Capítulo 23.

Disclaimer: Love Live! Pertenece a su creadora Sakurako Kimino y a ASCII media works junto con Sunrise.

NdelA: ¡Capítulo 23! Hemos llegado a mi tan esperado arco DiaMaru y como se los venía advirtiendo, durante los próximos 4 capítulos será puro y enteramente DiaMaru, por lo que para los que no gustan de este ship y prefieren no leer sobre ellas, pueden saltarse estos 4 capis, se perderán de miel pura pero en cuanto al resto de la historia, lo retomaremos todos cuando nuestras chicas regresen a casa. Con la advertencia hecha, no acepto reclamos por el exceso de DiaMaru plis.

Debo confesarles que este es uno de los capis que más he disfrutado escribiendo, en verdad amo el DiaMaru y espero haberles hecho justicia. Me emociona que lo lean por que es de mis capis favoritos.

PD. Hay algunas frases en inglés que podrían no ser correctas, me disculpo por ello, mi inglés no es tan bueno así que, lo siento si cometí algún error, no me cuelguen por ello, ni a beta chan plis.

PD2. Muchas gracias por todos sus comentarios, me hace muy feliz saber que disfrutan la historia tanto como yo y en serio en serio amo las cosas que dicen sobre la historia, gracias por todo.

Mag Max Kuv Bigotes: ¡Al fin acabe! Como siempre los hago en la raya. Primer capítulo de este arco DiaMaru, lástima por los que no les gusta porque tendrán varios capítulos de ellas. Mi mujer se emocionó tanto que serán bastante largos, y para comenzar uno de poco más de 12.5k. Los siguientes se vienen buenos y tendré que ponerme desde ya a editarlos pues me toca meterles más mano de lo usual. Es aquí que entra lo de la ¿co-autoría?

Espero ganarme una cena de lo que quiera por ello al menos. #Prayfordinner


La semana transcurrió casi de manera intrascendente para Hanamaru, ya que todo lo que ocupaba su mente se encontraba a un fin de semana de distancia.

El sábado llegó, no tan rápido como le hubiera gustado, pero entre las prisas de tener todo listo para el viaje, los permisos, el papeleo completo, la ropa formal para las presentaciones y demás detalles que Dia le había hecho llegar en una lista, todo pasó a mayor velocidad sin darse cuenta.

Por la mañana Ruby le había hecho el favor de prestarle una maleta que fuera lo suficientemente grande para que pudiera llevar lo necesario a su viaje, ya que no tenía una adecuada para el propósito. Aunque tenía ganas de platicar con Ruby, su amiga se veía bastante desanimada por alguna razón y, aunque forzó la platica un poco, Ruby se terminó retirando con la excusa de que también tenía que empacar pues ella pasaría una semana en casa de Kanan debido a la ausencia de su hermana. No pudo averiguar que era lo que le pasaba a su amiga ni tampoco hablar con ella de lo que le sucedía con Dia y eso la puso un poco triste.

Aunque seguía considerando a Ruby como su mejor amiga, debido a la fuerte atracción que sentía por Dia, cada vez le era más difícil platicar con ella, después de todo era la hermana de su amor imposible y le parecía difícil de explicarle lo que le estaba pasando, al menos todo lo que fuera relativo a cuestiones del corazón en particular. Sin embargo extrañaba esas charlas que solían tener, pues de la misma forma que ella mantenía esas cuestiones ocultas, sentía que Ruby tampoco era muy honesta cuando se trataba de hablar de su novia Chika, y extrañaba mucho poder platicar abiertamente con ella. Se hizo una nota mental de cruzar esa brecha que se había hecho entre ellas a su regreso del viaje a Tokio, debían volver a ser tan unidas como siempre lo habían sido.

Esa tarde, había quedado con Yoshiko para que le ayudara a disipar algunas dudas que habían estado rondando en su cabeza y confiaba en el "conocimiento" de la chica para ayudarle a resolverlas. No es que con Ruby no hubiera podido, pero para estas cuestiones era más adecuado hablar con Yoshiko.

La chica llegó a mediodía, justo para unirse a la familia Kunikida para el almuerzo. Yo-chan era una persona solitaria que a diferencia de Maru, no le era tan fácil convivir con más personas, debido a su manera excéntrica de ser que pocas veces era comprendida por el resto, sin embargo, al ser amigas de la infancia, facilitaba mucho la convivencia de Yoshiko con la familia Kunikida pues prácticamente la trataban como si fuera otro miembro de la familia.

Después del almuerzo ambas chicas se retiraron a la habitación de Hanamaru para terminar de empacar su maleta y hablar del asunto importante que quería Hanamaru.

Yoshiko se desplomó en la cama de Maru mientras ella sacaba ropa de su closet para empezar a doblarla y guardarla en la maleta que Ruby le había prestado.

—¿Y bien? —preguntó Yoshiko con curiosidad jugando con su nariz—. ¿En qué te puedo ayudar Zuramaru? —dijo mirando su dedo para luego volver a hurgarse la nariz.

Maru se tensó al escuchar la pregunta pues sentía vergüenza de solo pensar lo que tenía que decir. Ignoro la poca decencia de Yoshiko de estar haciendo algo tan sucio y solo se limitó a hablar de lo que quería.

—Es sobre lo que dijiste el otro día zura~ —Maru continuó su labor aunque su voz sonaba algo nerviosa y temblorosa—, sobre que no debería desperdiciar esta oportunidad.

—¡Es que no debes! —Yoshiko se enderezó enérgica—. Si quieres llegar a algo con ella, tiene que ser ahora, es una oportunidad de oro que no tendrás de nuevo —dijo tan apasionada olvidándose de seguir jugando con su nariz.

—Pero es que aún no sé a qué quiero llegar —explicó Maru frunciendo las cejas con molestia con ella misma—, quiero decir, sé que yo… estoy… enamorada —se sonrojó—, pero no sé qué hacer con eso, no podemos estar juntas por mucho que yo quiera.

—Pero, ¿porqué no? —preguntó Yoshiko exasperada golpeándose la cara con frustración—, no vas a ser su alumna toda la vida —hizo una expresión de "no seas tonta Zuramaru".

—No, no lo seré —le contestó enojada—, pero no creo que esa sea la única razón por la que Dia-sama se frena —explicó cambiando su semblante a uno de tristeza—, ella tiene sus propios candados que no le permiten intentar algo más conmigo.

—¡Ahg! —exclamó agarrando a Hanamaru de los hombros—. ¡Es que ustedes dos me desesperan! ¡Son tal para cual! —sentenció Yoshiko desesperada agitandola con algo de violencia—. Como ya dije antes —la soltó para ponerse en una pose dramática—, tú la amas, ella te ama, tienen esta oportunidad de oro y ¿la vas a desperdiciar? No es justo para ninguna de las dos, porque de algo estoy segura, si tú no haces nada, tu sensei tampoco lo hará, son tan… cobardes —concluyó molesta dándole un zape a Hanamaru en la cabeza.

—No somos cobardes Yo-chan, sólo somos realistas zura~ —se defendió devolviéndole el golpe en medio de la frente.

Se enfrascaron en una pequeña lucha en la que ambas forcejearon hasta caer sobre la cama tratando de dominar a la otra. Sólo que Hanamaru terminó poniéndose encima a horcajadas sujetando sus manos por encima de la cabeza de Yoshiko. En esa posición el pecho de Maru quedó sobre su cara y Yoshiko se sonrojo y al fin se dió por vencida.

—Bueno bueno, calmemonos mi little demon —pidió la paz—, veámoslo desde otra perspectiva —tenía que cambiar el enfoque de su discurso si quería que Maru llegará a algún lado con su problema—, porque no piensas en el viaje como… —buscaba las palabras adecuadas para explicarse pero le resultaba complicado concentrarse si tenía los pechos de su amiga sobre su rostro—, como un oasis en el desierto, todo lo que hagan allá sólo ustedes lo sabrán y cuando vuelvan pueden seguir con la misma rutina desesperante e infructífera que tienen todo el tiempo. Lo que pase en Tokio se queda en Tokio —concluyó quitándose de encima a Hanamaru que se sentó a su lado.

Por un momento Maru pensó que Yoshiko estaba loca, pero dándole una segunda oportunidad, la idea no parecía tan mala, estarían lejos de la escuela, de Uchiura, de los padres de Dia y los suyos y las responsabilidades con sus familias. Ciertamente irían a Tokyo como alumna y profesora pero nadie las conocía allá y sobretodo estarían solas durante toda la semana, viendolo desde esa forma, la idea de Yo-chan no era totalmente descabellada. Era el todo por el todo por un momento que no se repetiría de nuevo.

—Eso es… de hecho… posible zura~ —finalmente las palabras de Yoshiko habían convencido a Maru quien había tenido que detener su labor pues había sido golpeada por las miles de posibilidades que se abrían ante sus ojos—, estando allá creo que todo sería diferente y posible.

—Si si, así es Zuramaru —Yoshiko movía la cabeza de arriba a abajo estando de acuerdo con su amiga—, creo que ya estamos llegando a algo —dijo con suficiencia.

—Bueno, tengo que ver cómo se siente Dia-sama al respecto ~zura…

—¡No! —la interrumpió Yoshiko —eso no es así Maru-chan, si tú le dices obviamente se va a negar —suspiró con frustración—, ella es aún más estirada y densa que tú.

—Pero entonces, ¿cómo le hago para "aprovechar la oportunidad de oro"? —era el turno de Maru de sonar exasperada—. Esto es muy complicado.

—Tranquila —sonrió Yo-chan pasando su brazo por el hombro de su amiga—, lo único que tienes que hacer es repetir lo que hicieron esa noche —hizo la observación de manera sugerente.

—¿Dormir con ella? —preguntó Maru inocente y confundida.

—A veces no se si en verdad eres tan inocente, sólo tonta o si solamente juegas conmigo —dijo Yoshiko mirándola con los ojos entreabiertos—, únicamente tienes que besarla nuevamente, pero en esta ocasión, ambas tienen que estar muy conscientes de ese beso.

—¿Y si se niega? —preguntó Maru con temor—. ¿Y si me rechaza zura~? —sonó angustiada.

Yoshiko empezó a reír de ver a su amiga hecha un manojo de nervios y miedos.

—No lo hará —dijo confiada—, ella tiene tantas o más ganas que tu Zuramaru, es sólo que es demasiado mojigata y reprimida para aceptarlo. La mujer necesita un pequeño empujón y verás como salen chispas, fuegos artificiales, volcanes y esas cosas entre ustedes.

La idea de que con un simple beso se pudiera resolver el embrollo en el que estaban envueltas ellas dos se le hacía ridículo, pero casi siempre las observaciones de su amiga en estos temas eran acertadas, después de todo ella fue la que predijo que Ruby y Chika terminarían juntas, se preguntó si su otra predicción sobre ella y Dia sería acertada, tendría que preguntarle a Ruby para saber la respuesta.

Después de tomarse unos segundos para pensar cómo hacer lo que Yoshiko decía, se convenció que era la mejor opción, tendría que sacar determinación de dios sabe dónde para poder vencer sus propios miedos y adueñarse de Dia Kurosawa.

—Lo haré zura~ —pasó saliva pesadamente por el temor que tenía pero tratando de convencerse de que era la única opción.

Yoshiko la abrazó discretamente por la cintura poniendo su barbilla en su hombro.

—No temas pequeña Maru-chan, ya verás como todo sale bien —le dijo con cariño plantando un beso en su mejilla.

—Eso espero —respondió Maru correspondiendo con su abrazo—, gracias Yoshiko-chan. Tengo que ir por mi traje que se quedó abajo, ahora vuelvo —se levantó saliendo del cuarto.

Yoshiko se quedó a solas en la habitación contenta de haber podido ayudar a su amiga aunque sabía que por ella sola no sería suficiente para lograr su cometido. De cualquier manera tenía un plan de respaldo porque no iba a permitir que Maru desperdiciara su oportunidad si se echaba atrás. Corroboró que su amiga no estuviera cerca y de su mochila, que había traído con ella, sacó una caja muy bonita, adornada con encajes y corazones, se acercó hasta la maleta de Maru que ya estaba casi terminada y cuidando no desacomodar las cosas para no levantar sospechas, guardó la caja en el fondo de la maleta. No era muy grande pero tampoco tan pequeña.

—Con esto tienes el éxito asegurado Zuramaru —se rió por lo bajo de su travesura—, ya me agradecerás algún día por esto —dijo para sí misma con autosuficiencia riéndose a carcajadas ahora.

Maru regresó minutos después y Yoshiko se ofreció a guardar las últimas cosas en su maleta, para no arriesgar que su amiga encontrara la sorpresa que le había preparado mientras Maru terminaba de empacar su maleta de mano.

—Me siento optimista —concluyó Maru cuando Yoshiko cerraba la maleta grande—, creo que algo muy bueno resultará de esto ~zura.

—Ya verás que sí Zuramaru —respondió Yoshiko emocionada por la sorpresa que le tenía reservada—, ya verás que si.


Ruby estaba terminando de guardar unas cuantas mudas de ropa en su bolso cuando Dia le anunció que era hora de partir. Pasaría a dejarla a casa de Kanan antes de dirigirse ella misma a la estación. El coche de la familia Kurosawa las estaba esperando en la puerta de la casa.

—¿Sólo llevarás eso? —preguntó Dia extrañada al ver la pequeña maletita en la que Ruby llevaba sus cosas.

—Tampoco es que vaya tan lejos Onee-chan —explicó—, Kanan-chan vive muy cerca de la casa, no es como que no pueda venir a buscar cosas en la semana.

—¿Sigues molesta conmigo? —preguntó Dia al notar un inusual sarcasmo en la dulce voz de su hermana.

—No Onee-chan, no estoy molesta —se apresuró a responder negando con la cabeza—, vamos o llegarás tarde a tu cita.

—¡¿Eh?! ¿De qué hablas?— la forma en que Ruby dijo aquello hizo que Dia demostrara el nerviosismo que estaba tan empeñada por mantener a raya y que por un momento se tambaleó.

—Me refiero al tren —aclaró Ruby entre risas viendo cómo su hermana se delataba tan fácil—, estás algo nerviosa Onee-chan —no era una pregunta, era una simple observación que le causaba mucha gracia a Ruby pues ver a su hermana tan nerviosa no era usual pero sí que era divertido, y ella sabía bien la causa de los nervios de Dia.

—Ah si si, vamos ya Ruby —trató de disimular guiando el camino hacia el coche, con ayuda del chofer subieron las maletas a la cajuela y se pusieron en marcha.

Para evitar contratiempos, Kanan ya estaba esperando su llegada antes de la hora acordada, en cuanto escuchó que el auto se había estacionado en su entrada, abrió la puerta de su casa para recibirlas.

—¡Bienvenida! —le dijo a Ruby con una amplia sonrisa que aunque fue correspondida por la menor, no era del todo sincera.

—Hola Kanan-sensei —respondió Ruby algo desanimada entrando a la casa seguida por Dia.

Kanan podía entender que tal vez no era del todo divertido tener que pasar la semana con ella pidiendo pasar el tiempo haciendo otras cosas mejores, quizás con su novia, pero Dia había sido clara, nada de Takami Chika cerca de su hermana.

—Voy tarde —explicó Dia en cuanto vio a su amiga.

—Cosa inusual en ti señorita Kurosawa —bromeó Kanan—. ¿Esta bien Ruby? La noto algo molesta —comentó, bajando la voz para que solo Dia escuchara.

—No estaba muy de acuerdo en quedarse contigo, lo siento —explicó—, dice que ya puede cuidarse sola —Kanan se rió al ver que sus sospechas eran ciertas.

—Pero no confías en ella lo suficiente —concluyó Kanan casi hablándole al oído aunque Ruby ya se había dirigido a la que sería su habitación pues no es la primera vez que se quedaba en casa de Kanan.

—Claro que confio en ella —espetó Dia indignada—, es sólo que las cosas son diferentes ahora que tiene novia, la tengo que cuidar, además ya sabes, nada de Takami Chika rondando por aquí.

—No vaya a ser igual de traviesa que tú —la picó Kanan en la nariz provocando que Dia hiciera un gesto gracioso.

—No soy traviesa —respondió poco convencida—, y ella es muy pequeña para esas cosas.

—Recuerdo que en la preparatoria no podías mantener tus manos alejadas de mi —dijo Kanan al oído de Dia en tono seductor haciendo que el cabello en la nuca de Dia se erizara.

—¡Kanan no juegues! ¡No con Ruby aquí! —el reclamo de Dia provocó que ambas soltaron tremendas carcajadas al ver su actitud adolescente.

—Estará bien, tú tranquila —aseguró Kanan en cuanto las risas cesaron—, me preocupa más cómo estás tú, ¿podrás controlarte ante los encantos de la pequeña Hanamaru? —se tocó los pechos y Dia se sonrojo.

—Cl… claro que lo haré —espetó Dia—, no dudes de mi —dijo indignada.

Ruby regresó para despedirse de Dia guiada por las risas de ambas mujeres.

—¿Y si te acompañamos a la estación? —preguntó Kanan para romper la tensión que había entre ambas hermanas ahora que Ruby había regresado con ellas—. ¿Esta bien si vamos Ruby-chan? —le preguntó a la chica y Dia esperaba que el enojo de Ruby continuará quizás.

—Si, vamos —respondió un poco más emocionada por ir a despedir a su amiga también.

Las tres mujeres abordaron el coche para dirigirse a la estación. Dia no lo quería admitir, pero al menos la presencia de Kanan la hacía estar un poco más tranquila y segura. Además de que desde la mañana tenía un nudo en el estómago que hizo que no fuera capaz de probar bocado.

Llegaron aún con tiempo de sobra para la salida del tren, pero para Dia ya era bastante tarde pues su idea había sido llegar antes que Maru y su familia, no quería dejar una mala impresión a sus padres o generarles alguna desconfianza, desafortunadamente para ella, cuando llegó vio que Maru platicaba amenamente con sus papás quienes por el lenguaje corporal parecían estarle dando instrucciones.

Tanto Kanan como Ruby eran conscientes del nerviosismo de Dia, pero ambas a su manera hicieron lo posible por darle ánimos. Ruby por su parte se adelantó para ir a saludar a su amiga y su familia y de esa manera facilitarle a su hermana platicar con ella más adelante. Ese gesto le dio un poco de aire para que Dia platicara con Kanan ya que Ruby sabía que ella tenía la capacidad de lograr milagros con su hermana, era como su entrenadora de vida o algo parecido.

Kanan ayudó a Dia con su maleta, sin hacer muchos aspavientos dio un rápido apretón en su mano dejándole ver que todo estaría bien, no fue necesario hablar pues con la mirada logró transmitir la calma que le hacía falta para iniciar este nuevo reto. La mayor de las Kurosawa suspiró con fuerza y armándose de valor se acercó a la familia de Maru seguida por Kanan.

—¡Buenas tardes! —saludó con su voz tranquila y solemne, mucho más seria de lo que quería sonar.

—¡Oh buenas tardes sensei! —saludó el papá de Hanamaru, un hombre bajito con un bigote gracioso pero una mirada gentil que le recordaba mucho a la de Hanamaru.

—¡Buenas tardes! —la mamá de Maru hizo una reverencia también para saludar a Dia la cual fue correspondida de inmediato.

—¿Ya están listas? —preguntó el señor Kunikida con optimismo—. Permítame agradecerle sensei, siempre hemos sabido que Marucita tiene mucho potencial, pero nunca nadie se había interesado tanto en ella como usted y es gracias a eso que está aprendiendo a recorrer nuevos caminos, en verdad le estamos muy agradecidos —concluyó el señor con una profunda reverencia que le hizo sentir culpa.

—No… no tiene porqué agradecer Kunikida-dono —se apresuró a responder Dia apenada—, el talento de Hanamaru-san es lo que nos está llevando a Tokio, yo solamente soy una mera guía para su hija.

—Nunca habíamos visto a Marucita tan entusiasmada como ahora —habló la madre de Hanamaru—, y todo es gracias a usted, cuide mucho a nuestra pequeña —de nuevo sintió esa puñalada de culpabilidad.

—Lo haré —Dia se sentía tremendamente abochornada y hacía todo lo posible por disimularlo, pero no era nada fácil teniendo la mirada de Maru sobre ella quien no perdía detalle de nada de lo que pasaba a pesar de estar platicando con su hermana menor.

La plática incómoda continuó por unos minutos más sin un tema en particular hasta que escucharon su tren siendo anunciado como la salida próxima en los altavoces.

Dia se alejó con Kanan para permitir que Maru se despidiera de sus papás con un poco más de privacidad. Ella hizo lo mismo con Ruby dandole un calido abrazo que sostuvieron durante algunos segundos, ahora que parecía que la molestia inicial de Ruby se había ido sustituida por solo el amor de hermanas que se tenían.

—Portate bien Ruby-chan —le dijo en voz baja dándole un beso en la frente.

—Lo haré Onee-chan —respondió Ruby con una gran sonrisa—, estate tranquila por eso —la abrazo una última vez alejándose para que Dia se pudiera despedir de Kanan mientras ella buscaba a su amiga.

La vio alejarse y Kanan se acercó a Dia.

—No sé cómo lo haré Kanan —le dijo en voz baja a su amiga cuando la abrazó por la espalda.

—No pierdas la calma Dia, tus nervios siempre juegan en tu contra, cualquier cosa sabes que puedes llamarme —le dijo al oído con su cara recargada en su hombro.

—Gracias y gracias por cuidar a Ruby —respondió Dia finalmente suspirando lista para iniciar el viaje separándose del abrazo.

—No te preocupes por eso —la abrazó de nuevo—. Preocupate de portarte bien con tu alumna —Dia asintió.

Después de las despedidas y formalidades, Dia se encargó de las maletas de ambas mientras Maru iba en busca de sus lugares. Minutos pasaron en lo que acomodaba el equipaje y Dia fue en su búsqueda de la menor encontrándola sentada en uno de los últimos vagones, no estaba completamente lleno, pero habían algunas personas ya ocupando sus lugares.

Fue hasta ese momento que Dia se convenció de que no era un sueño, iba de camino a Tokio para pasar una semana en compañía de la mujer a la que amaba pero le estaba prohibida y no tenía ni idea de cómo iba a lograr sobrevivir a eso.

—Estoy emocionada zura~ —Hanamaru habló primero sacando a Dia de sus pensamientos cuando estuvieron las dos sentadas una junto a la otra, lo cual fue bueno pues ya estaba preocupada que el golpeteo de su corazón fuera audible para las personas a su alrededor.

—Yo también —respondió Dia aún tensa—. ¿Has ido a Tokio antes? —inicio la plática para disipar sus nervios.

—Umm… fui una vez, cuando era muy pequeña —explicó Maru—, pero no recuerdo mucho de eso ~zura.

—Entonces fue hace no mucho tiempo —bromeó Dia para romper la tensión.

—No soy tan pequeña zura~ —respondió Maru indignada con un puchero siguiéndole la corriente a Dia—, pues ya tiene algunos años de eso.

—Tokio es un lugar muy hermoso —Dia habló con nostalgia recordando su tiempo en aquel lugar—, aunque es muy diferente a vivir en Uchiura, todo pasa tan rápido y aunque estés rodeada de miles de personas, se puede sentir muy solitario.

—¿Así se sentía cuando vivía en Tokio? —preguntó Maru con tristeza mirando a Dia con intensidad.

—Un poco si —se sinceró Dia viendo hacia sus piernas.

—Ahora, no pasará —dijo Maru decidida recargándose en el hombro de Dia tomándola por sorpresa—, yo no permitiré que se sienta sola mientras estamos en Tokio.

Las palabras de Maru hicieron que la poca compostura que Dia estaba manteniendo se perdiera por completo y su corazón comenzó a martillear nuevamente con más fuerza por la proximidad de la chica. Ninguna de las dos dijo más pero tampoco se separaron por un buen rato.

El paisaje que iba adornando el camino era hermoso y aunque Dia lo había visto en muchas ocasiones anteriores, jamás le había parecido tan bello como ahora, los colores eran más vibrantes, el cielo era más azul, el verde de los árboles era más intenso, incluso los olores eran más intensos y extrañamente atrayentes. Conocía ya el aroma de Hanamaru pero estando tan cerca de ella, parecían meterse a su subconsciente con fuerza, su cabello desprendía un olor dulce y delicioso que le recordaba el olor de la primavera.

Le sorprendió cuando el peso de la chica quedó completamente recargado sobre ella y cuando emitió un ligero suspiro muy parecido a un ronquido, fue allí que se dio cuenta que Maru se había quedado dormida. Con miedo a despertarla, Día prefirió quedarse en esa posición disfrutando plenamente del contacto. No era tan malo si solo lo dejaba pasar sin cortarlo, no era su culpa después de todo.

Aproximadamente una hora después el estómago de Día se encargó de despertar a la chica que aún dormía plácidamente a su lado. El haberse saltado el desayuno le estaba pasando la factura y el gruñido que emitió su estómago en protesta hizo que Hanamaru se revolviera a su lado despertándose.

—¿Dia-sama tiene hambre zura~? —preguntó Maru en medio de un bostezo buscando el rostro de Dia que estaba completamente rojo de la vergüenza.

—Eh… no no Hanamaru-san —mintió Día tratando de guardar la compostura.

—No me mienta zura~ —la reprendió Maru con firmeza lo que se le hizo muy tierno a Día.

—Emm bueno… si un poco —aceptó finalmente—, no tuve tiempo de desayunar.

—Ya veo —Maru se levantó a buscar el obento que su madre le había preparado para el viaje—, vamos a comer zura~, no es bueno que pase tanto tiempo con el estómago vacío.

Comieron muy a gusto compartiendo la comida que había enviado la familia de Hanamaru, todo estaba delicioso, tenía un sabor tan hogareño que hizo a Dia recordar aquellos tiempos en que su madre cocinaba para ellos y todo era felicidad en la familia Kurosawa. Hanamaru tenía la habilidad de evocar en ella los recuerdos más felices de su vida, si tan solo hubiera una forma de hacer un futuro con ella, le encantaría tener más momentos felices como ese.

El viaje fue de un poco más de tres horas, cuando llegaron a Tokio, Dia le pidió a Maru que no se despegara de ella pues para salir de la estación siempre había un río de personas yendo y viniendo que podrían hacer muy fácil que la chica se alejara de su lado y se perdiera. Se aseguró que Maru tuviera su celular encendido y con sonido solo en caso de alguna emergencia y sin más advertencias se lanzaron a caminar en la gran ciudad.

Para Maru todo parecía tan moderno y lleno de sofisticación pero para Dia era lo mismo de siempre, todo tan frío y distante, aunque el entusiasmo de Hanamaru empezaba a ser contagioso.

Los organizadores del evento enviaron un auto a la estación para que las recogiera y las llevara al hotel que las hospedaría. No era un hotel tradicional japonés como Maru había pensado, era uno de esos modernos hoteles de origen occidental que estaba lleno de lujos y modernidades que no había visto antes.

—Pensé que nos llevarían a un lugar más… modesto ~zura —comentó en voz baja para que no la oyera el chofer mientras bajaba del vehículo y se delatara su procedencia pueblerina.

—Umm… yo también lo pensé aunque no es raro que se hagan este tipo de cosas en eventos de esta magnitud —explicó Día mientras el conductor le entregaba las maletas de ambas—, será mejor que entremos para que nos asignen habitación.

El hotel era muy alto, tenía un gran recibidor con decoración minimalista moderna, todo se encontraba automatizado, incluso las puertas giratorias de la entrada se movían en automático y eso fascinó a Hanamaru que miró con grandes ojos la puerta y se boleto a ver a Dia con su gran emoción.

—¡Dia-sama! —expresó Maru señalando sobresaltada a las puertas que giran solas—. ¡Es el futuro ~zura!

Día no pudo contenerse y soltó una risa, aunque discreta, una risa que más que nada era producto de la ternura que le dió el comentario de la chica pero se recompuso rápido no queriendo que se malinterpretara y Hanamaru pensara que se burlaba de ella.

—Es una puerta eléctrica Hanamaru-san, pasa primero y te sigo después —le indicó y Maru observó como funcionaban para poder hacerlo—, sólo tienes que caminar dentro y la puerta empezará a girar —le explicó a lo que asintió la chica.

—¡Esta bien Dia-sama! ¡No le fallaré! —Maru caminó dentro del extraño cilindro y se maravilló cuando de la nada empezó a girar dejándola entrar dentro de la recepción.

Se olvidó por completo que la estaban mirando y comenzó a dar pequeños saltitos de emoción por haber hecho algo tan increíble cómo cruzar a través de unas puertas eléctricas giratorias. Observó como Dia hacia el mismo movimiento y la espero con entusiasmo y con los brazos abiertos.

—¡Es increíble zura~! —le dijo a Dia cuando apareció unos segundos después de ella.

Su sonrisa enorme y su emoción por las cosas se le hicieron tan entrañables que ya no podía esperar a enseñarle el resto de lo que le deparaban estos días, pero primero debía hacer el papeleo.

—Iré a arreglar lo de la habitación, espérame un momento Hanamaru-san —Dia se dirigió a la recepción dejando que Maru curioseara alrededor en lo que hacía el trámite.

Para Hanamaru todo le parecía tan brillante, era como una escena de esas que había leído muchas veces en libros que hablaban sobre el futuro. No pudo evitar admirar el porte de su profesora, era increíble para ella ver cómo se transformaba de una persona gentil y noble ante sus ojos a esa mujer grácil y elegante que parecía inalcanzable. Dia era eso y más, pero era todo parte de esa mujer a la que amaba y admiraba.

Le sorprendió escuchar que Día subiera el tono de voz con la mujer de la recepción, se le veía bastante molesta y alterada, lo que hizo que se quisiera acercar a averiguar qué estaba pasando pues no se le hizo normal, sin embargo no podía dejar las maletas solas en medio del hotel.

—¡La reservación dice que es una suite con dos camas matrimoniales! —espetó Día molesta a la recepcionista.

—Kurosawa-san no sé qué pasó, en nuestro sistema su reservación tiene una Jr Suite que incluye una cama king-size —la mujer de la recepción se disculpaba con Dia y explicaba una y otra vez pero Dia no parecía querer ceder.

Las implicaciones eran demasiadas para asimilar si aceptaba esas condiciones.

—¿Y no nos puede cambiar de habitación? No importa si es una más sencilla que la que teníamos reservada o una más costosa, yo cubriré la diferencia —insistió, debía haber más opciones.

Pasar la noche en la misma habitación que Hanamaru era el reto para el que Día se había preparado mentalmente pero pasarlo en la misma cama de la chica, eso era mucho más allá de lo que podría soportar. Era demasiada tentación para ella.

La mujer recepcionista buscaba presurosa en la computadora algún arreglo que pudiera hacer para el gran error que habían cometido pero al ser el hotel sede del evento, absolutamente todas las habitaciones estaban reservadas y ocupadas por lo que por qué quisiera no había manera de resarcir el problema.

—Señorita Kurosawa tengo el hotel al cien por ciento de la capacidad, no tengo habitaciones disponibles para los próximos días —la mujer no despegaba sus ojos de la pantalla en busca de un milagro que pudiera arreglar el error—, tengo una habitación que se desocupara a mitad de semana, es una suite presidencial, se las otorgaremos sin costo extra —agregó rápidamente pues Día ya se encontraba sacando su tarjeta para hacer el pago.

—¿Qué día nos podremos cambiar? —preguntó Día preocupada pues había dicho que tenían una habitación pero no cuando.

—El jueves por la mañana haremos el cambio de sus cosas señorita, no tienen porque preocuparse —la mujer sonaba genuinamente apenada y a Dia no lo quedó otra opción más que ceder. Sólo serían unos cuantos días los que tendría que aguantar. Se convenció de que podía hacerlo.

Cuando Dia regresó al lado de Hanamaru aún se encontraba diciendo cosas ininteligibles, poco comprensibles para la chica y además se le notaba visiblemente alterada. El bellboy venía detrás de Dia y se adelantó a tomar sus maletas. Dia se acercó para guiar a Maru a su habitación.

—Vamos Hanamaru-san —la llamó con voz severa—, no puedo creer que hicieran mal la reservación, ¡pero a quien se le ocurre dejarnos una habitación con una cama!

Todavía se quejó delante de su alumna y le pidió seguirla yendo detrás del bellboy hasta el elevador. El elevador abrió sus puertas y Día cedió el paso a Hanamaru quien aún no había hecho algún comentario sobre la situación de la habitación, aún seguía pensando en lo que significaba eso.

Debían subir hasta el octavo piso y el hotel contaba con un elevador panorámico por lo que la vista que se tenía era impresionante.

—No me importa —dijo Hanamaru finalmente rompiendo el silencio que se había hecho entre las dos.

—Pero es que no es correcto —expresó Dia aún molesta sabiendo a qué se refería.

Los rayos del atardecer iluminaban el rostro de Hanamaru realzando sus facciones, su cabello brillaba de una manera que Dia nunca había visto y la hacían temblar, sus ojos reflejaban la más pura inocencia y estaban completamente puestos en ella de un modo que desarmada todas sus barreras.

—No es la primera vez que lo hacemos Dia-sama —dijo Hanamaru segundos antes de que se abrieran las puertas dejando salir a ambas mujeres dejando a Dia prácticamente muda y sin poder moverse hasta que el bellboy tosio para sacarla de su estupor.

Era la primera vez que alguna de las dos mencionaba lo que había pasado en esa noche y Dia sentía que era un tema muy peligroso para discutir en público, fácilmente podría malinterpretarse, así que no hizo comentario alguno sobre ello, prefirió hacer un cambio de tema en su lugar.

Era una bonita habitación, en un estilo completamente occidental. El piso se encontraba alfombrado, la temperatura del cuarto era la adecuada pero lo que más llamaba la atención era la enorme cama que se encontraba en el centro que hizo que Dia profiriera un sonoro suspiro de frustración.

—Mañana el programa inicia a las 8 —informó a Hanamaru pasando un paquete de bienvenida que le habían dado en la recepción y dejando el bolso que aún cargaba sobre una mesa de servicio que se encontraba contigua a la cama—, tenemos que estar listas antes de eso.

—Esta bien Dia-sama —Hanamaru tomó el paquete entre sus manos y empezó a revisarlo sentándose en una de las sillas, aunque estaba cansada, el viaje había sido largo y sintió la necesidad de asearse—. ¿Podría tomar un baño? —preguntó apenada a Dia.

—Claro, puedes hacer lo que gustes, digamos que es tu tiempo libre, no tienes que preguntarme —explicó Día con gentileza, tratando de que no sonara como un regaño.

—Tomaré el lado derecho de la cama —anunció Hanamaru señalando el lugar—, sé que le gusta dormir del otro lado —su cara se tiñó de un ligero rubor recordando él cómo se había enterado de esa información.

—Gracias —respondió Día desplomándose sobre su lado de la cama cubriendo su cara con una almohada tratando de disimular su sonrojo al recordar la noche de la que hablaba Maru, era difícil despejar su mente si la chica sacaba el tema a cada segundo.

Maru se dio cuenta que el nerviosismo de su sensei era bastante contagioso y en cuanto Dia se acostó en la cama Hanamaru se levantó velozmente, tanto así que olvidó buscar una muda de ropa en su maleta, estaba más pendiente de Dia quien continuaba con la almohada en la cara así que evitó decir algo que pudiera perturbarla si es que iba a descansar. Salió corriendo al baño y sólo se encerró allí sin más.


Dia solo quería que la tragara la tierra en ese momento. ¿Cómo era posible que se complicaran tanto las cosas? Era como si estuviera escrito que tenía que sufrir ese condenado viaje de principio a fin, sin poder disfrutar nada de él. Sólo sufrir y sufrir sin resolución.

Se levantó de la cama para tratar de calmarse pues su intento anterior no había resultado. Recordó que tenía que sacar sus trajes de la maleta para evitar que se siguieran arrugando y con suerte un poco de actividad distraería su mente de malos y tormentosos pensamientos.

Habían dos closets dentro de la habitación y el bellboy había acomodado una maleta en cada uno. Las maletas de ambas mujeres eran casi iguales, siendo la única diferencia una etiqueta en la parte superior que decía Kurosawa R. y Kurosawa D. Ya que Hanamaru tenía la maleta de Ruby.

Fue directo a uno de los closets pero al abrir su maleta sin cerciorarse que fuera realmente la suya, había olvidado el detalle de que la de Maru era igual a la suya y para cuando se dio cuenta, ya había abierto la maleta equivocada.

Estuvo a punto de cerrarla de inmediato sin embargo una pequeña caja en la esquina llamó su atención. Tenía una pequeña tarjeta arrugada donde podía leer "Para la gran noche con la sensei del amor, Kurosawa Dia". Los nervios la invadieron de nuevo y se preguntó porque Hanamaru tendría una caja así con su nombre escrito. Se debatía entre abrirla o no, eso era invadir la privacidad de Hanamaru, pero el encaje que adornaba la caja era demasiado llamativo para ignorarlo, sin mencionar que qué tenía ella que ver en eso. Al final terminó dejando que la curiosidad ganara el duelo.

Antes de abrirla verificó que el agua en el baño se encontrara corriendo en señal de que Hanamaru estaba efectivamente duchandose. Después con gran cuidado de no remover mucho las cosas de la maleta, sacó la caja y la abrió para saciar su curiosidad.

De todas las cosas que Dia se imaginó que podía encontrar en la maleta de Hanamaru, lo último que esperaba encontrar era… no tenía palabras para decir lo que era… pero sin duda le resultaba completa y totalmente escandaloso.

Había diminuta lencería de encaje de varios colores que incluían incluso provocadores ligueros, además una serie de juguetes sexuales entre los que reconoció un par de vibradores y un dildo montado en un ¿arnés? También había un par de lubricantes de sabores, un par de esposas con ¿peluche de tigre?, un antifaz, un látigo. Cerró la caja de golpe pensando que ya era demasiado, solo que volvió a abrirla para comprobar que en efecto no estaba alucinando.

—¡Pero qué…! —gritó bastante fuerte soltando la caja después de abrirla de nuevo, haciendo que todo se esparciera su contenido por el suelo.

A pesar de que el ruido de la regadera amortiguaba el sonido de la habitación, el grito de Dia alertó a Hanamaru desde el baño.

—¿Dia-sama está todo bien? —preguntó Maru en voz alta cerrando la llave del agua, lista para salir si era necesario.

—Eh… si si… Hanamaru-san, todo está bien, no pasa nada —respondió Dia tratando de sonar casual aunque sus nervios estaban acabando con ella.

Esperó hasta que el sonido del agua de la regadera se volvió a escuchar antes de tratar de componer todo. Se agachó a recoger lo que se había caído aún con las manos temblando, tampoco le ayudaban las mil historias que su cabeza se estaba inventando. El hecho de tocar la lencería empeoraba las cosas, pues por su mente empezaron a desfilar imágenes de Hanamaru luciendo los diminutos atuendos lo que hizo que su cabeza estallara por completo. Iba a tener una hemorragia nasal.

Una vez que terminó de recoger las cosas, las depositó dentro de la maleta de la chica sin mucho cuidado dejando todo algo revuelto. Sólo quería salir de allí y que la tierra la tragara sin dejar rastro de ella. Con las prisas tampoco tomó la precaución de cerrar la maleta.

Sentía la urgencia de llamar a Kanan y no podría hacerlo desde ahí. Salió de la habitación como si fuera una fugitiva caminando por el pasillo con los pies trémulos hasta llegar a las escaleras de emergencia, desde donde se sentía ligeramente más cómoda para llamar a su amiga y desahogarse de esta calamidad.

Marcó el número de Kanan tan nerviosa que casi se le cae el teléfono de las manos, el tiempo de espera se le hizo eterno hasta que por fin escuchó la conocida voz de Kanan al otro lado de la línea.

—Hola Dia —la saludó contenta.

—Kanan, ¿estas sola? —preguntó Dia con nerviosismo, primero verificando que podían hablar.

—Pues… si, estaba viendo una película —escuchó que Kanan bajó el volumen de la televisión para prestarle atención, pues ya había reconocido la voz de su amiga que indicaba que estaba en una de sus acostumbradas crisis—, ya, ya la quité, dime ¿qué pasó con la pequeña Maru-chan?

—¿Consideras que Hanamaru-san es el tipo de persona a la que le gusta el sadomasoquismo? —cuestionó Dia alarmada sin darle un punto de comparación al porqué preguntaba tal cosa.

—¡¿Eh?! ¿De dónde sacas eso? —su cuestionamiento tomó a Kanan por sorpresa— ¡¿Kurosawa Dia qué le estás haciendo a esa niña?!

—¡Nada! —se defendió Dia—, es ella la que… —Dia miró hacia todos lados revisando si no había nadie que la pudiera escuchar—, creo que me quiere violar —concluyó bajando la voz completamente avergonzada.

Kanan estalló en tremendas carcajadas. Era tan hilarante lo que decía que debía ser una broma.

—¿De qué estás hablando? —Kanan apenas y podía hablar entre tanta gracia que le estaba causando la llamada Dia—. ¿Me estás diciendo que la pequeña, tierna e inocente Hanamaru-chan va a violar a la gran Kurosawa-sensei? —finalizó con otro ataque de risa.

—¡No te burles! —espetó Dia enojada gritándole al celular—. Ya sé cómo suena eso, pero es la verdad.

—A ver cuénteme, ¿de dónde sacó eso Kurosawa-sensei? —preguntó Kanan cuando por fin pudo contener la risa.

—Si te dejaras de reír tal vez te podría contar —reclamó Dia exasperada.

—Ya ya —suspiró Kanan tratando de ser paciente con Dia y poniéndose seria—, me calmé, cuéntame qué pasó.

—Bien, como te decía —inició Dia el relato sentándose en las escaleras—, creo que me quiere violar... ¡no te rías! —le llamó la atención porque de nuevo Kanan estaba riéndose—. Creo que me quiere violar porque resulta que la pequeña ya no tan "inocente" —hizo énfasis— Hanamaru-san, trae dentro de su maleta una caja con contenido sexual explícito.

—¿Hanamaru? ¿Estamos hablando de la misma persona? ¿La pequeña Hanamaru que pasa sus días en el templo? —preguntó Kanan aguantandose la risa—. A ver Kurosawa Dia, ¿Qué es lo que tomas por contenido sexual explícito?

—¡Pues eso! —respondió Dia alterada—. Esposas, dildos, vibradores, lencería, ¡hasta trae un látigo! —dijo casi gritando.

—Alguien va a hacer una fiesta sexual contigo —Kanan no pudo contenerse más y explotó en risas nuevamente. Todo era tan surrealista.

Dia gruño molesta y de nuevo tuvo que intentar ponerse seria.

—Tiene que haber una explicación razonable para eso Dia, no creo que Hanamaru-san sea del tipo que le gustan esas cosas, ni siquiera podría entrar a una tienda y comprarlos legalmente —Kanan cayó en cuenta de algo—, más importante que eso, ¿cómo es que viste esas cosas en su maleta? ¿Ella te las enseño?

—¡Claro que no! —Dia seguía muy alterada hablándole casi a gritos a su amiga que sólo se estaba divirtiendo con sus ocurrencias—. Fue por error... sucede que hubo un malentendido y la reservación que teníamos no corresponde a la que tenía registrada el hotel y en lugar de darnos una habitación con dos camas, tenemos una con una sola cama. ¡Sólo una Kanan! ¡Voy a morir si debo dormir con Hanamaru casi toda la semana! —concluyó en un hilo de voz—. No se que voy a hacer, este maldito viaje se está convirtiendo en una pesadilla —concluyó angustiada al punto de las lágrimas.

—Tranquila Dia, lo estás tomando demasiado a pecho y...

Dia escuchó un ruido en el auricular y posterior a eso se cortó la llamada. Trató de llamar nuevamente a Kanan pero no lograba obtener respuesta, algo había pasado con la línea que no le permitía llamar aún con todos sus intentos.

—¡Genial! —exclamó azotando la cabeza contra la pared—. ¿Y ahora qué hago?

Sus intentos de localizar a Kanan fueron infrutctíferos y no le quedó más opción que regresar a su habitación y hacer frente a la sorpresiva "situación" con Hanamaru.

Si había un Dios en el cielo, justo ahora debía estar burlándose de ella.


El baño de Hanamaru se prolongó bastante tiempo pues al ser un baño occidental tenía que llenar la bañera hasta después de asearse, lo que requería mucho más tiempo que el usual. Al término del baño se percató de su error al no llevar absolutamente nada de ropa para vestirse y lo único que había era un par de toallas y batas de baño. No le quedaría más remedio que utilizarlas y salir desnuda a buscar su ropa.

Estando lo más presentable posible a su parecer y asegurándose que la bata cubriera completamente su desnudez abrió la puerta del baño buscando a Dia pero fue hasta entonces que se percató que se encontraba sola en la habitación y agradeció tal cosa.

Fue hasta donde estaba localizada su maleta y se dió cuenta que había sido abierta, se apresuró a revisar su interior y fue entonces que hizo el hallazgo de la extraña caja. Vio la nota escrita a mano y el contenido de la misma y supo de quién se trataba. Se apresuró a abrirla para averiguar el contenido de la misma ató los cabos de inmediato, Yo-chan le había hecho la travesura y Dia había terminado pagando los platos rotos seguramente malentendiendo las cosas.

Oyó ruidos y se giró para ver de donde provenían. Todo pasó como en cámara lenta, de la nada Dia abrió la puerta y se encontró de frente con Hanamaru solo con una pequeña toalla cubriendo su cuerpo desnudo y mojado, su cabello húmedo escurría agua por sus hombros y pecho, Día miró más de la cuenta sus senos para luego darse cuenta de que además la chica se encontraba sosteniendo el látigo en una mano y las esposas en la otra. Ambas mujeres se quedaron sin palabras solo mirándose a los ojos hasta que Dia terminó perdiendo la batalla contra su propio terror y cerró la puerta en la cara de Hanamaru para salir caminando a toda velocidad por el pasillo al punto del infarto.

Maru salió corriendo tras Dia, tenía que explicarle lo que estaba pasando porque con seguridad su sensei se había hecho toda clase de ideas erróneas sobre ella y sobre la vergonzosa situación.

—¡Dia-sama! —gritó por el pasillo—. Espere, puedo explicarlo —aún iba sosteniendo el látigo en las manos y cualquiera que la viera iba a pensar toda clase de cosas.

Dia escuchó a la chica y aunque quiso seguir caminando, su cuerpo la obligó a detenerse. Sintió una necesidad creciente de ir y hacer cosas indecentes con su alumna.

—Espere, por favor —Hanamaru había corrido en su búsqueda—, puedo explicarlo —le dijo en cuanto la alcanzó—, regrese al cuarto para que podamos hablar.

Dia se dio cuenta que estaban haciendo una escena a medio pasillo con la chica envuelta en una toalla sosteniendo un látigo y un par de esposas en la mano. Se llevó la mano a la cara para cubrir su nariz por si acaso había comenzado a sangrar.

—Vamos Hanamaru-san —respondió saliendo de su estupor guiando a la chica de regreso a la habitación—. Este no es lugar para hablar —la urgió para volver.

Una vez dentro Hanamaru no sabía ni cómo empezar a explicarse, aunque primero se aseguró de guardar el contenido de la caja para que no las perturbada más.

—Esto es muy vergonzoso ~zura —la cara de Hanamaru estaba teñida completamente de rojo.

—Lo es —estuvo de acuerdo Dia tratando de evitar la mirada de Maru, tronandose los dedos de puros nervios.

—Ya se que esto se ve muy mal —señaló a los objetos de su maleta—, pero no son mios ~zura, fueron una mala broma de Yoshiko-chan —explicó ante la mirada sorprendida de Dia.

—¿Yoshiko? ¡Usas estas cosas con Tsushima-san? —se exaltó escandalizada.

—¡No, no ~zura! —se apresuró a calmar a Dia—, no es así, lo que sucede es que… bueno, ella tiene una tienda pues… de estas cosas, una sex shop ~zura —dijo en voz baja—. Bueno, no es que sea su tienda, es de su familia y ella trabaja ahí a veces —se apresuró a explicar—, así que supongo que esta fue su idea de desearme buena suerte en el viaje —concluyó casi en tono interrogativo.

—¡Pero qué se cree esa niña que viniste a hacer aquí! —exclamó Dia indignada aunque después de haberlo dicho cayó en cuenta de lo que Yoshiko pudo estar pensando y el rubor subió a sus mejillas, vio en los ojos de Hanamaru que ella también había llegado a la misma conclusión—. ¡Oh, ya veo! ¿A esto te referías cuando decías que ella tiene gustos peculiares?

—Si… un poco —respondió Hanamaru jugando con el borde de su toalla levantando levemente dejando a la vista parte de sus muslos los cuales Dia no pudo evitar mirar muy contra su voluntad.

Ahora que el misterio estaba resuelto, saltó a la vista de Dia que Hanamaru aún no se había vestido, pues estaba viendo sus piernas.

—Hanamaru-san creo que sería mejor si te vistieras —desvió la mirada de la chica para no ver más de la cuenta aunque ya había visto más que suficiente para tener sueños sucios esa noche.

—¡Oh sí, lo siento! —Maru se levantó de la cama y la toalla casi cayó de su cuerpo provocando que Dia se quedará sin aliento. Maru de inmediato fue a buscar su ropa ignorando el volcán en erupción en el que se estaba convirtiendo su sensei.

Dia se sintió avergonzada de haber armado tal alboroto y de estar pensando cosas indecentes. Se dió cuenta que en ningún momento Hanamaru le había reclamado por revisar sus cosas, que aunque había sido accidental, no dejaba de ser una intromisión a su privacidad, esa era otra de las cualidades que amaba de la chica.

Su teléfono empezó a sonar nuevamente, era Kanan, solamente para decirle que se había quedado sin batería, Dia no quiso salir de la habitación nuevamente para ponerla al tanto de los acontecimientos, era bastante vergonzoso admitir que como siempre había armado una tormenta en un vaso de agua. Se limitó a decir que todo estaba bien y le pidió hablar con Ruby aunque Kanan le informó que su hermana estaba dormida a pesar de ser bastante temprano.

Maru salió unos minutos después vistiendo su pijama y fue el turno de Dia para tomar un baño. Tomó la precaución de llevar todo lo que necesitaba al baño para evitar que se repitiera la escena.

Habían optado por cenar en la habitación, entre tantas cosas el tiempo había pasado rápido y Dia ¿no quería agotar demasiado a Hanamaru en su primera noche? Eso, concluyó se había oído mal en su mente y se golpeó la frente por ser incapaz de regresar a su yo serio y formal. En fin, cenarían en el cuarto y descansarían, ya tendrían tiempo en la semana para recorrer Tokio y hacer turismo.

Después de la cena Dia repasó el programa de actividades mientras Hanamaru acomodaba la cama para dormir. Tenían ocupadas todas las mañanas entre lecturas y ponencias, pero después de la comida tenían casi todas las tardes libres, salvo la noche del viernes que sería la cena de gala en donde anunciarían al ganador, esa última parte no la había previsto.

—¿Hanamaru-san, trajiste algún vestido de gala? —preguntó sin despegar los ojos del programa para no arriesgarse.

—Umm, traje todo lo que me solicitó en la lista ~zura, dos trajes formales, uno oscuro y otro claro, blusas y zapatos formales, pero nada como un elegante vestido —informó Maru preocupada—. ¿Es que acaso lo olvidé?

—No, no lo olvidaste —la tranquilizó Dia—, tampoco sabía que sería necesario, supongo que tendremos que ir de compras —Hanamaru había terminado de destender la cama y se sentó sobre ella mirando a Dia aun con preocupación—. Fue mi error, no te preocupes por eso.

—Esta bien Dia-sama —el sueño empezó a invadir a Hanamaru y profirió un gran bostezo que alertó a Dia de la hora que era.

—Vamos a dormir Hanamaru-san —anunció gentilmente mientras guardaba los papeles que había estado analizando—, iré al baño, pero si quieres puedes apagar las luces de una vez para que puedas dormir.

—No hay problema Dia-sama —replicó Maru mientras se acomodaba en su lado de la cama.

Dia entró al baño con la intención de hacer tiempo para que Maru se quedara dormida primero, la idea de estar en la misma cama con ella aun la tenía muy ansiosa y no quería que su alumna se diera cuenta de ello.

La "bromita" que les había jugado Yoshiko les había servido para, de cierto modo, romper el hielo entre ellas y aunque el nerviosismo de las dos seguía presente, por lo menos ya se notaban más relajadas.

Un buen rato despues Dia salió del baño, de puntitas se acercó a ver si Hanamaru ya estaba dormida y efectivamente la encontró acostada en su lado de la cama, durmiendo plácidamente. Notó que la sábana no la cubría completamente y con cuidado la cubrió hasta el cuello. Encontrar a la chica dormida hizo que se relajara, el viaje la había agotado bastante y su cuerpo empezaba a reclamarle el descanso.

Una vez que se recostó de su lado de la cama se tomó unos minutos para admirar a la belleza castaña que se encontraba a su lado. Amaba observar a la chica cuando esta no se daba cuenta, podía detenerse en sus partes favoritas por todo el tiempo que quisiera, estuvo a punto de acariciar su rostro, pero al final se arrepintió, si empezaba a cruzar los límites, sabía que no se podría detener después y siendo el primer día, fácilmente podía decir que los límites habían sido forzados más de una vez.

Gracias al cansancio del viaje, el sueño no demoró en reclamar y pudo por fin relajarse de tan estresante día. ¡Vaya que había sido un día estresante!

Desde el incidente con la broma de Yoshiko, Hanamaru se había quedado avergonzada, nerviosa y sobretodo ansiosa, temía que llegara la hora de dormir, no por otra cosa sino porque sería entonces que haría lo que Yoshiko le había aconsejado, no desperdiciar su oportunidad e ir por todo con su sensei, sin embargo cuando por fin tuvo la oportunidad se había acobardado, no sabía cómo hacerlo, le daba tanto miedo el rechazo de Dia que mejor siguió fingiendo dormir. Estuvo atenta a los movimientos de Dia hasta que identificó que ya estaba dormida por el sonido de su respiración. La había tenido tan cerca, si sólo se hubiera acercado cuando Dia le colocó la sábana encima, seguramente sus labios hubieran quedado a su merced, pero no tuvo el valor para hacerlo y ahora ya era tarde, Dia se encontraba del otro lado de la cama, sumida en un profundo sueño.

El tamaño de la cama les permitía que cada una tuviera gran espacio para dormir, sin embargo era demasiado para Hanamaru que estaba acostumbrada a una modesta cama individual. Pasó un rato tratando de conciliar el sueño, pero no llegó a ella con facilidad o más bien no llegó en absoluto. Un movimiento de Dia la alertó y abrió nuevamente los ojos para ver si su sensei había despertado pero no era así, Dia simplemente se había volteado y ahora estaba acostada de lado frente a ella. Maru tragó saliva con dificultad al tener la tentación tan cerca, sin embargo otra idea vino a su mente, tal vez la compañía de Dia le podía ayudar a conciliar el sueño. Con sigilo se acercó hasta donde estaba Dia y con agilidad se acomodó a su lado, embonando perfectamente en la cucharita que Dia había hecho. Por un segundo pensó que Dia despertaría debido a su cercanía, sin embargo no fue así, al contrario, Dia pasó su brazo sobre su cintura atrayéndola hacia ella aún más, sintió como deposito un beso en su cabeza antes de seguir en su profundo sueño. El corazón de Maru latía a toda velocidad, pues esa cercanía era tan placentera que sin darse cuenta fue cayendo en un profundo sueño estando en brazos de Dia.


A la mañana siguiente Dia se despertó con el sonido de su alarma. Conforme la consciencia llegaba a ella, se dio cuenta que un par de brazos la tenían abrazada por la cintura del mismo que ella abrazaba a Hanamaru de la suya. Escuchó pequeñas quejas provenientes de Hanamaru que al parecer apenas estaba despertando aunque no hacía el intento por soltarla. Era muy temprano para empezar con las situaciones incómodas, y lejos de alterarse como lo había hecho semanas atrás, Dia esperó a que Maru estuviera despierta para poderse incorporar. Quería actuar serena y madura.

—Hanamaru-san —la llamó con voz suave haciendo pequeñas caricias sobre su espalda para ayudar a despertar a la chica—, Hanamaru-san —insistió.

Escuchó un bostezo proveniente de Maru que al parecer seguía sin querer despertar, aunque en realidad la chica solo quería prolongar por más tiempo su pequeño paraíso en brazos de su sensei.

—¿Ya es de mañana? —preguntó Maru con flojera frotándose los ojos.

—Tenemos que apurarnos —le dijo Dia disfrutando de los bellos sonidos que emitía Hanamaru en protesta.

Fue hasta que Maru abrió los ojos que se dio cuenta que había estado abrazando a Dia por la cintura y su sensei no había hecho movimiento alguno por liberarse.

—Lo siento —se disculpó, poniendo un poco de distancia del abrazo de Dia.

—No te preocupes —la tranquilizó—, estábamos dormidas.

—Si, si… eso fue —estuvo de acuerdo Maru aunque sabía que no era verdad.

Aunque tenían el tiempo justo, estuvieron listas bastante rápido a pesar de tener que usar vestimenta formal. Dia vestía un traje oscuro que incluía un pantalón recto que estilizaba su larga figura mientras que Maru utilizaba un traje con falda y saco color gris que contrastaba con la ropa de su sensei, ambas mujeres se habían quedado estupefactas al contemplar lo bien que les asentaba esa ropa.

—Se ve muy bien Dia-sama —la elogió Hanamaru.

—Tú también Hanamaru-san —correspondió Dia igual de emocionada al ver a su alumna vistiendo de esa manera.

Salieron de la habitación para comenzar su primer día en Tokio.

El programa del evento incluía un desayuno de bienvenida y posteriormente la presentación de todos los trabajos participantes. Era básicamente un día de puras formalidades, aunque esperaban con ansias poder conocer los otros trabajos contra los que competían.

La mañana transcurrió con lentitud, no hubo nada verdaderamente relevante, salvo conocer que tenían 5 contrincantes y que al final de la semana anunciarían al ganador en base a votos de un jurado especializado. Lo más interesante vino cuando anunciaron que la novela ganadora tendría una serie de actividades patrocinadas el sábado y sería una especie de día libre para divertirse, sonaba muy tentador poder ganar ese premio para pasar todo el día en compañía de Hanamaru.

Lamentablemente no dieron información sobre las otras novelas, tendrían que esperar hasta que iniciaran los paneles de lectura al día siguiente para conocer a la competencia. Dia conocía a algunos integrantes del jurado pues un par de ellos habían sido sus profesores en la universidad, por lo que cuando se acercó a saludarlos se alegraron mucho de verla ahí con su joven estudiante aunque eso sólo hizo que Dia sintiera un poco de culpa con respecto a sus sentimientos por Hanamaru. El tener que recordar constantemente que era su alumna y ella su maestra, la ponían triste.

La hora de la comida anunciaba el inicio de su tarde libre. Dia tenía pensado dar un pequeño tour a Hanamaru por Tokio, para que la chica conociera algunos lugares, idea que fue bien recibida por la menor. Pasaron a su habitación para cambiar su atuendo a uno mucho más cómodo para poder andar sin soportar los zapatos altos ni la vestimenta formal.

Dia sabía que Hanamaru querría conocer los templos más importantes de la ciudad así que destinaría una tarde completa solo para eso, sin embargo iniciarian mostrándole los sitios turísticos más emblemáticos de la ciudad.

—¿A dónde iremos Dia-sama? —caminaban rumbo a la estación del tren más cercana y ambas estaban de muy buen humor, sobre todo Hanamaru por la expectativa de los lugares que visitarían.

—Te llevaré a conocer un poco de esta ciudad. ¿Te parece si vamos al Tokyo Skytree? —cuestionó Dia buscando la entrada a la estación del tren.

—He leído sobre ese lugar, es impresionante… creo —dudó la chica tratando de recordar qué es lo que decía aquel libro que había leído sobre ese lugar.

—Es bastante moderno, te gustará, es diferente a Uchiura —explicó Dia mientras hacían fila para comprar los pases del tren.

Dia nunca lo confesaría pero cada que entraba en las atascadas estaciones de tren, una ansiedad se apoderaba de ella y no la abandonaba hasta que salía de aquel lugar. Por inercia tomó la mano de Hanamaru que aunque sorprendida por el movimiento de su sensei, no intentó retirarla. La chica se dio cuenta que las manos de Dia estaban inusualmente húmedas y el semblante de su sensei estaba mucho más rígido de lo normal, casi pálido, supuso acertadamente que no era fan de las multitudes. Caminaron de esa manera hasta que entraron a la cabina del tren, fue ahí cuando Dia por fin se relajó un poco y se dio cuenta que seguía sosteniendo la mano de Hanamaru.

—Lo siento —se disculpó, soltando la mano de la chica, sintiéndose acalorada y no precisamente por la cantidad de personas alrededor.

—No pasa nada —expresó Maru con nerviosismo, alegre de ese gesto de Dia.

Llegaron a la estación más cercana a la torre y antes de bajar del vagón, Hanamaru tomó la iniciativa en ésta ocasión y agarró la mano de Dia, que la afianzó al sentir el contacto, era agradable poder hacerlo aunque fuera de esa forma. Nadie podía culparla por hacerlo, era para asegurarse de no perder a la chica.

Al salir de la estación Maru estuvo apunto de soltar a Dia pero esta no lo permitió alegando que podrían perderse de vista, y es que a pesar de ser bastante tarde el lugar se encontraba lleno de turistas, tanto nacionales como extranjeros.

Dia estuvo a punto de hablar pero al ver la cara de su alumna sólo encontró un brillo especial en su mirada, Hanamaru se había quedado parada admirando la altura de la gran torre que se encontraba frente a ella. De nuevo ahí estaba esa fascinación por las cosas que amaba Dia.

—¡Es enorme! —expresó la joven maravillada.

—Seiscientos treinta y cuatro metros para ser exactos —explicó Dia con suficiencia por decir ese dato técnico.

Dia vió su reloj y se dió cuenta que para poder ver el atardecer desde la cubierta superior, tendrían que darse prisa. Solo que había demasiada gente queriendo disfrutar del mismo espectáculo que ellas, pero previendo eso, Dia había hecho algunos arreglos. Gracias al servicio del hotel, les había conseguido boletos especiales, más costosos, para poder acceder a la torre saltándose las largas filas que Dia tanto odiaba y que le permitirían ir directo a su destino.

Maru seguía maravillada observando todo a su alrededor, asombrándose de cada pequeño o gran detalle. Dia sintió mucha ternura al ver la cámara fotográfica de su alumna, era una de esas cámaras que utilizaban rollo o película de plata nada que ver con las modernas cámaras digitales.

Maru por su parte disfrutaba tomando fotos a todo lo que llamaba su atención, así fuera un tornillo que se le hiciera interesante, ella guardaba las imágenes para el recuerdo. Dia noto que lo hacía con cierta gracia pues enfocaba el lente y buscaba el mejor perfil para obtener la imagen que deseaba.

Dia sorprendió a Maru cuando gracias a sus boletos especiales, se saltaron las filas y pudieron subir rápidamente hasta el primer mirador.

—Eso no está bien Dia-sama, debimos hacer fila como las demás personas —la riñó pues no sabía porqué razón estaban pasando por encima del resto de los que esperaban pacientes su turno.

—No te preocupes Hanamaru-san —explicó Dia con una gran sonrisa en su rostro—, tenemos boletos que nos permiten hacer eso —le mostró sus pases preferentes con orgullo y Hanamaru comprendió entonces.

Había tanta gente en el elevador que no pudieron cruzar más palabras hasta que estuvieron en la cubierta del primer observador. A pesar de ser boletos exclusivos, no podían evitar estar con otras personas, aunque eran muchas menos que las de los pases normales.

Maru caminó observando todo el lugar, parecía una niña que había descubierto una nueva maravilla, algo mágico frente a sus ojos, su expresión era de total admiración y felicidad que Dia supo que había valido la pena cada centavo invertido y que incluso había salido barato. Ella por su parte tenía la misma cara de felicidad que Hanamaru, sólo que el motivo era completamente distinto, estando con ella su corazón se sentía pleno, sentía como si estuviera completo y no podía evitar reflejarlo al exterior.

Encontraron una zona en donde el suelo era de cristal y para Dia el vértigo era insoportable al pararse en esa zona, Hanamaru por otro lado lo estaba disfrutando en grande, no salía de su asombro cuando encontraba algo aún más sorprendente y ese piso le resultó divertido. Sentía que era como estar flotando en la nada y se movía como si realmente estuviera volando. Verla calmo un poco a Dia que se relajó apenas lo justo para seguirle el paso.

Al ver que el sol empezaba en su descenso, Dia llevó a Hanamaru para que pasaran al siguiente mirador. Desde el ascensor todo era bastante impresionante, se podía ver incluso la estructura interna de la torre. Dia disfrutaba aún más todo ahora pues había visitado el lugar en algunas ocasiones anteriores y en algún punto todo se le hizo monótono, solo que el entusiasmo de Hanamaru era contagioso y ella misma se sentía emocionada por llegar a la parte más alta de la torre y compartir esa experiencia con Hanamaru.

En cuanto se abrieron las puertas del ascensor Maru se quedó estupefacta por la altura que habían alcanzado en tan poco tiempo, Tokio era sin duda la ciudad del futuro.

—¡Es el futuro ~zura! —exclamó Hanamaru acercándose corriendo a uno de los ventanales.

—Es Tokio Hanamaru-san —respondió Día entre risas.

—¡Es muy hermoso Dia-sama! —respondió embelesada por los colores del atardecer en el horizonte.

—Y aún no has visto lo mejor —la tomó de la mano y la llevó hacia una puerta que estaba un poco después del ascensor.

—¿Todavía se puede subir más? —preguntó Maru cuando empezaron a subir por una espiral que tenía grandes ventanales.

—Solo un poco más —indicó Día señalando el final del pasillo.

Llegaron a una cubierta que estaba mucho menos concurrida que los pisos inferiores, la gente se estaba arremolinando en dirección de la puesta de sol, pero Dia encontró un espacio libre para que lo pudieran apreciar en primera fila, se abrieron paso para llegar hasta él.

El espacio era no muy grande por lo que colocó a Hanamaru delante de ella para darle la mejor vista y ella se quedó detrás poniendo sus brazos a los costados para protegerla del resto de personas que también querían ver el espectáculo. Se encontraban muy cerca la una de la otra pero en ese momento nada importaba, por unos segundos se olvidaron de los convencionalismos. Los rayos de sol bañaban la ciudad en tonalidades naranjas y amarillas y el cabello de Hanamaru despedía un tono dorado y Dia solo quería hundirse en ellos para poder llenarse del aroma de la chica dueña de su corazón.

Maru sintió el peso de Día recargado sobre su espalda y su aliento sobre su cuello y, aunque tampoco es que su sensei estuviera muy relajada, ambas estaban bastante comodas por la cercanía disfrutando de la impresionante vista que logró que las tormentas en sus interiores permaneciera en calma para que pudiera disfrutar de tan hermoso momento.

Sacó su cámara para guardar esa imagen dentro de sus tesoros y poder recordarlo cuando quisiera.

—¿Dia-sama podemos tomarnos una foto? —preguntó Hanamaru con algo de temor y esperanza en sus ojos miel que Dia no se pudo negar si, incluso, le pedía besarla en ese instante.

—Umm… si claro Maru-san —se recompuso de su pensamiento—, déjame busco a alguien que nos hago el favor de tomarla por nosotras.

Dia busco entre las personas que estaban a su alrededor pero la gran mayoría eran turistas extranjeros, aunque no se limitaría por eso sí Hanamaru quería su foto. Vio a un par de chicas de aspecto occidental que al menos tenían un gesto amable y no le quedó otro remedio que hablarles desempolvando su precario inglés.

—Excuse me, could you take us a picture? —preguntó Dia a las chicas que le devolvieron una amable sonrisa.

—Sure! —respondió una de ellas tomando la cámara de Hanamaru en sus manos viendo la clase de cámara que era.

Dia se acomodó a un lado de Hanamaru dejando una distancia prudente entre ellas, sin embargo Maru se acercó aún más y terminó tomándola por el brazo haciendo que un evidente sonrojo subiera a las mejillas de Dia.

Las chicas hicieron un par de fotos antes de devolver la cámara a Dia que aún estaba roja del rostro.

—You two are a lovely couple —comentó una de ellas entregando la cámara.

Si de por sí Dia estaba nerviosa por toda la situación, ese comentario la había descolocado completamente. Sus miedos regresaron de pronto.

—Your girlfriend is so cute —comentó la otra chica mientras se tomaban de la mano, Dia entendió entonces que ellas eran una pareja.

—We're not… well a couple —explicó Día haciendo un gesto gracioso negando sus comentarios.

—Oh sorry… —se disculpó la mujer apenada—. We just assumed that you were together.

—No we are not —negó Dia nuevamente—.Thanks for your help anyway.

—Anytime —se despidieron las chicas dejando a Dia completamente perpleja sin saber qué más decir.

—¿Qué tanto platicaron ~zura? —el inglés de Hanamaru no era tan bueno como el de Dia así que no pudo seguir el hilo de la plática entre ellas y tenía curiosidad por saber que había puesto tan nerviosa a su sensei.

—Umm… —repetir lo que habían dicho era vergonzoso pero Hanamaru estaba esperando a una respuesta, y así que suspirando le contó—. Ellas pensaron que tú y yo… bueno… somos una pareja —tartamudeó en la última frase.

—¡Oh! —exclamó Maru sin saber que decir tampoco, aunque esa idea no le desagradaba.

—Además piensan que eres linda… —suspiró de nuevo—, en eso sí que acertaron —comentó en voz baja ganándose un sonrojo de Hanamaru que sonrió para sus adentros por el halago.

Permanecieron observando el atardecer hasta que el sol se ocultó por completo, dando paso a la bonita imagen que reflejaban las luces de la ciudad. Parecía como si las estrellas hubieran bajado a la tierra, eso también era hermoso.

—Fue muy bonito Dia-sama, gracias por traerme aquí—expresó Maru emprendiendo el camino de descenso luego de permanecer otro rato en el mirador con Dia explicándole sobre los lugares que se alcanzaban a ver desde allí.

—Y aún no hemos terminado Maru-san, ¿te gustaría cenar conmigo? —preguntó Dia entusiasmada haciendo una invitación algo galante.

—Claro que si ~zura —le respondió entusiasmada—. ¿Comeremos en el hotel de nuevo? —cuestionó la chica.

—Pensaba en que hiciéramos algo diferente —expresó Dia en tono juguetón guiñándole un ojo que hizo a Maru estremecer.

—Bueno… sí claro —a donde quiera llevarme iré sin oponerme, quiso decir pero sabía que era demasiado—, lo que usted tenga pensado a mí me parece bien ~zura —dijo en su lugar.

Dia guió el camino hacia el piso inferior y llevó a Maru hacia el restaurant de la torre.

—¿Qué te parece? —preguntó una vez dentro del lugar.

Era un lugar muy elegante, que así como el resto del observatorio poseía grandes ventanales con vistas privilegiadas hacia el panorama de la ciudad, afortunadamente para Dia, desde el hotel le habían arreglado una reservación de último minuto y habían encontrado una mesa disponible para ellas. Cabe mencionar que tuvo que usar un poco de disuasión monetaria para conseguir la reservación pues usualmente el restaurante tenía listas de espera de semanas.

—¡Esto es increíble ~zura! No sabía que hubiera un lugar así aquí arriba —expresó la chica mientras el mesero las guiaba hasta su mesa justo a un lado de los ventanales.

—Me da gusto que te agrade Maru-san, tenía mucho tiempo que no me divertía tanto como ahora —dijo con sinceridad y una gran sonrisa que Maru encontró encantadora.

Maru le pidió a Dia que ordenara por ella pues desconocía los platillos que en su mayoría eran de tipo occidental y venían escritos en inglés. El mesero ofreció a Dia el vino de la casa sin embargo ella lo rechazó sin vacilaciones. Contaba con toda su fuerza de voluntad para llegar al término de la velada sin irse sobre Maru y el alcohol haría que los límites fueran difusos y no quería añadir otra variable a su problema.

La cena fue tan amena que se pasó el tiempo volando, cuando se dieron cuenta era bastante después de la hora en que Dia había planeado que regresarán. Salieron del restaurante entre platicas y risas, ninguna de las dos quería que la noche terminara pero tenían responsabilidades que atender al día siguiente.

Llegaron hasta el nivel inferior de la torre y Maru se dió cuenta que apenas y habían podido ver algo de la extensa plaza, había aún muchas tiendas de las que ni se percató cuando llegaron pero ya todo estaba cerrado debido a la hora, aunque si era honesta consigo misma nada de eso nada le importaba, haber pasado la tarde de esa forma en compañía de Dia fue como un sueño hecho realidad.

Emprendieron su camino de regreso a la estación del tren, Dia queria decir algo con lo que pudiera expresar su gratitud por el bello día que había pasado pero no encontraba las palabras para hacerlo y Maru por su parte buscaba el momento para hacer la encomienda que Yoshiko le había dejado y robar ese anhelado beso de los labios de su sensei pues sabía que era el momento correcto para hacerlo después de esa cita de ensueño, porque había sido una cita, una cita real con la persona que amaba.

Fue hasta que pasaron por un parque y se detuvieron a admirar las luces y la decoración de las luces que Dia se animó a hablar sacando a Hanamaru de sus pensamientos.

—Hanamaru-san —dijo en voz baja tomando la mano de la chica haciendo que se volteara y quedará completamente frente a ella—, sólo quiero decir que el día de hoy fue… —se quedó sin palabras, los hermosos ojos de Hanamaru la miraban de una forma que le hizo freír su cerebro y se vio acercándose lentamente a la menor.

—Increíble ~zura —completó Maru ante la falta de palabras de su sensei y a su cercanía que la había puesto nerviosa, tanto que se arrepintió de dejarla continuar pues se acobardó de último segundo.

—Si, increíble —Dia esbozó una sonrisa que desató miles de mariposas en el estómago de Maru y respiró de alivio por la interrupción o habría pasado ese límite haciendo algo que no debía.

—Yo he tenido el mejor día de mi vida ~zura —expresó Maru emocionada dejando atrás ese instante del cual Yoshiko debería estar jalándose los cabellos por la frustración de que no se llevará a cabo—, muchas gracias Dia-sama.

Se veían profundamente a los ojos, sus miradas hablaban del amor que sentía la una por la otra y lo mucho que les costaba contenerse. Aún cuando habían estado a punto de besarse antes, el ambiente las había llevado de nuevo a tener otra oportunidad para cerrar el espacio y colocar la cereza de ese día tan mágico y hermoso.

Dia se acercó al rostro de Maru otra vez y la chica solo cerró sus ojos esperando recibir el anhelado beso de los labios de Dia, pensando que esta vez su sensei si se animaría a finalizar su cometido. Dia vio el rostro de Hanamaru con los ojos cerrados y sus labios a la espera de ser besados, tan dispuesta, tan a su alcance, pero la culpa de hacer algo que no debía fue más fuerte. Era el primer día junto a Hanamaru, no podía dejarse vencer tan fácil. Dia se arrepintió de lo que estaba a punto de hacer, que al final el beso terminó en la frente de Hanamaru para desilusión de la chica.

—Gracias Hanamaru-san por regalarme este día tan maravilloso —expresó Día abrazando a la chica y Maru le devolvió el abrazo.

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