Capítulo 34.

Disclaimer: Love Live! Pertenece a su creadora Sakurako Kimino y a ASCII media works junto con Sunrise.

NdelA: ¡Buenas! Traigo Capi nuevo por fin. Ahora sí que tardó la edición, pero creo que es justificable con un capi largo como éste. Es martes, aún se siente la flojera del lunes, así que espero les alegre su semana. Debo decir que cuando escribí ésto, me costó muchísimo trabajo, ya verán por qué… aunque la pista es… YohaMaru. Espero les agrade por donde van las agitadas aguas de ésta historia.

Muchas gracias por sus comentarios, amamos leerlos y más amamos leer sus teorías que no diré cuales pero algunas se acercan bastante a lo que va a pasar, aunque claro, nada está escrito (aún), quizás solo matemos a Dia en un accidente, como algunos están pidiendo (?) No no, no somos tan malas (hoy me siento graciosa), en fin, gracias por sus comentarios y su apoyo a la historia.

Mag Max Kuv Bigotes: En verdad que no le veía fin a este capítulo. Me tarde bastante en editarlo y mira que empecé desde el domingo. Si está un poco larguito y el final casi me hace ponerme a llorar como pussy. Amo el YouRiko.


Dia había salido de la casa hecha una furia dando un fuerte portazo que hizo saltar a ambas mujeres del susto por tal actitud tan agresiva.

—¿Qué fue todo eso Kanan? —preguntó Mari con preocupación, ya estaba dentro de la casa, y con total confusión sobre qué era lo que estaba sucediendo.

—Nada, no fue nada —respondió aún molesta por lo que acababa de pasar, también estaba sumamente enojada—. Creo que necesitaré un minuto —respiró profundo tratando de calmarse y retomar el control para no increpar a Mari que no tenía la culpa de ese problema.

—¿Quieres hablar? —la miró e intentó hacer algo para ayudarla—. Pensé que tenías una buena relación con Kurosawa-sensei —agregó Mari para motivarla a contarle lo que había pasado hacía unos segundos.

—La tenemos —aseguró—, es solo que Dia es a veces una persona muy… muy… —se llevó ambas manos a la cabeza con frustración y con ganas de estrangular a su vieja amiga—, muy exasperante.

—Si bueno —rió Mari buscando aliviar la tensión—, no es la única.

Mari se fue a sentar a uno de los asientos de Kanan y dando palmaditas a su lado la llamó para que se sentara con ella y de ese modo hablarán con más calma.

—Talk to me honey! —pidió Mari en tono alegre—. Quiero saber qué pasa con ustedes.

—No puedo contarlo todo —advirtió Kanan aún renuente en ir a sentarse con Mari—, pero —suspiró dándose por vencida—, supongo que un poco no hará daño —se acercó al sofá y tomó asiento—. Dia está pasando por un momento un tanto complicado y se acaba de enterar que estás viviendo aquí.

—¿Y? ¿Qué tiene eso de malo? ¿En qué le afecta que yo viva contigo? —preguntó Mari frunciendo el ceño y con un poco de celos en su interior, solo un poco.

—No es lo que piensas —sonrió, pocas veces Mari se había mostrado celosa y era una linda imagen para Kanan verla así—. No es que le afecte esto —hizo el ademán de señalarse y señalar a Mari—, es más bien que lo relaciona con su situación y termina sintiéndose peor, aunque si te soy honesta aún no descubro exactamente lo que ha pasado con ella del todo.

—¿Kurosawa-sensei también es de las que rompe las reglas? —cuestionó Mari con picardía jugando con Kanan.

—Ella… sí bueno, un poco —Kanan se puso nerviosa.

Sabía que no podía decir tanto para no exponer el secreto de su amiga. De por si Mari era bastante perceptiva y aún diciendo poco podría terminar delatandola y era algo que no podía permitir. Dia había reaccionado mal a esto, podría ser peor si se enteraba que alguien más sabía sobre su situación sea cual fuere.

—¿Qué cosas indebidas está haciendo Kurosawa-sensei? ¿Podría ser que es igual que tú y se ha enamorado de alguien que no debía? —dijo al tanteo Mari pero Kanan casi se atraganta con sus palabras que estaban acertando a la cuestión.

—¡Bueno! —tosió para ganar tiempo y decir algo para desviar el tema—. Creo que tengo un tema pendiente contigo —trató de abrazar a Mari pero está se puso un tanto rígida, cosa que llamó la atención de Kanan—. Quería hablar sobre lo que pasó ayer, con tu padre.

El buen humor de Mari se esfumó de inmediato, sus facciones denotaron el malestar que el tema le causaba y fue como si un aura oscura se instalara a su alrededor nublado su existencia.

—Todo está bien, no tengo nada que decir sobre eso —respondió cortante alejándose de Kanan poniendo distancia al levantarse del sofá.

—Oh vamos, tenemos que hablar sobre ello —era el turno de que fuera presionada, solo que Kanan no sabía hasta dónde podría hacerlo.

—No hay mucho que hablar sobre ello —quiso sonar despreocupada—, lo escuchaste. Soy una puta —exclamó con rabia perdiendo su compostura—, como mi madre —Kanan la siguió para tomarla por los hombros y jalarla contra su pecho con fuerza.

—No vuelvas a decir eso —la reprendió con suavidad envolviendola con cariño—. Tu padre está equivocado, jamás podrías ser esas cosas horribles que dijo. Tú eres buena Mari, eres maravillosa, un poco terca si, no lo niego, pero eres tan hermosa por dentro como lo eres por fuera.

—Gracias… —era un poco vergonzoso escuchar eso sin embargo las palabras de Kanan siempre tenían la habilidad para hacerla sentir mejor no importando lo mala que fuera su situación, aunque no pudo evitar derramar un par de lágrimas.

—He pensado lo que me dijiste sobre trabajar —Kanan trató de desviar el tema para mejorar el estado de ánimo de la rubia con una idea que había tenido para ella—. Tengo una propuesta que hacerte —la miró a los ojos con una sonrisa.

—¿Sobre qué? —se limpió las lágrimas.

—Durante el verano, el flujo de visitantes se incrementa y por lo general el trabajo administrativo en los muelles se rezaga un poco, bueno yo soy la que me rezago —agregó con un poco de vergüenza—. Me gustaría que trabajaras conmigo, serías algo así como mi asistente —explicó con entusiasmo—, y por supuesto te pagaría un sueldo —se apresuró a añadir al ver el ceño fruncido en la cara de Mari que no parecía muy convencida.

—¿Tu asistente? —preguntó con tono sombrío—. ¿Que cosas pervertidas tiene usted en mente Matsuura-sama? —inquirió Mari juguetona recobrando su lado pícaro—. Una adorable asistente… umm… suena como un buen fetiche —la picó en las costillas con una gran cara de burla.

—Yo… eso no —Kanan se puso roja de imaginar lo que Mari decía—. ¡No es así! —se defendió toda avergonzada—, pensé que estarías feliz si encontrabas un trabajo pronto.

—Mejor trabajo que ese no puede haber —Mari se había puesto de ánimo y empujo a Kanan sobre el sofá para sentarse su regazo.

Sin embargo de la nada, las palabras de su padre comenzaron a retumbar en sus oídos y terminó acomodándose de nuevo en donde estaba antes cortando el momento.

—¿Eso es un sí? —Kanan había notado el arrepentimiento y aunque se le hizo raro que hiciera eso, prefirió no presionar a Mari con el tema, sabía que el comportamiento cambiante de la rubia estaba relacionado por completo con lo que había pasado el día anterior solo que tendría que buscar otra forma de abordarlo para que Mari no se volviera a encerrar en sí misma como acostumbraba.

—Si, eso es un sí —Mari se recargó sobre el hombro de Kanan, todavía su rostro se veía algo molesto—. ¿Cuándo puedo empezar?

—¿Te parece el lunes de la próxima semana? Para entonces ya estaremos de vacaciones y podría ir enseñándote poco a poco lo que tienes que hacer—explicó Kanan.

—Me parece perfecto —concluyó Mari tratando de alejar ese malestar que le producía recordar a su padre llamándole de manera tan despectiva.


Ruby apenas y había logrado dormir algo durante la noche, aunque en realidad había estado durmiendo mal desde días anteriores, pero había algo con mayor peso que le había robado el sueño la noche anterior. Su mente estaba llena del evento que le había acontecido y se repetía una y otra vez reviviendolo para su pesar.

Después de tantos días tratando de evitarlo, al fin tuvo un "encuentro" con Chika y no era lo que había esperado, aunque en realidad no sabía bien qué esperar. Todo había pasado por la tarde del día anterior.

Había estado tan inmersa en el trabajo rezagado del consejo estudiantil desde que terminó su relación con Chika, y ésta cumplía sus múltiples castigos, que todo recaía sobre ella. Era cierto que los demás miembros le ayudaban, incluso You ponía su granito de arena, pero al final, ella absorbía toda la responsabilidad y luchaba por sacar las cosas adelante. Era pesado y sumamente cansado pero le ayudaba a ignorar ese sentimiento por su ruptura enfocándose en otras cosas.

El día anterior se había quedado trabajando hasta tarde, el atardecer le dijo que era tiempo de ir a casa. Sin embargo el destino le hizo una jugada, justo cuando iba de camino a la salida de la escuela chocó de frente con Chika, quien iba prácticamente corriendo por el pasillos y no la vió hasta que fue muy tarde.

Se quedó helada al verla, no supo cómo reaccionar en un inicio y no fue sino porque le llamó la atención que una de las mejillas de Chika se encontraba bastante irritada y traía los ojos acuosos, al punto de las lágrimas, que salió de su estupor. No pudo evitar preocuparse por ella y lo que fuera que le había sucedido.

—Lo siento mucho —se disculpó Chika que no había visto con quién había chocado.

Cuando la chica levantó la mirada y posó sus ojos sobre los ojos aquamarina, pudo ver cómo el color se perdía de las mejillas de Chika, aunque aún se notaba roja una de ellas.

—¡Ruby-chan!—dijo exaltada, más bien asustada—. Disculpa, no te vi.

Algo estaba mal, Chika se estaba comportando extraño, algo impropio de ella fueran las circunstancias que fueran y eso puso inquieta a Ruby.

—¿Estas bien Chika-chan? —preguntó con preocupación.

—Si si Ruby, todo está bien —se apresuró a responder y Ruby vio que sus manos temblaban.

Chika no dejaba de mirar hacia atrás, como si alguien la viniera persiguiendo, pero no sé escuchaban pasos tras ella, de hecho a esa hora era difícil que alguien más estuviera en la escuela.

—¿Estás segura? —Ruby se acercó a ella tratando de tocar su mejilla pero Chika de inmediato dio algunos pasos hacia atrás evitando el contacto.

—Será mejor que me vaya —dijo Chika nerviosa sin dejar de voltear a sus espaldas—, fue bueno verte Ruby-chan, adiós.

Salió corriendo antes de que Ruby pudiera decir algo más. Era la primera interacción que tenían desde que habían terminado su relación y todo fue francamente muy extraño y casi surreal. Quiso seguir a Chika pero la imagen de Riko se apareció en su mente recordándole que ya no era su lugar estar al lado de ella, aún si eso le partía el alma tenía que respetarlo.

Había vuelto a casa llena de dudas y aunque había intentado hacer algunas tareas para distraerse no estaba teniendo éxito. Se encontraba revisando algunas cosas en su computadora con su mente reviviendo la imagen de Chika, cuando la puerta de su habitación se abrió de manera intempestiva revelando a una Dia que desconoció. Su hermana prácticamente le estaba avisando que harían un viaje a Tokio la siguiente semana y no dio opciones a elegir, Ruby iría con ella quisiera o no.

Ruby había deseado hablar con su hermana desde que Maru estuvo en su casa, pero por lo poco que le contó su amiga, las cosas habían salido terriblemente mal en esa ocasión. Maru había quedado devastada por completo y no quería saber nada de Dia ni nada que tuviera que ver con ella, lo que lamentablemente la incluía también. Hanamaru había estado distante, apenas y le devolvía el saludo, aunque en general su amiga se había sumido en un agujero de depresión donde no podía ayudarla y evitaba a todos a su alrededor.

No era de extrañar que su hermana estuviera precipitando su viaje ahora, sin embargo no tenía ganas de seguir callando, si Dia se quería ir de Uchiura entonces era mejor que se lo dijera de frente y dejarán estos dramas innecesarios de lado.

Decidida a hablar con ella, fue con rumbo a la habitación de Dia en donde escuchó que su hermana estaba al teléfono, tal como pensó, estaba arreglando los últimos detalles para ese trabajo que le estaban ofreciendo y eso la puso triste, no quería perder a lo que quedaba de su familia ahora que sus padres estaban lejos.

—Onee-chan —tocó Ruby a la puerta de Dia, quien le abrió de inmediato, al parecer iba de salida—, tenemos que hablar.

—¿Qué pasa Ruby? —inquirió Dia molesta de ver a su hermana ahí y además entrar a su cuarto sin su permiso.

—Onee-chan, yo te quiero mucho. ¿Entiendes? —suspiró moviendo sus manos de forma nerviosa yendo directo al grano—, pero tienes que dejar de hacer cosas a mis espaldas.

Un escalofrío recorrió a Dia por la espalda al recordar el desafortunado evento que había pasado la tarde anterior y sobre el cual Ruby tendría todo el derecho a reclamarle.

—¿A… a qué te refieres? —preguntó atragantándose antes de poder decir algo.

Ruby se fue a sentar sobre el tatami, esperando que Día hiciera lo mismo, sin embargo su hermana se notaba aún bastante ansiosa y no paraba de caminar de un lado al otro de la habitación.

—¿Me… me puedes decir de qué se trata este viaje a Tokio? —solicitó Ruby aún armándose de valor.

—¡Oh… eso! —respiró Dia volviéndose un poco el alma al cuerpo.

Aunque le tensaba el hecho de que Ruby había tenido una plática con Hanamaru y no estaba segura de que tanta información tenía conocimiento su hermana, no quería resbalar y revelar algo que no debía.

—No te presionare con lo de Hanamaru porque ella misma me ha dicho que no hay nada que hablar al respecto y... respeto el espacio de ambas —Dia se relajo al oír esto—. Pero Onee-chan, ¿por qué te quieres ir a Tokio? —inquirió Ruby con cierta desesperación.

—Me han hecho una buena propuesta de trabajo en una editorial prestigiosa —explicó Dia escueta.

—Pero Onee-chan, eso es en Tokio. ¿Eso significa que me dejaras aquí? ¿Sola? —la voz de Ruby sonaba, ahora, asustada.

Dia suspiró viendo a su hermana menor tan indefensa en ese estado. Entendía el temor, ya había tenido que dejarla atrás en una ocasión cuando se fue a estudiar la universidad, en esta oportunidad no lo haría de nuevo.

—No Ruby-chan, de hecho, yo había estado pensando, que dadas las circunstancias, tal vez te gustaría irte a Tokio conmigo —explicó Dia.

Fue a buscar algunos papeles que habían llegado en la correspondencia y estaban sobre su escritorio y se los entregó a Ruby que se había quedado sin palabras al ver de qué se trataba.

—Pedí informes sobre Otonokizaka, en Tokio, y pienso que sería la escuela ideal para que te transfieras. Claro, si estás de acuerdo con ello —se apresuró a agregar—. Pero es una genial escuela, de allí son tus School idols favoritas, ¿no sería increíble asistir allí?

—¿Es en serio Onee-chan? —Ruby no lo podía creer.

Había estado lista para reclamarle a Dia por querer dejarla atrás, sin embargo su hermana que nunca lo había considerado, en esta ocasión al contrario de lo que pensaba, quería llevarla con ella y justo al colegio al que siempre quiso asistir. Todo era demasiado bueno para ser verdad. Era demasiado sospechoso que de pronto hablará de esto.

—Si Ruby-chan, no te lo dije antes porque no estaba segura de que te pudieras transferir, pero he hecho algunas llamadas y pedido algunos favores y gracias a eso tengo todo casi listo para que lo podamos hacer al término del año escolar, pero... solo haremos eso si tú quieres —tomó la mano de Ruby sonriendo de una manera que a Ruby le pareció un tanto escalofriante. Todo parecía tan surreal.

—¿Y qué pasa si me niego? —preguntó la pequeña con recelo retirando la mano de entre las de su hermana.

—No te obligaría Ruby-chan, si quieres quedarte entonces hablaría con nuestros padres para precipitar su regreso y que ellos se hicieran cargo de ti cuando yo me fuera —Dia quería dejarle en claro que su partida no era negociable y que además si no se iba con ella regresaría con sus padres y todas las restricciones y obligaciones que venían con ello—. ¿Entonces? ¿No quieres ir conmigo a Tokio? —preguntó con cierta inocencia pero sabía que había provocado resquemor en el ánimo de Ruby.

—No yo… —lo pensó por unos segundos, aún estaba indecisa.

Por un lado tenía la oportunidad de ir a la escuela que siempre soñó y por el otro estaba quedarse en Uchiura con sus padres dominantes que seguramente la rechazarían en cuanto supieran que ella era diferente, del mismo tipo de diferente que Dia, y además tendría que ver a Chika junto a Riko aún cuando se graduarán al fin del año, quedarse ahí con todos esos recuerdos sería demasiado doloroso. Dia la tenia contra la pared.

—¡Claro que quiero ir a Tokio Onee-chan! —contestó por fin— ¡Estamos hablando de Otonokizaka! No podría perder una oportunidad como esta —Ruby estaba prácticamente saltando de emoción, emoción que era en parte fingida.

Dia suspiró aliviada al ver que su treta había resultado a su favor. El hecho de que su querida hermana estuviera dispuesta a acompañarla en esta locura que quería hacer, le hacía sentir un poco de tranquilidad en esa tormenta en la que se había convertido su vida, aún cuando fuera obtenido de esa forma.

—Onee-chan —llamó de nuevo la atención de Dia—, ¿puedo preguntar otra cosa? —el tema de Chika aún le seguía dando vueltas en la cabeza y no podía desaprovechar está oportunidad para averiguar qué estaba pasando, era ahora o nunca.

—Claro Ruby, dime —Dia estaba tan contenta y relajada que había bajado su guardia dando lugar a que Ruby hablara.

—Me ha llegado el rumor de que Chika-chan ha estado teniendo problemas contigo en clase, ¿es por mi culpa? —su pregunta fue muy concisa haciendo que Dia se pusiera nerviosa de inmediato y la tomara desprevenida, no esperaba eso.

—Claro que no Ruby —se mostró indignada como si fuera una falsa acusación—. No te voy a negar que he tenido que imponer algunos castigos a esa estudiante, pero nada que no se haya ganado por sí misma —tragó pesado pero montó bien su mentira.

—¿Estas segura Onee-chan? —presionó Ruby que no creía nada de lo que Dia decía.

—Cla… claro que sí Ruby, ¡¿Estás dudando de mi?! —trató de dar la vuelta a la situación para ponerla de su lado y reponerse del resbalón.

—No, claro que no —respondió Ruby de inmediato—, es solo que es un tanto sospechoso, antes de que supieras que terminé mi relación con ella, no se había presentado algún problema entre ustedes y de la nada, hasta está castigada en el club de literatura.

—Bueno, no me negarás que Takami-san es bastante despreocupada y algo… descuidada con sus estudios. Esto que hago es por su bien, es para ayudarle a aprobar las asignaturas —Dia estaba rayando en el cinismo para explicar lo que había pasado—. Si está cumpliendo ese castigo es para evitar que repruebe mi materia, le hacen falta créditos extra y le estoy ayudando a conseguirlos para antes de que se gradúe —armó su defensa mostrando que no había malas intenciones.

¿Desde cuando le mentía a su hermana para justificarse? Poco a poco Dia se iba perdiendo entre sus mentiras, era como cavar un pozo sin fondo del cual no tenía ni idea de cómo salir, solo cavaba más profundo hundiéndose más con cada palabra y cada acción.

—Me encontré a Chika-chan por la tarde, ayer, en la escuela. Estaba bastante alterada y creo… de esto no estoy segura porque solo es una idea mía —explicó estudiando la reacción de su hermana—, que llevaba un golpe en la mejilla. ¿Sabes algo de eso Onee-chan? —Ruby quería respuestas y no le importaba incomodar a Dia para obtenerlas, no iba a dejar que Dia dañará de algún modo a Chika.

—¿Eh? ¡¿Eh?¡ ¿Cómo voy a saber yo que es lo que le pasa a esa chiquilla? —se defendió exaltada y sobreactuando.

—Solo preguntaba —respondió Ruby con calma, la reacción de Dia le había dado la respuesta que buscaba obtener y esperaba que no hubiera sido así pero sabía que su hermana mentía—. Estaré esperando nuestro viaje Onee-chan, estoy emocionada —aunque lo decía, su cara no reflejaba eso.

El cambio en la actitud de Ruby la desconcertó pero si se había terminado el interrogatorio incómodo, entonces le seguiría la plática para quitar esa sombra que estaba sobre ellas.

—Si… si claro Ruby-chan, será una buena oportunidad para dejar nuestros fantasmas atrás —dijo Dia tratando de mostrar emoción.

—Espero que ese cambio de aires sea porque quieres avanzar onee-chan y no porque simplemente quieres huir —concluyó Ruby dejando que sus palabras calaran de algún modo la necedad en la que se empecinaba su hermana—. Debo irme ahora.

Ruby abandonó la habitación dejando a Dia en silencio. ¿En qué momento su hermana se había vuelto más madura que ella? Lejos estaban aquellos días en los que la pequeña Ruby dependía de su hermana mayor.


La plática con Dia dejó a Ruby con bastante que pensar. Había estado lidiando con la idea de quedarse sola una vez que Dia se fuera a Tokio, pero nunca consideró el poder irse con ella y mucho menos que la escuela de transferencia fuera "Otonokizaka", era su sueño el poder ir a la misma escuela a donde habían asistido las idols a las que tanto admiraba. Sólo que sabía que no era la manera correcta el como Dia lo estaba haciendo.

Si bien vivir en Tokio le daría la oportunidad de un nuevo inicio, alejándose de todo lo que había pasado en los últimos días, sentía que no era para ella. Aún cuando fuera no más Chika que le recordara su fracaso amoroso, no más Riko que hiciera que su corazón se encogiera al saber que ella es la mujer a la que no le pudo ganar en el amor, aún así extrañaría a Hanamaru demasiado. Sólo que no se podía comparar esto último con la tristeza que la afligía.

Sin embargo, no podía pensar en irse así nada más, a diferencia de su hermana, ella no estaba huyendo. Simplemente iba a iniciar de nuevo en otro lugar donde pudiera tener una nueva oportunidad, quizás incluso de enamorarse otra vez. Sólo que antes debía averiguar qué es lo que estaba pasando realmente con Chika y Dia y arreglarlo.

Esa mañana buscó la oportunidad de hablar con Hanamaru, aún cuando está fuera algo esquiva. Odiaba tener que seguir inmiscuyendo a su amiga en sus problemas pero no podía confiar en nadie más que le ayudara en esto, no tenía tanta confianza en otras personas, quizás Yoshiko pero Hanamaru siempre sería su primer opción.

Empezó a dudar de hablar con su amiga cuando la vio llegar al salón de clases. Se le veía un semblante terrible y quizás fuera una mala decisión recurrir a ella. Tenía ojeras profundas bajo los ojos, su piel estaba pálida como si llevara días oculta de los rayos del sol, incluso su cálida mirada, en este momento se encontraba inexpresiva, había perdido el volumen de sus mejillas, lo que la hacía ver aún más demacrada y ni hablar de su uniforme, que se veía mucho más holgado de lo usual, su amiga estaba mal y seguía negándose a hablar del tema con nadie.

Ruby prácticamente la estuvo acosando durante toda la mañana buscando una oportunidad, pero Yoshiko no le hacía el trabajo fácil. La chica estaba pegada con Maru incluso cuando iban al baño. Al final Ruby terminó abordando directamente a su amiga para pedirle hablar en privado.

—¿Qué pasa Ruby-chan? —preguntó Maru cuando estuvieron a solas, Yoshiko había aceptado a regañadientes dejarlas.

Ruby la había llevado hasta el tejado del edificio para que nadie las molestara y pudieran hablar con calma.

—¿Cómo estas? —preguntó con preocupación.

—Estoy bien, muy bien —mintió esbozando una falsa y forzada sonrisa que Ruby no le compro.

—No lo estás Maru-chan, no mientas por favor —presionó Ruby sobando el brazo de Maru.

—Tienes razón, no lo estoy, pero en verdad, no me hagas hablar de lo que pasó, por favor —dijo casi suplicando con sus ojos llenándose de lágrimas.

Ruby no pudo soportar ver a su amiga de esa manera y se apresuró a abrazarla. Maru inicialmente se tensó por el abrazo e intentó separarse pero Ruby no se lo permitió y la abrazó con más fuerza no dejándola ir.

—Esta bien Maru-chan, yo estoy aquí —dijo Ruby tratando de calmarla pero Maru se seguía revolviendo haciendo lo posible por soltarse.

A Ruby le dolía ver hasta qué punto su amiga estaba herida y sabía bien que era culpa de su hermana.

—Déjame Ruby-chan, no quiero, no puedo —decía la chica con la voz entrecortada.

—Estoy aquí Maru-chan, estoy contigo —Ruby pudo sentir cómo las fuerzas de su amiga iban disminuyendo y sintió cómo su blusa empezaba a mojarse del lado de donde Maru estaba recargada.

—Me duele, me duele —empezó a decir entre sollozos—. ¡Todo es tan injusto! —gimió de dolor, casi con voz desgarrada.

Ruby sabía que Maru estaba enamorada de Dia, pero con esto, confirmaba que efectivamente, algo había pasado entre ellas y había terminado muy mal.

—Todo estará bien Maru-chan, todo estará bien —la siguió consolando sin aflojar su abrazo.

—No será así… ella no me quiere —Ruby apenas y podía entender lo que su amiga pero captaba algunas palabras de entre sus sollozos.

Quería decirle que Dia la quería pero la verdad es que no sabía absolutamente nada de lo que ellas dos estaban pasando y no quería empeorar las cosas para nadie dando falsas esperanzas, no cuando su hermana estaba tan cerrada.

Después de un rato de estar abrazadas y con el llanto disminuído, escucharon el sonido del timbre que anunciaba que el descanso había terminado pero Ruby no quería forzar a Maru a regresar en esas condiciones y prefirió no moverse de su posición, ya se encargaría de justificar su ausencia. Maru parecía estar mejor.

Minutos después escucharon pasos apresurados que se aproximaban por las escaleras hasta que Yoshiko abrió intempestivamente la puerta llegando al lugar.

—¡Mis little demons no pueden faltar a clases sin mí! —reclamó la chica divertida haciendo sus típicas poses dramáticas, sin embargo su semblante cambió al percatarse del estado en el que Maru se encontraba y corrió hacia ellas.

—Maru-chan, ¿qué pasa? —preguntó con preocupación queriendo apartar a Ruby.

—Ella solo está teniendo un mal día —explicó Ruby pues Maru seguía sollozando abrazada a ella.

—Ya han sido muchos malos días, ¿no crees Maru-chan? —dijo con sarcasmo enojada con Ruby.

—Estoy bien, estoy bien —repetía la chica mas para si misma que para las otras dos.

Maru estaba más que consciente que no podía darse el lujo de quebrarse en la escuela, era un error que no quería cometer. Ruby simplemente la había tomado desprevenida y no pudo levantar su coraza a tiempo para no mostrar ese lado vulnerable y herido, pero era hora de tomar nuevamente el control de todo gracias a la intervención de Yoshiko que le estaba dando el tiempo para recuperarse.

—Estoy bien Ruby-chan —fue soltándose lentamente para que no se viera muy abrupto y forzó una mueca que intento fuera una sonrisa.

—No tenemos prisa Maru-chan, de cualquier manera ya no llegamos a la clase —Ruby la miró con el ceño fruncido—. Voy a sacar un pase de la enfermería para todas y de esa manera no tendremos problemas.

—Eso es un poco… —Yoshiko entrecerró los ojos—, un poco extraño viniendo de ti, pero quién soy yo para reclamar —concluyó encogiéndose de hombros.

—Ruby-chan, tú querías hablar conmigo de algo antes de que tuviera mi lapsus, podemos aprovechar este tiempo para platicarlo —con calma se limpió el rostro con ayuda de un pañuelo que Yoshiko le entregó y Maru regresó a la máscara de tranquilidad que últimamente usaba todos los días para disimular la tristeza que la invadía en sus entrañas.

—No era nada importante Maru-chan, podemos dejarlo para otro momento —la pequeña se arrepintió y dio un paso atrás.

—¡No zura~! —lo dijo tan fuerte que tanto Ruby y como Yoshiko dieron un salto del susto—. Yo quiero escucharte, así como tú lo hiciste conmigo, se que estas pasando por un mal momento también y haré lo que pueda para ayudarte —habló con tal vehemencia que Ruby se sorprendió.

—En serio, no es nada Maru-chan —se rehusó nuevamente avergonzada.

Maru la tomó de los hombros y la forzó a que le sostuviera la mirada.

—No me mientas Ruby-chan —le devolvió el argumento que ella había usado antes.

—Ya Ruby, dile, porque si no algo me dice que nos pasaremos toda la mañana en la azotea y el calor está insoportable —se quejó Yoshiko abanicándose el rostro con una mano.

Ruby dió un profundo suspiro debatiéndose entre hablar o tratar de seguir evadiendo la plática, pero si quería resolver sus propios problemas antes de irse, tenía que hacerlo.

—Es sobre Chika-chan —dijo finalmente, bajando la cabeza derrotada.

—¡Bien zura~! —dijo con victoria Maru—. Dime, ¿qué pasa con ella? Pensé que ya no hablaríamos de Chika-san —la miró extrañada.

—¿Por qué no me sorprende? —agregó Yoshiko con sarcasmo, revirando los ojos.

—¡Sht! —le llamó la atención Maru—. Deja que Ruby nos diga que es lo que pasa ~zura.

A regañadientes Yoshiko guardó silencio y ambas chicas regresaron su atención a la consternada Kurosawa.

—¡Piggy! —se sobresaltó al tener a ambas viéndola tan de repente—. Bueno, es que sí es sobre Chika-chan, pero también involucra a alguien más —dijo Ruby con aprehensión porque ese alguien más era Dia.

—¿Sakurauchi-san zura~? —inquirió Maru tratando de adivinar.

—Umm… no —dudó Ruby pero se armó de valor—, es… es Onee-chan.

La cara de Maru dió un cambio radical, el poco ánimo que había ganado se había desplomado de nuevo. Por más que quisiera, el solo nombrar a Dia hacia que perdiera el poquito control que iba ganando.

—¡Ash! ¡¿Por qué todo siempre tiene que ser sobre Dia y Chika?! ¡¿No pudieron fijarse en personas que valieran la pena?! —dijo Yoshiko exaltada e irritada—. Ustedes merecen alguien que las valore y no esas dos…

—¡Yoshiko-chan! —gritaron Maru y Ruby al mismo tiempo.

—¡Yohane! ¡Yohane! ¿Cuántas veces tengo que decirles? —se cruzó de brazos toda iracunda.

Ruby y Maru empezaron a reír nerviosamente. No querían recalcar el hecho de que era un tanto escandaloso que Maru aceptara que sus problemas del corazón estaban ligados a Dia.

—Bueno, entonces Ruby-chan, ¿qué es lo que conecta a tu pesada hermana con tu horrenda exnovia? —al ver la reacción de Maru, Yoshiko decidió tomar las riendas de la situación para ayudar a su amiga a salir del paso sin tantos problemas.

—Cuando Chika-chan está en el club cumpliendo su castigo, ¿Dia la… —le era difícil ponerlo en palabras—, la maltrata?

—Umm… —Yoshiko hacía memoria tratando de recordar los momentos relevantes de Chika en el club.

Más que maltrato físico, salvo la ocasión de los libros que Chika estuvo cargando durante más de una hora, Dia se había encargado de humillarla frente a todas en repetidas ocasiones, pero no sabía bien cómo decir aquello sin que fuera muy horrible.

—No es así zura~ —se apresuró a responder Hanamaru antes de que Yoshiko hablara—. Di… Kurosawa-sensei sólo hace su labor como profesora.

—Maru-chan —interrumpió Yoshiko poniendo una mano en su hombro—. ¿No crees que los castigos han sido un poco exagerados?

—Ella está haciendo su labor, para educar se necesita mano dura —continuó Maru justificando a Dia, a pesar de todo lo mal que se había portado con ella seguía aferrándose a su imagen intachable como maestra.

Recordar a Dia hacía que su pecho doliera, pero escuchar que la acusaban de algo y no hacer nada al respecto, se sentía mucho peor.

—Bueno si —razonar con Maru no serviría de nada, de eso se dieron cuenta—, pero a mi parecer —recalcó Yoshiko—, pienso que si ha sido un tanto exagerada con los castigos que le ha impuesto a Chika-san.

—¿Exagerada cómo? —cuestionó Ruby con preocupación.

—El primer día que Chika-san llegó tarde, Kurosawa-sensei la tuvo cargando unos pesados libros durante todo el resto de la sesión, ese fue el único día que las cosas fueron un poco físicas por así decirlo —Ruby ya se temía que algo así hubiera pasado y ahora se lo estaban confirmando—. Despues de eso fue un poco más psicológico el asunto, sensei preguntaba algo y, siendo honestas Chika-san no es la persona más inteligente del mundo, nunca sabía las respuestas así que terminaba siendo humillada frente al resto.

—Pero es que… —trato de intervenir Maru.

—No la defiendas Maru-chan, sabía que Onee-chan estaba haciendo cosas pero esto es demasiado, no pensé que sería capaz de hacer eso —interrumpió Ruby parando a su amiga.

—Ella te quiere mucho Ruby, siempre lo ha hecho, sabes que eres su adoración —Maru se colocó a su lado tocando su hombro en señal de apoyo.

—Ayer pasó algo entre ellas, pero no estoy segura que —Ruby continuó ignorando un poco a Maru—. Me encontré a Chika por los pasillos y estaba bastante afectada, incluso ví que traía la cara enrojecida, podría ser por algún golpe aunque no puedo asegurarlo. Ella traía mucha prisa y se fue de inmediato, como si alguien la persiguiera. Por la noche Onee-chan llegó también muy alterada a la casa —Ruby prefirió dejar fuera el hecho de que se iría Tokio, ya tendría tiempo para informarle a Maru cuando las cosas se fueran calmando—. Traté de hablar con ella pero naturalmente no me dijo mucho, necesito que me ayuden por favor, necesito saber qué pasó ayer.

Maru y Yoshiko se habían quedado sin palabras. Al fin entendían para qué es que Ruby requería su ayuda y sus respuestas no se hicieron esperar.

—Yo te ayudaré zura~...

—Olvidalo, no… —al escuchar la respuesta de Maru, Yoshiko sintió una molestia que le invadía desde sus entrañas—. Espera, ¿qué? Pensé que querías alejarte de esa mujer, no indagar más sobre ella —se golpeó la frente con desesperación.

—Me estoy alejando zura~, pero Ruby-chan nos necesita —defendió Maru su postura y Yoshiko sintió que esa era la gota que derramó a su vaso.

—¿Saben qué? Pueden quedarse con sus problemas amorosos, en serio que no logro entenderlas, como es que las han lastimado tanto y aun siguen ahí, buscando más dolor —expresó Yoshiko enojada a ambas.

—Yoshiko-chan, espera… —dijo Ruby viendo como la chica se alejaba.

—Déjala ~zura, ya hablaré con ella —la detuvo Maru.

Ruby sabía que por sí sola Maru poco podría investigar sobre Dia, pero sabía que Yoshiko le ayudaría más usando sus encantos de "ángel caído" que habían hecho que se convirtiera en alguien bastante popular entre las chicas de la escuela y confiaba que alguna estuviera gustosa de compartir información con ella.

Cuando Ruby y Hanamaru regresaron al salón de clases justo en el cambio de hora, pudieron ver qué Yoshiko ya se encontraba sentada en su lugar, pero las estaba ignorando por completo y lo siguió haciendo por el resto del día con total descaro incluso platicando con algunas de las muchas chicas que solían seguirla.

Con la tarea pendiente de hablar con Yoshiko para ayudar a Ruby, Maru entró al taller de literatura sin embargo su mente se distrajo en el momento en el que Dia ingresó al aula.

Era terriblemente doloroso ver los ojos gélidos de Dia que no se posaban en ella ni una sola vez ni por error, pero en parte, prefería que así fuera, de lo contrario sería demasiado el dolor para poder continuar fingiendo que nada pasaba ni había pasado entre ellas si cruzaban sus ojos.

Su suplicio debió haberse reflejado en su rostro pues Yoshiko se apiadó de ella y empezó a hablarle para distraer su atención, no soportaba verla así. Cosa que agradeció Maru porque de no ser así, probablemente no se hubiera podido contener y alguna lágrima se le hubiera escapado durante esas largas horas.

Estuvo esperando el momento en que Chika llegara, sin embargo, terminó la sesión y no hubieron señales de su senpai. Sentía curiosidad por preguntar, pero acercarse a Dia estaba fuera de cuestión y su amiga pudo reconocer su disyuntiva o al menos pareció hacerlo.

—Dia sensei, disculpe, ¿Takami-san ya no estará con nosotros? —preguntó Yoshiko con curiosidad y descaro.

La pregunta tomó a Dia con la guardia baja, pues había pasado prácticamente toda la sesión tratando de calmar sus agitados pensamientos, la tormenta en su interior no menguaba y trataba de repetirse cuales habían sido sus "lógicos" argumentos para dejar a Hanamaru y francamente, cada vez le pesaba más mantener su decisión.

Tenía puesta la mira en las vacaciones, confiaba que la distancia haría que las cosas se fueran enfriando y se dejara de torturar viendo el daño que había causado en el corazón de la chica que amaba y la tortura que representaba estar en el club de literatura viéndola cada día.

Tan inmersa estuvo en sus pensamientos, que ni había caído en cuenta de la ausencia de su "dolor de cabeza", Takami Chika, aunque tampoco es que la extrañara, no después de lo sucedido el día anterior.

—Oh… ella, no no, ya no vendrá, su castigo ha terminado —dijo sin ahondar mucho y Yoshiko sólo pronunció un ah y el tema murió allí.

No sabía bien qué decir, realmente no había puesto una fecha para que terminara el castigo, pero dados los acontecimientos recientes, prefería mantenerla lejos para evitar perder el control nuevamente, así que el hecho de que no hubiera llegado, terminó siendo benéfico para ambas. "¿Tendría algo que ver Kanan con ello?" Pensó era bastante probable, pero seguía tan molesta con su amiga, que no tenía deseos de cruzar palabras con ella, prefería dejarlo todo como estaba y terminar de una buena vez su fatídica semana.

—¿Alguna otra pregunta? —se dirigió al resto de la clase.

—No sensei, ninguna —respondió Yoshiko con suficiencia y ninguna otra chica se atrevió a decir nada.

Para Dia, Yoshiko era otra de esas estudiantes con las que tenía un problema de índole personal, pues al ser tan cercana a Hanamaru, no podía evitar que sus sentimientos intervinieran cuando se trataba de interactuar con ella y terminaba siendo menos amable de lo que pretendía.

Existía una repelencia natural entre ellas, en ocasiones no era necesario hablar, con la simple mirada se notaba el poco aguante que la una le tenía a la otra. En el fondo Dia sabía que le había dejado el camino libre y esa idea comenzaba a producirle un gran dolor en el fondo de su pecho.

A diferencia de la semana anterior, que Maru buscaba cada oportunidad para establecer contacto visual con ella, se dió cuenta que durante toda la sesión, ni una sola vez lo hizo y aunque era lo que había buscado diciendo tan duras palabras, no dejaba de ser doloroso, casi como caminar sobre brasas ardientes.

Peor fue cuando se dió cuenta de que de los ojos de la chica empezaron a brotar lágrimas y fue la misma Yoshiko la que la tomó de la mano y la sacó del aula sin pedir permiso, la clase ya había terminado en realidad.

Cada que era testigo de una escena así sentía como el puñal que ella misma se había clavado dentro, iba más hondo y más hondo. Se preguntaba si alguna vez el dolor disminuiría porque en momentos así sentía que poco valía su vida miserable.


—Suéltame Yoshiko-chan —rogaba Maru mientras era arrastrada a la salida del edificio.

—¡Yohane! ¿Cuántas veces tengo que decirte? —replicó exasperada, soltandola finalmente cuando estuvieron en los jardines de la escuela—. No puedes seguir así Zuramaru —explotó la chica ya cansada de verla de ese modo—, quiero ayudarte pero no me dices cómo hacerlo y es… es…. ¡Desesperante! —espetó casi arrancándose los cabellos.

—No hay nada que hacer… —dijo Maru mientras se limpiaba las pocas lágrimas que aún corrían por sus mejillas.

—Haremos un trato —dijo Yoshiko exasperada—. Yo te voy a ayudar con el asunto de Ruby, pero tú me tienes que contar que fue exactamente lo que pasó con esa… esa mujer —dijo esto último con desdén.

—No… en verdad, no quiero hablar sobre ello —respondió casi suplicante negándose a hablar de ello.

—Entonces estás sola con lo de Ruby, no voy a meter las manos por ninguna de las dos —replicó decidida cruzándose de brazos—. Favor con favor se paga.

—Pero… eso es injusto —reclamó Maru pero Yoshiko se mantuvo firme.

—No, no lo es, si quieres mi ayuda, más te vale empezar a hablar —insistió presionándola al ver su reloj—, ahora.

Enfrascadas en su negociación como estaban, no se dieron cuenta cuando Dia pasó caminando hacia la salida, pero ella sí que pudo verlas. No le quedó otro remedio que ignorar el creciente dolor que se acumulaba en su pecho y se repetía su letanía absurda de las razones para hacer lo que hacía.

Después de tomarse unos minutos para deliberarlo, Hanamaru llegó a la conclusión de que necesitaba desahogarse un poco y ya que no podía contarle nada a Ruby, Yoshiko era la mejor opción para hacerlo. Tal vez eso le ayudará a superarlo.

—Esta bien… pero, no podemos hacerlo en mi casa, mis padres no pueden saber zura~ —se rindió al fin.

—Entonces vamos a la mía —ofreció la chica con una sonrisa radiante al saber que había ganado el primer round de una larga noche que tenían por delante.

Tuvieron que ir al templo para pedir permiso a los padres de Hanamaru para que la chica pasara la noche en casa de su amiga, argumentando que tenían trabajos que entregar antes de las vacaciones como coartada.

—Mi madre está haciendo inventario en la tienda, probablemente regrese muy tarde —explicó la chica cuando entraron a su casa—. Así que no tendremos problemas de interrupciones.

Era un pequeño pero acogedor departamento el cual siempre que lo visitaba, le daba la impresión a Maru de que se encontraba en una de esas tiendas exóticas que poseían objetos extraños con fines desconocidos, algo bastante diferente a lo que tenía en casa pero que no dejaba de llamar su atención por lo extravagante.

Como ya era bastante tarde y la madre de Maru les había empacado un par de obentos para cenar, no tuvieron inconvenientes en comer antes de entrar de lleno a la plática. Conforme el alimento se iba terminando, la pesadez empezó a llegar a Maru que ya se notaba intranquila. Entendía porqué su amiga quería saber sobre lo que había ocurrido, sin embargo no dejaba de ser difícil tener que traer todo de nuevo a su mente y contar las cosas, sobre todo los detalles.

Yoshiko levantó los platos sucios y se encargó de hacer la limpieza, dejando que Maru se refugiara en su habitación, entendía que era un momento difícil el que debía estar viviendo su amiga pero era la única manera que conocía de ayudar, aunque fuera un tanto forzado.

Cuando entró en la habitación se encontró con que las ventanas habían sido abiertas, y su amiga se encontraba recargada en el balcón.

—¡Zuramaru! Sabes que odio tener las ventanas abiertas, es tan… luminoso —expresó con desagrado acercándose al balcón.

—Estaba todo tan oscuro, que no me pude contener zura~ —dijo la chica antes de darse la vuelta.

Yoshiko pudo ver cómo limpiaba sus mejillas con rapidez, probablemente secando algunas lágrimas, y no pudo evitar ir y ella misma retirarlas de su rostro con cuidado.

—Ven Zuramaru —la tomó de la mano y la llevó al interior de la habitación, ofreciendo uno de sus pañuelos para que terminara de limpiarse. Probablemente necesitaría más de uno así que se aseguro de tener algunos repuestos cerca—. Déjame poner todo para estar en ambiente, ¿si?

La petición de la chica le dió algo de risa y dejó que hiciera lo que tuviera que hacer, no es que eso fuera a cambiar en algo lo que iba a decir y ganaba tiempo para calmarse.

Yoshiko abrió su closet y sacó algunas cosas extrañas de él. Cerró las cortinas y encendió la luz de la habitación, pero no era una luz blanca normal, era un tipo de luz cálida que daban la impresión de ser iluminada la habitación por velas. Después sacó una especie de tapete el cual tenía inscripciones rúnicas y lo acomodó en el suelo. Puso a su alrededor cojines y para la sorpresa de Maru, también encendió algunas veladoras creando el "ambiente" que deseaba.

—Yoshiko-chan no vine aquí a hacer algún hechizo —dijo Maru entre risas ante el teatro montado.

—Tengo en mente un par de personas que merecen una de mis maldiciones, pero Yohane no va a perder el tiempo con ellas... por ahora —aclaró guiñandole un ojo—. Ven Zuramaru, aquí estaremos más cómodas.

—¿Segura que no me lanzaras ningún hechizo? —repitió sólo por si las dudas pero su risa delataba que no se tomaba en serio su pantomima demoníaca.

—¡Que no! —dijo exasperada—. Sólo quería hacer un ambiente cómodo para ti —esto último lo dijo algo avergonzada.

Maru se fue a sentar a donde su amiga le indicó colocando uno de los cojines en su regazo, el momento había llegado.

—Bien, ahora que esto está más decente, puedes hablar —expresó satisfecha del trabajo que había hecho.

—Esta bien zura~ — Maru tomó el cojín y lo lanzó fuerte a la cara de su amiga que recibió el golpe cayendo de espaldas.

—¡¿Eso por qué fue?! —se quejó aun de espaldas en el suelo haciendo un poco de berrinche.

—Eso es por el "regalito" que metiste en mi maleta —expresó Maru entre divertida y enfadada—, no había tenido tiempo de reclamarte.

—Oh… si es por eso... —Yoshiko se sentó nuevamente, con todo lo que había pasado, hasta se había olvidado de la pequeña broma que le había jugado a su amiga—. Yo había olvidado eso, pero, supongo que te metió en un problema.

—Un problema, no no, fue más como una situación incómoda… —sus mejillas se tiñeron de rojo al recordar cómo había usado todo aquello.

Maru le contó todo lo que había pasado desde el día que llegaron, él que tuvieron que dormir en la misma cama desde el primer día, que el hallazgo de su pequeña broma lo terminó haciendo Dia, y que gracias a eso pudieron romper el hielo. Le fue relatando con detalle cada cosa que había sucedido, y conforme avanzaba su relato, se fue dando cuenta cómo todo sonaba como un cuento, una historia irreal, pero no lo era, era su historia y la de Dia también.

—Cuando iba de camino al hotel, me dí cuenta que había sobreactuado y que no le dí tiempo de decir nada, estaba algo arrepentida de haberme ido así, quería regresar, y fue entonces cuando ella me encontró y me abrazó —dijo con la voz entrecortada—, se disculpó conmigo y no me soltó hasta regresamos al hotel —suspiró—. Y después… nosotras… dormimos —mintió.

—¿Que ustedes qué? —entrecerró los ojos no creyendo eso último—. ¡No te creo nada! —expresó exaltada agitando un cojín en contra de Maru—. ¡No mientas, puedo ver que algo más pasó!

Maru se sonrojó desde las orejas hasta los pies, o eso le pareció, sentía que el calor le quemaba la cara, no podía ni sostener la mirada inquisitoria de su amiga y terminó jalando uno de los cojines y, haciendo un ovillo, se cubrió la cara bajo él. Maru dijo algo pero fue inteligible para Yoshiko quien empezaba a perder la paciencia con su amiga.

—No entiendo nada si lo dices así Zuramaru —dijo enojada tratando de quitar el cojín de la cara de su amiga y después de batallar logró agarrarlo para quitárselo.

—Dije que… —Maru terminó perdiendo el cojín y dejó que su amiga se quedara con él para encararla de frente—, dije que nosotras… lo hicimos —estaba tan avergonzada que podrían prender fuego en su cara en ese momento con el calor que estaba sintiendo.

—¿Tú y … espera… ustedes? ¡Oh por Dios! —al darse cuenta que sólo ponía más nerviosa a Maru con todo su griterío, bajó la voz y trató de controlarse—. ¿Ustedes lo hicieron? —le preguntó casi en un susurro.

—Nosotras… si bueno… un poco —escondió su rostro entre sus manos—. ¿No era esa la intención de tu "broma"? —se fue sobre Yoshiko levantando los puños en reclamo.

—Bueno si… pero no pensé que ustedes realmente… ¡Vaya! —exclamó cubriéndose del ataque—. No pensé que la santurrona de tu sensei fuera a hacerlo realmente.

—¡No le digas así! —la defendió Maru dando un último golpe en la coronilla de Yoshiko.

—¡Auch! —se sobó el golpe mientras Maru hacía un puchero—. Me sorprendes Maru-chan —le dio palmaditas en la cabeza condescendiente—. Bueno, supongo que fue un mero impulso nada más.

—Un poco más que eso diría yo —completó Hanamaru.

—¡¿Pasó más de una vez?! —no lo podía creer, simplemente parecía que le habían cambiado a su amiga por otra.

—Si… algunas veces más —dijo Maru en un hilo de voz.

—¡Zuramaru! ¡Por todos los demonios del inframundo! No me digas que… ¿Usaron lo que les envié? —grito de nuevo escandalizada.

—¡Zura! —Maru no quiso responder más, se puso de pie y trató de encerrarse en el baño, pero Yoshiko fue más rápida y la detuvo.

—Perdón, perdón Maru-chan, no quería exaltarme, es sólo que… ¡Rayos! Tienes que entender que es un poco shockeante tu relato —se disculpó, jalandola para que se sentara de nuevo con ella pero Maru se resistió—. No entremos en detalles sobre su intimidad, ¿te parece bien? —dijo haciendo como si un escalofrío la hubiera recorrido, en verdad no quería saber eso.

—Si zura~, mejor así —estuvo de acuerdo Maru y se dejó guiar para volver al lugar donde estaban previamente.

—Pero si ustedes se hicieron tan… "íntimas" —pronunció con cuidado de no ofender a su amiga—, entonces, ¿cómo es qué acabaron las cosas tan mal?

—Sigo sin entender bien qué es lo que pasa en la mente de Dia, nosotras estábamos bien zura~, todo era tan… perfecto —dijo aún recordando los mágicos momentos que pasaron juntas con un dejo de triste melancolía.

Traer a su memoria la tarde que pasaron en cada uno de los lugares que visitaron y conocieron en su estancia en Tokio había sido el marco perfecto para una experiencia de ensueño. Dia se había comportado como el príncipe, bueno princesa, que en sueños tanto deseaba… sin embargo, en algún punto su príncipe se convirtió en un terrible y despiadado tirano que había destrozado su corazón.

—Todo era increíble ~zura, solo... algo cambio de un momento a otro. Cuando volvimos a casa, ella empezó a ponerse rara, al principio no lo noté —sus ojos se nublaron—. Pensé que era porque estaría triste después de los días tan hermosos que vivimos, pero ahora que revivo mis recuerdos, creo que ella… ella siempre tuvo dudas —se mordió los labios—, y sólo terminó de confirmarlas cuando estuvimos de regreso.

Yoshiko ofreció un pañuelo limpio pues por el lenguaje corporal de su amiga, venía lo más duro para ella.

—El día que regresé a casa, no podía dormir, estaba tan emocionada, sentía que éramos nosotras dos luchando contra el mundo por defender nuestro amor, porque ¿sabes? Ella me dijo que me amaba, me dijo que era su princesa, me lo dijo tantas veces y con tanta seguridad que yo le creí —su voz empezó a quebrarse nuevamente y de sus ojos, las lágrimas comenzaron a emanar, Yoshiko trato de disimular su rabia—. Y entonces… entonces ya era pasada la medianoche cuando recibí su llamada. Su voz sonaba distante, fría, no se parecía en nada a la forma en que cariñosamente me había estado llamando antes —las lágrimas escaparon de sus ojos pero se obligó a continuar—. Recuerdo que ella dijo que no podíamos seguir, que había sido muy lindo pero que no tenía nada que ofrecerme, que yo merecía mucho más de lo que ella podía darme y que lo sentía mucho… —las palabras comenzaban a complicarse debido al flujo de las lágrimas que ya no podía controlar—, que lo sentía mucho pero que no podría continuar con nuestra relación —concluyó la chica sollozando—. Terminó conmigo esa noche.

Yoshiko la dejó hablar sin interrumpirla, escuchando su relato atentamente antes de tomarla de las manos y jalarla hacia ella para abrazarla con fuerza. Maru dejó que sus emociones empezaran a salir, en parte se sentía liberada de haber estado cargando esto durante tantos días sin poder externarlo, ponerlo en palabras era el primer paso para comenzar a superarlo pero también sentía algo de vergüenza de la opinión que su relato podría haber generado en su amiga.

Dejó que Maru descargara todo lo que necesitaba sacar, espero paciente acariciando su espalda y su cabello castaño sin decir palabra alguna. Fue hasta que la chica se calmó que atinó a hablar de nuevo.

—¿Y después de eso que pasó entre ustedes? Noté que habías estado rara en los días siguientes pero no creo que sea el final de la historia —dijo atinadamente y Maru se revolvió en el pecho de Yoshiko.

—No lo fue —Maru se limpió la cara con el pañuelo que su amiga le había ofrecido incorporándose un poco—. Yo la estuve buscando para que habláramos. Odio cuando alguien toma decisiones por mí sin tomar en cuenta mi opinión y se lo hice saber —frunció el ceño al recordar los eventos posteriores—. Ahí fue cuando Ruby-chan se dió cuenta que algo raro pasaba entre nosotras, o supongo así fue —levantó los hombros—. Después de eso Ruby-chan escuchó que a Dia-sensei le ofrecieron un trabajo en Tokio y me pidió hablar con ella para evitar que se fuera. Al principio me negué a hacerlo porque sabía que no me escucharía, pero no podía dejar que se fuera sin decir nada. ¡Nos es justo! —las lágrimas amenazaban con salir nuevamente y Yoshiko tomó su mano para darle fuerza recargándose en su hombro—. Cuando hablamos nuevamente, ella dijo… ella dijo que…

El dolor en su corazón había regresado, sentía nuevamente cómo había quedado fragmentado en pedazos después de aquella plática y como aún cada trozo quemaba al rojo vivo como una brasa ardiendo en su pecho.

—Dijo que no me amaba, que sólo tuvo una confusión y que sus sentimientos estaban con aquella otra mujer, Kazuno Sarah —sollozó hipando con sus propios lágrimas—. Yo le pedí, le suplique que recapacitara, pero ella solo… solo me dijo que no fuera patética...

—¡Maldita! ¡Canalla! —exclamó Yoshiko enojada—. ¡Que vulgar se ha visto esa mujer! —tembló de ira—. Sabía que era una mala persona, pero jamás me imaginé que se atrevería a hacerte pasar por eso… ¡Kurosawa Dia es de lo peor! —Yoshiko estaba tan molesta que no pudo censurarse—. ¡Le voy a hacer una maldición que le dure toda la vida y que incluso la persiga en el mismísimo infierno de donde jamás deberá salir!

Se levantó a toda prisa y fue nuevamente a su closet rebuscando en su interior con vehemencia, Maru estaba mirándola sin entender qué estaba haciendo del todo.

—¡Esa mujer que se ha creído! Esto no se va a quedar así, no se puede quedar así —la vió que estaba sacando algo que no supo identificar inicialmente pero en cuanto supo que era se levantó para detenerla.

—¡Yoshiko-chan, ven por favor! —Maru se apresuró a jalarla—. ¡No hagas una tontería!

Su amiga estaba sacando esos libros viejos, gordos y polvosos de brujería, que ya en alguna ocasión Maru le había reñido por haber comprado, pues en su opinión eran bastante peligrosos por la temática demoníaca de la que trataban y la reputación que los precedía.

—¡No soy Yoshiko! ¡Soy Yohane! Y en esta ocasión no me vas a detener, ella se lo ha ganado Zuramaru, no me voy a quedar de brazos cruzados viendo cómo sufres por su culpa —alejó a Maru y acomodó el pesado libro en medio de su habitación, justo en el centro del tapete en el que estaban sentadas. Había empezado a levantar los cojines cuando sintió los brazos de su amiga rodearla por la espalda obligándola a detenerse de súbito.

—No necesito que le des una lección Yoshiko-chan, ella ha tomado su decisión y nada puedo hacer para cambiarla, necesito que me apoyes,no hagas nada y solo abrázame... por favor —Maru se pegó a su espalda y la agarró con todas sus fuerzas casi sacándole el aire en el proceso.

Las palabras de su amiga no hicieron más que desarmarla y terminó dejando de lado su pequeña "venganza". Ahora no era el momento aunque ya tendría tiempo para hacerlo después, está no se la iba a perdonar tan fácilmente. Nadie tocaba a su amiga Maru de esa manera tan dañina y saldría viva para contarlo.

Se dió la vuelta y fue ella la que la sostuvo, la necesitaba en ese momento y había decidido estar para ella todo el tiempo que lo requiriera para salir de esto.


El ambiente en la casa de Kanan aún no regresaba a la normalidad. Mari seguía evitando hablar de la visita de su padre y Kanan tampoco es que hiciera mucha presión, prefería que fuera la rubia la que acudiera a ella cuando se sintiera lista para hablar del tema.

Así habían pasado los días y no fue sino hasta la mañana del miércoles que le informaron que Riko ya se encontraba en Uchiura. Al parecer se habían tardado un poco más en hacer el traslado al hospital local pero, según los médicos, esperaban que pronto pudiera estar en casa. Por lo mismo creyó conveniente ir a visitarla al día siguiente aprovechando que iría a ver a su padre.

—¿En qué piensas? —preguntó Mari sacándola de sus pensamientos, ambas estaban en el comedor, Mari haciendo algunas tareas y Kanan simplemente leyendo.

—En que tengo que ir al hospital —respondió con una sonrisa despreocupada.

—Why? Are you sick? —cuestionó Mari tocando su frente para poder sentir si Kanan estaba presentando fiebre.

—No Mari, no estoy enferma, iré a ver a… —recordó que no le había contado sobre su padre y aún no decidía si quería hacerlo en realidad—, a Riko. Llegó ayer, según me informaron, pero sigue en el hospital. Sus padres dicen que es probable que regrese a la escuela pronto.

—Entonces, ¿ella está bien? ¿No necesitará cirugía o algo? —preguntó Mari interesada ni tanto por Riko sino por You.

—Eso no me lo dijeron pero mañana que vaya le preguntaré. ¿Sabes si You-chan la ira a visitar? Esta vez quiero estar preparada para las preguntas que seguramente me hará —explicó Kanan, aún no sabía bien qué haría You con respecto de ese tema.

—You-chan está algo perdida, pero espero lograr hacerla recapacitar pronto y que se de cuenta del error que está cometiendo —concluyó Mari con el ceño fruncido.

Un gruñido proveniente de su estómago las interrumpió y Kanan la vio con confusión para reírse poco después.

—I'm hungry~ —dijo entre risas Mari—, ¿Qué vamos a cenar?

—Pues… vamos a ver —Kanan se puso de pie y empezó a buscar entre los ingredientes que tenía en el refrigerador en la cocina.

Kanan casi siempre preparaba sus alimentos ya que prefería llevar una dieta saludable debido a las demandas que su cuerpo exigía por el ejercicio que realizaba. Le gustaba cerciorarse de que lo que comía fuera realmente lo que necesitaba, costumbre que había adquirido desde su tiempo como participante en las piscinas y las competencias.

—Salmón —dijo con emoción cuando encontró unos filetes que venía esperando comer desde hace tiempo—. ¿Te gusta el salmón?

—Yes! —respondió Mari poniéndose de pie—. ¿En qué te ayudo?

—Yo… será mejor que yo lo haga sola —Kanan no estaba segura de las habilidades culinarias de Mari pero prefería no arriesgarse.

—Déjame ayudarte —pidió Mari acercándose hasta donde estaba Kanan.

—Emm… no es que, bueno… —Kanan buscaba una manera de decirlo sin herir sus sentimientos pero simplemente no le salían las palabras.

Agradeció al cielo cuando fue práctica y literalmente salvada por la campana. El sonido del timbre de la puerta de entrada las interrumpió y al tener las manos ocupadas, Mari se tuvo que hacer cargo de ir a atender.

—Fijate quien es antes de abrir —gritó Kanan.

—Si si… —dijo Mari refunfuñando—, no soy una niña chiquita.

Al asomarse por la mirilla de la puerta se dio cuenta que era You la que estaba parada delante y como últimamente, no parecía tener un buen semblante.

—¡Es You-chan! —le informó a Kanan y abrió la puerta para recibirla.

—¡Buenas tardes Mari-chan! —saludo haciendo su característico gesto con la mano en su cabeza—. Perdon por molestar a esta hora.

—No te preocupes por eso, por el contrario me agrada verte por aquí —Mari la hizo pasar a la sala jalandola del brazo—. Te quedarás a cenar, ¿verdad?

—En otra ocasión Mari-chan —sonrió gentilmente—, tengo el tiempo bastante justo.

—¿Qué es lo que sucede You-chan? —preguntó Kanan desde la cocina y You se acercó hasta allá.

—Lo que sucede es que vengo a entregar mi justificante, quería que Mari se hiciera cargo de entregarlo mañana en la escuela por mí —explicó ante la mirada atónita de Mari y de Kanan.

—¿Justificante? ¿De qué? —enseguida la saltó Mari con preguntas.

—Mi padre ha vuelto por fin a casa por unos días y me ha invitado a un viaje que realizará durante mis vacaciones, hace mucho que lo estamos planeando y por fin se dieron las cosas para que sucediera —le entregó el documento a Mari—. Ahí viene la solicitud especial firmada por papá, quería que me hicieras el favor de entregarla mañana.

—Of course but… ¿Qué pasará con el equipo? —preguntó Mari preocupada, no le gustaba la idea de You yéndose fuera de Uchiura.

—No me iré tanto tiempo, de hecho también vine para hablar con usted, Kanan-sensei —se giró para ver a su entrenadora.

—Espera You-chan —dijo Kanan desde el otro lado de la cocina yendo a lavarse las manos antes de acercarse—, ahora sí, te escucho.

—Solo serán unas cuantas semanas sensei y prometo regresar lista para dar el 1000%, es sólo que ahora mismo necesito un tiempo para mí y es la oportunidad perfecta, además, entrenaré todos los días nadando en mar abierto, verá que regresó aún en mejor forma que la que estoy ahora —terminó de explicar emocionada.

Kanan y Mari se miraron por unos segundos, en la mente de las dos estaba la idea de negarle el permiso pero ciertamente Kanan sabía del deseo de You de compartir un viaje en barco con su padre desde hace mucho tiempo, en parte le alegraba que al fin se diera pero en parte no le gustaba por las circunstancias en que se estaba dando.

—Ciertamente me pones en un aprieto —suspiró dejando de ver a Mari y viendo a You ahora—. Tenemos mucho en juego y si fueras otra persona, no te dejaría ir, pero, sabiendo lo que sé y por como están las cosas, también entiendo que necesites un tiempo, el mar siempre ayuda a calmarme y probablemente si estuviera en tu lugar haría lo mismo.

Kanan se puso a un costado de You dándole pequeñas palmadas en la cabeza y de pronto recordó algo.

—Espera un momento, hace algunos años estuve en una concentración de natación en mar adentro, tengo un programa bastante bueno que te ayudará a mantenerte en forma ahora que vas a altamar —salió de la habitación dejando a Mari y a You a solas.

—Ella ya está en Uchiura. ¿Al menos irás a verla antes de irte? —no hacía falta decir su nombre, ambas sabían a quién se refería.

—Es mejor así —respondió You bajando la cabeza entre enojada y triste.

—Es que simplemente no puedo creer que te hayas rendido —zarandeo el aire con frustración—. ¿Cómo es posible que unas cuantas palabras de esa… Chika —pronunció el nombre con desdén—, fueran suficientes para que tiraras tus esperanzas a la basura?

—Es por que ella tiene razón Mari, ya hablamos de esto —hablo enojada—. Mi amor no hace más que lastimar a Riko y prefiero alejarme ahora que seguir a su lado haciéndole daño —explicó por enésima ocasión—. Puede que no me entiendas pero quiero que respetes mi decisión —Mari refunfuño—. Cuando termine el verano, regresaré y las cosas serán diferentes, yo seré diferente, ya lo verás.

—En verdad no te entiendo pero no diré más por ahora y espero, You-chan, que lo que quieres lo logres —Mari se acercó a ella para estrecharla en un fuerte abrazo dejando de lado su enojo—. Cuídate mucho mi pequeño cachorro marinero y entrena muy fuerte porque no podremos ganar las nacionales sin ti —dijo en tono bromista alborotándole el cabello.

Kanan regreso y le entregó algunos papeles a You, en uno de ellos venía un programa de ejercicios que podría hacer en cubierta, en otro venía un programa de nado, bastante exigente pero que Kanan estaba segura que podría completar sin problemas y en el último venía una guía nutricional en la que Kanan hizo mucho hincapié en que You siguiera, no quería que descuidara ningún detalle.

—Cuidate mucho, entrena mucho y sobretodo, disfruta tus vacaciones —concluyó Kanan jalando a la chica para darle un abrazo de despedida—. Cuando vuelvas, te enfrentarás al entrenamiento más fuerte que hayas tenido en tu vida, así que más te vale venir preparada para ello.

—¡Yousoro! —se despidió con su acostumbrado saludo militar cuando Mari y Kanan la despidieron desde el umbral de la puerta.

Mari se sentía triste de ver la nueva postura que había tomado su amiga, pero estaba segura que con un poco de tiempo podría valorar las cosas y seguir luchando por la mujer que amaba o ella la obligaría de ser necesario.


Riko jamás pensó que los días en los hospitales pudieran ser tan aburridos, particularmente en aquellos en el que son tan prohibitivos que incluso restringen el uso de los celulares o cualquier otro medio de entretenimiento o comunicación. Prácticamente había estado incomunicada sin saber nada de nadie y era desesperante porque deseaba saber cómo estaba You.

Después de varios días en los que la sometieron a diversas pruebas y valoraciones por distintos médicos, por fin el día martes fue enviada a Uchiura en donde su médico de cabecera les informó sobre su diagnóstico final.

Para su alivio, el médico había dicho que todo se había reducido a una luxación que tuviera en su hombro y que había derivado en una lesión menor sobre algo que ellos llamaban "manguito rotador". El hombre explicó que no era una lesión seria, que más bien fue producida por forzar demasiado una articulación debilitada y que tendrían que hacer un procedimiento menor sobre él. Procedimiento que aún siendo menor era bastante doloroso, además tendría que llevar algunas semanas de recuperación con rehabilitación. El doctor les aseguró que difícilmente tendría secuelas si se cumplía al pie de la letra el esquema de rehabilitación.

Con tan buenas noticias, poco le importó que le hicieran el doloroso procedimiento menor, que básicamente consistió en inyectar un potente medicamento desinflamatorio directo sobre su articulación dañada. Sí, había dolido mucho pero con su mente puesta en que después de eso podría ver a su querida You, no le importó nada más.

Luego de la pequeña intervención solo restó vigilar su evolución y si el dolor pasaba, la podrían dar de alta y regresaría a hacer su vida casi de manera normal. Cosa que sucedió poco después.

Riko no podía esperar a contarle a You lo que había pasado, todo estaba bien y ella probablemente sí tenía una buena recuperación, podría volver a nadar con el equipo para la competencia nacional junto a ella.

El único problema fue que, a pesar de que sus padres le aseguraron que habían informado a su sensei y que ella se encargaría de avisar a sus estudiantes, entre ellas, You-chan, no recibió noticia en absoluto de ella. Eso la inquietó.

Todo se le hacía tan extraño. Antes del accidente, las cosas iban tan bien entre ellas y de repente, no había tenido noticias ni una sola vez, ni siquiera le había contestado el teléfono cuando intentó contactarse con ella desde el celular de su mamá, aunque lo atribuyó a que probablemente era muy tarde cuando lo hizo, la noche del martes.

La mañana del miércoles le informaron que el médico había firmado su alta, por lo que podría regresar por fin a su casa, cosa que la tuvo de buen humor.

Antes de salir, sin embargo, tuvo que pasar por su primera sesión de rehabilitación. Fue la hora más extenuante de su vida. Ninguno de los entrenamientos de su sensei habían sido tan dolorosos como eso. Los movimientos aún le generaban mucho dolor, pero el médico le aseguró que si los realizaba al pie de la letra, muy pronto estaría recuperada, como si no hubiera tenido ningún problema.

Pudo ir a casa después del almuerzo, que fue cuando sus padres llegaron por ella. Estaba ansiosa por conectar su celular que ya llevaba varios días apagado y además estaba en resguardo de su madre, y así poder llamar por fin de su celular a You y pedirle, no, exigirle una explicación de su ausencia.

Tan pronto como su celular encendió esperaba que le llegarán montones de mensajes de You, pero se decepcionó al encontrar sólo eran muchos mensajes de Chika. No era que no quisiera saber de su amiga, es solo que esperaba que fueran de la chica que amaba.

Un toque a la puerta la distrajo de su decepcionante actividad en su habitación.

—Riko-chan, tienes visitas —era su madre la que había tocado la puerta.

—Un momento mamá —se incorporó de inmediato y se dió un vistazo rápido al espejo, tal vez You-chan no le había escrito pero la había ido a ver tan pronto como supo que había salido del hospital, eso debía ser, se dijo emocionada.

Solo que no fue así. Sintió el alma caer al suelo cuando en lugar de ver el cabello grisáceo de su amada, encontró a su amiga Chika esperándola ansiosa con un puñado de mandarinas en un cesto como presente por su recuperación.

—Eh… Chika-chan, hola —dijo tratando de disimular su decepción.

—¡Riko-chan! —Chika estaba tan contenta de verla que prácticamente saltó sobre ella para luego recordar la lesión en su brazo—. Lo siento lo siento —se disculpó al ver la expresión de dolor en la cara de Riko—, es que estoy tan feliz de verte.

—Yo también —no era una mentira, pero tampoco es que fuera la persona que necesitaba en ese momento, pero agradecía a su amiga por la visita.

—Tu mamá me contó lo que dijeron los médicos, son excelentes noticias, podrás volver al piano dentro de poco —dijo Chika emocionada pero su emoción no contagiaba del todo a Riko.

—Lo se, lo sé, no puedo esperar a contarle a You-chan que podré asistir a las nacionales con el equipo, estoy tan feliz —Riko no lo notó, pero la sola mención de You hizo que Chika se estremeciera en su interior, no le gusto que Riko dijera su nombre.

—Oh… si bueno, mañana podrás verla en la escuela —respondió Chika un tanto apática.

—¿Sabes algo de ella? ¿Te ha preguntado por mi? —oír que You estaría en clases mañana si la emocionó y de inmediato quiso saber más.

Chika trataba de disimular la molestia que la mención de su ex amiga generaba en su interior pero sentía que estaba perdiendo la batalla si dejaba que las cosas siguieran así.

—No no Riko-chan, no he hablado con ella, ya sabes cómo están las cosas entre nosotras —trató de sonar lo más normal que pudo—. Pero no te preocupes su amiga Mari se ha encargado de cuidarla muy bien estos días —soltó el comentario malintencionado—. ¿Irás a la escuela mañana?

—¡Claro! —expresó Riko emocionada ignorando las palabras de Chika—. Mañana veré a You-chan y por fin arreglaremos las cosas entre nosotras —poco le importaba lo de Mari en realidad—. ¿Sabes Chika-chan? Todo este tiempo que pasé a solas en el hospital, me ha servido para reflexionar y darme cuenta que no puedo vivir desperdiciando el tiempo, un segundo basta para arrebatarnos aquella persona amada y no vale la pena desperdiciar la vida por cosas como las que nos pasaron a nosotras.

—¡Pero ella te engañó! —refutó Chika exaltada pasándose la mano por la cara con frustración—. No puedes perdonarla así como así.

—Me tomé mi tiempo para pensar las cosas, así como me dijiste, y estoy convencida que nuestro amor es más fuerte que eso que pasó —dijo para disgusto de Chika—. Estoy dispuesta a escuchar la versión de You-chan para poder al fin perdonarla —la felicidad de Riko no le permitía darse cuenta de lo que le sucedía a Chika con todo aquello.

—Me alegro por ti Riko-chan —Chika hizo un esfuerzo monumental para callar a su demonios y no pelear en ese momento, ya buscaría el cómo arreglar las cosas a su favor.

—¿Cómo van las cosas con Kurosawa-sensei? —preguntó Riko al recordar los problemas que Chika había estado teniendo con la maestra de literatura.

—Umm… bien supongo, se ha calmado un poco —lo cual era una verdad a medias y no pensaba contarle sobre su último desencuentro.

Después de lo que pasó, Kanan le pidió como favor personal que no hiciera las cosas más grandes con Dia, le explicó que estaba atravesando un momento difícil y le aseguro que haría lo posible por detener el acoso de la profesora hacia ella, por lo que decidió dejar de asistir a sus castigos en el club de literatura.

—Tengo que irme Riko-chan, Shima-neechan me ha pedido cocinar la cena y ya estoy algo atrasada —cambio el tema—. ¿Te parece si vamos juntas mañana a la escuela?

—Por supuesto Chika-chan —le respondió casi de inmediato, de nuevo la perspectiva de asistir a clases y ver a You la puso feliz.

Chika estaba algo envalentonada probablemente por la rabia que hervía en su interior que terminó colocando un beso en la mejilla de Riko antes de despedirse en lugar del simple abrazo que su amiga quería darle, eso solo dejó a Riko algo confundida pero no mencionó nada. Lo justificó diciendo que es únicamente porque le alegraba verla de nuevo.

Si quería llegar a algo con Riko, Chika tenía que darse prisa o alguien más tomaría el lugar que poco a poco se había ido ganando a su lado y no iba a dejar que fuera You quien la desplazará de nuevo.


A la mañana siguiente Riko se levantó temprano, podía sentir como su corazón hacia cosas extrañas ante la expectativa de volver a ver a You-chan. Tenía tantas ganas de escuchar su voz, ver su sonrisa, hablar con ella y decirle todas las cosas que había estado pensando en ese tiempo que prácticamente corrió todo el camino a la escuela.

Al estar las vacaciones tan cerca, las prácticas matutinas del equipo de natación se habían pospuesto, por lo que no se le hizo extraño no encontrar a You a la hora acostumbrada. Sus alarmas comenzaron a sonar cuando, ya estando en el salón de clases, su primera profesora se hizo presente, tenían clases de matemáticas y no había rastro de You-chan por ningún lado. Eso la inquietó de mala manera.

Chika trataba de platicar con ella para distraerla y algunas otras chicas se habían acercado para preguntarle sobre su estado de salud y su lesión, pero simplemente no lograba distraer su mente de lo que estaba pasando. "¿Porqué You-chan no llegaba?" Incluso vio llegar a Mari pero no hubo rastro alguno de su You.

La maestra dio inicio a la clase y al empezar a pasar lista de asistencia, realmente pensó que You solo se había retrasado, era su última esperanza a porque no aparecía, solo que se llevó una sorpresa.

—Watanabe You —dijo la profesora en voz alta.

—Ella no va a venir —se escuchó la voz de Mari desde el fondo del salón. Acto seguido se puso de pie y caminó hasta donde estaba la profesora para entregarle un papel que Riko no pudo distinguir de qué se trataba.

La profesora lo leyó rápidamente, hizo algunas anotaciones en su lista y agradeció a Mari por entregarlo.

La curiosidad picaba a Riko por saber qué había sido aquello y que había pasado con You, particularmente porque esa escena se estuvo repitiendo en todas las clases del día.

Por mucho que hubiera decidido perdonar a You, O'hara Mari estaba fuera de cuestión aún cuando ya no le preocupaba tanto como antes, aún no se sentía preparada para hablar con ella y ni su ansiedad por saber sobre You pudo contra su orgullo.

En su lugar preguntó a Chika si sabía algo sobre You, pero ésta también parecía sorprendida por su ausencia. Le explicó que el día anterior había asistido a clases y no había notado nada extraño.

De camino de regreso a casa, a la salida de las clases, Riko pensó en pedirle a su madre que la llevara a casa de You, necesitaba hablar con ella con urgencia y las llamadas no servían de nada pues el teléfono de You parecía estar apagado. Debía averiguar de una vez que estaba sucediendo.

—¡Ya llegué! —anunció Riko en cuanto entró por la puerta de su casa.

El delicioso olor de la comida de su madre le dió la bienvenida y ella sintió un poco de hambre, tanta angustia la tenía ansiosa.

—Buenas tardes cariño —la recibió su mamá—, que bueno que llegas, trajeron algo para ti.

—Oh, ¿para mí? ¿Quién mamá? —preguntó mientras se cambiaba los zapatos.

—You-chan —dijo su mamá con simpleza y fue como una bocanada de aire a su fuego moribundo.

—¡¿Qué?! ¿Ella vino aquí? ¿Hace cuánto tiempo? —inquirió la chica con urgencia, si acababa de irse quizás pudiera verla en la parada del autobús, aunque ella venía de allí tal vez no la había visto.

—Umm, fue hace un par de horas —eso mató sus esperanzas—. Dejó algo para ti y se fue, no dijo mucho la verdad —aseguró su mamá.

—¿Y dónde está lo que trajo? —preguntó ansiosa.

—Lo dejé en tu habitación cariño…

Ni bien terminó de escuchar lo que dijo su madre y Riko subió a toda prisa a su habitación. Casi se tropieza en las escaleras pero nada la iba a hacer detenerse.

Sobre su escritorio encontró lo que parecía ser un cuaderno, lo reconoció de inmediato pues era del mismo tipo de los que You-chan utilizaba para hacer sus dibujos y diseños.

Lo tomó entre sus manos tratando de controlar el temblor que la expectativa producía. En el momento en el que lo abrió para ver su contenido, sintió como su corazón se estrujó tan fuerte que un par de lágrimas asomaron por sus ojos.

Era el cuaderno de dibujos del que You le había hablado hace tiempo. Era cierto todo lo que le había dicho. Esos eran los dibujos donde Riko era la protagonista de cada una de las imaginaciones de You. Eran muy bellos, tanto que la hacían ver a ella como una modelo hermosa posando con diferentes atuendos, incluso había algunos que se podrían considerar algo subidos de tono pero que no perdían la calidad de un trabajo impecable de arte.

Recordó los trajes que había en aquella habitación en el hotel O'hara esa noche fatídica y se dió cuenta de que eran réplicas exactas de lo que estaba viendo en ese momento. You había mencionado algo acerca de que Mari los había hecho como una broma para ella o algo por el estilo.

También se dió cuenta de que debajo de cada dibujo habían pequeñas notas que hicieron que irremediablemente las lágrimas empezaran a salir de sus ojos sin control.

"¿Puede existir en este mundo alguien más hermosa que ella?".

"Nunca pensé que de amor se pudiera vivir, pero ella es mi razón de vivir cada día en este mundo".

Siguió hojeando el cuaderno hasta llegar al final, en donde casi termino soltandolo al ver el último dibujo que You había realizado.

Era una réplica exacta de la visita que habían hecho al museo de música en Hamamatsu. La había dibujado a ella, sentada frente al hermoso piano retratando de manera increíble esa escena que contenía tantas emociones, y al final, venía escrita la frase que terminó de hacer temblar su corazón.

"Viéndote ahí solo puedo pensar en cuanto te amo, sin importar el tiempo que me tome y la distancia que nos separe, nunca dejaré de amarte."

.

~•~

.