La cena terminó y todos se dirigieron a sus habitaciones para descansar. El palacio del Reino Rouge tenía suficientes habitaciones para alojar a los 4 ejércitos en parejas. A fin de que pudieran conocerse mejor, se permitió que todos los presentes se mezclaran, a excepción de las 4 parejas reales.

-Hey, tarado…-Lukas aprovechó que todos comenzaban a marcharse a sus aposentos para acercarse a la Torre que lo había arrastrado a la pista de baile contra su voluntad- ¡¿Por qué hiciste eso?! ¡Sabes que no me gusta bailar!

-Oh Lukas, no te enojes…- Mathias estaba bastante alegre por los niveles de alcohol que corrían por sus venas y eso hizo enojar aún más al pequeño Alfil- No podía aguantar más tiempo sin bailar contigo, no me has dejado tocarte desde que llegamos aquí…

-¡Cierra la boca!-chilló el más bajo y le tapó la boca mientras un suave sonrojo escalaba por sus mejillas- Eres un idiota, alguien puede oírt…- los susurros del rubio fueron interrumpidos por unos suaves labios. Lukas soltó un pequeño grito de sorpresa mientras miraba a su alrededor. Al parecer se habían quedado solos en el comedor.

-Vamos… con tantas personas aquí, nadie notará que nos esfumamos…-murmuró el mayor con una sonrisa traviesa mientras atrapaba la oreja ajena entre sus dientes. El Alfil no pudo evitar soltar un suave jadeo, realmente no podía pelear contra Mathias cuando se ponía así.

-Agh… está bien…-cedió el más bajo mientras trataba de ocultar el escandaloso sonrojo en sus mejillas. La Torre sonrió victorioso y no dudó en cargar a Lukas para llevárselo al salón de las armaduras- Si alguien nos descubre, te mataré…

Pero ellos no fueron los únicos que decidieron aprovechar la poca vigilancia del palacio. Feliciano se estaba quitando los zapatos nuevos que le habían dado para la presentación. Eran realmente elegantes pero muy incómodos. Estaba a punto de ponerse la piyama cuando notó que la reina no se había puesto sus ropas para dormir, sino que se había puesto un vestido más sencillo que el que había lucido en la cena.

-¿Vas a salir?-preguntó el monarca de Lorem con cierta confusión y notó como las mejillas de la joven se coloreaban de rojo.

-Quiero dar un paseo por los jardines, Rouge tiene a los mejores jardineros del mundo-comentó Elizaveta mientras se retocaba el maquillaje. El castaño sonrió divertido ante la obvia mentira de su pareja pues era obvio que quería escaparse con Roderich.

-En ese caso, no olvides llevarte tu abrigo, hace frío…-el más joven le entregó una túnica café bastante discreta. La chica no pudo evitar sonreírle ampliamente al Rey antes de besarle la frente, realmente era afortunada al tener a Feliciano a su lado- No se duerman muy tarde y tengan cuidado…

-Claro que lo tendremos, querido…-la mayor revolvió los cabellos del chico antes de salir en completo silencio de la habitación. La sonrisa del gobernante de Lorem desapareció al ver la estancia vacía. No le gustaba dormir solo, sabía que la Reina se escapaba con el Caballero de vez en cuando pero generalmente esperaba hasta que él se durmiera.

-¿Y ahora qué hago?-el castaño salió al balcón donde pudo observar los amplios y hermosos jardines del palacio. Elizaveta tenía razón, realmente tenían un esplendor del que carecían los de Lorem- Iré a dar una vuelta ¿qué podría salir mal?- se puso su túnica y se calzó los zapatos, sin embargo, un pensamiento lo detuvo- No quiero estar solo…

Justo en ese momento, una persona llegó a su mente. Ludwig. Ese rubio era todo un enigma para él. La torre parecía conocerlo de pies a cabeza pero Feliciano no sabía nada acerca de su vida. Quería conocerlo un poco más, después de todo, iba a ayudarlo en los entrenamientos. Era algo necesario. Así que, sin dudarlo más, encaminó sus pasos hacia la habitación que compartían Ludwig y Kiku.

-¿Alteza?-el Alfil se sorprendió enormemente al ver al monarca en su puerta y se asustó por un momento- ¿Está todo bien, majestad?- Kiku observó al menor de pies a cabeza hasta asegurarse de que estaba sano y salvo- ¿qué ocurre?

-Ehm… no ocurre nada…- Feliciano movió los pies incómodo ante el interrogatorio- Lamento importunar, espero no haberlos despertado, solo quería saber si Ludwig quería dar una vuelta conmigo por los jardines…- una sonrisa cómplice apareció en los labios del pelinegro que no dudó en mirar al rubio.

-¡Oh! No sé si es una buena idea, majestad- comentó la Torre mientras se ponía una túnica sobre la piyama. El castaño bajó la mirada, desanimado y eso hizo que Kiku le soltara un codazo al más alto- Pero si realmente desea ver los jardines, puedo acompañarlo…- el monarca sonrió bastante alegre y asintió- Entonces ahora volvemos…

-Tomen todo el tiempo que quieran-comentó el pelinegro y su sonrisa cómplice se hizo más amplia.


Arthur se encontraba leyendo mientras intentaba conciliar el sueño. Aún no podía olvidar las emociones que había sentido al estar entre los brazos del Rey. Realmente era enfermo pensar que el jodido mocoso podría interesarse en él de alguna forma. Además estaba prohibido en las leyes del reino.

El rubio de ojos verdes decidió cerrar su libro y apagar la luz, entre más siguiera pensando en el gobernante de Rouge, más le iba a costar trabajo dormir y si lo hacía, iba a ser una pesadilla. El caballero acababa de cerrar los ojos cuando escuchó un suave chirrido afuera de su puerta. Sin perder el tiempo, se puso de pie y tomó una de sus espadas para salir al pasillo.

Una figura caminaba lentamente, procurando no hacer ruido. Arthur apretó con fuerza su arma y se acercó a él rápidamente. El ente retrocedió y la luz de una de las antorchas lo iluminó.

-¿Alfred? ¿Qué haces aquí?-preguntó el mayor al tiempo en que bajaba su espada. La mirada zafiro del más alto lo fulminó por un momento, realmente lo había asustado pero el monarca no lo iba a admitir jamás.

-¿Intentas matarme, Arthur? Eso te puede costar la cabeza- el rubio de ojos azules se cruzó de brazos intentando mostrarse intimidante pero un suave gruñido escapó de su estómago- Iba a las cocinas a buscar algo de comer ¿es eso un crimen?

-Debí imaginar que era algo así…-murmuró el más bajo con un tono burlón mientras guardaba su espada- Bueno, dado que no puedo dormir y definitivamente no es buena idea que deambule por el palacio sin una escolta, lo acompañaré.

-No te necesito-susurró el Rey con un dejo de desprecio que hizo enojar al Caballero- si llegaran a atacarnos, yo tendría que protegerte a ti, tu técnica de defensa es pésima.

-Oh, cállate…-gruñó el rubio de ojos verdes completamente furioso y comenzó a caminar a buen paso hacia las cocinas. El monarca sonrió divertido y no dudó en seguirlo, definitivamente era bastante entretenido hacer enojar al mayor. Justo cuando abandonaron el pasillo, una sombra pasó corriendo detrás de ellos rumbo al ala opuesta del palacio.

Emma había esperado a que su hermano se durmiera para salir a hurtadillas de su habitación. Dado que el Rey de Giallo no conocía bien ese castillo, no podría encontrarla si es que despertaba. La rubia sonrió de forma gatuna antes de tocar la puerta del dormitorio de Antonio.

-¿Majestad?-el castaño estaba vestido con una sencilla piyama amarilla y su cabello se encontraba parado hacia todas direcciones- ¿qué ocurre?

-¿No quieres que vayamos a explorar?-preguntó la Reina con una sonrisa traviesa mientras tomaba la mano de su sirviente- Me imagino que la Reina Yao tiene muchísimos libros en su biblioteca.

-Alteza, no me parece una buena idea el espiar en un palacio ajeno…- el más alto se mordió el labio, incómodo, antes de ver el puchero en los labios de la chica- Bueno, está bien, vamos… -la adrenalina de que pudieran encontrarlos los hizo sonreír antes de que empezaran a correr por los pasillos rumbo a la biblioteca principal.


El viento nocturno agitaba suavemente los árboles que rodeaban el Palacio de Rouge. La luz de la luna caía suavemente sobre una laguna en el centro del jardín trasero. En el centro de la laguna descansaba un pequeño kiosco de madera. Las plantas se enredaban en las vigas del techo y en el puente de madera que permitía llegar a él.

Elizaveta no había dudado ni por un segundo arrastrar a Roderich a dicho lugar pues había deseado estar ahí desde el momento en que llegaron al palacio. La Reina se encontraba entre los brazos de su sirviente que no podía evitar lanzar miradas de preocupación a su alrededor.

-Rode… olvídate del mundo y concéntrate en mí…-la castaña tomó el mentón de su amante y ambos se unieron en un suave beso. El Caballero enredó los dedos en los cabellos de la joven para volver el beso aún más profundo. Total, si lo iban a mandar al infierno, al menos que valiera la pena. Pero justo en ese momento, escucharon voces y ambos se escondieron tras una de las columnas de madera- ¿Son guardias?

Para sorpresa de ambos, Ludwig y Feliciano se acercaban lentamente mientras platicaban tranquilamente. La castaña sonrió ampliamente al verlos, se veían tan bien juntos y el ambiente era sumamente romántico. Estaba tan emocionada al ver que el Rey estaba conviviendo con alguien más y que se llevaban bien.

-Gracias por acompañarme…-comentó el monarca de Lorem con una pequeña sonrisa. La Torre negó con la cabeza por un momento antes de asegurarle que no era ninguna molestia- la verdad es que no me apetecía estar solo.

-No es muy sabio que esté solo, majestad…-comentó el rubio con cierta preocupación- no después de los rumores que he escuchado-el más bajo lo miró confundido- oí que trataron de matar al Rey de Rouge el día de su coronación y fue culpa de la Reina de Zelenyy. Esa traición podría provocar una guerra…


Ya les traje un nuevo capítulo después de tanto tiempo!

Cuervi: Jejej si, pobre Gil..

Flannya: jeje yo sé que todos amamos el GerIta y el UsUk!

Gracias poer leer y por sus comentarios

Espero que les haya gustado y no olviden comentar