Una vez que el Reino Giallo y el Reino Zelenyy se marcharon, los reyes de Rouge cruzaron el tablero saltando por los escaques hasta llegar con la pareja real de Lorem. Feliciano estaba congelado con una mirada horrorizada en su cara, por más que el castaño intentaba recobrar la cordura, no podía. Elizaveta también estaba preocupada pero ya que ella había estado en la Gran Tetraguerra, no estaba tan asustada. La joven reina vio a sus aliados rojos y no dudó en estrechar la mano de la Reina Yao.
-Le agradezco en verdad por habernos respaldado ante los ataques del Rey Lars-comentó ella con una triste sonrisa pues lamentablemente eso significaba que daría comienzo de forma oficial la Segunda Tetraguerra.
-Es lo mínimo que podíamos hacer por ustedes pues son nuestros aliados-respondió el joven de largo cabello negro con un gesto de tristeza y de culpabilidad- Lamento en verdad haber declarado su situación como aliados nuestros, no sabíamos que era un secreto.
-El Rey Lars iba a enterarse tarde o temprano-dijo la castaña cruzándose de brazos, ella en verdad creía que la reacción del rey amarillo había sido muy inmadura e infantil- Después de todo, no los íbamos a dejar solos ante el Reino Zelenyy.
Mientras las reinas conversaban y empezaban a planear las tácticas que usarían para la futura guerra, el joven rey rojo se acercó a su similar con pasos tímidos. Él también estaba tan asustado como Feliciano pero lo podía ocultar de mejor manera aunque obviamente no culpaba al castaño, después de todo, el único propósito que tiene el ejército enemigo es matarlos para ganar, esa definitivamente era una razón para estar asustado.
-¿Rey Feliciano?- preguntó el rubio de ojos azules. El más bajo salió de su trance momentáneamente para mirarlo a los ojos. Alfred pudo ver que realmente se debatía por quedarse y mantener su dignidad o salir corriendo para nunca volver- Todo estará bien, ánimo, tenemos los mejores ejércitos que existen, solo hay que practicar más arduamente que nunca y venceremos.
-Pero… para vencer hay que eliminar a los reyes enemigos y yo… no sé si pueda hacerlo…- los murmullos del castaño apenas se escuchaban al estar al aire libre. Ludwig estaba a solo unos pasos de los dos monarcas pues el miedo marcado en las facciones de su rey lo ponía sumamente inquieto.
-Yo tampoco quiero hacerlo, pero si se nos presenta la oportunidad, hay que hacerlo-sentenció el más alto y el pánico regresó a los ojos color chocolate del rey azul- Es la verdad, Feliciano, son ellos o nosotros, no hay otra opción…
-Muy bien-dijo Yao llamando la atención de todos los presentes- es momento de partir, pero recuerden, nuestros reinos nunca habían estado más unidos y cualquier cosa que necesiten, no duden en solicitarla de inmediato.
-Le agradezco profundamente, Reina Yao-dijo Elizaveta con una sonrisa antes de estrechar la mano de su semejante una vez más-la lealtad del Reino Lorem está con ustedes.
Dicho esto, ambos reinos comenzaron a marchar rumbo a sus respectivos reinos. Los reyes de Rouge subieron a su carruaje y los dos caballeros montaron sus caballos para regresar a casa. Alfred estaba sumamente nervioso y preocupado por lo que movía sus pies continuamente. Realmente había creído que si presentaban la daga de la Reina Tino, todo se resolvería y no tendrían que luchar, pero nunca se le ocurrió comparar la hoja del arma con la herida de Arthur.
-Arthur…-el nombre del caballero escapó de los labios del monarca que no pudo evitar mirar al caballero. Una avalancha de sentimientos desconocidos lo golpeó con una fuerza demoledora. El miedo de que el rubio de ojos verdes saliera herido o peor aún, que muriera en combate lo caló hasta los huesos. Deseaba protegerlo, tanto como deseaba proteger a su hermano- Matt…
-¿Qué sucede, majestad?-preguntó Yao al mirar a su pareja con creciente preocupación. El menor tenía la mirada perdida y temblaba levemente por el miedo- No debe preocuparse, alteza, mi trabajo es protegerlo a toda costa, no dejaré que le hagan daño.
-No es eso-susurró el rubio y se sorprendió un poco de su propia respuesta. Él no temía morir, él temía por los otros. Debía protegerlos a como diera lugar… pero ¿cómo?- Tengo una pregunta, majestad… ¿puedo sacar a alguien del ejército?
-¿Por qué haría algo así estando tan cerca de una guerra?-preguntó el mayor bastante sorprendido pero su rey no contestó así que soltó un suspiro y contestó la pregunta- Sí puede hacerlo, sin embargo, debe dar razones fundamentadas para esa baja en el ejército pues todos nuestros soldados se han ganado su posición y ésta debe ser respetada.
-Entiendo… -Alfred se quedó callado mientras un plan se formulaba en su mente, sabía que no podría protegerlos en el tablero de guerra pero iba a hacer hasta lo imposible por evitar que ellos siquiera lo pisaran en primer lugar, así significara hacer lo más bajo y ruin del mundo.
Feliciano no podía dejar de jugar con sus dedos, estaba más que nervioso, estaba completamente aterrorizado. Esto era una pesadilla, no podía creerlo en verdad. Elizaveta miró a su rey y tomó sus manos suavemente. La mirada del castaño cayó sobre sus manos entrelazadas, no se había dado cuenta de lo frías que las tenía hasta que su piel entró en contacto con la ajena. La chica tenía las manos cálidas y firmes, lo que evitó que siguiera temblando.
-Querido, todo va a estar bien, ya verás…-le dijo la mayor con una dulce sonrisa en un intento por animarlo. Ella sabía que Feliciano no iba a matar a Berwald ni a Lars, pero ella sí tendría el placer de hacerlo y vaya que llevaba tiempo deseando echarle el guante al rey verde por haber matado a Gilbert.
-Pero algo podría pasarte a ti…-murmuró el castaño en forma de lloriqueo. Sus ojos color chocolate se habían humedecido ante la sola idea de que algo le pasara a su reina pero la joven solo sonrió muy divertida.
-Querido, tendrían que ser realmente buenos para hacerme daño-comentó ella completamente segura de sí misma. Las otras reinas eran bastante buenas pero Elizaveta se jactaba en ser la mejor de todas- Si alguna de las otras me llega a dañar de muerte, yo haré lo mismo, si voy a morir, me aseguraré de llevarme a todos los que pueda…
-Eso no me hace sentir mejor…-comentó el menor mientras la miraba con creciente preocupación. Su mirada se dirigió entonces a Kiku y su preocupación aumentó aún más. El joven de cabello negro era tan amable y tan pacífico que no podía imaginar una vida sin él.- Podrían herir a Kiku… o a… - la voz del castaño se cortó al mirar a su torre.
Ludwig marchaba al lado del carruaje con gesto serio, ignorando totalmente la mirada del monarca quien comenzaba a sentir un vacío en el pecho al imaginarse el peligro en el que se encontraba el rubio ahora que la guerra estaba a punto de comenzar. Si algo le llegaba a pasar a la torre…
-… ¿o a quién más?- preguntó la reina sacando de sus pensamientos al monarca que la miró sorprendido antes de sonrojarse levemente- ¿Qué pasa? ¿En qué estabas pensando, querido?- una sonrisa pícara apareció en los labios de la mayor quién rápidamente dirigió su mirada al rubio de ojos azules- ¿Estabas viendo a Ludwig?
-¡¿Qué?! ¡No, claro que no, solo estaba pensando en lo que está a punto de pasar!- exclamó el rey rápidamente mientras el sonrojo se extendía por todo su rostro hasta sus mejillas pero la castaña no se dejó engañar y su sonrisa pícara aumentó- ¡Es verdad, majestad!
-Bien, bien, fingiré que te creo pero no hay nada de malo en querer proteger a nuestro ejército, querido- comentó la castaña sin borrar su sonrisa pícara que había adquirido un tinte cómplice- Después de todo, ellos también estarán en peligro… y tal vez es mejor vivir el ahora… vivir como si este fuera el último de nuestros días en la tierra.
- ¿Cómo si fuera el último día?-preguntó el menor y su mirada se dirigió al rubio una vez más. Si este fuera el último día de su vida… ¿qué haría? Le diría a la torre que él… ¿siente un gran aprecio hacia él? ¿Qué en sus últimos entrenamientos lo ha sentido tan cercano? ¿Qué ha notado una extraña atracción hacia él? No, no podría decirle eso, eso quizás asustaría a Ludwig además de que estaba prohibido por las leyes del reino… pero… ¿y si no estuviera prohibido? ¿y si él pudiera estar más tiempo con él?
Miles de preguntas golpeaban la mente del gobernante de Lorem que seguía observando fijamente al más alto hasta que éste finalmente sintió una mirada sobre él y volteó. Las miradas de ambos se encontraron y el tiempo pareció detenerse. Esos ojos color chocolate lo miraban tan intensamente que un suave sonrojo apareció en las mejillas del rubio.
Ambos desviaron la mirada muy avergonzados mientras la reina y el alfil los observaban con sonrisas divertidas y cómplices. Los sentimientos de ambos se estaban convirtiendo en una avalancha que estaba a punto de caerles encima si no lo confesaban de una buena vez.
Los integrantes del Reino Giallo llegaron a su reino donde los esperaba su pueblo con una gran bienvenida, pero la verdad es que no estaban de humor para una fiesta. El Rey Lars se limitó a agradecer el gesto con un breve saludo pues realmente estaba furioso por lo que había pasado en la tierra neutral. Odiaba las mentiras y el hecho de que Feliciano le hubiera mentido ante todos los demás reyes lo había ofendido terriblemente.
Una vez que pasaron por las puertas del castillo, la pareja real bajó del carruaje para dirigirse al interior del recinto. El viaje había sido largo y querían descansar. Lovino bajó de su caballo y se lo dejó a un joven mozo para que lo llevara a las caballerizas. En ese momento se acercó un mayordomo con una carta. Lars vio de reojo cómo el caballero sonreía al recibirla y se apresuraba a abrirla. Lovino había estado recibiendo muchas cartas últimamente y el monarca no podía evitar preguntarse ¿con quién se comunicaba tanto el antisocial y huraño caballero?
Querido Lovino: Espero que hayan regresado con bien de su viaje y espero en verdad que no se desate otra Tetraguerra. Tus cartas me han alegrado tanto mis días de soledad. Te aprecio demasiado. Atentamente: el Duque Markus.
HOLA!
He regresado con un nuevo capítulo, la verdad es que no había tenido tiempo para escribir nada así que me alegra poder hacerlo ahora.
Vaya que los sentimientos están a flor de piel en este capítulo y el próximo será un caos total
Gracias por sus comentarios
Yo-senpai: Pues así son los reinos medievales, es lo único que saben hacer.
Cuervi: Solo diré que no descartes a personajes que hayan salido en los primeros capítulos, alguno de ellos podría regresar.
Gracias por leer y no olviden comentar
Espero que les haya
