La vida había mejorado muchísimo para Antonio y João desde que se habían mudado al palacio del Reino Giallo. Antes sus rutinas consistían en levantarse, trabajar durante la mañana en el cultivo de tomates que tenían en el patio trasero de la casa que habían heredado de sus padres, limpiar la casa y, mientras el menor de los hermanos asistía a clases en la academia de Alfiles, el mayor iba a pescar al lago Azzurro a las afueras del reino.
Ahora, sus rutinas habían dado un giro de 180°. Cada mañana, las sirvientas les llevaban el desayuno, después se cambiaban y bajaban a entrenar en el gimnasio y en el tablero de prácticas. Después se daban un baño, comían y meditaban en una sala especial. En la tarde recibían clases de baile y modales para los eventos sociales pues el ejército era el estrato social más importante después de la monarquía. Hasta que oscurecía completamente tenían la oportunidad de tener un poco de tiempo de ocio.
El Palacio del Reino Giallo tenía una biblioteca, alberca y un invernadero. La biblioteca era gigantesca, con libros de todas formas, colores y temas. Había una sección especialmente grande de la historia del reino, así como los mitos y leyendas más interesantes de ésta. Ahí era usual encontrar a la reina leyendo. Antonio también pasaba su tiempo libre e la biblioteca y había empezado a convivir mucho con Emma.
-Buenas noches, Alteza-dijo el moreno cuando entró a la biblioteca y encontró a la rubia sentada en uno de los elegantes sillones con un libro en las manos. La joven monarca se notaba algo cansada y eso era obvio porque él la había visto entrenar día tras día, con más ánimo que cualquiera pues al ser la reina debía mantenerse como la mejor guerrera del reino
-Buenas noches, Alf… Antonio-dijo la chica corrigiendo lo que estaba a punto de pronunciar pues el castaño le había pedido que dejara de decirle "Alfil" y lo llamara por su nombre. El joven caminó por los libreros buscando algo bueno para leer sin saber que una mirada esmeralda lo seguía- Ehm… ¿has leído el libro de "Las leyendas del Reino Giallo"?
-Uhm… no-comentó el castaño mientras caminaba hacia la sección de Historia. Recorrió con la mirada todos los tomos hasta encontrar el título adecuado. Antonio regresó al lado de la rubia y se sentó en uno de los sillones para comenzar a leer. Aún en el silencio, ambos se lanzaban miradas por encima de los libros de cuando en cuando, sonrojándose cuando éstas se cruzaban.
Había pasado una hora cuando entró el rey dirigiendo su mirada hacia su hermana y el vasallo. Rápidamente notaron como torcía la boca y eso era obvio pues desde que había llegado al palacio, la joven reina había mostrado un interés en el joven alfil, incluso lo había nombrado el "Alfil de la Reina", para la molestia de su consejero, el Caballero Lovino.
-¿Lo acaba de nombrar su Alfil? Pero majestad, creí que el bastardo recién llegado iba a ser el alfil del rey-comentó Lovino confundido mientras la chica ponía una insignia en la ropa del castaño para identificarlo como su Alfil.
-Así es, el alfil del rey debe ser el más experimentado- explicó la reina mientras Antonio miraba su nueva insignia- Yo me quedaré con el Alfil novato.
-¿En serio?-preguntó Lars entrando a la habitación. Al igual que el caballero de la reina, también podía ver un brillo especial en la mirada de la rubia cada vez que estaba con el castaño- ¿Te quedarás con el novato, arriesgando tu vida?
-Prefiero arriesgar la mía a la tuya- comentó la chica tomando la mano de su hermano cuando éste se sentó en el trono a su lado-además, debo recordarte que estás hablando con la mejor guerrera de todo el reino-Lovino suspiró al escuchar eso.
-En ese caso, debería entrenar al alfil para que deje de ser un novato- comentó el rey con un tono amenazante mientras observaba al castaño con los ojos entrecerrados.
-¡Esa es una excelente idea!-comentó la reina con una leve sonrisa-Debemos entrenar a los nuevos así que yo entrenaré al Alfil y tu entrenaras a la Torre. Eres un genio, hermano.
Parecía que Lars había comido un puñado de tierra por la mueca en su rostro, su hermana le había cambiado todo el panorama, como siempre lo hacía. En todas las discusiones, Emma siempre ganaba.
-¿Entonces me va a entrenar, alteza?-preguntó el castaño cuando todos salieron de la sala del trono para ir al comedor a cenar.
-Así es, pero hasta que termine mi curso de diplomacia-comentó la rubia mientras su alfil le acomodaba la silla para que ella se pudiera sentar en la cabecera de la mesa- En un mes- Lovino siguió observándolos durante la cena. Si nadie los separaba, su relación se iba a volver más cercana.
La reina regresó al presente con un parpadeo y su mirada esmeralda se cruzó con la de Antonio antes de cruzarse con la de Lars. El rey gruñó molesto y caminó por los libreros de la sección de Economía buscando el libro adecuado para unos problemas que tenía con sus aduanas. Un silencio incómodo cayó sobre ellos y Antonio quiso romperlo pues empezaba a volverse insoportable.
-Ehm… y… ¿cómo va con su curso de diplomacia?-preguntó el Alfil tímidamente mientras bajaba su libro para observar a la reina con atención.
-Muy bien, hoy hice mi examen y creo que salí bien-contestó Emma. La reina tenía que mantenerse actualizada y por ello tomaba constantes cursos de las últimas tendencias de la política y la diplomacia del mundo-Así que empezaremos tu entrenamiento mañana.
Ambos escucharon el gruñido del monarca por lo bajo. La rubia rodó los ojos al escucharlo. Lars siempre gruñía cada vez que veía a su hermana con el indeseable sirviente. Ya los había encontrado recorriendo los jardines platicando y conociéndose. Los había visto en la alberca jugando juntos con João y Lovino. Parecía que siempre lograban encontrarse en los pasillos del palacio cuando se dirigían a sus dormitorios. ¿Qué acaso el universo estaba a favor de esa relación prohibida?
Al día siguiente, mientras el castaño desayunaba, uno de los sirvientes le dio una carta de la reina diciéndole que lo esperaba en el tablero de prueba para empezar su entrenamiento especial. El castaño se apresuró a desayunar y a prepararse para no hacer esperar a la reina. Antonio llegó corriendo al lugar acordado y vio a la rubia de pie en el centro del tablero con sus ropas de batalla.
-Buenos días, Antonio-dijo ella con voz dulce y amable, algo que contrastaba contra las espadas que la joven sostenía peligrosamente cerca de él-hoy te haré una prueba y muéstrame lo que puedes hacer-y dicho esto, se acomodó en pose de batalla, para sorpresa del castaño.
El alfil sujetó con fuerza su alabarda inseparable y rápidamente se lanzó sobre ella porque ahora no se estaba enfrentando contra una joven rubia, más bajita que él y a la que fácilmente le llevaba dos años, se estaba enfrentando contra la Reina del Reino Giallo… y obviamente iba a perder, porque ella era la mejor guerrera de todo el reino.
Se lanzó sobre la chica sin piedad pues obviamente ella no la iba a tener con él. Antes de que el castaño pudiera parpadear, ella había desaparecido y lo derribó con una patada en las piernas. El alfil se levantó de un salto y el filo de la alabarda cortó el aire cuando lanzó un segundo ataque y la rubia lo esquivó rápidamente para hacerle dos cortes, uno en la mejilla y el otro en la pierna. Él no se rindió y trató de atacarla por tercera vez, tan solo para recibir una patada en la cara.
-Agh… -Antonio cayó al suelo, llevando la mano a su nariz notando que estaba sangrando. La rubia era realmente muy buena, ella ya lo había golpeado dos veces y él ni siquiera había podido tocarla
-Tus técnicas son muy buenas-comentó la reina con una leve sonrisa y el alfil se levantó sin saber si era sarcasmo o era verdad- Vamos, no me mires así, hablo en serio. Solo necesitas ser más rápido. Practicaremos eso.
-Gracias, majestad-el castaño limpió la sangre de su nariz antes de intentar un ataque sorpresa que no funcionó y su alabarda terminó cortando el aire antes de sentir el filo de la espada de la chica en su cuello- Lo siento, alteza…
-Estuvo bien tu ataque, hubiera funcionado con alguien más distraído-comentó la rubia sin dejar de sonreír tiernamente. Si no estuvieran entrenando y golpeándose con todo lo que tenían, parecía que estaban coqueteando. Eso es justo lo que pensó Lars mientras los observaba desde su despacho en el castillo. Las orejas del monarca ardían de coraje pues no podía escuchar qué decían pero parecían moverse de manera especial entre ellos, como si estuvieran bailando.
Después de dos horas, Antonio estaba cansado, herido, con múltiples cortadas en todo el cuerpo y varios moretones así como la nariz rota mientras que Emma estaba prácticamente intacta. El castaño solo había logrado hacerle una cortada en la mano, cosa que la sorprendió enormemente. La reina decidió acompañar al alfil al ala de enfermería para que curaran sus heridas.
-Siéntese aquí, Alfil-le dijo la enfermera señalando una de las camillas del lugar Era una mujer de treinta años con largo cabello negro y piel morena- No se preocupe, majestad, lo curaré y estará listo para la hora de la comida-la rubia asintió y salió rumbo a sus aposentos para bañarse- Vaya, tuviste suerte, chico.
-¿Uh? ¿Por qué lo dice?-preguntó el castaño confundido mientras la mujer cocía sus cortadas antes de colocar vendas para detener el sangrado. La mujer no contestó hasta que le arregló la nariz con un busco movimiento de manos, arrancándole un gruñido de dolor.
-El último chico que practicó contra la reina, llegó aquí desmayado-comentó la mujer sorprendiendo enormemente al castaño-Debes ser muy bueno porque la reina no cede ante nadie, ni siquiera contra el rey cuando ambos practican. Siempre tengo que estar curando las heridas del rey.
-Tenemos una excelente reina, eso sin duda-comentó el alfil con una leve sonrisa mientras miraba la puerta por donde había salido la monarca, un sonrojo apareció en sus mejillas al pensar en ella y ese acto no pasó desapercibido por parte de la enfermera que solo sonrió. El amor flotaba en el Palacio Giallo.
Gracias por leer y lamento haberme tardado tanto en actualizar.
Gracias por sus comentarios
Cuervi: OMG! Eres increíble! Como un detective con lo de Rusia. Vaya, es cool ver a alguien que le gustan tanto los nórdicos.
Espero que les haya gustado y no olviden comentar
