Capítulo 24.

Disclaimer: Love Live! Pertenece a su creadora Sakurako Kimino y a ASCII media works junto con Sunrise.

NdelA: No nos olvidamos de la actualización, solo nos retrasamos un poco pero aquí estamos, en la raya y muriendo de sueño, pero contentas con el resultado, y es que este capítulo lo tenía en mente desde un principio y no quería novia creo que lo ha dejado tal y como lo imaginé, ya verán a lo que me refiero, por el momento no diré más para que lo disfruten a gusto. Hago mención nuevamente solo como recordatorio que este es el segundo capítulo del arco DiaMaru, por lo que nos faltan dos más antes de regresar a la línea normal de la historia.

Muchas gracias por sus reviews! En serio son geniales. Gracias a todos.

Mag Max Kuv Bigotes: Muero de sueño y cansancio pero aquí está ya esté capítulo. He morido en la raya, morido porque no he muerto, solo un poco nada más. Espero les guste. DiaMaru on fire!

PD. Espero poder subir continuación está semana de mi otra historia que me he tomado mucho tiempo intentando hacer un YouChika que nomás no llega a ningún lado. Me cuesta esa Chika-chan.


Habían estado tan cerca de cruzar esa barrera que se habían impuesto, al menos Dia de no cruzarla y Hanamaru de si hacerlo. Dia casi pudo sentir el sabor de los labios de Maru, sin embargo su voluntad prevaleció más que su deseo y logró controlarse a tiempo.

Regresaron al hotel sin mayores contratiempos aunque sintiéndose cada una decepcionada a su manera. Dia estaba decepcionada de sí misma por seguir saboteándose de esa manera, sabía que si continuaba de ese modo, ni todo el autocontrol del mundo harían que se contuviera y terminaría haciendo algo que no debía. Hanamaru estaba decepcionada de no haber besado a Dia cuando tuvo la oportunidad ni de que esta lo hubiera hecho cuando de nuevo tuvo el chance, habían estado tan cerca y tan lejos a la vez.

Ya de nuevo en su habitación, Dia tuvo que tomar una inusual, rápida y dolorosa ducha fría pues aún sentía un bochorno en su interior que no la dejaba tranquila. Después de que salió, Hanamaru le siguió tomando un baño de agua fría también y, a diferencia de Dia, si que se tardó su tiempo en la regadera.

Nuevamente había llegado ese momento incómodo que era la hora de ir a la cama. En esta ocasión ninguna de las dos hizo algo extraño o comentario alguno y solo se acostaron al mismo tiempo aunque cada una en sus respectivos lugares. Había un incómodo silencio que parecía no haber manera de ser roto. Ni hablar de esa sensación que aún persistía en cada una y que les pedía hacer, cualquier cosa, para acercarse. Era jodidamente tortuoso.

—Mañana haremos la primera lectura de la novela —Dia acabó con el silencio siendo incapaz de seguir así, había apagado las luces pero aún con la adrenalina en su cuerpo no tenía ganas de cerrar los ojos—. ¿Estás nerviosa Hanamaru-san?

—Sólo un poco ~zura —replicó la chica sin vacilación pues tampoco podía dormir—, aunque hay otras cosas que me tienen más nerviosa que eso.

—¿Co… cómo que cosas? —preguntó Día temerosa de conocer la respuesta.

—Su presencia es una de ellas —respondió Maru con sinceridad y su sensei se sorprendió de eso.

—¿Te intimida mi comportamiento? —la idea le preocupó a Dia, probablemente había hecho algo inapropiado sin darse cuenta, aunque en realidad sabía que así era.

—No, no es nada como eso —explicó Hanamaru con suavidad para tranquilizarla—, yo la admiro mucho y cuando estoy con usted me siento feliz ~zura.

Dia sintió una punzada en el corazón al escuchar eso, en un principio con eso le hubiera bastado pero ahora ya se encontraba en un punto en el que eso no era suficiente y tuvo que controlarse nuevamente para no dar un paso en falso y arruinarlo todo.

—Ya veo —respondió—, yo creo que lo harás muy bien en la lectura mañana —prefirió regresar al tema inicial que era mucho más seguro que la otra conversación que llevaba a caminos espinosos.

—Gracias, espero con muchas ansias escuchar las lecturas de la competencia, aunque estoy confiada con el trabajo que hicimos ~zura —Maru habló con seguridad—, ya verá que ganaremos ese primer lugar.

La plática fue cesando poco a poco hasta que se desearon buenas noches y cada una se volteó a hacia el lado contrario, esperando que el sueño las reclamara.

Maru se quedó escuchando atentamente para notar cuando la respiración de Dia se hiciera más pesada y supiera que se había dormido, sin embargo esto no pasó, notó que la noche avanzaba y no lograba distinguir si su sensei se había quedado dormida al fin o no.

Llegó el punto en el que desechó la idea de hacer la misma rutina del día anterior y abrazar a Dia cuando ella ya estuviera durmiendo, por lo que solo se limitó a tratar de dormir, lo que tampoco era tan buena idea pues los minutos empezaron a correr y el sueño simplemente no llegaba a ella y dar de vueltas en la cama era realmente incómodo.

Había pasado tal vez más de una hora y ya hasta ganas tenía de ir al baño producto del insomnio con el que estaba lidiando. No le quedó más remedio que dirigirse al baño porque su vejiga no aguanto más. Trato de levantarse sin armar mucho jaleo y fue hasta la otra habitación. Cuando regresó a tratar de seguir con la infructuosa tarea de dormir, fue sorprendida por la voz de Dia en la oscuridad, casi soltó un grito por la sorpresa y eso alertó a su sensei.

—¿No puedes dormir? —preguntó de nuevo ahora con más suavidad para no asustarla otra vez mientras encendía la luz de la lámpara auxiliar.

—Emm… no, me está costando un poco —respondió Maru vacilante aún con una mano en el pecho.

—Ven, siéntate aquí —Dia se incorporó y dio suaves toques en la cama indicandole que se sentara junto a ella—, dime, ¿es por la lectura de mañana que estás nerviosa y eso no te deja conciliar el sueño? —preguntó cuando Maru se sentó a su lado.

—Si, en parte ~zura —siendo honesta eso era solo una pequeña parte del problema—, es sólo que tengo miedo de no hacerlo bien.

—Hanamaru-san, debiste decírmelo antes, pudimos platicar al respecto y buscar una manera de resolverlo —Dia puso su mano sobre la de Maru para infundirle seguridad—. Estoy segura que lo harás bien, pero si quieres podemos hacer una práctica de lectura sólo para que te quedes tranquila.

En este evento en particular, la lectura se limitaría a un capítulo por novela y después los jueces harían preguntas sobre la obra en general y de esa manera se otorgaría un puntaje por trabajo. Era algo bastante arbitrario para el gusto de Dia pero era la forma de decidir un ganador entre todos los participantes.

—Eso me gustaría —respondió Maru—, creo que podría ayudarme.

—Bien —Dia se puso de pie buscando las hojas que serían utilizadas por Hanamaru al día siguiente y encendió las luces principales—. Léelo como si estuvieras parada en ese stand mañana —le dio las hojas y le pidió que leyera con tranquilidad dándole una mirada de ternura a Hanamaru.

Maru se puso de pie y empezó a leer, primero con un poco de nerviosismo pero poco a poco fue tomando confianza hasta que su voz empezó a tomar un tono y cadencia que fue haciendo que Dia entrará en una especie de trance disfrutando la lectura de la chica. Era hermoso oír su voz mientras decía todas esas palabras, la transportaba con cada oración a la historia. Al término de la lectura Maru tuvo que carraspear para llamar nuevamente la atención de Dia pues aún se encontraba lejos de ahí con su mente en ese otro sitio.

—¿Estuvo bien? — Maru se sentó nuevamente en la cama, reclamando la atención de Dia.

—Estuvo muy bien Maru-san, creo que no tenemos de qué preocuparnos, lo harás excelente mañana —dijo Dia con orgullo y una sonrisa enorme en su rostro—. ¿Crees que con eso sea suficiente para que puedas descansar? —puso su mano sobre el muslo de Maru sintiendo la suavidad de su piel y la retiró al momento dándose cuenta de su error con la cara sonrojada.

—Si… yo creo que sí —respondió Maru aun sintiendo un cosquilleo en el lugar en donde Dia había puesto su mano—, vamos a hacerlo… a intentar dormir —se corrigió.

—Si… si —apenas pronunció Dia.

Se acostaron nuevamente en sus respectivos lados de la cama y Dia se hizo cargo de apagar las luces.

—Buenas noches Hanamaru-san —aunque quisiera, Dia sabía que difícilmente podría conciliar el sueño y menos estando preocupada por Hanamaru, así que solo se limitaría a vigilar el sueño de la chica hasta donde le fuera posible.

—Buenas noches Dia-sama, gracias —expresó Maru con suavidad cubriéndose con la sábana hasta los hombros.

Nuevamente los minutos empezaron a correr lentamente pero no había señales de que alguna de las dos se hubiera quedado dormida. Ya eran pasadas de las 12 de la noche cuando Dia se atrevió a romper el silencio que reinaba en la habitación.

—¿Sigues despierta? —preguntó en voz baja para no sorprenderla.

—Si ~zura —respondió Maru girando sobre su costado para quedar frente a Dia aunque con bastante distancia entre ellas.

Se miraron a los ojos con intensidad por algunos segundos a pesar de estar a oscuras, el brillo de sus miradas era imperdible aún en ese ambiente.

—¿Qué puedo hacer para ayudar? —inquirió Dia preocupada—. No quiero que pases toda la noche en vela, no hoy que es importante que estés descansada y relajada.

Hanamaru dudó si debía decir lo que realmente quería o sólo seguiría evadiendo la necesidad que sentía de estar cerca de Dia, más cerca de lo permitido al menos. Pero, si había una posibilidad...

—Umm… hay algo que puede hacer ~zura —respondió Maru dubitativa—, sólo no sé si sea correcto que lo hagamos.

—¡¿Qué cosa?! —preguntó Dia más exaltada de lo que pretendía sonar y se reprendió mentalmente por su poco autocontrol.

Maru soltó una pequeña risita que relajó un poco a Dia y la avergonzó también.

—No es nada malo ~zura —suspiró nerviosa por lo que iba a decir—, ayer tampoco podía dormir y después de dar algunas vueltas en la cama… pues yo… me acerqué un poco a usted —confesó esperando una reprimenda—. Sé que estuvo mal hacerlo cuando usted ya estaba dormida pero fue la única forma que encontré de tranquilizarme —se apresuró a explicar sus razones para actuar así—, y yo pensaba que tal vez… hoy podríamos ¿repetirlo?

Dia se había puesto roja como un tomate por la confesión de Hanamaru, aunque ahora todo tenía sentido sobre la posición en que habían despertado las dos la mañana anterior. Pasaron algunos segundos en los que se debatía entre aceptar la petición de Maru o no y así cruzar la línea autoimpuesta de donde sabía difícilmente encontraría un retorno una vez echa a un lado, pero al final, no tuvo más que pensar, una mirada al rostro apenado de la chica fue todo lo que necesitó para convencerse y ceder.

—Lo siento si la sorprendo o incómodo —dijo Hanamaru atropelladamente al ver que no había respuesta de Dia—, podemos ignorar lo que le acabo de decir ~zura.

Dia jaló su almohada y se desplazó por debajo de las sábanas hasta donde estaba Hanamaru, se acomodó y extendió su brazo para que la chica pudiera recargarse sobre ella.

—El día de hoy seré tu almohada personal —dijo segura de sí misma—, puedes recargarte con confianza Hanamaru-san.

La chica sentía en una mezcla rara de bochorno, agradecimiento y felicidad al escuchar las palabras de Dia, no dudó ni un segundo en ir a su encuentro y acomodarse bajo su brazo recargándose en su pecho.

Era la primera vez que Dia hacía algo como eso con ella, por lo menos estando conciente y se le hizo sorprendente la forma tan familiar en que el cuerpo de Hanamaru cabía sobre el suyo, además sentía calor que despedía, el olor de su cabello, incluso el ritmo de su respiración. Todas esas sensaciones la hacían sentir una extraña familiaridad que solo la llenaba de felicidad.

—Ahora sí, espero puedas descansar —empezó a acariciar el cabello castaño de la chica haciendo pequeños y rítmicos círculos sobre la cresta de su cabeza.

—Gracias ~zura —Maru se quedó quieta disfrutando de las inesperadas caricias de Dia, tanto que no supo en qué momento fue reclamada por el sueño haciendo que se perdiera completamente en ese mundo de fantasía que se dibujó en su mente.

Dia por su parte, también encontró que el sueño llegó muy fácil estando en esa posición en la que ni siquiera sentía un dejo de incomodidad, por una noche todo le pareció tan perfecto.


El panel para Uranohoshi estaba programado sobre el medio día, así que tuvieron toda la mañana para controlar el nerviosismo de Maru, que extrañamente, no era tanto como el que había estado sintiendo el día anterior. Era Dia la que se encontraba más intranquila en lugar de su alumna aunque hacía el mejor esfuerzo para disimularlo.

Disfrutaron de dos paneles que tuvieron lugar antes del suyo y por fin tuvieron un atisbo de la competencia a la que se enfrentaban, ambas historias eran bastante buenas, aunque con temática diferente a la suya, lo cual aún les daba cierta originalidad.

Llamó la atención de Dia que había una exposición de universidades en uno de los salones del hotel. Se dio cuenta que nunca había platicado sobre ese tema con Hanamaru, no sabía cuáles eran sus planes para después de la preparatoria, pues le quedaba claro que la chica tenía un inmenso potencial que estaba más que dispuesta a apoyar e impulsar para que se desarrollara.

Hanamaru curioseaba por todos los stands de las universidades sin prestar gran atención a ninguna en particular, hasta que llegó al de la universidad "Sakura". Era de conocimiento general que esa universidad se especializaba en carreras afines a las letras y el arte, pero más importante, Maru sabía que era el "Alma Mater" de Dia, lo que la hacía mil veces más interesante.

Una de las expositoras se acercó a ella al ver su interés para darle información sobre el proceso de admisión y el sistema de becas que manejaba la universidad. Dia se había mantenido al margen pues no quería presionar a Maru y simplemente deambulaba alrededor sin rumbo fijo solo que sin perder la pista de su alumna.

Una vez terminado el descanso había llegado su turno. Hanamaru estaba, dentro de todo, en calma y Dia tampoco se permitió alterarse, no mucho al menos, aunque seguía algo nerviosa. Hanamaru iba con una vestimenta formal. Un traje parecido al que había utilizado el día anterior, una falda recta acompañada con un saco negro con ligeras líneas doradas contrastando con una blusa en color claro adornada con un broche dorado en el frente.

Maru subió al stand sintiendo un poco de temblor en las piernas, pero se las arregló para controlarlas esperando que nadie se hubiera dado cuenta de su nerviosismo. Sintió los reflectores en la cara, siendo esa la señal para que diera inicio a la lectura. Sentía un nudo en la garganta contra el que tendría que luchar si quería empezar a hablar, sus ojos buscaron a Dia entre la multitud encontrandola sentada en la primera fila. Sus ojos se cruzaron y en su mirada aguamarina encontró el coraje que necesitaba para iniciar su lectura.

Leyó sin titubeos, haciendo las pausas pertinentes, con los cambios en la entonación cuando fue necesario hacerlas. Fue un verdadero deleite para Dia escuchar su obra siendo relatada de esa manera, Maru lo había hecho incluso mejor que en el día anterior en el ensayo. Al término de la lectura llegó la ronda de preguntas, las cuales Maru respondió sin vacilaciones, sabía la respuesta correcta a cada una de las cuestiones y respondió sin titubeos o temores, completamente dueña de la situación. Dia pensó que incluso ella no lo hubiera hecho mejor, se sintió como mamá gallina con su pecho llenó de orgullo al ver a Hanamaru desenvolviéndose de tal manera que no dejaba dudas a sus oyentes.

Al término del panel, Maru recibió la atención de los jueces que se acercaron a felicitarla por la novela, tal como lo hacían con todos los participantes. Pasaron algunos minutos hasta que Dia por fin se pudo reunir con Hanamaru estando está rodeada de los jueces, intercambiaron miradas nerviosas pero Dia no quiso interferir con la atención que le estaban brindando a su alumna, era su momento y tenía que disfrutarlo.

Cuando por fin Maru estuvo desocupada, Dia sintió en su interior la necesidad de abrazarla para hacerle saber lo orgullosa que estaba de ella, sin embargo como todo el tiempo, tuvo que contenerse y ahuyentar tal deseo.

—Estuviste muy bien Hanamaru-san —la felicitó conteniendo lo más que pudo sus impulsos de no abrazarla pero al menos le tomó del brazo presionando un poco—, lo hiciste más que bien, excelente, fue incluso mejor que la lectura de ayer.

—Estaba muy nerviosa ~zura —explicó Hanamaru—, temía que mi acento saliera a flote y arruinara todo ~zura pero de alguna manera pude encontrar la calma estando allá arriba —inhalo aire con fuerza—. Ahora solo quiero gritar ~zura hasta cansarme —Dia empezó a reírse con su ocurrencia—. Y sí, creo que nos fue bien, porque es el trabajo de las dos Dia-sama, no lo olvide.


Comieron en el restaurante del hotel en convivencia con los demás participantes, los otros tres paneles serían al día siguiente aunque ya iban conociendo de quienes se trataban. Fue una comida amena en la que se mezclaron profesores y alumnos.

Al término de la comida se dieron por concluidas las actividades del día y ellas eran libres para hacer lo que quisieran esa tarde.

—¿Qué haremos hoy Dia-sama? —preguntó Maru en cuanto estuvieron a solas a la salida del restaurante.

—Tenía pensado llevarte a conocer algunos templos de Tokio, pensé que te gustaría verlos mientras estamos aquí, pero ¿tienes alguna otra cosa en mente? —caminaron hacia la salida del hotel.

—Yo, me preguntaba...si no le molesta cambiar los planes, claro está ~zura —dijo en voz baja con timidez—, quisiera que me llevara a conocer la Universidad Sakura, si no es mucha molestia.

La petición de Maru la tomó con la guardia baja, había notado el interés que tuvo la chica unas horas atrás pero no pensó que querría ir a ver su universidad, al menos no tan pronto.

—Pues no tengo inconveniente en que vayamos —aseguró Dia—, supongo que dejaremos el plan de los templos para mañana.

—Si, me gustaría que hiciéramos eso ~zura, en verdad me gustaría ir ahí con usted —exclamó Maru entusiasmada y contenta y Dia realmente no podía negarse viéndola así.

La zona universitaria se encontraba bastante lejos de donde estaba el hotel, pero Dia conocía los mejores atajos para acortar tiempo de trayecto, después de todo había estado allí una buena parte de su vida escolar.

Llegaron a una zona que estaba llena de jóvenes que por su aspecto Dia reconoció inmediatamente como estudiantes. Maru en su lugar, solo miraba maravillada todo a su alrededor, fascinada con el ambiente el paisaje y los edificios.

El lugar era muy diferente a las zonas que había conocido de Tokio, tenía un aspecto un tanto antiguo aunque contaba con muchos espacios abiertos, la arquitectura era un tanto occidental en comparación con la arquitectura del país. Maru siempre se imaginó la universidad de Día como un lugar típicamente japonés, pero no podía estar más lejos de la realidad.

—¿Decepcionada? —preguntó Dia al ver la expresión en la cara de Maru.

—No, decepcionada no ~zura —negó con la cabeza—, estoy más bien sorprendida, no es lo que imaginé en un principio. Aunque no deja de ser hermosa, esperaba algo más típico japonés pero esto me agrada.

—No era mi primera opción para la universidad —explicó Dia—, pero resultó mucho mejor de lo que esperaba, no me arrepiento de haber estudiado aquí, aunque las formas en las que termine en esta universidad no fueron las mejores, como ya sabes.

—Me gustaría estudiar aquí, lo he pensado mucho y creo que este podría ser el lugar ideal ~zura —expresó Maru muy emocionada.

Empezaron a caminar con rumbo a las áreas comunes del campus, mientras Dia le contaba algunas pequeñas anécdotas encaminándose a cierta área que quería mostrarle. Los jardines donde se encontraba la impresionante biblioteca con la que contaba la universidad las recibió, era la parte que más le había encantado del lugar y que sabía Hanamaru apreciaría bastante.

—No hemos hablado sobre eso Maru-san —retomó su plática anterior—, ¿qué carrera te gustaría estudiar? —Dia había sentido curiosidad al ver la emoción de la chica cuando vieron el gran edificio.

—Literatura por supuesto Dia-sama, es lo que siempre he querido ~zura —Maru lo dijo con tal emoción que hasta para Dia fue tonto no haberlo intuido antes.

—¿Y qué piensan tus padres al respecto? —un nudo empezaba a formarse en la garganta de Dia, hablar de la universidad era hablar de Maru avanzando y su corazón no estaba preparado para pensar en dejarla ir aún cuando no estuviera con ella en primer lugar.

—Al principio papá se negó, pero mamá siempre me ha apoyado y creo que ahora están de acuerdo en que vaya a la universidad en Tokio, digo, aquí —se corrigió—, así que quiero llevar toda la información posible para mostrarles ~zura.

—Siendo así tenemos mucha información que recabar y poco tiempo para hacerlo —dijo Dia cambiando el rumbo hacia el edificio de admisiones que estaba a un costado de la biblioteca.

Era un edificio pequeño en comparación con los que albergaban las aulas, sin embargo estaba lleno de oficinas y cubículos. Dia se dirigió hacia la oficina que sabía manejaba todo ese tipo de cuestiones y dónde conseguiría lo que necesitaban.

Era un lugar pequeño y algo desordenado, pero fueron recibidas por una amable secretaria que se veía bastante atareada pero las recibió con una sonrisa. Dia intercambio algunas palabras con ella y de inmediato la mujer se dirigió a Hanamaru llevando en la mano un puñado de trípticos y papeles. Le dió absolutamente toda la información relativa al proceso de admisión, los costos, platicaron sobre el extenso programa de becas con el que contaba la universidad, incluso le regaló algunos folletos con información referente a la carrera en la que Maru estaba interesada.

Había sido una visita muy provechosa, pero Dia aún quería mostrar la biblioteca a Maru, pues se habían desviado, para que de ese modo se terminara de enamorar del campus.

Llegaron al pie del edificio antiguo, era el más antiguo de todos, le explicó Dia, pero a diferencia de los demás, la estructura tenía toda la pinta de ser completamente japonesa, incluso el jardín que lo rodeaba resaltaba enormemente con el resto del paisaje.

—¿Qué es aquí ~zura? —preguntó Maru mientras Dia la llevaba por la entrada principal para que pudieran guardar sus cosas y pasar al interior del lugar.

—Es la biblioteca Hanamaru-san, estoy segura que te enamorarás de ella tanto como yo lo estoy —dijo con suficiencia y una gran sonrisa.

Guardaron sus pertenencias en los lockers dispuestos en la entrada y luego de registrar su visita, pudieron pasar al área principal. Para sorpresa de Maru en el interior no todo estaba completamente cerrado, había un gran domo de cristal en el centro que les permitía obtener luz natural, además de una fuente en el centro que emitía un sonido completamente relajante al ambiente silencioso y calmado del edificio.

Los estantes eran enormes, probablemente la biblioteca cubría el triple o más de la biblioteca que Maru conocía en Uchiura. Todo estaba tapizado de libros cuidadosamente dispuestos en cada rincón. Era algo fascinante de ver. Dia le permitió a Maru vagar por el lugar para saciar su curiosidad de cada rincón mágico.

La esperó sentada en una de las bancas junto a la fuente sin poner atención a las demás personas que se encontraban en el lugar, solo manteniendo sus ojos en la preciosa figura de su alumna que parecía danzar por los pasillos como un niño en una dulcería.

—¿Kurosawa Dia? —la voz de una mujer la sacó de sus pensamientos y se giró a mirar quien la llamaba.

Una mujer de cabello oscuro con mirada amatista que tenía más o menos la misma edad que Dia se acercó hasta su banca.

—¿Kazuno Sarah? —Dia la reconoció de inmediato, esa voz era difícil de olvidar.

—¡Vaya que sorpresa encontrarte aquí! —exclamó la chica lanzándose a los brazos de Dia sin ningún recato.

Aunque el movimiento sorprendió a Dia inicialmente, la emoción de ver a su amiga hizo que el saludo fuera mutuo.

—Me da tanto gusto verte, ¿qué haces aquí? —preguntó Dia cuando se separaron.

La bibliotecaria se encontraba cerca y ante tanto alboroto, no le quedó más remedio que llamarles la atención y pedirles guardarán silencio o abandonaran el lugar.

—Kazuno-sensei hágame el favor de hacer su pequeña reunión allá afuera —la mujer estaba enfurecida y para calmarla ambas mujeres se pusieron de pie para abandonar el recinto y poder hablar sin problemas.

—Pues… ya escuchaste, me hice profesora en la universidad —explicó Sarah orgullosa cuando do iban de salida—, pero ¿tú qué haces aquí? Hasta donde supe regresaste a Uchiura como profesora de bachillerato.

Maru había escuchado todo el alboroto que se armó y al ver que Dia era la protagonista, fue a su encuentro cuando la vio ir a la salida. Le llamó la atención la mujer con la que iba su sensei, así que se acercó a investigar.

—Estoy en Tokio por un concurso de literatura, estoy participando con una alumna muy prometedora —dijo cuando estuvieron afuera y al poco vio que Hanamaru caminaba en su búsqueda saliendo del edificio también—. ¡Oh, mira, hablando de ella! ¡Hanamaru-san! Ven por favor —la llamó para que se acercara.

Maru acudió inmediatamente a su encuentro, sin embargo la presencia de esa mujer hizo que sintiera una ligera molestia que no podía explicar. Algo en ella no le gustó del todo.

—Kunikida Hanamaru te presento a Kazuno Sarah, ella es una amiga de la universidad —explicó a Maru que la miraba con desconfianza.

—¿Amiga de la universidad? —Sarah rió con sarcasmo—. Supongo que es una forma de llamarme —le guiñó un ojo haciendo que Dia se sonrojara con algo de escándalo—. Mucho gusto Kunikida-san, Dia habló de lo talentosa que es pero no mencionó lo bella que era.

Para Maru no había pasado desapercibido el comentario de la mujer y mucho menos la reacción que Dia había tenido ante ella, aun así aceptó el cumplido de buena gana haciendo a un lado su molestia.

—Muchas gracias Kazuno-san, mucho gusto —hizo una reverencia educada procurando no exponer su particular acento.

—¿Tienes interés en nuestra universidad Kunikida-san? —preguntó Sarah colocandose bastante cerca de Dia.

—Si, estoy interesada en la licenciatura en literatura ~zura —respondió Maru emocionada dejando escapar su muletilla y Sarah se rió.

—¡Qué ternura! —exclamó la mujer—. Tú alumna es una pequeña cosita linda. Tendré que llamar a la ONU porque eres un peligro para ella —se comenzó a reír a expensas de Dia.

—¡Sarah! —le llamó la atención Dia y no pasó desapercibido para Hanamaru que le hablara sin usar algún honorífico, eso hizo que en su interior la molestia que sentía al ver a esa mujer tan cerca de Dia no la dejara en paz.

—No me sorprende que quieras estudiar literatura y es que teniendo a una mentora como Dia creo que cualquiera estaría interesada en la carrera —Sarah se recargó sobre el hombro de la aludida—. ¿Les gustaría que las acompañara en su visita al campus? Sé que sabes bien el camino —se dirigió a Dia—, pero hay algunas cosas que han sido mejoradas desde que nos graduamos.

—Emm… pues… si estaría bien que nos acompañaras —respondió Dia titubeante, realmente quería saber qué opinaba Hanamaru al respecto pero la chica no daba indicios de nada, estaba con una expresión en blanco, así que tuvo que tomar la decisión ella sola.

Hanamaru le sonrió y fue cuando habló al fin.

—Si, vamos ~zura.

Caminaron por el jardín hacia otra sección y Sarah se acercó al oído de Dia para susurrarle algo.

—Tu alumna es realmente una ternurita, me gustaría tenerla estudiando con nosotros, así que no te encariñes tanto con ella —concluyó esbozando una gran sonrisa.

Dia ya conocía las mañas de Sarah y prefirió poner algo de distancia entre la mujer y Maru, sólo por seguridad, se dijo a sí misma.

Maru observaba las interacciones entre las dos y se dio cuenta que lo que estaba sintiendo eran celos, muy parecidos a los que sentía cuando veía a Kanan con Dia, sin embargo en esta ocasión lo sintió peor, no sabía realmente el tipo de relación que ellas pudieron tener en la universidad y a la mujer se le veía demasiado cómoda alrededor de Dia.

Sarah les mostró algunas novedades de la universidad, nuevas aulas, nuevos espacios comunes, el área de dormitorios había sido remodelada, los jardines tenían nuevas plantas que le daban un mejor aspecto al lugar, en general había mejorado mucho en cuanto a infraestructura y Dia estaba fascinada con los cambios.

Dia y Sarah platicaban amenamente tratando de incluir a Hanamaru en la conversación, pero era difícil cuando se centraban en temas de cuando eran estudiantes, así que Maru desistió de tratar de seguir la platica y sólo las seguía sin prestar mucha atención a lo que decían.

—Voy a tener que dejarlas muy a mi pesar —dijo Sarah mirando su reloj—, tengo que dar una clase dentro de unos minutos. ¿Hasta cuándo estarán aquí? —preguntó dirigiéndose a Dia.

—Sólo hasta el fin de semana —respondió.

—Oh vaya, ¿tienes algo que hacer hoy por la noche? —preguntó directamente a su amiga.

—Umm… no —respondió Dia vacilante—, no tenemos ningún plan.

—¿Puedo verte? Hay cosas que me gustaría platicar contigo —se acercó nuevamente al oído de Dia para hablarle en un susurro—, de preferencia a solas.

—Eh… si, pues… no lo sé —respondió buscando la mirada de Hanamaru, quería saber su opinión aunque Maru hacía lo posible para evitar ese contacto visual—, supongo que podemos vernos y charlar un poco más.

Acordaron verse por la noche así que intercambiaron números de teléfono para poder localizarse en cuanto se desocuparan. Al despedirse de Dia, Sarah la abrazó y le dio un beso en la mejilla que no era tan inocente pues por un momento Maru pensó que terminaría dándoselo en la boca, esa mujer la exasperaba.

Dia y Maru continuaron su visita a la universidad, aunque el humor de Maru era muy diferente al de los días anteriores, se sentía ansiosa, quería decirle a Dia que no fuera a ver a esa mujer, pero sabía que no podía, no tenía ningún derecho a hacerlo.

Aunque Dia trató romper un poco el ambiente tenso que se había instalado entre ellas, Maru no estaba muy dispuesta a cooperar, sus respuestas eran cortas y tajantes, quería sacar el tema de Sarah para explicar que no tenía de qué preocuparse pero no sabía si sería bien recibido por la chica y terminó desechando la idea.

Después de vagar un rato más por la universidad, dieron por terminada la visita y regresaron al hotel. Las interacciones al regreso fueron muy limitadas, por no decir que inexistentes. Incluso en la habitación no hubo mucho intercambio de palabras, al llegar Maru anunció que tomaría un baño y se encerró durante un buen rato sin ánimos de salir.

Dia recibió la llamada que esperaba de Sarah y se pusieron de acuerdo para verse unos minutos después, acordaron simplemente bajar al bar del hotel para evitar ir a otro sitio, Dia se sentía aprehensiva de dejar a Maru sola.

Media hora después un mensaje en el telefono anunció que Sarah se encontraba en el lobby del hotel, Dia pensó en hablar con Maru una vez que estuviera fuera del baño, pero la chica no daba señales de vida.

Su baño estaba tomando más tiempo del usual en un intento por calmar esa creciente ansiedad en su interior, si Dia iba a salir sería mejor no verla cuando se fuera, pues no sabía si sería capaz de disimular su descontento. Escuchó cuando Dia recibió una llamada y aunque no escuchó los detalles, sabía que era de Kazuno-san. Maru se sumergió en el agua y trató de relajarse lo más que pudo, siempre que se sentía mal, un largo baño y una buena comida eran sus aliados para hacerla sentir mejor.

Un rato después escuchó que Dia tocaba la puerta del baño.

—¿Hanamaru-san? ¿Sigues ahí? —la voz de Dia sonaba preocupada.

—Sí ~zura, ¿necesita algo? —respondió Maru aún en la bañera, su piel ya estaba arrugada por estar tanto tiempo en el agua, pero prefería eso a estar afuera sintiéndose miserable por la partida de Dia.

—No, es sólo que... voy a salir, ¿puedes quedarte sola un rato? —preguntó Dia y Maru reprimió un bufido.

—Claro que puedo ~zura —respondió Maru algo molesta—, usted no es mi niñera Dia-sama.

—Bueno… si, lo siento, no lo quise decir así, solo me refería a que si estaba bien si me ausentaba un momento— trató de componerlo sin mucho éxito.

—Todo está bien ~zura, diviertase —lo poco que había ayudado el baño acababa de desaparecer, sólo quería decirle que no fuera, que se quedara pero eso era demasiado egoísta para ella y no pudo hacerlo.

—Estaré en el bar del hotel si necesitas algo —Dia se sentía mal de irse así, en ese momento se arrepintió de haber quedado con Sarah, pero ya la había hecho venir y la mujer se encontraba esperando por ella, no le quedaba más remedio que bajar y tratar de disfrutar la velada.


El baño de Hanamaru se prolongó por lo menos por media hora más, la chica se rehusaba a salir para encontrarse una habitación vacía sin Dia, aunque ella misma reconocía que su reacción estaba fuera de lugar pues después de todo no eran nada, no tenían ningún lazo amoroso. No fue hasta que el agua de la bañera estaba bastante fría para seguir inmersa que decidió salir de su falsa burbuja.

Una idea vino a su mente, pero la desechó tan rápido como llegó, bajar a cenar al restaurante le daría una excusa para ver a Dia aunque fuera de lejos, pero eso era algo que sólo un acosador haría y simplemente no iba con ella. Tenía que hacerse a la idea que entre Dia y ella no había nada y que por mucho que ambas lo desearan no iba a suceder. No podía tener ese tipo de celos que solo la lastimarían más adelante, aunque ya lo estaban haciendo ahora.

Terminó ordenando servicio a la habitación para cenar y un rato después lo recibió. Se dispuso a comer mientras veía una película que poco hacía por distraerla pero al menos ayudaba a pasar el tiempo más rápido. Su plan inicial era esperar a que Dia regresara, pero no esperaba que fuera a tardar tanto tiempo, los desvelos de los días anteriores empezaban a caer en su cuerpo haciendo que sus ojos se cerraran contra su voluntad. Cerca de la medianoche no pudo aguantar más, tuvo que irse a la cama sin remedio, no podía esperar a Dia aunque tampoco estaba segura de querer verla llegar si es que lo hacía. Ese último pensamiento la torturó estando ya en la cama antes de que el sueño la venciera levemente.

Entre sueños escuchó cuando Dia regresó a la habitación solo no supo la hora exacta que era pero debía ser la madrugada. Unos minutos después sintió cuando su sensei se acomodaba nuevamente a su lado aunque en esta ocasión no hubo ningún abrazo de por medio y ella tampoco lo buscó, no se sentía bien buscar un abrazo cuando tenía todas esas emociones revueltas en su interior, sobre todo cuando Dia olía al perfume de otra persona.

Al día siguiente Maru se levantó antes que Dia, prefirió dejar que su sensei descansara un poco más debido al desvelo del día anterior o al hecho de que tampoco se sentía segura de querer enfrentar la realidad. Una vez que estuvo en el baño vio que la ropa que había usado Dia el día anterior se encontraba aún sin doblar sobre el tocador del baño. Cosa que se le hizo extraña pues Dia era muy ordenada en cuanto a sus cosas, pero lo justificó por la hora en que había vuelto a la habitación. Para calmar sus nervios crecientes y ese malestar en su pecho se dispuso a doblar la ropa, solo que cuando la estaba doblando se dio cuenta que en la blusa se encontraban marcas de lápiz labial, el mismo que Kazuno Sarah había estado usando el día anterior, de eso estaba segura.

Hasta ese momento Maru había logrado controlar los celos a base de razonamiento, de usar su madurez y su temple, sin embargo por una vez, sintió que había perdido la batalla. Tal como pensó, Kazuno Sarah tenía interés en Dia mucho más que el amistoso y probablemente el día anterior las cosas no sólo habían sido de pláticas y risas entre ellas, pero prefería no averiguarlo ni enfrentar a Dia porque entonces terminaría por perder el poco control que le quedaba.

Cuando Dia por fin despertó, escuchó que Hanamaru ya estaba en el baño arreglándose. Echó de menos el despertar a su lado, había sido tan placentero en los días anteriores que ahora sentía que le hizo falta para descansar mejor. Podía sentir su cuerpo adolorido por alguna razón, quizás el desvelo o haber dormido en una mala posición.

No dijeron mucho, el silencio predominó y entre ellas y Dia solo se justificó diciendo que era mejor así. Estuvieron listas a la hora acostumbrada para ir al evento. Su mañana incluiría conocer el resto de las historias participantes y uno que otro evento cultural que había llamado su atención y por la tarde llevaría a Hanamaru a conocer los templos que le había prometido y se había pospuesto. Esperaba con ansias el momento para poder disfrutar la brillante sonrisa de Hanamaru cuando iluminaba todo a su alrededor, ya que durante toda la mañana su sonrisa estuvo ausente de su rostro y empezaba a preocuparse por ello, aunque sabía que era por su culpa.

La mañana transcurrió sin mayores sobresaltos. Las novelas eran buenas, pero realmente no hubo alguna que le llamara la atención como el día anterior, sus verdaderos competidores eran los chicos que habían leído el mismo día que ellas. Pero ya se vería en la puntuación final, todo dependía en gran medida del gusto de los jueces.

Lo que sí fue relevante, al menos para Dia, era lo distante que Hanamaru se estaba portando con ella. Si no alentaba la platica, entonces ninguna de las dos hablaba y aun así, Hanamaru se limitaba a asentir o dar escasas respuestas de si o no. Entendía que su salida con Sarah había sido malinterpretada, pero tampoco es como si la chica le hubiera reclamado algo, aunque sabía que no podía hacerlo. Era lo mejor y tal vez ella sólo estaba preocupándose demasiado, como era su costumbre.

La tarde llegó con lentitud entre los silencios y las distracciones y del evento que no sabían a nada sin la sonrisa de Hanamaru y Dia empezaba a desesperarse con la actitud distante de su alumna. Incluso a la hora de la comida Maru se sentó entre los demás estudiantes y prácticamente la ignoró aumentando su malestar.

—¿Ya nos vamos? —preguntó Dia cuando regresaron a la habitación del hotel para cambiarse.

—¿A dónde ~zura? —Maru ya estaba buscando una muda de ropa, como en los días anteriores. La ropa formal llegaba a ser muy asfixiante para ella sobre todo ese día tan desastroso.

—A los templos Hanamaru-san —respondió con algo de molestia—, ¿recuerdas que quedamos en ir a verlos hoy?

—Ah, es verdad ~zura —claro que lo recordaba, pero supuso que tal vez había hecho un cambio de planes o algo parecido pues Dia no le había dicho nada al respecto en la mañana.

—¿Lo olvidaste? —le dedicó una mirada fría a la chica que prefirió no hacer contacto visual concentrándose en su maleta.

—Pensé que ya no iríamos ~zura —Maru terminó de buscar su muda de ropa y se encerró en el baño para cambiarse.

—¡¿Por qué no iríamos?! —habló Dia en voz alta desde el otro lado pues la había seguido y Maru prácticamente casi le estrelló la puerta en la cara—. No hicimos ningún cambio de planes —suspiró—, no que yo sepa —completó en voz baja audible sólo para sí misma.

Se quedó esperando una respuesta por parte de Hanamaru pero la chica no dijo más así que ella también fue a cambiarse. Poco después Hanamaru salió del baño lista para empezar el paseo de la tarde.

—¿Nos vamos Dia-sama? —preguntó ante el desconcierto de Dia que ya estaba cambiada y esperando, no entendía qué estaba pasando.

—Eh… sí, vamos —respondió aun esperando que la chica dijera algo, pero no hubieron más comentarios al respecto y solo vio su espalda yendo a la salida.

A diferencia de lo distante que Maru estuvo por la mañana, ahora parecía que todo había vuelto a la normalidad. Conversaban como siempre, Maru se maravillaba por las cosas pequeñas e incluso bromeaban al respecto. Lo que fuera que le había pasado en la mañana, al parecer a había quedado atrás y Dia dió gracias por eso.

Sin embargo Dia estaba algo nerviosa por el paseo, debido a que esa parte de la ciudad siempre era muy concurrida y por lo general prefería evitarla, en particular los trenes; por la tarde era como entrar a un hormiguero laberíntico que le daba dolor de cabeza, aún cuando sin duda era la forma más eficiente de transportarse.

Inconscientemente tomó la mano de Maru con bastante fuerza cuando entraron a la estación y no la soltó incluso cuando estuvieron dentro del vagón del tren.

El teléfono de Dia empezó a sonar en repetidas ocasiones pero ella prefería ignorarlo haciendo que Hanamaru se desesperara por el incesante sonido.

—¿No va a responder su teléfono? —preguntó Maru con curiosidad liberándose del agarre de Dia para que contestara.

—Son sólo mensajes, no es importante —explicó Dia sin hacer mucho caso a su teléfono.

—Bueno… esta bien ~zura —dudó Hanamaru al escuchar que los mensajes seguían llegando.

Dia la llevó a recorrer algunos templos, unos grandes y otros no tanto, aunque había guardado el mejor para el final, su templo favorito, aquel al que había llevado a Ruby a conocer cuando se enteró de la afición de su hermana por aquel grupo de school idols que saltó a la fama cuando ella aún se encontraba en la universidad.

Caminaron hasta el pie de unas largas escaleras que daban acceso al lugar y Maru las contempló con asombro.

—Llegamos —explicó Dia—, estamos en Kanda Myōjin, es un lugar especial que quería mostrarte.

—Umm… Kanda… Kanda —Maru había escuchado el nombre antes pero no recordaba de donde—, creo que Ruby-chan había dicho algo sobre este templo.

—Seguramente… —Dia esbozó una sonrisa al recordar a su hermana—, siempre que me visitaba tenía que darle un tour a específicos lugares como este templo y algunos otros que se encuentran cerca de aquí, ya te llevaré a ellos después —dijo y empezaron a subir las escaleras mientras platicaban.

El lugar era muy bello, había una sensación de paz que inundaba el lugar y que percibió en cuanto alcanzaron la cima, era una paz parecida a la que Maru sentía cuando estaba en casa. El lugar se encontraba cargado de energía espiritual que la reconfortaba y calmaba su corazón agitado.

Recorrieron todo el templo, Dia como siempre guiando el camino, hicieron el ritual debido para presentar sus respetos y hasta compraron un par de amuletos de la buena suerte. Sin embargo, el molesto celular de Dia seguía vibrando sin cesar a pesar de haberle quitado el sonido, la vibración se había vuelto perceptible e incómoda.

—En serio creo que debería responder su celular ~zura —le dijo tratando de contenerse a sí misma, era cada vez más difícil hacerlo, Maru estaba segura de quién eran los mensajes y le molestaba que Dia no hiciera nada al respecto aunque tampoco estaba segura de lo que le gustaría que hiciera su sensei.

—No es nada, en serio Hanamaru-san, pero ya lo atiendo —sacó su teléfono y se dió cuenta que tenía al menos 10 llamadas perdidas de Sarah y se lamentó por eso—. Tengo que hacer una llamada Maru-san, permíteme un momento.

Dia se alejó un poco de Maru para poder llamar a su amiga, sin embargo el silencio que las rodeaba hacía muy fácil que Hanamaru escuchara algunas partes de su conversación aunque en su mayoría parecía ser Sarah la que hablaba pues Dia apenas pronunció algunas palabras antes de colgar.

Cuando regresó, Maru ya esperaba que le dijera que se tendría que retirar para ir con esa mujer o algo así, sin embargo Dia continuó como si nada, haciendo que Maru terminara por perder el control y explotara al fin.

—¿Era Kazuno-sensei ~zura? —Dia no supo si era pregunta o era afirmación, pero Maru no hablaba con la gentileza de siempre y su mirada se había opacado, como si la luz que la iluminaba todo el tiempo se hubiera esfumado.

—Eh… si, era ella, quería que la acompañara a una fiesta por la noche —el cambio en el rostro de Hanamaru fue inmediato, no pudo hacer nada para evitarlo, una punzada en el pecho se instaló y no la dejaba estar tranquila—, pero le dije que no —se apresuró a añadir Dia al ver la reacción de Maru—, creo que ya hemos platicado suficiente ayer de cualquier manera.

—Debería ir Dia-sama —Maru forzaba las palabras fuera de ella—, creo que… —sus ojos empezaron a llenarse de lágrimas aunque luchaba inútilmente en contenerlas—, debería ir.

Ni bien terminó de hablar, Maru salió corriendo a toda prisa fuera del templo. Bajó las escaleras con gran agilidad impulsada por la adrenalina del momento. No quería que Dia la viera de esa forma tan descompuesta y solo se dispuso a correr con todas sus fuerzas.

Dia tardó unos segundos en comprender lo que había pasado, pero salió corriendo tras Maru con desesperación. Una vez que estuvieran fuera del templo, todo sería una locura pues era la hora de la salida de los trabajadores y todas las calles se llenarían de personas, volviéndose eso un mar de gente donde no podría encontrar a su alumna.

Perdió de vista a Maru cuando ella terminó su descenso. No quería, más bien no podía perderla. Corrió lo más rápido que pudo en su búsqueda pero justo cuando iba llegando al último escalón, sufrió un tropiezo que la hizo aterrizar en el piso de rodillas. Se incorporó de inmediato y aunque se llevó un raspón que se amortiguó ligeramente por el pantalón que usaba, solo que nada de eso le importaba, su prioridad era alcanzar a Hanamaru lo más pronto posible.

Sucedió lo que más temía, el río de personas no la dejaba avanzar y lo peor era que no había visto hacia dónde se había dirigido la chica. Empezó a sentir pánico en su interior, Hanamaru no conocía Tokio, si empezaba a caminar así terminaría perdiéndose.

Recordó el teléfono celular que le había regalado a Maru y marcó rápidamente el número. Estaba temblando presa de la ansiedad que sentía, lo que dificultó aún más la labor de búsqueda. Lo peor fue cuando no logró enlazar la llamada, se dió cuenta que era improbable que Maru trajera el celular pues no le habían dado uso durante todo el viaje.

—¡Maldita sea! —gritó frustrada—. ¿Dónde estás Hanamaru?

El cuerpo de Día empezaba a sufrir los estragos del pánico, sus manos temblaban y su mente no quería cooperar pues se imaginaba los peores escenarios posibles y solo quería salir corriendo a buscarla por todos lados como loca hasta encontrarla, pero una parte de su mente, la más fría y racional la hizo entrar en razón y se tuvo que tomar unos segundos para calmar la tormenta en su interior y enfocarse en la tarea que tenía enfrente.

Trató de ponerse en los zapatos de Hanamaru. La chica no conocía casi nada de los alrededores y por muy afectada que estuviera, Hanamaru tendía a ser bastante racional y lista así que no esperaba que se lanzara a lo desconocido sin más.

Llegó a la conclusión de que su alumna querría regresar al hotel y el único camino que conocía era viajando por tren tal como habían llegado inicialmente. Al menos ese era la solución más sólida que tenía.

Se abrió paso entre la gente caminando a toda velocidad hacia la estación más cercana. Su corazón latía con desesperación e internamente le rogaba a todos los dioses poder encontrar a Maru lo más rápido posible.

Entró a la estación a toda velocidad y llegó hasta el área de abordar, buscó por todos lados con la mirada pero no había señales de la chica. Finalmente se dió cuenta que en el último vagón había una chica castaña que se estaba subiendo pero las puertas estaban por cerrar y no le daría tiempo de llegar aún si corría muy rápido, guiada más por instinto que por su mente, se metió en el vagón que estaba más cercano a ella, por lo menos podría viajar junto con la chica y esperaba pudiera darse cuenta en qué estación se bajaba.

Durante todo el camino Dia se la pasó recriminandose el no haberse dado cuenta que la visita de Sarah le había sentado tan mal a Maru, lo pudo hablar con ella antes, le pudo haber aclarado que no había nada entre ellas y no lo habría. Ella no quería estar con nadie que no fuera Maru, ya no encontraba una razón para hacerlo, solo quería a la niña de sus ojos y cada vez encontraba menos razones para seguir negando eso que sentía por ella.

En cuanto el tren llegó a la estación que estaba más cercana a su hotel, y las puertas del vagón se abrieron, salió casi empujando a las personas que estaban frente a ella. Sus piernas temblaban debido a la cantidad de adrenalina, en un momento se sintió mareada pues no había señales de la chica castaña que había visto antes. ¿Y si había cometido un error y solo había visto un espejismo producto de sus nervios?

Pero entonces la vio, Hanamaru iba bajando del vagón justo antes de que las puertas se cerraran unos metros más allá de donde se encontraba. El momento fue como en cámara lenta. Maru estaba aún despistada tratando de averiguar por donde era la salida, la gente empezaba a disiparse entre ellas y por fin pudo tener una visión clara de la chica.

Sus ojos ya no tenían lágrimas pero se encontraban enrojecidos a causa de ellas. Dia corrió en su encuentro y prácticamente se lanzó sobre ella tomándola en sus brazos sin importarle nada más que el alivio de encontrarla de nuevo.

—¡Hanamaru-san! —le gritó poco antes de rodearla en el abrazo—. ¡Hanamaru-san!

Maru apenas y pudo reaccionar al escuchar la voz de Dia, sólo sintió sus brazos alrededor de ella y su rostro se perdió entre la cabellera oscura que le cayó encima.

—Hanamaru-san lo siento, lo siento… —repetía Dia mientras las lágrimas salían de sus ojos—, lo siento Hanamaru-san.

—Dia-sama, usted no tiene que disculparse ~zura…— Dia la abrazaba con fuerza casi asfixiandola y no tenía intenciones de dejarla libre a pesar de que las personas las veían con extrañeza por tal demostración pública de afecto.

—Tenía tanto miedo, no quiero perderte… —y no lo decía sólo por lo que acababa de pasar, Dia empezaba a hablar las palabras que su corazón habían estado conteniendo—, lo siento tanto Hanamaru-san, no te vuelvas a ir de esa manera por favor.

—Solo quería llegar al hotel ~zura, no la quise asustar —Maru le devolvía el abrazo tratando de calmar a Dia que aún seguía hablando entre sollozos haciendo que ella también se llenará de lágrimas de nuevo.

—Kazuno Sarah no significa nada para mí Hanmaru-san, necesitaba decirtelo —la declaración tomó a Maru por sorpresa. "¿Tan obvia había sido?" Pensó la chica.

—Yo… lo siento Dia-sama, no debí comportarme así —Maru sintió como si le hubieran dado oxígeno a su alma, de repente podía respirar de nuevo.

—Debí saber que algo andaba mal, lo siento Hanamaru-san, lo siento, no me hagas esto de nuevo por favor —dijo en tono suplicante.

Dia tuvo que soltarla, debido al alboroto que estaban armando ya tenían la atención de toda la gente que pasaba a su lado y se volteaba a verlas.

—Será mejor que regresemos al hotel —tomó la mano de Maru con fuerza—, pero no te dejare ir —le advirtió.

—Esta bien Dia-sama —respondió Maru sonriendo aún a través de su rostro lloroso.

Caminaron al hotel tomadas de la mano, sin prisa, disfrutando de la compañía de la otra y tratando de calmarse por el momento tan intenso que habían sufrido. Tuvieron que soltarse antes de llegar al hotel, en ese lugar tenían que retomar su papel de profesora y alumna y no podían delatar lo que fuera que estaba pasando entre ellas.

Hicieron la rutina de los días anteriores, cada una tomó un baño por separado pero a diferencia de las otras noches, ambas esperaban con ansias poder abrazarse nuevamente bajo las sábanas, sólo eso.

Dia sintió que aún habían cosas que decir pero Hanamaru, por su lado, sentía que no necesitaba más palabras, no, lo que necesitaba era otra cosa. Dejaria de temer y se aventaría por todo esperando ganar mucho más. Quería a Dia, quería estar con ella y no seguiría perdiendo el tiempo, esperando a que alguna otra persona se interpusiera entre ellas.

Dia se acostó primero y espero a que Hanamaru se acostara a su lado antes de apagar las luces. Maru se acomodó en el hombro de Dia escuchando el rítmico sonido de su corazón latiendo debajo de su oído.

—Aún tengo que explicarte lo que pasó Hanamaru-san —dijo rompiendo el silencio—, Kazuno Sarah fue mi mejor amiga de la universidad, ella bueno era mi compañera de habitación y aunque no puedo negarte que nuestra relación fue más que amistosa, nunca pasó a más de eso. Nos perdimos la pista cuando regresé a Uchiura y no esperaba encontrarla de nuevo. Entre ella y yo no hay ni habrá nada, yo ya te lo había dicho, mi corazón está entregado y no ha cambiado eso —concluyó con un suspiro que movió algunos cabellos castaños de Hanamaru.

Maru escuchó lo que Dia estaba diciendo a medias pues dentro de ella estaba tratando de encontrar el momento para robar ese beso que tanto ansiaba, y fue entonces que vio la oportunidad cuando alzó la cabeza quedando a tan solo un palmo de distancia del rostro de su sensei.

—Dia-sama, hay algo que quiero hacer desde hace mucho tiempo y no dejaré pasar más… —Maru se acercó al rostro de Dia y con suavidad colocó su mano sobre la mejilla de Dia para invitarla a acercarse, mantuvo los ojos abiertos hasta el último segundo cuando estuvo segura que Día no se había retirado y con suavidad unió sus labios con los de su sensei, fue un contacto mágico, como si en ese momento hubieran salido chispas a su alrededor, de repente todo se había iluminado y sentía que estaban flotando sobre la cama junto con el cuerpo de su sensei.

Dia no se negó, al contrario, buscó profundizar el beso con Hanamaru quien al sentir el extraño contacto de la lengua de Dia en uno de sus labios abrió la boca para darle el permiso de pasar. Esa sensación no era nueva para ella pero era mucho más especial, tanto que tuvo que contenerse, sin éxito, de proferir un gemido que la hizo sentir avergonzada, pero eso solo incitó a Dia a seguir adelante.

El beso de Maru la tomó completamente por sorpresa, su mente había hecho cortocircuito y aunque sabía que debía detenerse, simplemente no podía, no podía negarse a lo que tanto deseaba. No ahora que tenía lo que amaba en sus brazos besándola con tanto amor y tanta ternura. Dia dejó que por un momento fuera su corazón el que tomara las riendas de sus acciones y dictará sus pasos a seguir.

La mano de Hanamaru acarició su mejilla y se trasladó a su nuca cuando profundizaron el beso. Las manos de Dia habían ido a parar a la espalda de Maru y acariciaban de manera rítmica su espalda baja.

Se separaron aún con la dulce sensación de los labios de la otra. Una hermosa sonrisa apareció en el rostro de Hanamaru y Dia jaló las caderas de la chica, sus manos habían bajado hasta allí, para posicionarla encima de ella y volver a subirlas para presionarla contra su pecho. Quería sentir su peso encima, quería saber lo que se sentía ese hermoso cuerpo sobre el suyo sin ningún temor al rechazo.

Maru rodeo la cabeza de Dia con sus brazos y hundió su rostro en el cabello de su sensei aspirando el aroma floral que éste desprendía. Era extraño estar encima de Dia aunque no por ello quería quitarse, por el contrario quería estar más pegada a ella y la ropa se sentía tan fuera de lugar cuando era la piel de la otra lo que anhelaba tocar.

Se sentó a horcajadas sobre la cintura de Dia poniendo sus manos en su pecho jugando un poco con los bordes de su ropa. Dia se incorporó queriendo recuperar el contacto y buscó los labios de Hanamaru atrapandolos con los suyos. El beso era calmado pero iba cargado de una necesidad creciente y de un fuego que provocó que Maru se calentara sin querer. Quizás era el aire acondicionado que se había apagado o una onda cálida esa noche pero solo quería despojarse de su ropa para apaciguar ese calor que venía de algún lado.

Las manos de Dia no perdieron mucho tiempo y pudo sentir cuando se metieron debajo de su camisón, que por la posición se había subido hasta sus muslos. Se estremeció cuando las yemas de los dedos rozaron su piel subiendo hasta la parte superior de sus piernas casi llegando a sus caderas. Otro gemido vergonzoso se escapó de su boca y fue bebido por la boca de Dia que gustosa lo tomó.

—Di… Dia-sama —pronunció su nombre por encima del temblor de su cuerpo y se aferró a su espalda cuando los pulgares de Dia presionaron el hueso de la pelvis de su cadera.

—¡Eres tan linda Hanamaru-san! —dijo Dia con los ojos nublados por el deseo embriagante de tener a la razón de su locura sollozando de gusto tan solo con unas caricias inocentes.

—¡Zura~! —exclamó cuando los labios de su sensei besaron su cuello recorriendo desde la base hasta su oreja, donde pudo oír que Dia le decía algo.

—No puedo… no puedo hacer esto —se negó pero sus palabras no correspondían a sus acciones.

Dia aún luchaba con esa parte de su cabeza que le decía que tenía que parar todo, que estaba mal y que no debía aprovecharse de ese modo de su alumna, porque Hanamaru era su alumna. Sólo que sus manos no le hacían caso y su cuerpo solo quería seguir adelante. Tampoco ayudaba que Maru se aferrara a ella con tanta desesperación cuando dijo eso. Los dedos de Maru se enredaban en su cabello y la habían obligado a besarla de nuevo. Trato de apartar sus manos pero cuando la chica sintió la pérdida del calor de sus palmas fue tras ellas y la obligó a volver a ponerlas sobre sus caderas.

—¡Por favor Dia-sama! —gimoteó—. ¡No me haga rogarle por algo que usted también quiere tanto como yo!

—Aún estamos a tiempo… —dijo separándose un poco—, esto está mal…

Allí fue cuando Hanamaru tuvo que hacer su apuesta más fuerte, sabía que Dia ya estaba en el camino de no retorno en donde sus barreras habían caído pero la última aún se aferraba a no morir. Hizo lo que pensó que nunca haría. Se atrevería a entregarse para poder tener el amor de su sensei y que de ese modo viera cuánto la amaba. Llevo sus manos al borde de su camisón y tomando aire lo pasó por encima de su cabeza despojándose de la prenda.

La boca de Dia se quedó seca. La sangre se agolpó en su cara y quizás en su nariz que seguramente estaría al borde de un derrame. El cuerpo de Hanamaru era simplemente perfecto, hermoso y perfecto. Las líneas de sus hombros desnudos, el borde de sus abundantes senos, el contorno de su cintura y su amplia cadera eran la vista más espectacular que jamás hubieran tenido sus ojos. La devoró con la mirada llena de lujuria y Maru se cubrió los pechos con algo de pena. Jamás había sentido una mirada de ese tipo sobre ella.

—¡Eres… tan hermosa! —dijo casi sin aliento o más bien con el aliento afectado.

—¡Es un poco vergonzoso si lo dice viéndome de esa forma! —sus mejillas se sonrojaron.

—Yo… así… así no puedo contenerme —las manos de Dia fueron a la espalda de Hanamaru para acercarla y su cara se hundió en el borde de sus senos.

Ligeros besos fueron dejados como una estela de caricias sobre la parte superior de su pecho. Dia trasladó sus manos al frente jugando con sus dedos delineando la cintura de Maru hasta llegar al preciado premio.

Eran suaves y grandes como dos pedazos de algodón dulce. No solo eso, Maru parecía ser muy sensible al toque de sus senos pues no dejaba de gimotear mientras los tocaba. Los pezones se levantaron y Dia los miró un poco antes de acercar su boca a uno de ellos. Eran de un buen tamaño, rosados, con una gran aureola rodeandolos. Los chupo con cuidado, pasando toda su lengua por la punta y las manos de Maru se habían hundido en su cabellera oscura empujando para más contacto. Sus gimoteos iniciales eran ahora sonidos ininteligibles de los que apenas alcanzaba a distinguir nada pero le supuso que le pedían continuar.

Dió su atención a cada uno, era como estar en un parque de diversiones donde podía disfrutar de tener cuanto quisiera ese par de portentos que Maru poseía. Debía admitir que una de las cosas físicas que le atraía de Hanamaru eran sus pechos. Siempre quiso saber lo que se sentía tocarlos, besarlos, saborearlos y ahora, ahora podía hacerlo.

La excitación de Maru estaba llegando a un punto álgido, cada caricia que estaba recibiendo la tenían al borde de la locura, sobre todo porque estaban siendo dadas por quien tanto deseaba. Dia había sido desde hacía mucho tiempo su amor platónico, su amor imposible, eso que anhelaba con todas sus fuerzas y en este instante la estaba besando.

Maru había separado a Dia de su tarea sobre su busto reclamando sus labios sobre los suyos. Los besos de Dia eran tan apasionados pero al mismo tiempo guardaban el toque justo de ternura, una mezcla entre la pasión que no terminaba de quemarla y la ternura que la cuidaba de ese fuego.

—Hanamaru-san… —susurró su nombre cerca de su oído—, te necesito tanto…

—Yo también la necesito Dia-sama —le respondió con agitación.

—Yo… quiero tenerte… ¿Puedo tenerte? —preguntó con cierto temor, su resolución inicial se esfumó con la incertidumbre del miedo a que todo aquello fuera un sueño producto del día pesado que acababa de tener, de que no fuera más que un espejismo debido a los fuertes sentimientos que tenía por su alumna que le estaban haciendo actuar obligándola a someterse a sus deseos.

—Soy suya Dia-sama —oyó esas simples palabras y su corazón dió un vuelco de regocijo, jamás palabras más dulces habían sido pronunciadas—. ¡Tomemé, tomemé todo lo que quiera!

La efusividad con que fueron dichas, la mezcla entre deseo y desesperación la llevaron a desbocar su cordura. Agarró la espalda de Maru y con algo de fuerza, no demasiada, la empujo para cambiar de posición. Llevó a la chica boca arriba sobre la cama quedando Día encima entre sus piernas.

No perdió el tiempo y siguió besándola en los labios solo que pronto dejó su cara para ir bajando por su cuello hasta su pecho. Dió una ligera mordida, apenas una leve presión de sus dientes sobre cada uno de sus pezones y lamió las marcas que aparecieron. Siguió su camino plantando besos a lo largo de su estómago dando atención a cada pulgada de piel. Algunos besos daban pequeñas cosquillas a Hanamaru y otros producían emociones extrañas en su entrepierna.

Ni hablar de esa parte, Hanamaru podía sentir la humedad creciente que emanaba de su sexo desde el inicio de aquellas caricias, no, incluso desde antes. La sola expectativa de lo que quería hacer la habían puesto así. Sólo que ahora era un mar en sus pantaletas. Las manos de Dia habían llegado a su cintura y agarrado el borde de sus bragas descendiendo poco a poco para sacarlas de su cuerpo. Levantó ligeramente sus caderas y Dia aprovecho para quitarlas por completo.

Aún con la tenue luz Dia pudo apreciar ese brillo de la humedad sobre los vellos castaños de Hanamaru y sintió una sed invadirla que le pedía ser saciada tomando del néctar dulce de la chica.

Tomó los muslos de Hanamaru con sus manos para que su cara pudiera hundirse en su entrepierna y al fin pudo degustar de ese líquido cálido que no dejaba de venir. Pasó su lengua primero por encima, tomando cada gota que ya había sido derramada. Después la llevó al interior de sus labios delineando los bordes causando una serie de gemidos que Hanamaru no pudo contener. Metió su lengua para extraer más de ese dulce sabor dejando que entrara y saliera varias veces mientras su nariz rozaba en cada paso la pequeña protuberancia en la cima que poco a poco empezaba a hacerse más grande.

—¡Dia… Dia-sama! —escuchó su nombre—. ¡Más! ¡Más por favor!

Dejó su labor en la entrada de su intimidad y subió un poco hasta llegar a ese punto hinchado que reclamaba su atención. Lamió usando toda la extensión de su lengua en un gran lenguetazo que hizo que las caderas de Hanamaru se levantarán y la apartaran de su tesoro dorado.

Sujeto sus muslos para tenerla firme y evitar que la apartaran sin querer. Los gemidos y gimoteos de Hanamaru le pidieron que volviera a su tarea y de nuevo arremetió contra su pequeño bulto hinchado.

Esta vez lo hizo con más calma, tomándose su tiempo, queriendo darle el trato cuidadoso y delicado que se merecía. Suaves y largos pasos de su lengua de arriba a abajo, otras veces más rápidos y cortos, según el movimiento de los empujes que daba Maru con su cadera. Eso era bastante pero no lo suficiente, había algo más que estaba reclamando su cuerpo.

Su piel estaba sensible y su pecho subía y bajaba a velocidad irregular, sus manos se aferraban a las sábanas y sus pies hacían lo mismo. Estaba llegando a la cima, lo sabía, lo podía sentir, solo faltaba ese último empuje para brincar al abismo del placer y romperse en los brazos de Dia que la estaban llevando hasta ese punto.

Dia se retiró de su estimulación oral y Maru frunció el ceño al perder ese delicioso contacto pero no siguió quejándose cuando el cuerpo de su amada se recargó sobre ella y fueron sus dedos los que sustituyeron la estimulación en su área sensible.

Estaba lo suficientemente lubricada para dejar que un dedo de Dia entrará en ella. Una pequeña molestia le dolió pero pasó pronto cuando la nueva sensación se volvió placentera. Dia besaba sus senos y sus gemidos volvían a llenar la noche. Pronto un segundo dedo le siguió al primero y tampoco tuvo problemas en recibirlo, no con la cantidad de excitación que cargaba su cuerpo. Sus paredes se cerraron a los dígitos de Dia y no tardaron en aparecer los espasmos en sus paredes internas que presionaban con fuerza.

Dia sabía que Maru estaba próxima cuando los espasmos se hicieron más constantes. Su palma rozaba con frenesí su sexo y sus dedos entraban y salían moviéndose con rapidez al compás de las caderas de Maru.

La chica se asió a la espalda de Dia agarrando con desesperación el camisón de la otra y su espalda se arqueó cuando la punta de los dedos de Dia presionaron la rugosidad interna de su intimidad. El ritmo bajo y solo quedaron los temblores cuando Maru alcanzó su punto más alto y al fin se dejó caer en el profundo océano del placer reflejado en esos ojos aquamarina.

Gimió el nombre de Dia liberando sus caderas, el agarre de sus paredes y todos sus miedos por un segundo. Sólo quedaba esa sensación de gozo que venía después y esa alegría de haber podido tener el amor de Dia.

Los besos a su rostro no se dejaron esperar ni tampoco los besos a sus labios. La calma y la tranquilidad llegaron a su cuerpo que aún padecía los estragos de tan violento esperado orgasmo. Dia no había sido tosca o burda, la había tratado con tal ternura y devoción que incluso sintió que ella había sido la osada y ruda.

—¿Estás bien? ¿Hanamaru-san? —escuchó su nombre entre sus ensueños y su sonrisa no se hizo esperar, ni sus mejillas rojas avergonzadas de tan poco pudoroso espectáculo que acababa de dar.

—Estoy bien, mejor que bien ~zura —la rodeo con sus brazos atrayendola a ella.

—¿Estás segura? —volvió a preguntar aún con cierto temor.

—Claro que si ~zura, nunca había estado mejor en mi vida, estando con usted, Dia-sama, todo es increíble —siguió sonriendo con una gran sonrisa que no se iba a ir tan fácil de su cara.

—Creo que he hecho un pequeño desastre aquí —dijo con la cara roja incorporándose hasta sentarse—. Tendremos que cambiar las sábanas para poder dormir.

—¿Por qué ~zura? ¡Oh! —su pregunta fue respondida cuando se dió cuenta de a qué se refería Dia y no se arrepintió de que fuera así.

—Yo… no sé qué decir pero sé cuán importante debe ser esto y solo puedo pedirte que me perdones por hacer… por tomar tu primera vez de este modo —Dia se colocó al pie de la cama hincándose pidiendo perdón.

Maru solo se rió y la hizo que levantara el rostro para tomarlo con sus manos y darle un beso.

—No hubiera querido que esto pasara con nadie más y si no hubiera querido hacerlo no la habría dejado continuar —Dia correspondió con otro beso, feliz, inmensamente feliz de poder tener esto tan maravilloso con Hanamaru.

Se besaron otro poco hasta que fue tiempo de componer ese pequeño desastre. Dia acompaño a Hanamaru al baño para limpiarse y luego salió para cambiar las sábanas por unas limpias. Cuando estuvo hecho todo, las dos regresaron a estar bajo las mantas en la cama abrazadas sin ganas de querer soltarse. Se besaron queriendo continuar, pero el cansancio reclamó a Hanamaru que no pudo mantenerse por más tiempo despierta. Dia la dejo descansar y ella también se permitió hacer lo mismo. Ya habría tiempo mañana de pensar en las consecuencias de sus actos, por esta noche, nada le importaba, solo tener a esa pequeña a la que amaba con locura y le correspondía con la misma intensidad.

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