Capítulo 37.

Pertenece a su creadora Sakurako Kimino y a ASCII media works junto con Sunrise.

NdelA: Este capítulo es doloroso porque es el capítulo final de esta historia. Ha sido difícil llegar a esta decisión pero después de meditarlo por un tiempo, creo que es lo correcto…

It's joke!

No es cierto, ya me picaba por volver a publicar pero novia chan estaba ocupadisima terminando "Deber" y había que esperar, así que tardamos un poquito más de lo que habíamos previsto. La historia sigue y va viento en popa, no se preocupen por eso.

Quiero agradecer a mi hermosa novia por mi regalo de cumpleaños, fue el final de deber y lo amé en cada palabra así que si no lo han leído, ¿Qué están esperando? Y muchas gracias también a todos los que me felicitaron por mi cumpleaños.

Hace un año, justo en mi cumpleaños se me ocurrió empezar a escribir esta historia y ayer, ha pasado oficialmente un año desde el inicio de OMS y ha sido un camino genial llegar hasta acá, con altibajos claro pero lleno de aprendizaje. Gracias por seguir la historia y gracias por todas sus muestras de amor a la historia también, los fanarts que han hecho me roban el corazón, los amo.

Mag Max Kuv Bigotes: ¡Ya estamos de vuelta! Luego de un ratito fuera, volvemos a la carga con esta historia. Ahora que ya terminó Deber, estoy empezando a retomar las cuentas atrasadas y vamos poniéndonos al día con cada historia. Ya terminé la edición de este capítulo y ahora se viene retomar Wildo para esta semana que viene, aunque quizás antes haga otro capítulo corto del YouRiko NTR. ¡Ah! Me acaban de pegar unu si si, sigo con Wildo.


Kanan había caminado directo a la entrada del hospital sin vacilaciones ni desviaciones. No iba al área de urgencias sino al área de hospitalización y para la mala fortuna de Mari a esa hora cualquier persona que quisiera entrar tendría que tener un pase autorizado para hacerlo, cosa que ella no poseía.

Los misterios de Kanan cada vez le intrigaban más pero al menos en esta ocasión tenía una pista sobre en donde debería empezar a buscar. Aunque era de lo más extraña, eso la asustaba. Miles de posibilidades se barajeaban en su mente. Kanan podría estar enferma con algo más serio de lo que había pensado y a lo mejor sus descuidos al inicio de la semana habían precipitado su padecimiento, sería su culpa si Kanan muriera por su causa. Pero eso no podía ser. Aunque también estaba la posibilidad de que tuviera algún novio que había estado en coma y recién despertaba. Bueno eso era absurdo, pensó.

Mari sacudió su cabeza y golpeo sus mejillas. Tenía que pensar con claridad si quería llegar al fondo de todo el misterio que rodeaba a su querida sensei y pensar en tonterías no le iba a ayudar a resolverlo.

Antes de abandonar el hospital, fue a averiguar a qué piso había subido Kanan. Afortunadamente para ella, el guardia que se encontraba en la entrada era bastante descuidado y pudo engatusarlo fácilmente para echar un vistazo a la libreta en donde se registraban las visitas a los pisos restringidos. De ese modo Mari supo que el destino de Kanan había sido el ala de Nefrología del hospital.

Eso la había dejado con más preguntas que respuestas. Sólo que no podía hacer mucho por ese día. Por lo que decidió regresar a casa. Yendo de camino de vuelta recibió un mensaje de Kanan que se apresuró a leer.

De: Kanan

Buenos días, tuve que salir, hubo una situación en el trabajo que tenía que atender urgente. Te veré en la oficina.

—Si claro, situación en el trabajo —farfulló Mari con sarcasmo—. Llegaré al fondo de todo esto y no podrás seguir ocultandome cosas —expresó decidida.

Kanan no llegó a la oficina hasta pasado el mediodía para disgusto de Mari. Su semblante era terrible, nada que ver con el del día anterior, en esta ocasión se le veía preocupada y cabizbaja, tanto que Mari no tuvo corazón para reclamarle nada aunque tenía ganas de hacerlo, sin embargo, ya había colocado las piezas en su lugar para que pudiera investigar más al respecto sin que Kanan se diera cuenta de ello y la descubriera.

Kanan estaba sentada en su escritorio viendo a la nada, perdida en sus pensamientos, cuando Mari le puso una taza de café enfrente para ayudarle con su evidente pesadez.

—Te ves cansada —dijo la rubia preocupada—. ¿Arreglaste la emergencia?

—Si, creo que ya quedó arreglado —soltó un suspiro profundo tomando la taza con ambas manos—. Siento haberme ausentado así esta mañana —le dió un sorbo al café haciendo una mueca de disgusto—. Esta muy amargo.

—Lo siento, pensé que te gustaría un poco cargado para que te ayudara a despertar —Mari trató de quitarle la taza de las manos pero Kanan la jaló del brazo para abrazarla en su lugar.

—Está bien, sólo… dame un abrazo —dijo casi suplicante afianzándose con fuerza a su espalda y escondiendo el rostro en su vientre.

—¿Segura que todo salió bien con ese trabajo? —preguntó Mari con recelo sin apartar a Kanan quien se tomó unos segundos antes de responder.

—Si, todo salió bien, es sólo que hay días en que me gustaría escapar de mis responsabilidades —habló desde donde estaba.

—May I help? —preguntó Mari sentándose en su regazo apartándola un poco para hacerlo.

—Gracias pero no, esto es algo de lo que ni yo podría escapar aunque quisiera —concluyó Kanan tomando las manos de Mari para después depositar un beso sobre ellas—. ¿Hay algo que requiera mi atención el día de hoy? —cambió el tema.

—Yo —respondió Mari tocando su nariz de forma pícara.

—Del trabajo —aclaró Kanan entre risas, al menos la había hecho reír y con eso Mari se sintió un poco mejor.

—¡Oh! Si bueno... —Mari se puso de pie y fue hasta su mesa, de donde tomó una carpeta que le puso en las manos a Kanan.

—Trajeron esto hoy, es del grupo O'hara, dijeron que son las modificaciones al contrato que negociaron hace un tiempo, el encargado dijo algo de que nunca recibieron las copias firmadas por el dueño —explicó tomando un aire profesional.

—¡Oh vaya! Debí haberlo olvidado —Kanan se rascó la cabeza regañándose internamente por omitir algo como eso.

—Ya lo revisé y lo comparé con el contrato anterior, me parece que está correcto, pero de cualquier manera podrías revisarlo antes de firmar —informó Mari y Kanan sonrió de ver que Mari se tomaba tan en serio sus tareas—. De cualquier manera, están pidiendo que a más tardar mañana les lleves el documento.

—¿Mañana? —Kanan se recargó en su asiento exhalando el aire de sus pulmones—. Vaya… parece que es imposible tomarse un descanso.

—¿Quieres que te acompañe? —se ofreció Mari inocentemente.

—¿Al hotel O'hara? No Dios, no… ni loca, no quiero que vayas a ese lugar, no después de todo lo que ha pasado —se negó rotundamente.

Mari ya sabía que Kanan no le iba a permitir ir con ella, de hecho contaba con que no lo hiciera, pues su plan era que mientras Kanan se iba a Awashima, ella podría ir al hospital a la hora de la visita a investigar un poco más del tema secreto. Contaba con que pudiera encontrar una buena distracción para forzar a Kanan a irse a esa hora.

—Pero quisiera ir contigo —presionó Mari.

—No no no, lo siento Mari pero ésto no está a discusión, estás como huésped en mi casa y eres mi responsabilidad, no voy a ponerte en riesgo por nada —sentenció Kanan tajante para darle fin al tema.

—Fine fine… —se rindió finalmente la rubia.

—Bien —una vez terminada la discusión, Kanan se centró en revisar el contrato y hacer las firmas correspondientes mientras Mari hacía alguna otra tarea pendiente de la oficina.

Ya cerca del término del día, antes de que se retiraran a casa, Kanan se acercó a Mari que se encontraba bastante concentrada en su trabajo y estaba sentada en su mesa de escritorio.

—Emm… hablé con el jefe —dijo Kanan en tono juguetón—, y me dijo que debido a que has estado haciendo un estupendo trabajo —señaló a la pila de libros que Mari ya había puesto al corriente—, podemos autorizar un adelanto de tu pago —le entregó un sobre con solemnidad.

—Seriously? —los ojos de Mari se iluminaron asombrada—. Mi jefa es bastante benevolente, tal vez debería buscar una manera de agradecerle —dijo en tono sugerente que hizo que Kanan se pusiera algo nerviosa pues aún no estaban solas en el lugar.

—Creo que podemos esperar un poco para eso —tragó duro—, aún hay gente aquí.

—¡Oh Kanan traviesa! —la molestó—. ¿Quieres dejar que todos los demás empleados se vayan para aprovecharte de mí?

—¡¿Qué?! —exclamó alarmada con la cara roja de vergüenza—. ¡No! ¡Claro que no!

—It's joke —Mari soltó una carcajada, le gustaba jugar con Kanan.

—Mejor sigue en lo que estabas —se rindió dejando a Mari antes de que siguiera molestándola.

Mari estaba tan contenta de recibir su primer pago que insistió en invitar a Kanan a cenar, se sentía tan orgullosa de haber conseguido su por primera vez un sueldo por desempeñar un trabajo común como toda la población normal, aún si tuvo que hacer algo de trampa para conseguirlo. Podía sobrevivir con eso.

La cena transcurrió con tranquilidad, algunas bromas más de Mari hacia Kanan para distraerla de sus preocupaciones y todo fue bien. Regresaron a casa y se despidieron para ir a dormir. Al día siguiente el plan de Mari empezó a marchar viento en popa cuando, ya en el trabajo y antes de medio día, Kanan le anunció que haría la visita que tenía programada a Awashima. Eso la hizo dar un brinco interior porque tendría vía libre.

Tan pronto como se quedó sola en la oficina, Mari agarró sus cosas y salió con rumbo al hospital a donde tendría aún que encontrar la manera de ingresar para buscar lo que sea que tenía que descubrir sobre lo que Kanan hacia allí.

Después de hacer uso de su astucia y perspicacia, logró hacer que el guardia la dejara pasar argumentando que su familiar se encontraba ingresado en el área de nefrología, que era la poca información que tenía puesto que acababa de llegar del extranjero para visitarlo. Para su fortuna, el guardia no parecía muy interesado en corroborar su historia y la dejó pasar. Una cara bonita con un acento extranjero puede hacer muchas cosas.

Ahora solamente tendría que investigar a quien es que Kanan visitaba con tanta frecuencia. Ya por su estancia previa en el hospital conocía a qué lugar tendría que dirigirse para conseguir la información que necesitaba y fue a hablar con esa persona.

Una trabajadora social de la cual se hizo amiga durante su corta estancia en el hospital le ayudó a localizar al único paciente que tenían registrado bajo el apellido Matsuura, que efectivamente se encontraba en el servicio de nefrología. Todo una coincidencia que le comenzaba a saber mal, si estaba allí era por algo realmente grave.

Llegó a la habitación que le indicaron y al ver al hombre que se encontraba dentro, no le cupo la menor duda que era familiar de Kanan. Poseían la misma mirada amable y el mismo color de cabello aunque el hombre ciertamente tenía un semblante bastante demacrado, indicativo de que algo estaba mal con su salud.

—¡Buenas tardes! —saludó Mari apenas entró a la habitación para hacerse notar y el hombre se giró a verla.

—¡Buenas tardes! —le devolvió el saludo mirándola algo extrañado.

Mari ingresó con cierto temor pues hasta ese momento no había pensado que haría una vez que llegara hasta ese paso, su plan se había terminado en el momento en el que encontró lo que buscaba y ahora no sabía qué hacer.

—Mi nombre es O'hara Mari —se presentó haciendo una reverencia.

—Mucho gustó O'hara Mari —respondió el hombre con amabilidad y cierta curiosidad—. Dime, ¿cómo está el viejo O'hara?

—¡¿Eh?! ¿Usted conoce a mi papá? —Mari no había estado esperando eso, realmente no sabía ni que había estado esperando pero al menos eso le dió algo para poder llevar una conversación sin que el ambiente se tornaba extraño, pues ni siquiera había pensado en como explicar su presencia.

—Claro, nosotros hemos hecho negocios por muchos años, te conocí cuando eras muy pequeña y puedo decir que eres la viva imagen de tu madre —dijo el hombre esbozando una gran sonrisa que la tranquilizó en parte y que, además, abrió nuevas interrogantes.

—¿Usted… conoció a mi madre? —las sorpresas solo seguían aumentando, quería saber quién era ese hombre y cómo es que conocía a su familia.

—Un poco sí… —dijo dubitativo—, pero pasa pasa —le hizo la señal con la mano—. Me supongo que mi Kanan tuvo algo de trabajo y te mandó en su lugar para verificar mi estado de salud.

Mari le hizo caso y se fue a sentar a la silla que se encontraba a un lado de la cama. Quería ganar tiempo para tener algo que contestar a lo que había dicho el hombre pero su mente no le estaba dejando pensar en nada.

—Ella no sabe que estoy aquí —confesó Mari cabizbaja decidiendose finalmente por ser sincera.

—¡Oh vaya! —rió el hombre—. Seguro que mi hija debe estar pasando un tiempo agradable contigo en casa —dijo con picardía recordando ciertos detalles que había notado recientemente en Kanan.

—¿Kanan es su hija? —mari parpadeó perpleja con tal noticia.

—¡Claro! Pensé que eso era obvio —respondió el hombre con fingida indignación—, el parecido es irrefutable, quizás tenga algunas canas ya, pero ese delfín lo hice yo y con muchas ganas y amor.

—Si si tiene razón —rió nerviosa al ver que el hombre era llevadero.

—Entonces Mari-san, ¿a qué debo tu visita? —el padre de Kanan se había incorporado para denotar que hablaba con seriedad dejando de lado las bromas.

—Yo bueno… —Mari no pudo evitar sentirse un poco nerviosa, la verdad es que ese parecido con Kanan la ponía así—, pues… es que estaba preocupada por Kanan.

—¡Umm! Mi hija y su tendencia al hermetismo, ¿verdad? —el sentimiento era bastante familiar para el hombre que ya se había acostumbrado a lidiar con ese difícil carácter que siempre había tenido su hija.

—Si, hay algo de eso —le dió la razón Mari—, es solo que estaba preocupada porque últimamente ella se ha ausentado mucho de casa y se ha negado a explicarme qué es lo que pasa —suspiró—, se que hice mal en venir aquí sin su consentimiento, pero en verdad estaba asustada, pensé que ella podría estar muy enferma o algo así.

—Eres una buena chica Mari-san —el hombre tomó un momento para deliberar y poder continuar—. Te preocupas por mí hija y eso no lo puedo pagar con nada, sin embargo, si Kanan no ha querido compartir mi situación de salud contigo, no voy a contradecirla. Ella es muy terca, como ya sabes, y probablemente no me perdonaría si hablara de más, así que solo te diré que ella se encuentra bien. Todas sus visitas al hospital han sido por mi causa pero si quieres saber más, tendrás que seguir insistiendo hasta que ella decida compartir un poco de toda la carga que lleva encima.

Mari quiso refutarle, quizás suplicarle que le contara la verdad, pero entendía lo que decía el papá de Kanan. Así que al final prefirió no insistir.

—Se lo agradezco mucho Matsuura-san, el que me considere así, y me gustaría que supiera porque he hecho esto —comenzó a explicar—. Kanan se ha convertido en alguien muy importante para mí y mi deuda con ella es tan grande que mi único deseo es apoyarla de la misma forma en que ella ha hecho conmigo.

—Y tú también eres muy importante para ella Mari-san, eso no lo dudes —el comentario hizo que Mari se sonrojara—. Ella siempre habla sobre ti, tenía muchos años que no la veía entusiasmada con alguien —suspiró—, es solo que ella suele guardar sus preocupaciones para no molestar a los demás.

—¿Ella habla sobre mi? —preguntó Mari con algo de vergüenza y sorpresa.

—¡Si! Lo hace todo el tiempo desde que empezaron las clases —dijo el hombre entre risas.

—Seguramente le ha contado la cantidad de veces que solíamos discutir, bueno… que solemos discutir por todo —ante esa declaración el papá de Kanan echó una fuerte carcajada que tuvo que tomar algunos minutos para controlar.

Al menos el hielo había sido roto casi desde el inicio y ahora la plática se derivó en temas menos sensibles pero bastante amenos para ambos haciendo que el tiempo pasara rápidamente.


El viaje de Kanan a Awashima le había llevado mucho menos de lo que pensó que lo haría así que al regresar antes de lo pensado a Uchiura se dió cuenta que aún podría llegar a la visita del hospital, pues tenía algunos asuntos referentes al negocio que quería discutir con su padre.

Le sorprendió cuando al llegar al hospital le informaron que su padre tenía una visita, lo cual era bastante raro porque muy pocas personas eran las que visitaban al hombre con frecuencia y una de ellas, Dia, ni siquiera estaba en la ciudad.

Al acercarse a la habitación escuchó la última voz que pensaba oír en ese lugar y se apresuró a entrar irrumpiendo en la habitación con bastante brusquedad.

—¿Mari? ¿Qué haces aquí? —preguntó molesta interrumpiendo la amena conversación que transcurría entre las dos personas en la habitación.

Mari se levantó de la silla un tanto asustada por el evidente tono enojado que mostraba Kanan y por haber sido descubierta. Esperaba tener un poco más de tiempo pero había perdido la noción del mismo enfrascada en la conversación.

—¡Hola Kanan~! —saludó la rubia disimulando su sorpresa.

—Dime, ¿ qué haces aquí? —insistió Kanan en voz profunda y severa.

—Yo solo pasaba por aquí y…

—No mientas, eso no es lo que pasó —interrumpió Kanan casi con un grito.

—Hija mía no te molestes con ella, Mari-chan sólo estaba preocupada por ti —intervino el hombre para evitar que la ira de su hija saliera de proporciones.

Kanan estaba muy molesta por la presencia de Mari en ese lugar pero las palabras de su padre solo la hicieron enojar más pues la familiaridad con que trataba a Mari solo le indicaba que seguramente habían tenido largo tiempo para platicar.

—¿Mari podrías permitirme un momento a solas con mi padre? —las palabras de Kanan eran frías y Mari sabía que se había metido en un problema grave pero si eso es lo que tenía que hacer para que Kanan hablara con ella, entonces no le importaba.

—Está bien… —respondió la rubia—. Creo que es hora de retirarme —se dirigió al padre de Kanan—. Fue un placer conocerlo Matsuura-dono, y no dude que volveré a visitarlo pronto —dijo esto último aún más fuerte para que no pasara desapercibido por Kanan cuya mandíbula temblaba de lo tensa que estaba.

—Te espero en la salida —dijo a Kanan colocando su mano en el hombro de la mujer quien no respondió nada pues su cabeza era una maraña en ese momento de enojo y confusión.


Mari estuvo esperando sentada en la entrada del hospital lo que le pareció una eternidad de tiempo. Kanan había tardado demasiado y eso sólo aumentaba su ansiedad, la cual no se calmó ni siquiera cuando vio a Kanan salir por la puerta principal y dirigirse hacia ella. Por unos segundos tuvo miedo de que su atrevimiento le costara más de lo que debía. No quería dejar a Kanan pero si luego de esto le pedía irse de su casa no tendría como oponerse.

Kanan no dijo nada y solo le hizo un gesto para que la siguiera a lo que Mari se puso de pie de un salto y empezó a caminar tras ella como los acusados al patíbulo. Se fueron caminando en un silencio tenso e incómodo que solo aumentó el temor de Mari. Pararon hasta llegar a un parque cercano en donde Kanan la invitó a sentarse en una de las bancas.

—¿Cómo llegaste con mi padre? ¡Y no quiero que me mientas, solo dime la verdad! —advirtió con dureza Kanan rompiendo el silencio sin disminuir el tono de molestia con el que le había hablado en el hospital.

—Yo estaba preocupada —inició Mari sabiendo que tenía que ser sincera pues Kanan no admitiría nada que no fuera la verdad—, porque en estos días te habías estado ausentando mucho y no me decías a dónde ibas…

—Eso no te daba el derecho de venir aquí… —respondió Kanan apretando los dientes.

—Pero, ¿qué tiene de malo que haya venido? Tu padre es una buena persona que comprendió la situación —se defendió Mari—,además yo creí que estabas enferma, pensé que yo te había hecho enfermar —dijo aguantando el nudo que se había formado en su garganta.

—Es que no tenías ningún derecho… ¿Cómo supiste que mi padre estaba aquí? Acaso, ¿me seguiste? —preguntó indignada —. ¿Ya lo habías visitado antes?

—No, hoy fue la primera vez que lo veo —respondió Mari cabizbaja, tratando de controlar las lágrimas.

—¿Y? Me seguiste, ¿no es así? ¿Cómo supiste a donde ir? —rebatió molesta sin contenerse.

—No te enojes Kanan~ —Mari intentó abrazarla pero Kanan no se lo permitió poniendo distancia entre las dos levantándose de la banca—, yo solo quería saber si estabas bien y tú no me dabas respuestas.

—¡¿Pero es que no se te ha ocurrido que si no te daba una respuesta es porque no me da la gana compartir qué es lo que me pasa?! No todo se trata sobre ti, esto es sobre mi y no tenías ningún derecho a investigarme y mucho menos a ir a visitar a mi padre, eso es un asunto privado que no quiero compartir con nadie… ¿Entiendes? ¡Esto es privado! —le espetó perdiendo el control mientras daba pasos de un lado al otro.

Mari trató de tomar su mano pero Kanan la alejó sin darle oportunidad.

—Yo no quería… —Mari estaba al borde del llanto.

—Pero lo hiciste —Kanan fue a descargar su frustración dando un fuerte golpe con el puño cerrado sobre un árbol que estaba cercano a ellas y Mari comenzó a llorar—. ¿Sabes que? Necesito un momento para pensar las cosas —respiró profundo tratando de guardar la calma al ver que Mari estaba en mal estado por su culpa—. Ve a la casa y espérame ahí por favor, déjame calmarme y hablamos las cosas más tarde.

—But Kanan…

—¡Por favor! —pidió casi suplicante.

—Bien, it's ok, lo siento mucho si sentiste que te acorrale, esa no era mi intención —Mari se dió la vuelta e hizo lo que Kanan le pidió, regresó a casa a esperar a que estuviera lista para hablar con ella de nuevo.

El camino a casa fue bastante amargo para Mari, se sentía confundida y frustrada. No lograba entender porque razón Kanan seguía estando a la defensiva, pensaba que esas barreras ya no existían entre ellas, pero estaba equivocada y apenas se daba cuenta de ello.

Al revisar su teléfono se dió cuenta que su amiga, una ejecutiva del hotel, a quien había pedido el favor de entretener a Kanan lo más que pudiera en Awashima, le aviso que Kanan no había permanecido tanto tiempo como habían acordado y se había regresado antes de lo esperado.

Esa era la razón por la que Kanan había llegado al hospital, probablemente quiso ver a su padre antes de volver a la oficina. La verdad es que hasta antes de ese momento, no había tenido ni idea de que Kanan tuviera algún familiar o alguien cercano a ella. Tal y como lo dijo su padre, era una persona hermética y bastante terca.

Al llegar a casa todo se sentía tan vacío pues estando en malos términos con Kanan, ni siquiera sentía como que pertenecía a ese sitio. Todo se sentía tan ajeno.

Preparó algo de comer, más que nada para ayudarle a pasar el tiempo en lo que Kanan volvía pero conforme pasaban las horas, empezó a desesperarse. El reloj no ayudaba a calmar sus ansias.

¿Por qué tarda tanto? Pensaba tratando de mantenerse tranquila, cosa imposible. Al principio no era tan complicado pero poco a poco su cerebro empezó a hilar teorías que justificaran la tardanza de Kanan.

Se propuso no preocuparse hasta que fueran las 10 de la noche, si llegaba esa hora y aún no tenía noticias entonces pensaría que hacer.

10:00 pm

La hora había llegado y no hubo ningún cambio. Mari buscó su teléfono y empezó a marcarle a su celular, sin embargo no obtuvo respuesta alguna, la mandaba directo a buzón. Ya se encontraba poniéndose los zapatos para salir a buscarla aunque no sabía dónde hacerlo para empezar, cuando escuchó que había llegado un mensaje a su celular.

De: Kanan~

Estoy bien, no me esperes despierta, llegaré más tarde.

El mensaje era bastante escueto y falto de emoción, pero fue suficiente para que Mari entendiera el mensaje. No quería pensar en que el hecho de acosar a Kanan de la manera en que lo hizo había dañado la confianza que ya habían construido entre ellas, pero con esa reacción que había obtenido, empezaba a quedarle claro que había hecho las cosas muy mal, terriblemente mal.

El pánico empezó a invadirla como una plaga que se instaló en su cuerpo. ¿Qué pasaría si Kanan ahora se sentía incómoda de tenerla en casa? Ciertamente ella se había ofrecido a dejarla permanecer en su casa pero nada la obligaba a ello, es más, en ese momento, ella dependía por completo de su profesora, trabajaba para ella, vivía en su hogar y de repente su vida había comenzado a girar alrededor de Kanan.

"¿Y si lo que pasa es que Kanan no sabe cómo decirme que me vaya de su casa?" Al principio la idea se le hizo francamente ridícula pero pensándolo nuevamente no sonaba tan descabellado. ¿Por qué otra razón Kanan no quería volver a su propia casa? Eso la estaba comiendo viva.

Tenía todo en su contra. Haciendo recuento, había puesto la vida de Kanan de cabeza, de un momento a otro casi la mata en dos ocasiones por sus descuidos que terminaron en la sala de urgencias, se inmiscuyó en donde no debía y terminó rompiendo la confianza que tenían entre ellas, si lo ponía así, era bastante factible que Kanan la quisiera fuera de su vida. Fuera de su casa.

Guardó la calma lo mejor que pudo pero cuando se dió cuenta que pasaba de la media noche, decidió que había entendido el mensaje de la mujer mayor y como no quería ser una molestia para ella, prefirió empezar a empacar sus pocas cosas en su maleta. No es que fuera mucho porque aunque se tardó, acabo antes de darse cuenta.

No tenía ni idea de a donde ir, pero tendría que hacer algo así que retomó su plan original. Con el dinero que le quedaba del adelanto que Kanan le había dado, le alcanzaba para costear algún cuarto en los alrededores por un par de días y tendría que empezar a la mañana siguiente a buscar un nuevo empleo fuera de la supervisión de Kanan para no seguir siendo una carga.

Con eso en mente y dado que pasaban de las 2 de la mañana, Mari decidió dormir un rato para ayudarle a despejarse pues en ese momento se sentía demasiado ofuscada para ver la cosas con claridad. Aún guardaba una cierta esperanza de que Kanan regresará y le dijera que todo estaba bien, pero sabía que eso era algo muy difícil. Se durmió intranquila apenas con el sueño ligero que pronto se volvió pesado por el cansancio que le dió el haber estado llorando casi todo el rato.

Algunas horas después, una caricia sobre su mejilla la despertó, para encontrar el desvelado rostro de la mujer mayor que la miraba con preocupación.

—Mari… Mari… —decía Kanan en voz baja—, ¡buenos días! —la saludó cuando abrió los ojos aún con algo de sueño pegado a sus párpados.

—¿Ya es de mañana? —preguntó la rubia buscando el sol por la ventana aunque aún estaba oscuro.

—Ya casi —respondió Kanan sentándose a la orilla de la cama—. ¿Cómo estás? —preguntó con preocupación como un niño regañado.

—Bien —mintió la rubia incorporándose en la cama.

Ya que se había despertado, Mari fue consciente del olor que emanaba Kanan, a cigarro y alcohol lo cual se le hizo tan poco congruente con la imagen que tenía de ella. Tal parecía que le habían cambiado a su Kanan.

—¿Estuviste bebiendo? —preguntó Mari acercándose a olisquearla.

—No… bueno, sí un poco, pero no demasiado —aclaró Kanan avergonzada.

—¿En donde estabas? —cuestionó Mari sin disimular su molestia, de pronto unos pequeños celos hicieron su aparición.

Tenía suficientes malas experiencias con el alcohol o con personas a su alrededor alcoholizadas que hacían cosas malas en ese estado. La imagen de Aris vino a su mente, también la de su padre cuando era niña en las pocas ocasiones en que podía estar con él y sólo era cariñoso con ella cuando estaba ebrio y lloraba la muerte de su madre y eso sólo la hizo enojar más.

—En un bar cercano —respondió sin vacilar.

—Ya veo… —dijo por lo bajo con tristeza—. Are you drunk?

—No, solo tomé un poco, no tengo la costumbre de hacerlo de cualquier manera, solo necesitaba pensar algunas cosas —Kanan evitaba la mirada de Mari, ya que se sentía avergonzada de la escena que había montado antes en el parque.

Las maletas al pie de la puerta llamaron la atención de Kanan y se levantó para verificar lo que veía. Un pequeño dolor cruzó su pecho.

—¿Y estás maletas? ¿Vas a algún lado? —preguntó extrañamente adolorida.

—No lo sé —Mari encogió los hombros y se abrazó a sí misma sentada sobre la cama—, pensé que tal vez era lo que tú querías.

—¿Qué? No Dios no… yo no querría eso —refutó Kanan de inmediato acercándose a Mari para abrazarla con fuerza—. Siento que hayas pensado eso —le dijo aferrándose con desesperación a su espalda.

—¿Entonces por qué no volvías? —preguntó Mari mordiéndose los labios de ansiedad.

Kanan la liberó del abrazo y la tomó de las manos depositando un suave beso sobre ellas.

—Por que soy una tonta —inhaló profundo tratando de llenar al máximo sus pulmones—. Tengo algo que contarte, pero antes necesito tomar un café o algo.

—Entonces vamos —dijo Mari que no tardó en levantarse para ir a la cocina.

Mari preparó lo que Kanan solicitaba mientras esta se cambiaba de ropa para disipar un poco el mal olor que emanaba, cuando volvió a la sala, Mari ya la esperaba con su humeante taza de café y un par de pastillas para el dolor de cabeza. Estaba lista para dar inicio a la conversación.

—Escucha Mari —comenzó—, en primera, necesito disculparme contigo, reaccioné mal cuando te ví en el hospital y fui por demás grosera, lo siento mucho de verdad —expresó con arrepentimiento sujetando su taza con fuerza que Mari temió que fuera a romperla.

—Yo también lo siento —respondió Mari tomando la mano de Kanan para evitar que la taza sucumbiera entre sus manos—. Me metí en tu intimidad sin tomar en cuenta tus deseos y al final te force a contarme algo que tal vez no estabas lista para compartir, al menos no conmigo.

—No es así —negó Kanan moviendo la cabeza de un lado al otro tajantemente—, no es que no estuviera lista, es simplemente que es difícil para mí hablar de mi padre porque cuando lo hago, recuerdo que solo tengo miedo… tengo miedo todo el tiempo cuando se trata de él.

—¿Miedo? —preguntó Mari sin entender.

—Si, tengo miedo, miedo de perderlo, de no hacer lo suficiente para ayudarlo a superar su enfermedad, ni siquiera soy suficiente para él —sentenció molesta.

—¿A qué te refieres? —preguntó Mari frunciendo el ceño. Odiaba que Kanan se expresara de esa manera menospreciando su esfuerzo y que no pudiera hacer nada para ayudarla.

—Mi papá tiene una enfermedad que se llama poliquistosis renal, básicamente significa que sus riñones se llenaron de quistes y dejaron de funcionar —Mari tomó la mano de Kanan para transmitirle su apoyo porque vio como la mujer que amaba estaba quebrándose y mostrándose vulnerable con ella—. Fue diagnosticado hace algunos años y sólo ha ido empeorando desde entonces. Cuando él enfermó, yo me encontraba en Tokio y en cuanto supe, volví a casa para hacerme cargo de todas las cosas para ayudarlo a recuperarse.

—¿Es por eso que él vive en el hospital ? —preguntó Mari.

—Él no vive en el hospital siempre —Kanan rió discreto con amargura—. Aunque últimamente pareciera que así es, lleva más de 6 meses ingresado, pero es porque se ha puesto peor —suspiró con dolor—. Su tratamiento actual es de hemodiálisis debido a que su cuerpo rechazó la diálisis que le estaba haciendo en casa y desde entonces es que su estado se ha vuelto tan inestable, obligándolo a permanecer en el hospital la mayor parte del tiempo —se llevó las manos a la cabeza con desesperación.

—¿Y su enfermedad tiene cura? —era una pregunta indiscreta pero Mari quería saber todo lo que pudiera pues Kanan parecía muy dispuesta a hablar después de tanta secrecía.

—¿Cura? No diría que cura, pero si tiene un remedio en cierto modo permanente —movió una de las manos a la barbilla pensando en como explicarlo—. Sus riñones ya no sirven para nada, pero existe la posibilidad de hacer un trasplante —explicó con poco entusiasmo.

—¿Y bien? ¿Por qué no se ha hecho —preguntó Mari sin comprender cómo funcionaba eso.

—No somos compatibles —dijo Kanan cabizbaja—, me hicieron las pruebas y no soy compatible como donadora, además de tener un riesgo altísimo de padecer la misma enfermedad que él en un futuro ya que es de esas cosas genéticas, según me explicaron los doctores.

—¿Y algún otro familiar? ¿Alguien más que pueda ser su donador? —quiso saber.

—No hay nadie más, solo somos papá y yo —sentenció Kanan.

—Pero debe haber alguien, un pariente lejano… no se… —trató de pensar pero Kanan negó todo lo que decía.

—No, no hay nadie más, papá lleva más de dos años en lista de espera para conseguir un trasplante pero hasta el momento no hay nada —se encogió de hombros frustrada.

—¿Y qué fue lo que pasó en estos días? —preguntó Mari recordando todas las salidas urgentes de Kanan.

—Papá está muy anémico y cuando le hacen la hemodiálisis hay ocasiones en que se pone mal. Hace unos días tuvo una hemorragia porque hubo un problema con el catéter o algo así explicaron los médicos y desde entonces no ha tolerado las sesiones completas, es por eso que me han llamado de emergencia, le han tenido que hacer algunas transfusiones y se ha deteriorado bastante —concluyó con los ánimos en el suelo.

—Pero no entiendo porqué no me has querido contar esto antes, yo podía apoyarte, quiero hacerlo… esto es mucho para que lo cargues tu sola —Mari jaló a Kanan hacia ella para abrazarla contra su pecho y Kanan no opuso resistencia refugiándose en su abrazo.

—Porque hemos sido tanto tiempo solo papá y yo que me cuesta trabajo abrirme con algo como esto y compartirlo —se aferró a Mari con fuerza—. Siento mucho miedo todo el tiempo, miedo de perderlo, me da pavor cuando suena el teléfono y veo el número del hospital reflejado en la pantalla, cuando me dicen que necesitan que acuda al hospital y no explican qué fue lo que pasó y sientes un vuelco en el corazón porque sabes que es grave, siempre lo es —la voz de Kanan comenzaba a quebrarse—. No quiero perderlo Mari —se apretó a su pecho—, no sé cómo estar en un mundo sin él, mi padre es mi guia y mi compañero, toda la familia que tengo, además de Dia, y siento que cada día que pasa, su tiempo se va agotando.

Mari sentía que un nudo se formaba en su garganta, abrazó a Kanan con fuerza dejando que se desahogara y que sintiera lo mucho que la quería y deseaba ser su pilar.

—Lo siento mucho Mari —dijo Kanan finalmente cuando se calmó—. Siento mucho que sintieras que te aparté, yo solo… no sé cómo abrirme con alguien de esta manera, no suelo hacerlo.

Mari depositó un beso en su frente en comprensión. Una parte de ella estaba más tranquila después de la conversación y otra ahora estaba preocupada al saber lo que había realmente detrás.

—Pues siempre hay una primera vez ~silly. ¿Qué acaso no tuviste una novia antes de mi? —dijo curiosa.

—Si pero… bueno era diferente, ella ya vivió todo esto conmigo, no tuve que contarle nada pues ya lo sabía, abrirme a alguien nuevo es en esencia aterrador para mí —confesó apenada.

—No soy tan nueva —Mari depositó un beso en su coronilla—, pero entiendo lo que quieres decir, aún así me hubiera gustado que me contarás desde un principio. Tú has estado ahí para mí desde que nos conocimos, aún si fui una bitch contigo, me apoyaste y me guiaste hasta que pude abrir mi corazón. Yo también quiero hacer eso por ti —Mari tomó a Kanan por la barbilla y la acercó hasta ella para depositar un beso en sus labios—. Yo te… te quiero Kanan —iba a decir algo más pero al final se arrepintió, pues no creía que fuera lo más adecuado, aún era muy pronto—, te quiero mucho, solo quiero ayudarte así como tú lo haces por mí.

—Yo también te quiero Mari —Kanan estaba ruborizada. Tomó ambas manos de la rubia entre las suyas y las besó con suavidad—. Siento mucho que pensaras que yo quería que abandonaras mi casa, pero no es así y no lo será, esta es tu casa también y sólo te irás el día que así tú lo decidas, yo quisiera tenerte conmigo… toda la vida —concluyó avergonzada por decir esa última parte.

—¿Es esa una propuesta? —preguntó Mari sugestivamente claramente tratando de picar a Kanan para aliviar la tensión.

—No lo sé, tal vez lo sea —respondió jalando a Mari hacia ella para besarla en los labios con pasión.

—Entonces tal vez acepte tu propuesta —concluyó Mari entre risas y las cosas volvieron a la normalidad entre ellas otra vez.


—¡No lo haré! Dije que no lo haría y no pienso hacerlo ahora —estalló Yoshiko molesta.

—¡Oh vamos Yohane-sama! ¿Es que acaso le tiene miedo a unos cuantos niños zura~? —presionó Maru tratando de tocar un punto sensible en su amiga y hacerla unirse a ella.

—¿Miedo? ¿Yo? ¡¿Pero quién crees que soy?! —espetó Yoshiko temblorosa e indignada cruzándose de brazos.

—Vamos "señora", sólo queremos demostrar que los niños somos mejores que las niñas cuando se trata de volley ball —dijo un pequeño de no más de 10 años en tono burlón a Yoshiko.

—¿Eh? ¿Señora? ¡¿A quien le llamas señora?! —expresó con molestia toda alterada—. Mocoso insolente, te voy a enseñar lo que esta señora puede hacer contra tu pequeño equipo de bribones —se arremangó la blusa y jaló a Maru para acomodarse en la lugares que les correspondían.

Como cada verano, el templo llenaba sus días de actividades para entretener a los muchos visitantes que recibía, y particularmente a Maru siempre le tocaba organizar actividades para los grupos de niños que acudían en las mañanas a los recorridos guiados.

En esta ocasión había llegado un pequeño grupo de 6 niños y 4 niñas que tenían entre 10 y 12 años y necesitaban algo de actividad física para sacar las energías. Los pequeños se habían aburrido de las actividades de siempre y le habían pedido a Maru que organizara algún juego para entretenerse y lo único que se le había ocurrido era un partido de volley ball.

Como los niños se negaban a hacer equipo con las niñas, hacían falta dos jugadoras para emparejar ambos equipos y Maru no dudó en llamarle a Yoshiko, quien aún se encontraba realizando labores de limpieza, para que cubriera el espacio.

—Me las vas a pagar por esta Zuramaru… aún estoy muy atrasada en lo que me puso a hacer tu papá —dijo la chica refunfuñando pero acomodando a todas las niñas en su lugar y tomando ella el lugar de la capitana.

—No sé porqué te quejas tanto zura~, si te encanta jugar —respondió Maru divertida dejando que Yoshiko la acomodara donde quisiera.

—Porque no tendríamos que estar haciendo estás cosas tontas, pero tenías que acceder a los deseos de estos…

—Niños —la interrumpió Maru—. Son niños Yoshiko-chan y además no nos hace mal divertirnos un rato.

—Espero que estén preparados para sentir la ira de Lucifer caer sobre ustedes, el Ángel Caído descenderá para darles su merecido —dijo en una voz profunda y alta para llamar la atención de los chicos que solo empezaron a reír al ver su pose característica—. Rían todo lo que quieran, acabaré con todos ustedes en un segundo —regreso a su voz chillona y eso los hizo reír todavía más, incluida Maru.

—Es un templo budista zura~, recuérdalo —le llamó la atención entre risas.

—Si ya sé, ya sé —sacudió la mano con fastidio—. Nosotras sacamos primero. Muestrenme que tienen niños.

Jugaron el partido entre risas. Al parecer toda la negativa de Yoshiko por participar, se diluyó en el momento en el que tocó el balón y se movió por la improvisada cancha. Yoshiko pasó de ser la chica aburrida y negativa a ser el centro de atención cuando empezó a realizar toda clase de movimientos extraños simulando invocaciones de demonios para castigar a los chicos del otro equipo que solo hacían que todos se doblaran de la risa.

Maru sentía tanto dolor de barriga de tanto reír que no se percató cuando uno de los chicos del equipo contrario remató el balón en su dirección con tal fuerza que probablemente la hubiera lastimado.

Yoshiko que estaba más que pendiente de todos esos detalles, no dudó en proteger a Maru aún haciéndolo con su propio rostro.

—¡Zuramaru! —gritó antes de recibir el golpe de lleno en la cara.

El impacto fue tan fuerte que la chica cayó al suelo de inmediato.

Maru apenas estaba entendiendo que había pasado pero corrió hacia ella para auxiliarla en su caída, Yoshiko estaba en el suelo prácticamente noqueada.

—¡Yoshiko-chan! —se arrodilló a su lado alarmada para ver cómo se encontraba.

—Zuramaru… creo que… voy a morir —con trabajo se llevó la mano a su nariz para encontrar un hilito de sangre que escurría de ella y chilló al ver el líquido rojo—. ¡Oh Dioses del Inframundo reciban a esta sierva que hoy abandona este mundo!

—No seas exagerada Yō-chan, solo fue un pequeño golpe —rió Maru por la exageración de su amiga que se comportaba dramáticamente como si estuviera a punto de morir.

—¿Escuchas eso? Son las puertas del Inframundo que se abren para mí —exclamó con voz profunda—. El ragnarok me invita a cenar esta noche con los guerreros.

—¡Calla ~zura! —le pasó un pañuelo por la nariz para detener la pequeña hemorragia.

Tanto los chicos como las chicas se arremolinaron a su alrededor con bastante preocupación para ver cómo estaba y alguno que otro se creyó que realmente iba a morir.

—Onee-sama no mueras —dijo uno de los chicos apenado—. No era mi intención lastimarte.

—Tranquilo zura~, ella estará bien, es solo que es un poquitin exagerada con estas cosas —Maru trató de calmarlo porque el niño iba a comenzar a llorar.

Hanamaru ayudó a Yoshiko a ponerse de pie para llevarla dentro del templo y terminar de encargarse de su nariz lastimada.

—¿Por qué no hacen un equipo entre ustedes y continúan jugando? —dijo Yoshiko cuando se incorporó—. Es hora de que me despedida y descienda al lugar que me corresponde en el infierno donde está dulce doncella del templo me llevara —el comentario hizo que Maru le diera un golpe en la cabeza por asustar a los pequeños.

—E… está bien onee-sama —respondió el chico con una sonrisa viendo que todo era parte de su teatro—, y disculpeme por haberla lastimado.

—¡Ku ku ku! —rió Yoshiko de esa forma extraña que solía utilizar cuando dejaba que Yohane se encargara de la situación—. Es broma, se necesita mucho más que eso para eliminar al Ángel Caído. ¡Yohane desciende! —concluyó haciendo una de sus poses con el trozo de pañuelo en la nariz.

—Si si zura~, pero ahora mismo necesito llevarme a Yohane —la tomó de la mano y la guió hasta su habitación.

El pequeño gesto ruborizó a Yoshiko que no soltó la suave mano de Hanamaru. Tomó un poco de hielo de la cocina antes de continuar al cuarto en donde la sentó sobre su cama y le colocó el hielo en su nariz envuelto en un paño de tela.

—Estas exagerando Zuramaru, no es para tanto, solo fue un pequeño golpe —dijo Yoshiko refunfuñando con todas las atenciones.

—No zura~, el golpe fue fuerte, casi te noqueó —rebatió Maru mientras buscaba algunas gasas en el botiquín de primeros auxilios.

—Se necesita más que eso para vencerme —dijo la chica intentando restarle importancia pero Maru le lanzó una mirada amenazadora—. Bueno si fue un poco fuerte, pero tenía que evitar que te golpeara —hizo un puchero apenada por la forma inquisidora en que la veía su amiga.

—Aún así, gracias por salvarme de ese golpe —Maru se sentó junto a ella y retiró el hielo de su nariz y limpió la poquita sangre que aún escurría de ella—. Gracias Yō-chan —depositó un suave beso en su mejilla que hizo que las orejas de su amiga se pusieran sumamente rojas.

—Yo...Yohane… —la corrigió escondiendo su rostro volteando hacia el otro lado, no quería que Maru viera su cara ruborizada.

—Y gracias por hacer mis días tan divertidos zura~, si no fuera por ti yo… —la voz de Maru se quebró ligeramente y Yoshiko volvió a mirarla.

—Hey, hey… todo está bien —la chica abrazó el cuerpo de Maru que empezaba a temblar y depositó un beso en su frente para confortarla mientras tallaba su espalda—. Gracias a ti por permitirme estar aquí.

—No zura~… si tú no estuvieras aquí… —Maru se aferró con fuerza a su pecho sollozando un poco—. Gracias…

Sostener a Maru se había convertido en una de esas actividades que amaba tanto como hacer sus pantomimas de Yohane, así que no dejaba pasar cualquier oportunidad para hacerlo. Estos días en el templo eran sin duda un peligro para su corazón pero no le importaba si eso significaba hacer más llevaderos los días de su amiga. Porque después de todo eso hacían las mejores amigas, estar allí para apoyarse mutuamente, claro, eso es lo que se decía.

Y aunque su corazón en el fondo ciertamente anhelaba llegar a algo más con ella, por lo pronto se conformaba con estar ahí así, de ese modo para ella, a cada momento para volverse indispensable. No sabía si en el futuro su Zuramaru le daría la oportunidad de ser algo más que una amiga pero por ahora, eso era suficiente para ser feliz.


Otra llamada rechazada, ¿Cuantas iban ya? ¿20? ¿30? Chika había perdido la cuenta de cuántas veces había sido rechaza por Riko ya. Llevaba días evitandola y aún sacando sus métodos más creativos para disculparse con su amiga, ni siquiera había logrado que hablara con ella.

Después de pasar prácticamente todo su fin de semana llorando y lamentándose por todos sus errores, cuando llegó el inicio de semana tomó la decisión de que no dejaría que todo se fuera al traste, iba a luchar por aclarar las cosas y ganarse el perdón de su amiga, aún si consideraba que Riko estaba siendo muy exagerada pero estaba dispuesta a suplicarle si era necesario, ese traspié no iba a cortar sus esperanzas.

El problema fue que ya habían pasado varios días y seguía sin poder contactar a su amiga a pesar de las muchas cosas que había intentado.

Empezó llamando a su teléfono celular, para darse cuenta de que Riko la había bloqueado de todos lados, redes sociales incluidas y no habría forma de utilizar el teléfono para comunicarse con ella. Entonces pensó en acudir a su casa y acabar con esto de una buena vez, pero no fue tan fácil, al parecer Riko había contado a sus padres lo que había pasado con Chika y no la dejaron pasar como en otras ocasiones, e incluso el trato que le dieron lo sintió bastante tenso, muy diferente a cómo la habían tratado en otras ocasiones. Por ese lado no iba a lograr nada.

Aún bajo esas circunstancias Chika no se dió por vencida, estando tan cerca de Riko, a sólo unos pasos de distancia, no podría ser tan complicado encontrar la manera de disculparse y que pudieran retomar su "relación" en el punto en el que estaban antes de que todo se complicara para ambas. You aun se encontraba lejos y no tenía para cuando volver, así que lo único que tenía que hacer era acercarse a Riko lo suficiente para que ésta la perdonara, aún cuando tuviera que usar medidas más drásticas.

Por la noche era más fácil saber si Riko estaba en su habitación o no pues las luces la delataban. Chika estuvo un buen rato desde su casa gritando el nombre de Riko para que está saliera a su balcón pero la única respuesta de la chica fue cerrar su ventana y sus cortinas, sin embargo Chika no iba a dejarse vencer por una simple cortina, e ideó una forma de "saltar" desde su casa hasta el balcón de Riko.

En alguna ocasión, Riko hizo tal hazaña cuando se encontraba huyendo de Shiitake, y ahora Chika lo único que necesitaba para saltar era…

Una buena motivación…

Y esa ya la tenía. Así que tomando aire y agarrando pista, se perfiló en el pasillo y corrió a toda velocidad. Sin dudar ni un segundo, y usando toda la fuerza de sus piernas, dió el salto más largo que pudo, lamentablemente para ella, las cosas no fueron tan fáciles como Riko las había hecho ver en aquella ocasión y apenas se alcanzó a agarrar del barandal del balcón antes de caer.

—¡Riko-chan! —gritó con desesperación—, por favor, ¡Ayúdame!

Sus brazos apenas tenían la fuerza para sostenerla y el barandal empezaba a resbalar de sus manos.

—¿Chika-chan? —preguntó Riko abriendo la ventana. Por mucho que quería ignorar el llamado de su amiga, el ruido que había provocado el golpe había sido tan estruendoso que no lo podía pasar por alto.

—¡Hola Riko-chan! ¡Estoy aqui! ¿Te importaría ayudarme? —pujó desde el borde del balcón.

Riko no daba crédito a la escena, su amiga estaba apunto de caer al suelo y apenas y llegó a tiempo para ayudarla antes de que sus manos sudadas terminaran por resbalarse.

Subir a Chika fue una labor bastante difícil pues aunque ya su brazo estaba mucho mejor que en los días anteriores, su rehabilitador había hecho especial hincapié en evitar cualquier actividad que jalara la articulación y este era un caso de esos.

Ayudada de su otro brazo y con Chika impulsandose con las piernas, de alguna forma la pudo subir, terminando finalmente de espaldas contra el suelo y con el cuerpo de Chika sobre ella en una mala posición.

—Lo siento Riko-chan —Chika se incorporó de inmediato, no quería hacer enojar más de lo debido a Riko.

—¿Que locura es esta? —preguntó Riko molesta, incorporándose también.

—Necesitaba hablar contigo —dijo Chika—, y no encontré otra forma de hacerlo.

—¿Es en serio? ¿Saltar por la ventana fue la mejor idea que tuviste? —preguntó Riko con voz irritada.

—Bueno, quería demostrarte que estoy dispuesta a hacer cualquier cosa para que me perdones —respondió Chika con suficiencia.

—Estas muy mal Chika, yo no necesito que te tires de un tercer piso para demostrar algo, es más —le aclaró—, ni siquiera tienes algo que demostrarme, con tus acciones previas has dejado las cosas bastante claras para mí y ahora quiero que te alejes, y lo digo en serio. No quiero saber nada de ti, no quiero que me busques —suspiró molesta—. Pensé que había dejado las cosas claras anteriormente pero parece que no ha sido suficiente. Entiéndelo, You-chan es el amor de mi vida y voy a luchar por ella y mientras tú sigas queriendo meterte entre nosotras, yo no puedo dejar que seas parte de mi vida.

—Pero es que yo te amo Riko-chan, quiero que me des la oportunidad…

—¡No! ¡No tienes derecho a pedirla!

—Pero Riko-chan…

—No Chika, tuvimos la oportunidad de retomar nuestra amistad después de todos los problemas que tuvimos antes pero lo terminaste arruinando —le dejó en claro—. Por el momento no tengo nada más para darte, pero puedo decirte algo por el aprecio que aún siento por ti. Arregla ese desastre que tienes en tu vida, mientras no pongas en orden tus emociones, seguirás cayendo en ese pozo profundo en el que decidiste saltar y no encuentras el final.

Chika quiso argumentar algo más pero Riko se cruzó de brazos y le dió la espalda.

—Necesito que salgas de mi casa y no me busques más, no quiero más locuras para demostrar nada, solo quiero que te vayas y nos dejes en paz a You-chan y a mí —dijo Riko con voz severa.

Con un nudo en la garganta Chika abandonó la habitación, quiso decir más pero realmente se había quedado sin palabras ante los duros embates de Riko contra ella.

Quería hablar con alguien, necesitaba a alguien que escuchara el dolor y el desasosiego tan grande que sentía en esos momentos pero nadie venía a su mente. No tenía a nadie. Había perdido a su mejor amiga, al resto de sus amigos e incluso, a la chica que la había amado sin condiciones. Se preguntó porque la vida era así de injusta.

Chika siempre fue muy llevadera y verdaderamente tenía una cantidad de conocidas bastante grande, era muy popular en la escuela por sus ocurrencias pero aún así, amigas tenía muy pocas y con You y Riko fuera de cuestión, la otra persona con la que amaría hablar en esos momentos era Ruby pero sabía que no podía llegar a contarle sus problemas así como así, eso sería ser demasiado cínico.

Caminó con rumbo a su casa pero al final no se decidió a entrar, necesitaba tiempo para pensar en lo que había dicho Riko y su casa no era el mejor lugar para hacerlo.

Anduvo sin rumbo durante largo tiempo hasta que sus pasos la llevaron a un lugar al cual, cuando era niña, acudió en numerosas ocasiones por refugio y diversión, y esperaba que en esta ocasión por lo menos pudiera encontrar palabras de aliento o un oído que la escuchara y orientara ante su difícil situación.

~•~

Desde aquella pequeña pelea que habían tenido Kanan y Mari, las cosas se habían relajado mucho para ellas. Kanan había llevado a Mari con su papá para hacer una presentación formal de ellos. Platicaron durante bastante rato entre los tres, siendo Kanan el principal tema de conversación, sin embargo, lejos de sentir incomodidad, Kanan se sintió feliz, con un extraño sentimiento de familiaridad que había dejado de sentir muchos años atrás cuando su padre había enfermado.

La presencia de Mari en su vida, le hacía sentir que no se encontraba sola, al contrario, se sentía apoyada y querida, sentimientos que eran ya lejanos también. Su padre evitó hacer algún comentario que pudiera incomodarlas pero Kanan conocía bien al viejo hombre y sabía perfectamente lo que estaba pensando cuando las miraba.

Ya cuando se retiraban del hospital, el padre de Kanan le pidió a Mari unos minutos a solas con su hija, para unas pocas palabras que tenía que decirle. La rubia no puso objeción y salió dándoles la privacidad necesaria.

—¿Entonces? ¿Ella es la famosa Mari? —preguntó el hombre con una sonrisa amplia.

—Si… pero eso ya lo sabías —respondió Kanan con sarcasmo cruzándose de brazos.

—Si bueno, es una chica bastante osada y a mi parecer es la perfecta horma para los zapatos de una obstinada Matsuura como tú —rebatió el hombre con suficiencia y con una gran sonrisa en el rostro.

—Deja de decir tonterías padre, no puedo estar con ella y lo sabes, es mi alumna —bajó la voz en esa última parte.

—No lo será por siempre —dijo el hombre tambien con voz baja—, además —le pidió que se acercara—, no me puedes decir que no ha pasado nada entre ustedes porque lo puedo ver en la forma en que se tratan, las miradas que comparten de complicidad, y claro hija mía, a mi no me engañas con esa sonrisa enorme que llevas desde el día en que se fue a vivir a tu casa.

—No… no hemos hecho nada —se sonrojó salvajemente Kanan—. Y deja de decir tonterías, yo sólo la quiero ayudar por la difícil situación que está pasando y después de eso…

—Después de eso… si la dejas ir, serás miserable por el resto de tu vida —dijo el hombre con una nota de severidad en la voz dejando de lado el juego—. Sé que la quieres ayudar, sé que ahora mismo el panorama para ambas parece muy oscuro, pero no lo será por siempre, tampoco digo que te metas en problemas, que me queda claro que es tu alumna y una menor de edad, debes tener cuidado con eso —advirtió—, pero puedes plantearte planes a futuro con ella.

—No lo sé padre, ahora mismo todo es muy complicado y yo sinceramente no tengo cabeza para nada más que no seas tú y tu salud —se escabulló de lo que decía su padre.

—Debes pensar tambien en tu vida hija, yo ya estoy grande y no se cuanto tiempo más esté aquí contigo… —dijo esto cabizbajo, si algo le preocupaba era precisamente el futuro de Kanan—. Pero no quiero que por mi culpa te olvides de vivir.

—No es así padre, yo estoy bien, las cosas están bien y ahorita lo único que importa es que te puedan hacer ese transplante para que te mejores, despues de eso podré ocuparme de lo demas —Kanan regresó a abrazar a su padre para dar por terminada la plática—. No quiero que te preocupes más por eso, ¿si? Mari y yo estaremos bien.

—Si, eso es lo que quiero, que haya un Mari y tú —respondió el hombre abrazando con fuerza a su hija—. Ahora ve, no la hagas esperar más tiempo.

—Ay papá… —ya no quiso contradecirlo y simplemente se despidió.


Kanan alcanzó a Mari que se había ido a sentar en el mismo lugar en donde la había encontrado el día anterior. La chica se entretenía viendo pasar a la gente a la espera de Kanan.

—¿Y bien? ¿Qué quería tu padre? —preguntó Mari con interés en cuanto estuvo con ella.

—Umm… molestarme supongo —respondió Kanan esbozando una sonrisa sin darle una respuesta clara.

—¿Se ha dado cuenta del gran amor que me profesas? —cuestionó Mari tratando de picar a Kanan al ver que evadió su pregunta.

—¡Quién sabe! —Kanan encogió los hombros—. Tal vez lo hizo o simplemente se dió cuenta que estas perdidamente enamorada de mí —le devolvió de manera casual.

Mari no esperaba esa respuesta y terminó sonrojada hasta las orejas por lo inesperado.

—Did he? —se obligó a hablar aún con la vergüenza.

—Puede ser~ —respondió Kanan divertida al ver la reacción de la rubia.

—¿No está molesto? —preguntó preocupada.

—Mi padre no ve las cosas como la mayoría de la gente, y puedo asegurarte que no está molesto —explicó Kanan para calmarla.

—Entonces, ¿él sabe? —tanteó Mari.

—Él hace sus conjeturas locas —rió Kanan por la forma en que lo preguntó.

—Oh… bueno… supongo que está bien entonces —la rubia jugó con el borde de su blusa, realmente le importaba mucho la opinión del padre de Kanan.

Kanan tomó la mano de Mari.

—Papá está bien con eso, es sólo que es un poco loco lo que dice —se río—, pero no debes preocuparte por ello, ya hablé con él y le dejé las cosas claras.

Dejar las cosas claras distaba mucho de lo que había hecho Kanan realmente. Si algo había causado la plática con su padre, era sembrar más dudas en su cabeza. Quería a Mari, quería estar con ella más que nada en el mundo, pero no quería arruinar las cosas para nadie, había mucho en juego y no podía darse el lujo de cometer algún error con sus ideas románticas. Si algo de iba a dar entre ellas, aún había tiempo de averiguarlo.

Siendo todavía algo temprano para cuando llegaron a la casa, decidieron cenar mientras veían alguna película, pues aún no tenían deseos de dormir.

La televisión estaba en la sala y Kanan llevó la cena hasta la pequeña mesa de centro para que cenaran mientras disfrutaban de la pelicula. Mari sin embargo, tenía otras ideas en mente, que pronto Kanan descubriría eran mucho más interesantes que ver películas.

Estaban recostadas en el sofá una en cada extremo de tal forma que sus pies estaban cruzándose en medio del asiento. Mari comenzó a jugar con las piernas de Kanan haciendo suaves toques con las puntas de sus dedos a lo largo de la pierna y muslo, dejando que Kanan los regresara a su lugar quitándolos de encima suyo cuando hacían cosquillas o iban más allá de los límites.

Kanan estaba usando un pantalón corto mientras que Mari usaba una falda por lo que ambas tenían buena visibilidad de las extremidades de la otra.

Poco a poco el juego fue subiendo de nivel hasta que Mari se acomodó de tal manera que uno de sus pies tocó la intimidad de Kanan, lo que le hizo dar un sonoro respingo y casi saltar fuera del sofá.

—¡Mari! No… no hagas eso —se quejó avergonzada de su reacción.

—Why not? I like it… I like you... a lot —dijo Mari sentándose en cuclillas sobre ella para acorralarla.

—Porque… nos están espiando, ya lo sabes —respondió Kanan nerviosa tratando de contener y quitarse a Mari de encima.

—Tú viste que no había nadie cuando veníamos —dijo Mari seductoramente a su oído, finalizando con una mordida incitadora en el lóbulo de la oreja que estaba haciendo sucumbir a Kanan.

—Pe… pero eso es lo que ellos quieren, que nos confiemos para que bajemos la guardia —respondió nerviosa, aunque cada vez ponía menos esfuerzo en quitarse a la rubia de encima y por el contrario dejaba que su deseo empezara a tomar el control.

—¡Oh vamos Kanan~! Yo se que tú lo quieres tanto como yo —dijo Mari recargando su cuerpo por completo sobre Kanan y tomando su rostro entre sus manos para darle un fogoso beso.

Pronto los labios de Mari tocaban con profunda lascividad los de Kanan, los dientes y la lengua no tardaron en aparecer y con ellos las ansias de tener más cada vez. Las manos también querían su parte, querían tocar la piel, exigían ir por esa suave y tersa piel de la rubia que tanto quería recorrer con sus dedos.

Las palabras de su padre comenzaron a sonar en su cabeza. ¿Podría ser tan malo dejarse llevar y entregarse a ese amor imposible? pensó Kanan por encima de la nube de excitación. En ese momento sólo estaban ellas dos, y cualquier situación externa estaba fuera de esas cuatro paredes. Quería a Mari, la necesitaba y cada vez era más difícil seguir negándose el placer de tenerla para sí y amarla sin medida.

No pudo contenerse más.

Tomó las riendas de la situación y le dió la vuelta a Mari sin despegarse de ella, acomodándose entre las piernas de la chica. Sus manos comenzaron a hacer el trabajo sin detenerse, moviéndose con el ansia de sentir cada centímetro. Con desesperación despojó a Mari de su blusa, dejando una hermosa vista de los pechos de la rubia y de su rostro visiblemente acalorado. Kanan se tomó un par de segundos para admirarla, los senos de Mari se encontraban cubiertos por su brassiere, que la invitaba a retirarlo pues era lenceria en color negro que resaltaba el color lechoso de la suave piel de Mari. Eso sólo aumentó su deseo y arremetió de nuevo para besarla con pasión.

Mari, por su lado, continuaba tocando a Kanan por debajo de la ropa. Era embriagador sentir esos músculos firmes y sus manos querían tocar tanto como pudieran. Sus uñas se arrastraron ligeramente por la carne dura de su espalda tratando de quitar lo que estorbaba, sentía que iba a explotar por la excitación que estaba sintiendo, y nada importaba tanto como quitar a Kanan de toda su ropa.

La mano de Kanan fue a los bellos muslos de Mari y empezó a levantar la falda pasando la yema de sus dedos por la piel aterciopelada, ganándose un respingo en cuanto sus dedos pasaron a tocar la parte interna de los muslos de la rubia.

—Kanan~ —profirió Mari más como un ruego pidiéndole que fuera más a fondo, más arriba, más donde la necesitaba con todas sus fuerzas.

La voz de Mari era seductora y la incitaba a no detenerse, quería escucharla más, quería seguir provocando esos sonidos sensuales y haría lo que fuera por ello, sin embargo, el sonido del timbre las interrumpió.

—Rayos… —profirió Kanan molesta aún sin quitarse de su preferencial lugar entre las piernas de Mari.

—No abras —Mari jaló su rostro para seguir besándola pero Kanan se había puesto ya bastante tensa, fue como el recordatorio de la realidad.

El timbre volvió a sonar en tres ocasiones seguidas, y Kanan no pudo continuar ignorándolo. Por algo pasan las cosas, se dijo.

—Lo siento —le dedicó una mirada de disculpa a Mari y con un rápido beso se incorporó arreglándose la ropa para ir a abrir.

—Kanan… why? —respondió la rubia evidentemente frustrada al perder el contacto con la piel de Kanan.

—Lo siento… lo siento —se disculpó nuevamente terminando de acomodarse la ropa y siendo apresurada nuevamente por el sonido del timbre—. ¿Te importaría vestirte?

—¡Ash! —bufó Mari molesta por la inoportuna interrupción—. I will do it, but you owe me… big one! —sentenció.

—Ya, ya… lo siento —se disculpó nuevamente colocando un rápido beso en la frente a la rubia.

Kanan ya se había terminado de acomodar la ropa y esperó hasta que Mari se encontraba vestida para abrir la puerta. Por la mirilla de la puerta pudo ver que era Chika la que estaba parada esperando a que le abrieran y eso le extrañó.

—Who is it? —preguntó Mari al ver la cara de sorpresa de Kanan.

—Chika.

—¿Eh? ¿Qué hace esa aquí? —preguntó Mari con desdén, si ya estaba molesta, saber quién era la que provocaba la pérdida del cuerpo de Kanan la hizo enojar aún más.

—No lo sé, tenía mucho tiempo que no me visitaba —explicó Kanan en voz baja.

—¿Por qué habría de visitarte? —cuestionó Mari pero Kanan ya no le respondió pues el timbre sonó nuevamente haciendo que la rubia se exasperara y Kanan optara por atender al llamado y dejar las explicaciones para después.

—Kanan-chan —saludó Chika cuando ésta abrió la puerta—. Buenas noches, disculpa la hora —hizo una pequeña reverencia.

—¡Ah! ¡Hola Chika-chan! No te preocupes, ¿pasa algo? —Kanan no quiso abrir la puerta del todo porque prefería que Chika no se encontrara con Mari, aún le era difícil explicar la presencia de la rubia en su casa y prefería no tener que hacerlo.

—No… nada —negó con la cabeza aunque para Kanan era evidente, por su semblante y ojos rojos, que algo le pasaba—. ¿Puedo pasar?

—Emm… —Kanan volteó hacia donde estaba Mari para verificar que no hubiera nada fuera de lugar—. Si si, pasa.

Chika ya conocía el camino hacia la sala así que no esperó a que Kanan la guiara pero se sorprendió al encontrar a Mari plácidamente recostada en el sofá viendo la televisión como si nada.

—¿Qué haces aquí? —le preguntó al cruzar su mirada con la rubia que le hizo un gesto despectivo—. ¿Kanan-chan? —se giró a ver a su sensei que llegaba con ella.

—Emm… es largo de explicar —respondió masajeando sus sienes.

—¡Hola Takami-san! —saludó Mari con una amplia sonrisa sardónica.

—Jum… hola —contestó Chika de mala gana—. No sabía que tenía visitas, mejor vuelvo otro día.

—No… no lo hagas —Kanan la detuvo, en su estado prefería que hablaran en un lugar seguro—. Mari, ¿podrías ir a tu habitación? —le dedicó una mirada suplicante a Mari para que no hiciera las cosas más grandes, que ya sabía que la rubia tenía un pique con Chika y no quería que las cosas se salieran de control entre ellas.

—Bien… pero después seguiremos viendo la "película" —el tono de voz que utilizó Mari hizo que un escalofrío bajara por su espalda, ya sabía bien a lo que se refería pero tenía que distraer sus pensamientos o no podría prestar atención a lo que fuera que Chika quería decirle.

Chika esperó a que estuvieran a solas para hacer las preguntas pertinentes que saciaran su curiosidad.

—Kanan-chan, ¿qué hace O'hara Mari aquí? ¿Por qué tiene una habitación en tu casa? —cuestionó Chika molesta—. ¿Esta viviendo contigo?

Kanan se llevó ambas manos a la cara cansada de tener que seguir explicando eso a las personas y se decidió por la versión corta para salir del paso.

—Ella se está quedando aquí. Está pasando un mal momento en casa y la estoy ayudando —dijo sin mucho ánimo.

—¿Eso está bien? —preguntó Chika con el ceño fruncido—. Quiero decir… es tu alumna, ¿puedes hacer eso?

—Tú también lo eres —se defendió Kanan—. Y no dudaría en darte asilo si así lo necesitaras —con eso dio por zanjado el asunto—. Así que… dime, ¿qué es lo que te pasa?

—Ah… lo que me pasa —Kanan cambió el tema a propósito y Chika mordió muy bien el anzuelo pues no hizo más preguntas, no le interesaba realmente nada de lo que sucediera con la rubia—. Es que… siento que la cabeza me va a explotar.

—No me digas… ¿Sakurauchi-san? —ya sabía Kanan por donde iba el problema. De alguna forma ella misma parecía estar tan inmiscuida en el asunto como Mari, You o Riko aunque fuera de manera indirecta.

—Pues… si… es ella. ¿Cómo lo supiste? —cuestionó Chika entrecerrando los ojos.

—Intuición —mintió Kanan.

—Si claro —Chika no se lo creía pero le daba igual, necesitaba desahogarse y por el momento, ella era la única que la podía escuchar—. Es que todo es tan injusto.

—¿Injusto? —preguntó Kanan—. ¿A qué te refieres?

—Yo amo a Riko-chan, y he hecho todo lo que ha estado a mi alcance para hacerla feliz, para que ella esté conmigo pero las cosas simplemente me siguen saliendo mal —exhaló frustrada como un infante regañado—. Y ahora ella ni siquiera me quiere hablar y yo le quiero explicar pero simplemente me mantiene alejada. ¿Cómo puedo explicarle mis razones si no me deja hablar con ella?

—Bueno, podría fingir que no sé a lo que te refieres, pero lamentable o afortunadamente para ti me he enterado de lo que pasó en el hospital —confesó Kanan.

—Seguramente You-chan vino de chismosa —espetó Chika molesta frunciendo el ceño, pues había habido un tiempo atrás en que las tres eran buenas amigas.

—No fue así —respondió Kanan sin perder la calma.

—Entonces debió ser la insoportable de O'hara —pronunció con desdén.

Aunque Kanan se sintió molesta por el tono con el Chika se refirió a Mari, sabía que ella estaba dolida y por esa razón hablaba de esa forma, si quería ayudarla, tenía que hacerla entrar en razón.

—Seré franca contigo Chika, porque nos conocemos desde hace mucho tiempo y porque te aprecio —respiró profundo haciendo una pausa que se sintió un tanto dramática o al menos Chika así lo sintió—. Odio lo que te estás haciendo y lo que estás haciendo a las personas a tu alrededor.

—¿A qué te refieres? —preguntó Chika enfurruñada—. Yo no estoy haciendo nada, son los demás los que se empeñan en meterse en mi relación con Riko, yo la amo y estoy segura que ella me ama a mi.

—¿La amas? —preguntó Kanan—. ¿Pero aún así hiciste todo lo que hiciste para alejar a You de su lado? Siento ser quien te diga estas cosas pero no me queda más remedio que hacerlo. Lo que hiciste para que You se alejara de Riko, eso no estuvo bien. Jamás debes construir una relación basada en la desdicha de alguien más, y hacer que You se sintiera culpable por lo que le pasó a Riko no estuvo nada bien.

—Yo solo le dije la verdad, no dije ninguna mentira —espetó Chika a la defensiva—. Ella fue la que no pudo soportarlo y terminó alejándose, no es mi culpa que sea tan cobarde.

—Ella es tu amiga Chika y no solo eso, ella es tu mejor amiga y lo ha sido desde que tengo memoria de conocerlas, ustedes dos siempre estaban juntas, parecían hermanas y el amor que se tenían era tan grande como eso. ¿Cómo es que llegaron a esto? ¿Cómo permitieron que su amistad se arruinara de tal forma?

—Ella dejó de ser mi amiga el día en que me robó a Riko —sentenció Chika cruzándose de brazos.

—No se puede robar algo que no te pertenece —la sujetó de los hombros—, tienes que entender que Sakurauchi-san no es de tu propiedad ni la de You-chan, ella es quién debe decidir con quién quiere estar y si su corazón le pertenece a You y tu la amas así como dices, entonces no debes meterte entre ellas porque solo estarás lastimando a la persona que quieres —explicó Kanan pacientemente.

—Pero es que no es justo, yo la quiero y solo estoy pidiendo una oportunidad para demostrarlo, estoy segura que si me deja amarla, yo puedo hacer que se olvide de You-chan, mi amor todo lo puede conquistar —dijo desesperada, esto último casi con la voz quebrada.

—El amor es una cosa complicada que aún no he logrado entender —puso su mano sobre la cabeza de Chika aplastando su ahoge—, pero si algo he aprendido hasta ahora es que se necesitan dos para mantener una relación que lleve a la felicidad, ya que si una de las dos personas no está comprometida, entonces todo puede desmoronarse fácilmente, y solo con el amor de una de las dos no será suficiente para mantenerlos a flote.

Las palabras de Kanan remontaron a Chika a aquella tarde en la que Ruby terminó con ella, palabras más o palabras menos, eso era lo que Ruby le había dicho, su amor no había sido suficiente para mantener la relación y aunque en aquel momento no pudo entender las palabras de su exnovia, justo ahora empezaba a entender lo profundo de las heridas que había dejado en la pequeña.

—¿Qué pasa? —preguntó Kanan al ver que Chika se quedó inmersa en sus pensamientos y sus ojos se empezaron a llenar de lágrimas.

—Nada, nada —respondió Chika saliendo de su estupefacción limpiándose la cara—. Es solo que recordé algo… bueno, a alguien.

Kanan se recargó en el mueble llevando las manos detrás de la cabeza para relajar un poco la tensión.

—En verdad pensé que las cosas con Ruby-chan te funcionarían mejor —dijo Kanan despreocupadamente, como si hubiera leído la mente de su alumna.

—¿Que tiene que ver Ruby-chan en esto? —se quiso hacer la desentendida.

—Nada, nada, es solo que, cuando estabas con ella, te veías más feliz o al menos esa era la impresión que me dabas, pero realmente nunca hablamos de esa relación —explicó Kanan encogiéndose de hombros mirándola de reojo.

—No hay mucho que decir al respecto —Chika bajo la mirada al suelo—, soy una idiota que no supo hacer las cosas bien con ella, me precipité y pagué el precio —también se recargó en el sofá dejando que el peso de su culpa con Ruby la aplastara.

—Bueno, al menos ahora que ella no estará aquí, podrá empezar de nuevo —expresó Kanan dejando caer el comentario.

—¡¿Eh?! ¿A qué te refieres? ¡¿Cómo que ella no estará aquí?! —reaccionó alterada.

En ese momento Kanan se dió cuenta que había cometido una indiscreción a propósito. Seguramente Ruby no le había dicho nada a Chika sobre sus planes de mudarse a Tokio y ahora había hablado de más, pero era algo necesario después de todo, Chika tenía que saberlo.

—Bu… bueno ya sabes, porque ahorita se fue a Tokio... de vacaciones —Kanan trató de componerlo pero ya había hablado.

—¿Sabías que eres pésima mintiendo? —dijo Chika con molestia—. Ya dime, ¿a qué te refieres con eso?

Kanan se encogió de hombros y volvió a su posición con las manos detrás de la cabeza.

—Es verdad lo que dije, ella fue a Tokio con Dia de vacaciones, pero si tiene planes más allá de eso, no soy quien para decirtelos, ella te los dirá cuando se sienta preparada para hacerlo —de nuevo la vio de reojo.

—¿Qué clase de explicación es esa? ¡Dime! ¿Ella se irá? —Chika se mostró indignada con tal respuesta, necesitaba explicaciones.

—Ella… en verdad preferiría que lo hablaras con Ruby —respiró profundo, en verdad necesitaban hablar y Kanan estaba haciendo lo posible para que Chika se decidiera—. Pero.. ¿qué más da si ella se fuera? Tú no tienes nada que ofrecerle a Ruby, ¿por qué te interesa tanto? —le soltó las preguntas para que la chica comenzará a pensar en ello.

—Pues… yo… no lo sé, es solo que… me duele, me duele aquí —señaló su pecho dejando que una lágrima se deslizara por su mejilla y sus sentimientos terminarán de aflorar después de tanto reprimir sus sentimientos por la ruptura con Ruby—. Y no lo entiendo, yo amo a Riko-chan, ¿por qué me duele así lo de Ruby?

Tal vez era cierto lo que todos los demás decían, lo que Riko le había insinuado. Rompió a llorar allí en medio de la sala de la casa de Kanan y está la atrajo a su pecho para abrazarla. Chika no se opuso, sólo quería desahogar su dolor por todas las decepciones que se había llevado en tan poco tiempo y al menos por ese día, no estaba tan sola como creyó en un inicio.

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