Un joven de piel bronceada y cabello castaño estaba caminando entre las calles rumbo al palacio. Sus manos temblaban y sudaban suavemente. Si alguien le hubiera dicho esa misma mañana, cuando se despertó y se preparó como cualquier día, que en la tarde estaría camino al Palacio Real del Reino Giallo, hubiera creído que era una broma.
Ese día él se había preparado como usualmente lo hacía para asistir a sus clases en la Academia de Alfiles. Antonio llevaba varios años preparándose arduamente para ser un Alfil Real por lo que asistía a todas sus prácticas e iba a todas sus clases teóricas. Era un campesino promedio, bastante pobre en realidad. Su madre había muerto hacía varios años al igual que su padre dejándole a él y a su hermano João solo una pequeña cabaña rodeada por cultivos de tomates. João era mayor que él por dos años y él asistía a la Academia de Torres.
Antonio no sabía que su vida cambiaría para siempre cuando, a la mitad de sus prácticas de salto, llegó el mensajero real y habló con su maestro. El hombre de mediana edad llamó a su aprendiz y le dio una carta que provenía del palacio. El castaño de ojos verdes la miró con confusión. Quizás era una felicitación por haber participado en la gran Tetraguerra como peón, sin embargo, no era eso. Grande fue su sorpresa al ver que era un citatorio. El rey exigía su presencia en el Palacio Giallo.
Profundamente sorprendido, Antonio se bañó y se puso sus mejores ropas, o las mejores que tenía a pesar de su pobreza y se encaminó hacia el castillo que se encontraba en el centro del reino. Cuando llegó a la enorme reja de entrada, los guardias lo miraron con superioridad.
-Yo… ehm… tengo una cita con el rey…-murmuró el castaño y ambos hombres se miraron antes de soltarse a reír. Eso hizo enojar a Antonio profundamente
-¡Lárgate, campesino!-le espetó uno de ellos entre carcajadas pero ambos se quedaron mudos cuando el joven de ojos verdes les mostró la carta que había recibido pues ostentaba el sello real-Oh, lo sentimos… adelante…-las puertas de fierro doradas se abrieron con un suave rechinido y el castaño sonrió complacido.
Antonio entró al palacio, caminando por el jardín rumbo a la entrada principal que era una puerta de caoba negra con un intrincado diseño de metal dorado. El palacio era magnífico, construido con ladrillo negro, todos los detalles eran amarillos y dorados. La puerta principal se abrió también con un suave rechinido y un mayordomo le dio la bienvenida antes de ordenarle que lo siguiera.
Sus ojos esmeraldas recorrieron cada rincón del palacio. Era aún más hermoso y majestuoso por dentro que por fuera. Los largos pasillos parecían perderse en el interior del castillo mientras el mayordomo lo guiaba por el pasillo principal que era el más grande y el único que tenía una larga alfombra dorada que debía guiar a la habitación principal, la habitación de los tronos.
La puerta de la habitación principal era completamente dorada con detalles en metal negro y gemas preciosas incrustadas. El mayordomo abrió un poco la puerta para anunciar al visitante. Las manos de Antonio comenzaron a temblar y sudar suavemente pues la duda aún seguía ¿por qué lo había llamado el rey? Hasta donde sabía había pagado todos los impuestos en tiempo y forma por lo que no podían estar deteniéndolo. Quizás iban a quitarles sus tierras y desterrarlos. ¡Si João lo había metido en esa situación, pagaría!
El rey aceptó la visita y el mayordomo lo dejó entrar. No pudo evitar quedarse boquiabierto ante la magnificencia del lugar. La habitación de los tronos era un cuarto ricamente decorado, como el castillo, con paredes de ladrillo negro y muchos banderines amarillos. Una alfombra amarilla guiaba hasta la tarima donde se encontraban ambos tronos.
Eran de oro puro con gemas de todos colores incrustadas en el respaldo. El rey Lars lo miró fijamente al verlo entrar cosa que puso aún más nervioso al campesino. A su lado derecho, la reina Emma también lo observaba, solo que con interés. Antonio rápidamente caminó hacia la tarima de los reyes y puso una rodilla en el suelo como señal de sumisión.
-Levántate… -dijo el rey con un gesto- ¿Tu eres Antonio de la Academia de Alfiles?- el castaño asintió, algo inseguro de si podía hablar o no- Bien, te hemos llamado aquí para… ehm… ¿Emma, podrías decírselo? Después de todo fue tu idea.
-Claro-respondió ella con una encantadora sonrisa- Te hemos llamado porque deseo agradecerte por lo que hiciste por mí hace 2 meses en la Gran Tetraguerra. Fui muy descuidada en el momento de proteger a mi hermano que me puse en peligro y me salvaste. Gracias.
-Oh, no hay de qué, Alteza-se atrevió a decir con una leve sonrisa-Fui solo un peón pero me alegro que usted esté bien y goce de buena salud, aunque no todo el crédito es mío, mi hermano también me ayudó.
-Bueno, eso es todo, puede irte-cortó el rey con un gesto antes de que su hermana lo mirara de manera reprobatoria- ¿Qué ocurre? Solo querías agradecerle por salvarte la vida ¿o no? Pues ya lo hiciste y ya se puede ir.
-Eso no era lo único que quería hacer-dijo ella molesta deteniendo al castaño- He visto tu cartilla militar y me complace ver que eres el mejor alfil de la academia. ¿Por qué no has intentado volverte nuestro Alfil Real?
-Es que no había habido vacantes-respondió el joven de ojos verdes con una débil sonrisa hasta que la reina le dijo que uno de los Alfiles Reales estaba gravemente herido desde la Gran Tetraguerra y que posiblemente moriría-¿En verdad? Pobre hombre…
-Lo sé, él fue un gran soldado y hemos intentado hacer hasta lo imposible por él pero eso deja una vacante en nuestro ejército-dijo la joven con una suave sonrisa- Así que…
-¡No puedes estar hablando en serio, Emma!-saltó el rey entendiendo lo que su hermana iba a decir- ¡Él sigue siendo un estudiante! ¡No ha terminado la carrera militar!
-¡Me salvó la vida!-exclamó ella, mirando con enojo a su hermano antes de mirar al castaño. Se levantó de su trono y tomó la espada que descansaba detrás de los tronos para dársela a Lars- ¡Nómbralo nuestro Alfil Real!-el rey se quejó pero la chica no iba a renunciar a su idea
-Bien-gruñó molesto el monarca y se levantó. Antonio, muy emocionado, puso una rodilla en el suelo- Yo te nombro, Alfil Real-la espada tocó ambos hombros del chico con cierta saña
-Muchas felicidades-dijo la reina con una amplia sonrisa- Quiero que te mudes esta misma noche… ¡Oh! Y trae a tu hermano, tenemos una vacante como Torre así que también puede unirse pues imagino que él ya terminó la academia ¿no es así?
-Sí, muchísimas gracias, Alteza-dijo el castaño con una sonrisa resplandeciente que hizo sonrojar a la reina e irritó profundamente al rey. El ahora Alfil Real, salió corriendo del palacio gritando de alegría- ¡Es el mejor día de mi vida!
-Emma, no puedes estar haciendo eso-gruñó el rey cuando vio salir al castaño loco de felicidad- No puedes estar regalando puestos en el ejército así como así, recuerda que estás poniendo tu seguridad, y sobre todo, mi seguridad en manos de esa gente
-Lars-dijo la chica con una suave sonrisa mientras negaba lentamente- Ese chico salvó mi vida junto con su hermano aún arriesgando las suyas en el acto ¿qué otra prueba necesitas para saber que ambos nos defenderán con sus vidas?-sin embargo, el monarca no estaba muy convencido aún.
-Somos los más suertudos de todo el Reino Giallo-dijo João cuando su hermano terminó de contarle su reunión con el rey. Recogieron la poca ropa que tenían junto con algunas cosas personales y salieron de la cabaña- Voy a extrañar esta casa.
-No te preocupes, los abuelos la cuidarán bien-dijo Antonio con una suave sonrisa y ambos caminaron rumbo al palacio. Los guardias de la entrada reconocieron al castaño de ojos verdes y los dejaron pasar.
-No… puede… ser…-dijo el mayor de los hermanos. Sus ojos azules recorrieron todo el pasillo, con asombro. El menor puso los ojos en blanco, divertido- Es increíble- en ese momento llegó el mayordomo que los guió a cada uno a sus dormitorios- Dime que esto no es un sueño, Tonio…
-No es un sueño, hermano-dijo el joven de ojos verdes- bienvenido al primer día del resto de tu vida… o hasta que nos maten en batalla ¡jajaja!-el mayor lo golpeó con su saco de ropa antes de que el mayordomo les dijera que se cambiaran para que tomaran la cena con sus majestades y con el resto del ejército- Ahorita nos vemos…-y el menor entró a su habitación.
Antonio se quedó boquiabierto. La habitación de los alfiles era bastante amplia, con una hermosa chimenea, una pequeña sala, dos baños con tina y dos camas con dosel. Había dos closets llenos de ropa lujosa y dos mesitas de noche. La ventana ofrecía una hermosa vista del reino nocturno. El castaño guardó su ropa en el closet junto con lo demás y se dio un baño para vestirse con uno de los elegantes trajes amarillos con vivos en color negro antes de salir para encontrarse con su hermano.
-Me siento ridículo-le dijo João que traía un traje elegante por primera vez en su vida- además me pica la espalda y uno de los mayordomos me obligó a usar esto-el largo y usualmente rebelde cabello del mayor se encontraba atado con un hilo dorado
-Vamos, a mí también me incomodan los zapatos-repuso Antonio que nunca había ocupado zapatos tan finos- pero hay que acostumbrarnos porque así será el resto de nuestras vidas-el mayordomo los guió hasta el comedor.
-Con ustedes, Antonio, Alfil Real y João Torre Real-anunció el mayordomo y ambos entraron al comedor. La reina los saludó con una sonrisa, el rey con un gruñido de desdén y el resto simplemente hizo una pequeña reverencia, excepto un joven que a todas luces era el caballero del rey. Su cabello era castaño y un pequeño rulo se elevaba hacia el cielo. Sus ojos color olivo se entrecerraron.
-Vaya, nuevos bastardos, lo que me faltaba- gruñó Lovino cruzándose de brazos.
Espero que les haya gustado y gracias por sus comentarios
Chiara Polairix: Oh si, love is in the air! jajael amor será un relajo en todos los reinos xD
Piero217: Pienso seguir reino por reino desarrollando los problemas de cada uno :D
Gracias por leer y no olviden comentar
