Notas de la autora:

El capítulo empieza antes de que Shippo saliera a buscar a Inuyasha, es el punto de vista de quienes se quedaron en la cabaña de Kagome e Inuyasha. Espero les guste, es el momento que han estado esperando...


CAPITULO XI

El viento aun soplaba fuerte en las pocas horas que el sol se había metido. Una brisa fría y con desventaja para quienes en ese instante requerían de la calidez para apaciguar sus miedos mientras se refugiaba en aquella cabaña en la cercanía de la aldea pero siendo acobijada por el camuflaje del bosque, adentro, esperando que el término del conflicto de afuera significara el regreso de los maridos de una exterminadora y una sacerdotisa. La primera madre y la segunda esperando serlo con toda seguridad y esperanza.

"¡Mami! ¿Dónde está Papi?" – sollozaban las gemelas ateniéndose a la falda de la exterminadora arrullando a su hijo menor en brazos quien también pedía por su padre. – "No tardará en venir, niñas. Ya verán, todo saldrá bien." – les dijo con la calma que pudo brindarles pero sin suerte de esconder los nervios.

"Señorita Kagome, siéntese, no debe quedarse parada mucho tiempo." – le aconsejó Rin a la joven embarazada mientras la llevaba de vuelta a la habitación matrimonial.

"Ciertamente jamás había visto una serpiente monstruo como esa." – dijo Sango viendo de reojo hacia la puerta y las demás mujeres y el pequeño zorro dentro, escuchando estruendos provenientes de la aldea, ecos de una batalla. – "Se veía muy grande…"

"Todo estará bien, han combatido criaturas más tenebrosas, guarden la calma." – aseguró Kaede. – "Vamos a la habitación de atrás, será más seguro." – añadió.

Pero en cuanto recorrieron la mitad del camino del pasillo que dividía las habitaciones, Sango y Kaede se detuvieron en seco dirigiendo la mirada de vuelta de donde vino…la entrada.

"¡Algo se acerca!" – susurró algo alto Sango abrazando más contra su pecho a su hijo y viendo a sus gemelas a sus pies junto a ella aferradas a sus ropas. – "Niñas, vayan a la habitación ahora." – les ordenó.

"Deprisa, niñas…" – les dijo Kaede con calma.

"¡Shippo!" – llamó al zorro a auxiliarla.

"Descuida, Sango, yo lo detendré." – dijo seguro posicionándose junto a ella. – "Vete Sango, no puedes defenderte con Komori en tus brazos. Le prometí a Miroku que los cuidaría a todos."

Sango asintió y dio pasos hacia atrás junto con Kaede llegando casi a la puerta corrediza del cuarto.

"Una presencia sobrenatural…" – dijo Sango llegando al grupo.

"¿Cómo? ¿Hay más de una serpiente?" – preguntó Rin.

"Debieron seguir nuestro rastro cuando la primera distraía a Inuyasha a su excelencia." – dedujo Kaede calmando a las niñas. La presencia se acercaba cada vez más siendo que escucharon pasos en el césped de enfrente cuando finalmente escucharon un silencio sepulcral y nada más que sus respiraciones temblorosas.

"Mami, ¿Qué es eso?" – preguntó Miyako haciendo que todos voltearan a la dirección que apuntaba su dedo. La puerta deslizadora de la entrada principal, que aún estaba iluminada por la fogata de adentro marcaba la sombra de algo afuera de la casa.

"No permitiré que entre…" – dijo Shippo susurrando determinado.

"¡Va a abrir la puerta!" – exclamó Rin viendo que la figura extraña hacia contacto con la madera.

"¡Yo lo acabaré!" – dijo el zorro tomando carrera hacia la puerta al ataque cuando de pronto se abrió de golpe, revelando una figura cargando algo más que no era amenazante. Los demás detuvieron sus miradas y se concentraron en detener a Shippo antes de que se abalanzara. Por suerte lo hizo a tiempo, mirando con sorpresa quien había estado llegado.

"¡Que alivio, están bien!" – suspiró la madre lobo con su hijo en brazos.

"¿Ayame?" – dijeron incrédulos Kagome, Sango y Shippo.

"Escuché que estaban aquí así que vine para saber si necesitaban ayuda." – dijo con una sonrisa, mientras Takuto agitaba un bracito con pequeños gruñidos en señal de ver tanto desconocido. –"No, cielo, se amable, con amigos de tu padre." – regresó su mirada al grupo sorprendido frente a ella y notó a la sacerdotisa. –"¡Kagome! ¡En verdad eres tú! La última vez que supe de ti fue hace años…" – gritó trotando hacia ella.

"Si, volví hace un unos meses, pero ¿Qué hay de ti? ¿Cómo has estado?" – le pregunto feliz viendo el pequeño en sus brazos. – "Es muy lindo. Se parece a Koga." – le dijo entre risas.

"Ni que lo digas." – le contestó nostálgica para luego dirigir su mirada a su vientre, haciendo que Kagome se sonrojara un poco. – "¡Así que es cierto!" – exclamó sonriente.

"Si..." – dijo tímidamente. – "Pero, Ayame, ¿Dónde está Koga? ¿Vino contigo?"

"Así es, está afuera con Inuyasha y el monje peleando con esa serpiente. Vine hacia aquí porque necesitaba llevar a mi hijo fuera de ese lugar y ver si estaban bien ustedes. Estoy segura que no han de tardar."

"¿Por qué tardan tanto? ¿Tan difícil es acabar una serpiente entre los tres?" – preguntó Shippo.

"Esperemos y sea solo eso el problema. No quisiéramos otra sorpresa inesperada." – dijo Kaede.

"¿Por qué lo dice?" – preguntó Sango cuando de pronto un grito cortante calló a todos.

"¡Señorita Kagome!" – gritó Rin tratando de sostener junto con Ayame a la sacerdotisa que temblaba y perdía fuerzas para levantarse.

"¡¿Qué sucede?!" – gritó Sango acercándose a su amiga.

Kagome no respondió. El dolor era tanto que solo pudo gritar hincándose y sudando demasiado.

"¡Kagome!" – gritó Shippo. – "¿Qué le pasa?"

"¡Alto!" – gritó Ayame calmando a todos. – "Rin, sostén a Takuto. ¿Qué sientes Kagome?"

"Mucho…..dolor…." – dijo entrecortadamente entre respiros y gemidos. – "¿Qué está pasando?" - Ayame miró con duda y certeza a la vez para dirigir la mirada a los otros.

"¿Cuántos meses lleva?" – les preguntó.

"Tiene seis meses." – respondió Kaede acercándose.

"¿¡Y nadie tomó medidas durante estos días?!" – preguntó incrédula, creyendo que sabían.

"¿Qué?" – preguntaron ambas mujeres.

"¡Llevémosla al cuarto!" – ordenó sin perder más tiempo.

La llevaron a su habitación acostándola y poniendo más almohadas a su espalda para que se recargara.

"Mami, ¿Qué le pasa a la tía Kagome?" – preguntaron las gemelas. Sango le pasó su hijo a Kaede para auxiliar a Ayame. Kagome no dejaba de respirar agitadamente e inclinándose de dolor.

"¡S-sango!..." – dijo Kagome. Shippo la miraba aterrado de verla en tanto dolor.

"¡Tengo que hacer algo! Tranquila, Kagome, ¡traeré a Inuyasha!" – dijo el pequeño zorro saliendo disparado de la cabaña.

Las niñas y el hijo de Sango no dejaban de llorar y gritar exasperados, mientras Rin trataba de calmarlos. Kaede hacia lo posible por descifrar que estaba pasando mientras ambas mujeres estaban a lado de la joven sacerdotisa.

"¡Ayame! ¿Qué le ocurre? ¿Por qué preguntaste hace rato cuantos meses tenia?" – exigió Sango. Había demasiado ruido en la habitación y por más amplia que fuera, era muy sofocante pensar mientras examinaba el vientre de su ahora amiga con sus manos diligentemente.

"¡Silencio!" – gritó llamando la atención de los niños incluyendo su hijo para mostrarse con determinación. Era necesaria la cooperación de todos en ese momento.

"Señora, ¿puede por favor traerme unas toallas limpias?" – le encargó para luego dirigirse a Rin. – "Pequeña, busca un recipiente y ponle el agua que puedas encontrar. Sango, tu quédate aquí ayudarme."

"¿Ayudarte? Espera…" – volteo a ver a su amiga quien con su mirada también le respondía lo que estaba pasando. "¡Ayame…!"

"¡Así es! ¡Tenemos un cachorro en camino!" – exclamó reluciente.

Shippo corrió lo más rápido que sus cuatro patas y el entrenamiento hasta ahora de zorro podían llevarlo. Al llegar al borde del borde del bosque con la aldea, hizo lo que tenía que hacer.

"¡Inuyasha!" – llamó al hibrido en medio de la batalla.

"¡Ahora no, enano! ¡Estoy ocupado! ¡Y claramente te dije que cuidaras de Kagome!"- le respondió en esa actitud que ponía sus nervios de punta.

"¡Por eso, perro tonto!" – le gritó con el terror en su rostro esperando que lo siguiente lo hiciera reaccionar. – "¡Algo le pasa!"

"¿¡Puedes quitar esa cara y moverte ya?! – le gritó otra vez saltando y viendo al hibrido correr desesperado en su dirección. Pero siendo detenido por el movimiento de la serpiente y su cola.

"¡Maldición! ¡No tengo tiempo para esto!" – gruñó.

"¡Se resiste a rendirse!" – exclamó el monje.

"¡Pero algo se debe hacer!" – añadió Koga. – "¡Oye bestia!, ¡¿adónde crees que vas?! ¡Esto aún no termina!"

La serpiente entonces volteo su vista al monje y al lobo para encajar sus fauces de veneno pero en un rayo luminoso que la atrapó, fue desintegrada por completo, dejándolos a ambos estupefactos. Y viendo como el hibrido guardaba su espada sin decir más y corriendo hacia el bosque.

"¡Espéranos, Inuyasha!" – le gritó el monje detrás de él junto con Koga.

"¡Pudo haber hecho eso desde un principio!" – gritó el lobo detrás de ellos.

El hibrido corrió a toda velocidad seguido por los otros dos hacia su cabaña esperando que esa serpiente haya sido el único peligro y preguntándose porque Shippo le dijo eso. Kagome, por favor, ¡resiste hasta que llegue!

La sacerdotisa por su parte, mientras controlaba su respiración en un intento de no ahogarse con todo el dolor que perforaba su columna y cada nervio de su cuerpo. Peor que cuando la sacerdotisa mala Tsubaki la maldijo. Su vista comenzaba a nublarse por las lágrimas y la poca fuerza que le quedaba por mantener sus ojos abiertos, escuchando las voces que trataban de ayudarla.

"Ayame, pon esa toalla ahí." – escuchó a Kaede decir.

"Rin, cuida a los niños afuera del cuarto." – dijo Sango. Rin obedeció señalizando a las gemelas para que salieran y ella junto con Kaede sacaban a los dos bebes restantes.

"Anciana Kaede, ¿la señorita Kagome tendrá al bebé?"

"Si, pequeña, haremos lo posible por atender esto lo mejor que se pueda para que salga bien. Por eso te necesito aquí afuera con los niños y en caso de que lleguen los demás." – dicho esto cerró la puerta de la habitación dejando dos niñas de tres años, un bebé de un casi un año, un cachorro de lobo de ocho meses y una preadolescente de 11 años afuera del cuarto donde emergían sonidos de dolor.

"Rin, ¿qué pasa? ¿Por qué la tía Kagome grita como cuando Mami tuvo a Komori?" – preguntó Miyako sosteniendo a su hermanito.

"Porque está pasando precisamente lo mismo." – dijo simplemente teniendo a Takuto en sus brazos, quien de inmediato a producir quejidos mirando hacia la puerta.

"¡Ya los traje!"- gritó Shippo llegando con otros tres personajes a su espalda.

"¡Papi!" – exclamaron las gemelas y Komori agitando su brazo hacia su padre.

"Mis pequeños, ¿están bien? ¿Dónde está su madre?" – preguntó Miroku tomando a Komori.

"Mami está adentro." – respondió Miyuko.

"¿Ayame también está ahí?" – preguntó Koga cargando a su hijo dado por la niña.

"¿Y Kagome? ¿Qué le pasó? Shippo, ¿¡ya dime?!" – exigió el hibrido.

"N-no lo sé, me fui en cuanto Kagome, comenzó a respirar extraño y a retorcerse de dolor."

"¿¡Que?!" – dijo horrorizado.

"Tranquilo, Inuyasha…" – dijo Miroku.

"¿¡Como esperas que me calme?!" – le espetó.

"¡Ya bestia, esa actitud no la va ayudar!" – le reclamó Koga.

"Disculpen…" – llamó Rin sin ser escuchada.

"Caballeros, no creo que sea el momento de…" – trató Miroku de mediar sin éxito.

"¿¡Y crees que tu estas ayudando en algo?!" – le gritó.

"¡Solo digo que si de verdad te importa, te callarías!"

"¿Qué dijiste?"

"Ay no…" – susurró Miroku poniendo a sus hijos detrás de el.

Luchaba con todas sus fuerzas de mantener a sus músculos en posición. No recordaba algo tan doloroso en toda su vida, hasta sus gritos le dolían a ella misma, sintiendo nostalgia de escuchar que su madre vivió de esta forma cuando la tuvo a ella y a su hermano.

"¡Vamos, Kagome! ¡Quédate con nosotras!" – le dijo Sango poniendo una toalla tibia en su frente.

"¡Esta demasiado tensa!" – gritó Ayame.

"Respira, hija, debes respirar, sino no resultara." – le aconsejó Kaede poniendo inciensos relajantes.

"¡Oh no!" – escucharon a Ayame gritar.

"¿¡Que sucede?!" – le exigió Sango junto con Kaede.

"No siento el flujo de la criatura tratando de abrir paso al canal…" – dijo y mirando las caras de terror de ambas y más de Kaede supo que sabían a lo que se refería. Escucharon otro grito de Kagome, y uno que perforaba las paredes de la cabaña entera.

"¡Kagome!" – gritó un hibrido consternado dirigiéndose a la puerta siendo detenido por Miroku.

"¡Tranquilo, Inuyasha! No entres tan precipitadamente."

"¿¡Estás loco, monje!? Kagome está sufriendo y no pienso quedarme aquí sin hacer nada…"

"Lo sé, pero si entras de esa forma no sabremos qué pasaría, seguro Sango y las demás están haciendo lo posible por ayudarla."

"¿¡Pero porque?! ¿Qué le pasa?" – exigió a gritos.

"¡Cálmate, bestia! ¡Lo último que quiero es que mi hijo te escuche gritar!" – le espetó de nuevo Koga.

"¿Entonces porque rayos viniste?" – le gruñó.

"Vine porque Ayame quería venir a saber de ustedes, ni creas que fue mi idea. Pero luego supimos que Kagome había regresado hasta hoy y me entero que está en peligro. Sí que haces un buen trabajo." – dijo bajando a su hijo.

"¡Ya cállate!"

"¡Señores, por favor!" – intervino Miroku al verlos cara a cara gruñendo.

Rin no encontraba la forma de explicarles que nadie estaba en peligro, al menos, y que Kagome estaba en parto. Así que solo se dedicó a rezar porque ya cesaran los gritos, tanto de ellos como el de adentro de la habitación principal.

Dentro de la cámara de gritos, Ayame hacia presión con sus manos sobre el vientre de la joven sacerdotisa esperando que la criatura encontrara la forma de posicionarse y para que el cordón no lo ahorcara. Por fortuna, la bendición estaba de su lado.

"Esperemos que ahora el bebé si pueda llegar, solo falta estar listas." – dijo Ayame cambiando de lugar para prepararse cuando su expresión se tornó pálida.

"¿Kagome?" - suspiró Sango viendo también que la joven no tenía los ojos abiertos y respiraba débilmente.

"¡Kagome! ¡Reacciona, por favor!" – dijo tratando de mover sus hombros. – "¡Kaede, Ayame! ¿Qué ocurre?"

"¡Debió desmayarse, sigue respirando!"- le contestó Kaede.

Escuchaba los sonidos disiparse poco a poco a su alrededor mientras su vista se apagaba.

"¿Dónde estoy?"

El dolor no estaba, y sintió la libertad de abrir su vista. Confundida como estaba, se vio así misma frente al árbol sagrado y viendo que aun llevaba su traje de sacerdotisa.

Parpadeo un par de veces. "¿Estoy soñando?"

"Puedes decir que si…" – dijo una voz que hizo que Kagome dar una bocanada opresiva de aire. Dándose la vuelta, vio a quien le dolió despedirse de ella hace tiempo.

"Mamá…" – dijo con ojos cristalinos. – "¿En verdad eres tú?"

"Si, hija, pero temo que solo por este momento." –le dijo con su sonrisa maternal. – "Ven, vamos a sentarnos."

Sentadas en el banco junto al árbol sagrado trajo más nostalgia a su mente. En ese mismo lugar su madre también le había dado los mejores consejos y palabras de consuelo cuando se encontraba triste.

"Siempre dije que confiaba en ti, hija. Aun cuando me dijiste que debías quedarte del otro lado, supe que lo hacías con el corazón, porque es donde perteneces."

"Pero aquí nací, aquí crecí…" – le dijo extrañada.

"Y Dios sabe que le estoy agradecida porque así haya sido, al menos por solo un tiempo. Hija, ¿recuerdas la vez que me preguntaste por qué este árbol jamás se ha marchitado? "

Ella asintió escuchando atenta.

"Te dije que este árbol estuvo con nosotros brindándonos su bendición desde hace siglos. En toda su existencia ha visto historias, personas, eventos que han marcado muchas vidas.

Eso lo comprendía mejor que nadie. El árbol sagrado vio a Inuyasha y a Kikyo encontrarse y morir juntos, la vio cuando lo conoció y lo libero.

Su madre continúo. "En este árbol le di el sí a tu padre, gracias a la sinceridad que me otorgó. Bajo este árbol, Kagome, yo te sostuve el día que naciste y le recé para que a ti también te diera la sinceridad."

"Mamá…" – dijo enternecida.

"Sé que tienes miedo, hija, todas lo tenemos cuando llegas a esa hermosa etapa cuando otra vida depende de ti." – le dijo poniendo su brazo para que recargara en su hombro su cabeza. Ella sonrió dejando caer las lágrimas. – "Pero para eso vives, para aprender a seguir adelante. No importa lo que pase, aun si tus sueños te atemorizan."

Eso le recordó.

"Mamá, mi sueño…"

"Puede significar algo solo si tú se lo das. Los sueños nos muestran nuestros más profundos anhelos y nuestros temores."

"Pero en mi sueño, decía algo sobre mi nombre…"

"Siempre supe que estabas destinada algo, hija, por eso te nombré como una estrella, pero a la vez te mantuviste enjaulada por mucho tiempo y necesitabas ser libre. Si te preocupa que tu nombre también indique algo horrible por tu bebé, no temas, porque solo entendiste más el mensaje."

"¿Qué?" – preguntó sorprendida.

"Puede que te haya asustado ese sueño y lo que viste en él, pero eso no quiere decir que se trate de una visión, la mente juega trucos. Ahora mismo no soy tu madre pero un producto de tu imaginación al saber que me extrañas. Hija, tu felicidad aguarda y sé que Inuyasha estará feliz de ser padre."

"Entonces, mi sueño ¿no presagiaba un mal para mí o mi criatura?"

"Nada más que un recordatorio que viviste mucho y necesitabas darte cuenta que tu vida como madre empezaba."

"Muchas gracias, mamá."

"Ahora creo que debes despertar. Hay gente allá afuera esperando que estés bien. Cuídate hija, y tu bebé. Y dile a Inuyasha, que estoy agradecido con él por cuidarte.

"Si, mamá."

Abrió los ojos de golpe y se encontró sintiendo dolor de nuevo. Vio a Sango y a Ayame frente a ella mientras Kaede acomodaba más sabanas.

"¡Kagome! ¡Qué alivio que despertaste!"- preguntó Sango.

"¿Qué?" – preguntó confundida.

"Te desmayaste por unos minutos creímos que algo salió mal. ¿Ya no te duele?" – un grito de su parte respondió su pregunta.

"¡Bien! ¡Es hora!" – gritó Ayame.

"¿Lista, Kagome? Cuando te digamos, empujas. – le dijo Sango.

Respirando con fuerza, entrecerró sus ojos con determinación asintiendo. Comenzó a gritar como sus pulmones le permitieron mientras cada musculo de su cintura hacia abajo se contraía y dilataba.

"¡Tú puedes, Kagome! ¡Ya casi lo logras!" – exclamó Sango.

Mientras tanto afuera de la habitación, otros gritos se suscitaban, unos que impedían que se escuchara la verdadera razón de tanto revuelo.

"¡Esto no estaría pasando si supieras cuidarla bien, bestia!" – le gritó Koga.

"¡Si no te callas, te arrancaré esa boca tuya!"

"¡Inuyasha, suficiente!" – le gritó Miroku.

Shippo y Rin se dedicaron a ver en silencio la discusión sin poder distinguir la otra detrás de la puerta, al menos no tanto.

"¡Ya casi viene!" – gritó Ayame emocionada ayudando a Kaede en la entrega.

"¡Ya ves, Kagome! ¡Empuja una vez más! ¡Hazlo!" – la alentó Sango.

"¡Puedo verlo! ¡Ahí esta!"

Shippo sostuvo su oído en la puerta queriendo captar más los sonidos de la otra habitación. Rin seguía mirando la discusión

"Muchachos…" – llamó Shippo con los ojos abiertos. Escuchó a Koga llamarlo otro par de argumentos por ser débil y a Inuyasha amenazarlo con partirlo a la mitad con su espada. Se hartó pero si no se callaban ahora, estarían ignorando lo que pasaba detrás de esa puerta.

"¡TORPES!" – gritó agudamente causando que se silenciara todo y dejando en el aire solo un llanto infantil.

"Shippo, ¿Qué quieres? Ya hiciste llorar al bebe de Miroku." – dijo Inuyasha.

"Inuyasha, mi hijo no está llorando." – le dijo Miroku mostrando al niño tranquilo después de todo eso."

"Entonces, debe ser el del lobo rabioso." – dijo nervioso.

"Oye, mi hijo no es un bebe llorón y equivocas también." – le dijo Koga viendo que su hijo estaba sentado chupándose el dedo junto con las gemelas quienes veían curiosas su colita.

"Entonces…" – comenzó Miroku. – "… si no son los niños, ¿de dónde proviene ese…?"

El llanto subió de eco en eco, volviéndose más sutil y convirtiéndose en un balbuceo. Entre ellos se mantuvo el silencio mientras deducían de donde provenía y al mismo tiempo fijaron su mirada estupefacta hacia la habitación donde sus esposas y Kaede estaban.

"N-no puede ser…" – tartamudeo Miroku viendo de reojo a su amigo.

"¿Qué? ¿Qué pasa?" – preguntó Koga.

Rin tomó la palabra con sus ojos brillantes mirando el amanecer por una de las puertas deslizadoras laterales. "Está aquí…" – dijo casi en susurro.

Inuyasha no cabía de la emoción e incredulidad. Tenía miedo de abrir esa puerta por su cuenta y demandaba internamente que alguien la abriera. Estaba paralizado.

Finalmente, después de lo que resultó una eternidad, Kaede emergió de la entrada con una sonrisa evidente en su rostro.

"Ya pueden pasar. Rin, si quieres, puedes poner a los niños en esa esquina al entrar."

"Anciana Kaede…" – dijo Inuyasha con la voz en hilo.

"Calma, mi pupila está bien de salud. Ahora podrás verla."

"P-pero, no entiendo, ¿Qué pasó?" – preguntó de nuevo Koga. Cuando de pronto vio en el marco de la puerta a su esposa feliz y llorando. – "¿Ayame? ¿Qué pasa ahí adentro?"

"Oh, Koga, hay algo que deben ver. Pero antes…" – dirigió su mirada al hibrido. – "Entra a verla…" – le dijo en susurro.

Sigilosamente, Ayame y Kaede se apartaron de la puerta para dejar a los niños pasar en silencio junto con Rin, Koga entró con Takuto en sus brazos y Miroku llevando a Komori para finalmente dejar pasar al joven hibrido. Su expresión era espeluznante hasta para él, su corazón no dejaba de latir con fuerza ante la escena frente a él.

Kagome, estaba recargada con su espalda en la pared con almohada, en su cama, con su rostro marcado por las líneas de lágrimas, mientras abría sus ojos para sonreírle a su esposo.

"Inuyasha…"

Pasó a su lado izquierdo para poner su mano en su rostro acariciándola y luego tomar su mano.

"¿Estas bien?" – lo primero que siempre acostumbra preguntar.

"Nunca me he sentido tan horrible y tan feliz al mismo tiempo." – le dijo tiernamente.

Dirigió su mirada para que él también la siguiera y vieron a Sango manejar una bolita envuelta de sabana en sus brazos caminando hacia ellos. Todos los ojos de los presentes puestos en ello, sin esconder las obvias sonrisas de lo que acaba de pasar.

"Amigos…" – les llamó Sango a la pareja escondiendo el contenido de la sabana. – "Alguien quiere conocerlos…"

Entregándoselo a Kagome para luego irse con su esposo e hijos, ésta dobló hacia afuera una parte de la cobija para encontrarse con una cara que le produjo más lágrimas y mirando de reojo a su esposo, viendo que él estaba al borde de una sonrisa inexplicable de su parte. La criatura que dio a luz, era tal y como soñó que seria. Igual que ellos. Con el cabello azabache de su madre, la piel tersa y blanca de él, pero solo faltaba…

"¡Mira, mira!" – gritó Miyuko rompiendo el silencio de los adultos señalando al recién nacido. – "¡Cachorrito!"- gritó Miyako.

Y entonces sorprendidos, tanto los amigos como los nuevos padres, notaron las pequeñas anexos en su corona. Ahora se aprecia más el parecido con el padre.

"Un varón sano." – suspiró Kaede.

"Quien lo diría…" – dijo Koga.

"¡Es hermoso!" – dijo Ayame abrazando su propio hijo.

"Así que de eso nos estábamos perdiendo todo este tiempo…" – dijo Miroku.

"Porque se la pasaron peleando, no escuchaban que Kagome estaba dando a luz." – dijo Shippo con una sonrisa.

"¿Y con los gritos de Kagome no escucharon nada? ¿En serio no era obvio?" – preguntó Sango.

"Creímos que algo estaba lastimándola o que estaba en peligro." – dijo Inuyasha.

"Si, pero tan solo estaba llegando nuestro niño." – le dijo su esposa.

"Bueno, supongo que no hay necesidad de seguir con esto ahora que ya sabemos que sucedió aquí. Kagome, felicidades. Espero y no se parezca al padre por mucho." – le dijo Koga, ganándose una mirada de muerte de Inuyasha.

"Muchas gracias, Koga. Ayame, también te lo agradezco por lo que hiciste por mí."

"No hay de qué. Creo que ya debemos partir, necesitamos llevar al nuestro a dormir con todo este revuelo de anoche." – le dijo sonriente dirigiéndose junto con su esposo hacia afuera. – "¡Adiós a todos!"

Una vez que se despidieron, las gemelas caminaron emocionadas hacia el bebé en brazos de su madre.

"Tiene orejitas." – susurró Miyuko. Inuyasha sabía que ahora irían tras las orejas de su hijo.

"Niñas, saben que no deben tirar de sus orejas, porque son muy delicadas. ¿De acuerdo?"

Las niñas asintieron felices y dirigieron la mirada al bebé que comenzaba a mover sus brazos y entrecerrar sus dedos.

"¿Así que este será el que manejará como loco a colmillo de acero mas tarde? – señaló Miroku.

"Suficiente, Miroku, creo que debemos darles privacidad." – dijo mientras les señalaba a sus hijas para seguirla junto con Kaede y Rin por ultimo. Dejando a la nueva familia disfrutar de la mañana.

Inuyasha no apartaba su mirada suave de los brazos de su esposo. Seguía sin creer que ya era padre.

"Es tan pequeño…" – suspiró Kagome.

"En verdad lo es…" – el pequeño después de eso comenzó a mover sus orejitas y mover sus manos.

"Te escucha…" – le dijo emocionada. Inuyasha entonces hizo algo que quiso hacer desde que entró. Puso uno de sus dedos frente a su hijo y este al sentirlo, atrapo en su mano el dedo de su padre, quien no pudo evitar sonreír.

"Ahora si necesitamos un nombre…" – le susurro Kagome. – "No creo que el de niña que elegí le quede."

"¿Qué te parece Yuuta?"

"Me gusta, sé que será igual de valiente y noble que tú."

"Y también como alguien más que conozco." – le dijo moviendo su dedo fuera de la mano del niño para masajear su cabecita.

"¿Quién?"

Se acomodó para recargarse en la pared junto a ella sin separarse. "A ti. A la mujer que con su valentía me mostró que hay más cosas por las que vale la pena vivir. Como la familia que ahora me das."

"Inuyasha…" – dirigieron su mirada a la criatura que había abierto ya los ojos revelando el profundo marrón heredado de la madre. Llorando, Kagome, levantó el brazo que sostenía la cabeza de su bebe para depositarle un beso en su frente. "Gracias, pequeño, por nacer para nosotros."

Inuyasha suspiró en señal de ser el hombre más fácil del mundo. Gracias Kagome, por nacer para mí.


Notas de la autora:

Si les soy sincera, este capitulo fue el que mas cambios sufrió, al menos unas 5 ideas y parrafos se alteraron por otras y finalmente pude idear asi.

Recuerden que aun no termina, al contrario, ni siquiera empieza el climax al que quiero llegar. Esperen mas sorpresas ya que en un principio prometí una historia larga.

Acchan, fuera.