Capítulo 14

Disclaimer: Love Live! Pertenece a su creadora Sakurako Kimino y a ASCII media works junto con Sunrise.

NdelA: ¡Eh capítulo nuevo! Antes que nada les debo una disculpa por la tardanza. Realmente estaba cómoda con las actualizaciones cada 5 días, había estado escribiendo a ese ritmo y me lo podía permitir. Tengo un pequeño TOC que no me deja publicar más de lo que escribo (lo que ya tengo acumulado) y por lo tanto vamos a ritmo real aunque tenga algunos capítulos de reserva. Trataré de actualizar por lo menos una vez a la semana, tanto Max Bigotes como yo andamos a tope con las historias pero simplemente el día se queda corto. Lo siento por eso.

Muchas gracias por los reviews, todos me ayudan mucho a mejorar o a saber las deficiencias. Se que hay partes que están mal escritas, como dije al principio es mi primera historia y aunque tengo una excelente asesora, a veces me cuesta trabajo expresarme correctamente.

Mag Max Kuv Bigotes: Lamento la tardanza en la edición, he tenido mucho trabajo en el trabajo XD y no me ha dejado ni escribir mis propias historias. Por cierto ya me decidí, acabando un deber de familia retomó Wildo hasta acabar. Más que nada porque ya tengo la continuación y no quiero dejarla ir.

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You salió muy temprano de casa el sábado por la mañana, pues no estaba dispuesta a que Riko la volviera a ignorar como el día anterior. Estaba haciendo todo lo posible por arreglar las cosas con su novia, pero la incertidumbre de no saber qué es lo que pasaba empezaba a mermar su buena voluntad.

El día anterior acompañó a Riko a su clase de piano, apesar de la reticencia de ella para aceptar su compañía, en el camino prácticamente no hablaron nada pero You se lo permitió para que se pudiera concentrar en su clase y no llegará alterada a ella. La esperó las casi dos horas que demoraba en eso pero a la salida, Riko continuó ignorandola, terminando de agotar su paciencia.

Después de una pequeña discusión que tuvieron, Riko acordó hablar con ella a la mañana siguiente, le pidió una noche para ordenar sus ideas y a You no le quedó más remedio que concederla pues quería arreglar lo que fuera que estaba mal entre ellas.

Es por eso que estaba tan ansiosa, conocía a Riko y cuando tenía episodios así, las cosas se ponían feas para ambas. De cualquier manera llegó temprano a su casa, incluso antes de la hora acordada, no permitiría que se le escapara de ningún modo. Esto debían arreglarlo ya.

Cuando llegó Riko estaba ayudando a su mamá a preparar el desayuno y muy amablemente invitaron a You a unirseles. Los padres de Riko conocían los gustos de su hija y aunque al principio no aceptaban del todo su relación, terminaron amando el carácter tan llevadero de You. Ahora cada que la chica visitaba la casa Sakurauchi, sus suegros la invitaban a quedarse fuera la hora que fuera.

En esta ocasión el padre de Riko le pidió que lo ayudara con algunas dudas que tenía sobre la navegación. Cuando estuvo lista la comida, todos desayunaron juntos en medio de un ambiente bastante tranquilo y llevadero, al parecer lo que fuera que le pasara a Riko, no se lo había comunicado a sus padres.

Pidieron permiso para salir un rato al parque, el cual fue concedido sin demoras. Ambas chicas salieron de la casa con algo de ansiedad y al quedarse completamente solas fue cuando el ambiente se volvió a tornar extraño entre ellas regresando a la incomodidad de los últimos días.

—Riko-chan, ¿ya me vas a decir qué es lo que está pasando? —cuestionó You sentándose en uno de los columpios del parque.

Riko se sentó a su lado y aunque se estaba resistiendo lo más que pudo, era mejor que le dijera a You y supiera la verdad de una vez por todas. Su más grande temor era que You le confirmara que efectivamente pasaba algo entre ella y Mari y eso no lo iba a poder soportar.

—Yo las vi —dijo finalmente Riko sacando la gran carga que había llevado a cuestas por casi una semana.

—¿A quienes? —preguntó You ignorante completamente de la situación.

—A ti y a O'hara-san —respondió Riko dejando confundida a You.

—Nos ves todos los días Riko-chan —You trató de hacer una broma para aligerar el ambiente entre ellas aunque aún no sabía a qué se refería Riko.

—Si, pero las ví el día que estaban haciendo "cosas extrañas" en una cafetería —dijo Riko con amargura en la voz y con la molestia reflejada en su rostro.

—Umm —You entendía que esto eran los celos de Riko-chan manifestándose—, yo no he hecho ni haré "cosas extrañas" con Mari-chan —aclaró—, lo que sí recuerdo es que el lunes te avisé que trabajaríamos en el proyecto de literatura y eso hicimos, fuimos a un café para trabajar.

—¿Y tu salida al café incluía que estuvieras encima de O'hara-san —Riko empezaba a sulfurarse cada vez más— literalmente?

—Por supuesto que no Riko-chan, eso no pasó —negó You comenzando también a desesperar.

—Si, si pasó —recalcó Riko—, no te atrevas a negarlo porque yo las ví, iba saliendo de mi clase de piano cuando las vi en ese café y estabas encima de ella, ni siquiera era que ella estuviera sobre ti. ¡Eras tú sobre ella!

Ahora que Riko lo decía, todo regresó a la mente de You, incluída la razón por la cual Riko la había visto en tan comprometedora posición, lo malo es que ahora tendría que explicarle todo a Riko quien no se quedaría tranquila hasta que todo estuviera claro sobre lo que había pasado.

—Si, si pasó lo que viste —dijo You con derrota en la voz—, pero no es lo que te imaginas, permíteme explicarte —dio un suspiro antes de empezar—, Mari-chan y yo estábamos trabajando, accidentalmente mi bolsa se cayó al suelo y una libreta salió de ella, Mari-chan la tomó y empezó a revisarla sin que me diera cuenta, después me empezó a molestar con el contenido de la libreta —You ya se había puesto roja pues se acercaba el momento en el que tendría que revelarle a su novia su fetiche que había mantenido oculto—, cuando tú nos viste, es por qué trataba de quitársela de las manos y como Mari es más alta que yo, la tarea no fue nada fácil.

Riko escuchaba atenta a su relato pero aún no quedaba satisfecha con la explicación, le parecía inverosímil su excusa.

—¿Qué había en la libreta? —preguntó aún sin creerle.

You se rascó la cabeza tratando de encontrar una salida a su predicamento, pero no había de otra, tenía que ser honesta.

—Era mi libreta de dibujo —respondió You en voz baja.

—No sabía que tuvieras una libreta de dibujo —dijo Riko con sorpresa—, sé que te gusta dibujar y lo hacer muy bonito pero no me habías enseñado algo así antes, ¿por qué no querías que O'hara-san la viera? —quiso saber más pues aún no estaba satisfecha.

—Bueno, tú sabes que me gustan mucho los uniformes —empezó su explicación—, y... —titubeó—, la fuente de mi inspiración siempre es —suspiró derrotada de tener que decir la última parte—, siempre eres tu Riko-chan.

—¿Entonces? —la explicación de You no había sido muy clara.

—Pues en mi libreta básicamente estás tú —dijo tapándose la cara tratando de disimular la vergüenza—, con muchos uniformes.

—¿Eh? —Riko no asimilaba lo que acababa de decir You quien se había puesto roja hasta las orejas contrastando con sus ojos azules y su cabello cenizo— ¡Ehhhhh!

—Es por eso que no quería que Mari-chan lo viera, es algo privado —concluyó You aun cubriéndose la cara evitando ver a Riko.

—Pero… pero… —Riko no sabía qué decir—, ¿por qué nunca me los has mostrado?

—Porque es vergonzoso —respondió You ahora mirando el suelo.

—¿Tú me dibujas a mi? —la cara de Riko era una mezcla entre asombro, algo de vergüenza y curiosidad—. ¡Quiero ver tus dibujos!

—¡Wa! ¡No por favor! —suplicó You pegando sus manos en súplica—. Me da mucha pena Riko-chan.

—Pero O'hara-san ya los vió —apeló Riko enojada pues como era posible que algo como eso lo hubiera visto alguien más que no era ella.

—No porque yo se los mostrara —se defendió You.

—¡Quiero verlos Watanabe You! —exigió Riko cruzándose de brazos haciéndole un ultimátum.

—Pero es que... —trató de negarse pero sabía que sería inútil—, ahora no los traigo —exclamó You ya con la batalla casi perdida.

—Entonces me los muestras en la escuela —pidió Riko sin darle lugar a escapatoria.

—Y si te los muestro, ¿te quedarás tranquila? —preguntó You, viendo una salida a todo el lío que había armado.

—Umm —cabiló Riko—, no confío en O'hara-san , pero...

El timbre del teléfono de You las interrumpió no dejando que Riko terminara de decidirse. You contestó al ver el número de su sensei en la pantalla, que mostró a Riko para que le permitiera contestar pues si le llamaba era por algún tipo de emergencia.

—¿Hola? Kanan-sensei —contestó You extrañada.

—You-chan tengo que contarte algo pero es algo delicado, ¿puedo contar con tu discreción? —preguntó Kanan en un tono de voz bastante más serio que el que usaba habitualmente yendo al grano.

—Si claro sensei —respondió You inmediatamente cuadrandose en posición de firmes y saludando con la mano como si Kanan estuviera allí.

Kanan le contó todo lo que había pasado con Mari, el accidente en la alberca y que había permanecido en el hospital, finalmente le dijo que probablemente hoy ya estuviera en casa y que le gustaría que ella se diera una vuelta para ver si todo estaba bien con Mari.

—Sensei debió informarme antes de ésto, pude ir al hospital a verla desde ayer —dijo You con seriedad alarmando a Riko quien ya tenía urgencia por saber qué había pasado sobre todo después de oír algo sobre un accidente y el hospital.

You concluyó la llamada prometiendo que le informaría cualquier eventualidad que encontrará con Mari y en cuanto colgó el teléfono fue abordada por Riko que quería saber ya que había sucedido.

—¿Qué pasó? —preguntó muy preocupada su novia aunque también algo recelosa.

—Mari-chan —dijo You con preocupación—, ayer después del entrenamiento, ella se estaba ahogando y terminó en el hospital.

Riko se llevó las manos a la cara cubriendo su boca sorprendida por esa noticia tan horrible.

—Pero, ¿ella está bien? —cuestionó con angustia olvidando un poco su enojo anterior.

—Parece que sí, Kanan-sensei quiere que la vayamos a ver, parece que hoy saldría del hospital pero no está segura —respondió You tomando a Riko de la mano—. ¿Estás bien? —la reacción de Riko aún era de preocupación y angustia cosa que la tomaba por sorpresa pues apenas unos minutos atrás sentía una especie de repulsión por la chica.

—Soy una persona horrible —dijo Riko al borde del llanto dándose cuenta de algo.

—No, no lo eres Riko-chan pero, ¿por qué lo dices?

—Ayer algo le pasó a O'hara-san en la carrera —dijo entre hipidos—, iba nadando bien y de repente se detuvo, yo pensé que lo había hecho por molestar al equipo, para hacernos perder y al término de la carrera le fui a reclamar, puede ser que esa fuera la razón por la que regresó a nadar —la cara de Riko mantenía reflejado el horror que sentía consigo misma por haberle dicho esas cosas a Mari.

—No fue tu culpa Riko-chan, estoy segura que fue un accidente —You se acercó a su novia, le dió un beso suave en los labios y la envolvió entre sus brazos—. Voy a llamarle y vamos a visitarla, ¿te parece bien?

Riko solo asintió permaneciendo comoda entre los brazos de You aunque no estaba tan segura de que debiera ir a ver a Mari, solo que su novia estaba decidida y ella le debía una disculpa a la chica.

You marcó al número celular de Mari y después de algunos intentos la rubia respondió su llamada. Le informó que ya iba de camino a casa y que todo está bien, no había necesidad de preocuparse pero You insistió en ir a visitarla y a Mari no le quedó más remedio que darle la dirección de su casa o más bien de su hotel. You le aseguró que llegarían en un par de horas una vez consiguieran pasar en el ferry.

—¿You-chan estás segura que está bien que vaya? —consultó Riko aún mortificada—. He sido una persona horrible con ella.

—Tú vienes conmigo, Mari-chan no es mala y parecía de buen humor ahora que hablamos, estoy segura que se alegrará de vernos —finalizó You la discusión jalando a su novia para ir a ver a su amiga.

~•~

Kanan pasó la mañana tratando de conciliar el sueño, con algo de dificultad logró dormir unas horas, no las suficientes para reponer su deuda pero al menos lo necesario para terminar el día. Se despertó cuando escuchó su teléfono sonando y recordó que estaba esperando la llamada de You.

—Hola —respondió Kanan algo adormilada obligándose a terminar de despertar.

—¿Sensei? ¿Esta bien? Se escucha algo cansada —preguntó You al oír su voz somnolienta.

—Si no te preocupes, solo estaba tomando una siesta —explicó la profesora—, dime, ¿hablaste con Mari-san?

—Oh sí sensei, venimos de verla —dijo You con entusiasmo—, ella está muy bien, la dejaron salir por la mañana del hospital y solo le pidieron reposar el fin de semana, yo creo que el lunes estará lista para que entrenemos como habíamos planeado por el resto de la semana.

—Em si bueno —dudó Kanan—, ya veremos eso el lunes, ¿notaste algo raro en su comportamiento?

—Nada raro —respondió You con sinceridad— sólo que sí me preguntó por usted pero le dije que tuvo algunas cosas que hacer y por eso me pidió que la fuera a ver.

—Esta bien You-chan, muchas gracias por el favor, disfruta el resto de tu fin de semana —se despidió Kanan—, saludame a Riko-san y por favor pórtense bien, no quiero mas calambres de otras índoles.

—¡No empiece sensei! —le reclamó por sus ganas de molestarla—. La veré el lunes y no se preocupe, no cansaré a Riko-chan —dijo con una sonrisa siguiéndole el juego—, no demasiado al menos.

Kanan se sentía mejor ahora que sabía que Mari estaba bien y en casa. Sólo que las ganas de verla no habían disminuido ni un poco como esperaba una vez recibiera la llamada de You. Su mente seguía estancada con la imagen del prometido de Mari.

Por más que quería seguir negando la atracción que su joven alumna despertaba en ella, era cada día más difícil, la estocada fue enterarse del compromiso de la joven. Probablemente de no ser así ella podría seguir cerca de Mari, ayudarla a cumplir sus sueños y dejar que las cosas siguieran su curso. No había indicios claros de que la chica tuviera interés en ella de esa manera o en alguna mujer para ser honestos, pero los constantes coqueteos disfrazados de bromas empezaban a despertar sus sospechas.

Pero ahora nada de eso importaba, su trabajo era guiar a Mari y eso es lo que iba a hacer, dejando sus sentimientos de lado y haciendo lo correcto para todos y si eso incluía dejarla fuera de las competencias para que ella pudiera atender sus asuntos, lo haría asumiendo todas las consecuencias de sus actos.

Kanan preparo algo rápido para comer y después se enfrascó en todo el trabajo atrasado que había estado posponiendo, de esa manera podría mantener su cerebro ocupado y dejar de pensar en lo que la estaba atormentando.

Terminó de revisar la papelería del negocio pasada la medianoche, estaba fulminada mentalmente y en cuanto su cabeza tocó la cama, cayó presa del cansancio. Durmió profundo pero lejos de ser una noche tranquila, tuvo una serie de sueños que la dejaron muy perturbada.

Su sueño empezó con ella, regresando de la dirección como el día del accidente, no era un día soleado, al contrario habían nubes de tormenta en el cielo, era prácticamente la misma escena en la que sacó a Mari del agua sólo que a diferencia de ésta, cuando Kanan estaba a punto de alcanzarla, el cuerpo de Mari se empezó a hundir rápidamente y, a pesar de nadar con todas sus fuerzas, no lograba recortar la distancia entre ellas. Su desesperación se incrementó cuando vió que Mari perdía su color y de la nada la escena cambió.

Se encontraban fuera del agua, el cuerpo inerte de Mari en los brazos de su prometido, el hombre se acercó a besarla y como si de un cuento se tratara, el beso le devolvió la vida a la rubia. Cuando Mari despertó estaba tan feliz que se colgó del cuello de su apuesto prometido cual príncipe en brillante armadura.

Kanan quiso acercarse a ellos, pero del suelo salieron cadenas que sujetaron todas sus extremidades impidiéndole seguir adelante. La voz no salía cuando quiso pedir ayuda y la desesperación estaba llegando a su límite, Mari se dio cuenta de lo que estaba pasando y se acercó a ella, pero en cuanto estuvo parada frente a Kanan su mirada se transformó, se llenó de rabia y de esa manera la empujó para que cayera al agua. Quería nadar pero las cadenas la mantenían sujeta, no había forma de salir, el oxígeno de sus pulmones se agotaba, miraba hacia la superficie y alcanzaba a ver la figura borrosa de Mari besando a su prometido.

Despertó del sueño muy exaltada, bañada en sudor, con la respiración entrecortada y su corazón latiendo a toda velocidad como si acabara de correr por kilómetros. Le tomó unos segundos acostumbrarse a la claridad de la habitación y darse cuenta que todo se trataba de un sueño.

A pesar de que sintió que no había descansado tanto, su reloj indicaba que eran pasadas las 11 de la mañana del domingo. Un horario sumamente inusual para ella que acostumbraba despertar temprano. Tomó un baño largo para ayudar a relajarse y se dispuso a preparar su desayuno, más bien merienda. El sueño rondaba en su mente una y otra vez, se convenció que todo había sido producto del cansancio y que no tenía nada que ver que sintiera el corazón roto de alguna forma.

Después de desayunar y lavar los trastes, terminó de llenar la lista que entregaría a la directora a la mañana siguiente, excluyó el nombre de O'hara Mari y la incluyó en una lista aparte de atletas lesionados para justificar su ausencia en la carrera y dejo la hoja frente a ella en la mesa aún convenciendose de que era lo mejor.

El timbre de la puerta sonó tomándola por sorpresa, no es que recibiera visitas frecuentes, por lo general era Dia quien la visitaba, pero dado su "ocupado" fin de semana, dudaba que fuera a tener tiempo de visitarla.

El timbre volvió a sonar, para su asombro era O'hara Mari la que se encontraba del otro lado de la puerta cuando fue a ver de quién se trataba.

—Buenos días sensei —dijo Mari en cuanto Kanan abrió la puerta.

—Buenos días Mari-san —respondió Kanan aún con extrañeza reflejada en el rostro—, ¿quieres pasar?

—Si claro — Mari entró a la casa y Kanan la guió hasta la sala—. Es una bonita casa —dijo sentándose sobre uno de los cojines del suelo.

—No preguntaré quién te dijo dónde vivo porque es evidente la respuesta —espetó Kanan con seriedad sentándose frente a ella—, pero, ¿qué haces aquí?

—Go easy on her! —respondió Mari con una gran sonrisa—, digamos que la engañe un poco para que me dijera su dirección sensei —dijo juguetonamente—. Vine porque quería verla —la voz de Mari adquirió un tono de tristeza—, ayer se fue sin decir nada, pensé que algo pudo haber ocurrido.

—Todo está bien —mintió Kanan—, solo tuve un pequeño inconveniente y me tuve que retirar, es todo.

—¿Sin despedirse? —preguntó Mari con resentimiento—. Creí entender que no me dejaría sola, dígame realmente, ¿por qué se fue?

Kanan se sentía incómoda ante el escrutinio de Mari y optó por ser honesta con ella, no tenía caso mentirle pues eso sólo la delataría más.

—No me dijiste que tenías un prometido —dijo Kanan finalmente con algo de resentimiento que no pudo evitar.

—Sí, me dijo que la encontró fuera de la habitación —la cara de Mari mostraba preocupación—. ¿Le hizo algo? —preguntó con temor a la respuesta.

—¿Qué? —contestó Kanan descolocada—. No no, él sólo habló de ti Mari-san, está preocupado por tu salud.

—Así que jugó la carta del novio preocupado —dijo Mari más para sí misma que para Kanan que no entendió a qué se refería.

—¿Por qué no me dijiste que estabas comprometida? —inquirió Kanan dejando que sus sentimientos salieran a la superficie.

Mari no sabía qué contestar, sí, estaba comprometida, eso no lo podía negar, pero sólo vivía para encontrar una manera de librarse de ese estúpido compromiso, cómo le podría explicar eso a Kanan.

—Porque es algo temporal que pienso arreglar antes de que se lleve a cabo —respondió Mari con la mayor sinceridad que pudo.

—Un compromiso no es algo que puedas romper en cualquier momento —replicó Kanan con seriedad—, la palabra de tu padre está empeñada y si la rompes lo dejarias en vergüenza.

—Es mucho menos de lo que él me debe a mi —dijo Mari con rencor—, mi padre no me preocupa, él tiene sus propios demonios de los que ocuparse —estiró su mano por arriba de la mesa para tomar la de Kanan quien dio un pequeño salto cuando sintió el contacto—, no me deje sola, su apoyo es lo que me mantiene a flote —suplicó poniéndose prácticamente en sus manos.

—No digas esas cosas Mari-san —Kanan recogió su mano sin saber cómo actuar correctamente—, tú tienes un novio que se preocupa por ti y un padre que te quiere aunque no tenga los mejores modos para demostrarlo, yo sólo soy tu entrenadora —dijo esto último con tristeza.

—Usted es la única que ha creído en mí en mucho tiempo —se sinceró Mari—, y gracias a todo el esfuerzo que ha hecho conmigo es que ahora tengo ganas de luchar por algo.

Tanta sinceridad ponía nerviosa a Kanan, su instinto le pedía a gritos que se dejara llevar y que dejara fluir lo que fuera que pasara entre ellas pero la voz en su cabeza que hablaba de la responsabilidad le decía que no podía y al final ésta habló más fuerte que su corazón.

—¿Quieres un té? —Kanan trató de desviar el tema de conversación levantándose y de pronto para ir a la cocina saliendo de la habitación.

—Si está bien —Mari se puso de pie con la intención de seguirla hacia la cocina sólo que se distrajo cuando vio unas hojas sobre la mesa en las que al parecer Kanan estaba trabajando.

Le llamó la atención ver su propio nombre bajo la leyenda de "atletas lesionados". Revisó ambas listas y su mente ató los cabos inmediatamente dándose una idea de dónde había salido todo aquello.

—Sensei —habló tratando de calmarse aunque estaba por perder los estribos—, ¿me puede decir qué significa ésto?

Kanan salió de la cocina al oír el reclamo para encontrarse a Mari casi temblando del coraje sosteniendo unas hojas entre sus manos, las listas del equipo de natación. Trago saliva viendo que había sido descubierta.

—Oh, eso —se llevó una mano a la nuca nerviosa.

Ahora es cuando Kanan estaba más que arrepentida de no haber escuchado los consejos de Dia al ver el rostro de su alumna, podía leer el enojo en ella.

—¡En esta lista dice que no soy apta para competir! —exclamó con rabia—. Pero usted bien sabe que no tengo ningún problema de salud, los médicos dijeron que podía seguir mi entrenamiento normal, explíqueme qué está pasando, ¿por qué me excluye?

—Mari-san cálmate —trató de mediar Kanan—, déjame explicarte.

—¿Es por lo que le dijo ese cabrón verdad? —Mari había perdido total compostura, Kanan jamás la había visto tan enojada antes.

—Hablamos un poco y llegamos a la conclusión de que necesitabas un respiro —explicó Kanan sabiendo que de nada serviría decir sus razones, el daño ya estaba hecho.

—¿Llegamos? —espetó Mari—. ¡¿Pero quién se cree usted para tomar decisiones en mi vida?! —Mari hablaba prácticamente gritando y su voz temblaba tratando de no explotar—. Suficiente tengo con el inútil de mi padre y el hijo de puta de mi prometido para que usted también venga a tomar decisiones sin mi consentimiento —las lágrimas empezaron a escapar de los ojos de Mari—. ¡Yo confíe en usted y esto es lo que hizo con esa confianza! —la chica arrugó las hojas de papel tirándoselas a la cara a Kanan—. Debí saber que era igual que todos, que solo me creen un objeto del cual pueden disponer a placer.

—Mari-san no, no es así, por favor déjame explicarte —las piernas de Kanan empezaban a temblar, sintió temor del daño que había causado, intentó acercarse a la chica pero Mari la empujó y salió corriendo hacia la puerta.

Cuando Kanan reaccionó ya era demasiado tarde, Mari había salido corriendo a toda velocidad y no pudo ver hacia donde se había dirigido, aunque tampoco hizo el intento de ir a buscarla, no se sentía bien de hacerlo.

Un hueco se había alojado en su estómago, sentía náuseas de lo que acababa de suceder, destrozó en unos segundos todo el avance que había tenido con su frágil alumna, la chica la apreciaba, la quería cerca de ella y gracias a sus sentimientos egoístas y su estupidez la había traicionado.

Fue a visitar a su padre esa tarde pero no pudo disfrutarlo como hubiera querido, todos sus pensamientos regresaban al mismo lugar, a la misma plática, a la cara de Mari desencajada, a la voz de la rubia quebrada, a ese llanto del cual ella fue culpable.

No quiso decir nada a su padre para no preocuparlo pero tampoco lo pudo engañar, simplemente explicó a medias y le pidió que no preguntara más. Su padre que ya la conocía dejó que la chica tomara su espacio para pensar, más adelante ella misma seguramente le iría a contar que estaba sucediendo.

Kanan quiso correr con Día pero recordó que su amiga estaba seguramente muy ocupada con sus propios problemas para prestarle atención en ese momento y no le quedó de otra más que quedarse consigo misma y con los pensamientos que la acechaban.

Dentro de las mil vueltas que le dio al asunto, saltó a la vista que había algo mal en la relación de Mari con su prometido, lejos de amarlo o siquiera gustarle un poco, Mari parecía aborrecerlo, para expresarse tan mal de él es porque debió hacerle algo muy malo. La idea de que él fuera la causa de las lágrimas de Mari aquel día que la encontró en la playa le hacía sentir desesperación, quería saber más pero había arruinado toda posibilidad de averiguarlo.

La única cosa en su mente era buscar la forma de que Mari la perdonara o al menos le diera otra oportunidad, pero no sería tan fácil, tendría que hacer algo para redimirse. Se durmio pensando en las formas de resarcir su error.

A la mañana siguiente se despertó con las energías renovadas, tenía poco tiempo para enmendar las cosas, la competencia sólo estaba a una semana de distancia y debía apresurarse. Escribió una nueva lista que entregaría a la directora, la cual definitivamente incluiría a Mari como parte de su equipo.

Pensó que podría hablar con Mari en el entrenamiento matutino, pero como era de esperarse fue la única integrante del equipo ausente. La noticia de su accidente se extendió entre todas las chicas pero Kanan les aseguró que la rubia se encontraba bien, que probablemente estaba tomando las cosas con calma. Esperaba que Mari se presentará al entrenamiento de manera normal pero tomó sus precauciones para asegurarse de ello.

—You-san, ¿puedo pedirte un favor? —preguntó Kanan separando a la chica de sus compañeras.

—Ya me debe muchos favores sensei —bromeó You riéndose.

—Bueno es que prestarte mi bote no se paga con un pequeño favor —le devolvió Kanan para justificarse.

—Bueno, en eso tiene razón, es un buen bote —aseguró You aún entre risas—, dígame sensei, ¿qué necesita?

—Necesito que te asegures que Mari-san llegué al entrenamiento de la tarde —explicó Kanan pausadamente para que You entendiera lo que tenía que hacer.

—¿Por qué no vendría Mari-chan al entrenamiento? ¡Ella está tan emocionada como yo! —exclamó You con su entusiasmo habitual.

—Tú sólo encárgate de que ella llegue —minimizó Kanan para no tener que dar muchos detalles—, puedes valerte de cualquier medio, ella tiene que llegar en la tarde.

—¡Yousoro! —hizo su saludo militar—. Aunque, bueno, no la entiendo sensei, pero yo traeré a Mari-chan a como dé lugar, puede confiar en mi.

—Gracias You-san —acarició su cabeza cual cachorrito como premio.

~•~

Quedarse dormida llorando no hace que despiertes mejor en la mañana y a O'hara Mari le tocó experimentarlo. Después de su incidente con Kanan llegó a su habitación en donde se encerró prácticamente todo el día. No permitió que nadie entrara ni para llevarle alimento. Estaba cansada, triste, decepcionada y una parte de su corazón se sentía traicionado.

Estuvo llorando por ratos hasta que el cansancio la venció. Se despertó el lunes muy temprano, era aún la madrugada, pero no logró conciliar más el sueño. Para su fortuna, su acosador personal no estaba en el hotel, había salido por lo menos por una semana, lo que la dejaría respirar en paz por unos días.

De cualquier forma no tenía absolutamente nada de ganas de asistir a la escuela, sin embargo su padre había llegado el día anterior y estaba sobre ella, o al menos lo intentó, tratando de saber que le había sucedido. Mari no dio explicaciones y sólo le dijo que eran cosas de chicas, que la dejara en paz y que estaba bien. El padre de Mari quien no es muy quisquilloso estuvo satisfecho con la explicación y no la siguió hostigando para no fastidiar a su complicada hija.

La hora en que acostumbraba irse al entrenamiento llegó pero Mari decidió saltarlo. No tenía caso seguir desgastandose si de cualquier forma no le permitirían participar en la competencia. Por lo cual se fue un poco más tarde para llegar directamente al salón y evitar preguntas incómodas por parte de sus compañeras, quienes ya deberían estar enteradas de todo lo que había pasado.

Llegó solo unos minutos antes que iniciaran las clases, todas estaban ya en sus lugares cuando ella entró al salón y aunque algunas le dirigieron miradas curiosas, sólo escuchó algunos cuchicheos antes que entrara Dia para dar la clase de literatura.

"¿Cómo pude confiar en ella?" El pensamiento la atormentaba una y otra vez. ¿Kanan era como las otras personas que le habían dañado? Una parte de ella se resistía a creerlo, había sido buena con ella pero más que nada le había brindado seguridad cuando todo el mundo la daba como un caso perdido. Fue gracias a Kanan que pudo sentirse como ella misma nuevamente.

Mari nunca había cuestionado su sexualidad, pues desde muy joven sabía que tenía un especial gusto por las féminas y no tuvo reparos en mostrarlo cuando tuvo la oportunidad. Especialmente cuando estuvo fuera de Japón pues la mentalidad es más liberal, lamentablemente cuando su padre se enteró, la noticia no fue bien recibida y fue lo primero que el viejo O'hara quiso cortar.

Debido a eso, Mari se encerró dentro de sí misma para evitar tener sentimientos por otra persona de nuevo, pero sin que se diera cuenta, Kanan se fue colando poco a poco en sus pensamientos y ahora la sentía dentro de su corazón. Era obvio para Mari que no le era indiferente a Kanan, pero también entendía los obstáculos que estaban frente a ellas, sin embargo albergaba la esperanza de que cuando saliera de la preparatoria y se librará por fin de su compromiso, podría buscarla para intentar eso que su corazón le pedía desesperadamente.

Pero ahora todo era confuso. En parte pensaba que estaba siendo demasiado extremista en su comportamiento, pero otra parte de ella le decía que tenía que cortar todos los lazos con su profesora para que no fuera capaz de causar mayor daño si un episodio igual se volvía a repetir.

—¿O'hara-san? —escuchó a lo lejos que alguien la llamaba y salió de su ensimismamiento—. ¿Puede continuar con la lectura?

—¿Lectura? —preguntó Mari apenas dándose cuenta que aún se encontraba en clase y a la que le hablaban era a ella.

—¿Está poniendo atención? —preguntó Dia con irritación.

—¿Le digo la verdad o prefiere que le mienta? —respondió Mari con altanería regresando a sus viejos modos.

—Bien sabe que las groserías no son toleradas en ésta clase —dijo la profesora levantando la voz para parar la afrenta de su alumna.

—No es una grosería darle a elegir lo que quiera oír —dijo Mari—, pero si vamos a hablar con honestidad entonces no estaría de más comentarle que nada de lo que estamos viendo en… —Mari se volteó para preguntarle a la chica sentada a su lado que la vio atónita—, ¿qué clase es esta? —preguntó con cinismo menospreciando a su maestra.

La chica que la estaba escuchando atentamente no sabía si responder o no, pero ante la mirada insistente de Mari no le quedó remedio que contestar.

—Literatura —dijo en voz baja para después esconderse al ver el severo rostro de Dia.

—Ah sí, literatura —dijo Mari repitiendo en voz más alta para que todas pudieran oírla—, nada de lo que estamos viendo en ésta clase de porquería me va a servir para nada y, ¿quiere saber por qué? —continuó con su monólogo despotricando todo lo que podía—. Porque cuando eres mujer y heredera de un imperio no importa lo mucho que estudies, todo lo manejará el idiota que tu padre elija para desposarte —concluyó casi con la voz entrecortada después de semejante escena que tenía a todos con la boca abierta.

—¡Suficiente señorita O'hara! —expresó Dia muy molesta—. No permitiré que le siga faltando el respeto a toda la clase —dio un suspiro antes de decidir que tenía que llevarla a dirección—. ¡Me va a acompañar en este momento a la dirección! —trató de decir con toda la paciencia que le quedaba pero que realmente no era mucha.

Mari se levantó de mala gana siguiendo a su maestra. Tenía ya un tiempo que no le hacía una visita a la directora y no le quedaba mal perder unas cuantas clases aunque fuera por castigo de ese modo tendría excusa para no presentarse a la práctica de la tarde. Dia caminaba delante de ella con paso decidido, con la figura rígida y la molestia reflejada en la cara.

Al llegar al pasillo en el que se encontraba la dirección escolar se toparon de frente con Kanan quien al parecer iba saliendo del mismo lugar al que se dirigían. A la entrenadora sólo le tomó unos segundos darse cuenta de que algo andaba mal con Dia. Su postura la delataba completamente. Mari se detuvo unos pasos antes pues dentro de todas las cosas que podían pasar, lo que menos quería era ver a Kanan, no ahora que traería todos los sentimientos de regreso a ella estando vulnerable. Kanan interceptó a Dia para hablar con ella y por la cercanía, Mari pudo escuchar a medias lo que estaban discutiendo.

—¿Qué pasa Dia? —preguntó Kanan preocupada por su amiga, pero más que nada por la rubia.

—Llevó a O'hara-san a dirección —respondió Dia con irritación.

—Eso es evidente —dijo Kanan algo nerviosa—, ¿pero qué pasó?

Dia parecía dudar si compartir o no la información con su amiga, sobretodo por la próxima que se encontraba el objeto de su discusión. Trató de jalar un poco más lejos a Kanan para poder contarle algo de lo que había pasado.

Mari solo pudo ver cómo la cara de Kanan reflejaba sorpresa, después algo de preocupación, dialogaba con Dia y tenían una especie de ¿negociación? Al menos de lejos lo parecía. Dia manoteaba y se seguía negando a lo que sea que Kanan estaba pidiendo, pero ella insistía. Al final Kanan se acercó a decirle algo al oído a Dia y despues de eso Dia cedió ante lo que Kanan estaba pidiendo. Ambas mujeres regresaron con Mari. Que solo parpadeo viendo tal espectáculo.

—Vas a ir con Matsuura-sensei —dijo Dia secamente y con molestia

—¿A dónde? —preguntó Mari igualmente irritada—. No quiero ir con ella a ningún lado —dijo mirando despectiva a Kanan.

—Esto no es opcional señorita O'hara —respondió Dia aún más altanera que Mari.

En parte Mari se alegraba de haberse encontrado a Kanan, pero tampoco quería enfrentarla tan pronto, y lo que sea que tuviera que decir definitivamente expondría esos sentimientos que luchaba por contener detrás de su fachada fastidiosa y soberbia.

—Vamos Mari-san —dijo Kanan en tono neutral sin engancharse en su comportamiento.

Mari la siguió con reticencia. Pensó que la llevaría a la sala de profesores pero caminaron con rumbo a las instalaciones de la alberca para su sorpresa. Llegaron hasta la pequeña oficina y Kanan se detuvo para abrir la puerta. Mari había notado que por la hora no había gente alrededor, seguramente Kanan la quiso traer hasta ahí para que no fueran interrumpidas por personas curiosas.

—No quiero entrar ahí —dijo Mari dejando que su enojo reprimido se hiciera cargo de la situación.

—Necesito hablar contigo Mari-san —dijo Kanan invitandola a pasar dejando la puerta abierta.

—Sólo está abusando de su posición para acercarse a mí —respondió Mari con disgusto entrando a la habitación de mala gana.

—No te voy a negar que tuve que pedir un pequeño favor —explicó con seriedad—, pero necesito que me escuches.

Mari se sentía nerviosa, ninguna de las dos se había sentado y permanecían una frente a la otra en medio de la oficina.

—Muy bien, hable —dijo Mari finalmente retando a Kanan.

—Sé que perdí tu confianza con lo que pasó ayer —expresó Kanan en voz profunda—, pero quiero que sepas que lo que hago siempre es pensando en tu bienestar, jamás y escúchame bien Mari —recalcó Kanan—, jamás haría algo para dañarte. Admito que me dejé llevar por estúpidos sentimientos que me mal aconsejaron y gracias a ello rompí lo que teníamos, sin embargo quiero que sepas que trataré de enmendar mi error.

Kanan sacó una hoja que llevaba doblada en la bolsa de su pantalón y se la dio a Mari para que la viera.

—¿Y cree que con esto se puede reparar el daño? —preguntó Mari sin dar crédito a lo que leía.

—Por supuesto que no Mari-san —respondió Kanan con nerviosismo—, pero es una manera de comenzar, sé que lo que hice estuvo mal, pero…

—¿Mal? —dijo Mari exaltada interrumpiendola—. No sensei, usted no entiende lo que hizo. ¿Sabe por qué me gustaba tanto su compañía? Porque usted no era como todos queriéndose aprovechar de mí ni de mi posición. Me impulsaba, me motivaba, pero decidió escuchar a la persona que más odio en el mundo y tomar decisiones en mi lugar que al final solamente me afectan a mí.

—¡¿Crees que no me dolió apartarte del equipo?! —fue el turno de Kanan para exaltarse perdiendo el control—. Sólo lo hice porque pensé que lo necesitabas y no eras capaz de pedir ayuda.

—¡No soy una gatita indefensa que necesita que la protejan todo el tiempo! ¡Contrario a lo que pueda pensar soy una mujer fuerte! —espetó Mari a los gritos.

—¡Eso lo sé Mari-san! ¡Jamás he dudado de tu fortaleza! —respondió Kanan poniéndose de espaldas a Mari apretando los puños para contener sus sentimientos—. Es solo que siempre me despiertas esa necesidad de cuidarte —suspiró—, has sido lastimada antes y yo odio la idea de que alguien lo siga haciendo y más si sufres a causa mía, porque yo… —se detuvo quedándose callada.

—¿Por qué usted qué? —preguntó Mari obligándola a seguir

—Por nada —vaciló la profesora arrepintiéndose.

—¡No! Ya me trajo hasta aquí, ahora me dice lo que está pensando —la chica extendió su mano para tomar el hombro de Kanan.

Está en un movimiento rápido se dió la vuelta y arrinconó a Mari contra la pared dejándola atrapada entre su brazo y su cuerpo sin poder hacer nada para escapar, aunque no lo hubiera hecho de tener la oportunidad.

La respiración de ambas mujeres estaba agitada. La cercanía de sus cuerpos permitía que sintieran el aliento de la otra, Kanan mantenía sus ojos fijos en los labios de Mari luchando contra sus instintos de si debía acabar con esto y dejarse llevar o no. Sólo podía oír el latido de su corazón desbocado.

Mari estaba nerviosa, hacía tanto tiempo que nadie le despertaba este tipo de sentimientos, su corazón bombeaba a toda prisa, sus piernas apenas la podían mantener de pie y todo lo que quería en ese momento era cerrar la brecha y fundirse con el objeto de su deseo.

Kanan se acercó un poco más a ella quedando a escasos milímetros de perder toda su cordura, solo que en el último segundo se arrepintió, no podía hacerlo, no podía permitírselo y mucho menos ahí que estaban en la escuela, en su oficina, era completamente incorrecto. Iba a retirarse con las esperanzas rotas.

Mari se dió cuenta de la vacilación de su sensei y decidió actuar a falta de que Kanan lo hiciera. No dejo que terminara de arrepentirse ni de retirarse, con ambas manos jaló a Kanan de su blusa para que no tuviera opción de escapar y con fuerza pegó sus labios a los de ella tomando las riendas a las que su contraparte había renunciado.

El contacto no fue suave ni tierno, Kanan trató de soltarse intentando quitar las manos de su alumna pero Mari la mantenía agarrada con fuerza negándose a dejarla libre. El beso rápidamente fue escalando volviéndose más salvaje y primitivo, Mari daba provocadoras mordidas en los labios de Kanan y ella poco a poco dejaba que sus instintos dominaran sus acciones. Las manos de la rubia se enredaron con los cabellos de su sensei impidiendo que se alejara, Kanan por su lado llevó las suyas hasta las caderas de Mari atrayendola a ella y empujándola contra la pared.

La espalda de la más joven golpeó con fuerza pero no se quejó, por el contrario le gusto esa manera bruta de Kanan y su boca dejando que la lengua de su sensei explorará cada rincón de su interior y no solo eso, usó la suya para acariciarla, lo que le provocó un gemido cuando se encontraron que instó a Kanan a continuar con el contacto lascivo.

Fue hasta que sintieron que escaseaba el oxígeno y sus pulmones ardían por la falta de aire que se pudieron separar. En ese momento Kanan fue golpeada por la realidad de lo que habían hecho, de lo que estaban haciendo, y tuvo que separarse de la rubia poniendo distancia entre ellas. Si no hubiera sido así nada la habría detenido de quitar la molesta ropa y dejar que sus instintos se hicieran cargo.

—Mari-san… —dijo Kanan dubitativa aún jadeando por aire—, esto… esto no está bien, no debió pasar.

Mari se delineó el contorno de los labios con su lengua de forma seductora y Kanan sintió sed de volver a probar esos labios que le robaban la razón. La rubia tampoco podía creer lo bien que se había sentido estando así a merced de su maestra contra la pared, sin embargo entendía las vacilaciones de Kanan. Ella misma fue golpeada de pronto con el peso de sus acciones.

—Será mejor que me vaya —expresó Mari abriendo la puerta tras de ella buscando escapar.

—Mari-san —atinó a decir Kanan antes de la rubia saliera de la habitación solo que no se atrevió a tocarla—, ¿lo harás? ¿Participaras en la competencia como parte del equipo?

Mari pensó un momento antes de responder, una parte de ella le dije que debía renunciar para evitar repetir sus errores del pasado y otra parte le decía que si lo hacía se iba a arrepentir toda su vida de no hacerlo.

—See you later sensei! —dijo finalmente antes de salir a toda prisa rumbo al edificio principal dejando sola a una muy preocupada Kanan.

Debía pensar las cosas.

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