Feliciano salió de su clase de historia con sus pergaminos en una carpeta de piel y se dirigió a la habitación de los tronos. La reina Elizaveta lo esperaba ahí mientras conversaba animadamente con su caballero. El caballero oficial de la reina era un joven alto de cabello castaño oscuro y ojos violetas. Poseía un pequeño mechón que se elevaba al cielo y un lunar en el mentón.
-Alteza, bienvenido-dijo Roderich haciendo una leve reverencia al rey quién se sentó en su trono y le dedicó una sonrisa.
-¿Te divertiste en tu clase, Feli?-preguntó la reina acariciando cariñosamente el cabello del menor.
-No, estuvo muy aburrida-comentó el castaño y sacó el pergamino con la flor que había dibujado-Ten, la pinté para ti.
-Oh gracias, Feli, es hermosa-comentó la joven mirando el dibujo. El rey siempre le daba detalles de ese tipo. A veces despertaba encontrando un ramo enorme de flores en la cama, cortadas por el mismo rey- ¿Qué hay hoy en la agenda?
-Hoy se eligen a las nuevas torres-dijo Roderich y ambos reyes asintieron.
En la gran Tetraguerra, el reino Lorem había perdido a sus 2 torres y dos caballeros. La elección de los caballeros se había llevado a cabo la semana anterior. Roderich había demostrado una gran habilidad en batalla con la espada y se había convertido en el caballero de la reina así como su consejero. Ahora se debía elegir a las Torres. Unas trompetas sonaron en los amplios jardines anunciando la llegada de la Academia de Torres. El rey suspiró y se levantó con un pequeño puchero.
-Se que no te gusta verlos pelear, Feli-dijo la castaña poniéndose de pie-pero necesitamos nuevas torres, es la ley-el joven monarca asintió sin quitar su puchero y ambos se dirigieron a los jardines para presenciar el torneo escoltados por los caballeros. Se sentaron en las gradas de un pequeño estadio y el pueblo, que ya se había reunido desde muy temprano, aplaudió calurosamente cuando vieron al monarca.
El pueblo de Lorem adoraba a Feliciano pues su personalidad amable lo volvía un excelente rey ya que siempre pensaba en los demás. No se había visto tal paz y prosperidad en Lorem desde los tiempos del rey Alaric. Muchos ya hablaban del monarca como "Feliciano, el bueno" en los libros de historia actual y las canciones que cantaban los juglares.
El castaño saludó a su pueblo con una amplia sonrisa antes de ver como entraban todos los graduados de la Academia de Torres. Eran 8, 4 hombres y 4 mujeres. El director de la academia se presentó con una reverencia y presentó a sus estudiantes por número para que comenzaran las contiendas. A diferencia del torneo del rey, este era un combate de fuerza y velocidad.
Se escogieron las batallas al azar y se llevarían dos simultáneamente en todo el estadio de tal manera que serían 7 combates en tres fases: iniciales, semifinales y la gran final. Los primeros dos combates empezaron con el sonar de las trompetas y los gritos de emoción de la gente.
Feliciano desviaba la mirada o cerraba los ojos cada vez que los competidos colisionaban. Las armaduras soltaban ruidos metálicos al chocar. Todos los ciudadanos alentaban a su favorito con vítores y gritos. La reina gritaba emocionada, alentando la violencia.
-Vamos ¡golpéalo más fuerte!-Elizaveta aplaudía emocionada ante la batalla.
-Alteza, debo recordarle que mantenga la compostura-murmuró Roderich apenado ante el espectáculo que estaba ofreciendo la reina.
-No me molestes ahora, por fin pasa algo interesante y quieres arruinarlo con tus consejos-comentó molesta- ¡Dale con tu espada! ¡Dale! ¡Muérdelo!
-La reina disfruta mucho del torneo ¿verdad?-dijo una voz calmada al lado del rey. Era uno de los alfiles, el joven de cabello negro había sido el consejero de Gilbert y ahora era el consejero de Feliciano. La reina le sonrió al recién llegado cuando terminó la primera fase del torneo.
-Kiku, gracias por venir-comentó el monarca con una amplia sonrisa, contento por poder distraerse de la sangrienta batalla que acababa de comenzar con la segunda fase del torneo-Sé que tampoco te gusta la violencia.
-Pero en este mundo es necesaria, majestad-comentó sabiamente el alfil mirando al castaño que hizo un puchero y suspiró. Uno de los combatientes se movía a gran velocidad pero su fuerza no se asemejaba a la de su enemigo.
-¡Vamos! ¡Alcánzalo y rómpele la cara!-gritó Elizaveta alzando el puño- ¡Rómpele un hueso!
-Compostura, Alteza-trató de recordarle su caballero sin éxito.
Finalmente la batalla terminó con un golpe fulminante por parte de uno de los combatientes. En cuanto el más bajo de los guerreros cayó al suelo, un grito de júbilo se alzó entre la multitud que incluso se levantó aplaudiendo al primer campeón que había pasado a la final. El segundo combate estaba más equilibrado, se notaba que eran dos chicas peleando. Ambas eran rápidas y bastante experimentadas, pero finalmente una cometió un error que le costó la batalla. La reina aplaudió emocionada a la segunda campeona que había llegado a la final.
-Ese fue un error muy básico-comentó la joven mirando a su caballero- Yo pude haber acabado con ella en menos tiempo.
-Lo sé, majestad-comentó el caballero poniendo los ojos en blanco- Por eso usted es la reina, porque es más hábil que todos nosotros.
-Adoro cuando me alabas de esa manera, Rode-comentó ella guiñándole el ojo haciendo que el moreno desviara la mirada con un suave sonrojo en sus mejillas.
La final comenzó con todo, entre los rugidos de emoción de los espectadores y los golpes de los campeones. Ellos eran lo mejor de lo mejor que ofrecía la Academia de Torres. El director estaba muy satisfecho con los resultados. Esa última batalla era algo innecesaria ya que ambos ya eran las Torres oficiales, pero se realizaba ya que el mejor de ambos debía ser la Torre del Rey.
La emoción en el estadio aumentó cuando el cansancio comenzó a mostrarse en los competidores. Esa era la prueba más difícil pues la gran Tetraguerra había durado mucho tiempo y lo que había determinado la supervivencia de muchos miembros de los ejércitos había sido su capacidad para resistir el cansancio y el dolor.
Finalmente la joven cayó al suelo y su contrincante la sometió dejándola sin otra opción más que rendirse. El público enloqueció y la misma reina se puso de pie agitando el puño y aplaudiendo enérgicamente al ganador del torneo.
Feliciano suspiró. Era el momento de ser el rey nuevamente por lo que levantó la mano para callar a la multitud. El ruido se fue apagando poco a poco. Los dos campeones hicieron una reverencia cuando el joven monarca se levantó.
-Muy bien hecho-comentó con una débil sonrisa- Quítense el yelmo y digan su nombre al pueblo que defenderán como nuevas torres…
La joven se quitó el yelmo primero. Era una chica de cabello oscuro y piel morena con ojos color chocolate. Todos aplaudieron incluyendo a la reina que estaba contenta de tener a una chica en el ejército real. Entonces el campeón se quitó el yelmo. Era un joven de cabello rubio y ojos azules. Eran Diana y Ludwig.
-Bien, tendremos el banquete real en la noche, prepárense para mudarse al palacio-comentó la reina y todos comenzaron a salir del estadio- Ahora tenemos un poco de tiempo para relajarnos… ¡Me encantan los torneos!
-No me gusta la violencia-murmuró el menor y la reina lo miró con cariño antes de abrazarlo- Ya sé, ya sé, es necesaria en este mundo, pero vamos, ¿no podemos comer pasta y ser felices sin guerra?
-Me temo que no…-dijo Eli suspirando cuando el caballero se dirigió a su ala al igual que el alfil. Los reyes entraron en la habitación real donde tenían dos camas de dosel individuales con colchas y cortinas azules- Bueno, me meteré a bañar para estar lista para el banquete ¿ok?-Feliciano asintió y la joven depositó un beso en su frente antes de entrar al baño.
El rey se quitó la corona y la dejó sobre su cama antes de acercarse a la ventana. Estaba comenzando a anochecer y el cielo estaba teñido de unos tonos rojos y rosas que lo hicieron desear tener sus pinceles y pinturas para inmortalizar el momento. No entendía, el mundo era tan hermoso, ¿por qué tenían que pelear?
Las trompetas anunciaron la primera llamada para el banquete real. Elizaveta corría de un lado al otro en la habitación real terminando de arreglarse. Feliciano la observaba con una sonrisa divertida mientras peinaba su cabello antes de ponerse su corona, aún recordaba el recelo de la chica a usar vestidos, peinarse y maquillarse cuando recién la nombraron reina.
-Tienes que ponerte el vestido-gruñó Gilbert agitando la vaporosa prenda azul con negro frente a ella. La joven retrocedió diciendo que sobre su cadáver se lo pondría-¡Tienes que protegerme, no te puedes morir así que póntelo!
-¡No quiero y no lo haré!-ella se cruzó de brazos pero terminó cediendo. El albino disfrutó verla completamente sonrojada el primer día de su presentación real como Rey y Reina de Lorem- Vuelve a reírte y te mato… hablo en serio.
Pero ahora ya estaba acostumbrada y dejaba que sus doncellas peinaran sus hermosos cabellos castaños y la maquillaran. Elizaveta era una joven muy hermosa, pero Feliciano la veía solo como su amiga y compañera. Cuando ella terminó, ambos salieron, tomados de la mano al comedor real donde se llevaría a cabo el banquete.
-Con ustedes, las nuevas Torres de Lorem: Diana y Ludwig-anunció el mayordomo y ambos entraron vistiendo sus mejores ropas. El resto del ejército aplaudió. La joven se veía hermosa, pero los ojos castaños del rey se fijaron en una sola persona. Su corazón latió desbocado cuando sus miradas se encontraron. El rubio hizo una reverencia ante el monarca que estaba congelado- Bienvenido Ludwig…
Gracias por leer y por sus comentarios.
Chiara: Jaja ya se! Lovino es épico xD
Piero: Topeguay! Jajaja! gracias por tu comentario
Como pueden ver, iré desarrollando las historias de cada uno de los reinos por separado, si habrá capítulos en los que se encuentren los cuatro reinos pues dos tienen nuevos reyes (Lorem y Rouge) y necesitan ser presentados en sociedad jeje. Este fic va para largo así que ponganse cómodos y disfruten los enredos amorosos de los cuatro reinos.
Espero que les haya gustado y no olviden comentar.
