Había caos en el palacio del reino verde y blanco, como siempre. A diferencia del tranquilo y silencioso reino, cubierto por una suave y esponjosa capa de hielo, el interior del palacio era siempre muy ruidoso y bullicioso. El Reino Zelenyy se encontraba en lo alto de una montaña rodeado por un extenso bosque, cualquiera que no supiera el camino exacto para llegar al reino, se perdería para siempre.
Los habitantes de Zelenyy eran muy amables y tranquilos, las principales actividades eran la venta de piedras preciosas, la caza y la minería pues gozaban de varias minas de donde se extraían metales y piedras preciosas. Las academias militares se encontraban en la cima de la montaña detrás del imponente palacio de mármol con vivos en verde.
Las chimeneas del palacio estaban encendidas y el fuego crepitaba alegremente en un intento por combatir el horrible frío que azotaba la montaña. El rey y la reina junto con sus soldados estaban en el comedor cenando. Berwald, al ser el rey, estaba sentado en la cabecera en silencio lanzando duras miradas a la Torre que no dejaba de parlotear como siempre, molestando al Alfil. El caballero tenía una mirada de cansancio y trataba de ignorarlo mientras la reina, sentado a la diestra del rey, trataba de evitar que eso se volviera un caos.
-Luka, ayer soñé contigo, ¿sabes lo que eso significa?-le preguntó la torre, un joven de cabellos parados antes de comer un pedazo de carne.
-¿Qué debes callarte o te golpearé?-respondió el Alfil lanzándole una mirada asesina por encima de la cabeza del caballero que seguía comiendo en silencio.
-¡No! ¡Significa que debes salir conmigo!-exclamó Mathias emocionado- ¡Es una señal! Tú y yo debemos estar juntos-el joven rubio de menor estatura puso los ojos en blanco.
-Solo estaría contigo para poder asesinarte con mis propias manos-gruñó Luka perdiendo la paciencia
-Luka… no te enojes, por favor- dijo Tino. La reina retorcía las manos nervioso pues no quería que la tranquila cena se volviera una pelea de comida- Mathias, terminemos de comer ¿sí? Todos estamos cansados y mañana es un día importante…
-Sí, majestad, ya terminé de comer-dijo dándole un último trago a su cerveza-solo le diré algo al Alfil, aunque lo niegues, sabes que me deseas en tu inter…-esa fue la gota que derramó el vaso, un trozo de pan salió volando y se impactó contra la cara del joven de ojos azules- ¡Ay! ¡Luka, no seas así de malo!
-Alfil, te pido que no lances comida ¿de acuerdo?-dijo el rey con su habitual voz calmada y gélida- Y tú, Torre, cierra la boca…
-Lo siento, Majestad-dijo el joven de ojos zafiro bajando la mirada a su platillo
Todos terminaron de comer y se dirigieron a sus habitaciones. El rey y la reina se encaminaron al ala real mientras el caballero se dirigió a su ala del palacio sin dudar. Mathias y Luka se quedaron en el comedor. La Torre sonreía ampliamente cuando se sentó al lado del Alfil que se limpió los labios con una servilleta de tela y se puso de pie.
-Debes dejar de ser tan descarado-murmuró el de menor estatura sin mirarlo-sabes que no puede haber nada entre nosotros…
Era una leu en todos los reinos que el ejército oficial no podía tener relaciones amorosas, tanto entre ellos como con alguno de los ciudadanos. El amor es peligroso, impulsa a los soldados a sacrificarse y darlo todo por el ser amado. Eso estaba prohibido pues ellos solo debían preocuparse y sacrificarse por el rey y viceversa, el rey debía preocuparse por todos sus ciudadanos, no solo por uno. Una vez que se aceptaba entrar al ejército real, era para vivir solo el resto de su vida.
-Es que no puedo seguir manteniendo esto en secreto-se quejó la Torre tomando la mano del chico que la apartó de un manotazo. El más alto hizo un puchero ante ese acto.
-Si alguien nos ve, podrían expulsarnos del palacio-Ambos caminaron al vestíbulo, debían separarse para irse cada uno a su ala.
-Pues con tal de estar contigo, no me importa que me expulsen –dijo el de mayor estatura sonrió ampliamente
-Pues a mi si me importa, no puedo dejar a mi hermano aquí-gruñó el contrario cruzándose de brazos- Ya me voy, buenas noches…-y dicho esto, se fue caminando hacia el ala de los Alfiles.
La torre lo vio partir y muy triste dio media vuelta para irse cuando escuchó unos pasos apresurados tras él. Al dar la vuelta para ver quién era, recibió un brusco beso en los labios.
-Si le dices a alguien de esto, te mataré-lo amenazó el Alfil sonrojado antes de huir a su ala muy avergonzado. El de mayor estatura llevó una mano a sus labios y sonrió de manera radiante. Sabía que el otro estaba enamorado de él, se le notaba en la mirada.
Los reyes se dirigieron a la habitación conyugal. A pesar de que el matrimonio era solo una mera formalidad, el rey le había insistido tanto a su pareja que el pobre Tino no pudo decir que no por lo que, se instaló una habitación para el matrimonio con una gran cama para ambos.
La reina entró al baño para quitarse sus ropas reales y ponerse la ropa para dormir mientras el rey hacía lo mismo en la habitación.
-¿De verdad creen que no nos damos cuenta?-preguntó el monarca mientras esperaba a que su pareja saliera del baño- Son muy obvios… deberíamos expulsarlos…
-Berwald, no seas así-dijo la reina poniéndose su pijama y cepillando su cabello- Ellos hacen todo lo que pueden para que nadie lo note…
-Pues están fallando completamente-el rey se quitó la corona y la puso en una vitrina al lado de la corona de su reina-Cuando alguien del pueblo se entere, harán una revuelta para sacarlos del palacio
-Eres muy pesimista…-el pequeño rubio salió del baño y se metió en la cama tapándose con las cobijas mientras veía como su rey entraba al baño para lavarse los dientes- yo creo que nadie se va a dar cuenta, deben estar demasiado ocupados preparando el festival de mañana…
-Ah sí, el festival… -murmuró Berwald pensativo. Cada año se realizaba un gran festival en el reino Zelenyy para conmemorar el día en que habían ganado la gran Tetraguerra. Se preparaba una gran fogata en el centro de la plaza principal del reino y se tocaba música, había danza y comida.
-¿Has practicado los pasos que te enseñé?-preguntó Tino cuando el de mayor estatura salió del baño. El joven más alto desvió la mirada avergonzado, era tradición que el rey y la reina bailaran en la inauguración y el cierre del festival y Tino sabía que su pareja no había practicado por todo el trabajo que tenía- No te preocupes, podemos practicar un poco antes de dormir.
El joven de los ojos violetas se levantó de la cama y se acercó al rey para tomar su mano derecha antes de poner su mano izquierda sobre el hombro ajeno. La mano izquierda de Berwald voló hacia la cintura del más bajo para atraerlo suavemente. Un leve sonrojo apareció en las mejillas del monarca.
-Muy bien… uno… dos… tres…-contó la reina y comenzó a tararear suavemente la canción que bailarían al día siguiente. Tino era muy buen bailarín mientras que Berwald era un poco torpe debido a su estatura y a su inmensa preocupación por no pisar a su pareja.
El fuego, que crepitaba en la chimenea, iluminaba a la pareja que bailaba mientras sus sombras acariciaban los muros y los muebles de la habitación con cada movimiento que realizaban. La reina trataba de moverse más rápido cuando notó la preocupación en la mirada ajena y sonrió tiernamente.
-Berly…-dijo Tino con cariño y su pareja no pudo evitar sonreír. El rey adoraba cuando lo llamaba con ese apodo tan cariñoso- No tengas miedo… no te preocupes si me pisas, los accidentes ocurren y si sigues preocupándote por eso, no podremos bailar a gusto… déjate llevar…
El monarca asintió y retomaron el baile. La mirada violeta se cruzó con la mirada zafiro y el resto del mundo pareció desaparecer. El romance entre la Torre y el Alfil no era el único secreto guardado entre los muros del Palacio Zelenyy. Era más obvio que la pareja real compartía algo más que simple amistad.
El más alto hizo girar a la reina con gracia sin dejar de mirarlo a los ojos. Lo único que se escuchaba era el suave tarareo de Tino y el sonido de sus zapatos al rozar el suelo. Ambos se movían con gracia y elegancia al ritmo de la música. Un sonrojo apareció en las mejillas del más bajo cuando iba terminando la canción porque los movimientos eran más suaves y los atraían más y más como un remolino.
Finalmente Tino tarareó el final de la canción y ambos quedaron abrazados en el centro de la habitación. Estaban tan cerca que sus alientos se mezclaban. Era un romance prohibido, lo sabían de sobra, nadie debe enamorarse en el ejército real, pues la vida de todos los habitantes está en riesgo.
Pero solo por esta ocasión, tanto el rey como la reina se olvidaron del mundo, olvidaron sus títulos, sus coronas, su alrededor, tan solo eran Tino y Berwald quienes bailaban y quienes se miraban intensamente a los ojos. Todos los reinos tienen sus secretos y tal vez, el peor guardado de todos sea el del reino verde y blanco.
Berwald se inclinó hacia su pareja, cortando el espacio entre ambos para finalmente tomar ese prohibido beso. El primer contacto fue tímido, como cuando uno acerca las manos al fuego en un día frío, pero después se tornó agradable y adictivo. El beso fue suave, dulce y a la vez explosivo y ardiente. Dos corazones latían con fuerza ante esa unión. Nada importaba, si el reino Zelenyy caía en desgracia, aceptarían las consecuencias pero nada evitaría que el rey y la reina se profesaran ese amor verdadero que habían sentido desde el primer momento en que habían cruzado la mirada hacía varios años antes, en el torneo de la reina. Berwald supo que había encontrado a su pareja ideal en ese pequeño joven de ojos violetas y viceversa.
Gracias por leer y por sus comentarios
Chiara: Oh vamos, Alfred puede ser un gran rey jeje
Piero: Sip cada reino tendrá su propio Background, eso es lo interesante jeje
Espero que les haya gustado y no olviden comentar
