El suave sol matutino caía sobre el ejército del Reino Giallo que se encontraba en la zona de prácticas del palacio. João atacaba a la otra torre de manera rápida y demoledora mientras Lovino movía su espada con gracia y habilidad para desarmar al otro caballero. Antonio había mejorado mucho el dominio de su alabarda gracias a sus entrenamientos privados con la reina.
El otro alfil retrocedió sorprendido ante los embates de su oponente. El castaño era bueno cuando la reina lo aceptó en el ejército pero ahora se había vuelto un excelente guerrero. Emma sonreía orgullosa al ver los progresos del alfil novato mientras su hermano se levantaba del suelo tras ser derrotado por tercera vez. Antonio sintió una mirada sobre él y volteó para sonreírle a la rubia.
-Muy bien, suficiente-dijo el rey molesto ante las miradas cómplices que se lanzaban su hermana y el odioso castaño en sus narices- Todos a sus habitaciones, los quiero en el comedor en una hora para desayunar.
Mientras la servidumbre se encargaba de recoger las armas y limpiar el terreno de prácticas, el ejército entró al palacio entre risas y bromas. Justo en ese momento se escucharon unas trompetas en el vestíbulo principal, anunciando la llegada de alguien.
-¡Con ustedes, el duque de Mersch!-anunció una voz mientras el recién llegado caminaba hacia ellos con paso firme.
El joven era alto y vestía las elegantes ropas de un noble. Su perfecto cabello rubio se encontraba arreglado de manera muy cuidadosa y precisa mientras sus ojos verdes observaban a todo el ejército y una suave sonrisa apareció en sus labios al ver a los monarcas. Lovino se había quedado congelado en su lugar al ver aparecer a alguien tan parecido a un ángel.
-¡Marky!-exclamó entonces la reina y corrió hacia el recién llegado, haciendo ondear su vestido de batalla dorado con negro. La rubia estuvo a punto de abrazarlo pero se contuvo en el último momento- Te he extrañado mucho pero no puedo abrazarte, estoy sudada…
-Emma, estás más linda cada vez que te veo-la sonrisa del rubio se volvió más amplia y la abrazó sin importar sus reclamos antes de mirar al rey. El forastero hizo una leve reverencia antes de hablar- Majestad…
-Vamos Markus-dijo el monarca acercándose a ellos y le dio unas palmadas en el hombro al menor como un gesto de cariño- No necesitas decirme así, somos hermanos después de todo.
¡¿Hermanos?! El caballero salió de su ensueño de golpe ¡¿Ese ángel de brillantes ojos verdes era hermano del rey bastardo de pelos parados?! Eso no era posible, debía ser un error, aunque también Emma era la hermana del monarca gruñón y ella era un ángel también. ¿Será acaso que el gobernante de Giallo es la oveja negra de su familia.
El caballero estaba metido en sus pensamientos cuando su mirada oliva se encontró con el verde opaco de la mirada del ángel recién llegado. Un suave sonrojo se extendió por las mejillas del castaño al recordar que estaba sudado, sucio y despeinado. La vergüenza lo embargó pues con ese aspecto no era digno de estar ante un dios tan hermoso como el rubio.
-¿Por qué no nos avisaste que vendrías?-preguntó la reina poniendo las manos en su cadera mientras observaba a su hermano menor. El duque bajó la mirada, avergonzado por su repentina llegada- Bueno, no importa, ve a la sala de descanso mientras nos refrescamos y comes con nosotros ¿qué te parece, Marky?
-Bien, tómense su tiempo-dijo el menor y le lanzó una última mirada al caballero antes de que un mayordomo lo guiara a la sala de descanso y le ofreciera algo de beber.
-¡Vamos, dense prisa!-el rey gruñó y empujó a Antonio rumbo al ala de los Alfiles mientras el resto del ejército se dirigía a sus aposentos. Lovino estaba en trance. Sinceramente él creía que el amor era una tontería y que el amor a primera vista era imposible, pero ahora comenzaba a cuestionar sus propios principios.
Markus se sentó en uno de los elegantes sillones mientras tomaba una copa de vino. El rubio respiró profundamente, tratando en vano de calmarse. Realmente parecía una adolescente pues no era posible que un joven de 20 años perdiera la cordura solo por ver a un castaño de ojos oliva cubierto de sudor, tierra y con los cabellos desordenados. Y era aún más vergonzoso el hecho de que había considerado sexy el sudor bajando por su cuello, las manchas de tierra en su mejilla y el polvo entrelazado con sus salvajes cabellos color chocolate.
El duque de Mersch cerró los ojos mientras tomaba otro sorbo de vino. Nunca creyó que una simple visita familiar cambiaría su vida de tal manera. Transcurrieron unos minutos cuando un mayordomo le indicó que lo esperaban en el comedor. El chico entró al recinto y encontró a todos los miembros del ejército sentados a la mesa. Su mirada se cruzó una vez más con la del castaño antes de sentarse.
-Bien, como ya se habrán dado cuenta, el duque de Mersch es mi hermano menor-comenzó el monarca mirando a los presentes antes de empezar a presentar a los miembros del ejército- Los alfiles, Hendrick y Antonio, los caballeros, Lovino y Emmett y las torres, Lucille y João.
-Es un placer conocerlos- respondió el recién llegado mientras los meseros comenzaban a servir la comida. Durante algunos minutos no se escuchó más que el tintineo de los cubiertos. Emma sonreía encantada por tener a sus dos hermanos con ella y su sonrisa radiante no tardó en deslumbrar a Antonio que no podía quitarle los ojos de encima- Vaya, vaya… -una sonrisa maliciosa apareció en sus labios al ver al alfil tan obviamente enamorado de su hermana.
Lovino tenía la mirada clavada en su plato pues trataba en vano de no mirar al duque pero su cuerpo lo traicionó y levantó la mirada para verlo. Era irreal lo guapo que era, con su sonrisa pícara y sus brillantes ojos de un verde opaco creando un efecto extraño e hipnótico.
-¿Y qué tal todo en tu ducado, Marky?-preguntó la reina y todas las miradas cayeron sobre el forastero el cual hizo un pequeño informe sobre las actividades económicas y el estilo de vida- Vaya, todo parece estar bien ¿y cómo está mamá?
-Los extraña mucho-dijo el rubio y una sonrisa melancólica apareció en los labios de la pareja real. Antonio se puso triste inmediatamente al ver ese gesto en la reina ¿por qué habían abandonado a su madre para gobernar el reino?
-Bueno, al menos tú sigues con ella para cuidarla-añadió el monarca y un gesto de fastidio apareció en la cara de su hermano menor mientras el ambiente se volvía tenso.
-Si claro, yo fui el que se quedó atrás… -escupió Markus molesto mientras los meseros servían los postres-Podríamos tener a mamá aquí si me hubieran dejado unirme al ejército…- un silencio aplastante cayó sobre los presentes mientras el recién llegado fulminaba a sus hermanos con la mirada.
-Marky… sabes que nuestro trabajo es muy peligroso…-comenzó la rubia tímidamente mientras retorcía una cuchara entre sus dedos- no queríamos arriesgarte, querido…
-¡¿Y si es tan peligroso por qué ustedes si pueden hacerlo?!-exclamó enojado soltando un puñetazo contra la mesa y el rey se puso de pie, fulminando a su hermano menor.
-¡Nosotros podemos hacerlo porque nuestro padre nos entrenó para esto!-exclamó Lars enojado mientras Emma parecía al borde del llanto- ¡tú te quedaste en el ducado para hacerte cargo de las propiedades de nuestros padres, de lo contrario, el gobierno tiene el poder para nombrar a un duque para esas tierras!
-¡Tú siempre hablando de dinero! ¡Si tanto te gusta, tu debiste convertirte en duque, no yo!-Markus también se puso de pie y a pesar de ser más bajo que el mayor, intimidaba bastante- ¡A ustedes nunca les importó lo que yo deseaba! ¡Yo también quiero ser parte del ejército! ¡Quiero pelear!
-¡Tu naciste para ser duque, te guste o no, Markus!-exclamó el monarca del reino Giallo soltando un puñetazo contra la mesa. Los hermanos se fulminaron con la mirada mientras las lágrimas rodaban por las mejillas de la reina-¡No vas a ser parte del ejército y esta es mi última palabra!
El duque de Mersch se puso de pie y salió de la sala hecho una furia pero conteniendo el llanto. Emma no pudo soportar más y también salió huyendo de la sala, llorando amargamente. Nadie se atrevía a respirar mientras el rey gruñía como animal furioso.
-¡¿Y ustedes qué están viendo?! ¡Largo!-les rugió el monarca y todos los presentes, incluyendo a los meseros, salieron corriendo del comedor.
Antonio inmediatamente corrió para alcanzar a la reina que se lanzó a sus brazos, llorando. El castaño acarició su cabello, tratando de calmarla sin éxito así que la llevó a la biblioteca, su refugio especial, para que tuvieran algo de privacidad. João y el resto del ejército regresaron a sus dormitorios cuando Lovino escuchó un par de maldiciones por lo bajo en el salón de música.
Markus estaba de pie junto a la ventana, maldiciendo en un vocabulario muy florido, totalmente impropio para un joven de cuna noble. El caballero se asomó tímidamente, esperando no ser detectado pero el duque sintió una mirada sobre él y volteó. El corazón del castaño se contrajo al ver que el ángel estaba llorando, de rabia, de tristeza y de impotencia.
-Esto… sé que no es de mi incumbencia pero…-Lovino no era muy bueno con los sentimientos y realmente no sabía que decir para consolarlo, pero debía intentarlo- Creo que es bueno que no lo dejen estar en el ejército…- Markus lo miró, indignado y estaba a punto de gritarle que se fuera cuando el castaño continuó- sin embargo, la vida es jodidamente corta y si usted tiene el deseo de participar, no deberían impedírselo.
-Gracias… es bueno encontrar a alguien que… piense así- el rubio secó sus lágrimas y le dedicó una suave sonrisa- ¿Eres Lovino, cierto? –el interpelado asintió- soy Markus… es un placer conocerte…
Gracias por leer y por sus comentarios
Paula: Me alegra que te guste mi historia, en verdad
Cuervi: Pobre Rusia, él siempre es el malo en todas partes
Flannya: Ya sé, que se besen!
Espero que les haya gustado y no olviden comentar
