¡Ya regresé! Y lista para darles un capitulo mas!


CAPITULO VIII

Ahí sentado, frente a la fogata que alumbraba la cabaña al mismo tiempo que ofrecía algo en que fijar la vista, pensaba poco en lo que los demás discutían y más en la joven a su lado. La mirada penetrante que le dedicaba al fuego era profunda, seria y a la vez suave, como si la furia no residiera en ella o su típica seña de aburrimiento ¿Y porque lo estaría? Hasta hace unos instantes había recibido una noticia que, al igual que su pareja cuando se enteró, le brindó un nuevo significado a su vida. Su vida. ¿Desde cuándo su vida tenía un significado desde su punto de vista? Sin padre desde su nacimiento y sin madre desde su infancia, no hubo nada que lo guiara en el mundo cruel cuando su inocencia fue poco a poco torturada por el odio, odio a su ser, odio de quien es. Y así, siendo criado en su juventud como marginado con solo el recuerdo triste de la presencia de su madre, se debatió por lugares, peleado con otros seres que lo expulsaban por su mezcla de sangre. ¿Era su culpa? No. Él no tenía la culpa de perder la guía de un padre después de nacer, o tener un medio hermano que lo ignoraba o deploraba por su otra mitad, o que su madre falleciera sin que él pudiera hacer algo al respecto, sin importar cuanto rezaba porque así no fuera. Ni los seres de afuera tenían la culpa. El mundo así funciona, las leyes entre la naturaleza así se rigen, por más hostil y deprimente que suene, porque la naturaleza necesita de ello para que compense con la sinceridad, la compasión y la benevolencia. Y le toma mucho tiempo abrir sus ojos a este hecho, cuando su encuentro con la sacerdotisa Kikyo marcó un episodio de su vida. Un episodio que inevitablemente lo llevó a un vórtice de emociones que guardó en sus últimos momentos de conciencia antes de dormir por cincuenta años, para luego ser despertado y liberado por la misma alma, pero a la vez diferente. Y vaya liberación, esa mujer era una paradoja compleja en comparación con su antecesora, la misma apariencia física pero a la vez diferente. ¿Cómo? Simplemente, porque era así. Su año de viaje le fue suficiente de experiencia para ver lo que hacía que esa joven que emergía de un pozo desde cinco siglos de tiempo futuro lo que en verdad le hacía falta a su vida para estar completa, para tener sentido. Se dice que por algo suceden las cosas, todo tiene un destino y sigue en el ciclo de la vida, entonces ¿era ella su propósito? ¿La razón por la que sigue vivo a pesar de ser sellado en un árbol por la persona que una vez creyó amar?

Miró a la joven a su lado, escuchando como la anciana Kaede platicaba con suma calma los eventos y la recién "sorpresiva" noticia a los otros dos. Si, ella era la razón por la que él estaba en el mundo, así como ella lo estaba. Su figura de ángel terrenal con el alma reencarnada más piadosa y pura, luciendo nerviosa en ese momento de conversación, pero sin perder la cálida tonada de sus ojos color roble; con esas manos delicadas y suaves que han cuidado de sus heridas incontables veces, las mismas que también han sostenido su corazón y mente desde el principio. Kagome, la belleza enjaulada que irónicamente había liberado a él de su dolor pasado, que se había convertido en su aliada por fuerza, su único motivo para proteger, su preciado tesoro ignorado, su razón de ser, su ahora mujer y muy pronto, la madre de su criatura.

"…y no fue hasta que el mismo monstruo lo dedujo en medio de la pelea cuando ustedes se enteraron." – no escuchó a Kaede en toda su plática por estar absorto en sus pensamientos, pero estando a tiempo para ver las reacciones de todos cuando terminó.

"Sigo sin poder creer que sea cierto." – dijo Sango con la evidente emoción.

"¡Quién lo diría!" - exclamó Miroku entusiasmado poniendo su mano sobre el hombro de su amigo. – "¡Por fin te diste cuenta que la vida sigue!"

Inuyasha no pudo evitar el sonrojo intenso y la mirada de muerte para Miroku. "¡Una palabra más monje y te meteré ese báculo por-"

"¡Inuyasha! No enfrente de los niños." – dijo Sango tratando de cubrir las orejas de las niñas por el escándalo de su padre y tío.

"Así es, Inuyasha." – enseguida dijo Miroku soltando otra sonrisa más amplia. – "Debes moderar tu lenguaje ahora que tú también…" – no necesito terminar porque a juzgar de la cara frustrada y avergonzada del hibrido, había comprendido la idea.

"¡Si voy tener otro hermanito!" – gritó Shippo enfrente de ellos saltando hasta llegar con las gemelas, quienes con sus palabras algo resonó en sus cabezas sobre pronto tener un pequeño primo, y uno con las lindas orejas de su tío. Idea que inmediatamente las hizo sonreír y mirarse una a la otra en señal de conspiración.

"¿Escuchaste eso, Komori?" – dijo Miyako para que su hermanito también compartiera su emoción, este solamente dobló su cabecita en los brazos de su madre en señal de escucha pero no comprensión.

"¡Vamos a tener un primito con orejas de perrito!" – le siguió Miyuko haciendo que Komori imitara su sonrisa, aun si no comprendía lo que le dijo.

Todos en la cabaña se enternecieron por la emoción de los niños por la noticia, inclusive Inuyasha, quien no pudo evitar ya imaginarse ser padre ante la adorable actitud de las niñas y el pequeño. Pero, faltaba alguien más para reaccionar…

"¡Tía Kagome! ¡Tía Kagome!" - exclamaron las niñas corriendo del lado de su madre a los lados de la sacerdotisa. No contenían la emoción. – "¿Cuándo va llegar el bebé? ¿Va a tener esas orejitas lindas? ¿Podremos jugar con él?..."

Kagome no cabía en los nervios por el bombardeo de preguntas de las niñas, solo se dedicó a asentir cariñosamente. Le enternecía saber que el momento ya no fuera incomodo gracias a ellas.

"Basta, niñas, van a poner nerviosa a su tía y eso no apresurara al bebé." – les dijo guiñándoles el ojo mientras sonreían de forma traviesa entre ellas y volvían al lado de su madre.

"Pero..." – dijo Sango capturando la atención de todos. – "…al parecer a nosotros nos sorprendió saber de esto, pero a Rin no parecía sorprenderlo, en cambio, ya lo sabias de antemano ¿no?"- preguntó sospechosa.

"Si..." – respondió nerviosa Rin.

"Rin lo supuso por mis constantes visitas con la anciana Kaede por mis malestares." – Kagome la ayudó a responder por ella y hablando por primera vez desde que entraron en la cabaña. – "Hoy precisamente cuando me enteré yo le pedí que lo mantuviera en secreto, al menos…" – miró hacia Inuyasha y se relajó prosiguiendo. – "….al menos hasta que les dijera… - luego miró al resto. – "a todos ustedes."

"Pues, no tienes idea de lo feliz que estoy por ti." – dijo Sango levantándose y dándole él bebe a Miroku para abrazarla. – "De los dos." – dijo finalmente.

"Es bueno saber que Inuyasha ya dejó la timidez de lado." – se atrevió a decir Miroku.

"¡Miroku!..." – dijo Inuyasha con una mirada de muerte a punto ceder ante la frustración y el enojo. Pero fue inmediatamente calmado por el toque de una mano sobre su hombro, de cierta persona.

"Inuyasha…" – y eso bastó para calmarlo. Hubiera optado por usar el conjuro pero con la reciente noticia no tenía el corazón para hacerlo, no cuando había muchas cosas de que hablar.

"Con calma, amigo." – le dijo Miroku también tratando de comportarse cuando se esposa le dedicó la mirada de regaño. – "Después de todo, estamos en familia, y la familia se dedica a regocijarse por este tipo de noticias, ¿no lo crees? No olvido cuando me enteré que mi querida iba a tener a estas hermosuras y al pequeño Komori."- dijo orgulloso.

"Como olvidarlo si cuando Kaede se los dijo, te sorprendiste tanto que te desmayaste." – contestó Shippo estando en el regazo de Kagome. – "Tuvimos que traer dos cubetas de agua para despertarte, ¿verdad, Sango?"

"Ya ni siquiera yo me sorprendí tanto. Y eso que te la pasabas pidiendo por ese momento toda tu vida. ¿Quién lo diría? – le dijo Sango moviendo los ojos a su esposo. A lo que Miroku solo rio nerviosamente.

Pero yo no me lo esperé tan pronto. Dijo para sus adentros mientras ponía la mano en su vientre. Acto que no pasó desapercibido por Shippo y también aprovechó para querer poner su patita. Levantando la cabeza para verla para que sintiera su pregunta, ella asintió permitiendo que pusiera su pequeña mano.

"¡Puedo sentirlo!" – dijo Shippo emocionado.

"¿En serio?" – gritó con la emoción contenida en ella para seguir con el zorrito.

"Si. Inuyasha ¿Qué estás haciendo ahí mirando cómo tonto?" – le preguntó Shippo. – "¿Quieres sentirlo tú también? Yo ya le pedí permiso a Kagome."

"¡Mira, Enano…!" – exclamó tomándolo de la cola.

"Va a ser interesante ver a Inuyasha criar a un niño…" – dijo Miroku.

"Lo bueno es que Kagome compensa la educación que Inuyasha carece…" – le contestó Sango. – "Yo sigo preocupada de lo que querrás enseñar a Komori cuando crezca."

"Pero mi vida, ¡le enseñaré a ser un caballero como yo!" – le dijo nervioso.

Sango ya se imaginaba a su hijo como la imagen viva de los hábitos pasados del monje. "¡Eso es a lo que le temo!" – le dijo por fin. Y los demás no pudieron evitar reír.

"¡Ya ves Monje!" – le reclamó sonriente Inuyasha.

"Ya quiero verte a ti con lo que te caerá pronto." – le dijo con la mirada traviesa.

"¿Qué?" – exclamaron Inuyasha y Kagome al unísono.

"Déjalos, Miroku, ellos solos pueden arreglárselas y con gusto les ayudaremos." – dijo Sango dando un codazo.

"En fin… - interrumpió Kaede. – "creo después del incidente de hoy, es un alivio que nos quede está feliz noticia. – dirigió la mirada a los futuros padres. – "Ahora que inician una nueva etapa en sus vidas…"

Después de reunión de la tarde y luego de ayudar a reconstruir el techo de Miroku y Sango, cada quien se dedicó a marchar a sus hogares respectivos. Por su lado, Kagome contemplaba el cielo estrellado en un balcón fuera de su habitación, reafirmando una de las razones por las que adoraba estar en la Época Antigua. Solo una de ellas…

Miró hacia adentro notando que Inuyasha aún no llegaba de recoger la leña. Suspirando puso la mano nuevamente en el vientre, sin acabar de procesar lo que ocurrió.

Sé que no está enfadado conmigo pero tampoco lo vi emocionado como el Monje Miroku dijo que se sintió cuando a Sango le pasó. ¿En verdad habrá querido esto? Alto ¿Por qué estoy tan nerviosa de repente? ¡Claro que sé que quiere! Pero, Inuyasha jamás ha sido de los que expresan abiertamente los sentimientos como alegría o amor profundo, aun si cuando lo demuestra es solo conmigo o cuando se trataba de…

Unos ligeros golpes al piso, más bien pisadas la interrumpieron. Se paró y caminó por el pasillo hasta dar a la cocina y cuarto de reunión principal, donde encontró a Inuyasha colocando unos cuando leños en el fogón y guardando el resto en un gabinete en la esquina. Cuando volteo a verla, pudo sentir su mirada profunda como siempre la hacía sentir, como si esperara que dijera algo.

Él sabe que tenemos que hablar ahora nosotros. Los dos… armándose de valor cerró los ojos y caminó hacia él. Cuando de pronto, la tomó en sus brazos como en incontables veces, mientras masajeaba su cabello con sus garras. Ella por su lado, aunque enternecida, estaba confundida.

"¿Inuyasha?"

"Necesitamos hablar…" – le dijo simplemente sin soltarla.

"Lo sé, vamos al cuarto." – le dijo mirándolo a los ojos y tomando su mano.

Una vez ahí, se sentaron a la par en el mismo balcón de hace rato para ver la inmensidad del cielo. Permanecieron con la cercanía del otro en silencio por un tiempo hasta que Kagome quiso dar la primera palabra, pero fue sorprendida por la iniciativa de Inuyasha.

"¿Estas bien? Cuando ese ogro te atrapó…" – le preguntó

"Oh, sí. Descuida, no es la primera vez que alguien me envuelve con látigos." – dijo queriendo sonar relajada.

"Lo decía, también por…" – la volteo a ver esperando que entendiera la idea.

"Si, Inuyasha, estoy bien. Ambos lo estamos. Pero debo admitir que estuve un poco asustada."

"¿Te asustaste porque el monstruo fue el primero en anunciarlo?" – dijo queriendo sonar gracioso y serio al mismo tiempo. Incomodo.

"No." – le dijo bajando la cabeza. – "Me asusté porque tenía miedo de como reaccionarias al enterarte de esa forma."

Inuyasha abrió los ojos de la sorpresa cruzando con los de ella, notando que estaba a punto de soltar lágrimas. Ella continúo.

"¡Créeme que planeaba decírtelo después de la pelea pero no tenía idea de que al involucrarme…-tomó un respiro-…iba a darse cuenta de ello, ese ogro…!"

La abrazó nuevamente mientras ella limpiaba sus lágrimas en la tela contra su pecho.

"¿Eso es todo Kagome?" – le preguntó con la voz al hilo de la preocupación.

"¿Eh?" – levantó su cara del abrazo para cruzar su mirada con la de ella.

"¿Tuviste miedo por eso?" – le volvió a preguntar.

"¿Por qué preguntas si tuve miedo? ¡Claro que lo tuve! No esperaba como ibas a reaccionar o si de verdad tu querías…" – volvió a soltar llanto cubriéndolo con sus manos en su cara.

Inuyasha por su parte estaba estupefacto. ¿Tenía miedo de cómo reaccionaría? Estaba a punto de enfadarse de la frustración, pero consigo mismo. Seguía en la misma posición con ella. Cuando cree que todo lo que hace ella por los dos resultara en algo que lo enfadara, cuando se trata de algo al revés. Como esto. Creyendo que él está enfadado con ella por lo que acababa de llegar a sus vidas, era casi un insulto para él, y en ese mismo instante, le iba a probar lo contrario.

Tomó sus manos para apartarlas de su rostro y descubrir la tierna mirada desamparada de su mujer y antes de que ella protestara o dijera algo más, depositó un beso envolvente mientras ella se dejaba vencer por el sentimiento relajándose y profundizando más en el gesto.

Una vez separados, el comenzó.

"¿Tienes idea de lo que me acabas de dar, Kagome?" – le dijo con una sonrisa en el rostro.- "Me acabas de dar lo que creí que jamás merecería…"

"Sabes que lo mereces todo, Inuyasha, mereces ser feliz." – le dijo enternecida acariciando su mejilla.

"Y eso solo lo tengo contigo y mucho más." – dijo poniendo ahora su mano en la mejilla de ella y juntando sus frentes.

"Entonces, ¿estas feliz por…"

"¿Bromeas? En mi vida me había imaginado ser padre, mucho menos después de crecer sin uno."

"Tu padre siempre estuvo contigo, protegiéndote, allá arriba…" – dijo levantando la cara al cielo iluminado de estrellas. – "Así como tú lo estarás para él o ella... – tomó una de sus manos y la puso sobre su vientre. -…aquí y siempre."

"Claro que si…" – dijo bajando ahora la mirada a la mano en su vientre.

"¿Sabes algo?"

"¿Qué?"

"Espero que sea igual a ti." – le dijo sonriendo.

"Déjame adivinar ¿lo dices por las orejas? – le dijo arqueando una ceja.

"¿Cómo lo supiste?" – le dijo con sarcasmo y masajeando una de sus orejas.

"Bueno, yo espero que sea igual a ti."

Creyendo que lo decía porque quiere que nazca humano. Bajó la mirada pero Inuyasha le depositó otro beso para cambiar cualquier pensamiento para sustituirlo por otro de su parte.

"Igual de adorable y puro." – le dijo finalmente sonrojándose levemente.

Enternecida lo abrazó con todas sus fuerzas sonriendo a mas no poder.

"¿No estas nervioso, entonces?"

"¿Por qué preguntas?"

"Olvídalo, creo que debo ser yo la nerviosa." – le dijo soltando el abrazo para acostarse.

"Kagome, ¿Por qué lo dices?" – le demandó.

"Ya ven a dormir, Inuyasha."

"No hasta que me digas."

"Abajo." – lo mandó al suelo antes de que llegara a la cama. – Siento que tendré que educarte a ti también… - dijo suspirando hasta caer en el sueño.