La melodía envolvía cada rincón del Gran Salón. Berwald y Tino bailaban en la pista de baile al ritmo de la música. Ambos se miraban a los ojos, perdidos en su propio mundo sin prestarle atención al resto de las parejas que bailaban. Antonio y Emma se deslizaban por toda la reluciente pista en un baile muy animado. La reina de Giallo sonreía encantada mientras el Alfil la hacía girar una y otra vez. Más allá, Roderich se movía con la mayor elegancia posible mientras Elizaveta giraba entre sus brazos. Su vaporoso vestido también se movía elegantemente al compás de su dueña. La castaña estaba en un sueño, le encantaba estar así con el Caballero.
Mientras las parejas bailaban, el resto de los presentes se habían mezclado pues uno de los propósitos de la reunión era conocerse, establecer lazos y afianzar las alianzas entre los reinos. Alfred se sentía incómodo pues creía que debía haber al menos una pareja bailando de cada uno de los reinos.
-Alteza, baile conmigo-murmuró el joven monarca de manera disimulada y se apresuró a terminarse el jugo de naranja que le habían dado.
-Lo siento, Majestad-dijo el hombre de cabello negro mientras bebía un poco de té verde- ésta es mi oportunidad para saber que se traen entre manos los verdes.
-¿Por qué no deja que yo me encargue?-preguntó el rubio a la vez que observaba a los reyes de Zelenyy bailar en la pista- puedo ayudarle.
-Mi Rey… la verdad es que usted no es nada discreto-comentó la Reina de Rouge con una suave sonrisa y el menor no pudo evitar hacer un pequeño puchero ante su respuesta- Baile con alguien más, así podrá mostrar los pasos de baile que le enseñé, todos quedarán sorprendidos.
-¡Sí, tienes razón!-dijo el joven de ojos azules emocionado ante la idea y buscó al resto de su ejército entre la multitud de personas- ¿pero con quién voy a bailar?
-Podrías bailar con Arthur o con Francis porque no creo que quieras bailar con Iván- contestó el mayor ganándose una mirada horrorizada por parte del joven monarca.
-¡Sobre mi cadáver bailaré con el Caballero!-gruñó el rubio mirando con desagrado al rubio de ojos verdes y cejas pobladas- Además, Francis no sé donde está… no lo veo- su mirada zafiro recorrió el Gran Salón antes de caer en la Torre que estaba de pie en un rincón- y definitivamente no me vería bien bailando con Iván, me lleva como 5 centímetros.
-Tal vez sea bueno que bailes con Arthur, deben limar las asperezas que hay entre ustedes-comentó la Reina con una sonrisa maliciosa antes de empujar suavemente al menor hacia el resto de la gente- Vamos, hazlo, es una orden de tu reina.
Alfred gruñó por lo bajo mientras se acercaba al Caballero que platicaba amistosamente con una Torre del Reino Giallo. Al parecer, João estaba contando una anécdota muy divertida porque el rubio no dejaba de reír. El Rey de Rouge se sentía extraño al verlo reír de esa manera pues era algo que no había atestiguado antes. Su corazón latía con fuerza ante la sonrisa radiante del mayor.
-Ehm… disculpen…-el rubio de ojos azules trató de llevar el asunto con la mayor diplomacia posible pero sinceramente no sabía qué hacer si Arthur rechazaba su invitación así que lo miró a los ojos y dijo firmemente- ¿Quieres bailar conmigo?- el tono del monarca era firme y no dejaba opción, era más una orden que una sugerencia.
El Caballero parpadeó sorprendido. La verdad es que se la estaba pasando muy bien con João, tenían mucho en común y definitivamente parecía que su amistad iba a ser duradera. No quería separarse de él pero el tener al Rey frente a él con la mano estirada y un suave sonrojo en las mejillas por la vergüenza era un espectáculo increíble. Una parte de él quería dejar al monarca con la mano estirada pero era un Caballero a fin de cuentas así que dejó su trago en una mesa cercana antes de tomar la mano del gobernante.
El menor no pudo evitar suspirar aliviado pues hubiera sido sumamente incómodo que el rubio de cejas pobladas lo dejara con la mano estirada. Sin embargo, algo extraño pasó cuando sus manos se tocaron. Fue como si una corriente eléctrica los hubiera recorrido de pies a cabeza. Un hermoso sonrojo apareció en las mejillas del mayor que evitó la mirada de su Rey. Ambos rubios caminaron hacia la pista y comenzaron a bailar.
Feliciano observaba a los dos rubios bailar y no pudo evitar sonreír. Se veían muy bien juntos, lástima que el amor estuviera prohibido entre los miembros del ejército. Su mirada castaña cayó sobre su Reina y su Caballero y no pudo evitar sonreír, también se veían adorables juntos. Tanto amor oculto en la habitación lo abrumaba por lo que decidió salir al balcón del salón para tomar aire.
-¿Por qué todo es tan difícil?-se preguntó el Rey de Lorem mientras apoyaba sus codos en la barandilla de piedra antes de darle un sorbo a su vino tinto- ¿Por qué tiene que existir el ejército y las guerras?
-Porque la sed de batalla corre por nuestras venas- dijo una voz detrás de él y el castaño se volteó bruscamente. Ludwig caminaba hacia él con un vaso de cerveza en la mano. Los ojos del más bajo lo fulminaron rápidamente- Majestad, ya me disculpé un millón de veces…
-¿De nuevo estás espiándome? ¿Por qué?-preguntó el joven monarca cruzándose de brazos mientras el rubio se acercaba. A pesar de ser más bajo que la Torre, Feliciano no retrocedió sino que lo encaró hasta que se encontraron a sólo unos centímetros- Sabes bien que el honor es lo más importante que tenemos y me has deshonrado con tus suposiciones.
-No lo estaba espiando, Alteza, solo tengo buen oído-comentó el más alto antes de tomar un trago de cerveza- Majestad, creo que es obvio que no lo deshonré con mis suposiciones, lo hice para ayudarlo a darse cuenta del potencial que tiene, realmente sería tan bueno como la Reina si no dudara en el último instante.
-No… -Feliciano desvió la mirada para ver su copa con un gesto melancólico- Jamás podría ser tan bueno como Elizaveta… -justo en ese momento, Ludwig le lanzó un puñetazo en la cara que el más bajo pudo esquivar en el último segundo- ¡¿Qué haces?! ¡¿Por qué me atacas?!
-Te demostraré que podrías ganar el Torneo de la Reina si te esforzaras- dijo el rubio dejando su cerveza en la barandilla. El castaño lo imitó y se puso en posición de combate. Ninguno de los dos sacó las armas que traían ocultas pues, con solo una mirada, acordaron resolverlo con los puños.
-¡Te equivocas! ¡Yo no podría!-exclamó el joven monarca lanzando un puño contra el hombro de Ludwig haciendo que el más alto se tambaleara hacia atrás pero aún así logró golpearlo en el abdomen aunque no con la fuerza que esperaba. Feliciano retrocedió adolorido pero saltó para darle una patada en la cara, sin embargo la Torre logró detenerla. El rubio lo empujó y lo derribó. El monarca cayó al suelo y su corona rodó en el suelo.
-¡Claro que podrías, solo necesitas entrenamiento!- el más alto se apresuró a someter al gobernante de Lorem contra el suelo antes de que se levantara- Sé que no te graduaste de Alfil en la academia porque inmediatamente te coronaron como Rey, por eso es que no conoces muchas tácticas de batalla pero definitivamente tienes talento, si lo entrenaras, serías imparable…
El castaño observaba los ojos azules de su subordinado con una enorme sorpresa porque nadie más que Elizaveta y Kiku sabían que él no se había graduado de la Academia de Alfiles. En ese momento pudo notar que Ludwig realmente quería ayudarlo, no fastidiarle la existencia como había pensado antes.
-No sé como sabes eso pero está bien, Eli hace todo lo que puede por darme entrenamientos extras igual que Kiku-se sinceró el joven rey con un suspiro antes de mirarlo a los ojos- ¿Entonces me ayudarías en mis entrenamientos?- el rubio asintió justo en el momento en el que alguien entró al balcón.
-Majestad ¿está aquí?-preguntó Kiku antes de verlos en el suelo. Los tres se quedaron de piedra y un sonrojo atacó las mejillas de los dos jóvenes que se encontraban en el suelo. Ludwig se levantó rápidamente del suelo y ayudó al rey a levantarse. Un silencio incómodo se estableció entre los tres cuando la Torre levantó la corona del suelo y la colocó sobre la cabeza del monarca.
-Ehm bueno… me agradó hablar con usted, Majestad-el más alto regresó al Gran Salón antes de chocar contra un castaño malhumorado- Oh disculpe…
-¡Fíjate por dónde caminas, idiota! –exclamó Lovino molesto antes de caminar hacia el balcón. Kiku estaba platicando con el joven monarca cuando ambos miraron al recién llegado- Ehm… necesito hablar contigo, Rey Feliciano-El Alfil regresó al Gran Salón para dejarlos solos- Ehm… creo que es obvio de lo que quiero hablar.
-Ehm… sí, me imagino que quieres hablar-comentó el menor algo incómodo. Claro que él ya sabía que tenía un gemelo en el Reino Giallo pero jamás se imaginó que sería parte del ejército y mucho menos que se lo encontraría- Ehm… bueno… soy Feliciano…-el monarca le extendió la mano.
-No te veo muy sorprendido de verme-comentó el mayor cruzándose de brazos mientras sus miradas se cruzaban. El Rey bajó la mano y torció la boca pues obviamente era muy fácil leerlo- ¿Cómo sabes de mí? Mi madre sólo me dijo que mi padre y mi hermano habían huido a Lorem. Nunca pensé que fueras mi gemelo
-Yo sí sabía que tenía un gemelo, papá me habló de ti antes de… -comentó Feliciano bajando la mirada al recordar ese momento tan triste en su vida cuando de pronto sintió como el contrario lo sujetaba por los brazos. Su mirada chocó contra una airada y furiosa mirada verde oliva- …
-¡¿Por qué nunca me buscaste?!-exclamó el más alto mientras respiraba entrecortadamente por el enojo- ¡Eres el maldito Rey de Lorem! ¡Tienes a mil sirvientes a tu cargo, pudiste haberlos enviados a buscarme! ¡Si tan solo supieras lo mucho que he sufrido! ¡Cómo he tenido que arrastrarme desde lo más bajo cuando mamá murió para llegar a esto! ¡Tú siempre lo has tenido todo! ¡Te volviste el Rey solo porque te regalaron el jodido trono!
-¡Pues yo no quería el jodido trono!-exclamó Feliciano airado- ¡pero no iba a deshonrar a mi reino negando el trono! ¡No tuve elección, tú sí!
Gracias por leer y por sus comentarios
Flannya: Ya se arregló un poco el GerIta y hay un poco de UsUk jeje
Espero que les haya gustado y no olviden comentar, realmente valoro mucho sus comentarios
