Tino caminaba de un lado al otro preparándose para salir. Estaba acomodando su cabello mientras buscaba su corona. Berwald lo observaba ir y venir con una sonrisa casi imperceptible en los labios, él ya estaba listo. Justo cuando la reina estaba a punto de caer en pánico, tocaron la puerta. Al parecer uno de los sirvientes había tomado la corona para limpiarla. El menor de los rubios sonrió aliviado y anunció que estaban listos para salir.
En el vestíbulo principal del palacio ya se encontraba el resto del ejército que los iba a escoltar al exterior. Era el viaje trimestral de los reyes al exterior para inaugurar puentes, visitar escuelas, firmar tratados, etc. Los reyes de Zelenyy entraron a un enorme y lujoso carruaje y comenzaron a avanzar rumbo a la reja principal seguidos por el resto del ejército montados en caballos.
Las rejas se abrieron y Mathias no pudo evitar sonreír al ver el exterior del palacio. Por fin iban a salir de la capital, después de tanto tiempo. La gente del pueblo los saludó al pasar con cantos, gritos y aplausos. La torre era el único que saludaba alegremente a la multitud con una amplia sonrisa. Lukas no pudo evitar poner los ojos en blanco al ver al rubio de ojos azules saludar al pueblo como si él fuera el rey.
Emil observaba a la multitud muy aburrido, esperaba realmente que este viaje al exterior de la capital fuera más interesante de lo que era su vida en el palacio, pero nunca se imaginó que este viaje cambiaría su vida para siempre.
La multitud los siguió hasta las afueras de la capital y rápidamente el paisaje urbano dio paso a los bosques nevados del exterior. La sonrisa de Mathias había desaparecido una vez que se vieron rodeados por árboles hasta donde alcanzaba la vista. Lukas sabía que la torre le temía enormemente a los animales muy grandes y a la naturaleza en general. El alfil estiró la mano disimuladamente para tomar la del asustado rubio.
-¿Entonces cuál es la primera parada?-preguntó el rey mirando a su pareja. La reina observaba por la ventana del carruaje el hermoso paisaje que los rodeaba- ¿Tino? –la mano del monarca voló hasta atrapar la ajena y apretarla suavemente.
-Oh, lo siento, majestad-el más bajo se sobresaltó y le lanzó una sonrisa de disculpa pero no alejó su mano. El rubio de ojos violetas sacó un pergamino de debajo del asiento y se lo entregó- Vamos a ir primero al pueblo de Orkney y vamos a inaugurar dos puentes. De ahí iremos a Skagerrak para asistir a la fiesta de inauguración del nuevo hospital infantil y nos hospedaremos ahí esta noche.
-Bien, me alegro que todo esté en orden-dijo el monarca con una imperceptible sonrisa que hizo sonrojar al contrario- Eres el mejor encargándote de estas cosas, Tino-la reina sonrió halagado- Y… ¿habrá tiempo para nosotros en tu agenda?
-Oh vaya, majestad…-el sonrojo en las mejillas del más bajo se hizo más escandaloso mientras desviaba la mirada- Yo espero que sí, de cualquier manera, dormiremos juntos como siempre.
-Me alegra-el rey acarició suavemente la mano del chico y depositó un suave beso en el dorso de ésta. Tino sentía sus mejillas al rojo vivo, gracias al cielo nadie más podía verlo.
El sol se encontraba en su punto más alto cuando entraron al reino de Orkney. Todos los aldeanos los estaban esperando y les habían preparado una gran bienvenida. Se escuchaba música, las personas aplaudían y lanzaban listones y serpentinas hacia el carruaje.
Mathias estaba disfrutando a lo grande, saludaba y sonreía a la multitud. Lukas trató de reprimir el golpe que deseaba darle al más alto pero no pudo así que lo golpeó justo en la cabeza.
-¡Ay! ¡¿Por qué hiciste eso?!-preguntó la torre adolorido antes de que ambos rubios empezaran a discutir como siempre. Emil puso los ojos en blanco al escucharlos. Eran patéticos, sería mejor que se callaran a besos y dejaran de molestar a los demás.
La caravana real entró al centro del pueblo donde el alcalde los recibió y los invitó al gran festín que habían preparado en su honor. La plaza principal estaba llena de mesas alargadas para que el ejército real compartiera los alimentos con el pueblo. El alcalde era un hombre de mediana edad bastante bajo y completamente calvo pero muy alegre.
-Damas y caballeros, les presento al Rey Berwald y la Reina Tino-el pueblo los aclamó con gritos y vítores. La pareja real bajó del carruaje y saludaron a los presentes. Un suave sonrojo cubría las mejillas del más bajo, ya llevaba 3 años como reina y aún no se acostumbraba a eso. El monarca esperó a que se hiciera silencio y se paró en la tarima principal para agradecer la cálida bienvenida y el maravilloso banquete.
Pronto, la plaza principal de Orkney se llenó de risas y pláticas acompañadas por el tintineo de los cubiertos. El gobernante de Zelenyy dialogaba con el alcalde sobre los puentes que iba a inaugurar mientras la reina platicaba alegremente con Lukas, pero el alfil no podía evitar lanzarle miradas de molestia a la torre. Mathias estaba devorando todo lo que había a su alcance como si no hubiera comido en meses.
Una vez que terminó el banquete, la caravana real se movilizó a las afueras de la plaza central para inaugurar los puentes nuevos. Berwald recibió, de manos del alcalde, un par de enormes tijeras doradas y cortó el listón verde. El público estalló en aplausos y vítores nuevamente.
-Berwald… sonríe un poco, por favor-le murmuró su reina mientras avanzaban hacia el siguiente puente. El monarca suspiró y compuso su mejor sonrisa para satisfacer a su pareja- No entiendo por qué no te gusta sonreír, tienes una muy linda sonrisa- un suave sonrojo se instaló en la mejillas del más alto que no dudó en abrazar al joven de ojos violetas- ¡Aquí no, Berly!-chilló mientras un sonrojo más escandaloso se extendía por toda su cara.
El siguiente puente era un peatonal sobre uno de los caminos más transitados del pueblo. El gobernante del reino verde tomó de nuevo las tijeras pero en lugar de cortar el listón, se las dio a su reina. El más bajo se sonrojó, apenado, y cortó el listón. La música triunfante volvió a sonar mientras la caravana se preparaba para salir de la aldea.
-Hey, alteza-Mathias se acercó a Tino antes de que éste subiera al carruaje nuevamente- ¿No nos podemos quedar aquí esta noche? Tienen mejor comida que en el palacio.
-No, Torre, lo siento-se disculpó el de menor estatura con una leve sonrisa- además, siempre dices eso cuando salimos del palacio. ¿Quieres que contratemos un nuevo cocinero para el palacio?
-Pero esta vez estoy seguro de que esta es realmente la mejor comida de todo el reino, debemos contratar al cocinero del alcalde-el rubio de ojos azules observaba al gobernante de la aldea con creciente envidia mientras se alejaban de Orkney- Míralo, sonriendo porque sabe que tiene al mejor cocinero de todo el reino.
-Hey Lukas-Emil se acercó a Lukas con una sonrisa maliciosa mientras ambos observaban la rabieta del rubio más alto- ¿cuánto apuestas a que dirá exactamente lo mismo en el próximo pueblo?
-No lo sé, a mí realmente me gustó la comida de Orkney- comentó el alfil mientras se acomodaba mejor en la silla de su caballo- Quizás el idiota tenga razón por primera vez en su vida. Bien, apostaré 20 monedas de oro.
-Que sean 50 o no hay trato-dijo el caballero mirando a su hermano. El mayor torció la boca pero aceptó y ambos se dieron la mano- Vas a perder, Lukas.
El sol comenzaba a ocultarse en el horizonte cuando llegaron a Skagerrak. En ese lugar se repitió la bienvenida igual que en Orkney. Los aplausos y los vítores los acompañaron hasta el hospital infantil que iban a inaugurar. El lugar estaba decorado con globos, serpentinas y guirnaldas. Una multitud de niños los esperaban en las escaleras del inmueble y les dedicaron una hermosa canción antes de que Berwald cortara el listón. El banquete y la fiesta comenzaron en todo lo alto y a pesar de que Mathias había comido como si fueran 5 hombres, terminó cenando demasiado.
-¡ESTA ES LA MEJOR COMIDA DEL MUNDO!-exclamó antes de llevarse un pedazo de chuleta a la boca. Lukas gruñó molesto antes de darle una bolsa de monedas a su hermano. Acto seguido, le soltó un golpe al más alto en la cabeza- ¡Ay! ¡¿Y ahora qué hice?!
-Me agrada hacer negocios contigo, Lukas-dijo el caballero sonriendo mientras guardaba el dinero que acababa de ganar. En ese momento su mirada se encontró con unos ojos oscuros ocultos entre los árboles que rodeaban el hotel- ¿Qué es eso?-Emil se aseguró que nadie le prestara atención y se levantó de la mesa mientras sacaba sus espadas.
El caballero se acercó lentamente al lugar donde vio los ojos pero no encontró a nadie ¿habrá sido su imaginación? Emil regresó a su lugar justo cuando terminó el banquete y el alcalde de Skagerrak se ofreció a darles una visita guiada por el hospital. Todos aceptaron y entraron al edificio, solo el más bajo de todos se quedó afuera.
-¿Estaré viendo visiones?-se preguntó mientras los aldeanos comenzaban a despejar el lugar para regresar a sus casas. El joven de cabello grisáceo estaba a punto de entrar al hospital para seguir al resto del ejército cuando una sombra se movió a su lado-¡Alto ahí!- Emil saltó entre los árboles para perseguir a la sombra.
El desconocido saltaba de un lado al otro con gran habilidad, pero Emil era conocido por su puntería así que le lanzó tres dagas a gran velocidad. Una de ellas se clavó en la manga del joven quién no dudó en rasgar sus ropas para huir. La segunda le hizo un corte a su pantalón y la sombra logró desviar la tercera con su propia espada.
-¡¿Quién eres?! ¡Muéstrate en nombre del Reino de Zelenyy!-gritó el caballero pero obviamente fue ignorado así que decidió que era el momento de acabar con los juegos. Había notado que el enemigo se movía como alfil así que logró acorralarlo con un movimiento en L. Un rayo de luz iluminó al desconocido para revelar que era un espía del Reino Rouge. Eso no tenía sentido, el reino rojo era aliado del reino verde ¿o no?
Flannya: pronto habrá GERITA!
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