- Majestad, no me mienta-exclamó Arthur sujetando al rey de la muñeca con fuerza. No lo dejaría huir. Necesitaba respuestas- ¡¿Por qué me hizo esto?! ¡¿Por qué me inculpó e hizo que me sacaran del ejército?! ¡No tengo a dónde ir! ¡Voy a acabar en la calle!- tantas acusaciones abrumaron al menor hasta que explotó.

-¡MEJOR EN LA CALLE QUE MUERTO EN BATALLA!-le gritó Alfred sujetando al más bajo por los hombros para mirarlo directamente a los ojos- No puedo dejar que mueras… no puedo… Tú… eres muy importante para mí… ¡NO QUIERO PERDERTE!

-¡¿Qué…?!- la clara confesión del monarca congeló al mayor en su sitio mientras su corazón latía a mil por hora. Los ojos verdes del caballero se encontraban conectados a los ajenos que lo miraban con desesperación, miedo y algo más… algo que Arthur fue incapaz de reconocer o tal vez se negaba a reconocer- Pero… Alfred…

Era la primera vez que el más bajo lo llamaba por su nombre de pila y vaya que le gustó ese angelical sonido, le gustó más de lo que debería. Sus ojos azules descendieron por el rostro del caballero hasta detenerse en sus labios, que estaban ligeramente entreabiertos por la sorpresa. ¿Cómo sería besar esos perfectos labios que le robaban el aliento?

Arthur había seguido la mirada del gobernante de Rouge hasta que notó cómo miraba sus labios con curiosidad y deseo. Sus mejillas se colorearon al ver la lucha interna reflejada en esa mirada zafiro. Esto estaba mal… muy mal… ¿entonces por qué no lo detenía? ¿Por qué deseaba con todas sus fuerzas que lo besara de una buena vez?

-Arthur… - la voz del más alto hizo estremecer al mayor pues estaba cargada de deseo y desesperación, parecía que ambos iban a morir si no se besaban pero el lema mundial de Şahmat estaba grabado con fuego en sus mentes "El amor está prohibido". No debían hacerlo y sin embargo se estaba acercando lentamente… sus alientos se combinaban…

-¡NO!-exclamó una voz horrorizada y ambos voltearon hacia la puerta. El ambiente se puso tenso en un segundo cuando notaron que el resto del ejército se encontraba ahí, viéndolos desde hace rato. Todos conocían la ley y la regla que no se debe de romper jamás. Los dos rubios se separaron en el acto pero el daño ya estaba hecho, no podían fingir que nada pasaba entre ellos.

-Majestad… yo solo…-empezó el joven rey pero la reina se limitó a mirarlo con los ojos abiertos como platos. Yao sabía lo que sentían los dos rubios pero no podía encubrirlos cuando todos los habitantes del palacio los habían visto. Con todo el dolor de su corazón, Yao dio la señal y dos guardias los arrestaron.

-Rey Alfred, usted queda arrestado y será exiliado por los crímenes de traición a la regla dorada de nuestra tierra… el caballero Arthur será enviado a la horca por su doble traición, el intento de asesinato del rey y la alta traición cometida a la regla dorada de nuestra tierra…


El supremo gobernante del reino rojo se mordió el brazo para evitar que su grito de desesperación se escuchara por todo el palacio. No podía seguir ahí imaginando lo que le pasaría a sus seres queridos. Simplemente no podía o terminaría haciéndose daño por la ansiedad y la desesperación. Así que se levantó entre lágrimas y gemidos para salir corriendo de su habitación. Necesitaba verlo, aunque fuera por un momento, necesitaba saber que él seguía vivo.

Los pasos apresurados del monarca pusieron en alerta a Ludwig que se hallaba haciendo guardia en la entrada principal del palacio. El corazón del rubio se contrajo dolorosamente al ver a su rey llorando y gimiendo amargamente pero no tuvo tiempo de preguntar nada pues el castaño se lanzó a sus brazos. La torre abrazó instintivamente al más bajo que se aferró a sus ropas como si su vida dependiera de ello.

Permanecieron así, en silencio, aferrados el uno al otro. Ludwig sabía que debía estar vigilando la entrada en caso de que alguien los atacara por sorpresa pero el ver al monarca llorar borró cualquier otro pensamiento de su cabeza. El más alto acariciaba el cabello del castaño tratando de consolarlo. Feliciano sintió el calor del abrazo ajeno y el dolor que amenazaba con ahogarlo comenzó a calmarse poco a poco.

-¿Majestad? ¿Qué pasó? ¿Está herido?-le preguntó el rubio una vez que lo notó más relajado y ambos se separaron lentamente. El joven rey no se atrevía a verlo a los ojos pues una vez que el miedo que carcomía su ser se desvaneció, dejó paso a la vergüenza- ¿Majestad?

-Yo… lo siento… - el más bajo esquivó la mirada azul que lo buscaba, se sentía completamente avergonzado. ¿Qué se supone que debía decirle ahora? Lo siento, es solo que te imaginé muerto y me invadió un miedo tan horrible que casi me mata. Por cierto, creo que estoy enamorado de ti- Es solo que… tuve una visión de la muerte de la reina y de… -de ti- mi hermano…

Ludwig lo miró con creciente confusión. Entendía que el monarca estuviera preocupado por el bienestar de sus seres queridos pero eso no explicaba el arranque de emociones que lo había llevado hasta ahí. ¿Será que se había enamorado de la Reina Elizaveta y eso había aumentado su miedo hasta un nivel insoportable? Era probable, después de todo, la castaña era una mujer sumamente hermosa y se les veía muy unidos.

-Esto… fue una locura…-comentó el más bajo tratando de recobrar la compostura pero seguía sin mirarlo a los ojos- Debe ser por lo poco que he dormido, la falta de descanso me hace actuar de forma… extraña… -Feliciano estaba a punto de emprender la retirada cuando el rubio lo sujetó por el mentón y sus miradas se conectaron.

La torre no supo por qué hizo eso, su mano se movió sola en respuesta a la ansiedad que le causaba el no ver los hermosos ojos ajenos. Los pensamientos del más alto se perdieron en la mirada color chocolate del gobernante de Lorem. Ambos se miraban con sorpresa, como si fuera la primera vez que se veían como realmente eran. Ambos estaban tan absortos en la mirada ajena que no notaron al mensajero que llegó a caballo hasta la entrada del palacio.

-¡Majestad! ¡Traigo un mensaje urgente del Reino Rouge!- los dos presentes dieron un respingo al regresar al mundo terrenal y se separaron de inmediato. El castaño se acercó al mensajero y tomó el pergamino que éste le ofrecía. Era una carta enviada por Alfred, pero se hallaba escrita de forma apresurada, como si la hubiera escrito mientras corría: Rey Feliciano, he sido exiliado y ahora huyo de la justicia con Arthur, necesitamos asilo.

El joven monarca se quedó estupefacto al terminar de leer la carta. Su expresión alertó a Ludwig que se puso en guardia inmediatamente. No sabía de qué se trataba la carta pero se notaba que era algo grave, muy grave.


-¡¿QUÉ?!-exclamaron los dos rubios al mismo tiempo cuando los guardias entraron en tropel a la habitación real. Alfred no dejaría que tocaran a Arthur, definitivamente moriría antes de que lo llevaran a la horca. Rápidamente despojó a uno de los soldados de su espada y se colocó protectoramente frente al caballero.

-¡Acérquense y los mataré!-gruñó el rubio de ojos azules totalmente fuera de sí. Francis no se atrevió a atacar y tan solo se limitó a detener al otro alfil. El rubio de cejas pobladas agradeció silenciosamente el gesto de confianza. La mirada de Alfred se cruzó con la de su hermano. Matthew observaba horrorizado la escena sin saber qué hacer.

-¡Pues yo si pienso hacer que se cumpla la justicia!-exclamó Iván con una cruel sonrisa y se lanzó sobre el ex monarca con su grifo en la mano. Las dos armas sacaron chispas al encontrarse- ¡Ustedes son criminales y merecen ser castigados!

-Siempre supe que me traicionarías-gruñó el antiguo monarca con una mueca de perversa satisfacción por haber acertado- Fuiste tú el que me vio ¿verdad? Siempre estuviste respirando en mi cuello y ahora estás disfrutando mi caída- en ese momento hizo un rápido movimiento para patear a la torre en la cara pero el más alto lo tomó del tobillo y lo lanzó al suelo.

-Sí, la verdad es que sí…-su sonrisa cruel se intensificó al tiempo en que pateaba la espada del menor lejos de él y levantaba su grifo para darle el golpe final, golpe que fue repelido por el caballero. Arthur había salido de su shock y había sujetado la espada para defender al rey exiliado- Vaya, el amor. Siempre supe que ustedes estaban enamorados, todas esas peleas no eran más que una excusa.

-¡Cierra la boca!-exclamó el antiguo caballero que era varios centímetros más bajo que su adversario. Rápidamente, el rubio de ojos verdes se lanzó sobre la torre con la espada en alto. Iván se defendió, empujando el afilado filo del arma con su grifo. Acto seguido, su mano enguantada atrapó el cuello de Arthur- ¡AGH! ¡Suéltame!

-Podría asesinarte ahora mismo… después de todo vas a morir-gruñó la torre con una sonrisa verdaderamente siniestra cuando se escucharon dos gritos. Alfred se había apoderado de la espada del otro caballero y le había hecho un profundo corte a Iván en la mano. Acto seguido, Francis había golpeado al más alto en la cabeza con todas sus fuerzas usando su báculo- ¡AGH! ¡MALDITOS SEAN!

-¡Es lo que te mereces!-El antiguo monarca de Rouge sujetó a Arthur y lo jaló hacia una de las ventanas. El pánico apareció en los ojos verdes del caballero cuando entendió lo que iban a hacer- Arthur… ¿confías en mí?- las miradas de ambos rubios se conectaron por un momento y el pánico del mayor desapareció cuando asintió- ¡Ok, vamos!

Alfred saltó por la ventana jalando a Arthur que gritó cuando ambos cayeron al vacío. Se escuchó un salpicón de agua cuando los dos rubios aterrizaron en el lago que decoraba uno de los jardines del palacio. El agua entró a la boca del ex caballero que no sabía nadar. Sin embargo, rápidamente salió a la superficie pues aún sentía el brazo del menor en su cintura.

-¡Vámonos!-gritó el antiguo rey una vez que llegaron a la orilla. Se escuchó el ruido de campanas que anunciaban su escape. Ambos rubios treparon con agilidad uno de los muros antes de salir corriendo a la oscuridad del bosque que rodeaba el muro del castillo tomados de la mano- ¡Corre Arthur!

El mundo se había puesto de cabeza en un segundo y ahora una nube de oscuridad se cernía sobre el Reino Rouge.


Hoooola! Soy Ghostpen y he vuelto con otro capítulo después de mil años.

Espero que le haya gustado y gracias por sus comentarios

Cuervi: Oh Iván se estaba guardando la información para soltarla en el momento adecuado.

Flannya: jeje aunque no lo creas soy un autor, mucho gusto. Gracias por tu comentario

Gracias por leer y no olviden comentar, ya estamos acercándonos al final de este larguísimo fic jeje