Berwald despertó lentamente mientras el sol entraba débilmente por la ventana. Estiró la mano para tocar a su reina pero encontró la cama vacía. Se despertó de golpe, mirando a su alrededor hasta que vio a su pareja entrar a la habitación con la bandeja del desayuno.
-Buenos días, mi rey-dijo Tino con una amplia sonrisa antes de sentarse a su lado. Besó la frente del monarca con cariño antes de colocarle la bandeja en el regazo-lamento haber tardado tanto-el más alto tan solo lo observaba con una pequeña sonrisa de agradecimiento.
Ambos comenzaron a comer tranquilamente. Berwald rodeó la cintura de su reina con cariño sin dejar de desayunar. Una vez que terminaron, se dieron una ducha rápida antes de vestirse con las ropas de celebración. Cuando bajaron las escaleras hacia la puerta principal pudieron ver al resto de su ejército listo.
Mathias observaba al alfil de reojo, notando lo sexy que se veía con las ropas de celebración, la tela verde se ceñía a la figura del rubio de ojos azules mientras los bordes de esponjosa tela blanca combinaba con la nívea piel del chico. Emil puso los ojos en blanco al notar la mirada de la Torre en su hermano.
El ejército los escoltó a la plaza principal. Todo el lugar estaba lleno de listones y flores para decorar el lugar. Los músicos se acomodaron alrededor de la tarima con los tronos. El rey y la reina caminoaron entre los aplausos y el menor se sentó mientras el monarca daba un pequeño discurso de inauguración para agradecer la valentía de los miembros del ejército en la guerra y honró a los que habían perdido sus vidas.
Tras un minuto de silencio, Berwald se sentó y comenzó el festival. La música empezó a fluir y las mujeres del reino tomaron varios listones para enredarlos entre ellos mientras cantaban animadas. Los ojos de la Torre no pudieron evitar recorrer con interés a las chicas que traían frescos vestidos de colores que volaban tras cada movimiento. El alfil, molesto y con un toque de celos lo golpeó con el asta que traía en las manos.
Las chicas terminaron de enredar los listones y todos los asistentes aplaudieron. Entonces entraron los jóvenes que hicieron varios trucos con fuego y algunas piruetas. Rápidamente, las chicas regresaron para bailar con ellos al son de una canción muy entusiasta. Cuando terminaron, el rey se puso de pie para invitar a su reina a bailar.
Tino sonrió débilmente para infundirle apoyo y ánimo cuando ambos se tomaron de la mano para empezar a bailar.
La mirada zafiro se mezcló con la mirada violeta. Berwald hizo girar al más bajo con gracia. Todos los habitantes sonreían y aplaudían al son de la música mientras los monarcas bailaban. Una amplia sonrisa apareció en los labios de la reina al notar que el monarca se estaba concentrando para bailar. El menor apretó suavemente su mano para que se relajara.
Una vez que el gobernante se relajó, respirando lentamente, se perdió en los ojos de su pareja prohibida, comenzando a recordar el momento en que había conocido a su futura reina.
Ese día, el torneo empezó muy temprano, había nieve por doquier. Mientras todos los candidatos se preparaban para el evento, Tino tomó una pala abandonada en el lugar y comenzó a quitar la nieve del tablero.
Berwald observaba desde el balcón a todos los candidatos y ese pequeño acto de humildad le llamó enormemente la atención. El pequeño rubio limpiaba el lugar alegremente mientras tarareaba, no era como los demás que estaban meditando o practicando sus movimientos con las armas. Lukas, el consejero del rey se encontraba de pie detrás de él.
-¿Quién es él?-preguntó el rey sin dejar de observar a Tino con creciente curiosidad. Luka buscó la información y le entregó el papel- Así que es el mejor de la academia de alfiles… cuadro de honor y mención honorifica cuando se graduó. Interesante. Dile que venga.
-Pero está a punto de empezar el torneo, debe estar ahí-comentó el de menor estatura. Lukas no entendía el repentino interés del monarca en el otro rubio pero rápidamente salió del despacho del gobernante para bajar hacia el tablero. Tino acababa de dejar la pala en su lugar cuando el alfil real llegó y le dijo que lo acompañara porque el rey quería hablar con él.
Lentamente, el rubio de ojos violetas asintió y lo siguió. Tino observaba emocionado todo el lugar una vez que entraron. El palacio era majestuoso y muy acogedor, de relajantes tonos verdes acorde con las paredes blancas. Sus pasos resonaban en todo el lugar mientras los dos rubios caminaban hacia el despacho del rey.
El alfil no pudo evitar escuchar las exclamaciones de asombro ajenas. Una vez frente a la majestuosa puerta de caoba que se encontraba en la entrada del despacho del rey, el rubio de los ojos azules tocó antes de recibir la señal para que entraran. El monarca esperaba ansioso y al verlos entrar, su mirada se encontró con la de Tino. En ese momento supo que había encontrado a su pareja ideal.
Había una bondad inimaginable reflejada en esos brillantes ojos violetas. Sus movimientos eran tan suaves y tranquilos que le transmitían cierta paz, lo cual era un gran alivio en esos tiempos de tensión que auguraban una futura guerra.
-Buenos días-saludó el monarca con voz inexpresiva. El recién llegado hizo una reverencia a modo de saludo frente a su gobernante con una pequeña sonrisa bailando en las comisuras de sus labios-Me llamó mucho la atención tu actuación allá abajo…-comenzó notando la confusión en esos expresivos ojos violáceos- así que quiero probarte personalmente.
En ese momento, intercambió una rápida mirada con su alfil y ambos desenvainaron sus armas para lanzarse sobre el más bajo. La sorpresa cruzó rápidamente los ojos de Tino antes de que, con suaves movimientos, los esquivara a ambos y saliera completamente ileso. Pero la batalla acababa de comenzar, Lukas rodó en el suelo para ponerse de pie y movió su mazo para golpearlo, pero el más bajo saltó, subiendo delicadamente al candelabro sobre sus cabezas para descender corriendo por la pared hasta protegerse detrás de la puerta.
-Si no atacas no nos vencerás-gruñó Berwald antes de notar una suave sonrisa victoriosa en los labios del rubio de labios violetas. Después de varios minutos se hizo tangible el por qué sonreía, tanto el rey como el alfil, comenzaban a cansarse de sus arranques para atacar, pero la futura reina estaba tranquilo y no se notaba cansado.
No había manera de hacer que Tino atacara y a pesar de que estaban cansados, eso no prometía que sería una buena reina. Entonces Lukas decidió terminar con la batalla. Rápidamente sacó una espada de su bota y en lugar de atacar al joven de ojos violeta, atacó al rey. El efecto fue inmediato. Tres dagas atravesaron la manga del alfil, clavándolo a la pared e inmovilizándolo. Tino sacó le arrebató la espada y la colocó contra la yugular de Lukas en un parpadeo.
-¿Ahora si atacas?-preguntó el rey claramente sorprendido al ver como el pequeño rubio lo defendía. Tino bajó la mirada pensando que el monarca se enojaría pero grande fue su sorpresa al verlo aplaudir levemente-No todo el mundo pude jactarse de ser más rápido que Lukas. Felicidades-Una vez que el más bajo liberó al Alfil, guardó sus dagas entre sus ropas- Consejero, dile a los demás que se vayan a casa, hemos encontrado a mi reina.
El rubio de ojos azules asintió y salió del lugar rápidamente mientras Tino observaba al rey. Un ligero sonrojo se apoderó de las mejillas del de menor estatura. El gobernante estaba complacido, le agradaba que su nueva reina fuera gentil y bondadosa pero todo un peligro a la hora de atacar.
-Mañana será la celebración en honor a la reina y nuestra boda-dijo Berwald con su voz inexpresiva mientras observaba fijamente al más bajo que parecía nervioso ante la constante mirada ajena-Puedes ir a tu hogar para preparar tu mudanza-el de ojos violetas asintió y con una reverencia salió.
Al día siguiente todo el palacio se vistió de gala para celebrar la llegada de la nueva reina. La boda se llevó con normalidad, cada uno dijo los votos que se esperaban de ellos. Ésta no era una boda mutua, era un compromiso con la nación. Siempre proteger al rey, siempre proteger al pueblo.
Tino bajó la mirada sonrojado mientras el pueblo lo aclamaba una vez que se "casaron", había sido una asignación inusual pero siempre se confiaba en la opinión del monarca y de su consejero.
Todo el reino Zelenyy celebró con música, bailes y comida durante todo el día. Una vez que cayó la noche, Tino llevó sus pertenencias a la habitación conyugal, había pensado que había una cama para él y otra para el rey pero grande fue su sorpresa al notar que había una sola cama matrimonial.
-¿Vamos a compartir la cama?-preguntó el más bajo confundido antes de notar la mirada suplicante del monarca- De acuerdo, no importa, supongo…-entró al baño y se puso su piyama para acostarse después de lavarse los dientes
-¿Por qué decidiste entrar al ejército?-preguntó Berwald mientras el menor se acomodaba. Ambos estaban sentados en la cama platicando como si se conocieran de toda la vida- pareces una persona muy gentil y pacifica… de esas personas que huyen de los conflictos violentos.
La mirada zafiro del monarca trataba de descubrir los secretos del más bajo, pero éste no contestó. Era obvio que sus razones eran muy personales y no le tenía suficiente confianza al rey. Ese día Berwald se había hecho una promesa. Lograría que Tino confiara en él al 100%
El rey de Zelenyy regresó al presente con un parpadeo cuando terminó la canción. Besó suavemente la mano de su reina, logrando que un sonrojo cruzara sus mejillas antes de que ambos regresarán a sus asientos, entonces llegaron unos acróbatas con varios animales de circo para dar un espectáculo. Los animales grandes ponían muy nervioso a la Torre Real. Mathias se aferraba su hacha mientras le temblaban las piernas. Quería salir corriendo por el miedo, pero, sin que nadie lo notara, sintió como el alfil tomaba su mano para ayudarlo a relajarse.
El festival terminó con una gran hoguera en el centro de la plaza principal. Mientras todos cantaban y bailaban alrededor del fuego, Mathias preguntó si iban a quemar a una bruja pues siempre había escuchado las historias de cómo quemaban a las hechiceras en cuentos antiguos.
-No van a quemar a nadie, Torre-gruñó el rey al escucharlo decir semejantes tonterías, pero para su sorpresa, el idiota de ojos azules había hecho un espantapájaros con leña y paja, lo había vestido de negro y lo había lanzado a la hoguera gritando "Quemen a la bruja" "QUEMEN A LA BRUJA"
-Es un idiota-murmuró Lukas golpeando su frente con la palma de su mano, pero era un idiota adorable y una pequeña sonrisa en sus labios lo delataba. Amaba a ese estúpido con todo su ser.
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