La mañana llegó de forma inesperada, Alfred no había podido pegar el ojo en toda la noche, o lo que quedaba de ella después de la reunión de emergencia que habían tenido. El sol se asomaba en el horizonte y sus rayos iluminaban suavemente las paredes del Palacio de Rouge, acariciando la hierba de los hermosos jardines.
La Reina si había dormido y no había dudado en enviar un mensajero a la Academia de Alfiles para conseguir un sustituto cuanto antes. El ejército no podía quedarse incompleto, eso estaba escrito de forma tácita en las leyes de la tierra de Şahmat.
El monarca rojo no era el único que no había podido dormir esa noche, cierto caballero tampoco había hallado el descanso que tanto anhelaba. Arthur observaba el techo de su habitación con un nudo en la garganta. ¿Qué hubiera pasado si no hubiera acompañado al Rey la noche anterior? ¿Alfred hubiera comido el panecillo envenenado? El caballero no pudo evitar estremecerse ante el mero pensamiento que atacó su mente: el cuerpo del monarca en el suelo… frío y sin vida. No podría volver a verlo reír… no podría volver a ver ese brillo especial en esos hermosos ojos zafiro…
La sola idea hizo que el nudo en su garganta se hiciera más marcado. El rubio de ojos verdes se levantó de la cama y se acercó a una de las ventanas para mirar los jardines del palacio. Los sirvientes ya habían preparado todo para el funeral de Anna. Los hermosos jardines del palacio estaban bañados con un aura triste. Los árboles se encontraban decorados con listones blancos y varias sillas se hallaban en filas frente a un sepulcro blanco. El cementerio del ejército del Reino Rouge estaba ubicado en el jardín trasero del palacio. Iba a ser un funeral privado, tan solo un par de personas estaban invitadas, entre ellas, obviamente se encontraba la familia de la fallecida.
Arthur se alejó de la ventana y comenzó a vestirse, sin poder evitar pensar en lo cerca que estuvieron de estar celebrando el funeral del rey. Un escalofrío lo recorrió de pies a cabeza. No debía pensar en eso, después de todo, Anna era un miembro importante del ejército y merecía ser honrada como tal. El caballero de ojos verdes terminó de vestirse con sus elegantes ropas blancas, aquellas reservadas únicamente para eventos como estos. Buscó arreglarse el cabello de la mejor manera posible pero sus rebeldes mechones dorados se negaban a quedarse en su lugar. Tras varios intentos se dio por vencido y salió de su habitación rumbo al comedor.
Los ejércitos enemigos se habían preparado para marcharse a primera hora. El ejército del Reino Giallo fue el primero en marcharse seguido por el Reino Zelenyy. Todo había sido tan incómodo, apenas habían intercambiado palabras con la Reina Yao. Irónicamente, el Reino Lorem se mostraba reacio a marcharse, lo cual era sumamente extraño pues ambos reinos eran enemigos casi declarados desde antes de la Gran Tetraguerra. Sin embargo, ambos reinos ahora se parecían en el hecho de que estaban estrenando reyes gracias a la Gran Guerra, Feliciano y Alfred eran los nuevos reyes y eso hacía que tuvieran una empatía casi inmediata, se identificaban mutuamente.
Antes de marcharse, el Rey Feliciano pidió hablar un momento con el rey anfitrión en privado. Tanto Ludwig como Arthur se miraron incómodos pues no les agradaba en lo absoluto dejar a sus reyes desprotegidos pero fueron las reinas quiénes aceptaron la propuesta. Yao estaba seguro de las habilidades defensivas de Alfred y sabía que Feliciano no iba a intentar atacar al rey en su territorio pues estaba en clara desventaja, por otro lado, Elizaveta estaba consciente de la situación por la que estaba pasando el Reino Rouge. Ser atacado por su propio Reino aliado no debía ser fácil y sabía que justo ahora, en este momento de necesidad, lo que más deseaba el reino Rouge era asegurase algún aliado si es que el Reino Zelenyy le declaraba la guerra.
-¿De qué deseaba hablar, Rey Feliciano?- preguntó el monarca más joven mientras observaba a su interlocutor. Ambos habían entrado al estudio privado del soberano de Rouge. El rey azul movió los pies incómodo por un momento antes de mirar a su anfitrión.
-Quisiera que dejáramos el pasado atrás, lo que pasó antes de la Gran Tetraguerra debe quedarse en el pasado donde pertenece, esta ocasión nos enfrentamos a una nueva amenaza y es ahora cuando se deben replantear las alianzas del pasado y rechazar las que no son útiles así como crear nuevas – dijo el rey castaño tomando por sorpresa al más alto que tan sólo lo miro completamente sorprendido. Realmente eso era lo que Alfred había tenido en mente desde que se descubrió que todo lo de la daga había sido una vil treta- Así pues deseo que hagamos una nueva alianza y que dejemos en el pasado todo lo ocurrido con el rey Gilbert
-¡Estoy completamente de acuerdo!- dijo el rey Alfred con una leve sonrisa de alivio al darse cuenta de que ambos pensaban exactamente lo mismo. La amenaza de comenzar una guerra con el Reino Zelenyy era cada vez más tangible y definitivamente necesitaban un nuevo aliado para enfrentarse a ellos, no por nada eran el reino ganador de la Gran Tetraguerra, tenían un formidable ejército y los recursos necesarios para forjar las armaduras y armas necesarias para la guerra- El Reino Rouge está más que dispuesto a formar una nueva alianza con el Reino Lorem. Sin embargo, debo insistir que, en lo que se hacen las discusiones con el Reino Zelenyy, esta alianza sea secreta. No quiero que el Reino Zelenyy la tome como un reto o una declaración de guerra.
-Tiene toda la razón-dijo el Rey Feliciano con una pequeña mueca de preocupación, en verdad no quería que comenzara una guerra por ningún motivo. Además también le preocupaba un poco la reacción que tendría el Reino Giallo ante una alianza con el Reino Rouge. ¿Lo tomarían también como una amenaza de guerra? No quería ni pensar en eso, pero no podía evitar sentir empatía por el Reino Rouge y por Alfred- Entonces será una alianza secreta. Pronto nos volveremos a reunir para definir bien los términos de la alianza.
-El Reino Rouge tiene las puertas abiertas para usted, Rey Feliciano-dijo el rubio de ojos azules con una sonrisa mientras extendía los brazos. El más bajo sonrió ante el gesto de confianza y lo agradeció con un leve abrazo cortés. Ambos se separaron cuanto antes y salieron del despacho para no poner más nerviosos a sus respectivos ejércitos. El Reino Lorem desfiló a la salida sin más demora.
Un silencio aplastante reinó durante el desayuno en el Reino Rouge. El único sonido que se escuchaba era el tintineante choque de los cubiertos. Se respiraba un ambiente triste mientras algunos de los presentes lanzaban miradas de tristeza al asiento que debía ocupar Anna. Sobre la silla reposaba una corona de flores.
El desayuno terminó en completo silencio y todo el ejército desfiló rumbo a los jardines para presenciar la ceremonia. El sol brillaba lastimeramente como si estuviera acompañando la pena de todos los presentes. Los reyes se sentaron al frente del lado izquierdo mientras la familia de la Alfil se sentó del lado derecho. Arthur pudo observar a los padres de Anna así como a otros familiares. La ceremonia se llevó a cabo con el mayor respeto y todos pasaron de uno por uno para presentar sus respetos a la valiente guerrera.
Una vez acabada la ceremonia, todo el ejército, incluyendo a los reyes, cargaron el féretro rumbo al cementerio que se encontraba en la parte trasera del Palacio. Una banda de guerra los siguió hasta el lugar que sería el último descanso de la Alfil. Al ritmo de las trompetas, bajaron el ataúd en uno de los hoyos preparados por los sirvientes y entre todos lo cubrieron con tierra.
Para cerrar, los reyes colocaron una rosa blanca al pie de la lápida que rezaba el nombre de la chica. Entre llantos y susurros, la familia agradeció la amabilidad de los reyes y se marcharon. El ejército se quedó un minuto en silencio antes de marcharse rumbo al palacio. Alfred se quedó hasta el final, observando la lápida. ¿Cuántos más de sus soldados iba a perder? ¿Cuánto iba a sufrir con cada pérdida? El monarca del Reino Rouge suspiró y siguió a la reina mientras sus ojos indudablemente caían sobre el caballero de ojos verdes.
Una vez en el palacio, todos se reunieron en la sala del trono. Alfred y Yao tomaron asiento en sus respectivos tronos mientras el resto se quedaban frente a ellos. Un nuevo silencio asfixiante cayó sobre los presentes y fue el rey el primero en romperlo porque el rubio de ojos azules realmente odiaba estar en silencio.
-¿Recibió una respuesta de la Academia de Alfiles, majestad?-preguntó el menor y todos se relajaron un poco cuando rompió el molesto silencio. La reina asintió y estaba a punto de responder cuando se escucharon unas trompetas anunciando la llegada de alguien- ¡Abran las puertas!
Las puertas se abrieron y entró un joven con una reluciente armadura. Las trompetas acompañaron sus pasos hasta que se arrodilló frente a los reyes. Uno de los mayordomos lo presentó como el mejor alumno de la Academia de Alfiles. El recién llegado se quitó el yelmo y miró al rey.
-¡¿Qué haces aquí?!-exclamó Alfred poniéndose de pie. Su mirada zafiro chocó contra unos ojos violetas similares a los suyos. Todos observaron muy confundidos y sorprendidos el enorme parecido entre el monarca y el nuevo alfil. La reina fue el primero en preguntar la identidad del recién llegado- Es Matt y es mi hermano.
-Tanto tiempo sin verte Alfred-dijo Matt con una leve sonrisa mientras se levantaba del suelo. Arthur los miraba sin saber qué decir y no era el único, había alguien más que no podía quitarle los ojos de encima al nuevo miembro del ejército. Francis observaba al hermano del rey con total fascinación.
-Responde a mi pregunta… ¿qué haces aquí?-preguntó el gobernante de Rouge mientras se cruzaba de brazos. El menor de los hermanos se limitó a hacer su sonrisa más grande y a entregarle un pergamino. Alfred tomó el pergamino y lo leyó rápidamente- ¡Eso sí que no! ¡No pienso permitir que te unas al ejército!
-Alfie, no puedes oponerte, soy el mejor alumno de la Academia de Alfiles y es mi deber unirme al ejército- la voz de Matt era suave pero firme. El rey no pudo evitar mirar a su reina buscando ayuda. Yao tomó el pergamino que oficialmente nombraba a Matthew como el mejor alumno de la academia.
-Majestad, usted pidió que trajeran al mejor de toda la Academia de Alfiles y su hermano cumple con el requisito- dijo la Reina de Rouge firmemente y Alfred no pudo evitar enfurruñarse en su trono. ¿Ahora qué iba a hacer? No podía permitir que algo le pasara a su hermano… ni a cierto caballero cejón.
Hola, gracias por leer y por sus comentarios, me alegra que sigan este fic.
Flannya: Gracias por el abrazo, sí, la vida laboral es horrible pero aquí está el siguiente capítulo.
Cuervi: Es una buena idea que intenten comparar la herida pero necesitan encontrar primero la daga de la reina.
Lovin: Jeje lo siento, ya tenía planeado a Matt como el nuevo alfil desde el principio jeje
Espero que les haya gustado y no olviden comentar!
