Capítulo 26.

Disclaimer: Love Live! Pertenece a su creadora Sakurako Kimino y a ASCII media works junto con Sunrise.

NdelA: Hemos llegado al final del arco DiaMaru en Tokio. Por fin sabremos si ganan o pierden y qué rumbo tomará su relación cuando vuelvan a casa. Debo confesar que disfruté muchísimo escribiendo sobre ellas, pero es hora de continuar la historia. Este capítulo puede marcar la mitad de toda la historia que tengo planeada para el fic. Muchas gracias por sus comentarios, veo que el smut del capítulo pasado no lo esperaban de esa manera, pero admito que Dia dominante y Hanamaru sumisa son muy atrayentes para mí, y mi novia hizo un trabajo estupendo escribiendo esa parte.

PD. El nombre de la novela de Dia y Maru "Deber de familia" está basado en el fanfic mi novia y autora favorita Mag Mag Kuv Bigotes, si no lo han leído, háganlo, está en sus últimos capítulos y no podría ser mejor, en verdad es muy bueno.

Mag Max Kuv Bigotes: ¡Domingo de actualización! ¡Yeiiii! Doble, porque salió esta y la de Deber. Well... ¡Ahora a ir por la del reto!


El último día de conferencias había traído consigo una serie de pensamientos que Dia había querido evitar durante toda la semana pero era imposible seguir haciéndolo.

Había hecho lo primero que se había prohibido a sí misma desde antes de iniciar el viaje, no conforme con dar rienda suelta a la pasión, había terminado confesado sus sentimientos y ahora no había vuelta atrás después de decir que la amaba, lo dijo fuerte y claro, aún cuando fuera en medio de la neblina del deseo. No sabía cómo lidiar con eso, con su torpeza y su falta de autocontrol, sobre todo luego de que Hanamaru también había dicho esas mismas palabras cuando todo pasó. Sentía una carga en su pecho por lo que sucedió, ya podía ver cómo el mundo se iria sobre ellas ya que se habían mostrado vulnerables y no sabía si era suficientemente fuerte para proteger a Hanamaru, eso la aterraba.

El día final trajo consigo un recuento de las actividades de la semana, Hanamaru tuvo que aparecer en el stand una vez más para dar una reseña corta de la novela, nada tan estresante como la primera vez y eso ayudó mucho a que se soltara desde el inicio y disfrutará la ponencia.

La mañana transcurrió sin mayores contratiempos, salvo los estragos de las constantes miradas que se hacían la una a la otra. Estaban conscientes que los mimos y caricias estaban fuera de los límites permitidos pero no desperdiciaban ninguna oportunidad de un roce, al menos, de sus manos que les hicieran saber lo mucho que ansiaban estar con la otra. Aún con las preocupaciones que Dia tenía, seguía aferrándose a su burbuja hasta que no hubiera más que abandonarla.

Tan pronto llegaron a la habitación por la tarde, se enfrascaron en otra larga faena de besos y caricias que las dejó exhaustas pero satisfechas. Era insoportable mantener las manos alejadas la una de la otra y aprovecharon el momento para desquitar toda la mañana sin poder dar rienda suelta a sus ansias.

—Podría hacer esto todo el día ~zura —expresó Hanamaru pegándose contra el cuerpo de Dia—, amo estar con usted Dia-sama, no quiero que esto termine.

Dia abrazó a Hanamaru y depositó un beso en la coronilla de la chica. Compartía su deseo pero sabía que no podrían estar así para siempre.

—Yo tampoco quisiera que esto terminara —su voz era un poco nostálgica—, pero también agradezco que estemos aquí, de no ser por este viaje, creo que… bueno simplemente no …

—No hubiera pasado nada ~zura —completó la chica—. Lo sé, pero también sé que estas oportunidades son únicas y no me arrepiento de lo que hicimos —. Concluyó reclamando los labios de Dia uniéndose en otro apasionado beso.

—No es que no disfrute estar contigo así, Hanamaru-san —expresó Dia con pesar cuando se separaron—, pero juzgando por la luz del sol allá afuera —señaló a la ventana—, diría que es bastante tarde ya y tenemos una premiación a la que acudir.

—¿Tan pronto ~zura? —Maru se aferró a la cintura de Dia escondiéndose bajo las sabanas—. Aún no quiero ir —dijo prácticamente en un berrinche.

Las manos de Hanamaru vagaban en el cuerpo de Dia haciendo cosquillas para convencerla de quedarse pero ésta la terminó aprisionando por las muñecas y colocándose sobre ella.

—Yo si quiero que vayamos —la miró fijamente sometiendola—, quiero que recojamos nuestro premio —finalizó depositando un profundo beso que se ganó un jadeo antes de levantarse de la cama y cortarlo—. ¿Qué te parece si nos damos un baño?

Hanamaru lo consideró un momento, una parte de ella se sentía ansiosa por la premiación y por eso estaba reticente de ir. Un grupo de desconocidos se sentaría a juzgar un trabajo del cual estaba muy orgullosa, lo medirían con otros trabajos y de alguna manera determinarían cuál era el mejor de todos ellos, eso le daba algo de terror. Para ella el suyo era el mejor, pero la opinión de esas personas también era importante, era cómo corroborar que lo habían hecho bien teniendo su aprobación. Mirando hacia el baño en donde Dia ya la esperaba de pie y desnuda junto a la puerta, llegó a la conclusión que no importaba lo que pasara, el mejor premio ya se lo había dado la vida.

A la hora de arreglarse cada una lo hizo en su habitación. Todo fue sugerencia de Hanamaru pues quería sorprender a Dia cuando estuviera lista y pudiera salir. No estaba acostumbrada a vestir ese tipo de ropa, así que era un poco raro para ella pero no sé amedrentó. Una vez que estuvo presentable, con el vestido en su lugar, las zapatillas, los accesorios, y el maquillaje puestos, se miró en el espejo y le pareció que una extraña se encontraba del otro lado viéndola. Era como Dia le había dicho, parecía una princesa sacada de un cuento de hadas que iba en busca de su príncipe que se encontraba al otro lado del cuarto, en la otra habitación.

Un toque en la puerta le alertó que Dia se encontraba lista y esperando para verla. El nerviosismo se apoderó de ella nuevamente. No podía evitarlo cuando se trataba de la mujer de sus sueños, quería que la viera y ella misma sentía incontenibles ganas de verla también.

—¿Puedo pasar? —preguntó Dia un poco ansiosa e impaciente—. Es bastante tarde ya y debemos apresurarnos.

—Si… adelante —la voz de Hanamaru llevaba un toque de inseguridad pero se armó de valor para ella.

En cuanto Dia puso los ojos sobre Hanamaru sintió que sus piernas temblaban, la mujer se veía tan increíblemente hermosa que hizo que su corazón empezara a saltar de felicidad ante la visión. En la tienda había podido ver cómo le quedaba el vestido, pero no se comparaba en nada con verla de esta manera, era en una palabra, perfecta.

—¡Eres hermosa! —exclamó sin quitarle la mirada de encima.

—Usted… usted se ve espectacular —respondió Hanamaru sonrojada devolviéndole el halago que también era cierto.

Si Hanamaru parecía una princesa sacada de un cuentos de hadas entonces Dia era lo más parecido a una super modelo a punto de salir a la pasarela. El largo vestido negro enmarcaba su figura, resaltando los lugares correctos de su anatomía. El escote en el frente picaba la curiosidad de Hanamaru que moría de ganas de tocar un poco de lo que había debajo, solo que si seguía pensando eso no saldrían de la habitación nunca.

—Gracias —respondió Dia caminando hacia ella—, ¿sabes? —tomó su rostro entre sus manos—. Creo que eres la mujer más hermosa que he visto en mi vida —le dijo mirándola a los ojos—, y te amo —concluyó besándola suavemente.

Si lo había dicho una vez en medio del sexo, bien podría decirlo ahora que estaba en calma y plenamente consciente.

—No ~zura —debatió Maru cuando se separaron—, usted es hermosa —la abrazó por la cintura—, yo la amo.

—Me encanta como te ves Hanamaru-san, solo hay algo que me gustaría cambiar —expresó Dia cuando se separaron—, ¿me permitirías peinarte?

—¿No está bien así? —Maru sostuvo su cabello volteando a verse en el espejo.

—No es que no esté bien —explicó Dia—, es solo que hay algo que me gustaría probar —guió a Hanamaru hasta el espejo y le ayudó a sentarse frente al tocador.

Con cuidado empezó a peinarla, Dia estaba acostumbrada a hacerlo pues era algo que hacía con frecuencia con Ruby aunque la sensación que le despertaba hacerlo con Hanamaru era diferente. Trenzó su cabello haciendo caprichosas formas con las hebras hasta completar una trenza francesa que caía sobre su lado derecho realzando el parecido de la pequeña con una princesa.

—Creo que así está mejor —expresó Dia con suficiencia cuando terminó.

—Es hermoso Dia-sama, gracias —Dia la abrazó por el cuello y depositó un beso en su mejilla.

—Es hora de irnos princesa, es bastante tarde —se inclinó frente a Hanamaru cual príncipe cortejando a su princesa y le ofreció su brazo para guiar su camino, cosa que Hanamaru aceptó gustosa.


La cena de gala sería en un lujoso salón que se encontraba algo retirado del hotel, por lo que les enviaron un auto para trasladarlas y no tener contratiempos.

Desde la entrada se podía apreciar que sería un evento lujoso. Ya habían escuchado que habrían representantes de editoriales e incluso algunos escritores famosos pues toda la semana se estuvo anunciando en las ponencias.

Dia estaba encantada con el atuendo que había elegido para Hanamaru, encajaba más que perfecto para la ocasión y se sintió orgullosa de llevarla a su lado siendo el centro de atención, pues sólo ella tenía el privilegio de amar a esa hermosa chica.

Las llevaron a la que sería la mesa de todos los competidores. Ya Día se esperaba que tuvieran que convivir con las demás personas que habían evitado casi toda la semana por andar "ocupándose de sus asuntos". Lo que no vio venir fue cuando separaron la mesa entre profesores y alumnos. En su mente tenía la imagen de ella sentada a un lado de Hanamaru durante toda la noche disfrutando de una rica cena, buena música, un poco de nervios por saber el resultado, pero dentro de todas estas fantasías nunca abandonaba el lado de Hanamaru, solo que ahora habían roto su burbuja y terminó sentada a lado de Takayama Hiroshi, quien se mostró más que gustoso de compartir mesa con ella.

Por el otro lado, en la mesa de Hanamaru se encontraban los demás competidores en sus respectivos lugares y ella se sentó al lado del único chico con el que había convivido en toda la semana.

—Se ve usted hermosa esta noche Kunikida-san —expresó el chico poniéndose de pie en cuanto vio a Hanamaru como muestra de caballerosidad—, si le soy honesto casi no la reconocí —le ayudó a Hanamaru a tomar asiento pues con el vestido y las zapatillas tenía algunos problemas para desenvolverse con libertad.

—Muchas gracias Akatsuki-san, usted también se ve muy apuesto ~zura —respondió Hanamaru al cumplido y tomó asiento a su lado.

La verdad estaba tan decepcionada de estar tan lejos de Dia que no puso mucha atención a lo que su compañero de mesa decía. Todos platicaban amenamente y en ocasiones intentaban incluirla en la conversación pero no era algo que ella deseara, su deseo era única y exclusivamente estar al lado de su querida sensei.

Desde el episodio del extravío en el subterráneo, Dia le había hecho cargar con el teléfono celular para todos lados y ahora no era la excepción, se aseguró de darle un pequeño bolso con suficiente espacio para guardar el pequeño aparato. No quería perderla otra vez.

Maru lo sacó con la esperanza de encontrar algún mensaje de su sensei y sintió que su corazón desbordaba de alegría cuando vio aquel nombre reflejado en la pantalla y se apresuró a abrirlo.

Kurosawa Dia:

Esta mesa es muy aburrida. ¿Qué tal la tuya?

Con una sonrisa empezó a responder lo más rápido que sus dedos le permitían sin disimular la felicidad en su rostro que eso le causaba.

Kunikida Hanamaru:

No está mal, pero podría estar mejor si estuviera con usted.

El mensaje de Maru hizo que Dia se sonrojara y aún desde la distancia Maru disfrutó ver la reacción en al cara de su sensei. En su imaginario se anotó un punto por lograr esa reacción.

Kurosawa Dia:

Deberíamos salir de este lugar. Tengo en mente algunas cosas que podríamos hacer.

Kunikida Hanamaru:

¿Es esa una propuesta indecente Kurosawa sensei? No, no podemos todavía. ¿Recuerda que venimos por nuestro premio?

Kurosawa Dia:

Ah sí el premio… Bueno, supongo que entonces no te interesa nada de lo que podamos hacer después de eso. ¡Es una lástima!

Kunikida Hanamaru:

¡Espere! No es lo que quise decir. Me gustaría mucho salir de este lugar, pero no antes del premio. ¡Lo merecemos!

Kurosawa Dia:

¿Y si no ganamos?

Kunikida Hanamaru:

No sea pesimista. Vamos a ganar, confie en mi.

Kurosawa Dia:

Tal vez solo necesito tener a mi princesa cerca para que me lo recuerde todo el tiempo.

—¿Plática con su novio? —alcanzó a escuchar de pronto.

Maru estaba tan entretenida respondiendo el mensaje de Dia que casi tira el teléfono de la sorpresa.

—¿Eh? ¡No! No… ~zura —respondió apenada tratando de esconder el celular de los ojos curiosos del chico.

—¡Oh! Disculpa el atrevimiento —expresó Akatsuki Akira al ver la cara avergonzada de la chica a su lado—, es solo que no pude evitar notar la emoción con la que utilizaba el teléfono y por eso pensé… bueno, no importa, debe creer que soy un idiota —finalizó rascando su cabeza desordenando el impecable peinado que llevaba esa noche.

—No no, para nada ~zura, es solo que bueno… me tomó por sorpresa Akatsuki-san —muy a su pesar tuvo que guardar el celular para poder poner atención al muchacho.

—¿Eso quiere decir que no tiene novio Kunikida-san? —cuestionó el chico emocionado.

—Eso… no se pregunta ~zura, apenas nos conocemos —respondió Hanamaru nerviosa y buscó desviar la conversación—. ¿Qué tal su estancia en Tokio?

Dia esperaba el mensaje con la respuesta de Hanamaru pero se dió cuenta que no llegaría pronto, la chica se había enfrascado en una amena plática con el molesto muchacho con el que le había tocado trabajar el día anterior y ahora no podía evitar sentirse un poco abandonada y celosa.

Decepcionada de no poder seguir con su conversación tuvo que regresar la atención a lo que fuera que acontecía en la mesa en la que estaba sentada y, la verdad, es que todo era bastante aburrido. La plática pasaba desde lo feo que estuvo la comida en la semana hasta la desorganización que tuvo el evento según los comentarios que escuchó de los demás. En realidad Dia nunca notó nada de estas cosas pues su atención estuvo volcada totalmente en otra persona así que tenía poco para opinar.

Takayama sensei aprovechaba cada oportunidad que tenía para tratar de entablar una charla con ella, pero Dia dejaba en claro que no tenía intenciones de llevar la conversación más allá de lo socialmente aceptable. Sutilmente quiso mostrarle que no estaba interesada en nada de lo que pudiera decir o hacer.

Sirvieron la cena para todos, señal de que se aproximaba el esperado momento de la premiación, lo que hizo que sus manos empezaran a sudar. Incluso tuvo problemas para terminar su cena pues su apetito se había esfumado. Todo empeoró cuando buscó a Hanamaru con la mirada para tratar de calmarse, sólo para encontrarla platicando aún con el chico a su lado.

Ahí estaba nuevamente, esa sensación de vacío que por tanto tiempo fue familiar en ella pero que ahora mismo le parecía tan distante como si fuera parte de otro universo, ese sentimiento que la traía de regreso a la realidad. Aún si tenía a Hanamaru para ella, no le podía gritar al mundo que lo era. Sintió su corazón hundirse dentro de su pecho, aunque poco tiempo tuvo para abrazar el sentimiento.

El cambio en la música y la iluminación indicó que el momento había llegado. Un hombre de edad avanzada subió al escenario y los reflectores se encendieron para llamar la atención de los presentes y poner sus ojos en él.

La música se detuvo antes de que el hombre comenzara su discurso y todos se quedaron en silencio.

—El arte de contar historias nos ha acompañado a lo largo de nuestra evolución como humanidad. En un mundo como el nuestro que está en constante cambio, es sabio decir que con cada nueva generación viene una revolución en la forma de hacerlo, es por ello que es fascinante ver volar a nuevos escritores cuando aún empiezan a estirar sus alas…

La atención de Dia se encontraba dividida, por un lado escuchaba el inspirador discurso del renombrado escritor pero por el otro sus ojos no se podían despegar de la mujer que había robado su corazón.

Dia se dió cuenta que Hanamaru estaba probablemente igual de nerviosa que ella, pues comió su cena a una velocidad más rápida que lo que lo hacía normalmente, la plática fluida que estaba teniendo con el chico a su lado fue detenida en cuanto las luces bajaron su intensidad y ahí fue cuando notó el cambio en el semblante relajado y dulce de la chica por uno más tenso de lo usual. A pesar de las palabras de confianza que le había dedicado minutos antes, Día sabía que por dentro, Maru tenía un manojo de nervios igual que los suyos.

Al parecer el discurso se había terminado, pues todos empezaron a aplaudir, dando paso a uno de los jueces que Dia conocía de tiempo atrás. El momento había llegado y la adrenalina en su interior empezó a fluir desmedidamente. Eran diversos premios los que se estarían dando pero a ellas solo les interesaba el de la rama en donde habían participado.

El hombre en el escenario empezó a dar una breve reseña sobre las actividades que acontecieron en la semana y las categorías que habían participado en la contienda. Cosa que Dia consideró irrelevante, quería que revelara al ganador de su categoría de una buena vez. Pasaron algunos otros antes hasta que le tocó el turno a ellas.

—Después de una cuidadosa votación y tomando muchos puntos en cuenta, es mi privilegio anunciar a la novela ganadora de este gran evento en la categoría de obra original en colaboración nivel preparatoria —la música dió un redoble.

Día busco a Hanamaru para que pudieran al menos estar juntas desde la distancia pero la chica seguía con la mirada fija en el presentador del premio.

—Su trama nos cautivó, la narrativa nos asombró pero más sobresaliente fue habernos trasladado en el tiempo para vivir la historia de los personajes en carne propia —comenzó a dar la presentación—. Sin más preámbulos recibamos en el escenario a las escritoras de "Deber de familia", representando a la escuela Uranohoshi en Uchiura, la estudiante de segundo año Kunikida Hanamaru y a su asesora y coautora Kurosawa Dia, demos un gran aplauso a estas prometedoras escritoras de la literatura moderna.

Dia sintió como una luz la deslumbraba y de repente todos los ojos se pusieron sobre ella. ¿Habían ganado? Su cabeza no acaba de procesar cuando el hombre a su lado dio suaves palmadas en su espalda en señal de felicitación sacándola de su estupor. Se puso de pie más por inercia que por otra cosa. Iba a empezar a caminar hacia el escenario cuando se dió cuenta que Hanamaru seguía en su silla con los reflectores en su cara y la mirada perdida, la chica parecía en shock, y sin importar que en ese momento todos los ojos estuvieran sobre ellas, se dirigió hacia Hanamaru.

—Hanamaru-san —la llamó cuando estuvo cerca, sin recibir respuesta—, Hanamaru-san —insistió, pero la chica seguía con la mirada perdida.

Limitada por el vestido que llevaba puesto se puso a la altura de Hanamaru para llamar su atención.

—Hanamaru-san —repitió con suavidad poniendo una mano sobre su hombro—, ganamos, ¡en verdad ganamos!

Las palabras de Dia hicieron que de los ojos de la chica resbalaran gruesas lágrimas y saliera finalmente de ese estado en el que se encontraron.

—¿Ganamos ~zura? —preguntó con la voz entrecortada mirándola a los ojos.

—¡Lo hicimos Hanamaru-san, lo hicimos! —respondió Dia emocionada.

Para Hanamaru fue como si en ese momento solo Dia y ella existieran en el mundo y sin pensar en que las miradas y los reflectores las iluminaban a ellas en ese momento solo abrazó a Dia presa de la felicidad que la invadía.

—¡Ganamos ~zura, ganamos! —le dijo a Día entre sollozos.

Dia se tensó inmediatamente al sentir el abrazo de Hanamaru pero la voz del presentador aligeró el ambiente para ambas.

—Este es un ejemplo de lo que se puede lograr con tenacidad y constancia, el trabajo en equipo de ambas partes las ha llevado muy lejos y podemos ver la emoción a flor de piel en Kunikida-san —fuertes aplausos resonaron en el salón invitandolas a pasar a recibir su premio.

—Hanamaru-san, cariño, tenemos que pasar por el premio —le dijo suavemente al oído aún con los brazos de la chica colgados a su cuello.

—Si ~zura, tenemos que ir —dijo Maru finalmente soltandola y poniéndose de pie, haciendo que los aplausos fueran en aumento.

En el camino fue limpiando las lágrimas con un pañuelo que le ofreció Dia. Las piernas le temblaban y sentía que podía desmayarse en cualquier momento a causa de la adrenalina pero por primera vez en la vida sentía que mientras estuviera al lado de Dia, podria lograr lo que se propusiera, aún con todos viéndolas y juzgándolas.

Además de su visita al parque de diversiones con todo pagado programada para el día siguiente, una de las editoriales que patrocinaron el evento le obsequió un ordenador personal a Hanamaru y donó algunos otros para la escuela, otro de los patrocinadores enviaría ejemplares nuevos a la biblioteca de la escuela para renovar algunos de sus títulos y como premio final serían invitadas de honor al festival del siguiente año aún sin presentar algún trabajo, como incentivo para que más alumnos de la escuela se animaran a participar.

Una vez que bajaron del escenario y la premiación finalizó, se terminaron las formalidades y los demás competidores las recibieron entre vítores y aplausos haciendo gala del compañerismo que reinaba entre ellos.

Maru fue rápidamente acaparada por los demás estudiantes mientras que Dia se encontró rodeada por el grupo de profesores además de algunos representantes de las editoriales.

Estuvieron ocupadas por un buen rato hasta que el público que las rodeaba se fue disipando y fue por fin que se quedaron solas para poder hablar. Dia quería tomar a Hanamaru y llevarla hasta donde nadie las pudiera ver y así ser capaz de reclamar lo que su cuerpo le pedía a gritos y celebrar su victoria, sin embargo sabía que por ahora tendría que contenerse al menos un par de horas más.

—¡Dia-sama ganamos ~zura! —Dia se había alejado del bullicio y se había ido a sentar en una de las mesas. El baile había comenzado y el orden de las mesas ya no importaba pues todo el mundo se encontraba bailando, Hanamaru se sentó a su lado.

—Lo hicimos Hanamaru-san —respondió Dia con una amplia sonrisa.

—Estoy feliz… y no es porque nos hayamos ganado un montón de premios ~zura —se apresuró a aclarar—, es porque lo hicimos juntas y los demás piensan que nuestro trabajo es tan bueno como yo pienso que es. ¿Es eso egoísta?

—No —negó Dia con la cabeza—, yo pienso lo mismo, pusimos mucho esfuerzo en esa novela y me siento feliz de que los demás la aprecien como tal.

—Disculpe sensei —Akatsuki-san interrumpió su conversación—, ¿me permitiría bailar Hanamaru-san?

La pregunta fue muy inesperada y más la familiaridad con la que le hablaba a su Maru. Dia volteó a ver a Hanamaru que la miraba con la misma extrañeza.

—Si… bueno si ella no tiene inconveniente —respondió forzada por la mirada insistente del chico y el silencio de Maru—. ¿Hanamaru-san?

—Eh… yo… —Maru no sabía que responder, nunca en su vida había estado en una situación como está, no tenía deseo alguno de bailar con el chico pero tampoco sabía cómo rechazarlo sin hacerlo sentir mal.

—Solo será una canción —insistió el chico al ver su vacilación—, lo prometo —se llevó la mano al pecho tratando de romper la tensión.

—Yo… — Maru quería decir que no, que no estaba interesada pero no tenía idea de cómo hacerlo.

—Esta bien Hanamaru-san, ve a bailar con él —respondió finalmente Dia por ella. Por supuesto que no quería que el chico la apartara de su lado, pero algo en su interior le decía que era lo correcto.

—¿Está segura Dia-sama? —preguntó Maru extrañada por la reacción de su sensei.

—Si Hanamaru-san —le dedicó una sonrisa amable para dejarle ver que todo estaba bien—, seguiremos esta plática después.

Dia se puso de pie, dejando a los dos chicos solos y buscó alejarse de ese lugar para estar un momento a solas con sus agitados pensamientos.

Caminó hasta la terraza del salón, un lugar agradable alejado del bullicio de la gente y la música que le serviría para calmar su mente.

¿Porque lo había hecho? Si su mayor deseo era ahuyentarlo y dejar en claro que Hanamaru ya tiene un compromiso con alguien más, pero no podía decirlo porque el compromiso es con ella misma y no hay forma de explicar eso, que siendo su maestra tenía una relación con su alumna.

Quería gritar al mundo que estaba enamorada de Hanamaru y que ella le correspondía, que estaban enamoradas y que nada de lo demás importaba, solo que si importaba y pesaba en su corazón.

—Que bella es usted iluminada por la luz de la luna —escuchó la voz del molesto Takayama Hiroshi que se acercaba con un par de vasos que Dia identificó como bebidas alcohólicas por el color que tenían.

—No va a pasar Takayama-san, no estoy interesada ni remotamente en lo que usted tenga que decir ni en su compañía, le sugeriría que dejara de perder el tiempo en mí y enfocara sus atenciones en alguna mujer que esté interesada —Dia había sido cruel pero no tenía ánimos de adornar sus palabras, solo quería ahuyentarlo lejos y que la dejara estar sola con sus propios demonios.

—Vaya… es usted una pe… —casi montó en cólera pero se contuvo—, bueno, ya no importa, sabía que los rumores eran ciertos de cualquier manera… —concluyó el hombre herido alejándose de ella.

—¿Rumores? ¿A qué se refiere? —cuestionó Dia en voz alta pero el hombre no se detuvo a responder—. Bueno supongo que me lo gané —se dijo así misma en voz baja regresando a su estado melancólico.

Encontró una banca en la gran terraza rodeada por hortensias en flor y azaleas de diversos colores que daban un aspecto de jardín confortable y colorido.

Las flores que la rodeaban eran de una tonalidad amarilla que siempre le recordaba a Hanamaru. La chica era tan joven y tenía tantas experiencias por vivir, sabía que era difícil lo que estaban haciendo, sabía que era incorrecto pero estando a su lado nada de eso importaba, eran felices y eso es lo importante de la vida, ¿cierto?

Pasó la semana convenciéndose de ello pero no pudo hacerlo más, ante sus ojos la verdad había quedado descubierta. Hanamaru se encontraba en el inicio de su juventud, con cientos de experiencias por vivir, experiencias buenas y malas que se traducirían en crecimiento para ella y estando a su lado le quitaría la oportunidad de vivirlo.

No tenía nada que darle a Hanamaru, podía darle todo su amor pero siempre sería a puertas cerradas, no habría forma de tener una relación en la cual pudiera tomar su mano cuando estaban en público, o llevarla al cine como las parejas normales, hablar con sus padres para pedir permiso de estar con su hija, no podía hacer nada de esas cosas que Maru se merecía, estar con ella sólo le traería infelicidad, ahora mismo no lo vería de esa manera por la emoción del momento pero eventualmente no sería suficiente para ninguna de las dos y saldrían con el corazón roto.

En ese momento supo que no podía hacerle eso, su amor por ella le daría la fuerza necesaria para hacer lo correcto por las dos aunque eso significará dolor en ese instante. En un futuro se lo agradecería.

Tomó la determinación de disfrutar el poco tiempo que les quedaba para estar juntas y poner las cosas en orden cuando estuvieran de regreso en casa. No le diría nada a Maru para no hacer más doloroso el momento pero sabía que el trago amargo les esperaría cuando toda esta bonita ilusión llegara a su fin.

—Dia-sama la estaba buscando —dijo Hanamaru aliviada cuando la vió sentada en ese lugar—. ¿Por qué hizo eso? Yo no quería bailar con él.

—Ven, siéntate conmigo —la llamó Dia haciendo espacio para que la chica se sentara a su lado ignorando su reclamo—. ¿Disfrutaste la fiesta? —preguntó en cuanto sintió el calor de la chica a su lado.

—Si… estuvo muy bonita y todo pero estoy lista para que nos retiremos ~zura, estos zapatos son horribles —se quejó.

—Yo también estoy lista —dijo Dia finalizando con un suspiro debido a la resolución a la que había llegado.

—¿Por qué lo hizo ~zura? —insistió—. Sabe bien que no quería quedarme a solas con Akatsuki-san.

—Creí que querrías bailar y disfrutar la noche —Dia se tomó un momento para a pensar bien su respuesta—, no puedo ofrecerte lo que él hizo.

—Yo no quiero nada de eso ~zura, yo solo quiero que regresemos al hotel para que podamos celebrar como se debe —cambió su tono de voz serio por uno más juguetón para que Dia supiera a qué se refería.

Dia recibió la idea con una sonrisa y la abrazó rápidamente antes de levantantarse para abandonar la fiesta. Sentía como si el hechizo de la Cenicienta estuviera llegando a su fin y no pensaba desperdiciar un minuto más en sus negociaciones internas, había tomado una decisión y se apegaría a ella cuando regresaran a casa.

Una vez estuvieron en la habitación, Hanamaru se apresuró a quitarse su vestido, ya se sentía muy exhausta de haberlo usado toda la noche y nada se le hacía más reconfortante que estar en los brazos de Dia.

Dia se encontraba arreglando la cama para dormir cuando sintió los brazos de Hanamaru rodear su cintura por la espalda, un bochorno creció en su interior al darse cuenta de la desnudez de la chica.

—Extrañé tanto esto ~zura —dijo Hanamaru en voz baja—, creo que no existe nada mejor en el mundo que estar así con usted, Dia-sama.

Dia disfrutó el contacto acariciando los brazos que la rodeaban cálidamente. Ciertamente era una linda sensación pero había algo que la superaba todavía más.

—Yo creo que si hay algo mejor —expresó dando la vuelta para quedar frente a Hanamaru—, besar tus labios es lo mejor que existe en el mundo —con suavidad tomó el rostro de Maru entre sus manos y la besó lenta pero profundamente tratando de expresar en ese contacto todos los sentimientos que se arremolinaban en su corazón, pero no pudo evitar que las lágrimas se empezaran a derramar de sus ojos.

—¿Qué pasa? —preguntó Maru con preocupación al sentir el sabor salado de las lágrimas de Dia.

—Nada malo Hanamaru-san, es sólo que estoy muy feliz —mintió abrazándola con fuerza para que la chica no viera su momento de debilidad—, abrázame fuerte, hoy te necesito más que nunca.

Hanamaru hizo lo que Dia pidió y no hubo necesidad de decir más palabras, sus cuerpos empezaron a hablar por ellas llevándolas a una de las noches más hermosas que hubieran vivido antes. No había pasión desbordante que quemaba y arrasaba todo, no, solo había un sentimiento de amor y necesidad pura que las tenía besándose y amándose con cariño, ternura y delicadeza.

Fue hermoso, tantas formas de amor que compartieron en tan solo unos días que Hanamaru solo quería repetirlas una y otra vez por el resto de su vida.


A la mañana siguiente no pudieron descansar tanto como hubieran deseado pues tenían el día lleno de actividades.

Tuvieron que dejar su equipaje listo pues necesitaban desocupar la habitación a medio día y a esa hora estarían en el parque de diversiones recibiendo uno de sus premios.

Ese premio en particular no emocionaba mucho a Día que no era partidaria de las largas filas, emociones extremas ni nada por el estilo pero sabía que Hanamaru lo disfrutaría mucho y solo por eso hizo su mayor esfuerzo por estar igual de emocionada que ella.

Llegaron al parque a las diez de la mañana, hora en que la representante de la editorial patrocinadora del premio las había citado.

La mujer pidió a Dia unos momento para hablar con ella en privado, petición algo extraña que aceptó y pidió a Hanamaru que se fuera a formar en la fila para entrar al parque mientras ella se encargaba de eso, cosa que no le hizo mucha gracia la chica pero terminó obedeciendo.

—¿Pasa algo? —preguntó Dia a la defensiva.

—En absoluto Kurosawa sensei, necesitaba hablar en privado con usted —empezó a explicar—, no me andaré con rodeos —dijo yendo al grano—. Estamos enamorados del trabajo que realizó en colaboración con Kunikida-san y la editorial está interesada en ofrecerle un puesto como editora con nosotros aquí, en Tokio.

Muchas cosas habían pasado por la mente de Dia pero, ¿una oferta de trabajo? Eso sí que era inesperado.

—Me toma con la guardia abajo, pero por el momento no creo que pueda aceptar su oferta —respondió Dia dubitativa.

—No tiene que responder ahora —trató de convencerla la mujer—, entendemos que por el momento está ocupada con su actual empleo y no esperamos que lo abandone a mitad del año escolar pero nos gustaría que nos considerara antes de iniciar el siguiente. En verdad queremos contar con su talento en nuestro equipo de editores.

—Oh vaya… me siento alagada y… —de repente la idea no era tan mala y realmente no quiso echarlo a perder—, estaré considerando la oferta —concluyó.

—Muchas gracias Kurosawa sensei —la mujer le entregó una tarjeta para que pudiera contactarla—, esperamos escuchar pronto de usted —hizo una reverencia antes de retirarse—. Que disfruten su día —finalizó dejándola a solas.

Dia guardó la tarjeta antes de unirse a Hanamaru, tal vez le sirviera de algo en un futuro.

—¿Qué quería esa mujer ~zura? —preguntó la chica con curiosidad.

—Nada importante, solo felicitarnos por el trabajo que realizamos —mintió Dia.

—Oh… —Maru notó algo en la explicación de Dia que no le gustó pero no presionó más, si no quería decírselo estaba en su derecho aunque le costara reconocerlo.

Estaban a punto de entrar y quería disfrutar su día en Tokio sin que nada empañara sus últimas horas juntas.

—Esta bien, mire ya vamos a entrar —exclamó emocionada cuando la fila avanzó.

El día era perfecto para ir al parque de diversiones y otros cientos de personas opinaron lo mismo llenando todas las atracciones de largas filas, pero nada de eso importaba pues ambas mujeres estaban disfrutando de su compañía.

Hanamaru estaba admirada de ver todos esos grandes juegos mecánicos, había visto anteriormente ferias locales con juegos significativamente menos llamativos pero ese lugar era impresionante.

Dia no consideraba a Hanamaru como una chica atrevida que amara la adrenalina pero ahí estaban haciendo fila para la montaña rusa más grande del lugar.

—¿Estás segura? Podemos empezar por un juego menos… peligroso —ofreció Día disimulando sus nervios aunque tampoco quería cortar la emoción de su alumna.

—¿No le gusta la montaña rusa ~zura? —Maru tomó la mano de Dia discretamente para darle ánimos.

—No es eso, es sólo que bueno… creo que es muy agresivo para empezar, debimos iniciar con algo más suave… —Dia trataba de disimular pero a medida que avanzaban en la fila era más que obvio que estaba muerta de miedo.

—No tiene que subir conmigo —hizo cara de borreguito triste—, puede esperarme aquí y después vamos a ese juego más suave del que habla ~zura —ofreció Maru soltando la mano de Dia pero ella la tomó con más fuerza para dejarle en claro que no iría a ningún lado.

—No tengo miedo y voy a subir contigo, fin de la discusión —dijo con resolución y Hanamaru se rió de su reacción.

Dia se arrepintió de no haber tomado la salida cuando pudo, siempre había odiado las montañas rusas o cualquier atracción mecánica que requiriera ponerse de cabeza o agitarse de manera violenta y hacía lo posible por evitarlas pero al ver la emoción en la cara de Maru no pudo negarse.

El viaje fue rudo pero Hanamaru sostuvo su mano durante todo el trayecto, lo que la hizo sentir que no estaba sola aunque al término casi bajara lista para devolver el contenido de su estómago en el primer baño que encontraran.

Maru sintió un poco de culpa por eso y eligió juegos menos pesados para que Dia no la pasara tan mal el resto de su estancia. Las largas filas no permitieron que subieran a tantos juegos pero aún así disfrutaron tremendamente el día.

Hanamaru insistió en entrar a la casa embrujada y fue el turno de Dia para sostenerla, al parecer Maru disfrutaba de los misterios pero no tanto de los sustos que se venían con ellos, Dia lo pasó muy bien apreciando las reacciones la chica. Al final del viaje en el carrito Dia terminó abrazando completamente a Maru aunque tuvo que soltarla antes de que salieran nuevamente fuera de la casa.

—Eso fue divertido ~zura —dijo Maru en cuanto estuvieron abajo del carrito.

—¿Divertido? Estabas muerta de miedo —exclamó Dia entre risas.

—Bueno si, pero es divertido ese tipo de aventuras ~zura y sobre todo si puedo usarlo de excusa para abrazarla y que me proteja —concluyó dando un beso rápido en la mejilla de Dia para su sorpresa haciendo que se quedara petrificada por el movimiento audaz de la chica—. ¿Qué vamos a comer ~zura? Ya tengo hambre.

Cambió de tema rápidamente para que no la reprendiera y la jaló para ir a otro lado.

—Oh… es cierto, se acabó el tiempo del paseo —dijo Dia mirando su reloj saliendo del estupor en el que la había dejado el beso furtivo de Hanamaru—, el premio incluye una comida en un restaurante cerca de aquí.

—¡Vamos ~zura! —alzó el puño triunfante.

La comida fue bastante buena, era una especie de buffet que les permitió comer todo lo que quisieron.

Dia trató de mantener alejados todo tipo de pensamientos negativos sobre lo que les esperaba cuando volvieran a casa y Maru hacía tan fácil perderse en ese momento que realmente no le costaba tanto trabajo.

El momento se rompió cuando la chica recibió una llamada de sus padres preguntándole sobre la hora exacta de su regreso para ir por ella a la estación. Una señal más de que el final estaba cerca, tan inevitable y trágico.

Regresaron para buscar sus cosas que habían quedado encargadas en el lobby del hotel y después un taxi las llevó hasta la estación, última parada de su viaje de no retorno.

Su furtiva relación se extinguía como la llama de una vela cuando se quedaba sin oxígeno y Dia sentía eso, sentía que el oxígeno de su vida empezaba a escasear y solo había dolor en su pecho.

Su tren saldría a las 9 de la noche así que tuvieron tiempo suficiente para vagar por la estación en donde Maru aprovechó a comprar algunos recuerdos para llevar a casa para sus padres y para sus compañeras de clase, en especial para Yoshiko, aunque no se lo daría hasta después de golpearla por su atrevida broma.

Una voz por los altavoces de la estación anunció que su tren había arribado y era hora de abordarlo. La fantasía había llegado a su fin y sin poderse resistir antes de que el vagón se llenará de gente, Dia robó lo que prometió sería el último beso que le daría a Hanamaru.

En el andén de la estación, estando rodeadas de muchas personas, no le importó nada más que solo probar una última vez esos dulces y suaves labios que la habían hecho tan dichosa.

—Te amo ~zura —exclamó Hanamaru cuando se separaron y vio los ojos acuosos de su sensei.

—Y yo a ti —concluyó Dia recargándose sobre la frente de Maru—, gracias por todo esto, gracias por todos los hermosos momentos que vivimos, gracias por todo Hanamaru-san, en verdad fue el mejor viaje de mi vida.

—No agradezca Dia-sama, nuestra historia apenas inicia, podremos tener más momentos como estos cuando estemos en casa, ya lo verá —la chica se recargó sobre el hombro de Dia que no atinó a responderle nada debido al nudo que se formó en su garganta, no quería romper la magia del momento con la realidad que ya las esperaba del otro lado de la puerta.

El cansancio del día hizo que durmieran casi todo el camino de regreso. Dia se despertó cuando iban llegando a la estación en Numazu y disfrutó unos segundos más de ver a Hanamaru dormir antes de tener que despertarla.

Tan pronto como bajaron del tren se encontraron con los padres de Hanamaru que ya la esperaban impacientes. Dia se quedó atrás mirando el reencuentro de la familia y de repente se sintió fuera de lugar. Intercambió algunas palabras con ellos antes de excusarse y retirarse.

Kanan y Ruby ya la esperaban a la salida de la estación y fue muy reconfortante saber que no iría sola a casa, hubiera sido demasiado doloroso hacerlo así. La recibieron con un fuerte abrazo antes de dirigirse a casa y agradeció el tenerlas con ella.

—¿Esta todo bien Dia? —fue Kanan la que detectó que su amiga estaba extraña.

—Si todo bien… —trató de mentir pero Kanan la conocía demasiado bien para que la pudiera engañar aunque no dijo más pues conociendo a su amiga, todo tenía que ver con Hanamaru y no era un tema que pudieran hablar con la presencia de Ruby—. Ganamos el primer lugar.

—¿En verdad? —preguntó Ruby—. ¿Por qué no me contaste antes Onee-chan? ¡Eso es genial! ¡Muchas felicidades! —se abalanzó sobre ella para abrazarla y casi se fueron al suelo.

—Lo siento Ruby-chan, fue un día de locos, pero en el camino les cuento los detalles —se disculpó Dia.

En el estacionamiento vio como Maru se iba con su familia y dentro de su pecho sentía que algo se rompía pero nada podía hacer para evitarlo. Ruby corrió a abrazar a su amiga felicitandola antes de que se fuera con sus padres.

Como habían llegado a la estación con el chófer de la familia Kurosawa llevaron a Kanan a su casa antes de ir a la suya.

—¿Segura que estás bien? —preguntó Kanan en voz baja antes de despedirse—. Sé que ahora mismo no puedes contarme pero sabes que cuentas conmigo, ¿verdad?

—Gracias —expresó Dia con sinceridad tomando su mano—, todo está bien, mañana platicamos.

De regreso en casa, Ruby se veía bastante cansada pues había estado bostezando casi todo el camino. Dia la acompañó a su cuarto y espero mientras se quedaba dormida. Intentó conciliar el sueño cuando fue a su cuarto pero no sirvió de nada, sus pensamientos estaban demasiado revueltos por el dolor de la realidad. Trató de distraerse desempacando su maleta, pensó que eso le ayudaría pero estaba equivocada.

Dentro de su maleta terminó encontrando ropa de Hanamaru que no tenía idea de cómo había terminado ahí pero fue suficiente para romperla por completo. Todos los momentos compartidos esa semana se vinieron sobre ella y no pudo contener sus lágrimas.

Lágrimas que empezaron a salir sin control y, por primera vez en mucho tiempo permitió fluir todas esas emociones dolorosas.

Sacó su celular y aún sabiendo lo tarde que era y lo afectada que estaba, necesitaba hablar con Hanamaru, tenía una esperanza de que dejando las cosas en claro, tal vez entonces su alma sintiera algo de alivio. Marcó el número de la chica y esperó a que le contestara.

—¿Dia-sama? Buenas noches —saludó la chica con emoción, no esperaba su llamada pero estaba alegre de recibirla—, estoy tan feliz de escucharla, estaba a punto de llamarla pero no sabía si debía hacerlo, no quería importunar por la hora pero… bueno me siento muy feliz de escucharla.

—Hanamaru-san, tengo que hablar contigo —suspiró sintiendo el puñal clavarse en sus entrañas por lo que estaba por hacer—, sé que esto no será fácil pero tenemos que hacerlo.

—¿Qué pasa Dia-sama? —el tono de voz que estaba usando Dia fue suficiente para saber que algo muy malo estaba por ocurrir—. Me está asustando.

—¿Sabes? Todo lo que dije en Tokio es cierto, te amo y amo todo lo que hicimos allá, amé cada momento a tu lado y daría todo lo que tengo por estar a tu lado —dijo con la voz entrecortada—, sin embargo, el mismo amor que siento por ti me hace darme cuenta que no tengo nada para ofrecerte, tú mereces tantas cosas Hanamaru-san, mereces una persona que pueda estar a tu lado siempre que la necesites, una persona que no tenga que esconder su relación contigo no solo por el miedo a la sociedad sino porque es incluso ilegal que esten juntas, una persona que pueda presentarse ante tus padres y decirles que te ama y que pide su permiso para estar contigo, pero nada de esas cosas podrán pasar si te quedas a mi lado —para este punto Dia estaba quebrada completamente, hablando hasta donde las lágrimas le permitían y sollozando sin control—, es por eso que termino esto antes de que sea más doloroso para las dos, el lunes que nos veamos en la escuela, yo seré nuevamente tu sensei y tú serás mi alumna, regresaremos a lo que éramos antes y nada más.

El silencio fue lo único que siguió al largo discurso de Dia, Hanamaru se había quedado en shock ante sus palabras, no podía atinar a responder algo después de tan doloroso monólogo.

—Es mentira ~zura, ¿verdad? —dijo con firmeza—. Esto no está pasando, no puede ser…

—Lo siento mucho Hanamaru-san, yo en verdad lo siento mucho…

—No lo acepto —expresó Maru con determinación—, usted prometió no volver a tomar decisiones por las dos y en este momento está diciendo que no quiere nada más conmigo ~zura —Hanamaru se sentía enojada y traicionada por Dia—. ¡Está decidiendo sin mi consentimiento y yo no quiero eso! ¿Cómo espera que podamos volver a lo que éramos hace unos días después de todo lo que pasamos? ¡Esto es una locura!

—Lo siento mucho Hanamaru-san, yo de verdad lo siento, desearía que hubiera otra forma pero no la hay —fue lo último que dijo Dia antes de colgar el teléfono y darse cuenta la atrocidad que acababa de cometer, pero no daría marcha atrás, lo hecho, hecho estaba.

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