Capitulo XIX
La Sacerdotisa Dragón
Parte I
En cuanto supo que la sacerdotisa había relajado los músculos y se había sumido en sueño profundo, borró la sonrisa de su rostro. Se dirigió hacia las puertas del cuarto y selló cada una de ellas con pergaminos, y en seguida recitó un verso para aislar el recinto. Le daba igual si el zorrito encontrara la lavanda, y para cuando se diera cuenta de lo que ocurría, le sería imposible romper contra su barrera. Una barrera que solo poderes espirituales podían deshacer.
Aun así, pensó mientras dibujaba los símbolos con gis y tinta alrededor de la joven inconsciente, La criaturita no tardará en hacer sonar la alarma con los otros. Debo apresurarme.
Liú Chan terminó de encender la última vela y el ultimo trazo en el piso. Miró atentamente que ningún detalle se le hubiera escapado para preparar todo. Luego de que la mandaran a acarrear demonios a aquella aldea, creyó que sus superiores se burlaban de su posición y habilidad; quien iba a pensar que eso involucraba la imagen enfrente de ella.
"Me sorprendes Sarina, sentirte amenazada por ésta excusa de sacerdotisa," dijo entre dientes pasando su mano por encima de la figura dormida, sintiendo la energía emanando de ella. "Una burla a nuestra sagrada herman-" Retiró su mano abruptamente y se paró de golpe. Sus sentidos detectaron algo que a su mente le costaba procesar.
¡No es posible!, arrugó sus arqueadas cejas y un peso en su estómago la asqueó. No levantó la vista de aquel vientre abultado. Pestañeó y perforó con la mirada a la sacerdotisa. "Que los ancestros se apiaden de mí, esta mujer…," No pudo terminar, pues un golpe contra madera le recordó la razón por la que está ahí. El zorrito ya se había tardado.
Ninguno de sus fuegos turquesa lograba perforar la barrera. Se dio cuenta que Kagome se encontraba demasiado débil para ver las verdaderas intenciones de esa mujer, pero sus sentidos lo hicieron.
"¡Bruja fea! ¡Ya verás lo que te pasará si le haces algo a Kagome!," gritó un par de amenazas más antes de lanzar su trompo mágico hacia la puerta sellada. Éste rebotó y el impacto lo golpeó de regreso, cuando unos colmillos alongados sujetaron su camisa para prevenir su caída. "¡Gracias, Kirara!", dijo viendo a la gata crecida gruñendo y subiendo a su cabeza. Una voz diminuta saltó a su hombro. "¿Myoga?"
"¡Ajijo! ¡No dejan ni desayunar!", declaró Myoga, "Kirara sintió que algo andaba mal así que decidí acompañarla. Que bien que llegamos."
"Si estás aquí, quiere decir que aún no empeoran las cosas," antes de que Myoga balbuceara, continuo, "¿Qué clase de barrera es esta?"
"No la hizo una sacerdotisa común y corriente, eso te lo aseguro." Myoga hizo gestos a Kirara para salir de la cabaña y ella obedeció.
"Pero, Anciano Myoga, ¿Qué pasará con Kagome?", en ese momento una onda hizo crujir las paredes y una ráfaga de energía los golpeó, todos, incluyendo Kirara, dirigieron sus miradas a la cabaña a sus espaldas, ahora rodeada de un campo de energía mas intenso.
Sango se encontraba ya a metros de su propiedad cuando vio a Kohaku afuera de su cabaña, cuando lo vio salir de la misma, "Kohaku," lo llamó, "Sé que se pone ajetreado ahí adentro, pero dime que los niños no han comenzado una guerra de bolas de arroz."
Kohaku masajeó su nuca, "Si, descuida, no han arrojado ningún plato y Yuuta sigue comiendo tranquilo". Miró a la multitud que subía de tono sus disputas cada vez más, "Hermana, esa gente", comenzó a decir mientras introducía las mano en uno de sus bolsillos.
"Al parecer gente de la aldea a la que iban a ir Inuyasha y Miroku," le contestó, "Kohaku, ¿que traes ahí?" Kohaku retiró su mano y le mostró el cuerno de su último trabajo exterminando. La tomó de su palma y entrecerró los ojos, "¿Esto de donde lo sacaste?"
Su hermano, con la mirada en la gente al otro extremo de la aldea, le contestó a la ligera "De una criatura que Kirara y yo atrapamos. Hermana, conozco a esas personas, algunas provienen de la aldea en donde exterminé a este monstruo. ¿Sabes qué clase de criatura habrá sido?", señaló el cuerno en manos de Sango, quien no quitaba su mirada de él. "¿Hermana?" Ella no dijo nada, y no fue hasta después de un par de segundos que lo volteo a ver abruptamente.
"¿Hablaste con los aldeanos?", le preguntó.
"Con su terrateniente y algunos hombres, ¿por qué?" Esperó alguna respuesta de Sango cuando un estruendo en la tierra los sacudió en el momento. Un rugido estridente perforó el aire y por un instante, hizo crujir los árboles. Cuando terminó en un leve eco, lo primero en escucharse fue el estallido y la ola de pánico de la aldea y sus visitantes.
Miroku retiró las palmas de sus oídos, "¿Qué rayos fue eso?" Alzó su báculo en busca de energías anormales. Los gritos a su alrededor ahogaban su concentración, volteo a ver a su amigo, quien compartía la misma confusión. "No detecto ninguna presencia maligna."
"Es porque no la hay." Escuchó decir a su amigo mientras éste busca con la mirada la fuente de aquel estruendo. Un pesado tremor atrofió su estómago cuando sus sentidos lo dirigieron a las afueras de la aldea.
"Provino del bosque." Apenas escuchó a la anciana Kaede pronunciar esas palabras, obligó a su ser impulsarse hacia la allá, cuando Miroku lo retuvo a la fuerza. "¡Espera, Inuyasha!" obstruyó su paso con el báculo, pero su amigo aun así lo rodeó. Lo vio retozar entre los techos de las casas hacia el bosque, cuando vio a Sango y a Kohaku correr hacia él y la anciana.
"Sango, ¿están todos bien?", preguntó acercándose mas a ella. Ambos asintieron y Sango procedió a mostrarle el cuerno a su esposo. Extrañado por el repentino tema, tomó la mano de Sango envolviendo el hueso y la miró a los ojos. "Necesito que regreses con los niños y busques refugio con la anciana Kaede y Rin."
"No lo haré hasta que me escuches," volvió a mostrarle trozo de hueso, "¿Ves esto? Kohaku lo obtuvo de un monstruo que exterminó antes de llegar. De la misma aldea de donde muchas de estas personas vienen." Este hecho mortificó a Miroku aún más.
"No puede ser," dijo viendo a Sango igual de ansiosa. "Esta clase de monstruo-"
"Le pertenecía a Naraku," a la mención del nombre, murmullos y gritos ahogados es escucharon de entre los aldeanos. Miroku por un momento no pudo divisar que hacer, así que continúo con su plan inicial. "Anciana Kaede, reúna a todos y dígales que se resguarden dentro de sus cabañas. Que no salgan bajo ningún motivo."
Un grupo de hombres intentaron protestar sobre la naturaleza de la situación y vio a Rin tratar de calmar a otro grupo de mujeres y niños, repitiéndoles la orden que había dado. Cuando expresaron haber comprendido y comenzaron a dirigirse fuera de los caminos, Sango se separó de Miroku y comenzó a correr, escuchó a su esposo llamarla, a lo que ella contestó desde lejos, "Los niños están solos."
Inuyasha se lanzó hacia la pradera abierta que daba hacia su cabaña cuando, su mente fija en el hecho de que su esposa se encontraba justamente en lo que sea que haya causado ese estallido.
Kagome.
Su tren del pensamiento fue interrumpido por algo que salió disparado hacia su rostro. "¡Myoga!" La pulga se incorporó y se sujetó en el hombro mientras Inuyasha continuaba corriendo. Después de pocos metros, vio a Kirara transformada en pantera y a Shippo afuera de lo que parecía ser un campo de fuerza que envolvía su casa. "¡Shippo! ¡Kirara!"
"¡Fue esa señora fea! Yo sabía que era mala, pero Kagome estaba muy cansada, por supuesto que no se iba a dar cuenta, ella tan amable y traté de hacer algo per-" Inuyasha lo tomó de la cola y le exigió que se calmara. Shippo inhaló y de un soplo dijo, "Una mujer extraña vino con Sango y se ofreció a ayudar a Kagome cuando se despertó enferma, pero en cuanto Sango se fue, Kagome me pidió que fuera por lavanda-"
"¡Ve al punto, enano!", gritó apretando sus colmillos, "¡¿Dónde está Kagome?!" Su miedo fue confirmado cuando Shippo señaló la cabaña. El zorrito se liberó de su agarre y exclamó, "Hice todo lo que pude, pero esa barrera es muy fuerte-"
Lo ignoró y desenvainó a colmillo de acero y comenzó a golpear sin éxito la barrera, Myoga le advirtió, "Amo, ¡este campo no es una barrera cualquiera!" Colmillo de acero comenzó a tomar un color escarlata vivo.
"Mi colmillo tampoco es una espada cualquiera", declaró mientras se preparaba a lanzar a Colmillo Rojo contra la barrera. Después de un impacto que hizo rebotar chispas, el campo no sufrió cambio alguno y, al contrario, parecía haberse fortalecido aún más.
Se le hizo un nudo en la garganta. No puede ser.
"¡No me dejaste terminar de hablar, Inuyasha! Myoga dice que la hizo una sacerdotisa."
Myoga saltó en el hombro de su amo, "Solo alguien así puede erigir un campo de energía de esta magnitud. Colmillo Rojo no será suficiente para romperla."
Pero Inuyasha no hizo caso a nada de lo que escuchaba. Seguía tazando, sin éxito, el campo de energía con furia desmedida. Gritó el nombre de su esposa una vez más, esperando una respuesta.
¡Kagome! Por favor, resiste.
Mientras tanto, gritos llegaron a pasar el campo contenido. Y, desafortunadamente para Liú Chan, esto rompía con su ambiente de concentración. Deseaba en ese instante lanzar el peor de sus maleficios a los intrusos, pero se detuvo considerando que su energía debía reservarla para su verdadero objetivo. Por otro lado, no debía preocuparse del todo. La barrera era una de sus más grandes orgullos y ningún hibrido, por más poderoso que fuera, podría derrumbarla. Volvió su atención al cuerpo inconsciente y se dispuso a comenzar con su labor.
Tomó el mango de su cuchillo y admiró reflejo y el de la joven en ambas caras de éste. "Cuanto lo siento," suspiró con desdén. "Pero lo que llevas consigo, es una aberración. Y es mi deber, liberarte de tu pecado." Alzó el cuchillo en el aire, apuntando al vientre debajo.
El descenso de su ataque fue frustrado por una mano que la detuvo a solo centímetros de su objetivo. La temblorosa mano de Kagome apretó su agarre con la muñeca de Liú Chan.
Liú se paralizó y abrió más sus ojos. "Créeme cuando te digo que te ofrezco una salida fácil de todo esto."
Kagome sintió fuerza regresar a su otro brazo y lo alzó para alejar aún más el cuchillo. "Y créeme cuando yo te digo," su voz al borde del cansancio, "que ya no requiero de tus servicios o ayuda." La empujó lo más que pudo de ella, lo que provocó que Liú retrocediera del impacto hasta chocar contra una de las paredes. Varias velas tintinearon, y por un momento temió que el ritual se haya arruinado.
"¡No dejaré que nos lastimes ni a mí ni a mi bebé!", escuchó a la sacerdotisa gritarle, aun débil y con sudor en su rostro. Kagome tragaba saliva y le costaba respirar, "¿Qué es lo que quieres? ¿Quién eres? ¿Porqué m-"
"¡No te incumbe! Ya estarás muerta para cuando sepas." Un estruendo afuera las silenció y ambas dirigieron sus miradas a su alrededor. Liú soltó un respiro exasperado y apretó sus dientes, "¿Ese hibrido no aprende?"
Kagome hizo un esfuerzo por levantarse. ¡Inuyasha! No pudo, pues una energía a su alrededor parecía jalar todo su peso hacia abajo. Gotas de sudor rodeaban su rostro y su cuerpo entero temblaba de la desesperación.
"Te haces llamar sacerdotisa y no puedes romper un simple circulo de parálisis," se burló mientras volvía a tomar el cuchillo.
"¡Inuyasha!", gritó a todo pulmón. Al instante cayó de espaldas y Liú tomó una de sus muñecas. Kagome luchó por liberar su agarre, sintiendo que perdía el control sobre sus propios músculos. Volviendo a alzar el cuchillo, Liú dirigió la mirada a donde planeaba realizar su corte. Borbotones de sangre brotaron ante ella, y en sus oídos el eco de un grito de dolor.
Había tan solo terminado de retajar una vez más el campo cuando escuchó a Kagome llamarlo, y luego gritos que provocaron escalofríos en él.
Shippo tembló con lágrimas en sus ojos. "¡¿Qué vamos a hacer?!"
Justo entonces, una ráfaga de sismos volvió a surgir en la tierra, extendiéndose ahora
con más tremor a toda la aldea.
Kagome miró la marca del cuchillo en su antebrazo, mientras Liú dejaba caer unas gotas en un tazón de cerámica verde con un dragón pintado. "No parezcas tan aliviada," le dijo a la joven postrada, limpiando su navaja. La dejó de lado y, articulando sus dedos para otro encantamiento, desafió a la sacerdotisa con la mirada. "Mi labor apenas comienza."
Antes de que pudiera contestarle, el circulo espiritual volvió a inmovilizarla. Esta vez, sin embargo, un dolor parecía sucumbirla desde adentro, quemando su tráquea y pecho. Kagome luchaba por retomar el control de sus articulaciones cuando la incertidumbre de las intenciones de la mujer ante ella la seguían confundiendo. Si su deseo era matarla, en su estado de parálisis, el cuchillo clavado a su corazón hubiera bastado. No obstante, solamente lo empleo para sacar sangre de su brazo. Y luego su apariencia y poder, la forma en la que hablaba.
"Eres una sacerdotisa oscura," exhaló con dificultad. Todo a su alrededor mareaba sus sentidos. Vio a Liú crear una esfera de cristal de la sangre en el tazón de cerámica. "¿Quién eres? ¿Qué quieres de mí? ¿Cómo pudiste ocultarte si-"
"¿Sabes? Debes ser inusualmente tanto fuerte como una molestia si aún, y con tu condición, puedes hablar bajo mis hechizos," la interrumpió, su tono daba la noción de estar irritada. "Mi nombre ya lo he dado, Liú Chan, espero no te cueste pronunciarlo. ¿Que qué quiero de ti? Nada. ¿Por qué habría de querer algo de una mujer que hace llamar sacerdotisa," se acercó a ello con la esfera en mano, señalando al vientre de Kagome, "y osa estar así?"
Tomó un respiro y posicionó la esfera sobre ella, dejándola flotar a unos centímetros del vientre abultado. "Debo admitir que cuando mis superiores me delegaron esta misión, creí que mi mayor obstáculo seria lidiar con una niña con poderes espirituales inusuales. Había sido informada que se trataba de una sacerdotisa con un estilo de vida, ortodoxo. Pero ¿esto?, soltó una risa siniestra que le dio pavor a Kagome. "Debo admitirlo, pensé que Sarina se burlaba de mí."
"¿S-Sarina?", la esfera sobre ella comenzó a brillar de un color verde negruzco, rayos difuminados emergieron de ella y se introdujeron en su cuerpo. Frío y ardor la consumieron, "¡Basta! ¡Te lo pido, no hagas esto!"
"Suplicar no es propio de una verdadera sacerdotisa."
"¡Por favor!", le rogó una vez más, "¡Si tu furia es conmigo, que así sea! Pero ¡deja a mi bebé fuera de esto!"
"He ahí el corazón del asunto, hermana." Declaró desplegando un abanico para cubrir su rostro salvo por su mirada penetrante, "Él, ya quedará fuera de todo."
