El gran comedor principal del Palacio Rouge estaba de fiesta por la selección del nuevo monarca. En el lugar ya esperaban las dos torres, los caballeros y los alfiles. Francis platicaba animadamente con Arthur acerca del torneo y de en qué iba a gastar el dinero que le había ganado en la apuesta. El joven de cabello rubio y cejas pobladas se limitó a gruñir molesto, aún no superaba el haber pedido contra el alfil.

Iván estaba de pie contra la puerta principal esperando a la llegada de los dos monarcas pues, cuando terminó el torneo y Yao nombró rey a Alfred, ambos habían ido a las habitaciones de la reina para tener la primera plática acerca de las reglas del Palacio y algunos asuntos administrativos.

De pronto, se escucharon trompetas en todo el palacio. Las torres se prepararon para abrir las elegantes puertas del comedor mientras los caballeros sujetaban las astas con la bandera del reino rojo con blanco y los alfiles se encontraban al lado de la cabecera de la mesa. Entonces, las torres abrieron las puertas y los dos monarcas entraron con pasos firmes. Alfred ya portaba la corona real sobre su cabeza.

-Con ustedes el Rey Alfred y la Reina Yao-los presentó el vocero oficial. Todo el ejército bajó la cabeza cuando los dos gobernantes del Reino Rouge pasaron frente a ellos para sentarse a la mesa. Era el banquete real de bienvenida en honor al nuevo rey.

Los reyes ocuparon su lugar en la cabecera de la mesa y el resto del ejército se sentó. En ese momento comenzaron a desfilar los meseros para servirles las especialidades de los chefs. El sol comenzaba a ponerse en el horizonte y la luz del atardecer bañaba el reino, colándose cálidamente por las ventanas del palacio. Una vez que los meseros terminaron de servir, Yao levantó su copa llena de un licor muy caro, especial de esa región, para brindar.

-En nombre mio y de nuestro reino, le quiero dar la más cordial bienvenida majestad-dijo la reina mientras todos los presentes levantaban sus copas- Que el cielo ilumine nuestro camino hacia un rumbo mejor y podamos recuperar el honor y la gloria que caracterizan a un gran reino como el nuestro. ¡Viva el Reino Rouge!

-¡Viva el Reino Rouge!- todos repitieron al mismo tiempo y le dieron un sorbo a sus copas.

Todos los presentes se involucraron en una amena conversación mientras comían se escuchaban las suaves voces por encima del tintineo de los cubiertos. Francis platicaba animadamente con Arthur mientras la reina presentaba al rey con las torres. Los platillos principales rápidamente dieron paso a los postres. La mirada de Arthur volaba de vez en cuando hacia el rey que estaba comiendo y platicando con la reina acerca de sus ideas para mejorar la economía del reino. Una vez que terminó la cena, les sirvieron té o café para tener una conversación más amena.

-Quiero hacer un anuncio-dijo el rey levantando la mano para hacer silencio, todos los presentes miraron al monarca- Es un honor ser el rey de Rouge y tengo muchas ideas para impulsar la salud pública, la industria y la economía…

Justo en ese momento, uno de los guardias que cuidaban la entrada del comedor, sacó una daga y con un rápido movimiento se lo lanzó al rey. Iván trató de interponerse pero fue tarde. La reina se lanzó sobre el rey, tirándolo al suelo pero no fue necesario pues Arthur había atrapado la daga con un rápido movimiento. Inmediatamente, todos los guardias y el resto del ejército detuvieron al agresor.

-Tráiganlo ante mi-dijo el monarca poniéndose de pie y mirando con desprecio a su atacante. Cuando le quitaron la capa roja de guardia real, notaron que debajo tenía el ropaje característico del Reino Zelenyy. Todos se sorprendieron ante este acto pues se sabía que el reino verde era su aliado desde la gran Tetraguerra.

-¡¿Quién te envió?!-le preguntó Yao bruscamente al extranjero colocando su espada contra el cuello del hombre. El atacante no podía hablar, tan solo se limitaba a soltar algunos gruñidos por lo bajo- ¡Habla! ¡Hazlo, te lo ordena la Reina de Rouge!

-Lo enviaron los reyes de Zelenyy-dijo Arthur llamando la atención de todos. La mirada zafiro del rey se fijó en el hilito de sangre que caía de la mano del caballero pues éste había detenido la daga al sujetarla por el filo. Pero parecía ser el único que se había fijado en ese detalle, todos observaban el mango del arma que tenía algunas esmeraldas incrustadas en él y el emblema del reino verde.

-No es posible-exclamó la reina tomando el arma y la examinó fijamente. Efectivamente era una de las dagas insignia de la reina de Zelenyy. ¿Cuántas veces no había visto a Tino practicar con ellas?-pero es imposible que recibiéramos un ataque del reino Zelenyy, ellos son nuestros aliados desde la gran Tetraguerra.

-Pues tal vez es un regalo de bienvenida a nuestro rey-dijo Iván con una sonrisa atemorizante pues se notaba que no le gustaba que las cosas se salieran de control.

-Bien, en ese caso, no puedo quedarme con los brazos cruzados-sentenció Alfred con voz firme- Debo devolverles el favor, así que, como primera orden real, el ejército se entrenará de forma especial para declararle la guerra a Zelenyy

La reacción fue inmediata. Algunos se quedaron en shock, otros, como Iván asintieron en aprobación, mientras que otros se negaron rotundamente.

-¡No puede hacer eso!-saltó el británico y la reina lo apoyó con un gesto mientras miraba fijamente al rey- Apenas acabamos de salir de la gran Tetraguerra y el reino aún no se estabiliza del todo.

-Este acto no quedará impune-dijo el monarca con un tono que daba por concluida la discusión, pero eso no iba a detener al caballero que abrió la boca para protestar antes de recibir una dura mirada por parte del rey- ve al ala de enfermería a que curen tu mano mientras el resto preparamos el horario de entrenamientos.

-¡Yo también soy parte de su ejército!-exclamó el rubio de cejas pobladas mientras el alfil jalaba suavemente su ropa para sacarlo de la habitación. El menor se había quedado inmóvil en su lugar mientras fulminaba al rey con la mirada.

-Y dejarás de serlo si no obedeces mis órdenes-sentenció Alfred y le dio la espalda al caballero. En ese momento, la reina le lanzó también una mirada dura al rubio que no tuvo otra opción más que salir del comedor e ir al ala de enfermería. Todo el mundo regresó a su lugar en completo silencio- Bien, estableceremos los entrenamientos a partir de mañana.

Arthur caminaba hecho una furia rumbo al ala de enfermería. Estaba bien, no necesitaba ir a que curaran su mano, solo había sido un corte, el rey definitivamente tenía algo contra él. ¿Acaso creía que él era débil? Se encargaría de demostrarle que por algo él era el mejor caballero del Reino Rouge.


Los entrenamientos comenzaron al día siguiente. El ejército ocupaba el tablero del torneo del Rey para practicar. El monarca había establecido un plan de trabajo muy parecido al que tenía en la academia de Caballeros, después de todo no había pasado más de un mes desde que se había graduado. Debido a que en las batallas el terreno se encontraba como en escalera, debían tener mucha fuerza en las piernas para poder saltar de un escaque a otro, por ello, después de un breve calentamiento, comenzaban con saltos.

-Vamos, más arriba… con más fuerza-decía Alfred entrecortadamente mientras todos saltaban en el centro del tablero. El esfuerzo de saltar la cuerda los hacía jadear- Muy bien…ahora más rápido… sigan mi ritmo- el rey aumentó el ritmo de los saltos haciendo que su respiración se volviera más superficial.

Arthur estaba determinado a demostrarle al rubio de ojos azules que no por nada él era un Caballero oficial. Alcanzó fácilmente el ritmo del menor pero pronto se dio cuenta de que la técnica del más joven era constante lo que hacía que durara más tiempo saltando, en cambio, como él se esforzaba por seguirlo, se cansó más rápido.

-Con esa resistencia en batalla… te matarán… fácilmente…-le dijo el soberano entre jadeos mientras negaba con la cabeza-Bien, una pausa…-todos se detuvieron resoplando mientras las mejillas del caballero se sonrojaban de la vergüenza y de la indignación-ok, ahora comenzaremos con las batallas. Primero será con sus compañeros, torre contra torre, caballero contra caballero y alfil contra alfil.

Todos asintieron y se prepararon para la batalla. Alfred obviamente se iba a enfrentar contra Yao, era el trabajo más difícil pues es sabido que la reina es el mejor guerrero del reino. Arthur no podía evitar distraerse de su propia batalla para observar como la reina derribaba al monarca, sin embargo debía admitir que estaba aguantando bastante bien.

Yao se movía con rápidos y ágiles movimientos mientras que Alfred, a pesar de ser igual de rápido, tenía movimientos más cortos y no tan experimentados, pero tenía de su lado la estrategia, eso le ayudaba a durar un tiempo más en batalla antes de que el joven de cabello negro terminara por derribarlo. El rey acababa de levantarse por quinta vez para volver a intentarlo cuando vio como el otro caballero derribaba a Arthur, quién estaba distraído, observándolo.

-Debes tener tus ojos en tu batalla, no te distraigas o perderás la vida-le recriminó al rubio de ojos verdes que se levantó del suelo para encararlo- No puedo creer que te hayas graduado de la academia con esos errores tan básicos.

-¡Fui el mejor de toda la academia desde que entré como peón!-exclamó Arthur cruzándose de brazos mientras respiraba entrecortadamente por el enojo- ¡Me gradué con honores de la academia así que no se atreva a tratarme como cualquier peón!

-¡Pues los planes de la academia cambiaron y mejoraron cuando yo entré así que toda tu educación se volvió obsoleta!-le dijo el rey con voz severa mientras sus ojos se volvían rendijas por la indignación- ¡Adáptate al futuro o perece!

- ¡Oh claro que me adaptaré a sus nuevas técnicas y entonces tendrá que tragarse sus palabras!-le espetó con furia mientras todos se detenían para observar la escena entre ambos- y vaya que disfrutaré viéndolo hacerlo.

-Eso solo será si te quedas en el ejército real para verlo, cosa que dudo en verdad-sentenció el monarca con voz gélida- Un paso en falso, caballerito, y te expulsaré del palacio.


Hola, perdón por tardar tanto en actualizar pero es que realmente me quedé sin ideas.

Espero que les haya gustado y gracias por sus comentarios

Chiara: Jaja ya sé, Eli es genial y es lo que Rode necesita para divertirse un poco. Si Feli el rey y Ludwig jeje

Gracias por leer y no olviden comentar.