CAPITULO XIII

Las primeras hojas del otoño ya comenzaban a mezclar sus colores con el viento, partiendo de su lugar en los arboles hasta donde la brisa las llevara, muchas de ellas tocaban el suelo para apilarse y formar montículos donde a los niños les fascinaba revolcarse y jugar hasta que el llamado de sus padres los detenía de su frenesí imaginativo.

"¡Tiembla! ¡Soy el monstruo de las hojas y no podrás derrotarme!"- gritó victoriosa Miyuko sobre una montaña en miniatura de color café y amarillo, declarándose cual enemiga mortal frente su contrincante, Komori, quien observaba el espectáculo en su sitio entretenido.

"¡No! ¡Yo lo soy!" – declaró Miyako al empujar a su gemela de su puesto y poniéndose en su lugar. Komori divisaba el enfrentamiento con entusiasmo y aplausos.

La madre de los rivales otoñales, tendía el jardín y la cosecha de los últimos cultivos para resguardar antes del invierno, mientras que su esposo mantenía la mirada fija en los infantes.

"Creo que no es buena idea que sigamos contando historias de exterminación antes de dormir," – dijo Sango retirando los últimos rábanos de la tierra húmeda.- "A la mañana siguiente despiertan con planes de dominar al mundo con una vara de madera como espada".

Miroku se alzó de su sitio para ayudarla a recoger los canastos ya completos. "Es lo único que las convence para dormir en las noches," – al terminar de acomodar en el almacén, regresó a su lado y tomó su mano. – "y a mí me recuerda como conquistaste mi mundo con Hiraikotsu".

"Interesante, por un segundo creí que ibas a mencionar algo sobre mis 'encantos'" – dijo con una sonrisa y mirada fija en sus manos. "Los que tanto te morías por acariciar".

"Y admito que ese era mi objetivo, Sanguito, pero fue tu boomerang el que logró triunfar sobre mi mano endemoniada"- dramatizó mirando su mano ahora libre de maldición.

"Esos golpes eran necesarios para mantenerte a distancia, ¿recuerdas?" - dijo pasándole el ultimo canasto de legumbres. – "Pero supongo que valieron la pena". – le dio un beso en la mejilla y se dirigió con los niños.

"Por completo…" – se dijo a si mismo viendo como Sango recogía a Komori de la capa de hojas sobre él. - "Por cierto, querida, diles a las todopoderosas gobernantes de las hojas que es hora de llamar un empate".

Sango llamó a las niñas para que entraran a la casa. "Mamá, ¿podemos ver a bebé perrito? – preguntó Miyuko antes de entrar.

"Por hoy no, es tarde y la Tía Kagome tiene que preparar su jardín como le hizo Mami" – contestó Miroku recogiendo a Komori de los brazos de Sango.

"Espero y no le toque mala cosecha, me ofrecí a ayudarla puesto que es la primera vez que tiende a un jardín…" – musitó mientras las gemelas corrían a sus habitaciones.

"Con lo que alcanzaste a enseñarle y las semillas y equipo que consiguió es poco probable, viste la cara determinada que tenía cuando empezó a trabajar, Inuyasha casi temía que terminara durmiendo afuera por querer tener todo listo durante el verano" – susurró al ver que Komori yacía dormido en su cama. – "Lo bueno es que a ti solo te tomó un verano averiguar cuando se cosecha la papa y el pepino". – dijo tomando las tazas para servir el té.

"Pero al menos yo sabía cómo cultivar en un campo, la vida cotidiana de Kagome ha cambiado y quizá se le dificulte más de lo que cree." – admitió mientras se lavaba las manos y tomaba la tetera.

"Bueno, para eso te tiene a Inuyasha, a ti y a todos nosotros para apoyarla," – dijo tomando un sorbo – "pero lo sabremos mañana".

Afuera el cielo ya comenzaba a oscurecer y los últimos matices de naranja y rojo pintaban el horizonte. Los únicos sonidos le pertenecían a unos cuantos cuervos y grillos. Y al grito de una mujer derrotada por su propio jardín.

"¡No puede ser!" – sollozó cayendo de rodillas frente a las hileras de un par de metros de longitud de cosecha, mientras infante observaba todo desde el escalón de la casa, sin entender del todo el estrés de su madre. Un joven de presencia no del todo humana ni sobrenatural se acercó al lugar de origen del grito temiendo lo peor, pero al notar la normalidad de la situación acarició la cabeza de su hijo y se acercó a su mujer sigilosamente.

"Creí que se trataba de algún demonio…"– murmuró al acercarse a ella y recogerla del suelo. "¿No te atacó una lechuga o sí?"

"No da risa, Inuyasha" – suspiró tratando de calmarse y recuperar su postura mirando su pequeña parcela de verduras. – "Mira..." – señaló los canastos casi llenos de legumbres y verduras que recolectó.

Inuyasha, temiendo errar con la respuesta, le dirigió miradas de cachorro confundido. "Están casi llenas, bastante para el invierno." – dijo por fin poniendo una mano en su hombro.

"Deberían estar llenas, pero solo logré que la mayoría del cultivo sobreviviera las lloviznas…" – dijo con la cabeza baja. – "Soy una vergüenza como esposa".

Ante esta declaración, Yuuta exclamó una mezcla entre risa y un balbuceo.

Kagome caminó hacia el escalón y lo tomó en sus brazos – "Perdóname, cielo, mami está decepcionada de sí misma hoy."

"Pero él no lo está…" – declaró Inuyasha poniendo su dedo bajo el mentón de su esposa para que alzara la mirada. – "Ni mucho menos yo. Kagome, para alguien que se dedicaba a viajar de un extremo del pozo a otro recolectando fragmentos, derrotando monstruos y aun así volver a hacer exámenes te derrotas con facilidad. En un principio te pregunté si necesitabas ayuda pero no quisiste."

"Pero..." – sentía el ardor en los ojos nuevamente – "Yo quería probarte que puedo hacerlo yo sola, como tu esposa, como madre. Necesito aprender pronto por mi cuenta ahora que ya no tengo a mi mamá o a las cosas modernas de donde me crie. Creí que iba a ser fácil por la experiencia que tuve pero…"

Fue cortada de su argumento abruptamente por un relámpago en la distancia y la reacción de su hijo ante el estruendo. Inuyasha suspiró y tomó al niño para que entraran al hogar.

"Kagome, ambos sabíamos que esto no iba a ser fácil, para ninguno de los dos." – dijo bajando al niño en el tapiz de la sala principal y luego observando el cielo, para luego cerrar la puerta corrediza. - "Los errores que creas cometer no se comparan con lo que te hice pasar cuando buscábamos a Naraku, y sigo sin entender como me has perdonado". – dijo con la mirada seria hacia ella. – "Así que llorar porque no comeremos más papas que arroz no es una razón válida."

El silencio después de su comentario fue suficiente para calmarla y recuperar una sonrisa. – "Entonces, ¿prometes que mi comida no te ahuyentará hasta que aprenda?"

"¡Keh! Tonta, ya nada puede alejarme de ti, ¿no lo dejé claro hace mucho?" – susurró tomando su mano y acercándola hacia él.

"Inuyasha…" – dijo cerrando los ojos dejándose llevar por el momento.

"Ahora que te parece llevar al pequeño a dormir, te cambias esa ropa mojada y te muestro lo cerca que te quiero de mi…" – dijo con voz profunda y baja en su oído.

"Si… cambiarme la ropa suena bien…" – dijo más relajada un instante. –"¡¿Mojada?! ¡Oh no! ¡Las verduras las dejé afuera!" – exclamó corriendo hacia afuera por los canastos empapados.

Inuyasha no pudo más que bajar las orejas por el momento arruinado y recoger a Yuuta en sus brazos mientras este jalaba su mechón entretenido. – "Creo que a mí me tomará más trabajo llegar a entenderla, pero vale la pena." – Yuuta se recarga en su pecho somnoliento. – "Sí que lo vale…"

Las semanas siguientes transcurrieron sin mayor preámbulo o escándalo. Inuyasha y Miroku eran llamados de vez en cuando por las alertas de monstruos atravesando aldeas, pero resultando en el mismo dilema del de hace tiempo: huyendo de algo. De igual forma, sus servicios eran remunerados al encargarse solamente de desviarlos para evitar que arrasaran con los poblados en su camino; la duda persistía aun así, habían pasado meses desde que la extraña mujer llamada Sarina hizo su aparición y desde que los monstruos de la región se comportaban como si no quisieran atemorizar o cazar aldeas. Eran raras las ocasiones en que escuchaban de un demonio acercándose a devorar un rebaño o tan siquiera comerse a un viajero en el camino. El hecho representaba una seguridad inquietante.

"¿Y eso debería importarnos?" – preguntó Inuyasha caminando lado a lado con su amigo el monje por la senda casi tapizada de nieve.

"Dímelo tú, yo no soy el de los sentidos en contacto con lo sobrenatural." – respondió Miroku contando su bolsillo de monedas para gastar.

"¡Keh! Como si fuera a saber lo que hacen otras alimañas por ahí, no me preocupa, si eso no ha puesto en peligro a la aldea o a mi familia."

"Escúchate nada más, Inuyasha, el misericordioso Buda te ha bendecido y lo admites a todo pulmón" – dijo con una sonrisa poniendo una mano en su hombro – "Ya eres todo un hombre de hogar"

"Guárdate el comentario, monje." – dijo avergonzado y molesto.

"Pero hablando seriamente, ¿no crees que se trate de algo anormal?"

"Pues no, sino están atacando aldeas ¿Qué más estarían planeando?" – preguntó interesado.

"No quisiera darme una idea, dadas nuestras experiencias…" – dirigió la mirada hacia el frente. – "Oh, mira, hemos llegado." – exclamó divisando un conglomerado de tiendas y cabañas.

Caminando por el sendero principal, observaron los distintos intercambios y compras para casi cualquier tipo de artículo conocido para todo Honshu, y uno que otro exótico de tierras lejanas.

"Y dado que esta vez no tuve que convencerte de acompañarme para ayudar a cargar las cosas… - mencionó Miroku examinando los inciensos de un puesto – "Como hombre casado tu esposa te otorgó la famosa lista."

Inuyasha asintió – "No tenía idea de que se necesitaran tantas cosas, ahora entiendo porque llevaba una mochila tan grande…" – dijo sacando de su manga un trozo de papel entintado.

Miroku observó el papel – "Son bastantes, lo bueno es que pude esperar para darte esto por fin." – dijo sacando otro saco del tamaño de su mano y poniéndolo en la mano de su amigo.

"Miroku, ¿Qué es esto? Ya me diste la parte que me corresponde de las ganancias de los exterminios. – "dijo revisando la bolsita, asombrado de ver la cantidad guardada.

"Así es, Inuyasha, pero esa suma proviene de otras de hace tiempo" – dijo mientras caminaban de nuevo. – "En los tres años que estuvimos ofreciendo servicios nunca tomaste tu parte justa de las ganancias, argumentando que yo la necesitaba más para mi familia. Mi honor y sentimiento de lealtad no me permitió gastar todo así que guarde solo la mitad de cada trabajo, con la esperanza de poder dártelo cuando llegara el momento en que más lo necesitaras" – dijo finalmente eligiendo un par de tazones y pagándolos. – "…como ahora."

Inuyasha no pudo más que mirar de reojo la bolsa en su mano y volver la mirada con Miroku. "Eso explica porque cobrabas como ladrón."

"Y ahora sabrás lo que es hacer feliz a una familia" – declaró acercándose a otro comerciante.

La brisa helada ya comenzaba a hacer presencia y la única alternativa para ello era concentrar niños en una cabaña y tomar té.

"No puedo creer que Komori ya tenga un año…" – mencionó Kagome acariciando una de las orejas de Yuuta, quien disfrutaba del masaje cálido de su madre.

Sango ayudaba a su hijo menor a seguir practicando sus pasos mientras las gemelas tomaban turnos para ver a Yuuta mover sus orejas, y al final poder tocarlas. - "Es gracioso como el tiempo nos sigue sin darnos cuenta…" – dijo su amiga la exterminadora.

"Cuando menos te lo esperes estaremos rezando para que no termine con los hábitos del Monje Miroku." – dijo riéndose mientras las gemelas hacen caras entreteniendo a Yuuta.

"No en mi guardia." – declaró Sango decidida.

En ese instante, Yuuta dejó las risas para dirigir sus sentidos a la puerta atento, al mismo tiempo que la puerta principal dando a la sala de estancia se abrió revelando a dos hombres exhaustos pero felices por lo obtenido en el viaje.

"¡Papá llegó! ¡Papá llegó!" – anunciaron las gemelas listas para descubrir lo que les trajeron.

"A ver niñas, ¿Quién se portó bien?" – dijo tomándolas entre sus brazos – "Pronto estarán tan grandes que no podré hacer esto por mucho tiempo.

"¡Papi!" – gritó una vocecita hasta ahora desconocida que hizo silenciar a todos.

"¡Komori!" – exclamó sorprendida y atónita Sango. – "Su primera palabra…"

Kagome e Inuyasha no escondieron las sonrisas al presenciar ese momento

"Mi pequeño ya sabe hablar." – declaró con orgullo. – "Pero la vencedora sigues siendo tú, querida…" - dijo a su esposa tomando a Komori de sus brazos.

"¿Vencedora?"- preguntó Kagome, a lo que su esposo le contestó, - "Cuando las gemelas nacieron, ambos acordaron competir para ver a quien mencionaban primero."

"Creí que ya había ganado cuando ambas niñas mencionaron a Sango antes que a mí, pero cuando Komori nació, supe que aun tenia oportunidad, aunque sinceramente no me importaba." – dijo Miroku.

"Sí, claro…" - musitó Sango.

Las risas de todos resonaron en la cabaña en son con la expresión confundida de Miroku.

"No le veo la gracia…" – murmuró.

"La idea fue tuya para empezar…" – dijo Inuyasha – "Y desde un inicio te dije que era ridículo…" – declaró tomando un rollo de arroz y alga de la bandeja.

"Suena entretenido cuando tienes más de uno, amigo." – dijo con su conocida sonrisa traviesa. - "No te sorprendas si la primera palabra de Yuuta es 'hermanito'…"

Ante esto Kagome se sonrojó levemente e Inuyasha lanzó fuego con la mirada – "Monje, no digas cosas de las que te arrepientas…"- le espetó.

"Como quieras…" – dijo levantándose – "Nosotros nos retiramos para dejarlos decidir por ustedes mismos…" – Sango tuvo que darle un codazo para darle una idea. – "Descansen chicos, nos vemos mañana." – dijo tomando la mano de sus hijas mientras se despedían de su primito bebé.

Cuando partieron y la casa volvió a su estado normal de solo tres ocupantes, pasaron varios minutos entre que se arreglaban los trastes y la fogata hasta que Kagome rompió el silencio.

"¿Qué tal el mercado? Sango me dijo que las cosas nunca son las mismas de vez en cuando, ¿pudiste encontrar lo de la lista?" – preguntó sonriente poniendo los últimos trastes recién lavados en sus respectivas alacenas y regresando a su lugar con Yuuta.

"Tu dímelo…" – le respondió mostrándole el equipaje sorpresivamente pesado.

A Kagome le pareció extraño. –"Inuyasha, esto…" – sacó el contenido de la maleta contando cada artículo.

"¿No era lo que querías?" – preguntó un tanto temeroso y tímido a la vez.

"No, no es eso, es decir, conseguiste todo: las agujas de coser, los hilos de colores, los tazones, el incienso, las toallas y la pala para jardín, pero ¿Qué es lo demás?" – tomó de la bolsa unos rollos de tela bordada y muy fina, una peineta – "Para que no tengas que batallar en peinarte en las mañanas y tener que recogerte el cabello, me gusta que lo traigas suelto, como siempre…" – admitió mirando hacia otro lado. – "Y esto es para ti, pequeño…" – le dio a Yuuta una figura de madera en forma de perro – "El carpintero me dijo que era el favorito de muchos niños."

"Inuyasha, esto, no me lo esperaba en verdad, ¿Cómo lo pagaste?" – preguntó claramente feliz y algo extrañada – "Estoy segura que esto es más de lo que te di…"

"Resulta que Miroku había guardado un ahorro para mí cuando iniciamos ese negocio suyo, pero lo bueno es que no tuve que gastar más de lo que creí. Miroku es, después de todo, bueno regateando".

Kagome se acercó a él tomándolo desprevenido y le dio un beso que aceptó gustoso. – "Gracias, Inuyasha, me encantan, y a tu hijo también." – dijo mientras miraban como Yuuta no ocultaba su emoción por jugar con su nuevo juguete.

"Por nada…" – suspiro mientras se recargaron uno del otro al calor del poco fuego que quedaba. Pasando unos minutos cuando Yuuta comenzó a dar signos de sueño, ambos adultos tomaron al infante para acostarlo en su habitación. Enternecidos al ver como insistía en no soltar su figura.

"Sabes," – comenzó a decir en voz baja a su esposo – "creo que no sería mala idea…"

"¿Qué?" – pregunto en igual tono.

"Resulta doloroso y una tortura que dura meses pero, viéndolo ahí, dormido en mis brazos, en los tuyos, jugando con los niños de Sango, me hace agradecer la buena decisión de regresar aquí…" – admitió, su mirada puesta en el niño profundamente dormido.

Su esposo puso sus brazos alrededor de ella – "Kagome…" - dijo a la expectativa. – "No dirás que…"

"Pero por ahora, dejaré que primero diga Mamá." – dijo finalmente separándose y caminando en silencio a su habitación. Inuyasha la observó con una mirada que claramente expresaba alivio y curiosidad. – "¿Vienes?" – preguntó extendiendo su delicada mano.

No dijo nada mientras daba pasos ligeros para cargarla en sus brazos y llevar a la tierra de los dulces sueños.

El silencio reinó con la compañía de los ruidos de la noche, dándole señal segura de haber engañado exitosamente a mamá y a papá. Yuuta se sentó en la comodidad de su colchón y admiró la nueva pieza de su diversión, levantó la vista hacia la pequeña abertura que hacia como ventana y dejó que la luz de la luna abrasara su rostro y escuchara su plegaria de primera mano.

"Hermanito…" – suspiró poniendo de lado su compañero de madera y volviendo a recostarse, esperando que la noche, de alguna forma u otra respondiera.

La noche para otros eran solo horas adicionales sin la luz a veces demasiado luminiscente del sol. Cierto castillo seguía siendo iluminado por antorchas y lámparas de aceite develando guardias cuidando sus murallas y sus ocupantes. Dentro de una sala en particular, un joven de postura grácil y fría anotaba las últimas marcas de tareas completadas sobre un gran papel de tapiz con varios mapas distintivos de las diversas regiones del Japón antiguo, recorriendo varios metros que se extendían del tapiz se detuvo finalmente frente al de su mayor interés dentro de Honshu, la región de Musashi. Pasó el pincel nuevamente trazando líneas finas y gruesas sobre los valles, bosques y zonas pobladas dibujadas formando ríos de tinta sobre papel de pergamino, indicando el movimiento y traslado. Dio un paso hacia atrás para analizar su obra maestra y no evitó sonreír.

"Como controlar un rebaño." – se dijo a sí mismo, dejando el pincel en la mesa contigua y tomando en su lugar su té aún caliente. La puerta de inmediato se abrió con un subordinado agachando la cabeza, anunciando su llegada y recado.

"Mi señor Kain," – dijo sin titubear - "Ya recibimos las demás posiciones de los mensajeros, han localizado a Sesshomaru no muy lejos del lado noroeste del Monte Fuji."

"Excelente, revisa el estado de la producción y la operación de reubicación." – ordenó tomando más de su taza - "Avisen a mi hermana, y estén alertas para cuando los llame." – el sirviente acató cada palabra y se retiró del aposento. Kain volvió la mirada al mapa. –"¿Cuánto tiempo le toma a un can darse cuenta que persigue su propia cola?"