, y yo no sé si te pueda perdonar.
Antes de salir le puso el permiso que necesitaba ser autorizado en su mesa de noche. Ya ni siquiera se tomó la molestia de explicarle lo que era, le daba igual si le autorizaba o no.
—Espero que esto si lo puedas hacer —fue lo último que dijo antes de azotar la puerta.
Apenas cerró la puerta de su habitación para irse a desplomar por completo sobre la cama y llorar para sacar todo el dolor que estaba sintiendo. No se dió cuenta en qué momento el sueño le venció en medio de su llanto pero aún dormida era perseguida por ese sentimiento de vacío y soledad que la torturaba desde que tenía memoria.
~•~
Ruby llegó temprano a la escuela, tenía urgencia por encontrarse con Chika-chan, había tomado la decisión de no dejar pasar más tiempo y dejarle en claro sus sentimientos. No podía seguir así.
Le llamó la noche anterior para pedirle que la viera antes de que las clases iniciaran y aunque Chika le cuestionó bastante sobre qué quería hablar, Ruby lo guardó hasta tenerla enfrente.
La determinación con la que se había despertado parecía esfumarse poco a poco siendo reemplazada por ansiedad y nerviosismo que empezaban a dominarla conforme se acercaba la hora.
Cuando se encontraba a unos pasos del salón del consejo estudiantil, su cuerpo empezó a temblar involuntariamente, sus manos transpiraban sin control, pero nada de esto la detuvo al ver que la puerta estaba entreabierta y Chika la estaba esperando en el interior.
—¡Buenos días Chika-chan! —saludó Ruby a una perezosa Chika quien estaba recargando su cabeza sobre sus brazos sentada, o más bien dicho acostada, en un pupitre.
—¡Ruby-chan, buenos días! —respondió haciendo un puchero—. ¿Por qué me citas tan temprano? Todavía tengo sueño —reclamó en un bostezo.
Ruby pasó saliva y respiró muy profundo para tomar el coraje que le hacía falta para confesarse. Se acercó hacia Chika y se paró justo frente a ella haciendo que la niña parpadeara sorprendida.
—Ruby-chan, ¿qué pasa? —preguntó Chika ante el comportamiento extraño de su amiga—. Ya me estás asustando.
—¡Chika-chan! —dijo Ruby apenas con un hilo de voz.
—¿Qué sucede? —la miró fijo sin poder entender qué estaba pasando.
—¡Chika-chan! Yo… yo… —toda su valentía parecía estar yéndose por la ventana y los nervios estaban dándole una mala jugada, pasó saliva y se aclaró la garganta antes de continuar—. ¡Tú me gustas!
La declaración sincera y sin rodeos tomó desprevenida a Chika que abrió los ojos desmesuradamente olvidándose por completo del sueño que tenía hasta hacía unos instantes.
—¡Ru… Ruby-chan! ¿Qué estás diciendo? —curvó la boca con nerviosismo—. Yo… yo no te puedo gustar… Lo siento…
—¡Me gustas Chika-chan! —volvió a repetir para que de ese modo quedará entendido para Chika que iba en serio.
—Ruby… tú sabes que yo no puedo, estoy… estoy enamorada de otra persona y… —iba a continuar pero Ruby puso un dedo sobre su boca impidiéndole decir nada más.
—Yo sé Chika-chan, pero no me importa —pronunció en voz baja, casi en un susurro y se acercó más a ella—. Se que aún estás enamorada de Sakurauchi-san, lo sé por cómo reaccionas cuando ella está cerca, pero Sakurauchi-san está con alguien más…
—La que era mi mejor amiga —dijo con algo de rencor en su voz.
—Watanabe-san no es una mala persona y ambas están juntas porque se quieren y yo no puedo seguir viendo como tú sufres por eso —en ese punto Ruby había tomado la mano de Chika sosteniendola con las suyas—. Quiero que seas feliz, que vuelvas a sonreír y vuelvas a ser la misma Takami Chika que conocí cuando entré a esta escuela. Por favor Chika-chan, permíteme hacer el intento de lograr eso.
La joven de tercer año dudo unos segundos en que hacer. Sus dedos estaban entrelazados con los de Ruby y extrañamente se sentía tan bien. La niña se había vuelto parte de su vida desde que empezaron a pasar más y más tiempo juntas en el consejo estudiantil y no solo eso, Ruby había estado con ella en diversos momentos en los que creyó que se rompería y caería en la desesperación de la traición que había sufrido. Aunque quería perdonar a Riko y a You, aún estaba reticente. Le dolía demasiado lo que habían hecho.
—¿Chika-chan? —Ruby apretó su mano para hacerla reaccionar y que saliera de sus pensamientos y ella sólo le sonrió ligeramente.
—No sé si sea lo correcto pero tienes razón, no puedo seguir así —le devolvió el agarre y esta vez su sonrisa se hizo más grande—. Podemos intentarlo…
El rostro de Ruby se iluminó por completo y sin pensarlo, su júbilo fue tan desbordante que se echó a los brazos de Chika colgándose de su cuello y enterrando su cabeza en el hueco de su pecho. El abrazo se hizo estrecho cuando Chika correspondió atrayéndola hacia ella y de pronto un sentimiento cálida la llenó de pies a cabeza. Sólo Ruby había logrado hacerla sentir así con anterioridad. La menor tenía algo especial, quizás su ternura o su inocencia, tal vez su corazón sincero, no sabía a ciencia cierta pero quería darse la oportunidad si con ello lograba dejar atrás todas las cosas malas del año pasado.
Chika la separó un poco haciendo que Ruby la mirara a los ojos y al verse en esas pupila aguamarina le permitió acercarse lo suficiente como para que sus narices se tocaran.
Ruby había soñado con este momento tanto dormida como despierta. El instante en que sus labios se encontrarán con los de su amor platónico y pudiera al fin expresarle todo lo que sentía por ella en ese toque. El beso fue tierno, sólo el tacto de sus suaves labios y el aliento cálido en su rostro, pero no fue suficiente. Ahora que la tenía allí, a Ruby le surgió la imperiosa necesidad de llevar el beso un poco más allá. Entreabrió sus labios permitiendo que su lengua rozará los labios de Chika y está respondió haciendo lo mismo.
El beso se fue profundizando hasta que Chika lo detuvo de forma abrupta.
—Espera Ruby-chan —la joven kouhai se mordió un labio al sentir la falta del beso—, debemos ir con calma —aquí Ruby hizo un puchero que se le hizo lindo a Chika.
—¿Por qué? —le reclamó recargándose en su hombro aún sin romper el abrazo.
—Es muy pronto para ir de cero a cien —se rió y Ruby amo el sonido que desprendía su pecho cuando se reía—. ¿Por qué no hacemos algo?
—¿Qué cosa Chika-chan? —se levantó levemente para mirarla.
—Bueno si vamos a intentarlo —se detuvo un momento aún tratando de hacerse a la idea—, me gustaría que tuviéramos una cita.
De nueva cuenta el rostro de Ruby brilló y asintió enérgicamente.
—Eso me encantaría —brincó llena de felicidad y Chika sonrió al ver su felicidad contagiosa.
