Pues nada nuevo que reportar ahora... continuamos
CAPITULO IX
El tiempo corrió a paso permitido por los ciclos del día y la noche. Una vez que la pareja estelar comenzó sus días posteriores a la noticia, la vida a su alrededor tomó una esencia más gratificante con la vida. Inuyasha, por ejemplo, si antes despertaba de buen humor junto a ella, ahora más por el hecho de sentir esa felicidad nacer dentro de él y que rara vez se refleja en su rostro, esa felicidad que empieza fácilmente al sentir su mano sobre el vientre de su mujer. Ella, por su lado, la ilusión de tener un hijo vino de forma natural. Como la trascendencia entre las etapas de su vida. Y ahora su naturaleza la guiaba por otra fase de su vida, y una en la que no caminara sola. Lo único que desearía haber tenido más guía es el efecto secundario del esperar un bebé; y con ello también la orientación de su pareja para tener lo necesario y evitar que pierda la cabeza, de ambos, por los próximos nueve meses.
"Inuyash-"
"Si, Kagome, ¿necesitas algo? ¿te duele?" – dijo inmediatamente llegando frente a ella atento a cualquier petición.
"No, solamente quería decirte que iré con Sango a buscar más paja y ramas para la temporada de invierno. – notó su cara atenta con ella. Algo sumamente raro en él. – "¿Por qué me ves así? Ya te dije que estoy bien.
"¿Segura que debes hacer eso?"
"Inuyasha, no dejaré que Sango lo haga sola, aprovechando que Miroku tiene que cuidar a los niños hoy, podemos hablar juntas y de paso pasarla bien."
"P-pero, recuerda que la anciana dijo que no te esforzaras mucho…"
"Apenas llevo unas semanas, no 8 meses. No estoy tan invalida, aun puedo hacer unas cosas." – le dijo con las manos en las cinturas.
"Si, pero, eso no significa que no deba estar al pendiente de ti."
"Lo sé y te lo agradezco." – le dijo sonriendo.
"Aun así, pienso que mejor debo ir contigo." – le dijo Inuyasha.
"Creí que irías a patrullar el bosque por la tarde como siempre lo haces." – le dijo extrañada.
"¿Y dejarte aquí sola donde un monstruo puede atacarte? Ni lo sueñes."
"Inuyasha ya te dije que no estoy tan indefensa. ¿Acaso soy tan inútil con un arco y flechas?" – le preguntó.
"No, Kagome, no lo decía por eso." – le dijo suspirando con una sonrisa relajada acercándose a ella hasta tener sus rostros a solo centímetros.
"¿Inuyasha?" – no podía esconder un poco de sonrojo de eso y la curiosidad. El entonces puso su mano sobre su vientre y volteaba a mirarla a los ojos. No pudo evitar suspirar por la silenciosa respuesta. Lo dice por…Oh…. – "¿No es increíble?"
"Quien diría que pronto tendré un enano corriendo por aquí."
"¿Mucho trabajo para ti entonces?"
"Si con trabajo te puedo cuidar a ti."
"Sé que podrás." – puso su mano sobre la suya aun en su vientre. "¿Quién crees que ha evitado que me devoraran durante cierto viaje de hace tiempo?"
"¿Cuándo no?" – le dijo con una sonrisa traviesa.
"Ya, loquito, en serio, sé que te preocupas por mí, ya te quiero ver cuando pase el tiempo." – dijo comenzando a caminar fuera de la cabaña hacia la aldea.
"¿Eh? ¿A qué te refieres?" – vio que ella se iba alejando cada vez más. – "¡Kagome, Ya dime a que te refieres!"
"No grites, Inuyasha, aún es muy temprano." – le contestó ya casi llegando entre las primeras chozas.
"¿No vas a decirme o qué?" – preguntó con su característico enfado cómico.
"¿Decirte que?"
"¡Señorita Kagome!" – su conversación fue cortada por la voz de una de las aldeanas, Sayuri.- "Buenos días, señor Inuyasha." - estando frente a ellos, los saludó con una reverencia.
"¿Si, Sayuri? ¿Necesitas algo?" - preguntó Kagome.
"No, verá, tengo esto para usted." – Sayuri le entregó un pequeño cesto con frutos y algas. – "Bueno, debo irme, con permiso. Vaya con cuidado." – dijo alejándose, dejando a la pareja confundida.
"¡Espera, Sayuri! ¿Para qué es esto?" – preguntó Kagome.
"¡Es por su condición! Me dijeron que era un excelente aperitivo durante este tiempo y ayuda al cansancio." – después se marchó al pequeño mercado al centro de la aldea.
"¿Condición? ¿A qué crees que se haya referido?" – le preguntó a Inuyasha, quien curiosamente inspeccionaba el contenido del cesto en sus manos, para luego encoger los hombros.
"¡Keh! ¿Cómo voy a saber yo?"
Comenzaron a caminar lado a lado, por lo que sería el sendero principal que conecta a varias chozas con un centro comerciante en el medio. Kagome dejó la curiosidad de lado por el cesto y decidió disfrutar el día en la aldea de paseo con Inuyasha. Son raras las ocasiones que podemos pasear así, usualmente no le gusta con gente a nuestro alrededor ya que prefiere en el bosque, pero ¿a quién engaña? Sabe que la aldea lo respeta ahora. ¿Hmm?
No sabía si era mera coincidencia en la dirección o eran más las personas que los veían al pasar, y no eran miradas de repulsión o extrañeza pero rostros neutrales que reflejaban curiosidad. Quizá les sorprende que estemos los dos muy temprano ¿Verdad?
Inuyasha también comenzó a notar las miradas múltiples hacia los dos. Era evidente por el gruñido que emanaba de su garganta al no tolerar ser observado de esa manera por cualquiera a su alrededor, y pudo gruñir y tan solo ignorarlos, de no ser por la extrañeza al ver que las miradas no eran despectivas, sino ¿alentadoras? Como si aldea viera natural y alegre su caminata por ahí.
"Inuyasha, ¿no sientes que la gente nos mira raro?" – le preguntó por fin.
"Si…" – dijo en señal de alerta.
"Bueno, igual puede que les sorprenda que-" – pausó lo que iba a decir cuando Inuyasha se paró frente a un mostrador con unos aldeanos.
"¿Y ustedes que miran?" – se dirigió a ellos luego que estos se voltearon fingiendo no saber nada, pero escondiendo sonrisas. – "Que molestia, ¿Qué acaso nunca me han visto caminar o qué?"
"Inuyasha, no creo que estén mirándonos así por eso."
Tengo el presentimiento que ya sé porque nos miran así….
"¿Entonces?" – preguntó Inuyasha.
"Señorita Kagome, Joven Inuyasha, ¡que gusto verlos por aquí!" - dijo acercándose el anciano Yosuke con una carreta.
"Buen día, señor Yosuke." – lo saludó Kagome. – "Veo que hay buen clima para la siembra."
"Como nunca lo ha sido. Si, esta temporada fue una bendición con la escasez de monstruos atemorizando, y ahora que todo el mundo descansa de eso, también está feliz por la otra gran noticia." – respondió con una gran sonrisa sabia mientras limpiaba con un trapo sus frutos en la carreta.
"¿Gran noticia?" – preguntó Inuyasha.
"Si, algunos admiten haberlos tomado por sorpresa pero no se niega que fue algo predestinado."
"Disculpe, señor Yosuke, pero no logramos entender a qué se refiere. ¿Qué tiene que ver eso con que nos miren asi?" – preguntó nerviosa.
El anciano Yosuke se rio levemente como todo anciano en regocijo, dejando a la pareja perpleja y sin entender que pasaba. "Estos jóvenes de hoy tan distraídos. Me sorprende, señorita, que aún no sepa que ya muchos se han enterado." – y con eso tomó su carreta aun riéndose muy bajo. Kagome ya tenían la idea.
"I-inuyasha…¿no creerás que-?" – nerviosamente dirigió la mirada donde estaba Rin charlando animadamente con otros niños y señoras en un puesto de verduras.
"¿Kagome? ¿Sabes qué pasa?" – preguntó confundido. Mientras ella se dirigía corriendo hacia donde estaba Rin.
"¡Rin!"
"Oh, Señorita Kagome, ¿Cómo está?" - Kagome se puso a su altura poniendo sus manos en sus hombros, tomando un respiro.
"Rin…¿anduviste diciendo a todo el mundo?" – le preguntó nerviosa.
"Si."
"¿Por qué?" – preguntó de nuevo luego que Inuyasha estaba junto a ella, escuchando.
"Lo que pasa es que la anciana Kaede me pidió que recogiera unos suplementos para usted aquí en el mercado. Y cuando me preguntaron para quien era les dije que para usted. Además, me dijo que podía gritarlo una vez que el señor Inuyasha supiera del cachorro ¿recuerda?" – dijo sonriendo.
"¿Qué?" – preguntó Inuyasha en un tono más elevado.
"Pues, si, Rin, pero, ¿qué tienen que ver los suplementos con que sean para mí?
Antes de que Rin pudiera contestar, Chikako, la señora del puesto enfrente de ellos, respondió. "Verá, señorita, los suplementos que encargó la señora Kaede son especiales para el tratamiento alimenticio de una mujer durante los primeros meses de embarazo. Se preparan para contrarrestar mareos también." – dijo sonriente junto con Rin.
"A la señorita Sango también le sirvió" – respondió Rin por ultimo.
Kagome no sabía si sentirse abrumada o avergonzada que toda la aldea supiera de su estado, Inuyasha por su parte estaba más rojo que su traje, sabiendo que la aldea entera ya se enteró que ellos…Entonces, ¿la aldea en realidad estaban feliz al respecto? No sabía cómo pensar al respecto, a pesar de que supieran que estaban juntos, la idea de traer un niño mitad bestia es despectiva para las personas de las aldeas, según su experiencia.
"Es maravilloso que sean bendecidos con algo así, señorita." – añadió Chikako. – "Por favor, cuídese, son tiempos difíciles para una sacerdotisa el que tenga hijos.
"Gracias." – dijo tímidamente mientras Chikako regresaba adentro de su choza.
"Señor Inuyasha, ¿se encuentra bien?" – preguntó Rin.
"Si, ¿Por qué preguntas?" – dijo entre dientes.
Kagome no estaba convencida. ¿Se molestó? En ese momento, Inuyasha, quiso salir corriendo pero un "Abajo" de Kagome lo detuvo.
"¿Por qué lo hiciste?" – preguntó frustrado.
"Algo te pasa y no quieres decirme."
"¿A mí? Nada me pasa." – dijo levantándose.
"¿En serio?" – insistió.
"Si, Kagome. Es solo que…"- ¿No está enfadada ella?
"¿Si?" – dijo acercándose más a él.
"…Nada. Olvídalo." – dijo encogiendo los hombros siguiendo caminando.
"Inuyasha…" – dijo casi en susurros. – "Rin, ¿puedes decirle a Sango que enseguida estaré con ella?" – la niña asintió un poco confundida y se fue trotando del lado contrario del camino. Cuando se apartó de ella, la sacerdotisa comenzó a caminar alcanzando a su marido.
Debe sentir pena porque la aldea se haya enterado, pero no entiendo ¿acaso que cree que jamás se iban a enterar? Vio como caminaba distraído en su mente. Se ve que aún tiene miedo, igual que yo.
"Inuyasha." – lo llamó estando a lado de el al mismo paso, haciendo que se detuviera.
"Discúlpame Kagome, pero…"
"¿No hablamos ya de esto? Ya verás que pronto nos acostumbraremos, recuerda que es algo nuevo, para los dos."
"¿Estas segura de eso?" – la miró un tanto triste a los ojos.
"Mira a todos los aldeanos, están felices por nosotros, ¿no te da gusto? Nuestro bebé va a crecer en un hogar rodeado de gente que lo querrá. Y todo gracias a ti y a todos nuestros amigos."
"Kagome…" – de no ser porque estaban en plena luz del día, la estrecharía en sus brazos con todo el amor para ella. Había olvidado por completo que ya debía dejar atrás su pasado atormentado y mirar el futuro brillante que le esperaba. Solamente suspiró dedicándole una sonrisa más a su esposa, de las que mucho más se merecía.
"Eres una mujer bastante extraña." – le dijo.
"¿Cómo?" – Inuyasha inmediatamente puso su brazo para acercarla a él y susurrarle al oído.
"Pero eres mía." – se dejó suspirar por aquellas palabras que rara vez oye de su parte y se relajó. Cuando de pronto, una bolita de felpa de zorro sale disparada hacia los brazos de Kagome.
"¡Hola, Kagome! ¡Inuyasha!" - dijo Shippo.
"¡Shippo! ¿Cómo estás?" – preguntó Kagome.
"¿Qué haces aquí? ¿No deberías estar en tu entrenamiento de zorro?" – le preguntó Inuyasha.
"¿Y qué tiene de malo que esté aquí? Ahora que voy a tener un hermanito tengo que cuidar de Kagome ahora que soy más fuerte." – dijo airoso.
"Solo cuando te conviene te haces el fuerte, además yo me encargo de proteger a Kagome."
"Oye Inuyasha, ¿y quién te va a proteger a ti?" – le dijo en una sonrisa traviesa.
"¿De qué hablas, enano?" – preguntó confundido junto con Kagome.
Por supuesto que nadie le advirtió, incluso ni siquiera recordó el manojo de nervios que se tornó Miroku cuando Sango esperaba a las gemelas. Una situación en la que ninguna de sus batallas lo había preparado y no tenía forma de defenderse de ello. Sabía que Kagome era valiente y fuerte, pero una cualidad que de verdad lo sorprendía era el miedo que podía influir por sus emociones al límite. Y en estos momentos, ni la máxima técnica de colmillo de acero le podía dar seguridad. Tres palabras: cambios de humor.
"¡ABAJO!" - el estruendo fue tan grande que otro cráter se formó en la tierra. Kagome estaba pasando por su segundo mes de embarazo y su metabolismo empezó a desempeñar los cambios que pasa una mujer embarazada para acomodar el desarrollo del bebé. Gracias a la guía de la anciana Kaede, Sango y otras mujeres de la aldea pudo tomar nota de lo que ocurriría y eso incluye su conocimiento de su vida futura. Pero a él, nadie le advirtió, más que los comentarios sarcásticos del monje.
"¡Perdón, Inuyasha, no fue mi intención, de repente me sentí mareada…!" – dijo sonando arrepentida y triste de lastimarlo sin siquiera querer.
"Tranquila, no lo haces a propósito…." – dijo levantándose con dificultad del cráter. – Yo tuve la culpa, no debí dejar que tomaras ese canasto." – se arrepintió cuando vio oscurecer su mirada.
"¿¡Ahora resulta que soy inútil, porque estoy ASI?!" – explotó de nuevo.
Alguien allá arriba me odia. ¿Por qué a mí? Pensó mientras buscaba una forma de calmarla antes de que lo mandara al suelo de nuevo.
"No te ves bien, amigo, ¿déjame adivinar? ¿Los famosos cambios de humor?" – bromeo Miroku junto a él mientras recogían la paga de uno de sus exorcismos.
"¡Pudiste haberme advertido!" – le gruñó.
"Oye, ¿no te fue suficiente ver como estaba yo cuando a Sango le pasó? Calma, novato, solo es por un corto tiempo."
"¡Y mientras tanto aguantaré a una Kagome molesta, triste, seria, feliz al mismo tiempo pagando el precio tragando tierra!"
Miroku no pudo evitar reír ampliamente al ver que su amigo la tenía peor. Aunque no sabe cómo dan tanto pavor Sango…
Llegaron al cuarto mes de embarazo y los cambios de humor fueron reemplazados por algo más: apetito irregular. Inuyasha tuvo que tener cuidado de no hacer ningún comentario para no enfrentarse a una sacerdotisa furiosa, y con trabajo pudo acostumbrarse a ver a su mujer aumentar el tamaño del vientre poco a poco. No podía engañar a nadie sobre la idea de estar feliz de que dentro de ella, su mujer, estaba creciendo su herencia.
"¡Tía Kagome ya tiene pancita!" – gritaron las gemelas felices sabiendo que pronto era la hora.
"Niñas, con calma, aún falta tiempo." – les dijo Sango jugando con Komori. – "Por cierto, Kagome, ¿no sabes si existirá alguna diferencia de un nacimiento hibrido con el de un humano o monstruo?"
"¿A qué te refieres, Sango?"
"Los seres humanos gestan en un lapso de nueve meses, mientras que los monstruos o seres sobrenaturales en seis. ¿Cuánto tiempo será para un hibrido?"
"No lo sé, aunque creo que tiene mucho que ver con la mezcla de sangre."
"En tu unión hay más sangre humana que demonio, así que creo que probablemente nazca más humano, pero…"
"Pero…?" – preguntó Kagome.
"¿No sientes que algo está apresurándote? – esperaba que con ello se diera cuenta.
"¿Qué cosa?" - miró entonces su vientre y notó que era demasiado grande para ser de cuatro meses de embarazo.
"¿Qué quieres decir, Sango? ¿Crees que salga más como Inuyasha que yo?
"Solamente lo digo para que te cuides, no quisiera que haya complicaciones."
"Tranquila, Sango, no habrá, lo sé." – dijo sobando su vientre.
Pasó el quinto mes demasiado rápido y ya se estaban haciendo preparativos emocionales para la nueva llegada. Pero aun así faltaba algo más, y en una noche de luna nueva decidió platicarlo con él.
"Inuyasha ¿Por qué no elegimos nombres ahora?" – le preguntó estando frente a la fogata de su casa a su lado.
"¿Hmm? Oh, pues, no sé, cualquiera que elijas está bien."
"Me gustaría que fuera un nombre con significado, anda, elijamos entre los dos."
"Bien…" – se quedó pensando unos segundos, pero luego fueron minutos.
"Ten cuidado, no te vayas a lastimar…" – le dijo Kagome.
"Es que no se me ocurre nada…" – dijo suspirando.
"Pues a mí me gusta Nozomi."
"¿Nozomi? ¿Para el niño?"
"Es de niña, y ¿Cómo estas tan seguro que será niño?" – le preguntó.
"¡Keh! Es obvio que necesito un varón sano como hijo." – dijo victorioso.
"Tú y todo hombre en el mundo…" – dijo volteando los ojos.
"¿Ah sí? Y tú solo quieres una niña para arrullar. Y ¿Por qué Nozomi?"
"Porque significa esperanza y sueños. No lo sé, lo sentí adecuado después de todo lo que pasamos, igual aun no sabremos si será niño o niña. ¿Qué nombre elegirías tú? Si fuera niño, a mí me gustaría ponerle Yuuta."
"¿Yuuta?" – preguntó poniendo su brazo alrededor de ella para abrazarla.
"Si, por ti."
¿Por MI? – preguntó una vez más.
"Si, por que Yuuta significa valiente." – le dijo mirándolo a los ojos. Y el no pudo evitar enternecerse por ello.
"En ese caso, yo la llamaría Mana si fuera niña."
"¿Mana, porque?" – entonces Inuyasha tomó sus manos y besó sus nudillos y los puso en su pecho, justo en el corazón."
"Por eso."
"¿Y si fuera niño?" – dijo tiernamente.
"¿Hmm? Ah en ese caso lo llamaría, Tetsu."
"Espera, ¿Tetsu?"
"Si, por mi espada, Colmillo de acero."
Ya sabía que era demasiado tierno para ser cierto, solo pasa cuando es humano y muestra sus sentimientos por mí y me sale con eso.
Suspiró resignada y recargó su cabeza en su hombro.
"Solo espero que podamos con esto de ser padres." – dijo Inuyasha.
"Me has cuidado por todo este tiempo, no creo que tengas problema."
