"¡Buen trabajo, Kirara!" – exclamó mientras admiraba como su presa objetivo caía débil del ataque. – "Espero aun tengas energía, sé que yo la necesitaré para cargar esto de vuelta a la aldea."

La gata de tamaño atemorizante ronroneo en acuerdo.

"Si, pero tú fuiste la del golpe final esta vez."- Kirara posicionó su cabeza en señal de afecto. – "Gracias pero aún me falta llegar al nivel de mi hermana. Tengo que demostrar que soy el tío fuerte, no solo el favorito." – Tomó el cadáver de la criatura sin vida y lo ató a la plancha de madera ensamblada y lista para jalar. – "Ahora que lo pienso, también debo llegar a tu nivel, claro a excepción de ser grande, lleno de pelos y feroz, ¿crees poder enseñarme?"

Kirara ronroneo. – "Ya sé, secreto de exterminadores."

La aldea en la llanura se abrió al movimiento de la vida diaria ante la noción de seguridad y calma. Sus habitantes comenzaron a emerger de sus hogares y de las turbas agrupadas en el centro. Los rostros de los sus aparentes líderes y jefes de familia voltearon a ver a dos figuras caminando desde el bosque.

"En cuanto las cabras dejaron su escondite supimos que había terminado." – se expresó el primer hombre.

Kohaku se acercó al grupo. – "Tanto ustedes como su rebaño podrán dormir tranquilos, el culpable ha sido capturado."

"Formidable trabajo, joven exterminador,"- expresó el mayor de los varones tomando en sus manos una bolsa de tela con un resonante tintineo.

"No, por favor, no requiero de un pago, la comida y el hospedaje que me dieron al llegar es más que suficiente." – dijo Kohaku haciendo reverencia.

"Pareces un joven humilde y me parece inusual que no aceptes una remuneración por tus servicios, tómalo al menos para tus viajes hacia otras aldeas que requieran de tu ayuda" – insistió el anciano.

"Si usted insiste…" – dijo Kohaku aceptando el pequeño saco. Ladeó su mirada hacia el cadáver del monstruo y mirándolo detenidamente se dirigió al jefe de la aldea. – "Por casualidad, ¿Qué piensa hacer con él?"

Los hombres se miraron entre sí. "Esperábamos un plan de su parte, esa carcasa nos da mala vibra." – dijo uno de ellos.

Kohaku se inclinó a examinar los restos y cortó un pedazo de hueso de la corona frontal de la criatura. – "Solo necesitan quemarlo y enterrar las cenizas, así las energías negativas no se apoderaran de él"

"De acuerdo pero, ¿Qué piensa hacer con un cuerno?" – preguntó otro anciano tomando una pala para levantar el cadáver.

"Un gaje de exterminador." – dijo simplemente.

Comenzaron a dispersarse hacia la tranquilidad de su vida cotidiana, dejando solos a Kohaku, Kirara y al jefe de la aldea. Éste se acercó a él mientras el joven exterminador examinaba el trozo de hueso.

"¿Habrá llegado la hora?" – preguntó sin titubear el anciano.

Los ojos de Kohaku se abrieron medio centímetro más ante la incógnita, pero así rápido como salió la pregunta también el anciano que la hizo se retiró. La intriga por el hueso incrementó aún más. Miró a Kirara, esperando que de alguna forma saliera otra respuesta para luego partir lado a lado hacia la extensión del camino.

El sol comenzaba a ponerse al costado del valle, como siempre lo hace en aquella época cuando la noche toma la delantera del solsticio. Los aldeanos adelantan la protección adicional a sus cabañas, almacenan sus cultivos, recubren sus rebaños y se preparan para una temporada más de brisas heladas y nieve espesa.

"La dama de las nieves nunca llega tarde a su cita con los mortales" – musitó Kaede recubriendo la ventana de más capas de bambú.

"Debe ser alguien muy ocupado, para poder llevar tanta nieve a todas partes" – dijo Rin guardando sus ropas.

"Cuando tienes una labor en este mundo, haces lo que puedes para ser reconocida por ello" – respondió Kaede.

"¿Rin la tiene? – preguntó con sus manos sobre una pieza fina de seda.

"Todos la tenemos" – Kaede alcanzó a ver fijamente la tela en sus manos – "¿Kimono nuevo, Rin? Veo que se está asegurando que vistas mejor que cualquier otra niña en el pueblo, ¿te visitó hoy temprano?".

"Cuando Rin recogía flores. Vino con el señor Jaken y me preguntó cómo estaba. Le dije que por fin aprendí a coser agujeros y hacer coronas de flores para Miyuko y Miyako, después me dio el kimono y le dije que la Señorita Kagome había tenido un bebé."

"Veo que no te resististe para contarle" – comentó Kaede sonriente. – "¿Dijo cuándo volverá?"

"Aún no, pero fue con el señor Inuyasha hace rato, supongo que para hablar de algo importante"

"Espero y sea solo para ver a su sobrino" – dijo guardando sus utensilios – "Con la dama de las nieves aquí, no quisiera algo más."

En la noche espesa y con tintes oscuros cobijando los árboles de siniestro matiz, sólo dos figuras caminando con distancia fríamente calculada se encontraban entre el clima helado, con dirección hacia un hogar al borde de la aldea.

"No es propio de ti que quieras verme, a menos que se trate de algún asunto que me involucre" – dijo Inuyasha a paso lento. Sesshomaru le seguía por detrás – "La única que tiene el nervio y las ganas de verte es Rin."

"Tampoco fue mi idea inicial, Inuyasha, y más ahora que tienes tus propios objetivos banales para ocuparte" – dijo sin mover una línea de expresión.

"¿Entonces?" – dijo impaciente y parando frente a su hogar iluminado por la fogata interna.- "Si espero aquí a discutir contigo que sea mejor en otro sitio. Si Kagome me escucha se enfadará."

"¿Por qué?" – cuestionó con la mirada fija – "Tu primogénito ya debe estarlo, contigo como su padre.

La puerta principal se deslizó iluminando la silueta de una mujer con un aura hogareña.

"Si no entras, le daré tus pepinillos a- ¡Sesshomaru! ¡Qué sorpresa! " – Kagome reacomodó su delantal mientras bajaba los escalones del portón. – "¿A qué se debe tu visita?"

Inuyasha frunció el ceño. – "No viene de visita, ¿verdad, Sesshomaru?"

"Por una vez, concordamos." – contestó relajando los parpados.

"Bueno, pero hablo en serio Inuyasha, si no entras Yuuta querrá tus pepinillos y sabes que me pondré de su lado." – dijo limpiando sus manos.

"¿Yuuta? Esperaba un nombre más denigrante, adivino que no lo elegiste tú."

"Rin ya te contó, por lo que veo" – dijo acercándose más a Kagome.

"¿Cuándo planeabas hablarme del nieto de nuestro padre?" – preguntó sin temblar ante la brisa helada.

Kagome jaló su manga y susurró a media voz – "¿No le habías dicho?"

"¡Como si fuera a decírselo!" – murmuró irritado para luego volverse a Sesshomaru – "Y tú, más vale que digas a que has venido."

"Aconsejaría primero que se discutiera de forma discreta" – miró a su cuñada esperando que entendiera el mensaje.

Inuyasha espetó antes de que ella se volteara hacia la casa – "¿Qué tiene de especial que ella no pueda oír?

"Nada, a menos que prefieras mantenerla al tanto de lo que también le concierne." – dijo mirando de reojo la entrada iluminada. – "Y no me refería a ella…"

La pareja dirigió su mirada al portón donde Yuuta tímidamente trataba de escuchar la conversación entre los adultos.

Kagome trotó para cubrirlo del frio y tomarlo en sus brazos. Regresó a su lugar anterior y colocó una mano sobre el brazo de su esposo. - "¿Está todo bien, Sesshomaru?"

Sesshomaru observó al infante quien se dedicaba su atención ahora a los sonidos a su alrededor y después a ambos padres, "Solo vine a decirles que se mantengan alerta", dijo dando una vuelta y marchándose, "Y tú, Inuyasha, no cometas una tontería".

Inuyasha arqueó una ceja, "¿Solo eso? ¿De qué se trata? ¡Oye! ¿Vienes hasta acá solo para decirme eso?"

Sesshomaru no detuvo su paso y pronto desapareció en la oscuridad de la noche hasta que los gritos suscitaron y un fuerte zarpazo en la tierra se oyó. Ah-Un se levantó de su lugar de descanso mientras un demonio de menor tamaño observaba el regreso de su amo.

"Amo", comenzó dudoso de escoger las palabras correctas, "dígame, ¿cuál fue el motivo para detenernos aquí? De todas formas, quien pensaría que…"

"Jaken.", su voz raspó el silencio de la noche.

"¿S-Si, mi señor?"

"Andando", dijo sin más preámbulos.

"¡A la orden!", tomó las riendas de Ah-Un y comenzó a volar junto con Sesshomaru hacia una nueva dirección.

"Me pregunto si tiene que ver con aquella mujer extraña que encontramos", se dijo a sí mismo. "El amo Sesshomaru tiene suficiente como para preocuparse por cosas sin sentido, pero entonces ¿Por qué estar alerta con demonios que se mueven de lugar de forma extraña?"

"Jaken…", su físico se paralizó.

"! S-Si, amo!"

"Cállate."

"Como ordene…"

El hogar cierta pareja y su hijo ahora estaba medio iluminado por las brasas de la fogata. No había señales de cansancio pero si de satisfacción por una cena cálida. Kagome se ocupaba de arreglar el kimono de Yuuta mientras éste maniobraba sin éxito librarse del amarre.

"Espera, Yuuta, deja termino de acomodar la manga", le dijo remendando la tela. "Listo, espero así te quede," miró a su esposo con el rostro iluminado, "¿Qué tal? La talla perfecta."

"Supongo," dijo curioso viendo al pequeño experimentar la sensación de nuevas ropas, "¿Cuánto crees que le duren ahora?"

Bajó su rostro en desgana, "No lo sé, crece más rápido de lo que creí. A este ritmo necesitara ropa nueva cada dos meses"

"No hay de qué preocuparse, así debe ser durante los primeros años de vida. Se alentara a medida que crezca", contestó viendo a su hijo dar vueltas en el suelo.

"¿Lo crees?"

Movió los hombros y se relajó, "Supongo que sí, a mí me pasó", miró a Kagome guardar sus utensilios de costura, "¿Harás algo mañana?"

"No mucho, la anciana Kaede me encargó preparar unos ungüentos con las hierbas que traje la semana pasada."

Kagome soltó una risa al ver a Yuuta arrugar la nariz, "Si quieres puedes llevarlo a pasear unas horas, no creo que me tome mucho."

"Esas cosas son desagradables…" Inuyasha imitó la reacción de su hijo.

"Lo que es tener una nariz fina igual que papá ¿verdad?", masajeo las orejas cuidadosamente mientras Yuuta relajaba su rostro, "¿Qué habrá sido lo que nos dijo Sesshomaru?"

Inuyasha reacomodó su espada, "Quién sabe, con lo que se atreve a venir aquí solo a decir eso," Kagome ahora arrullaba a Yuuta en sus brazos con la mirada distante, "¿Qué sucede?"

Se levantó con cuidado para caminar en la habitación mientras Yuuta poco a poco dormitaba.

"¿Kagome?"

Ella ahora dedicó su atención a observarlo dormir y masajear su espalda.

"Kagome…", ahora Inuyasha se paró frente a ella sacándola del trance obligándola a verlo a los ojos. "Dime que te pasa."

Suspiró una vez. "¿Puedes aguardar un segundo?" se separó de él caminando hacia la habitación infantil y posicionando con cuidado a Yuuta en su colchón, cerrando con cuidado la puerta corrediza a sus espaldas para volver frente a su esposo.

"¿Recuerdas aquellas noches en las que no podía dormir, durante el tiempo que perseguíamos a Naraku?", preguntó en tono bajo.

"Si, te dedicabas a hojear tus libros cuando yo te decía que mejor te durmieras.", contestó sin rodeos.

"Trata de ponerte al corriente con exámenes atrasados y veras que no es tan sencillo…", le espetó, "Lo cierto es que no era siempre por la escuela o mi familia…"

"¿Te preocupaba que alguien nos atacara?", rascó su cabeza y suspiró, "Keh, tonta, si yo siempre estuve haciendo guardia despierto cuidándolos. Cuidándote."

"Si, lo sé, lo que trato de decir es que a veces pasaba en mi época", comentó, "Había noches en los que no podía conciliar el sueño porque…"

Inuyasha esperó a que continuara.

"Porque sentía que algo iba a pasar y no sabía si era bueno o malo…"

"¿Y eso te mantenía despierta?" preguntó con cierta vaguedad.

"¿Me crees loca?", le espetó, "¿No me digas que después de todos estos años es lo único que se te ocurre decir?"

"N-No, lo que quiero decir es que…", se detuvo a observar la expresión de su esposa. Una mirada que solo él podía descifrar a distancia. "¿Crees que tiene algo que ver con ese sueño que tuviste antes de que naciera Yuuta?"

"¿Aun te acuerdas de eso?", contestó sorprendida,

"¿Tanto te sorprende?", preguntó ofendido

"Es solo que, eres al que se le suele olvidar las cosas de vez en cuando…" dijo con una sonrisa.

"Escucharte llorar en las noches no es una de ellas…"

Kagome ocultó sus ojos bajo el flequillo. "Presiento que vendrá a atormentarnos…", se abrazó a sí misma y comenzó a temblar. Inuyasha la rodeó con sus brazos y la acercó sosteniéndola firmemente.

"Los sueños son solo eso Kagome, simples pesadillas…", trató de calmarla cepillando con sus garras su cabellos. "Fue hace mucho, y creímos que algo le iba a pasar a Yuuta al nacer, pero ya pasó y te aseguro que no volverá a pasar.", la volteo a ver y vio que ocultaba su rostro en sus ropas escarlata.

"Vamos mejor a dormir, debes estar cansada-"

"¿Inuyasha?", Kagome lo interrumpió

"¿Si?"

Lentamente levantó la cara y sin parpadear suspiró. "Estoy embarazada."